MIS QUERIDOS ANGELITOS (Capítulo 1. INICIO)
De como inicié una relación con mi vecinito.
Me llamo Juan. Soy un cuarentón calvo, con un ligero sobrepeso que se ha ido principalmente al abdomen. Mi cabeza afeitada es fruto del día que decidí arrojar la toalla definitivamente ante el avance implacable de la calvicie. Salvo un par de veces a la semana que salgo a pasear, no hago más ejercicio físico. Cuento esto para dejar claro que no soy un hombre atractivo y musculado.
Soy ingeniero informático y desde la pandemia teletrabajo en casa ofreciendo mis servicios a otras empresas. El que me quiere contratar ya sabe que tiene que pagar y que trabajo desde casa. Eso me viene bien porque el contacto con la gente me desagrada. Reconozco que para mi todo el mundo es imbécil, o tonto o directamente gilipollas. En casa no discuto con nadie, y como vivo solo, hago lo que me gusta sin dar cuentas a nadie. El tema del sexo lo tengo controlado. Una vez al mes, llamo a una profesional que conozco, siempre la misma y me voy el finde a un conocido hotel de Alcalá de Henares al que entras con el coche e incluso tiene piscina en las habitaciones. Me vale una pasta, pero merece la pena. La chica, que ya tiene cerca de 30 años, no los aparenta. Es muy pequeñita, casi no tiene pecho y parece una adolescente. Y eso me gusta. El resto del mes, cuando tengo una urgencia, me hago una paja y en paz.
En el edificio donde vivo, casi no me relaciono con nadie. Los únicos, son mis vecinos de la puerta de al lado, a los que conozco desde que me fui a vivir allí hace más de quince años: llegaron un par de meses después.
Nuestra relación no se limita a saludarlos y a felicitarles con los nacimientos de sus dos hijos. Nos recogemos paquetes, nos pedimos azúcar, nos prestamos libros y esas cosas. Algunas veces he pasado a su casa y ellos a la mía. No se meten en mi vida ni yo en la suya. En varias ocasiones, había ayudado a Paquito con las mates porque no le entraban,
Hace tres años, en verano, ocurrió algo que me cambio la vida. Los vecinos me pidieron un favor y aunque intenté escaquearme, un poco de boquilla, no pude. Los vecinos, una pareja de carácter autoritario con sus hijos, pero agradables en el trato conmigo, tenían que salir en un viaje de trabajo a EE.UU. y necesitaban que me quedara con el hijo mayor, Paquito, de 10 años. La hermana, Sarita, un año menor, la habían enviado a un campamento en la sierra de Madrid. Me extrañó, porque sabia que no trabajaban en la misma empresa, pero aunque como ya digo intente escaquearme y puse pegas, al final me deje convencer. Me atraía la idea de quedarme a solas con el niño. Tenia algo que me molaba y que hacia que la polla se me pusiera más que morcillona cuando le tenía cerca. Me explico.
Desde hacia dos o tres años, veía que era un niño especial, demasiado delicado psicológicamente y amanerado. Además, se le veía poco desarrollado para su edad en el sentido de que era muy bajito y muy delgado. Pero no era un niño enfermizo, simplemente era así y eso disparaba mi morbo. Sus padres también debían haberlo percibido porque le trataban a gritos y en ocasiones le pegaban, principalmente el padre. Creo que el padre tenia para todo el mundo, porque alguna mañana que estaban en casa y los niños en el cole, les oia follar y claramente pegaba a su esposa y yo diría que la molaba.
Cuando pasaba a su casa para explicarle alguna duda matemática, le veía muy receptivo y cariñoso conmigo. En fin, que el día llegó y a media mañana del viernes Paquito entró en casa. Despedimos a sus padres sin mucho entusiasmo por su parte y cerramos la puerta. Por la ventana de casa vimos como el coche salía del garaje y se dirigía al aeropuerto.
––¿Puedo decirte algo sin que te enfades? ––dijo mientras todavía estábamos apoyados en la ventana.
––Claro, ¿por qué me iba a enfadar?
––Mis padres te han engañado para que cargues conmigo ––dijo con cierta timidez.
––Pues algo sospechaba, pero de todas maneras no eres una carga ––dije pasando la mano por su trasero–– ¿Tu quieres estar conmigo?
––Si, quiero estar contigo para lo que sea ––dijo sin levantar la vista.
––¿Para lo que sea? ––pregunté cuando me recuperé de la sorpresa. Al mismo tiempo pasé el brazo por encima de los hombros y le achuche con cariño––. Piensa bien lo que vas a contestar.
––Ya lo tengo muy pensado.
Sujetándole por el hombro, lo aparté de la ventana y cerré para que actuara el aire acondicionado. Después, le lleve hacia el sofá y nos sentamos.
