Plin caja
Me convierto en el gran negocio de mi hermano mayor.
No pasó mucho tiempo de mi relato anterior hasta que mi hermano mi dijo una tarde que lo acompañara a lo de su amigo Walter, cuando llegamos estaba el dueño de casa y un compañero más de la escuela, nos sentamos alrededor de la mesa de la cocina (lo que me pareció extraño) y uno de ellos se acercó a mí y me dijo:
-Asi que te gusta chupar el pito, a ver como te tragás el mío.
Y ahí empezó un manoseo donde terminé apoyado sobre la mesa, con los pantalones bajos y este compañero arrimando su pene duro a mis nalgas para conseguir abrirlas. En ese momento Walter estaba casi frente a mí sin pantalones esperando que yo lo pajee, algo que hice sin problema, justo ahí pude observar que uno de los dos le daba a mi hermano plata mientras aseguraba que era verdad lo que les había contado. Él se guardó la plata en el bolsillo y se fue al patio a no sé que dejándome al servicio de estos adolescentes que debutaban conmigo, quien estaba por detrás iniciaba con una suave penetración, mientras el otro ya me rogaba que se la chupe. Como yo no me quejaba de la cojida que me estaban dando y hasta gozaba empezó a bombear con fuerza y cada vez más acelerado hasta que sentí un grito, gemido donde demostraba que estaba acabando en mi culo, cayendo sobre mi espalda mientras me decía al oído «que rico puto sos».
Pero la imagen que más recuerdo es cuando Walter, decide penetrarme. Mientras quien me llenó de leche la sacó y se puso en un costado para que se la limpie, lo que hice gustoso, sentí al dueño de casa decirme:
-Desde ahora vas a ser mío y siempre te voy a cojer
Eso me encantó y deseé que me penetrara fuerte en ese momento; entre que ya me había penetrado su compañero y la lubricación que tenía de semen, entró con fuerza hasta el final y empezó acariciarme la espalda, mientras no paraba de sacarla y meterla muchas veces al ver que yo gozaba como nadie, también tardó poco en acabar y sacar la pija flácida, y fue cuando me ordenó que me suba los pantalones. Se dirigió a mi hermano y le dijo «ya está, llevátelo, yo te aviso»
Entonces nos fuimos de ahí sin decir una sola palabra y como si nada hubiera pasado, pero era solo el comienzo de un buen negocio para mi hermano y un gran inicio gay para mí

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