PLACERES DE UNA FAMILIA COSTEÑA 5 FINAL – Si el cumpleañero se duerme…
Un escrito de ficción, inspirado en historias anécdotas y experiencias, en este capítulo estamos de celebración, tengo el gusto de invitarte al Cumpleaños de nuestro querido Betico. Gracias a las personas que me escriben y disfrutan de esta saga..
Relatos anteriores de esta saga:
https://sexosintabues30.com/relatos-eroticos/fetichismo/placeres-de-una-familia-costena-1/
https://sexosintabues30.com/relatos-eroticos/incestos-en-familia/placeres-de-una-familia-costena-3/
Eran las 2 de mañana en la madrugada de un domingo, cuando el pequeño Betico sintió llegar a su papá Wilmer, inmediatamente el nene corrió hacia el cuarto de su progenitor para dormir con él, “jugar al amor” era así como lo había denominado; eran meses de intercambios afectuosos entre este tímido niño y su varonil y autoritario padre, ya se imaginaba el pequeño Betico sintiendo el amor y cariño de papá, pero su sonrisa se borro al notar que no estaba solo, una mujer blanca de cabello rojo lo acompañaba ella le chupaba la verga, ahí mismo en el corredor, Wilmer ya iniciaba a dar esos gemidos roncos que lo caracterizaban casi casi como si bramara, mientras sujetaba el cabello rojizo de la hembra de turno presionándola y ahogándola con su verga.
El nene quedo paralizado, un tímido “papi” se escucho cuando Wilmer alzo la cara y noto la silueta de su pequeño, —pedazo de marica que haces ahí, vaya a dormir— hizo temblar al nene mientras sus piernitas lo impulsaron a correr bajando las escaleras, estaba llorando, hacia mucho que su padre no lo trataba de esta manera, se preguntaba “¿ya me dejo de querer?”.
En ese punto su cuerpo sin pensarlo lo llevo a la única persona de confianza donde se podía sentir seguro. el Manco, el fiel ayudante de su padre. Desde que tenía uso de razón el Manco siempre había estado ahí, conoció a la mamá de Betico, había estado desde el inicio del negocio de construcción de su padre, ahí mismo es donde había quedado manco de una pierna, un hombre negro de 45 años que aparentaba mucho mas por lo descuidado que era con su imagen personal, además del licor y las drogas que consumía, marihuana y el perico (cocaína) eran sus favoritas.
El nene entro sin previo aviso al cuarto de El Manco, sin tocar solo empujo la puerta, encontrando a este hombre gordo con su panza peluda al aire boca arriba, mientras el cuarto estaba lleno de humo (ya saben de qué), pero lo más interesante para el pequeño Betico era otra cosa… la gorda verga que estaba totalmente dura y húmeda entre las piernas de este cuidador y hombre de confianza, el hombre se masturbaba frenéticamente mientras veía una porno en el tv que tenia en el cuarto, solo los gemidos de una rubia rodeada de 7 hombres se oían, era de las porno que mas le gustaban a Betico, siempre tuvo una fascinación por el sexo en grupo, o mejor decirlo, por ver varias vergas juntas. El mayor al percatarse de la presencia del nene dio un brinco en su cama se cubrió como pudo la verga, sin embargo, un poco de su tronco se alcanzaba a ver, mientras el nene quedo en silencio, no en shock más bien pensando “es muy gruesa, más que la de papi”.
—¿Qué pasa mi rey?, ¿Qué haces acá abajo a esta hora? ¿tienes miedo? — pregunto tratando de superar la traba o por lo menos disimularla, el nene estaba embobado en el trozo de verga que aun se le veía, solo atinando a llorar abrazando al hombre, El Manco devolvió el abrazo mientras lo consolaba, intente pararse para vestirse pero el pequeño no lo permitió —me grito y me hablo feo, mi papi ya no me quiere— dijo Betico, mientras el hombre traba de acomodarse para separar su miembro del pequeño —llego con una señora que le chupaba el pipi, y me insulto y me dijo que me fuera a dormir— continuo llorando —entiendo mi rey, pero cálmate tu papa siempre te va a querer, siempre— le respondió resignándose a quedarse así desnudo —tu sabes que tu papá es hijueputa, el es mala ley— continuo intentando sentar al nene en su pierna derecha.
El mayor comenzó a mover su pierna para de alguna forma moverlo haciendo que se calmara, casi como si arrullara a un bebe —no te pongas así, mira que estas de cumpleaños, ya hoy eres un hombrecito de 9 años— le dijo mientras le planto un beso en la frente —feliz cumpleaños, mi pelaito lindo, Dios te Bendiga y te guarde siempre— le dijo mirándolo a los ojos —tu si me quieres, gracias Manco— le dijo Betico emocionado, el pequeño entre tanto llanto olvido que ese domingo era su cumpleaños y que más tarde tendría una celebración —vamos, ven te llevo al cuarto— le dijo mientras lo levanto, haciendo que se le cayera la sabana —no, déjame acá contigo manco, yo no quiero estar arriba— respondió Betico quedando frente a frente a la morcillona verga del Manco, era parecida a la de su padre Wilmer, pero con una clara diferencia, la del manco era menos larga, pero considerablemente mas gruesa, y es que esta era la segunda verga que Betico veía en toda su vida, hasta este momento, el nene solo había visto a la de su padre, y ahora a la del hombre confianza de el mismo, que lo había ayudado a criar y cuidar desde que nació.
