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Dominación Hombres, Dominación Mujeres, Incestos en Familia

MIS QUERIDOS ANGELITOS (CAPITULO 6. ANGELITOS DESATADOS)

Seguimos .

Eran las 9:30 cuando abrí los ojos y rápidamente noté la cálida presencia de mis dos angelitos abrazados a mi. Automáticamente, la polla se me disparó y tuve que hacer esfuerzos para no saltar sobre ellos y darles por todas partes. Ademas, la polla la tenia inflamada. Con mucho cuidado salí de la cama, les arrope y les deje dormir.

Me tomé un par de ibuprofenos para ver si solucionaba algo el problema, puse una cacerola con el agua, los garbanzos y los avíos porque quería hacerlo a la antigua. Me di una ducha, me vestí y bajé a por el pan y algunas cosas que hacían falta. No tarde mucho porque tenía un súper enfrente del portal.

Cuando regrese los niños seguían durmiendo y no daban muestras de despertarse en las próximas horas. Mientras el puchero seguía cociendo, me puse a trabajar un poco para pasar el rato. A eso de las 13 horas, Sarita apareció y sin decir nada se subió sobre mis piernas y me abrazó.

––¿Estas bien cariño? ––asintió––. ¿Tu hermano sigue durmiendo? ––volvió a asentir––. ¿Quieres ir a despertarle? ––negó––. Pues debéis ducharos antes de comer ––se encogió de hombros––. Vale. Pues cuando quieras me dices ––levantó el pulgar y se durmió sentada a horcajadas sobre mi polla. Os podéis imaginar el suplicio que era tener mi maltrecha verga en contacto con su chochito que notaba tremendamente caliente.

Al rato apareció Paquito y se acercó a nosotros. Lo primero que hizo fue mirar a su hermana con cariño y apartarla el pelo de la cara y besarla en la cara.

––Creía que no te gustaban las chicas, ––afirmé con una sonrisa.

––No es una chica ––hasta Sarita abrió los ojos y le miró con sorpresa––. Es mi hermana.

––¡Ah! Que susto ––bromee y mientras bajaba la mano y le acariciaba los huevos, pregunte––: que tal los tienes.

––Mejor que la última vez, la verdad ––su hermana bajo la mano e inclinándose se los toco también.

––Porfa Paquito, llena la bañera que ahora te llevo a tu hermana. Mientras os bañáis término de preparar el cocido.

Paquito se fue y a los pocos minutos regresó––. Ya está Juan.

––Vete metiendo que ya la llevo ––me levanté con ella en brazos. Ya no estaba dormida, pero dejo el cuerpo inerte como la mejor de las actrices melodramáticas. Llegue a la bañera y con cuidado la deposite en los brazos de su hermano que se sentó con ella encima. Cogió la esponja y empezó a pasarla por su pecho. Ni por asomo tenía tetas, pero ya se le notaban los pezones gordos, señal que que en poco tiempo empezarían a florecer––. Tenéis 10 minutos ––Paquito me miro con desilusión y riendo rectifiqué––: mejor media hora.

Salí del baño y a los pocos segundos regresé con las cámaras y los trípodes y después de situarlos los puse a grabar. Después, me fui a preparar la mesa.

Pasado el tiempo, regresé y los encontré como los había dejado. La única diferencia es que Sarita tenia girada la cabeza y se morreaba con su hermano mientras la seguía acariciando el pecho y ocasionalmente el chochito. Con unas ganas enormes de meterme yo también en la bañera, opte por sacar dos toallas. Me senté en la banqueta y desplegando una de ellas acogí a Sarita, una cria de casi 10 años que me tiene como mínimo, igual de enamorado que su hermano.

La envolví y desplegué la otra para acoger también a Paquito. Los abracé a los dos a la vez y les besuquee mientras reían complacidos––. Chicos, os quiero.

––Podrías ser nuestro padre ––dijo Sarita.

––Sería genial ––afirmó Paquito.

––Yo estaría encantado ––dije riendo––, pero seguro que con el tiempo vosotros cambiaríais de opinión.

––¡Noooo! ––negaron los dos a la vez.

––¡Siiiii! Tened en cuenta que yo sería el que os obligaría a estudiar, a volver pronto a casa y esas cosas.

––Somos buenos estudiantes ––rebatió Sarita.

––No nos gusta salir ––añadió Paquito riendo.

––¡Seréis sinvergüenzas! ––exclamé mientras los dos se reían a carcajadas––. Vamos a comer.

Nos sentamos a la mesa y comieron, vaya si comieron. Les había visco comer pocas veces y había visto que lo hacían como pajaritos, pero esta vez se pusieron como cerdos. A Sarita la tuve que prohibir seguir porque se iba a poner mala. Ademas, los dos presentaban unos tripones desmesurados.

Cuando terminamos, les deje reposar en el sofá mientras recogía la mesa y preparaba las cosas de las que, principalmente, Sarita iba a ser protagonista. Los dos asistían con atención a lo que hacía. Sarita acariciándose la rajita––. Mi amor nada de meter los dedos dentro ––la ordené y asintió. A su lado, Paquito, que también se acariciaba la pichita, dejó de hacerlo y después de sujetarla las manos, empezó a acariciarla él. Su hermana le miraba con entreabiertos ojos de deseo.

En la mesa baja del salón, había puesto una manta para que actuara de colchón porque mi niña iba a estar varias horas encima y posiblemente en una posición un poco incómoda.

––Paquito, necesito que me ayudes, ¿te importa? ––y como negó con la cabeza y se levantó, añadí––: trae toda la cuerda que hay en la bolsa de los juguetes.

Mientras lo hacia yo fui a la biblioteca y regrese con un libro que entregue a Paquito––. Vamos a atar a tu hermana con una técnica japonesa que se llama shibari.

