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Dominación Hombres, Gays, Incestos en Familia

Relatos del amigo caña hueca.

8=> 02: De cómo una niña hace el sexo con un pos púber y un niño que se siente ser iniciado por un muchacho mayor que su edad..
La puerta se abre, se escucha el paso de los tacos de la mujer sobre el piso entablado del dormitorio, abre las cortinas de la ventana dejando pasar el haz de luz solar y el viento fresco de la mañana, mira hacia la cama donde se encuentra acostado el quinceañero recién despertado, se saludan sonrientes, la mujer ve a su hijita de tres años aun dormida en la cama, al frente en la cama arrimada al rincón estaba acostado su tierno hijo de cinco años, le acaricia el pelo sedoso castaño blanco, sonríe al verle, le acaricia las mejillas, le dice al quinceañero que estará fuera de casa hasta el ocaso y le dejaba al cuidado de sus dos tiernos hijos, el sobrino del esposo de la mujer acepta moviendo la cabeza afirmativamente, sus rostros se acercan para darse besos apasionados, las manos del muchacho fueron a la vagina vestida de la mujer, y las manos de ella al bulto de la entrepierna del muchacho, le dijo que regresaría para estar juntos como siempre en la intimidad en aquella noche, el muchacho le dijo que no se tarde pues la esperaba con ganas, deslizaba la sábana mostrándose el deslizamiento del pijama que dejaba ver esa verga bien parada “¡todo eso es tuyo!” “¡mira!” le dijo el risueño quinceañero, ella tocaba con sutileza ese tronco de pene tieso del deseo con el brilloso glande “¡te espero!”, se dieron besos de despedida, la puerta se cierra.

El quinceañero se levanta mirando a la mujer por la ventana que partía hacia el pueblo, el quinceañero queda tendido en la cama pensativo, el viento fresco de la mañana estimula para que su verga se ponga tiesa, se desliza las manos dentro del pijama de suave tela, para su sorpresa mira a la pequeña que despierta bostezando y estirando los brazos, ella le mira sonriente por un instante, ve que del bulto del quinceañero con las manos se mueve en la sabana que se eleva y se baja, sin duda que por dentro se estaba manoseando la verga tiesa, le hace un gesto con la cabeza para que la nena se acerque, ella se levanta de la cama caminando con sus pies descalzos de dedos alargados y de bajo empeine por la fría madera.

En eso que el pequeño abre sus ojos viendo a su hermanita meterse bajo las sabanas en la cama del quinceañero, la sabana se eleva viéndose el movimiento de las manos dentro de la tela, ella queda acostada encima del quinceañero que le sonreía uniendo las frentes, “¡vamos a quitarnos el frío!”, por dentro de la sábana le había corrido el camisón hacia el pecho y le deslizaba la pantaleta hasta muy cerca de los tobillos, a lo que le daba sus brazos, y era que por dentro de la sabana le manoseaba los glúteos, ella reía, estaba sintiendo el manoseo circular de los glúteos y después los dedos estaban deslizándose por la rajita del culo, mientras que su panochita era rozada por la verga erecta, sentía el roce de los pocos vellos púbicos en la piel de sus labios vaginales, la tenía bien sostenida de los glúteos, miraba al niño que estaba acostado en su cama, sonrió el quinceañero, le acercaba a su boca diciéndole al oído en voz baja “¡vamos a jugar como te enseñé!” “¿quieres?” ella movía alegre de forma afirmativa su carita, le dio un beso en la frente “¡bien, mi pequeña!”  “¡muévete como te enseñé!”, “¡anda, hazlo, mi pequeña!” con inocente naturalidad se movía alzando y bajando la pelvis con inocencia, desde su cama el hermanito miraba la carita de su hermanita muy sonriente sobre el pecho del quinceañero viendo cómo la sábana se alzaba y bajaba, el niño estaba mirando los movimientos del cuerpo de su hermanita dentro de la sábana, las manos del quinceañero se deslizaban sobre las caderitas de la pequeña haciéndole mover más, las piernitas se movían y en eso el niño vio que los pies salían de la sábana, la pantaleta de su hermanita  salía de la sábana deslizándose por los pies y cayendo al piso, la miraba con mucha atención.