—discúlpame mi rey, nunca me habías visto así— le dijo dándose cuenta que la vista del niño no se desviaba de su verga, y es que nunca la había visto así, ni de ninguna forma, si la sintió en su espalda en cierta ocasión hace ya varios meses, pero nunca habían hablado de eso, para el pequeño solo fue la ayuda de un hombre que lo quería mucho, una ayuda que el adulto degenerado había disfrutado muchísimo, ciertamente trataba de eliminar eso de su mente, pero nunca se borraba, mas bien siempre volvía, una y otra vez y en cada paja que el Manco disfrutaba en la soledad de su cuarto.
Estando así de pie fue cuando noto que el nene solo llevaba un pequeño calzoncillo azul, de esos calzoncillos pequeños, apretados, que dejaban ver toda la tierna anatomía propia de un infante de 9 años, todo excepto algo, las famosas nalgas de Betico, y son famosas porque en más de una ocasión había sido victima de acoso escolar por esta característica tan particular e inconveniente para un niño común, pero que Betico ya sentía de manera diferente desde que su padre Wilmer lo consentía y le hablaba de sus hermosas nalgas —así las tenia tu mamá, es más las tuyas serán más grandes— le decía Wilmer en la intimidad de su cuarto, mientras lo acariciaba; y es que el Manco muchas veces era el que iba al colegio a enfrentar estas situaciones de acoso y defender al nene. Justo esto hizo que la verga del manco reaccionara un poco, pues desde que se sintió descubierto el nervio hizo que se bajara, pero gracias a la vista que disfrutaba estaba recobrando potencia su erección, incluso, una nueva gota de lubricante broto de la cabeza de la verga del Manco.
—te salió una gotita— dijo el pequeño mientras la gota brillaba sobre ese imponente glande, al tiempo que algo más llamo su atención al tenerla tan cerca reconoció un aroma que siempre le había dado curiosidad, era el olor corporal del Manco en especifico de su verga —uy Manco ¿que huele? jejejeje ese olor siempre me ha gustado, lo siento cada que te abrazo, y ya se de donde viene— dijo Betico mientras le sonreía. —vamos a dormir te llevo al cuarto—respondió el adulto apretando todo en su interior para no profanar ese cuerpo que adoraba, y es que desde siempre había sentido algo especial por Betico, algo mucho mas que afecto, lo quería muchísimo como si fuera su propio hijo, y es que el Manco se había prometido cuidarlo y estar pendiente del pequeño desde que nació, por eso nunca se había ido de la casa o dejado el trabajo, no solo porque Wilmer lo trataba como familia, era más por físico amor, un amor heredado, pues el Manco había estado enamorado de la madre de Betico, Juliana una paisita (originaria de Antioquia Colombia) hermosa, blanca, ojos café claro, idénticos a los de su hijo, una nena de 14 años muy puta, putísima por el aguante y por la maldad con que jugaba con los hombres, como este par de amigos, Wilmer y el Manco quienes eran cercanos desde mucho antes, al final decidiéndose por Wilmer, sin ser esto impedimento de seguir disfrutando de ambos sexualmente, el Manco siempre había reflexionado que el tamaño del culo de Betico se debía a la mezcla de Juliana y Wilmer, era su forma de aclarar dudas. Juliana moriría a los 16 años, seis meses después de dar a luz a Betico, dejándolo huérfano de madre, pero con dos hombres protectores para el pequeño.
El nene se resistía y lo miro con una ternura que lo desarmo —esta bien, vamos a acomodarnos— le dijo al pequeño mientras se acomodaba la sabana cubriéndose y acostándose ambos en la cama, Betico se recostó a la izquierda del Manco, juntándose a el, abrazándolo —Manco ¿tú me quieres? — pregunto el infante —claro mi pelaito, no lo dudes— le respondió apretando el abrazo, Betico estaba embriagado en el olor de la verga del Manco, ya la traba se le estaba pasando y estaba disfrutando el momento, —mi papá no me quiere, me trato feo y trajo a esa mujer, yo pensé que solo jugábamos el y yo— dijo el niño mientras respiraba profundo —no mijo, tu papá te quiere muchísimo, y lo de ese juego, los hombre lo hacemos siempre, jugar con alguien no significa no poder jugar con nadie más, podemos jugar varias veces— le dijo mientras jugaba con los rizos del pequeño.
