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Dominación Hombres, Heterosexual, Incestos en Familia

Pagué a una escort para que pretendiera ser mi hija

Esta historia de ficción que les contaré está basada en hechos reales que sucedieron hace un tiempo atrás cuando yo tenía unos 45 años, y mi hija Andreita, casi cumplía los 18 años..
Soy separado. Sandra, mi señora me había dejado hacía unos 4 años, cuando me dijo que necesitaba algo más en su vida, se fue a vivir con un compañero de trabajo. Desde entonces vivo con mi hija en un departamento en Nuñoa, cerca de su Colegio. Desde la separación de mi esposa Sandra, hemos aprendido a vivir solos con mi hija, y no intenté buscar pareja nuevamente. Más bien, confieso que para aliviar mis calenturas me pajeaba seguido, y que ocasionalmente visitaba masajistas o acordaba citas con alguna escort frecuente.

Nunca se me hubiese pasado por la cabeza pensar en mi hija de forma sexual hasta que algo sucedió. El detonante fue llevar a Andreita de compras al poco tiempo de que su madre nos dejó. Estaba comenzando la pubertad, había aumentado su estatura rápidamente y parte de su vestuario necesitaba espacio para sus nuevas redondeces, o cubrir algo más sus piernas. Ese año terminó el colegio con su faldita escolar muy corta, lo que llamaba mucho la atención de los weones calientes cuando caminaba por la calle hacia o de regreso del colegio. La primera vez que salimos de compras fue eterna, pero entretenido. Me gustó apoyarla en sus decisiones y con mis opiniones de cómo le quedaban los vestidos, pantalones, poleras, y etc., etc. En esa ocasión, y en una Gran Tienda escogió un vestidito de verano y luego me llamó desde los probadores. Me pidió que amarrara las tiritas traseras del vestido para verse en el espejo y saber mi opinión. Nunca olvidaré ese momento…. Cuando lo hacía, de espaldas al espejo, no pude evitar mirar su cuerpo con toda confianza detrás de ella. Me llegaba a la altura de mi mentón. Me deleité enormemente mirando sus hombros y cuello desnudos, y sus tetitas y culito tras la tela de ese hermoso vestido. Además, sentía el olor de su suave cabello cayendo por su cuello y espaldas. Repentinamente, noté que la estaba mirando extasiado y mis vellos se erizaron instantáneamente con un escalofrío por la espalda y mi tula se puso dura como palo.

Desde ese momento, comencé a mirarla de otra forma y a hacerme pajas pensando en ella ya sea en tenida colegial, de pijamas, de vestido, de traje de baño, etc. En ocasiones, sacaba alguna prenda usada para sentir su olor mientras me pajeaba en mi dormitorio. Fue mi secreto tabú por unos años. En la vida real, no la habría tocado ni por nada. Ella era mi ángel a quien cuidaba y protegía.

En mi computador tenía una carpeta con fotografías y videos de Andreita, y una carpeta secreta con clave donde tenía las fotos más sensuales de ella, desde mi punto de vista claro, pero que eran en realidad eran fotografías de ella con ropa colegial de faldita corta, o en traje de baño, tanguita, o esos hermosos y sensuales vestidos que le gustaba usar en verano. Una de las fotos que más me calentaban eran aquellas en que usaba top de tirantes, sin sostén debajo. Para mí eran de las mejores para mis pajas secretas.

Desde hacía unos tres años y al menos una vez al mes, después de la oficina y antes de volver al departamento pasaba por un lugar de masajes con final feliz, donde me atendía una señora de confianza. En una ocasión busqué en internet un lugar más cercano a la oficina donde hicieran masajes. Así, que finalmente me atreví en un lugar de Providencia, donde pude elegir en las fotografías a una joven. Después de una reunión de trabajo, y cerca de ahí llegué a la hora concertada y me atendió la joven que había elegido, y que me pareció bastante bien. Mientras me tendía en la camilla le pregunté si podía ver fotos en mi celular mientras ella hacía lo suyo. Al principio se mostró confundida, pero entendió la idea cuando le enseñé la foto de una lolita en tanga, y que en realidad era la foto de mi hija en nuestra piscina de la parcela. Ella hizo lo suyo y me fui cortado de manera espectacular en breves minutos imaginando que era mi hija dándome el final feliz. Cuando terminé totalmente relajado sobre la camilla, la joven se río y volvió a mirar la foto de mi hija. Diciendo «mmm, ella es muy guapa», quedé muy agradecido, así que le dije: «Muchas gracias, fue uno de los mejores masajes que he tenido, ella es mi hija” Cuando se lo dije, la masajista me miró a los ojos con una sonrisita pícara. “Hay papito, ¡qué bueno que le haya gustado, venga cuando quiera!”

