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Dominación Hombres, Gays

Relatos del amigo caña hueca – 2

8=> 1: Por el culo salía excremento con semen, sin duda que esa tarde memorable, la boca y el culo del pequeño Paúl habían recibido su ración de verga por parte de Santiago.
El sol reflejaba sus rayos en esa espalda y culo desnudo humedecido de sudor por el calor, estaba acuclillado sobre una gruesa rama, sus piecitos con dedos alargados se sostenían sin moverse, su manito se agarraba a una rama logrando equilibrarse, aquel niño de 9 años pujaba fuerte, debajo de donde estaba acuclillado pasaba el río no muy caudaloso en aquel lugar, botaba saliva de su boca viendo el impacto de su saliva en el agua,  la brisa rozaba su piel completamente desnuda, se miraba la verga lampiña por donde empezaba a salir orina cuyas gotas se impactaban en la corriente del agua haciendo ondas ante el lento movimiento del agua bajo su cuerpos sostenido en la rama, sonreía viendo cómo el agua se llevaba la orina, su piel blanca se iba enrojeciendo pues tocaba de pujar fuerte, del ano iba saliendo la caca, en tira, caía al agua, se escuchaba su impacto, alguna parte flotaba y el niño miraba perderse a lo lejos, seguía pujando sacando más, tenía cierto ardor en el culito, recordaba lo que había comido, seguía pujando y se notaba las venas en las sienes, los deditos de su mano se rozaban con los dedos los pies, los ponía por debajo y seguía pujando, alguien le recordaba que cuando pujase se acordase de él, ese “alguien” estaba fijo en su mente, miraba hacia donde estaba su ropa en la orilla, luego se miraba la verga de 8 cm por la que botaba gotas de la orina al mismo tiempo que los restos de caca, seguía pujando, la caca ya iba disminuyendo, fruncía el rostro delimitando sus cejas bien delineadas, su carita rozaba las rodillas, seguía pujando duro, apretaba sus labios finos por donde tenía un hilillo de saliva, sus ojos color miel los  cerraba por medio de sus pestañas curveadas, el rostro de Paúl mostraba en el espejo de agua cristalina, allí se mostraba su belleza infantil, se miraba su rictus, estaba pujando lo que quedaba de caca, su verga tiesa también botaba el resto de gotas de orina, tiempo después exhaló a manera de tranquilidad, miraba hacia el agua del río, sentía latente su culito, recordaba como el de las gallinas, pues lo apretaba y lo aflojaba, alzó su mirada al cielo que se ponía nublado, empezaron a caer gotas de lluvia por su desnudo cuerpo, de inmediato se puso en pie y fue caminando con cuidado sobre la rama saliente hacia la orilla, se acuclillaba y con una mano tomaba el agua y se la pasaba por la rajita del culito limpiándose la caca de residuo, le pasó los dedos varias veces por allí, fue a secarse con el short y se lo puso, al hacerlo, cae una moneda de 50 centavos con la cara del libertario, la toma y observa el reverso que era el escudo teniendo debajo la nominación “50 centavos”, esa moneda le recordaba algo que debía hacer, se puso su remera, mete sus piecitos en las sandalias, sale del lugar tras la lluvia.

 

Se escuchaba el golpe de lluvia en el tejado, el joven de veinte años había terminado su jornal de trabajo en la finca vecina por ese día, se estaba aseando y secando, por la ventana se notaba la caída de la lluvia, celebraba haberse bañado a tiempo, tenía puesta la trusa cuando fue a acostarse en la cama, dio un puño fuerte sobre el colchón mirando aquel reloj de pared a pilas, se mete las dos manos dentro de la trusa y empieza a darse placer en la verga flácida de 12 centímetros, despacio fue deslizando la tela de la trusa mostrándose una verga erecta con un glande muy rojizo, en la puntita del glande podría verse el líquido preseminal en ese tronco de verga de 15 centímetros, la verga definía venas en su tronco, el vello púbico era de un negro intenso que iba con su piel morena clara, la lengua pasaba por la comisura de sus labios, sus ojos negros iban del color del pelo lacio, mordía sus labios con placer, cerraba pausadamente los ojos, suspiraba profundamente, recordaba ese culito, sí, ese culito blanco, sentía su verga tiesa completamente, abría los ojos de súbito, escuchaba el sonido de la lluvia, lamentaba que no vendría, de sólo pensarlo venía la angustia, seguramente tendría el buen pretexto de la lluvia cuando lo encuentre y el de decir por qué no vino, se apretaba el tronco de la verga, sentía que ahora más que nunca lo necesita al niño, había pensado en muchas cosas por hacerle en la cama en esa tarde, ahora que en esa casa estaba solo, ya que sus padres vendrían al otro día, así por eso le dejaron al cuidado de la casa, pasaría mucho tiempo en el volvería a verle.