Fue una noche deliciosa el Manco se sentía feliz de poder compartir de esa manera con Betico, aunque solo hablaron y se quedaron dormidos —¿se puede jugar con varios a la vez? — pregunto el pequeño —claro mijo, la vida es así— respondió el Manco, mientras respiraba profundo y se aguantaba las ganas, no por respeto a su amigo, más bien por tener la firme creencia que Wilmer era quien tenia la autoridad y derecho.
El nene se quedo rendido mientras el Manco acariciaba las piernas y nalgas de Betico, inhalaba profundo para sentir su aliento, y daba pequeños besos en los labios del nene, se preguntaba como era posible que tuviera un cuerpo tan femenino, esa cinturita, esas nalgas, esa firmeza, lo miraba como observando a un ángel, sin dudar era la cara de su papá, pero su cuerpo, su cuerpo era la viva estampa de su madre, esa nena nalgona preciosa que lo había vuelto loco.
Era las 10 am cuando Yeiner un empelado de construcción del negocio familiar entro al cuarto despertar a su patrón el Manco, —patrón, patrón— grito el joven al tiempo que vio en la cama una imagen que nunca pensó ver, era el Manco desnudo boca arriba roncando, su verga estaba semierecta se notaba el grosor, y al lado de la verga recostado en la panza, el pequeño, el hijo del patrón, vestido con un calzoncillo diminuto que se le metía en las nalgas, con los gritos el Manco despertó —cara de verga hijueputa ¿qué haces aca? ¿tú que mierda haces en mi cuarto? LARGATE— le dijo el joven quien salió huyendo asustado por la violenta reacción —patrón solo vine a despertarlo como me dijo, porque ya tenemos que alistar lo de la fiesta del hijo del patrón Wilmer— le grito desde afuera del cuarto el joven Yeiner.
—levántate mi pelaito, ya debes alistarte es tu cumpleaños— le dijo el Manco al nene soñoliento, se levanto así desnudo y le dijo a Yeiner que entrara, dándole algunas indicaciones para la fiesta, no era la primera vez que Yeiner veía a su patrón así desnudo, en esa casa de varones era lo normal, pero si la primera vez que veía al niño de la casa de esa forma, no podía quitar la vista de la cama donde el nene ahora estaba boca abajo con la casi tanga que usaba toda metida en la raja del culo.
Yeiner era un joven de 19 años recién salido del servicio militar, que había llegado con su hermano mayor de un pueblo llamado San Basilio de Palenque, y hace solo unos 3 meses estaban trabajado en el negocio de Wilmer, se había ganado la confianza de ambos tanto de Wilmer como del Manco, dándole una llave para una de las puertas que da del patio de la casa al negocio de construcción que quedaba al lado, Yeiner era un joven grande casi 2 metros de altura, no musculoso pero si fortachón, acuerpado, labios grueso, nariz ancha, un rostro infantil aparentaba mucha ingenuidad, y una piel tan negra como la de su patrón Wilmer.
Nunca había tratado con el pequeño Betico solo lo había visto a la distancia, pues Wilmer no permitía que su hijo se relacionara con sus empleados y menos si eran obreros o ayudantes —¿Qué tanto miras al pelao? ¿eres marica o qué? — le grito el Manco aun desnudo mientras se rascaba la verga —no patrón, como se le ocurre— dijo Yeiner mientras se retiraba del cuarto tratando de disimular su erección, el manco quedo pensativo en lo que podría haber entendido el muchacho de toda la situación, voltio a la cama y pensó —joda, con ese culo cualquiera queda embobado— le dio una nalgada a Betico, lo despertó y le dijo que fuera a bañarse y vestirse para su cumpleaños.
Eran las 3 de la tarde y ya todo estaba listo para la celebración, la vieja Carmen había preparado varios pasabocas y un sancocho, Wilmer, el Manco y varios amigos ya estaban sentados en circulo bebiendo cerveza y whisky al lado de un piscina que habían alquilado para Betico y sus invitados, pero aún la estaban llenando de agua varios obreros, entre ellos Yeiner y su hermano Diomedes, estaban cargando baldes con agua para llenarla, no había tantos niños del colegio pues Betico no se la llevaba bien con ellos, pero si uno que otro, además de vecinos, dos nietos de la vieja Carmen, e Hijos de amigos de Wilmer, el cumpleañero estaba sentado en las piernas del Manco feliz pues lo abrazaba y pegaba su nariz a su cuerpo para sentir ese aroma que en la madrugada lo había calmado, todos vestían con pantalonetas cortas unas deportivas y otras más formales, sin camisa la mayoría, Betico estaba feliz, lo cierto es que varias entrepiernas habían captado la atención del infante, se quedaba muy concentrado mirando como abrían y cerraban las piernas, como se rascaban, otros se tocaban con la mano abierta, otros se acomodaban los testículos, otros las vergas, digamos que Betico esa tarde estaba más juguetón.
Su papá le tenia prohibido sentarse en otras piernas que no fueran las de el mismo o las del Manco, no era una regla nueva, Wilmer lo llamo varias veces, pero el niño lo ignoraba y no le hacia caso para sentarse en sus piernas.
