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Dominación Hombres, Gays, Incestos en Familia

Relatos del amigo caña hueca

8=> 01: De cómo un pequeño se ambienta al sexo viendo un 69, un pos púber que hace el sexo temprano a una tierna niña curiosa y sorprendida de experimentar placer, y además, una mujer deseosa de sexo que desprecia la lealtad marital..
Aquella noche de luz de luna intensa motivaba la presencia del frío, la suave brisa nocturna ingresaba por esa ventana abierta, levemente la cortina se movía, el niño con dificultad entreabrió los ojos, así de golpe, en aquella madrugada, se escucha sonidos que lo inquietan, la habitación estaba con amplia luz de luna, no era un silencio completo, había algo más… un sonido leve, repetitivo, que venía del pasillo, al dormitorio de sus padres, por un instante se queda quieto con las manos entrelazadas al pecho, con su mirada a ese techo de rustica madera con teja propia de la campiña, se quedó quieto, respiraba hondo, mirando la luna, el sonido retornaba,  lentamente el niño deslizaba su sábana gruesa y se sentaba en el borde de la cama, vio en su delante el bulto del cuerpo de su hermanita acostada en la cama durmiendo profundamente, su mirada iba más allá ahora hacia el rincón, vio la otra cama junto a la suya y a la de su hermana que estaba desarreglada por las sábanas dispersas.

Los sonidos se incrementaban y luego había un silencio prolongado diluido de nuevo por aquellos sonidos aparecidos de repente desde aquel lugar, el niño sentado en el borde de la cama vio sus piecitos agitándose al viento, miraba el movimiento de sus dedos con mucha atención recordando a la vez lo que su madre le decía: “los tienes bonitos, están bien formaditos”, se dibuja una sonrisa en el rostro del niño que luego da paso a bostezar, puso sus pies descalzos en ese frío piso, caminaba despacio acercándose a ver a su hermanita de cuatro años, giró su cuerpo en dirección a donde venía el sonido, dio cuenta de gemidos, los hacía un hombre y una mujer, era claro ahora el sonido del movimiento de la cama, su manito se deslizaba por la pared mostrándose los dedos alargados hasta llegar a la puerta entreabierta, la luz de luna en la habitación permitió ver el movimiento de esas dos siluetas desnudas en la cama, se escuchó el cantar de un gallo, seguido por otros, el pequeño vio el cuerpo de aquel muchacho de quince años sobre el de la mujer de  veintisiete años, su mirada estaba en el movimiento de las pelvis de aquel muchacho alzando y bajando al desliz de esa gruesa verga que entraba y salía por la humedecida vagina de la mujer deseosa de sexo, las piernas dobladas y bien abiertas de la mujer sobre los hombros de su amante cautivaban la mirada del pequeño, los pies de la madre agitándose al viento, las manos de aquel muchacho sujetándola bien haciéndole sexo duro, esa verga entrando y saliendo de la vagina, acomodándola para que entre más, los dos cuerpos se movían bruscamente, ella era la más deseosa, él se dejaba llevar pese a estar sobre ella, esos movimientos de pelvis, esos gemidos impactaban en el rostro y mirada expresiva del pequeño que desde ese momento ya le gustaba ver el culo y los huevos agitados del muchacho de quince años moviéndose al penetrar la verga, le llamó la atención los besos con lengua que se daban mientras se pegaban al penetrar, apartaban los labios expulsando gemidos de sus bocas, eso le hacía más atrayente la mirada al pequeño que miraba esos cuerpos moverse en la cama.

El pequeño de siete años tenía su manito aferrada a la hoja de la puerta, su mentón posando sobre su blanca manito de dedos alargados, el flequillo de su pelo lacio castaño claro crecido en algo cubría sus ojos, soplaba hacia arriba tratando de apartar el pelo de sus vistas, sus labios estaban humedecidos, no dejaba de verlos hacer el sexo, recordó aquella vez en que la misma forma vio a su padre montado sobre su madre, el padre le vio y le regañó fuerte, esta vez recordaba aquello, lo pensó y decidió irse cuando vio que el muchacho quedaba acostado desfallecido con respiración acelerada encima del cuerpo de la mujer, corrió a su cuarto, se metió entre las sábanas, entrecerraba los ojos, al rato escucha pasos, desliza la tela de su carita, vio la silueta de aquel muchacho que se acostaba en la cama.

