• Registrate
  • Entrar
ATENCION: Contenido para adultos (+18), si eres menor de edad abandona este sitio.
Sexo Sin Tabues 3.0
  • Inicio
  • Últimos Relatos
  • Publicar Relatos
  • Relatos Eróticos
    • Categorías de relatos
    • Buscar relatos
    • Relatos mas leidos
    • Relatos mas votados
    • Relatos favoritos
    • Mis relatos
    • Cómo escribir un relato erótico
  • Menú Menú
1 estrella2 estrellas3 estrellas4 estrellas5 estrellas (Ninguna valoración todavía)
Cargando...
Dominación Hombres, Gays, Masturbacion Masculina

Paolo 9

La presencia de Guido.
El sol se puso detrás de las montañas, tiñendo el cielo de un violeta pálido que a Paolo no le servía de en aquel atardecer, de consuelo. En el instante en que Miguel le había dicho «nada más puede haber entre nosotros», algo dentro de él se había roto con un sonido seco, como una rama seca al romperse. Había esperado en su imaginación de niño que Miguel lo invitara a cenar, que le dijera que los sentimientos eran mutuos, que quizás esa «atención especial» tenía un significado romántico. Pero la realidad era fría y dura: él era solo un niño, y el maestro era un adulto.

Paolo, no soportó estár más tiempo sólo en su habitación y salió a caminar por la zona donde vivía. Caminó hasta llegar al parque que estaba relativamente cerca de la escuela, donde el asfalto se había hundido y formaba pequeñas charcos de agua. Se sentó en un banco de madera vieja, el aire frío le pellizcaba las rodillas a través de la tela de sus pantalones.

Miró sus manos. El deseo de ser tocado por Miguel se había convertido en una necesidad física, una sed que ya no podía saciar con la imaginación o la tablet. Necesitaba algo tangible. Necesitaba un príncipe que no fuera él, alguien que mirara a Paolo con esa intensidad que él amaba, pero que no lo rechazara. Sin embargo sólo pensaba en Miguel.

De repente, el silbido de un balón golpeó su hombro y rodó hasta sus pies. Paolo levantó la vista y vio a Guido, el líder de los bullies, corriendo hacia él. Había notado la caminata de Paolo. Guido se agachó, recuperando el balón, y lo lanzó hacia atrás, mirando a los demás antes de volver la atención hacia el niño sentado.

—¿Ya te abandonaron, Paolito? —preguntó Guido, su voz era suave, casi inofensiva, pero Paolo sabía que era una trampa.— Estás caminando como si no supieras a dónde ir. ¿O acaso estás huyendo de tu casa? —

Antes de que Paolo dijera una palabra, los compañeros de Guido le gritaron a lo lejos, pero este los ignoró y se sentó en el borde del banco a un costado de Paolo, invadiendo su espacio personal. El olor a sudor y tierra se mezcló con el aire frío.

—¿Te puedo decir algo? —susurró Guido, inclinándose hacia adelante, sus ojos oscuros fijados en los de Paolo. — Yo si pensaba aquella ocasión darte de mi verga, porque se que te gusta—.

Paolo sintió un escalofrío recorrer su espina dorsal. Sabía que Guido lo estaba provocando. Sabía que el otro niño lo odiaba. Pero debajo de la vergüenza, algo más se agitaba. Una chispa de desesperación. Si Miguel no lo quería, entonces cualquier tipo de atención, por dura que fuera, era mejor que nada. Él necesitaba ser el centro de atención, necesitaba que alguien lo mirara con deseo, incluso si era solo por unos minutos.

—Yo… yo no sé —respondió Paolo, su voz temblaba.

Guido sonrió, una sonrisa que mostraron sus dientes blancos y alargados, que de alguna manera lo hacían lucir atractivo. —Bueno, dime si quieres. ¿Qué es lo que te pasa? ¿No eres maricón? ¿Quieres saber cómo se siente un pene?—

Paolo miró a los ojos de Guido. Vio la promesa de una experiencia diferente, de una forma de contacto que no implicaba deberes ni correcciones. Vio también la crueldad en la mirada del niño, pero esa crueldad no le importaba en ese momento. Solo importaba la posibilidad de experimentar algo. Olvidaba por un momento a Miguel.

—Sí —susurró Paolo, sus labios moviéndose con dificultad. — Quiero saber…quiero ver. —

Guido se inclinó aún más. —¿ver? ¿O tocar?

Las preguntas directas de Guido, hacían que Paolo sintiera la cara en llamas. Pero él no tenía miedo de decir la verdad esta vez. Porque su corazón estaba roto y necesitaba una solución rápida.

—Yo… quiero hacerlo —dijo Paolo, su voz más firme de lo que creía posible—.

El silencio se extendió durante unos segundos, mientras Guido procesaba las palabras del niño. Luego, una sonrisa de triunfo se dibujó en su rostro. Él se levantó, tirando de la mano de Paolo para que también se levantara.

—Vamos —dijo Guido, guiando a Paolo hacia unos arbustos alejados del parque, donde había una pequeña área de césped cubierta por una barda y donde nadie podría verlos. Ningúna persona en ese parque notó en que momento se habían ido los dos niños.

Cuando llegaron a los arbustos, Guido se detuvo y se giró hacia Paolo. El otro niño se acercó, su respiración un poco más rápida. —Oye, moco de gusano. ¿Sabes lo que vas a hacer?