Llego el momento de darle los regalos, mucha ropa, zapatos, juguetes, sin duda Betico era un niño privilegiado, pero los que mas le gustaron fueron dos, justamente uno de su padre y otro por el Manco, Wilmer le regalo una cadena de oro delicada y muy linda, con una cruz en el extremo, y el Manco que sabiendo que al niño le gustaba mucho la ropa interior pequeña, pues siempre discutían para que comprara mas grande con Wilmer, el decidido complacerlo comprándole varios calzoncillos de diferentes colores, el nene los saco emocionado, todo el mundo le extraño que un infante se emocionara por recibir ropa interior, Betico las mostraba una por una y ciertamente más de un varón entre los amigos de Wilmer o los Obreros que rondaban alrededor les genero cierta suspicacia, aun mas cuando al final encontró justo un traje de baño color blanco, salto sobre el Manco y le dio un gran beso en la mejilla dándole las gracias, Wilmer se sorprendió, pero entendió que los gustos de los niños son impredecibles.
Los obreros ya habían terminado de llenar la piscina y Yeiner se acercó a avisarle a Betico que estaba en la mesa de los pasabocas —Betico ¿verdad?, nene la piscina ya esta lista puedes meterte— le dijo agachándose para quedar a su altura —gracias, uy tu eres muy grande, muy alto ¿comes mucho verdad? — les respondió sonriéndole —si, como mucho ¿y tú? — respondió Yeiner colocándose de pie, haciendo que el niño quedara a la altura de su ombligo —yo también, pero toda la comida se va para mi cola, mira— dijo Betico mientras se ponía de ladito y empinaba sus nalgas. En este momento Wilmer se acercó, pregunto sobre ¿que hablaban un obrero con su niño? —le decía que como mucho pero que toda la comida se me va para la cola porque es lo que mas me crece papi— a Wilmer le molesto la respuesta, Yeiner le comento que la piscina estaba lista y este mando a Betico a cambiarse.
Los obreros que ayudaron en la fiesta estaban sentados bebiendo cervezas aparte del resto de invitados, pero con una buena atención, comida y bebida toda la que quisieran, de repente todos quedaron sorprendidos, no abrieron las bocas para decir nada, pero si los ojos para ver la sorprendente imagen de Betico saltando por el patio en una tanguita que era el mismo traje de baño que el Manco le había regalado, solo vestía esa tanga blanca en tela licrada y la cadenita de oro con la cruz en el pecho, nadie decía nada pero varios se acomodaron las vergas en esos momentos, esas piernas, esa cintura, esas nalgas, no eran normales, si Wilmer alguna vez lo pensó, el ver la reacción de sus amigos, compadres, socios y obreros lo confirmaba —ese hijueputa culo es muy exagerado— pensó mientras veía de reojo a todos los varones de la fiesta, al tiempo que se tomaba un trago de whisky, llamo al nene —ve a cambiarte ese traje de baño, no es de tu talla— le dijo en tono calmado —papi pero me queda bien, es el regalo del manco y así me gusta que me quede, me siento mejor— decía mientras se agachaba para mostrar la movilidad que le daba el trajesito, mejor dicho tanga, al tiempo que por el movimiento el par de nalgas se tragaban lo que se suponía las cubría —miren ¿no se me ve bien? — dijo dándole la espalda a circulo de amigos de Wilmer, todos miraron a otro lado, tratando de no darle importancia, no sabían que decir, unos dijeron que estaba bien, otros que dejara al nene tranquilo, otros que es un niño, que esas cosas no importan, que estamos en confianza, otro que era normal que a esas edad él ya se habría bañado desnudo en la piscina, mientras reía y servía mas tragos a los demás. El Manco se metió y pregunto —entonces Wilmer ¿que se cambie o que se bañe así? tú decides— todos incluido Betico se voltio a mirar a su padre —bueno, vaya métase— el niño corrió emocionado haciendo que esas nalgas brincaran aún más.
Bebieron, comieron, vieron a los niños jugar, Wilmer pensó que la piscina había sido la mejor idea, los nenes en especial Betico habían estado entretenidos toda la tarde ya eran las 7 pm, varios invitados se habían ido con sus hijos, ya para las 8 de la noche la vieja Carmen y sus nietos también se fueron, solo quedaban Wilmer, el Manco y los obreros, además de Betico dando vueltas en la piscina, por supuesto todos ya habían ido varias veces al baño a esnifar perico (cocaína), llamaron a los obreros para que se sentaran con ellos, y conversaron amablemente como rara vez Wilmer lo permitía, el hermano de Yeiner, Diomedes era el mas bromista, no era tan alto como su hermano pero sin duda eran hermanos sus rostros eran idénticos, claro que Diomedes no tenia una cara inocente todo lo contrario, se notaba lo tremendo que era, 1.75 de altura, negro como su hermano, el cabello trenzado, y aun mas acuerpado que Yeiner, 9 de la noche y ya solo quedaban 4 personas, Wilmer, el Manco, Yeiner y su hermano Diomedes, en ese momento Betico por fin decide salir de la piscina porque dice que sus manitas están muy arrugadas, cuando sale, otro de esos momentos de silencio incomodo y de acomodar las erecciones que todos disimulaban y se convencían que nadie notaba.