La verdad, es que esa experiencia del masaje y la confianza que me dio la joven hicieron que programara otra ida con ella para el siguiente fin de mes. Hice la reserva con anticipación con la misma joven masajista. Al igual que la vez anterior, pasé después de la oficina, pero en esta ocasión llevaba más fotografías en mi celular. Cuando me recibe la joven, se sonríe y me dice “Ah Usted, ya lo recuerdo….¿Cómo ha estado papi? ¿Listo para un masaje de su niña?”, mientras me sacaba la ropa y me recostaba en la camilla, me preguntó “¿cómo se llama su hija?” “Andrea”, le respondí. Lo interesante es que me conversaba muy alegremente, mientras yo abría la carpeta secreta con las fotos en mi celular, y me dice “Ya papi, recuéstese que su Andreita le hará un cariño”. Eso fue muy excitante. Cuando me estaba retorciendo en éxtasis y a punto de disparar, se me salió una frase “Sigue, sigue así Andreita”. La joven me dijo. “Eso papito, le gusta así”….y disparé con mi penca, roja y dura como fierro mientras la apretaba “mi niña”, haciendo que me moviera con espasmos orgásmicos mientras me iba cortado. Terminó limpiándome la tula con su lengua. “Venga cuando quiera papito a ver a su Andreita para que le haga cariño”.

Después de haber tenido ese par de sesiones de masaje, tuve la idea de ‘llevarlo al siguiente nivel’.

Fue uno de esos días en los que sabía que tenía algo de plata extra, ya habían pasado unas semanas y cada vez me sentía más tentado por mi niña, especialmente esa última semana, ya que era un verano muy caluroso y mi Andrea cada vez usaba menos ropa cuando caminaba por el departamento. Las semanas siguientes, aprovechando los momentos en que no estaba en el departamento y por mi calentura por ella, me introducía desnudo en su cama para sentirme envuelto de sus suaves sábanas y almohadas con sus olores y así frotar mi cuerpo y mi tula erecta hasta irme cortado en un viejo pijama de Andreita que siempre usaba, y lavaba secretamente. Estaba comenzando otro nivel de pajas con ansiedad caliente por mi Andreita. Pero, siempre tenía la precaución previa de bañarme y enjuagarme muy bien, para no dejar mis olores en sus sábanas.

Para llevar las sesiones eróticas al siguiente nivel, me dediqué a buscar bastante en las páginas web que ofrecen servicios de escort, ya que debía descartar extranjeras por su acento, pues la sensación tenía que ser como si el encuentro fuese con mi hija. Hasta que al final encontré a una joven escort que se le parecía, aunque era diferente, sus ojos, nariz y pelo eran inquietantemente similares y al mirar las fotografías “tenía un aire”, me hacía ver a mi hija. Tenía tetitas como mi Andreita, y no tetas como la mayoría de las escort que revisé. Y desde atrás, diría que no podría notar la diferencia. De verdad pensé que con ella podría sentir que culiaba con mi Andreita.