Dentro de la sabana los dedos del quinceañero empezaron a puntear el culito abierto de la pequeña, ella sintió un sobresalto quedándose quietecita, era la primera vez que ese muchacho le metía algo de su dedo en la entrada de su culo, por unos instantes el rostro de la pequeña mostraba extrañeza, aquel niño miraba la carita de su hermanita, de la sabana el quinceañero sacaba el dedo oliéndolo, reía, era el dedo que había rozado y penetrado en algo el culito de la hembrita que tenía acostada sobre su cuerpo, luego el niño vio desde su cama que el quinceañero y su hermanita se pusieron a dar vueltas en la cama, la niña reía, el quinceañero se percataba que la sabana se mantenga cubriendo los cuerpos para que ese pequeño de cinco años no diera cuenta de lo que le estaba haciendo a la hermana,

Ahora, ella quedó debajo del cuerpo del quinceañero, tenía los brazos estirados con las manos apoyadas en el colchón, por dentro de la sábana estaba el pijama deslizado hasta las rodillas, acercaba su boca al oído de la pequeña, “¡vamos a seguir jugando!” “¿quieres?” ella risueña asentía, “¡quietecita!” la pelvis con pelusa rozaba la de la pequeña, quedaba un brazo estirado mientras el otro se doblaba para que la mano por dentro de sabana cubierta ya tome la verga y la deje rozando en la panocha, desde su cama donde estaba acostado el pequeño miraba cómo la sabana se alzaba y bajaba ante el movimiento de caderas, la nena estaba sintiendo el roce del pene deslizándose por los labios vaginales, inclusive los huevos del quinceañero rozaban esa panocha, la punteaba sutilmente, los movimientos se hacían más acelerados, la sábana se alzaba y bajaba rápidamente, se detuvo alzando y poco la sábana para abrirle más las piernas.

Se notaban sus ojos cerrados en un rostro lleno de placer en aquel pos púber que con su verga disfrutaba de esa panochita a su manera, se estaba cogiendo a la hija de la mujer con quien le hacía el sexo, acercaba su boca a la oreja de la pequeña “¿te gusta?”  “¿sí?” ella tenía los ojos abiertos debido a que experimentaba de eso que el quinceañero le estaba haciendo, le venía una leve sonrisa al rostro, la sábana continuaba alzando y bajando, la tuvo así hasta que se quedó quieto, el rostro de la pequeña fue de extrañeza pues sentía algo húmedo en los labios de su panochita y en su pelvis lampiña y parte de uno de los muslos, es que el quinceañero había mojado de semen esas partes de la pequeña, sin duda era su dotación de la mañana, despacio se acostaron de perfil abrazados aún cubiertos por la sabana viendo hacia donde estaba el niño acostado en la cama, le besaba la frente y le acariciaba el pelo diciéndole “¡eres una niña buena!” “¡te quiero mucho!” la carita se apoyaba en el pecho, “¡eres muy bonita!” “¡me da mucho gusto que estés conmigo!” “¡bien sabes que te quiero mucho!” “¡te voy a dar muchos regalos!” “¡te lo mereces por ser una niña buena!”

El pequeño por su naturaleza de engreído no quiso escuchar más y se sentaba en el extremo de la cama, sus piecitos descalzos quedaron suspendidos en el aire, vestía un pijama del mismo modelo que el del quinceañero solo que obviamente de talla menor, los había comprado la madre del pequeño, puso los piecitos en el piso frío, el quinceañero vio al niño salir de la habitación, de un impulso apartó la sábana, mostrándose la verga humedecida de semen en el glande y en el tronco llegando a los vellos, momentos antes la  verga estuvo puesta entre la rajita del culo de la pequeña, ella se vio la humedecida panocha con semen, se pasaba el dedito, “¿qué es?” le preguntaba al quinceañero, “¡es lo que sale de alguien que quiere mucho!” la niña le pregunta “¿tu me quieres mucho?” el pos púber ríe “¡muchísimo mi chiquitina!” una de sus manitos estaba sobre una  pierna del quinceañero que estaba sobre la cadera de la pequeña, le besaba el cuello y la mejilla, se enterneció ante las preguntas inocentes que le hacía la pequeña  “¡eres muy linda!” “¡te quiero mucho!” “¡no lo olvides!” escuchar esos halagos la relajaban, vieron la pantaleta en el suelo, el quinceañero se arregla la ropa y recoge la pantaleta del suelo, se limpia el tronco de la verga, le hace abrir las piernas pasándola por la panocha, se notaba lo rosadito de los labios vaginales, se reía satisfecho al limpiarle, “¡date vuelta!” le pasaba la pantaleta humedecida de semen por la rajita del culo las rodillas se pegaban al pechito alzando los piecitos, le limpiaba como si fuese un bebé, agitaba la pantaleta “¡vamos!”, aprisa le acomoda el camisón, “¡póntela rápido!” le sube la pantaleta humedecida de semen, “¡vamos, tu hermanito nos espera!”