El traje de baño era blanco en esa tela licrada era casi como si no llevara nada, se marcaba su pequeño miembro, pero cuando voltea para tomar una toalla, santo dios… ese glorioso par de nalgas aun escurría agua, las gotas se deslizaban y delineaban la voluptuosa figura de un culo cincelado para provocar, Wilmer llama a Betico para arroparlo y sentarlo, —ay casi que no se van— dijo Betico mientras se sentaba pero no como su padre quería, lo hizo de piernas abiertas de frente a el para verlo y abrazarlo —¿cómo así mi nene? — pregunto Wilmer, para ser ignorado por su hijo, Betico se tira la toalla encima de su espalda, con tan mala suerte que no la coloca bien, dejando descubiertas su nalgas y piernas, que en esa posición de frente a su padre y de espaldas a todos, con sus piernas abiertas de par en par, una en cada pierna de Wilmer, los deja sin aire, cada uno haciendo el mayor esfuerzo de no mirar.
—¿estas molesto conmigo mi pelaito? — le pregunto Wilmer, abrazándolo y dándole un beso en la frente —sí, papi, no me gusta cuando me tratas feito, además estabas con esa señora— le respondió mientras se empinaba más hacia él, parando aún más su colita —discúlpame estaba borracho y trabado (drogado)— le dijo tratando de cubrirlo —tranquilo papi, el Manco me explico que tu me querías, y que los hombres podían jugar con varias personas— le dijo pícaramente sonriendo, haciendo que Wilmer viera en su rostro a su difunta mujer Juliana, dándole un beso en los labios.
—ey ¿qué pasa? — le grito el Manco, pero no estaba preocupado por el, a pesar de jamás haber visto algo así, el grito fue por los obreros que los acompañaban, Yeiner y Diomedes quedaron en silencio mudos totalmente, concentrados en la visión que tenían. —tu quieres jugar con varios ¿verdad? — pregunto un padre sorprendido del alcance de su hijo, pero de su hijo no salió una sola palabra, solo sonrió se resbalo más abajo de sus piernas haciendo que sus nalgas se abrieran más. El padre de esta criatura alzo la vista y tenia a 3 varones perfectamente aptos y dispuestos a complacer su “pelaito”, no se dijo ni una sola palabra solo una acción… Wilmer quito la toalla de la espalda del nene, deslizo sus manos hacia sus nalgas, tomo la tanga blanca y húmeda de su único hijo de 9 años, y la reventó partiéndola en dos, dejando expuesto el ano de su príncipe, un dulce orificio color rosa enmarcado en las nalgas trigueñas mas desproporcionales que hayan visto jamás.
Las venudas manos de Wilmer ásperas y bruscas abrieron las nalgas de Betico, mirando a los ojos de su compadre de toda la vida, fue así como el Manco se rindió sabiendo que tenía la autorización de su padre, se dejo llevar, se arrodillo frente al monumento que era el culo del hijo de su querida Juliana, e introdujo su lengua en el recto del infante como si de un coño se tratara, lamia y relamía mientras Betico gemía como una nena, todo rastro de masculinidad abandono al pequeño que se trasformo en toda una puta, solo verbalizada las palabras —mas por favor mas duro— mientras su padre apretaba y abría sus glúteos.
—apaga la luz del patio y coloca mas fuerte la música— una orden para los hermano que tuvieron la fortuna de ayudar en la fiesta y ahora en el regalo más placentero que recibiría este pequeño en su noveno cumpleaños, Diomedes se levantó y obedeció volviendo rápidamente para desnudarse mirando al patrón pidiendo permiso de acercarse al primogénito protagonista de la noche, este acento con la mirada, el obrero bajo su pantaloneta y dejando ver una verga negra de 18 cm con un grosor apropiado para que el nene pudiera chupar , Betico alzo la vista y miro a su padre buscando aprobación, Wilmer lo dominaba todo, el nene la miro, la toco, vio que estaba muy peluda con un aroma fuerte a sudor, pero justos estos olores lo volvían loco, abrió la boca y comenzó a mamar, mientras el Manco continuaba su trabajo en el culo, hasta ese día el nene no había podido mamar adecuadamente una verga pues la de Wilmer le lastimaba la mandíbula por lo mucho que debía abrir la boca, así que estaba feliz casi que lograba sonreír mientras mamaba —Yeiner sube a mi cuarto y en el cuarto mas grande en un cajón al lado de la cama trae lubricante, unas bolsas con perico y unos frascos de vidrio que tengo ahí— dijo Wilmer al tiempo que Yeiner se iba sin decir nada.
