RECUERDOS: Mi primer pollito Parte 2
Mi pene me pide más…La cuevita de José Luis, de 6 añitos, recibe a mi conejito..
RECUERDOS: Mi primer pollito Parte 2
Yo tardé un rato en conciliar el sueño. Aunque siempre me habian atraído los pollitos, José Luis, güerito y de ojitos claros y con casi 6 añitos, era el primer niño con el que hice algo sexual. Él, confiado, durmió acurrucado en mi pecho ignorando la perversión que había provocado en mí.
Deslice mi mano por su espaldita hasta llegar a sus nalguitas y las apreté y acaricié largo rato. Pasé mis dedos por su rajita y sentí los pliegues de su anito virginal y su calorcito. Mi pene comenzó a ponerse duro de nuevo, así que, cuidando de no despertarlo, lo puse de espaldas a mí en posición fetal para exponer su hoyito. Encendí mi lámpara para deleitarme con la vista maravillosa de ese bello niño desnudo, sus nalguitas y su culito rosadito, cual tierno duraznito expuesto a mis más oscuros deseos. Llené de saliva uno de mis dedos y froté con él ese culito infantil.
Hice un poco de presión y se abrió paso hacia su interior. Él se movió un poco al sentir, seguramente, un poco de dolor. Cuando volvió a quedarse quieto, empujé de nuevo mi dedo hasta verlo desaparecer en él. Comenté un lento vaivén mientras me masturbaba y después acerqué mi glande para frotarlo un poco en su rajita. Dirigí la punta de mi glande hacia ese tierno anito y después de varios intentos fallidos, pude meter en él un poco de mi glande. Él se movió inquieto y quiso despertar.
Lo arrullé un poco y empujé hasta que el glande entró en sus pliegues y sus esfínteres se abrieron para luego cerrarse. Era una sensación en verdad placentera.
—¡Ay, ay,ay, me duele! ¡Ay, ay, ay! ¿Qué hace, maestro? Preguntó entre sueños.
—Nada, mi niño…mi conejito tiene frío y quiere entrar en tu cuevita…
—¿En mi colita? Pero no va a caber, está muy grande, dijo adormilado…
—Pues ya metió su cabecita, mira…
Y llevé una de sus manitas para que tocara mi verga y se diera cuenta que mi glande estaba adentro de su culito.
—Pero me duele, maestro! Siento que me arde aquí, en mi colita…Ay, ay, ay! Me duele, maestro, me duele mucho…
—Si me quieres como yo a ti debes ser valiente y aguantar el dolor. Si lo haces, el señor Conejo te dará un premio.
—¿De veras? ¿Y qué me va a dar?
—Es una sorpresa, pero él te regalará algo si te portas bien y le prestas tu colita para dormir en ella.
Él aceptó y entonces salí de el y lo puse en posición de perrito para abrir sus nalguitas mejor y coloqué la punta de mi glande en su entrada. Le pedí ser fuerte y valiente y aguantar el dolor y entonces empujé y debido a lo lubricado y duro de mi pene, se alojó mi glande en su interior con muy poco esfuerzo.
—¿Ves? Ya metió mi conejito su cabecita en tu linda y calientita cuevita…¿lo dejas entrar un poquito más, mi niño hermoso?
—Siiiii, siiiii, maestro, pero despacito…
Lo tomé de la cintura para evitar fuera a zafarse al meterle mi palpitante verga, empujé y pude sentir cómo sus esfínteres se abrían un poco más y mi pene se deslizaba entre sus estrechas paredes anales. Sentí tocar el cielo ante ese placer inmenso, cuando él se quejó y me pidió parar.
—¡Ay, ay, ay! ¡Me duele mucho, maestro! ¡Ay, ay, ay!
¡Mi lindo pollito ya había recibido y alojado en su colita más de la mitad de mi verga! La vista era maravillosa! Sus bellas nalguitas blancas , su culito forzado al máximo y fuera de él, el tronco de mi verga morena…el contraste era simplemente increíble! Obviamente, yo deseaba sentir más, enterrar mi verga hasta el fondo y que mis huevos golpearan su culito una y otra vez hasta llenarlo y marcarlo con mi semen. Pero, después de todo era mi primer pollito y no quería espantarlo o causarle daño y que tuviera un mal recuerdo de mí.
—Pero, amorcito lindo, mi conejito quiere entrar todo en tu cuevita, en verdad se siente increíble…¿No puedes aguantar un poco más y hacerme feliz?
—Siiii, maestro, siiii….pero me duele mucho y me arde mi colita…
Me decía entre sollozos, intentando zafarse de mí. Le pedí tranquilizarse y relajarse, quedarse quieto y aguantar hasta que pasara un poco el dolor y su cuevita se acostumbrara a mi conejito y él me hizo caso y dejó de forcejear y poco a poco sus sollozos disminuyeron hasta desaparecer y ser sustituimos por tiernos suspiros.