––Antes de decirme lo que has pensado, tu madre me ha dicho que tienes muchos deberes…
––Es mentira. Se lo dije para que no me incordiara. Teóricamente tengo deberes para todo el fin de semana. Así cuando vuelvan solo tienen que preguntarme por ellos.
––Entonces, tenemos tiempo de sobra para hacer lo que queramos ¿es así?
––Para que hagas lo que quieras ––respondió Paquito tajante bajando la vista.
––Yo puedo querer hacer muchas cosas contigo y a lo mejor muy raras ––dije. Estaba lanzado y la verdad es que la polla se me empezaba a poner mucho más que morcillona.
––No importa.
––Vale, genial. Pues vamos a hacer una cosa. Ponte de pies y quítate la ropa ––sin rechistar se quitó la camiseta, las deportivas y el pantalón con los calzoncillos. Todo a la vez. Cuando le vi a algo menos de un metro de mí, percibí su olor desnudo, con la mirada baja y sumisa, la polla se me disparó definitivamente––. Me gusta mucho lo que veo.
––Gracias.
––¿Has estado alguna vez con… alguien?
––Solo con papa.
––Pero… ––estaba estupefacto.
––Es un secreto. No quiere que se lo cuente a nadie.
––Bueno ––y señalandole a el y su desnudez, añadí––: ahora tú y yo también los tenemos.
––Se la chupo.
––¿Solo se la chupas, o…?
––Solo se la chupo y Sarita también.
––¿Y mama lo sabe? ––como respuesta se encogió de hombros––. ¿Y queréis hacerlo?
––¡Nooo! Con él no.
––¿Y conmigo? ––afirmó con la cabeza. Le cogí de la mano, lo situé entre mis piernas y empece a pasar la mano por su pecho––. A mi no solo me la vas a chupar. Antes dijiste que podía hacer lo que quisiera.
––Eso es lo que quiero: siempre lo he querido. Por eso convencí a mama para que pasaras a explicarme cosas de mates.
Fui bajando la mano hasta su vientre y después más abajo hasta alcanzar su zona genital, pero la rodee sin tocarle las pelotitas. Metí la mano por debajo y la pollita se le puso erecta: no estaba muy sobrado. Cerró los ojos y respiró profundamente marcando las costillas.
––¿Puedo atarte las manos? ––asintió con la cabeza. Me levanté y de un cajón saqué una bolsa de plástico con unos trozos de cuerda y unos juguetes variados que en una ocasión compre en una famosa plataforma online. Varios tamaños de vibradores, un tapón anal metálico muy mono adornado con un brillantito rosa y que en alguna ocasión me había puesto y un aro testicular que resultó ser de talla pequeña para mi. Le crucé las muñecas por detrás y se las até. Después, me desnudé y volví a sentarme en en el sofá y le hice arrodillarse entre mis piernas. Le sujete la cara con las manos y le morreé, primero con delicadeza y después con pasión. Bajé la mano y le agarré la pollita que ya estaba con el capuchón al descubierto. Con la otra mano le sujete el trasero para que no se retirara y pase el dedo pulgar por el glande. Reaccionó de inmediato intentando separarse y gimió. Me incliné y me meti la pollita en la boca. En la vida imaginé que terminaría de esta manera, con una polla en la boca, aunque fuera con una de tamaño diminuto. Noté nítidamente como crecía un poco más en el interior de mi boca y eso que ya estaba erecta. Paquito gemía mientras le atacaba el glande con mi lengua. No le deje correrse y cuando note que estaba a punto, la saqué de la boca. Después le tocó a el. Me repanchingue en el sofá y cogiéndole la cabeza la conduje hacia abajo. Instintivamente abrió la boca y muy lentamente se la introduje––. Quiero que lo hagas muy, muy despacio.
Me agradó que fuera tan obediente y se aplicó a la orden con devoción. Desgraciadamente no dure mucho y aunque intente resistirme, a los tres minutos me corrí y le llené la boca de leche––. ¡Traga y sigue, traga y sigue!
Y tragó y siguió un par de minutos más. Le ordené que siguiera donde estaba y me levante. Fui al mueble bar y me preparé una copa de whisky. Con el vaso de la mano, volvi a sentarme y le ordené que siguiera chupando. Todo el tiempo que estuve saboreando mi copa el se dedicó incansable a satisfacerme. Al rato, deje la copa y levantando las piernas le ofrecí el ano. No hizo falta decirle nada y rápidamente me repasó el orificio con la lengua.
Seguía despatarrado con Paquito de rodillas y mi copa de la mano. Todavia no me creia la suerte que tenia.
––¿Dónde has aprendido a hacer eso?


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