 

De pronto, se escucha el chirriar de la puerta, da paso a la imagen de aquel precioso niño que entra rápidamente, estaba empapado de lluvia, sus pies descalzos humedecidos con lodo, se notaba su pelo humedecido por la lluvia, tenía en una de sus manitos las sandalias llenas de barro, el joven Santiago ríe ampliamente al ver al hermoso Paúl, acelera su respiración, se desliza la trusa hasta las rodillas para mostrarse mejor esa prominente verga, “¡mira!”, “¡quiere culiar!”, el tronco de verga se movía ante los ojos de Paúl, había venido a cumplir por el pago de la moneda, el niño sonrió tímidamente, miraba a su alrededor, “¡no tengas recelo… estoy solo en casa!” le decía sonriente, le hizo unos gestos con la mano, así que delante de Santiago el niño se quitaba la ropa, se mostraba el cuerpo desnudo, esas piernas rellenitas, ese culito voluminoso, disfrutaba el placer de verle, “¡ven, acércate!”, Santiago se sienta en el extremo de la cama, se muestra la verga con las piernas abiertas, el niño ve que hace a un lado la trusa que la punta del glande había manchado con el líquido preseminal, “¡chupa!”, Paúl se acuclilla, el glande va entrando en la boca, mueve la cabeza adelante y atrás con la ayuda de las manos de Santiago.

 

Se mostraban los restos de saliva impregnados en el tronco de la verga cuando salía de la boca, la miraba con atención pues estaba ensalivada desde la punta del glande hasta un poco del tronco, el niño ahora seguía lamiendo la verga con la punta de la lengua, se miraban riéndose bajo complicidad de encontrarse a solas, a continuación la mete con suavidad, con la punta de la lengua rodea la cabeza de la verga, pasa por entre los huevos y sale a la punta del glande, Santiago suspiraba en cada deslizamiento de lengua por su verga, le toma del rostro mirándole con atención, “¡estoy feliz de que hayas venido!”, la nariz rozaba las mejillas, “¡no pensé que vendrías por la lluvia!” “¡pero veo que te gusta estar conmigo!”, “¡ahora, ven!” “¡vamos a seguir culiando!”, le toma del brazo llevándole a acostar en su cama, “¡si no fuese por la lluvia te llevaría al lugar de siempre!” “¡toca de hacer aquí!” “¡ven, mi amor!” le acuesta encima de él, para ese momento los dos cuerpos estaban desnudos, “¡ven, culiemos!”, le alza de las caderas haciendo que la verguita lampiña se empiece a poner tiesa alzando y bajando la pelvis. Le alzaba lentamente de las caderas, “¡así!” “¡culéame!” “¡culéame!” la verguita cada vez se deslizaba mejor sobre la verga humedecida de saliva, llega el momento en que libremente el niño se desliza con su pelvis, “¡estas con deseos!” le dice Santiago, “¡eres muy bonito!” “¡sigue culiándome!” “¡sigue!” “¡sigue!”, “¡que rico culeas mi amor!” esas expresiones eran estrategias para motivarle al niño a seguir culiando, las manos se deslizaban sobre los glúteos de Paul, la suavidad le calentaba el cuerpo y por debajo la verga se entiesaba, esa erección de Santiago el pequeño Paúl la sentía  en su abdomen, la verga rozaba su ombligo, los pies se aferraban a la cama, sentía el deslizamiento del dedo de Santiago por la rajita de su culito, se metía, lo que hizo al niño detenerse, sonrieron mirándose con complicidad, “¡quiero estar dentro de ti!”, pasa el dedo por ambas narices, “¡huele rico tu culito!” vuelven a sonreír, muestra un bote de crema, “¡con esto culiaremos mejor!”, se puso crema en el tronco de verga, las manitos del niño le ayudaron untando crema en la piel de verga, Santiago se acostaba tendido en la cama, se mostraba la verga como mástil bien tieso con el glande apuntando al cielo, “¡ven Paulito!” “¡siéntate aquí con tu culito!”, alzaba el culito, ponía la verga en la entrada, “¡vamos, quiero estar dentro de ti!”, la verga iba entrando en el culito, el niño se sostenía de los hombros algo inclinado, tenía los ojos cerrados al sentir que esa verga iba entrando, abría la boca con sus ojos cerrados, de sus labios salían exclamaciones, gemidos y jadeos al moverse al ritmo de las caderas y alzando y bajando su culito haciéndole furor es  verga tiesa, “¡así!” “¡no pares Paulito!” “¡sigue con tu culito!” “¡dámelo todito mi Paulito!”, se movían más en esa cama cuyos resortes chirriaban, los dos estaban a un ritmo adecuado en esa postura, las manitos del niño se apoyaban en el cuerpo de Santiago, “¡dame tu culo!” “¡dámelo!” “¡así!” “¡así!”, ya a plenitud sentía meter toda la verga dentro de ese culito formidable.