Era evidente su dolor, el esfuerzo al que estaba siendo sometido y lo mucho que me amaba y deseaba complacerme. Podía percibir la lucha que sostenía en su interior entre pedirme parar o continuar. Lucha que igual se desarrollaba en mí, no deseaba hacerlo sufrir, por un lado, pero a la vez y ante la sensación placentera que experimentaba, deseaba empujar hasta que mis 17 centímetros se alejaran por completo en él sin importarme su llanto o dolor.
—Maestro, ya casi no me duele…me dijo en un susurro cargado de tensión
—¿Y qué quieres que haga, mi lindo, tierno y dulce niño?
Dije, sin soltarlo de su cintura…
Él nada dijo, pero percibí que apretó sus labios, cerró sus ojos y con sus manitas apretó también las sábanas que cubrían el catre en el cual un pollito entregaba, por amor, su cuerpo y su inocencia a su maestro. Tomando fuerzas y valor, echó hacia atrás su trémulo, frágil, lindo y tierno cuerpecito hasta que sus pequeños y suavecitos glúteos chocaron con mi pubis, aplastaron mi mata de vellos, mis huevos tocaron a la puerta de su hace apenas poco virgen hoyito.
Un grito de profundo dolor salió de su garganta, su pecho se convulsionó en sollozos, y, en medio de su dolor, preguntó con temblor en su voz y lleno de su inocencia recién corrompida:
—¿Ya,ya,ya…ya entró todo su conejito, maestro, verdad?
—Así es, mi tierno y lindo niño— le dije, acercando mi boca a su oído—me has hecho muy, muy feliz y ahora te quiero más aún pues me has demostrado lo mucho que tú también me amas.
Sonrió, a pesar del dolor y entre sus sollozos y ayes de dolor.
Nuevamente hube de esperar a que el dolor y su llanto disminuyeran y eché un poco hacia atrás mi pubis, arrancando un gemido y suspiros de alivio de el, quien preguntó con su dulce y tierna voz:
—¿Ya va a salir su conejito de mi colita, maestro?
—¿Ya quieres que lo saque, mi pequeño y hermoso amante? ¿Te duele mucho aún?
—No, ya casi no, maestro, siento un calorcito adentro y como que me pica mi colita…¡y mire! Mi pito está bien paradito y durito y siento ganas de orinar, muchas ganas…¿Por qué siento esto, maestro?
Llevé una de mis manos y efectivamente, pude comprobar cuanto el me decía. Tomé su pitito, lo acaricié y masturbé un poquito, entre sus risas de placer.
—¡Ay, mi niño, tu pequeño cuerpo está sintiendo mucho placer pues está hecho para dar y recibir caricias, abrazos, y dar y recibir amor, mucho amor…por eso reacciona así…porque está disfrutando lo que hacemos. Si tú lo deseas y me lo permites, vamos a hacer el amor…
—Sí, maestro…¿pero qué es hacer el amor?
—Es lo que estamos haciendo, mi niño…estamos haciendo el amor…cuando dos personas se quieren mucho, hacen lo que estamos haciendo, uno de ellos entra en el otro, como lo ha hecho mi conejito en tu cuevita calientita. Y si tú quieres y lo deseas tanto como yo, se va a mover hacia atrás y hacia adelante muchas veces para frotarse en tu cuevita y estar más y más calientito.
—¿Cómo lo hicimos hace rato, cuando yo me subí en el y me tallaba?
—Ándale, así mero…¿Dejarías que mi conejito se frote en tu cuevita?
—Siiiii, maestro…si quiero…
Ante sus dulces palabras, me separé de su nuca, lo tomé de su cintura e inicié el más rico de los vaivenes arrancando de su boquita tiernos ayes de dolor mezclados con suspiros y gemidos.
—¡Maestro, maestro, espere! Dijo él después de un rato.
—¿Qué pasa, mi niño?
—Es que siento muy rico cuando su conejito entra todo y mi pito está muy calientito y siento muchas ganas de orinar…¿Me deja ir a mear?
Tomé su erecto pitito, retraje un poco su prepucio y le pedí orinar ahí en las sabanas y así lo hizo.
Continué haciéndole el amor a mi bello y complaciente pollito. Huniera deseado nunca salir de él y durar más pero la calidez y estrechez de su culito me hicieron explotar en potentes chorros que no pararon hasta dejar secos mis testículos.
—Maestro…¿Ya me echó su lechita, verdad?
—¿Lo sentiste, amorcito?
—Siiii, maestro… Ay, ay,ay…siento muchas ganas de mear de nuevo…ay, ay, ay…
—Pues orina, mi niño, sin pena, mañana lavo y cambio las sábanas, anda…
¡Y orinó de nuevo!
Poco después, retiré mi pene de su culito, lo llevé al baño pues sentía ganas de evacuar y aproveché para limpiarlo y limpiarme muy bien, poner abundante crema en su recién desvirgado orificio anal y acostarnos de nuevo, muy cansados pero felices.
Tengo problemas pues Telegram bloqueó desde hace varias semanas mi número. Pueden contactarme vía Zangi a mi número privado 60-4203-6421…les espero!

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