Era día sábado, en la mañana se sentaron a desayunar los dos hijos de la mujer, comían huevos revueltos con jugo de frutos rojos con cierta acidez, el pequeño era el más entusiasta en comer, de pronto llega el muchacho de quince años a sentarse en la mesa a desayunar el pequeño notaba la mirada cómplice entre ambos, había bajado con una remera y un pijama en el que se notaba el bulto, la mujer sonreía al mirarlo, sentado en la silla se abría más de piernas para mostrarse el bulto, la mujer miraba el bulto y el rostro del muchacho quinceañero dándose miradas insinuantes, sonrisas cautivadoras, se notaba la calentura de sus pieles, la mujer les ordenó a  los niños que terminen de tomar el desayuno, de pronto los niños quedaron sentados en la mesa, el pequeño le daba de comer en la boca a su hermanita, de pronto le vino el instinto de curiosidad recordando lo que había visto en la madrugada,

El pequeño caminaba con su hermanita en dirección al baño, al pasar escuchó esos gemidos iguales a los de la madrugada, la puerta ahora estaba cerrada, la curiosidad hizo que ponga la oreja en la puerta, escuchaba los gemidos de su madre y de aquel quinceañero, su hermanita le estiró del brazo con la necesidad que la lleve al baño, estuvo con ella y al salir vio al quinceañero saliendo del cuarto de sus padres, iba respirando aceleradamente, de reojo vio a su madre tendida en la cama, estaba desnuda, no lo vio al pasar, llevaba de la mano a su hermanita de tres años, se puso a jugar en la sala con su hermanita, a lo lejos le miraba que el quinceañero estaba sentado en la mesa muy despeinado, pensativo, estaba con respiración acelerada y bebía el jugo de frutos rojos, el quinceañero sobrino del padre de los pequeños llevaba ya tres meses viviendo con ellos, llegó para estudiar, al rato la madre de los pequeños deja la llave al muchacho y se despide de los niños, iba a su acostumbradas reuniones de caridad o fiestas con su amigas de campiña, le acarició las mejillas al quinceañero en tono de satisfacción y despedida viéndole la entrepierna con ese bulto, sonrió pícaramente, la mirada del muchacho era en ese voluminoso trasero femenino.