Diomedes tomaba de la cabeza al niño y se la empujaba hasta el fondo, toda la saliva y lubricante natural caída a babas sobre el pecho de Wilmer, el nene se veía apurado pero no se rendia, respiraba y nuevamente engullía la verga de este negro afortunado, mientras el manco ya con la boca y lengua cansadas empezaban a buscar penetrar al nene, Wilmer lo detuvo y le dijo que de entrada siempre debía ser el nene arriba, clavándose el solo, el Manco se tiro en el suelo al padre levanto al nene de la silla, haciendo que soltara la verga de su boca y busco acomodarlo sobre la gorda verga del Manco —eso mijo, venga pa`ca— decía el Manco esperando la caída del nene —¿Cómo estas mi rey?— preguntaba Wilmer, a lo que el nene no respondió solo tomo las vergas disponibles para mamar, con el padre casi no lo lograba pero con Diomedes daba sin complicaciones, sin embargo a Wilmer le gustaba verlo abriendo su boca al máximo para solo introducir el glande, mientras con el obrero introducía casi toda la verga —escupe mi mano con toda la saliva que tengas en la boca— le dijo al Betico, a lo que este obedeció, toda este saliva iría al mismo ano del nene para lubricar lo mas posible, le indico que se sentara en el Manco y como el nene ya tenía practica lo hizo sin dudar, sin lograr su objetivo, era demasiado gorda.
El manco se sentó en el suelo para jugar con las tetillas del nene, a lo que este respondió muy bien, seguía jugando con las vergas de papá y Diomedes —gracias patrón, por darme esta oportunidad, estos pelaos así me arrechan full— decía Diomedes mientras empujaba la cabeza del nene contra su verga, con los sonidos ahogados de Betico, lo que calentaba mucho a Wilmer, al momento llega Yeiner —patrón aca esta todo ¿Qué hago? — decía mientras veía a su hermano tratando con rudeza al hijo del patrón —quítate la ropa y saque la verga— le ordeno Wilmer mientras revisaba la bolsa, saco perico y se lo unto en los dedos, procedió a echárselo en el ano a su primogénito —¿Qué haces papá? —decía el nene sintiendo los dedos de su padre muy adentro —esto te va a ayudar a disfrutar como quieres, el límite que tienes en la boca aca abajo no lo tendrás— decía el padre sacando los dedos —Manco siéntate en la silla, Betico recuéstate de frente al manco con las piernas abiertas— dijo mientras sacaba lubricante y se lo daba a Diomedes, échatelo y revienta a mi pelaito, Diomedes no dudo en hacerlo y primero ubico ese ano minúsculo para no errar en el golpe, lo sintió el nene, lo sintió el, y finalmente deslizo su cabeza dentro, Wilmer veía desde arriba como entraba sin problemas, era lo más lógico era la verga mas delgada debía ir primero, Betico estaba frente a frente al Manco, este lo abrazaba y lo miraba como se retorcía del dolor y del placer, sin avisarle el nene comenzó a besarlo, a lo que el Manco respondió comiéndose esa boquita, la gran verga del Manco rozaba contra la barriguita del nene, lo que era muy placentero pues cuando liberaba la boca de Betico este daba pequeños gemidos de placer ahogados por la música a todo Volumen, este momento familiar estaba amenizado por lo mejor de los vallenatos clásicos.
—ábrete que voy yo— dijo Wilmer empujando a Diomedes para hacerse un lugar, esnifo perico y le dio a oler un frasco de vidrio al pequeño, este no pregunto, solo obedeció —vas a joder al pelao dándole eso— dijo el Manco reprochándole la acción —yo soy el papá, además sin esto no podría, ni contigo, ni conmigo— respondió Wilmer de mala gana mientras se ubicaba en la mejor posición, seguido de un golpe directo a las entrañas de Betico, un grito se escuchó entre la música pero de inmediato fue ahogado por un beso del Manco en los labios del nene.
Yeiner se desnudaba con calma sorprendido por todo lo que veía, como su patrón parecía poseído por un diablo, dándole sin descanso al nene que horas antes se veía tan inocente, se acerco para masturbarse junto a su hermano y ver mas de cerca esa ruidosa penetración, Wilmer carraspeaba y escupía con una puntería absoluta en el ano de su hijo, lo que incrementaba el sonido, debajo del hijo del patrón, el Manco se deleitaba acariciándolo y viendo con una vista afortunada, las caras de placer y gemidos que el niño dejaba escapar, mientras Wilmer lo sujetaba de los hombros para completar la embestida, las chacaras (testículos) de Wilmer golpeaban la carne del pequeño, confirmando que estaba al pegue el nene la aguantaba toda, 24 cm de verga negra y gruesa bien adentro, de papi como regalo de cumpleaños.