Al mismo tiempo, pensaba que estaba yendo demasiado lejos. Ya que en un comienzo no fue muy clara mi intención de encontrar una escort que se pareciera a mi hija, sino que buscaba una que pretendiera ser ella. Pero cuando vi a esta joven supuestamente llamada “Alison” no pude resistirme. Me daba mucha vergüenza pedirle que pretendiera ser mi hija, así que no planeé pedírselo. Claramente yo lo fantasearía. Cuando llegué al día y hora acordados a su departamento, empezó a hacerme preguntas, algunas algo personales y a preguntarme si tenía algún fetiche, y pronto comenzó a mencionar algunos, sin dejar de mirarme a los ojos: “Enfermera, secretaría, ….colegiala.” Ella pudo notar en mi sonrisa nerviosa que ocultaba algo. «Dime con confianza, te lo juro… No te voy a juzgar, ni le voy a decir a nadie.” “Dime ¿Quién quieres que sea?» Así que le dije que se parecía mucho a mi hija, y enseguida sonrió entendiendo la idea. Me preguntó cómo se llama. “Andrea, ….pero normalmente le digo Andreita”, agregué. Me dijo que la llamara por el nombre de mi hija a partir de ahora. Fue una locura culiarla y sentir en algunos momentos que realmente estaba culiando desenfrenadamente con mi hija.

¿Estaba exagerando? Al final de aquel encuentro, Alison me dijo que le encantaría verme de nuevo y que, si yo quería, podía traer algo de ropa de mi hija para que se la pusiera. Era una idea que no se me había ocurrido, pero que al parecer es común en algunos que han tenido los cariñosos servicios de Alison. Pensé que sería sexy verla y culiarla con el uniforme del colegio, o uno de sus trajes de baño, o incluso en ropa interior de mi Andreita. ¿Era esto pasarse de la raya? En parte sentía que tenía un lado bueno, pues porque me ayudaba a resistir o a descargar mis tentaciones, pero tenía claro que mi fantasía tabú, el deseo por mi hija, era cada vez más fuerte.

Después de varios días y pajas fantaseando que lo hacía con mi hija. Y cuando tuve algo de dinero programé una segunda visita al departamento de Alison. Así que le envíe una fotografía de Andreita con su vestido de graduación por WhatsApp, con su cara borrada obviamente, para que se preparara para la ocasión. Especialmente me interesaba la pose y el peinado. Por lo tanto, el día anterior a la cita, le adelanté en su departamento, una maletita con el vestido, ropa interior y los zapatos taco alto de Andrea, para que al momento de la cita me recibiera ‘-Andreita-‘.

Cuando me recibió, nos abrazamos cariñosamente, con besitos suaves en mejilla, labios, cuello y comencé a soltar los hilos de ese vestidito para besar sus pezoncitos. Mi ‘-Andreita-’ se dejaba llevar como mi niña inocente, dejándome completamente la iniciativa, deslicé mis manos cariñosamente por su suave cuerpo, mientras ‘-Andreita-‘ se sostenía abrazada de mí, rozándome con sus pezones erectos y besando mi pecho y cuello y diciendo suavemente “Me gustan tus besos y cariños papito…”. Finalmente, la tomé en brazos y la llevé a la cama para dejarla suavemente en ella. Seguí lamiendo su desnuda zorrita, para luego en un acto de desenfreno de caliente que estaba, me incorporé, metí agresivamente mi pichula que estaba más dura que la cresta en su zorrita tibia y húmeda, y me deslicé sobre ella para abrazarla y culiar a lo misionero, pues podía besarla, decirle cosas como “Te deseo tanto Andreita” , “Eres mi amor secreto”, “Quiero sentirte con todo”.

‘-Andreita-´ supo seguir el juego diciendo “Papito, yo también te deseo” “Sigue moviéndote así papi, que me encanta como lo haces” “Me tienes muy excitada papito”

Culiar a Alison, fue la sensación más brutal y exquisita de mi vida; realmente sentí que estaba culiando a mi hija.

Después de aquella velada de viernes por la tarde, pensé que después del siguiente fin de mes, Alison podría pasar conmigo de sábado a domingo en mi departamento de Nuñoa. Andreita me había avisado que saldría por una semana con sus amigas a Pucón. Así que programé la visita de Alison, pasándola a buscar a su departamento en Providencia, y quedarnos en el mío esa tarde de sábado hasta el domingo en la mañana.

Esta vez había preparado todo para que Alison tomara el papel de Andreita en el departamento. Dormiría en su pieza, y se pondría la ropa de Andrea. Alison podría decidir qué usar para una sesión cariñosa con su papi. Tendría a su disposición el closet de Andreita. Vestidos, poleras, ropa interior, pijamas, zapatos, chalas y perfume, etc.