 

De pronto al movimiento brusco de alzar y bajar caderas el niño sintió el semen dentro de su culo, se quedaron quietos por un instante, la verga seguía adentro del culo, empezaron de nuevo a moverse, el semen quedaba en los vellos púbicos,, recorría los huevos, el vello mojado rozaba con la piel de los glúteos de Paúl, se sentía la humedad, seguía alzándose y bajándose con la ayuda de las manos de Santiago, “¡sigue culiando!”, “¡sigue!”, “¡sigue mi amor!”, seguían con ese movimiento  “¡culea!”, “¡culea!” la verga entraba a lo más profundo de ese culito hermoso, de súbito Paúl se ladeaba y quedaba su espalda sobre el pecho de Santiago, sentía el palpitar de su corazón, la cabeza quedaba sobre el pelo de Santiago que lo besaba, “¡qué rico culeas amor!”, “¡me gusta còmo te dejas culear!”, el niño ve la verga mojada de semen apareciendo debajo de la verguita al abrirse de piernas sobre los muslos de Santiago, “¡me gustò darte por el culo!”, ahora le besaba el cuello repetidamente, “¡eres un niño precioso!” dio vuelta quedando su pecho unido al pecho del niño que quedaba debajo de su cuerpo de 20 años, “¡eres muy bonito!” empezaron a besarse de una manera muy particular, al separarse los labios le decìa “¡eres mi mujer!”, le decìa en firme, viendole a los ojos del pequeño, “¡te gusta mi verga!”, le miraba intimidante “¡dime!” el niño asentía, “¡bien!” “¡sabes que que te rompí el culo!” “¿verdad?” Paúl asentía, “¡como soy tu marido y me gustas mucho te voy a dar algo!” se levantò de la cama, el niño acstado miraba a Santiago que fue hasta la gaveta y saca una moneda de 50 centavos, “¡te lo mereces!” la pone encima del short del pequeño, “¡eso hacen los maridos a las mujeres que s eportan bien!” el niño ríe de gusto, el niño se levanta, ve a Santiago que toma un recipiente con agua, se sienta tomando el recipiente, le mira acercarse al niño y le dice “¡ahora haz lo que la mujer le hace al marido despues de culiar!” Paúl pasa sus manitos con agua del recipiente sobre el tronco de verga limpiandole los restos de semen, quedaba bien limpia, le pasò un trapo y se recostò en la cama, ahora la verga era secada.

 

Los dos cuerpos desnudos quedaron acostados en la cama abrazaditos, piel con piel, el pie de Santiago rozaba la pierna de Paúl, se sentía la suavidad, pasaron así un buen rato, el niño mostraba confianza y seguridad hacia Santiago que le rozaba ahora la mano por el culo, “¿quieres sentir mi verga dentro de nuevo?” el niño asentía “¡bien!”, “¡dame tu culo!”, ahora el niño quedó tendido acostado boca abajo mientras recibía la verga dentro de su culo, “¡ya casi está todo adentro!” dio un empujón de pelvis “¡ya!”, quedó quieto por un instante, “¡asì acuérdate!” “¡cuando pienses en mi verga a solas en tu cama!” “¡cuando te metas el dedo por el culo, acuérdate de mi verga!” y empezó a moverse haciéndole sentir estragos de su verga dentro de ese culito de niño precioso, “¡Cómo me gustas paulito culiando tu culito!”, ahora la verga de Santiago entraba y salía por el culo de Paúl, “¡recuerda que soy tu marido!” “¡soy tu marido!”¸ “¡recuérdalo siempre!”, tras la embestida de verga quedaron acostados uno sobre el otro, la lluvia había pasado, un viento entraba en aquel cuarto, Santiago no paraba de besar el cuello y los hombros del pequeño, “¡me gustas mucho!”, “¡te deseo siempre cuando pienso en ti!”, “¡eres un niño muy bonito!”, se sentaron en el extremo de la cama mirándose las vergas, era el momento de partir, se acercaba el ocaso, le dijo mientras vestía: “¡te espero mañana para seguir culiando!”, el niño asentía con leve sonrisa cómplice, le vio salir, por la ventana le vio su modo de caminar, se metía la mano por el short, se rascaba el culo, Santiago desde la ventana sonreía al verle alejarse, en su bolsillo llevaba un peso, lo gastaría en golosinas seguramente, a sus nueve años algo sabía del valor del dinero, aquella tarde memorable, la boca y el culo del pequeño Paúl habían recibido su ración de verga por parte de Santiago.

7 Lecturas/17 de octubre de 2026/0 Comentarios/por Betelgeuse
Etiquetas: amigo, culito, culo, joven, marido, semen, vecina, verga
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