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Dominación Hombres, Gays, Incestos en Familia

Sangre y Lujuria 5

parte 5.

CAPÍTULO 5

Territorio de caza

 

La llegada de Mateo a su casa en Junín fue un torbellino de emociones. Su madre, su hermana y sus sobrinos no podían creer la cantidad y calidad de los regalos que venían en las valijas desde Río: ropa de marca, perfumes importados y tecnología para todos. Cuando la madre de Mateo abrazó a su hijo con lágrimas en los ojos, Mateo sintió un orgullo profundo, sabiendo que el lazo con su hermano ya estaba transformando la realidad de los suyos.

A los tres días, un camión de logística especial frenó en la puerta de la vivienda. Bajaron una caja de madera con la bicicleta MTB de carbono de última generación, de color negro mate, equipada con cambios electrónicos y componentes de competición. Junto a la bicicleta venía la confirmación impresa en un sobre: la matrícula paga para el inicio a distancia de la Ingeniería en Inteligencia Artificial y Robótica en la Universidad de Palermo.

Mateo contempló la máquina de carbono en el patio de su casa y luego abrió la laptop que Joao le había comprado para repasar el plan de estudios y la primera entrega del módulo introductorio de programación avanzada. Sintió el impacto real de esa oportunidad: ya no era solo un sueño estancado en un mostrador, sino una carrera universitaria en marcha.

La ruta, el intercambio y la bodega abandonada

Para probar la bicicleta de carbono, Mateo organizó una salida matutina por las rutas rurales entre Junín y San Martín. Como Joao no tenía equipo para ruta, Mateo se encargó de conseguirle una MTB de entrenamiento ajustada a su talle, coordinando la logística para salir temprano y evitar el calor fuerte de la tarde mendocina.

Salieron a la par por los caminos entre viñedos. Joao, con su físico trabajado y sus bermudas deportivas ajustadas, mantenía el ritmo del pedaleo. Tras una hora de marcha intensa, el sudor les corría por el pecho y los muslos.

A un costado del camino viejo, entre una hilera de álamos altos, se erigía una antigua bodega abandonada: una estructura de adobe grueso, techos de caña y ladrillo visto, derruida por el paso del tiempo.

—Entremos acá a descansar un poco —ordenó Mateo, desviando la bicicleta hacia la penumbra del recinto.

Dejaron las bicicletas apoyadas contra el muro y caminaron hacia el interior. El olor a tierra seca, madera vieja y encierro envolvió el ambiente.

—Tengo ganas de mear —dijo Mateo con su voz grave, sacándose la pija dura y tibia por el ejercicio.

Joao se detuvo a medio paso. Sus ojos oscuros brillaron y, cediendo a su faceta fetichista, cayó de rodillas sobre el suelo de ladrillo y polvo.

—Mateo… no mees en la tierra —murmuró Joao en un hilo de voz ardiente—. Dámelo a mí. Quiero tomar tu orina.

Mateo lo miró desde arriba, encendido por el nivel de sometimiento voluntario de Joao. Le tomó la cabeza por el pelo, acomodándole la boca justo debajo, y empezó a orinar. Joao abrió la boca con ganas, recibiendo el chorro caliente y directo, tragando a grandes sorbos mientras la orina le chorreaba por la barbilla y el cuello.

Apenas terminó de orinar, Mateo lo levantó del suelo por el cuello y lo besó apasionadamente en la boca, sintiendo todavía el sabor amargo y caliente de su propia orina en los labios de Joao, mezclando sus salivas sin asco.

—Ahora yo quiero el tuyo —soltó Mateo contra sus labios con tono dominante.

Joao, sorprendido y excitado por el pedido, se sacó la pija y orinó directamente en la boca de Mateo. Mateo recibió el chorro con ganas, tragando una parte y dejando que el resto le corriera por la mandíbula antes de volver a clavarle un beso profundo con lengua, saboreando el intercambio de fluidos.

Aún con el sabor en la boca, Mateo lo dio vuelta contra la pared de ladrillo visto. Le bajó la bermuda de un tirón, le mojó la cola con saliva mezclada con el sudor de la caminata y le metió dos dedos con fuerza para abrirlo. Sin sacar los dedos de adentro, Mateo acomodó la punta de su pija y lo penetró de un solo impulso firme, empujando los dedos y la carne al mismo tiempo. Joao soltó un gemido sordo contra la pared mientras Mateo embestía con fuerza salvaje, haciéndolo retumbar contra la estructura de la vieja bodega hasta acabar ambos exhaustos sobre la tierra.