Tendría el mismo baño de Andrea para que usara el mismo champú, jabón etc. Comenzamos con una cena, de la misma forma en que Andreita la pasaba conmigo, pero ahora claramente yo tomaría un papel de su papito romántico y seductor. Esa noche repasamos fotografías transmitidas desde el celular a la tele del living comentando cada una de ellas como si Alison fuese Andreita, vimos televisión en el sofá con ella apoyando su cabeza en mis muslos. La verdad, es que lo más alucinante de esa noche fue llevar de la mano a ‘-Andreita-‘ a su cama para su beso de buenas noches, y acompañarla sentado al costado de la cama mientras se quedaba dormida, con tiernos abrazos y besos de papá. Luego ‘-Andreita-‘ me invitó cariñosamente a acompañarla, para una tierna y cariñosa sesión de besos, palabras de cariño, abrazos entre papito e hijita, rozando nuestros cuerpos semi desnudos, rozando tetitas, mi tulita parada, culitos, manitos y besos dentro de las perfumadas sábanas de Andreita con escasa y suave ropa, para llegar finalmente a culiar abrazados románticamente nuevamente en misionero con besos en cuello, orejas y boca, esa noche fue un sueño en la cama de Andreita, sus sábanas, su olor, su pijama, su dormitorio. Todo aquello era para mí poseer completamente a Andrea con todos mis deseos ocultos, lujuria y calentura posibles, Alison estaba haciendo muy bien el papel de mi Andreita.

Las últimas dos semanas de ese verano quedé sólo de vacaciones en el departamento, y eso me dio tiempo para pensar en algunas ideas para pasar con Alison un fin de semana en la parcela. Tenía algunas lucas ahorradas, así que no fue un problema en pagar luego de negociar con Alison el tipo de sexo: oral mutuo, cariños, besos, vaginal y para sorpresa mía, me ofreció un anal de yapa. Pasé a buscar a Alison a su departamento para ir conmigo a la Parcela en Curacaví por tres días, primero pasamos por mi departamento para que ‘-Andreita-‘ sacara “sus cosas” para el fin de semana y nos fuimos a Curacaví. Durante esos tres días me llamaba «papá» o “papi”, utilizaba la tanga de mi hija y salía a nadar en la piscina, y en general interpretaba el papel de mi hija de forma excelente, pues este fin de semana Andreita sería muy cariñosa con su papá, pero con una gran diferencia…, podía culiarla cuando quisiera. Sentía que vivía el sueño más increíble.

El nivel de realidad subió más aún. Pues en esos días comenzamos a ‘vivir la experiencia de la convivencia de casi incesto real’. Nos decíamos, «Papá, ¿Puedes preparar el desayuno?» «Claro, Andreita”, justo después de chuparme la erección mañanera.

«Oye papá, ¿quieres venir a nadar conmigo?» «Andreita, no tengo ganas de nadar ahora, ¡Pero mientras te bañas te haré un vídeo y te tomaré algunas fotos!» “¿Puedes posar para mis fotos en tu ropa interior?” “Papá, ¿Dónde te gustan mis besitos de más a menos, en la boca, en el cuello, en las orejas, en una tetilla o en tu pirula?”

«Papá, ¿puedo apoyar mi cabeza en tus piernas mientras vemos esta película?»

«¿Papá, Encuentras que este vestido me queda muy corto?» “Papi, ¿crees que tengo las pechugas muy chicas?” «¿Papá, Con estas calzas piensas que se ve bien mi trasero?»

Le preparaba la cena y de postre la llevaba de la manito a su dormitorio donde cariñosamente comenzaba con besitos en la boca, luego sus pezoncitos y le lamía la zorrita. Cada vez que hacía algo bonito por ella, me ofrecía besos en el cuello, y la boca. A veces también descendía por el pecho y para luego darme una cariñosa mamada. Podía tomarla de su fina cintura y culiarla en cualquier parte de la casa. Mi lugar favorito era, por supuesto, el dormitorio de mi hija.

Al segundo día “casi” había olvidado que en realidad no era mi hija. Fue increíble vivir esta experiencia… Ella usaba los conjuntos de mi hija y entre otras de mis fantasías locas y calientes, pude desvestirla sacándole las prendas de a poco.