––Hay un montón de chicas atadas.

––También hay algún chico, pero es que las chicas me molan más y a ti todavía no te han sacado libros con tus fotos ––y haciendo una señal con la mano, Sarita se levanto y se sentó sobre la mesita. Señale a su hermano cuál íbamos a hacer y mientras él me leía la técnica, yo la aplicaba.

Coloqué sus brazos atravesados a media espalda e hice el primer nudo. Después la rodeé con la cuerda por donde deberían estar sus inexistentes tetitas. Primero por arriba y después por abajo, Puse especial atención en esta parte porque quería restringirla un poco la respiración. Até un trozo doble de cuerda larga a los antebrazos de Sarita y la tumbe dejando un cabo por cada lado. La flexione la pierna y la até bien abierta con los pies hacia lo alto. Así como estaba no podía cerrarlas.

––¿Quieres morrear a tu hermana?

––Claro, yo siempre quiero ––se acercó a ella, se arrodillo y empezó a besarla mientras yo recolocaba las cámaras.

––Metela la polla en la boca y que chupe, a ver si te la pone dura, y te puedo poner el anillo testicular.

Es un chico muy obediente, y su hermana también. Claramente, son extremadamente sumisos y eso le hace ser muy serviciales. Estuvo un buen rato con ella dentro de la boca de su hermana mientras crecía. Como iba despacio, cogí unas pinzas de la ropa y pellizcando los pezones de Sarita se los coloque. Se quejó mucho, pero su hermano de cuido de que se escuchara gran cosa. Después le toco el turno a el y también se los coloqué mientras le metia un vibrador en el culo. Finalmente, lo conseguí y le coloque el anillo. Le dije que se arrodillara frente al chochito de su hermana y que empezara a chupar. Mientras yo ocupe su lugar: tenia la polla a reventar. Me había dado cuenta de que podría ser multiorgásmica y puedo asegurar que lo constaté. A pesar de que mi polla la llenaba la boca, gritó, chilló y berreó de una manera que parecía imposible en una cría de su edad. Encadenó orgasmos continuamente y cada vez que la llegaba uno su vientre se contraía apareciendo unos desconocidos abdominales, su cuerpecito se crispaba y los dedos de los pies se contraían. Salí de su preciosa boquita y llamé a Paquito para que ocupara mi lugar, le até las manos a la espalda y le penetre, El ano se abrazaba a mi polla de una manera deliciosa. Al rato, se corrió y grito tanto que le tuve que poner la mano en la boca. Seguí hasta que yo también lo hice. Después de reposar un poquito, la saqué y le tumbe en el suelo para que descansara. Meti la polla en la boca de Sarita––. Vamos zorra, límpiamela.

Respondió bien al insulto y continúe––: ahora voy a estar chupándote el chochito hasta que me canse, y luego, después de un rato largo, te voy a llevar a la cama y esta polla que tienes en la boca, te la voy a meter en el chochito. ¿Lo has entendido zorra?

A pesar de que ya estaba muy excitada, los insultos la excitaron aún más. Lo noté. La saque y la di unos bofetones no muy fuertes y después me sente en el suelo junto a su vagina y empece a chupar. Primero a lo largo de la rajita y después centrándome en su clítoris que estaba tremendamente hinchado. Cada vez que pasaba la lengua por el chillaba, tanto que saque una mordaza de bolsa y se la coloque. La entró en la boca de milagro. Ahora sus gritos y gemidos se quedaban amortiguados.

Al rato largo, mire el reloj del móvil y flipé: eran más de las diez de la noche. Sarita estaba envuelta en sudor y su cuerpecito se estremecía como con pequeños calambres. Decidí que ya era hora de que dejara de ser virgen. Me acoplé a ella y la levanté para llevarla a la cama. Después, levante a Paquito para que también fuera al dormitorio. La quité la mordaza de bola y se la coloque a su hermano y note que le molaba. Despues, con la polla perfectamente lubricada, la penetré mientras la morreaba. Entró muy bien y a los pocos segundos Sarita estaba como loca. Se corrio varias veces más hasta que finalmente lo hice yo. Durante varios minutos estuve sobre ella mientras la mantenía penetrada. Ella estaba como en trance. Cuando me separe, el semen empezó a salir de su interior y quitandole la bola ordene a Paquito––: limpiala con la lengua. Como el rayo, se acercó y empezó a lamerla en su extremadamente sensible vagina y casi la provoca otro orgasmo. Quedo limpia de semen y algo de sangre.

––Vamos a desatarla ––le dije al rato––, pero con cuidado que estará un poco agarrotada.

Así lo hicimos, primero las piernas y con sumo cuidado se las estiramos y encogimos varias veces. Después lo de brazos y el pecho. La presión de las cuerdas dejaron profundos surcos en su blanca piel. Paquito paso los dedos por esos surcos con devoción.

––¿Voy a tener los míos?

––Claro, no tengas prisa. Si no es este finde sera el que viene o al otro.

Salimos de la cama y los tres nos metimos en la bañera para ducharnos. Mientras los enjabonaba, Paquito aprovechaba y manoseaba y besuqueaba a una complaciente Sarita. Yo también los abrazaba y nos manoseaba.

––¿Queréis cenar? ––pregunté mientras les secaba. Sarita me miró con ojos de espanto y negó enérgicamente.

––¿Prefieres dormir? ––preguntó a su vez Paquito abrazándola otra vez. Afirmó con la cabeza.

––Pues a la cama.

 

1 Lecturas/27 mayo, 2026/0 Comentarios/por cleversex
Etiquetas: baño, culo, hermana, hermano, orgasmo, padre, semen, vagina
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