Paolo 1
Sigue esta interesante historia sensorial de un niño que se enamora de su maestro..
Prólogo.
El sol de la tarde entraba filtrándose por las ventanas de cristal de la habitación de Paolo. El niño de nueve años acomodó su cuerpo en el colchón de su cama. La casa estaba en silencio; sus padres habían salido de compras y él se sentía libre. Con el dedo índice, abrió su tableta y dio al icono de una aplicación gris que le había descubierto su primo mayor la semana anterior.
Un par de clics y la pantalla se iluminó.
Era un lugar donde vivían los hombres. Pero no los hombres normales, como el vecino o el cartero, sino los hombres que se vestían de traje, que tenían músculos marcados bajo la tela y que miraban directamente a la cámara con una intensidad que hacía temblar el estómago de Paolo. Le gustaba verlos besarse, le gustaba ver sus manos moverse sobre los cuerpos, le gustaba la forma en que sus labios se curvaban al recibir placer. Mientras la historia en pantalla avanzaba, la respiración de Paolo se volvía más corta. Su mano izquierda, pequeña y pálida, se deslizó bajo la tela de su pijama, buscando la calidez de su propio pene que se levantaba y se movía al ver las escenas. La pantalla parpadeaba en la penumbra, reflejándose en sus ojos oscuros, mientras él se dejaba llevar por las imágenes que le hacían sentir un hormigueo extraño y profundo en el vientre.
El ruido de la puerta de la entrada principal rompió el trance. Paolo se sobresaltó y apagó la pantalla rápidamente, deslizándola bajo la almohada. Se sentó en la cama, intentando recuperar la calma y normalizar su respiración. Al entrar en la sala, vio a su padre cargar bolsas de supermercado y a su madre colgar el abrigo en el perchero. La normalidad volvió a la casa, pero la sensación en el cuerpo de Paolo no había desaparecido. Faltaban solo dos días para que regresara la escuela.
El sonido de la campana resonó por el pasillo. La mañana siguiente fue eterna para Paolo. El profesor de matemáticas, Miguel, entró al salón con su sobria camisa blanca y corbata gris. Tenía los brazos cruzados y una expresión seria en su rostro mientras se acomodaba en el escritorio frente al pizarrón.
Miguel no era un hombre alto, pero había algo en su postura, en la forma en que sus manos marcaban los gestos al explicar los números, que capturaba la atención de todos. A medida que la clase avanzaba, Paolo comenzó a olvidarse de las imágenes de la tableta. Su mente se llenó de un solo pensamiento: la suave textura de la camisa blanca, el olor a jabón que recordaba vagamente de cuando su tío favorito lo llegaba a visitar, y la idea de que Miguel pudiera tocarlo de la misma forma como los hombres de la pantalla lo hacían con otros hombres.
Durante el descanso, cuando los niños salieron al patio a jugar, Paolo se quedó atrás. Se acercó a la ventana del salón y miró hacia afuera. Miguel salió del edificio acompañado de otro profesor. Ambos hablaban mientras caminaban, riendo entre ellos. Miguel levantó la mano y golpeó suavemente al otro en el hombro. Fue un movimiento casual, pero para Paolo se eternizó. El niño se quedó allí parado, con la espalda pegada al cristal frío, observando cómo las piernas largas y firmes de su profesor se movían con cada paso. Al pasar el otro profesor, Miguel se giró hacia él, sus ojos buscando algo en el horizonte. Sus miradas se cruzaron por un instante. El corazón de Paolo dio un vuelco. Una extraña mezcla de miedo y deseo se apoderó de él. Se dio cuenta entonces de que no solo quería mirar a Miguel, sino que quería que él maestro lo mirara a él, quería saber cómo se sentía ser tocado por esas manos fuertes, por esa voz suave. Al sonar la campana de regreso, Paolo bajó la cabeza y se sentó, sintiendo que la temperatura en sus mejillas se había disparado, sin darse cuenta de que había comenzado a obsesionarse.
Esta es una historia diferente a las que he subido, pero realmente espero les guste tanto como a mi, dejen aquí sus comentarios con toda libertad y manden ms a @lovelydovey12 en tlgm


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