En ese momento Wilmer baja la vista para admirar la belleza de las nalgas de su pelao rebotando contra su verga, ve aun lado el Diomedes enloquecido, reventándose la verga a pajazos, mira del otro, por fin Yeiner ya este desnudo, pero enseguida nota que tienen un problema grande, este obrero venido de San Basilio de Palenque es poseedor de una verga monstruosa rayando lo deforme, mas gruesa que la del Manco, y más larga que la de el —hijueputa pelao ¿y esa verga tuya qué? Pareces un caballo— expreso este padre comprometido con el placer y el bienestar de su retoño, Betico voltea a ver y de inmediato se le abren los ojos, una mezcla entre miedo y hambre se apoderan de su vista —vamos a ver que hacemos, porque cuatro somos y cuatro te vas a comer— le decía a Betico mientras este gemía por el golpe de verga que le daba en las entrañas, acelerando el ritmo a medida que escuchaba a su hijo subir o bajar el volumen de sus quejidos —Manco que rico esto, es el mejor cumpleaños— le decía el nene al oído al Manco mientras este lo sostenía y le separaba las nalgas para que la verga entrara mas y mejor, el Manco estaba ido viéndole sus caritas y besando cada que podía su boquita.
—listo Manco ya esta listo— dijo Wilmer sacando la verga y levantando al nene en sus brazos, dejando ver al Manco todo mojado en los sudores del nene, de Wilmer y los de el mismo, la verga del Manco tenia una forma doblada hacia abajo, con un glande más grueso que el resto de su verga, razón por la cual la entrada era tan difícil, Wilmer saco mas perico, esnifo el mismo, le dio al manco, un poco a los obreros, además le ordeno colocarse a cada lado de Betico, se unto perico en los dedos y de nuevo jugo con el culo del cumpleañero, este estaba mostrando signos de cansancio —gracias papi, eres el mejor, gracias por jugar e invitar a mas amigos a jugar conmigo— decía el nene al oído del padre, lo que demostraba que estaba listo para más.
El Manco estaba acostado en el suelo con su verga bien dura, esperando la bajada de su ano mas deseado, el ano de su pequeño amor, Wilmer agito y abrió el frasco de vidrio y esta ves le dio a oler dos veces por cada fosa nasal —chupen las tetillas del nene— decía para que los obreros supieran que hacer, intento uno fallido no entro ni el glande, segundo intento y fallan de nuevo, Wilmer lo coordinaba todo, mientras el Manco estaba como un animal deseoso, casi perdiendo la cordura por sentirlo tan cerca y perderlo —mastúrbate mi amor— le dijo Wilmer a su Betico, tercer intento ano dilatado, el perico ya hizo más efecto, sintió más placer el nene, pero —ojo Wilmer que lo saca— dijo el Manco al sentir que el nene se arrepentía y subia de nuevo —perdóname mi pelaito— dijo Wilmer mientras empujaba hacia abajo sosteniéndolo de los hombros, haciendo que entrara todo de un solo golpe, el nene grito, y de inmediato Diomedes le tapo la boca —métesela en la boca, el otro chúpale las téticas con mas fuerza— grito Wilmer, Betico se retorcía mientras el Manco era el hombre más feliz desde que había disfrutado del coño de la madre de Betico, sintió la calidez de sus entrañas suaves y dispuestas para lo que el quisiera hacer y comenzó la envestida, al tiempo que Wilmer no lo dejo descansar y lo sostenía obligándolo a tenerla bien adentro —sé, que es lo que quieres, eres una putica— le grito al nene mientras este lloraba y gemía —Yeiner párate y pónsela en la cara deja que juegue con tu verga como el quiera— ordeno mientras agitaba y abría el frasco de vidrio para que Betico inhalara más y más, Betico estaba confundido pero su progenitor lo tomo del rostro, tomo la verga de Yeiner y lo golpeo en la cara con ella, ahí fue cuando abrió los ojos y Wilmer vio ese brillo, ese brillo de placer y entrega que tienen todos los que disfrutan de ser sometidos.
La verga mas negra que estaba presente era la de Yeiner y Betico estaba enloquecido de las sensaciones, intentaba metérsela en la boca cuando solo podía con el glande y lastimándolo con sus dientes, Yeiner no era capaz de quitarle su juguete a este nene, seria inhumano. El Manco a pesar de su gordura era todo un macho se sentía en el ambiente claramente los jadeos de ambos, y el golpe de su carne contra las nalgas de Betico —¿Qué dice mi hermano Manco ah? ¿cómo sientes a nuestro pelaito? — dijo Wilmer mientras se masturbaba, en la cara de su hijo, haciendo que le lamiera los huevos a el y a Yeiner, Diomedes estaba dedicado a chupar y lamer las tetillas del nene, disfrutaba de ver la forma animal y enferma con la que el manco miraba al nene, Betico tenia la capacidad de enloquecer a estos 4 hombres.
