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Dominación Hombres, Gays

Mi primera vez, yo con 16 y él con 26

Cuando uno es joven y caliente no se piensa en los riesgos. Se disfrutan.
Hola, mi nombre es Aspen. Tengo 25 años, soy de México, y quisiera comenzar en esta página a relatar algunas de mis experiencias sexuales que me han pasado en estos años. Espero que disfruten leerlas.

Comenzaré por describirme. Soy un hombre de estatura mediana, 1.75m. Soy de piel morena, con una complexión promedio, no tan llenito, pero tampoco tan flaco. Hoy comienzo a tener un cuerpo tonificado por el gimnasio, pero en ese entonces tenía 16 años, y mi cuerpo aún se empezaba a desarrollar. Todavía no me salía barba, ni bigote. Estaba completamente lampiño, a excepción de un poco de vello en las piernas.

Esta historia comienza cuando yo estaba en mi primer año de preparatoria.

En ese entonces acababa de salir del clóset con algunas personas cercanas. Mi familia nunca fue muy abierta a estos temas, por lo que fue difícil lograr estar en paz con ellos, pero en la escuela tenía mucho apoyo por parte de mis compañeros.

Dentro de este apoyo, estaba mi amigo Fran. Fran era una persona muy abierta con su orientación sexual, como dijeran algunos, con mucha pluma, lo cuál era extraño para mí, pues toda mi vida había tenido que ocultar quien era en verdad. Pero Fran siempre me dio confianza, y me apoyó, y poco a poco me introdujo al mundo gay. Fran siempre llegaba a contarme sus experiencias sexuales con chicos. Yo estaba intrigado, pues sentía que eran cosas tabú que nadie hacía a sus 15 o 16 años respectivamente, pero para Fran era algo normal el quedar con chicos de la preparatoria. A mí me daba mucho morbo escucharlo, y debo confesar que cada vez que me contaba de alguna experiencia nueva, llegando a mi casa me masturbaba pensando en sus historias, imaginando cómo sería mi primera experiencia con otro hombre. Me fascinaba la idea de chupar otra verga, y de sentir cómo alguien me metía la suya en el culo.

Pasado el primer semestre y comenzando las vacaciones de invierno, creé mi cuenta de Grindr. Viéndolo en retrospectiva me resulta incomprensible que a tan temprana edad me pusiera en un riesgo tan grande como lo es esa aplicación, pero en su momento la calentura y mis ganas de experimentar algo sexual por primera vez eran tan grandes que no pensé mucho en los riesgos posibles. No puse fotos mías en el perfil, pero me tomé algunas fotos desnudo para mandarlas a quienes las quisiera.

“Chico virgen busca ser pasivo por primera vez” Puse en mi biografía. No quería que supieran que aún no era mayor de edad, así que coloqué que tenía 18 años. Complexión promedio, altura, rol.  La cantidad de mensajes que llegaban me pareció brutal. Muchos querían tomar mi virginidad. “Manda fotos” “Me encantan tus piernas” “Enséñame ese culito virgen”. Pero cuando preguntaban mi edad y les contaba que tenía 16, también muchos se negaban. Era demasiado riesgoso acostarse con un menor y que eventualmente se convirtiera en un problema legal.

Pasé unos días solo mensajeando con gente cerca de mí. Medía los tiempos de mi familia cuando salían de casa, y encontré que, si quería invitar a alguien a mi casa, tenía que ser después de las 10 a.m. y antes de las 3 p.m. Unos días después me escribía con alguien llamado Ruperto. Ruperto decía tener 20 años, y cuando le dije que tenía 16, me dijo que no tenía problema, que quería hacerme pasar un buen rato. Intercambiamos algunas fotos. A él le gustó mi culo redondito y lampiño, y las fotos de su verga se veían mejor de las que otros chicos me habían enviado. Aparentaba tener unos 14-15 cm erecta, y el pensar que me la iba a comer entera me tenía muy excitado. Le dije acerca de los horarios, y quedamos al día siguiente a las 10 para que viniera a mi casa.

Esa mañana desperté con muchos nervios. Me invadía un escalofrío el saber qué podía pasar, pero también tenía mucha curiosidad y excitación por tener sexo por primera vez. A la hora acordada, salí de mi casa para verlo a unas cuadras y caminar juntos a mi casa, pues si venía directo y lo dejaba esperando afuera, las vecinas chismosas de mi calle podían preguntar algo con mis padres. Llegó puntual, pero me sorprendió su aspecto cuando lo vi. Parecía el chico de la foto que me había mandado, pero más cansado y algo más viejo. Era moreno, con cabello chino y corto. Tenía barba, y traía una camisa medio abierta que dejaba a la vista un pecho peludo.

