No sabe lo linda que es mi hija
Fragmento de una carta escrita por mi abuelo, padre de mi madre, a un amigo..
No sabe lo linda que es mi hija.
Buenos Aires, 10 de Abril de 1955
(…) No sabe lo linda que es mi hija, querido amigo (…) Me cuesta detallar con palabras la belleza de lo que parió la bestia de mi mujer, agradezco a Dios, si es que existe, que en la repartija de genes, no le haya tocado nada de Elvira, sin lugar a dudas, la hubiese ahogado en un balde (…) Espero entienda la pausa en mis cartas, como bien sabe, criar un hijo no es cosa fácil. Las cosas han sido duras por aquí.
(…)Antes de continuar, hágale llegar a su bella hija Elsa, mi ferviente deseo de penetrar esa pequeña vagina, que espero, esté siendo bien usada. Si mis cálculos no me fallan, ahora debe tener 7 años, ¿no?. No veo la hora de volver a compartir con usted esa delicia. (…)
(…) No soy tan fuerte como usted, querido amigo y compañero de perversión, me es en extremo difícil guardar los colmillos frente a tal belleza. La llamamos Paula, en honor a su esposa. Tiene los ojos de mi madre, celestes con tintes verdosos, la piel blanca, casi transparente y el pelo negro como yo. Entre risas la llamo, Blanca Nieves. Si, ya sé, me desvío en detalles para usted insignificantes, trataré de ir al grano. Paula acaba de cumplir 3 años, tiene una cola redonda, paradita, las piernas regordetas y una vagina pequeña y bulbosa, rosada, exquisita, cada vez que meto mi lengua entre sus piernas, siento un estasis de desenfreno, solamente comparado, cuando llené a su preciosa Elsa de mi semen (…) Si estuviese aquí, querido amigo, hubiese dejado que la estrene, que hubiese sentido lo que yo ayer (…)
(…) Cuando Elvira se fue a dormir, tras haber consumido su medicación, apagué la radio y fui al cuarto de Paula. Ella dormía con las piernas abiertas, el calor es insoportable a esta altura del año, así que mi mujer la dejó desnuda para que no se sofoque. Abierta y regalada, no lo podía creer, usted sabe el tamaño de mi pene, explotaba debajo de mi bata de seda. Me acerqué lentamente, y comencé a lamer esa vagina traspirada y con saber a pis. Tal fue mi desenfreno que Paula se despertó y de un movimiento le tapé la boca y la nariz. Perdí los estribos querido amigo, y en un santiamén, agarré mi miembro y de un solo empujón abrí la vagina de mi pequeña hija, ella, se desmayó del dolor. La presión de su interior hizo que mi pene se ensanche aún más y desesperado de morbosidad, comencé a violar a mi pequeña Paula. Romper una criatura así de bella es uno de los actos más fantásticos de la existencia. Ella no respondía, pero yo no podía parar. Contemplé como su ingle y panza se hinchaban, veía la silueta de mi pene modelar su interior. No tardé en llenar a mi hija de semen. Sin exagerar, la mayor eyaculación de mi vida, más que la de Elsa, incluso mayor a la de mi hermana. Saqué mi pene, ensangrentado y me quedé en silencio, contemplando la hermosa destrucción que ahora será cosa diaria. No tardé en volver a penetrarla (…)
(…) Tras varias horas dejé que el cuerpo de Paula descansase. Por suerte Elvira, mañana parte para Chivilcoy por cuestiones de familia, yo me quedaré con mi bella hija, aprovechando cada momento. Usted tenía razón, las hijas son para esto. Nada más (…)



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