El Manco lo comienza a levantar y se la saca, a lo que el nene da un largo gemido de alivio —vamos pa dentro— dijo mientras cargo al pequeño que estaba totalmente ido, entraron los varones a la casa se sirvieron mas Whisky y colocaron al pequeño en la sala sobre un viejo sofá, la mirada del manco estaba cambiada, fue a su cuarto y trajo varios cigarros de marihuana, fumaron un poco masturbándose colocando a Betico en cuatro en el mismo sofá, sentados y de pies alrededor de él, analizando el hoyo que le habían dejado, Wilmer le echo mas perico en el culo, más lubricante, lo dedearon y se turnaron nuevamente para penetrarlo, primero Diomedes, luego Wilmer y de nuevo el Manco —ahhhh si por favor papá, yo te quiero, Manco te quiero mucho, por favor más— balbuceaba el infante, Yeiner era el que se acercaba a su cara para poner oído y entender lo que decía, el lo replicaba a los demás y eso les daba fuerza para seguir.
—bueno ya es hora de que completemos la vaina, Yeiner ponte pilas que vas tu— dijo Wilmer llenando a todos de euforia, pues en este compartir entre varones, se estaba esperando la entrada de esa gran verga, está en cuestión era de aproximadamente 29 o 30 cm de larga y era de glande más reducido pero rápidamente se engrosaba, era una deformidad gruesa; fumaron más, Diomedes sirvió Whisky, y Wilmer nuevamente los acomodo a todos —yo lo pondré a mamar y sujetare de su cabeza y hombros, Manco y Diomedes a los lados, Yeiner firme como un varón, que mi pelao sienta que esta con hombres de verdad— les decía mientras tomaba y se masturbaba —sepan que este nene lleva varios meses jugando con su culo metiéndose cosas y siempre viendo porno, —¿Betico mi amor? ¿quieres que Yeiner te la meta rico? — le dijo acercándose a su rostro, todos se inclinaron expectantes para escuchar la respuesta de este varoncito con nalgas de hembra —si papi, me siento como en las películas que me gustan— dijo el nene suspirando y dibujando una sonrisa en sus labios.
Todos los hombres se acomodaron, echaron mas perico al culo de Betico, inhalo mas del frasco de vidrio y todos se sorprendieron de ver como el culo se abrió solo de repente, Wilmer se la metió en la boca, el chupaba como podía, Yeiner se la acomodo y poco a poco se la dejo ir, el nene gemía y gritaba un poco, pero el vallenato que sonaba más fuerte los cubría —joda, creo que lo voy a partir me da vaina— dijo Yeiner, con cara de asustado —deja la mariquera y reviéntalo, bien que querías desde que lo viste acostado en mi cama— le dijo el Manco, Wilmer se sorprendió pero analizo que no tenia importancia viendo la situación actual, entonces Wilmer, que lo tenía de frente —vamos a metérsela toda al tiempo, ¿va? — le dijo mientras sujetaba fuerte al nene y miraba con complicidad al manco —1, 2, 3 zámpasela toda— grito finalizando ambos hombres en la profanación absoluta del cuerpo de este nene de 9 años, el abdomen de Yeiner estaba pegado a las nalgonas de Betico, todos abrieron sus ojos a esa vista increíble, todos emocionados intentando besar al nene, sobre todo su padre Wilmer y el Manco, eran como 5 animales jadeando, sudando, fumando, bebiendo, esnifando y penetrando.
Y se sentía como si solo fuera el comienzo, así comenzaron las envestidas de Yeiner, que placer ver desaparecer esa verga, 29 cm apareciendo y desapareciendo en tus ojos, Betico solo gemía y gemía no decía nada solo un constante —ahhh ahhhh ahhh ahhh papi, papi, Manco, ahhh ahhhh más más— y seguía una y otra vez incluso notaron que se estaba orinando en el sofá, a veces salían pequeños chorros y otras veces eran más largos, solo por el placer que le estaban dando, Diomedes se dio cuenta que su hermano Yeiner se vendría y comenzó a pellizcar sus pezones, haciendo que su hermano acelerara la penetración mejorando el espectáculo así hasta que dio un grito ahogado —la primera leche, pilas que le faltan tres— dijo Wilmer mientras se disponía a penetrarlo —ey Wilmer el nene se desmayó— grito el Manco, viendo que el nene estaba como caído en esa posición, no se sostenía —mierda que vaina mala— respondió Wilmer, eran las 11 de la noche y estaban evidentemente preocupados —tranquilos es mejor así, déjalo que duerma y sigamos— dijo Diomedes mientras se masturbaba, viendo el hueco que tenía el nene en el culo, se hizo un silencio, nadie decía nada, el Manco miraba a Wilmer como esperando, sabía que él era el que tenía la última palabra.
Este silencio, solo se rompió cuando Wilmer se acomodó detrás de Betico —Que yo sepa aca en barranquilla, si el cumpleañero se duerme, el cumpleaños sigue, sirve el trago, sube el volumen, que vamos de amanecida— dijo, mientras se la enterraba en el ya destrozado culo y arranco otra vez, todos entendieron que sería una larga noche.
Fin.
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