“¿Ruperto?” Pregunté y me volteó a ver algo sorprendido

“¿Aspen? Te ves más pequeño que en las fotos.” Y me sonrió

“Algo similar te iba a decir. ¿Vamos caminando a mi casa?”

“Claro, lindo”

Caminamos en silencio hasta llegar a mi casa. Abrí la puerta con mis llaves, y lo invité a pasar a la cocina. Honestamente no estaba seguro de cómo funcionaban los encuentros casuales, y en ese momento más que antes mi corazón palpitaba a reventar de los nervios. Pareció notar mi nerviosismo, y se alejó un poco de mí.

“¿Estás bien? ¿Te pongo incómodo?” preguntó

“No pasa nada, solo que es mi primera vez en todo sobre esto y realmente no sé cómo empezar” Sonreí tímidamente

Pareció relajarse “Ah, pues podríamos comenzar con un desayuno si gustas” Bromeó. Pero entre tanto nerviosismo terminé preparándole un cereal con fruta y comenzamos a comer.

“Oye, ¿te puedo preguntar algo?” le dije con algo de pena

“Claro, lo que necesites para que te sientas a gusto” me sonrió

“Te ves más viejo que en la foto que me mandaste. ¿Cuántos años tienes?”

Ruperto suspiró. “Lo lamento, tengo 26 pero pensé que si te decía mi edad no querrías que hiciéramos nada. Realmente me gustaste”

Me impactó la noticia un segundo. Eran 10 años de diferencia. Pensé en decirle que ya no quería nada, pero una parte de mí se excitó al saber que había tanta diferencia de edad. Él era más experimentado. Me sentía a su merced, y esa duda que tenía de la diferencia de edad se convirtió en deseo y placer.

“Ah, no te preocupes. Creo que me agrada la idea. Y también me gustaste desde que vi tu cara.” Le dije.

“Oye, ¿y te gustó la otra foto que te mandé?” Dijo mientras se agarraba el paquete.

Le sonreí, y con una seña me indicó que me acercara. Tomó mi mano, y la dirigió a su paquete. Pude sentir su verga crecer y palpitar. Me gustaba la sensación de verlo disfrutar mi mano sobre su pantalón. Él llevó su mano a mi verga y comenzó a masajearla también. Me volteó a ver, y comenzó a besarme. Era la primera vez que besaba a alguien. Sus labios se sentían tibios, suaves y carnosos. A pesar de la situación era un beso gentil, muy consciente de que era un chico de 16 años experimentando todo por primera vez.

“¿Quieres ir a mi cuarto?” Le pregunté.

“Lo que tú quieras, precioso” Y me agarró fuerte el culo.

Me excité como nunca, y sin pensarlo 2 veces nos levantamos del desayuno y lo dirigí a mi habitación. Cuando llegamos, cerré la puerta y comenzamos a besarnos de nuevo. Me encantaba sentir la sensación de unos labios chocando con los míos. No pasó mucho tiempo antes de que comenzara a sentir su lengua invadir mi boca. Me sentía invadido, pero me gustaba mucho cómo exploraba cada rincón de mi boca con su lengua.

“¿Quieres verla?” Me preguntó.

Sin contestarle, me puse de rodillas frente a él, y comencé a desamarrar el pants que traía puesto. Olía mucho a sudor, y en el momento me desagradó el olor, pero con sus manos me guio a su entrepierna para que mi boca y nariz quedaran en su vello púbico. Bajé su pantalón rápidamente para ver su verga, y cuando lo bajé a sus rodillas, su verga saltó y me pegó en la cara. Era una verga algo delgada, pero al igual que con su foto de rostro, era diferente en persona. No había visto otra verga erecta en persona antes, pero calculo que le debía medir entre 17 y 18 centímetros. Mis ojos se iluminaron, y comencé a masturbarlo mientras lo veía hacia arriba.

Su mirada había cambiado. Al principio se veía gentil, pero ahora, mientras me tenía de rodillas, se veía serio. Poderoso. Tomó mi mentón con su mano para que mantuviera contacto visual con él, y me dijo “Saca la lengua”. Era la primera vez que estaba lamiendo una verga. Sabía algo salada, y al inicio no me gustó el sabor. La tomaba como si fuera una paleta de hielo, lamiéndola por los lados y por arriba, pero todavía no me la quería meter a la boca. Estaba no circuncidado, y la piel de su prepucio subía y bajaba con el movimiento de mis manos.

“Ahh… Mmm… Sí…, métetla a la boca” Gemía susurrando. Sus palabras parecían hipnotizarme, y comencé a tragarme el tremendo pedazo de mástil que traía colgado. Conforme su verga fue entrando en mi garganta me sentí incómodo. Comencé con un reflejo de garganta y casi me ahogo, así que me la saqué antes de sentir que podía vomitar.

“¿Te gusta comerme la verga?” Me decía mientras tomaba mis cachetes con su mano

“Me encanta, pero aún no me acostumbro al tamaño” Le contesté sin aire.