Salieron corriendo a la mesa a servirse el desayuno, ella sentía la pantaleta humedecida al sentarse, pasaba las manos por debajo de la mesa rozando las piernitas metiéndolas por el camisón hasta rozar la punta del dedo esa panocha vestida, deslizaba el dedo por los labios vaginales, deslizaba el elástico para que sienta el roce del dedo por esa entrada de la panocha humedecida, acercaba sus labios a la oreja y los chupaba “¿te gusta?” la mirada era de pensativa con una leve sonrisa “¡te está gustando!” “¡picarona!” le decía al susurro haciéndole cosquillas, esperaron a que el niño tome su cubeta para ir al gallinero a recolectar huevos, ese tiempo aprovechó el quinceañero para ir al baño a lavar la ropa, le fue quitando el camisón quedándose puesta la pantaleta, le miraba esas piernitas rellenitas, ese rostro lleno de inocencia, esos labios rosáceos con restos de saliva, acercaba su rostro para darle un beso mientras le bajaba la pantaleta manchada de semen deslizándola por las piernas hasta quedar en el suelo, alzaba sus piecitos para liberarse de la prenda, sus manitos ahora estaban apoyadas en los hombros del quinceañero, le hizo girar viéndole su desnudez a plenitud “¡qué linda eres!” se maravillaba viendo la figura de la pequeña “¡eres toda una belleza!” se acuclilló tomándole de las caderas rozando la nariz en la panocha que aún tenía ese olor de semen pegado en su piel, le giró y ahora le olía el culito con restos de semen, lo mordía suavemente, “¡estás divina!” “¡qué hermosura!”.

Puso cerrojo a la puerta para estar mejor en la intimidad, “¡mira!” le dijo al bajarse el pijama mostrando la verga tiesa latiendo con venas pronunciadas, se descubría ante los ojos de la pequeña esos huevos y ese tronco de carne tiesa cuya punta estaba roja, deslizaba el prepucio, “¿te gusta?” “¿sí?” le marcó con cuidado sentándola abriéndole las piernas, le pasa agua por la panocha haciéndole movimientos circulares con los dedos, ella no dejaba de mirar ese tronco grueso de verga tiesa que se movía junto con los huevos deslizándose por su panocha, las manos del quinceañero las sentía temblorosas al sujetarle de los bracitos, se inclina para chuparle la panocha, le pasa la lengua entre los labios vaginales, se movían los dedos de los pies, sus manitos se aferraban a los brazos del quinceañero  sintiendo eso por vez primera, mientras le pasaba la lengua por ahí le miraba a la tierna niña diciéndole que “¡todo esto es mío!” “¡esto me como!” “¡sólo para mí!” “¡esta delicioso!” la lengua subía hasta el ombligo haciéndole círculos con la punta de la lengua, “¡mira como juega el papo contigo!”, papo; refiriéndose  a la verga que tiesa ahora se deslizaba entre los labios vaginales, la sujeta firme de los brazos, “¡ábrete más las piernas!” los piecitos alzados al viento se agitaban ante el movimiento de caderas, “¡mira al papo!” “¡mira cómo juega!” el glande rojizo se deslizaba llegando con la punta al ombligo, empezó a puntearle, a querer penetrarle un poco, vio que el rostro se trasformaba en incomodidad en la niña, las manitos se aferraban a los brazos del quinceañero, le salió un “¡ay!” luego un “¡me duele!” el quinceañero dejó de puntear con su verga esa panochita, “¡calma!” “¡ya está!” le dio besos en las mejillas y le hizo cosquillas para que trate de olvidar.