Paolo asintió, su corazón latiendo tan fuerte que le dolía el pecho. Se puso frente a Guido, observando al otro niño mientras este se bajaba el pantalón y su calzoncito, revelando su pene ya erecto.

El aire frío de la tarde noche golpeó su piel y Paolo sintió una mezcla de escalofríos y calor. Guido dio un paso adelante, tocando la cintura de Paolo.
—Vamos —dijo Guido, y empujó a Paolo hacia abajo.—No te hagas el que no quieres. Solo hazlo.

Paolo miró a Guido, viendo la expresión de deseo en su rostro. Lentamente, se arrodilló en el césped húmedo. No podía evitar que sus manos temblaran un poco, pero se aferró a la idea de que esto era lo que quería. Esto era lo que necesitaba para sentirse bien.
—Yo… lo haré —susurró, y se inclinó hacia adelante.

Sus manos temblaban mientras sostenía la base del pene de Guido. El calor del cuerpo del otro niño se transfirió a sus manos, y el olor a sudor y a masculinidad lo envolvió por completo. Guido soltó un gemido bajo cuando Paolo comenzó a mover la boca hacia adelante, tomando la punta del pene en su lengua.

El tacto fue extraño y desagradable al principio. La piel era más gruesa y dura de lo que había imaginado, y el sabor era salado y dulce, mezclado con el olor de la tarde. Pero a medida que Paolo comenzó a chupar, sintió cómo la tensión en su cuerpo se relajaba un poco. Guido comenzó a gemir más fuerte, y sus manos se pusieron en la cabeza de Paolo, tirando de él hacia adelante.

—Sí… sí… —dijo Guido, su voz grosera y excitada—. Así. Buen chico. Chúpame bien. Te gusta esto, ¿verdad? Tú quieres ser mi chico. —

Paolo cerró los ojos y se dejó llevar. Sintió una mezcla de vergüenza y placer que nunca antes había experimentado. Era una experiencia completamente nueva, y no era lo que había visto en la tablet, pero estaba funcionando.

La atención de Guido era intensa y directa, y sentía que estaba logrando algo que Miguel nunca le había dado y nunca le daría: el contacto físico, el deseo, la realización de su deseo. Guido se movía hacia adelante y hacia atrás, y Paolo tuvo que ajustar su respiración, pero siguió chupando, sintiendo cómo el placer comenzaba a surgir en su cuerpo.

—Mírame —dijo Guido, su voz más fuerte—. Mírame bien. No me lo chupes en el aire. Chúpame bien, Paolito. Tú eres el mejor chupador del mundo. —.

Paolo estuvo un rato más, lamiendo todo lo que podía del pene de Guido, experimentando el sabor dentro de su boca. Pero éste último, comenzó a sentir la presión del tiempo, al sentir que oscurecía rápido. No se detuvo a decir más palabras, simplemente detuvo a Paolo poniendo su mano contra la cabeza del niño, y se volvió a subir su calzoncito y su short al mismo tiempo, cubriendo de nuevo su pene, que aún seguía erecto y larguito para su edad.

Lo único que dijo fue que se tenía que ir y salió corriendo sin despedirse…sin mirar atrás.
Paolo se quedó ahí, inclinado, en el césped, con el sabor salado y húmedo del pene de Guido en su boca pequeña. No se sintió mal, pero tampoco podía sentir que había vivido algo hermoso, como podía imaginarlo con Miguel. Se volvió a su casa, de nuevo pensando en él maestro y ahora en lo que había experimentado con Guido.

 

2 Lecturas/20 mayo, 2026/0 Comentarios/por Azulmarino
Etiquetas: chico, compañeros, escuela, maestro, parque, pene, verga
Compartir esta entrada
  • Compartir en Facebook
  • Compartir en X
  • Share on X
  • Compartir en WhatsApp
  • Compartir por correo
Quizás te interese
Descubriendo a mi amigo
A los 6 años [historia real] P1
Mi esposa me ha pedido dejarme coger por un hombre
Mi abuelo me hizo lo que ahora soy
la competencia entre ellas no las lleva a nada bueno
Otra locura con mi suegro
0 comentarios

Dejar un comentario

¿Quieres unirte a la conversación?
Siéntete libre de contribuir!

Deja una respuesta Cancelar la respuesta

Lo siento, debes estar conectado para publicar un comentario.

Buscar relatos

Search Search

Categorías

  • Bisexual (1.477)
  • Dominación Hombres (4.554)
  • Dominación Mujeres (3.289)
  • Fantasías / Parodias (3.671)
  • Fetichismo (2.972)
  • Gays (22.990)
  • Heterosexual (8.932)
  • Incestos en Familia (19.319)
  • Infidelidad (4.723)
  • Intercambios / Trios (3.343)
  • Lesbiana (1.203)
  • Masturbacion Femenina (1.096)
  • Masturbacion Masculina (2.111)
  • Orgias (2.222)
  • Sado Bondage Hombre (482)
  • Sado Bondage Mujer (208)
  • Sexo con Madur@s (4.697)
  • Sexo Virtual (280)
  • Travestis / Transexuales (2.558)
  • Voyeur / Exhibicionismo (2.712)
  • Zoofilia Hombre (2.324)
  • Zoofilia Mujer (1.722)
© Copyright - Sexo Sin Tabues 3.0
  • Aviso Legal
  • Política de privacidad
  • Normas de la Comunidad
  • Contáctanos
Desplazarse hacia arriba Desplazarse hacia arriba Desplazarse hacia arriba