Fue hacia la ventana arrimado a la pared metiéndose las manos dentro del pijama viéndola partir, se manoseaba las bolas, giró mirando hacia los niños con su amplia sonrisa de satisfacción, fue a limpiar el gallinero, la pequeña jugaba con la manguera junto al muchacho, mientras el pequeño a distancia jugaba con la pelota regalo de su padre camionero en la última visita de hace tres semanas, estaban descalzos, sus pies humedecidos, el vestidito de la nena estaba húmedo, de pronto la mejilla de la pequeña roza el bulto, sonríe, le toma del pelo haciendo que la carita haga movimientos circulares sobre el bulto, el quinceañero cerraba sus ojos en señal de satisfacción, arrimado a la pared sostenía por detrás a la pequeña, manoseaba los bracitos y pasaba sutilmente los dedos por los labios, la encorvó hacia adelante sin dejarla de sujetar por detrás, luego la alzaba y repetía esos movimientos, el pequeño a distancia los miraba como si fuese algo natural, la lleva a un rincón para no ser visto por el niño, ella arrimada a la humedecida pared vio que las manos del quinceañero le acariciaba el rostro pasando el dedo índice por los labios, se inclinó para que el bulto roce el vestidito, se alzó acariciándole el pelo a la vez que la pequeña miraba ese bulto vestido, sonriente le pregunta “¿te gusta?”, “¿quieres verlo?” ella vio el bulto y luego ve el rostro del quinceañero y con la característica inocente mirada de aquella edad de tres años le hizo movimientos afirmativos de cabeza, mirando a los lados percatándose de que el niño no lo viese desde afuera, y fue bajándose el pijama, se mostraba esa verga velluda, tiesa, descubierta la puntita, ella vio los huevos, hubo un corto silencio hasta que le dice “¡quiere jugar contigo!”, agitaba la verga rozándole el rostro “¿quieres jugar?”, ella repetía los movimientos de su cabeza aprobando, le alzó el vestidito haciéndole que lo sujete con su boquita, deslizó la pantaleta hasta llegar a los tobillos, el quinceañero se inclina hasta poner la verga a rozar la rajita de la panocha, el glande hurgaba esos labios vaginales vírgenes, sentía la piel del glande esa pequeña humedad, la punteaba a la vez que la deslizaba por esa rajita, “¡mira cómo se pegan!” la niña con mirada hacia abajo veía la punta de la verga rozando su panocha “¡se gustan mucho!” “¡mira cómo juegan!”, se inclinó tomándola de las caderas, “¡déjame probar!” al inclinarse la verga rozaba el piso humedecido, la nariz y lengua rozaban la panocha, las manitos se apoyaban en los hombros del quinceañero, le salía un leve suspiro a sus ojitos que instintivamente se cerraban al sentir el paso de la lengua, “¡la tienes saladita, como me gusta!”, “¡me has hecho caso!” “¡mereces un premio!” “¡ya te lo doy más tarde!”, las manitos seguían aferradas a los hombros, el quinceañero seguía lamiendo la panocha, las manitos se apartaron pues ahora el quinceañero se alzaba poniendo ahora la punta de la verga a rozar los labios vaginales en esa rajita humedecida de saliva, “¡qué rica la tienes!” decía cerrando los ojos mostrando su rostro lleno de complacencia, “¡ahora date vuelta!” la carita de la pequeña quedaba arrimada a la pared, de igual forma su pechito, aún mantenía el vestidito en su boquita, abrió los glúteos pasando su nariz oliéndolos “¡que olor rico tienen!” los manoseaba circularmente “¡hermosos!” “¡los dos!” mordía suavemente “¡que lindos los tienes!” pasaba la lengua por la rajita, dejaba rastros humedecidos de saliva en la piel del culo infantil inocente, con una mano le toma de la cadera y con la otra toma el tronco erecto de la verga punteando entre la rajita del culito voluminoso de esa preciosa niña, el gusto por tenerla así se incrementaba, la respiración en el muchacho comenzó a aumentar, así como su calentura, no paraba de besarle el cuello, “¡eres muy linda!” le decía ya muy caliente, el piso estaba húmedo y se resbalaban, “¡vamos a seguir en otro lugar!” se acomodaron la ropa, el quinceañero decidió marcarle llevándola en dirección al interior de la casa, pasaron por donde estaba el pequeño recibiendo ordenes de traer el caballo dejado para que pastorear en el río, al pequeño de cinco años le atraía verle el bulto del muchacho, vio el rostro pensativo de su hermanita, los vio entrar en la casa.