La niña preciosa no paraba de mirar esa verga tiesa del quinceañero, de aquel que la estaba iniciando en el sexo sin a esa tierna edad darse de cuenta de lo que pasaba, creía que era un “juego” como se lo hacía ver el astuto amante de su madre, quien en las noches  de ausencia de su tío se aprovechaba para hacer sexo con la esposa, con su tía política, ahora le decía “¡papo quiere jugar contigo!” “¡lo quiere hacer detrás tuyo!” ella dejaba que el muchacho le gire el cuerpo, que la ponga boca debajo,  de cara a donde estaba sentada, “¡abre las piernas!” observaba con detenimiento esas piernitas gruesitas de piel blanca con ese voluminoso culito, le fue besando repetidamente desde los talones, pasando por sus piernas, besando los glúteos, la espalda el cuello, “¡te va a gustar el juego!” se inclinó  para besar el culo abierto, le chupaba la rajita, ella alzaba la carita expulsando aire, reía un poco, “¡sabía que te iba a gustar!” “¡ahora verás!” el glande lo pasaba entre la rajita “¿te gusta así?” ella movía afirmativamente la cabeza con un poco de inocencia, le chupaba con labios las costillas haciéndole cosquillas con la lengua y volvía a restregarle la verga en el culito golpeándole el glande en los glúteos, “¡así me gusta culiarte!”, le decía a ojos cerrados “¡así te siento que eres mía!” ella no entendía lo que le decía, con los dos dedos pulgares abría más la rajita, la niña con su carita apoyada en las manitos sintió saliva deslizarse por la rajita, quiso ver lo que pasaba al tratar de voltearse pero la mano en la espalda del quinceañero se lo impidieron “¡quietecita!” “¡ahora viene lo mejor del juego!” ella sintió una molestia en la entrada de su culito y era porque la cabeza de la verga estaba entrando en el culito y de nuevo de la boca de la niña salió un fuerte “¡ay!” acompañado de un “¡ya!” y con suspiros decía tímidamente “¡me duele!”, ahora lentamente deslizaba la verga entre la rajita “¡lo tienes tibiecito!” “¡me gusta tu culo!” se aparta de la pequeña tendiéndole la mano para ponerla en pie “¡ven para lavarte!” le pasaba agua con jabón principalmente por la rajita del culo y la panocha.

El agua enjabonada caía con rastros de sudor deslizándose por las piernitas y esos pies con dedos bien formados le miraba de frente desnuda como estaba y le decía “¡te apareces mucho a tu mamita!” sonriente le pregunta a la niña “¿la quieres mucho?” ella con amplia sonrisa asentía “¿lo quieres a tu papi?” movía aún más la carita “¿lo quieres a tu hermanito?” movía poco la carita afirmativamente, el quinceañero le preguntó  por él a la pequeña  “¿me quieres a mí?” ella hizo mayormente el movimiento afirmativo de su cabecita, el quinceañero la abrazó tiernamente “¡mi pequeña!” “¡me quiere más a mí que a los demás!” la marcó “¡yo también te quiero mucho!” “¡más que a ellos!” “¡te quiero mucho mi pequeña!” y así se veían esos dos cuerpos desnudos dando vueltas “¡me quieres!” “¡yo también te quiero!” de improviso pegó sus labios a los de la pequeña, le enseñaba a dar besos “¡así lo hacen quienes se quieren como tú y yo!” “¿te gustó?” ella asintió, siguió dándole besos, “¡ya que mucho me quieres tendrás un premio!” ella asentía complacida haciendo palmadas en sus manitos con amplia sonrisa, “¡un gran premio!” “¡lo que me pidas!” ella que continuaba marcada aplaudía inocentemente como lo hacen los niños de su edad “¡quiero una  muñeca!” le abrazó “¡la tendrás, mi pequeña!” “¡muy pronto la tendrás!” le daba besos en el pechito y en las mejillas “¡sólo que debes de hacer algo!” la fue poniendo en el suelo del baño, se inclinó para decirle viéndole fijamente a los ojos, “¡estos juegos no deben saberlo tu hermanito ni tus padres!” “¡es nuestro secreto!” “¿comprendes?” ella asentía obediente “¡sólo así tendrás tu premio!” se puso en pie acercando a rozar la verga en el pechito, “¡otra cosa!” le dijo, “¡mientras jugamos vas a ser muy valiente!” “¿de acuerdo?” “¡a veces es pesado y debes aguantar!” “¡si lo logras tendrás más premios mejores que una muñeca!” ella inocentemente brincaba.