“Ven, te voy a enseñar cómo hacerlo” Me dijo mientras me levantaba del suelo y me besaba tiernamente de nuevo.

Se quitó su playera, y yo me quité la mía. Se bajó el pantalón por completo, y entre besos caminamos hasta mi cama donde me acostó y me quitó el pantalón y mis bóxers. Mi verga de unos 13 centímetros estaba llena de precum. Antes de esto nunca me había salido precum, incluso cuando me masturbaba. Sentir mi verguita tan húmeda era una sensación extraña, la cual se intensificó más cuando comenzó a masturbarme mientras me veía a los ojos. La piel de mi prepucio subía y bajaba con suavidad, y comenzó a besarme nuevamente.

Esta vez además de la lengua sentí mordidas en mis labios. Al inicio me dolió, pero poco a poco me fue gustando y comencé a morderlo también. Bajó a mi cuello, y comenzó a chuparlo como si fuera un vampiro. Nunca me había sentido tan deseado y contenido antes. Chupaba mi cuello como si no hubiera un mañana.

“Ahh.. Ruperto. Me encanta…”

“Qué bonitas chichis tienes” Me dijo. En su momento tenía un poco de sobrepeso, por lo cuál tenía los pechos algo llenos de grasa. Acto seguido comenzó a lamerme los pezones y a pellizcarlos con su mano libre. Tenía una mano en la verga, otra en los pezones, y su boca en mi pecho. Me sentía en el paraíso.

“Qué bonito eres, ¿quieres que te la chupe?” Me dio besos en el cachete y el oído

“Por… Por favor” le dije entre suspiros de placer.

Bajó rápidamente a mi verga, y comenzó a tragársela de inmediato. Sentía una sensación extraña. Me gustaba, pero al mismo tiempo me sentía muy sobre estimulado.

“Ahh.. Para.. Para por favor..”

“¿Qué pasa chico?”

“Siento que me voy a orinar o algo así” Dije riendo

“Tranquilo, es normal, pero si gustas paro”

“Sí, mejor vamos a lo siguiente, ¿Quieres cogerme?” Dije mientras abría un poco las piernas.

“Estaba esperando a que lo pidieras” Contestó nuevamente con esa mirada desafiante. Verlo encima de mí con su pecho velludo me encantaba.

“Tengo un condón y crema en el tocador” Le dije

“No te levantes, yo voy” Y se levantó de la cama para traer las cosas

Yo estaba tan excitado que no me moví. Me quedé viendo al techo pensando en lo que estaba sucediendo. Tal vez no era como lo imaginé, pero esta combinación de excitación y nerviosismo me hacía sentir muy bien.

Cuando se acercó de nuevo, comenzó a untarme crema en mi ano y a levantarme de piernas. Sentía una combinación entre frío y calor con la crema, pues no tenía lubricante o algo más parecido.

“¿Va a ser mío este culito para estrenar?” Dijo mientras con su otra mano me volvía a masturbar

Antes de que pudiera contestar metió uno de sus dedos.

“Auch!” grité un poco, pues fue muy repentino. Hasta ahora solo me había metido objetos pequeños, como un lápiz y una pequeña escultura de arcilla.

“Shh, vas a estar bien, confía en mí”

Siguió metiendo su dedo, e introdujo un segundo. Me dolía muchísimo y él no paraba de moverlos.

“Ruperto… Para por favor… Me estás lastimando”

“Tranquilo nene, ya estás listo”

En seguida comenzó a poner su verga en mi hoyo. Comenzó a hacer presión y me empezó a doler y a arder como nunca antes.

“Ruperto! Ahh, me duele!”

“Nene shh, vas a estar bien”

Comenzaba a empujar su miembro en mí, pero mi cuerpo no cooperaba. Me sentía muy apretado, adolorido, y con mis brazos intenté empujarlo hacia atrás pero él seguía poniendo más fuerza. Sentí como una parte de mi ano dejaba entrar a su miembro poco a poco.

“Eso chiquillo, tómala como un campeón”

“Me duele mucho! Ahh!” Sentía cómo me partían en dos. Busqué su verga con mis manos para poder sacar lo poco que había entrado. Y me di cuenta de dos cosas. Una, apenas la cabeza es la que estaba entrando en mí. Unos 5 centímetros de los 18 que me esperaban por completo. Y la otra, es que podía sentir su piel. Volteé a ver al tocador, y el condón que le había dicho seguía ahí. Me estaba penetrando a pelo.

“Ruperto espera, el condón”

“Ahhh… Nene estás tan rico… No te preocupes, estoy bien…”

“Ruperto…” y me comenzaba a meter poco a poco más de su miembro

Comenzaron a salirme lágrimas, y ahí fue cuando notó que en verdad me estaba doliendo.