La tarde del sábado estaba en el sofá viendo tele, cuando llegó al living usando la tenida escolar completa de Andreita: Faldita tableada escocesa, calcetas bucaneras azules que cubrían por sobre sus rodillas, zapatos negros, blusa blanca, sin la corbata. Pero con un detallito importante, un par de botones de su blusa estaban abiertos, y no usaba sostén. Me calentó al momento ver sus pezoncitos sobresaliendo por detrás de la tela blanca. Cuando se sentó en mi regazo a horcajadas su faldita tableada dejó descubiertos los muslos, y luego me abrazó besándome por el cuello y la boca, no pude aguantar tocarle las tetitas sobre la blusa y luego desabrocharla más para tocar su piel y jugar con mis pulgares en sus pezones. En el momento que estaba más caliente, se acerca a mi oído rozándolo con sus labios suavemente para decirme “Tengo una deuda contigo papito, y tengo que pagarla”. Se puso de pie, me tomó de la mano y me llevo a su dormitorio indicándome que me quedará de pie mirándola. Luego sacó un envase de Durex y lo puso en mi mano diciéndome “Úsalo papi, es para ti y para mí”. Y aquí sucedió algo que fue indescriptiblemente excitante, pues dándome la espalda, se acostó de guata en ‘su cama’, luego puso la almohada bajo sus caderas dejando su trasero levantadito. Volteo su cabeza para mirarme a los ojos, luego con sus manos por atrás se subió la faldita escocesa descubriendo su trasero con los calzoncitos blancos que reconocí inmediatamente, luego deslizó los calzoncitos a medio muslo dejándome la visión de su traserito desnudo. “Mi culito es tuyo, es mi regalo para ti…”

Me sentí agradecido de poder vivir un momento así con mi hija. Ni en mis fantasías más calientes lo había imaginado. De lo caliente que estaba, me saqué rápidamente la camisa, bajé mis jeans, y sin sacármelos totalmente unté Durex en la cabeza y el resto de mi pichula que estaba más dura que nunca, pues la podía sentir palpitar. Luego caminé hacia la cama, algo incomodo con los pantalones abajo, le saqué los calzoncitos para que separará las piernas. Eso me dejó una vista espectacular de su culo y zorrita apuntando hacia mí. Luego apliqué Durex en su ano introduciendo mi dedo, y me deslicé con delicadeza para introducir lentamente la cabeza roja, dura y brillante en su culito. El Durex fue importante, pues entró fácil. “Sigue papito, me tenis más caliente que la cresta”. Luego, la metí lentamente bien adentro, hasta que mis bolas tocaron su zorrita. Y así apoyándome con mis manos en la cama al costado de sus hombros comencé a sacar y meter “Ahhh, qué wea más rica Andreita”, y mientras aumenté la intensidad y rapidez, porque estaba muy caliente y quería darle con todo, sentía su cuerpo, su cabello, sus olores, todo alrededor para mi era vivir la realidad de darle por el culito, que estaba apretadito, a mi Andreita. No pasó mucho hasta que no pude aguantar y me fui cortado con mi pichula al fondo, realmente metida al fondo, y tensándome entero de cuerpo “Conchesumadre Andreita mijita, que wea más rica tu culito por la cresta”……y caí realmente flácido sobre ella.

El domingo, cuando pasé a dejar a Alison a su departamento, se despidió de mi con un cariñoso beso en la boca diciendo, “Papi, gracias, me encantó este fin de semana. Nunca lo olvidaré”, “Me hubiese gustado tener alguien como tú de papá”, “Eres muy educado y respetuoso”.

“Andreita, me has dado la oportunidad de disfrutar momentos íntimos que no hubiese podido tener sin haberte conocido”, “Supiste comprenderme, y darme el cariño de hija como yo necesitaba, muchas gracias” “Me encantó que fueses mi hija en mi vida paralela”

Estimado lector que has llegado hasta el final de este relato de ficción, en dónde los momentos fundamentales están basados en hechos reales. ¿Serías capaz de cumplir de manera similar tus fantasías tabúes?

2 Lecturas/5 septiembre, 2026/0 Comentarios/por Cincuenton59
Etiquetas: anal, colegio, hija, incesto, madre, mayor, sexo, vacaciones
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