Fue en dirección al río a traer el caballo, durante el trayecto se asusta al ver a lo lejos a dos niños que estaban desnudos acostados uno sobre otro, eran niños mayores que su edad, el mayor de los dos de piel blanca estaba desnudo acostado sobre el suelo, el otro un poco de menor edad de piel morena clara estaba acostado sobre el de piel blanca, el pequeño se acuclillaba discretamente escondido entre la tupida maleza, las manitos del niño de piel morena clara tomaba la verga blanca llevándosela a la boca mientras el otro niño tenia encima de su rostro los huevos y tronco de verga que lo lamía y chupaba, los vio cómo se mamaban las vergas, estaban bien abiertos de piernas, luego el morenito se puso en posición perrito a orden del muchacho blanco de más edad, vio esa verga que punteaba el culito, estaba sujeto de las caderas viéndose esas manos con dedos alargados, el morenito empezó a quejarse pues la verga asombrosamente iba entrando en el culo, se podía ver algunos pelitos en la pelvis de ese tronco de verga, los huevos se movían ante las punteadas que le daba y en un momento dado la verga iba ensartándose en el culo, mordían los labios, cerraban los ojos, bufaban, más el que tenía la verga adentro, para el pequeño mirar eso le llamaba mucho la atención, nunca había visto eso, se fijó en el pene que quedaba encima de la raja del culo, vio salir un liquido blanco que se impactaba en la espalda del morenito, el muchacho blanco cayó al piso mirando al cielo con su verga tomada en sus manos a piernas abiertas, el morenito quedó de cara al suelo, se notaba su rostro sonriente, le hizo señas al muchacho blanco, de pronto ya estaba encima del morenito tomando su verga humedecida de semen metiéndola por ese culito de piel morena clara, la pelvis y los huevos chocaban en el voluminoso culo morenito, adelante y atrás eran los movimientos, se sorprendía de ver esos rostros complacientes entre el activo y el pasivo, luego dan vueltas sobre el suelo, ahora el blanco se sienta en el suelo a piernas abiertas recibiendo el cuerpo sentado del morenito, alzaba y bajaba su cadera, la verga se deslizaba y penetraba en el culo morenito, luego de tanto movimiento lentamente la espalda del blanquito se recostaba en el suelo mientras que la espalda del morenito lo hacía sobre el pecho, así se notaba la diferencia de edades, la verga de piel muy blanca  con pelusas resaltaba sobre la verguita lampiña de piel morena clara, las manos blancas tocaban la verguita lampiña, los dos reían con respiración acelerada, dieron vueltas en el suelo hasta que el blanquito quedó acostado sobre el morenito, al pequeño que miraba desde los matorrales le llamó la atención los besos con lengua que esos dos muchachos se daban con pasión, al morenito lo había visto antes en el pueblo, era hijo de sirvientes de la hacienda  vecina a la propiedad de sus padres, al muchacho blanco era la primera vez que lo veía, entre los dos al blanco era al que más le llamaba la atención por tener la verga más tiesa y grande, sentado como estaba a piernas abiertas tomaba su verga y la movía haciendo más visible la curiosidad del niño, vio que ambos cuerpos desnudos se dirigían a sus ropas, les vio vestirse, le sorprendió la ropa elegante del muchacho blanco en contraste con la vestimenta del morenito, ya no había nada que ver, se dirigió a su caballo, allí se encontraba comiendo yerba, sintió gotas de lluvia cayendo en su piel, presuroso lo desata y lo lleva a casa a paso apresurado, el manso caballo se dejaba llevar por el pequeño hijo de padre camionero y madre campesina, tiempo después entra en casa, ve  al quinceañero sentado en el sillón y sentada en su entrepierna, le hacia mimos y ella se dejaba con amplia risa, le besaba el cuello “¡eres una niña buena!”, “¡eres muy linda!” “¡te quiero mucho!” esas expresiones que el quinceañero le daba a la pequeña le creaban cierto celo en el niño engreído de mamá, el quinceañero continuaba mimando a la nena, el pequeño no vio que del pijama estaba  la verga cubierta con el vestido que rozaba la pantaleta algo deslizaba en el culito y ese glande punteaba la rajita del culito, la carita de la pequeña era de tranquilidad, sentía en su culito ese deslizamiento en el culo, acercó los labios a la nena, a voz baja le dijo “¡te has portado bien!” “¡te quiero mucho!” “¡me gusta que obedeces!” “¡te quiero mucho!” le dio besos en las mejillas, al ver eso el niño fue a cambiarse.

En la noche el pequeño descansaba en la cama, estaba pensativo, había sido un día de muchas emociones, escuchaba los gemidos desde aquella habitación, las noches serían así, miraba a su hermana dormida en su cama y la otra de igual forma desarreglada, sus ojos empezaban a cerrarse.

10 Lecturas/16 julio, 2026/0 Comentarios/por Betelgeuse
Etiquetas: hermana, hermanita, hijo, madre, mayor, mayores, padre, sexo
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