“Aspen, ¿Estás bien? Perdona, perdona, perdona” Y rápidamente sacó su verga.

La sensación de mi ano vacío de alguna forma se sentía peor que cuando me la estaba metiendo. Un dolor enorme invadió mi cuerpo.

“AHHH! DUELE!” grité.

“Perdón nene, perdón!” buscaba mis labios con los suyos para que no gritara.

En seguida me quité de la cama y me moví como pude, pero el dolor era demasiado para sentir que podía moverme bien.

“Disculpa chico, pensé que te estaba gustando”

Entre jadeos y entre que intentaba recuperarme le dije “Está bien, pero creo que no voy a poder seguir haciendo esto”

“Sí, sí, no te preocupes. Disculpa. ¿Puedo pasar a tu baño a limpiarme?” Me preguntó. Supuse que no me había hecho bien mi douching.

“Sí, anda, está al fondo a la derecha” contesté, en lo que me recuperaba del dolor.

“Vale, regreso”

Pasaron unos minutos en lo que mi cuerpo se recuperaba. Estaba yo en mi cama, desnudo, con el culo abierto penetrado sin condón. Me sentía sucio, pero al mismo tiempo algo excitado. Ruperto se tardaba mucho en el baño.

“¿Estás bien Ruperto?” Toqué a la puerta

“Sí, solo que estoy buscando las toallas húmedas, me puedes ayudar”

Mi baño era pequeño, por lo que se me hizo extraño que me pidiese ayuda con eso, pero abrí la puerta. Estaba él de pie, desnudo, con una erección más grande de la que parecía tener hace unos momentos.

“Necesito descargar, nene” Me dijo mientras se agarraba su vera. Se acercó a mí, cerró la puerta del baño, y me puso de rodillas frente a él contra la pared. Mi espalda sentía el frío del mosaico del baño, pero verlo ahí tan varonil con la verga en mano me puso calentísimo de nuevo, así que me dejé llevar.

“Jálamela con ambas manos” Me ordenó con esa mirada cambiada que había visto antes, y cuando comencé a hacerlo las tomó y las puso contra la pared. Estaba atado con las manos arriba, su verga en mi cara, y con sus huevos a nada de distancia de mi mentón.

“Te gusta, ¿verdad nene?” Preguntó mientras me cacheteaba con su vergón.

“Mhm..” asentí sin saber qué decir. Y en seguida me metió su verga hasta el fondo.

Comencé a dar muchas arcadas, pero pareció no importarle. Comenzó a mover su pelvis cogiéndome la boca.

“Ahhh… Siii… Eso nene… Me encanta tu boquita” Me sentía totalmente inmóvil. Mi verga estaba a reventar. Me sentía dominado por este extraño que acababa de conocer.

“Ufff… ahhh… Nene me vengo…”

Y sin avisar más sacó la verga de mi boca y comenzó a disparar su semen en mi cara y en mi pecho. Tres, cuatro disparos. Fueron cinco o seis.

“AHHHH…. UGHHH…” lo escuchaba gemir mientras quedaba bañado en su corrida

Tardó unos segundos en componerse, y cuando me vió lleno de su semen, tomó un poco de la comisura de mis labios y lo metió a mi boca.

“Sabía que te iba a encantar esto” Me dijo mientras se limpiaba la verga con papel de baño y salía a mi cuarto para vestirse.

“Ya me voy chico, gracias por todo” Y salió de mi casa en lo que yo seguía en el piso del baño procesando todo.

Me sentía sucio. Me sentía usado.

Pero sentirme usado comenzó a calentarme. Sentía como su semen continuaba corríendose en mi piel. Tomé una gota, y otra, y las metí a mi boca.

Tenían un sabor salado, pero no desagradable.

Comencé a masturbarme con una mano, y a untarme todo su semen con la otra en mi cara y en mi pecho. Con un dedo llevé semen a mi ano, que todavía estaba algo abierto, y lo introduje suavemente dentro de mí.

No pasó mucho tiempo antes de correrme, y dejarme el pecho lleno de leche.

Era una sensación extraña.

Me sentía culpable, pero muy lleno de haberlo hecho por primera vez. Cuando me vi al espejo tenía todavía rastro de su semen y de mi semen combinados, y en el cuello, tenía una gran mancha oscura donde me había besado. Me sentía marcado. Me sentía usado. Y eso me prendió más que cualquier otra cosa en el mundo.

Nunca más volví a ver a Ruperto, pero sin duda es algo que nunca olvidaré.

Muchas gracias por leer este relato, espero les haya gustado. Intentaré seguir subiendo mis experiencias. Si tienen preguntas con gusto déjenlas en los comentarios.

15 Lecturas/30 septiembre, 2026/0 Comentarios/por aspen05
Etiquetas: baño, culito, culo, gay, mayor, semen, sexo, vacaciones
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