Le acariciaba el pelo castaño claro liso, “¡sí, mi pequeña, tendrás grandes premios si te portas muy valiente!” le acarició el rostro mirándole fijamente a la carita “¡sé que lo vas a lograr, eres una campeona!” le marcó haciéndole girar “¡te quiero mucho!” “¡mucho!”, la bajaba al suelo “¡vamos a vestirte, tenemos que ir a vender los huevos!” la vestía delicadamente “¡ya tu hermanito debe haber recolectado!” cuando llegaron al gallinero el pequeño estaba a punto de recolectarlos, dentro de la casa arreglaban los huevos, “¡saldré con tu hermanita a venderlos al pueblo, te quedas cuidando la casa!” el niño obediente aceptó la orden del quinceañero, “¡no te acerques a la cocina!” “¡vendremos a media tarde trayéndote comida!” volvió a asentir, “¡irás a ver el caballo y lo tares!” tiempo después el quinceañero llevaba a hombros la mercadería tomando de una mano a la pequeña que brincaba de felicidad, puso los huevos en la carretilla a pedales y sentó a la niña, desde la ventana el pequeño los veía partir.

Fue en búsqueda del caballo, para su sorpresa no lo encontró se había escapado, buscaba por los alrededores ya llorando por la pérdida, se sentó en la orilla del río, no paraba de llorar su desconsuelo, de pronto aparece un muchacho bien vestido llevando las riendas del caballo perdido, el niño se limpiaba las lágrimas, tomó las riendas y acariciaba la barriga del animal, luego de amarrarle seguro se sentaron en el río, se notaba la felicidad del niño, entraron en confianza, fueron hacia aquella hondonada junto al río, el niño miraba los alrededores del lugar, de pronto sintió que lo abrazaban por detrás y notaba que el bulto de la entrepierna se rozaba en el culo, el niño se dejaba hacer esos movimientos circulares de cadera, lo gira viéndose frente a frente, al ver que entraban en confianza le dijo al niño, ”¡te voy a enseñar algo!” ”¡pero me prometes no decir a tus padres!” el niño asentía inocentemente ”¡es un juego!”, “¿ok?”, el pequeño asentía, “¡quiero que mires esto!” rápidamente el muchacho deslizaba su pantalón corto mostrándose una trusa con un bulto puntiagudo que se amoldaba a la tela, “¡mira!” le dijo deslizando la trusa, salía una verga con vellos, “¡tócala!”, toma la manito del pequeño y se la hace pasar por el tronco tieso de verga, “¡te gusta!” “¿verdad?” el niño sonreía tocando esa verga tiesa, “¡ahora déjame ver la tuya!” voluntariamente el niño bajaba su pantaloncito corto y se notaba el bultito en la trusa de estampados infantiles que tenía puesta.

Las manos del muchacho deslizaron la trusa, se mostraba ese penecito blanco lampiño algo flácido que se puso tieso tras agitarse con los dedos del muchacho, “¡la tienes muy bien!” acercaron las pelvis para rozarse las vergas, el muchacho lo sujeta de las caderas, “¡así!” “¡así!” “¡culea!” “¡culea!” esas palabras era nuevas para el pequeño, más la sorpresa de verse así rozándose las vergas, sintió el deslizamiento de los dedos en su culito, le apretaban la piel, estaba algo sorprendido con esos movimientos de pelvis, “¡vamos jugando!” le dijo el muchacho al notar la timidez, humildad e inocencia de ese niño de cinco años, el muchacho se quitaba la ropa, “¡vamos!” “¡quítate la ropa!”, se dibujaba un rubor en su rostro con algo de timidez en el pequeño al verse con su cuerpo desnudo delante del muchacho “¡tranquilo!” “¡no pasa nada!” “¡nadie nos está viendo!” le acaricia los hombros, con cierto aire de autoridad le dice “¡debes dejarte!” “¡recuerda que yo te traje tu caballo de vuelta!” tiempo después le acuesta lentamente en el suelo, “¡tranquilo!” “¡sólo vamos a jugar!” “¡verás que rico sientes!” le dobla las piernas llevando las rodillas al pecho del niño, “¡quietecito!” huele el penecito lampiño, abre la boca y empieza a chuparle, el niño movía el cuerpo al sentir esta extraña sensación, lo contenía con una de sus manos, se notaba cierta sonrisa en el rostro del pequeño “¡sabía que te iba a gustar!” “¿alguien te lo había hecho antes?” el niño sin decir palabra solo movía negativamente la carita, con una mano se sostuvo las piernitas dobladas al pecho y con la otra se tomaba la verga para pasar rozando por la rajita del culito y sobre el penecito “¡juguemos!” “¡así!” “¡así!” le decía al niño a ojos cerrados concentrado en el placer “¡te estoy culiando!” “¡eres rico!” “¡rico!” “¡rico!”, la suavidad de la piel del pequeño hizo que se estimule a botar el semen cayendo en el pecho y otro poco mojando el penecito, el muchacho complaciente exclamaba: ”¡ahh!” ”¡ya está!” ”¡ya me comí ese culito!” ”¡ahh!” ”¡ya está!” ”¡ya me comí un nuevo culito!”, el pequeño sentía la humedad del semen en su piel, tenía una combinación de extrañeza y placer inusitado de algo vivido por primera vez, sentía la punta del glande queriendo entrar en su culito, se movía rápido tratando de evitar ser penetrado, luego quedó quietecito acostado, el muchacho uedó acostado encima del niño aguantando su peso, la nariz se deslizaba por el pelo ”¡ahh!” ”¡ya está!” ”¡ya me comí ese culito!” le volvía a repetir, sentía los besos en su pelo, la nariz recorría el cuello, “¡eres muy bonito!”, “¡te portaste bien!”, sentía sobre su culito el deslizamiento del tronco de verga por la rajita, sentía los besos en su pelo y cuello, “¡juegas muy bien!”, se apartó sentándose con las piernas abiertas tomándose la verga algo tiesa todavía “¡mira!” “¡mira!” como pudo el pequeño de cinco años giró lentamente y se sentó, algo de basura se pegó en la piel de su culito, mira en su delante la tiesa verga, “¡mira!” “¡me sacaste leche!”.

