RECUERDOS: MI PRIMER POLLITO
José Luis, de casi 6 añitos, me acompaña a dormir..
RECUERDOS: Mi primer pollito
En septiembre de 1985 llegué a trabajar como maestro de educación primaria a una comunidad rural de México.
La familia que me apoyó con la asistencia (comida) era muy humilde, y además de sus hijos se hicieron cargo de cuatro de sus nietos al quedar huérfanos de madre al nacer José Luis, y su padre emigró a EEUU para buscar una mejor vida y desde allá enviaba dinero para la manutención de sus hijos.
Ellos eran maltratados por tíos y abuelos por su condición de huérfanos y además “arrimados”. Al conocer a José Luis, casi 6 años, me dio mucha ternura y comencé a tener detalles con él: le mesada su pelo, lo acariciaba o abrazaba, le invitaba alguna golosina o daba alguna moneda para que se comprara algo. Eso, y el hecho de carecer de muestras de cariño y cuidados y ser insultado el incluso castigado físicamente por tíos y abuelos, hicieron que me buscará con frecuencia.
Mis dos compañeros salían los fines de semana a visitar a sus familias o novias y yo prefería quedarme en el rancho. Su abuela me preguntó en una ocasión si no quería a José Luis para que me hiciera compañía cuando me quedaba solo y él me rogaba dijera sí y acepté.
Como no había servicio de energía eléctrica, nos alumbrábamos con velas o lámparas de pilas. Así que llegamos, ya era de noche, prendí la lámpara un rato y le señalé el catre donde él dormiría y lo acosté en el y yo en el de al lado.
Apagué la lámpara y me disponía a dormir cuando él me pidió pasarse a mi catre y dormir conmigo pues le daba mido dormir solo. Me pasé entonces a mi catre y nos acostamos de lado y frente a frente. Me preguntó si ya tenía sueño y le dije que muy poco. Entonces me propuso contarle un cuento y lo hice, pero como seguía sin sueño, me pidió jugáramos luchitas y acepté. Encendí mi lámpara para iluminar un poco el cuarto y los dos vestidos aún empezamos, yo me dejaba ganar ocasionalmente.
En una de esas luchitas, el se montó en mí, sujetó mis dos brazos y me pidió rendirme, quedando montado en mi verga la rajita de sus dos nalgas y encima se movía, lo cual logró que involuntariamente mi pene comenzará a erectarse y él lo sintió.
—Maestro, su pito está creciendo…¿Por qué?
—Es que te sentaste encima de él y tu calorcito lo despertó…
Tomándolo de la cintura, lo moví hacia adelante y atrás para que se frotara un poco en él. Él, siguiéndome el juego, puso sus manitas en mi pecho y solito inició un rico vaivén…
—Luisito…siento muy rico…¿Y si nos quitamos los pantalones?
—¿Para qué, maestro?
—Pues, para jugar mejor así, a que tú te montes y talles en mi pito…¿Siiii?
Y él aceptó . Así que desabroché él cinto de su pantalón y el cierre y botón del mismo para después hacer lo mismo con mi pantalón. Me acosté boca arriba y lo invité a acomodarse para seguir jugando y lo hizo…después de un rato me quité mi suéter y playera e hice lo mismo con él para quedar ambos sólo en truzas y continuar con nuestro juego.
Luisito…¿y si nos quitamos también las truzas para frotarnos mejor?
Se incorporó y bajé su trucita y levantó una de sus piernas y luego la otra.
—Sigue usted, maestro…y comenzó a bajar mi truza, mi pene erecto y lleno de presemen saltó al ser liberado, él tomó la lámpara y con ella iluminó mis genitales…
—¡¡¡Maestro!!! ¡Qué pitote tan grande tiene! ¡Y qué huevotes! Dijo, un poco temeroso.
Yo, tomando mi pene por su base, lo agitaba y preguntaba:
—¿Te gusta? Tócalo, anda, no le tengas miedo.
Dirigió sus pequeñas y temblorosas manos hacia mi pene y lo tocó y apretó un poco. Puse una de mis manos sobre las suyas y lo hice subir y bajar por mi pene para mostrarle cómo masturbarme.
Al notar que me lo hacía a un buen ritmo, quité mi mano y lo invité a hacerlo solo. Luego, le pedí montarse sobre mi pito de espaldas a mí y frotarse en él, petición que realizó gustoso y entre risas.
Era increíble la suavidad y calidez de sus nalguitas y el calor y el roce de su culito en mi pene. Cuando estaba por correrme, le pedí detenerse y acostarse boca arriba para frotarme en sus huevitos y penecito hasta llenarle de semen, con siete o más chorros, su pancita y genitales. El quiso moverse, extrañado y asustado por mi eyaculación pero no lo dejé hacerlo. Tomé un poco de mi semen con uno de mis dedos y lo llevé a su boca, lo probó pero no le gustó, así que tomé papel higiénico y lo limpié muy bien.
Preguntó qué era lo que me había salido y le dije que era mi leche y que a mi pito le había encantado sentir el roce de sus nalguitas y culito en él y por eso había salido esa leche.
Con un bostezo largo, me dio un besito, me abrazó y me deseó buenas noches para dormirse un rato después.

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