Escucharon el relincho del caballo, el muchacho se limpió y se vistió “¡anda ver que pasa con tu caballo!”, le limpió el culo y le puso la ropa, el niño salió presuroso, su caballo estaba inquieto y se tranquilizó al verle, le acarició la barriga calmándole totalmente, cuando regresó a la hondonada estaba el muchacho esperando, “¿ya se calmó?”, “¡sí!”, el muchacho seguía desnudo, le abraza por detrás “¿quieres seguir jugando?” el pequeño asentía en señal de aprobación, “¡ven!” le dijo riendo, “¡te voy a enseñar algo rico!” sentado en el suelo con piernas abiertas le sentó al niño en la pelvis haciendo que la verga haga de punta en el culito, lo alzaba y bajaba de las caderas haciendo que el pene roce la rajita del culo, “¿te gustó?” el niño tímidamente le sonreía, “¡ahora ponte como te diga!”, las rodillas dobladas se ponían sobre el suelo dejándose ver el culito, le abrió la rajita y el dedo índice ensalivado iba entrando en el culito, le hacía bufar, se movía mucho, “¡duele!”, “¡duele!”, “¡ya!”, “¡ya!”, se lleva el dedo a la nariz y luego se lo pasa al niño por la nariz, “¡huele tu culito!”, “¡está perfumado!” “¡huele!”, ese olor llamaba la atención en el niño, “¡cuando estés solo en tu cuarto pásate el dedo por el culo y huele!” “¡hazlo!”, el muchacho se encorva deslizándose el dedo por el culo “¡mira!” “¡así!” le mostraba cómo hacerlo, “¡también hazlo con zanahoria!” “¡con la punta!” “¡mira!” “¡así como el dedo!” “¡que no te vean!” “¡hazlo!” el niño le imitaba los movimientos, los dos reían al hacerlo, se veían restregar el dedo en el culo, “¡ven!” “¡siéntate!”, alzaban y bajaban las caderas, luego daban vueltas por el suelo, quedaban encima del uno al otro, alzaban y bajaban las pelvis haciendo que se rocen las vergas, nuevamente el relincho, de nuevo se vistió y salió a verlo, le acarició calmándolo, al regresar a la hondonada ya no estaba el muchacho, extrañado regresó donde estaba el caballo, le toma de las riendas, llevándole caminando, a una distancia prudente unos ojos le miraban caminar era el muchacho que manoseaba su bulto, estaba satisfecho de haber hecho sexo a ese culito, quizá lo vería próximamente.

4 Lecturas/21 julio, 2026/0 Comentarios/por Betelgeuse
Etiquetas: baño, hermana, hermanita, hija, hijo, madre, mayor, sexo
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