Avances del proyecto y el encuentro en el taller

Durante la semana siguiente, mientras Mateo avanzaba con las primeras guías teóricas de la facultad, Joao continuó moviendo hilos en secreto para la empresa de servicios de automatización. Desde su hotel en la capital de Mendoza, Joao mantenía videoconferencias diarias con un estudio jurídico de primer nivel en Buenos Aires y con un cazador de talentos ejecutivo para definir la contratación del futuro CEO que administraría la firma fundada bajo el concepto de Mateo.

En medio de esas gestiones, Joao le pidió a Mateo que lo acompañara a un taller especializado de la zona para hacerle una revisión de mantenimiento a su SUV.

El mecánico a cargo era un tipo de unos 35 años, de torso ancho, brazos tatuados y las manos manchadas de grasa, con una actitud compadre y masculina muy marcada.

—Pasen al box del fondo, muchachos, que se la escaneo rápido —dijo el mecánico, guiándolos hacia un área privada del taller con las persianas metálicas a medio bajar.

Mientras el mecánico se agachaba para conectar el escáner debajo del tablero del auto, la bermuda de trabajo se le bajó apenas, dejando ver la parte superior de su cola. Mateo y Joao se miraron; la complicidad entre los dos no necesitaba palabras.

Mateo dio un paso silencioso por detrás y le apoyó el pie con firmeza sobre la espalda, acorralándolo contra el chasis del auto. Joao se le puso de frente, tomándolo del cuello con fuerza para anularle cualquier intento de resistencia.

Entre los dos redujeron al mecánico en el box cerrado, quitándole la ropa de trabajo. La escena se convirtió en una sesión de dominación compartida: mientras Mateo lo penetraba por la boca obligándolo a tragar profundo, Joao lo penetraba con fuerza por la cola. A mitad del acto, cambiaron de lugar: Joao pasó a la boca del mecánico para hacerle sentir su pija musculosa mientras Mateo lo penetraba salvajemente por atrás. Intercambiaron posiciones una y otra vez hasta que ambos colapsaron, llenando al mecánico de esperma caliente tanto en la boca como en la cola, dejándolo exhausto sobre el capó del auto antes de dejarle un fajo de billetes por su silencio.

La noche en la capital con Lucas

Días después, cumpliendo la promesa hecha en Angra, Joao invitó a Lucas, el mejor amigo de Mateo, a pasar un fin de semana con ellos en el piso exclusivo que había alquilado en la capital mendocina. Lucas llegó al departamento impactado por el lujo del lugar, la vista panorámica de la ciudad y la soltura de Joao para recibirlo como a un hermano más.

Para la noche, Joao contrató de forma privada los servicios de un escort musculoso y tatuado de la zona. Lo que comenzó como una cena distendida con tragos en el amplio living fue derivando rápidamente en un ambiente de tentación y morbo desinhibido. Con el alcohol aflojando las barreras, Mateo y Joao empezaron a dominar la escena frente a la mirada atónita pero fascinada de Lucas.

El escort se convirtió en el centro de la noche: entre los dos hermanos tomaron el control total de su cuerpo en la alfombra, mientras invitaban a Lucas a sumarse al juego. Incitado por la complicidad de Mateo y la guía dominante de Joao, Lucas terminó cediendo al ambiente, participando de un trío y una cadena humana cargada de desenfreno donde los límites morales terminaron de borrarse por completo.

El sol mendocino empezó a filtrarse por entre las cortinas del piso alto, iluminando los restos de la noche: la alfombra desordenada, las copas a medio terminar y el ambiente impregnado de sudor, sexo y alcohol.

El escort tatuado juntó sus pertenencias con tranquilidad, cobró la tarifa acordada con Joao y se retiró del departamento dejando una última mirada de complicidad. Mateo, Joao y Lucas terminaron dormidos juntos en la cama matrimonial King Size del dormitorio principal, rendidos por el cansancio físico y el impacto de lo vivido.

La mañana después y la propuesta

Pasadas las once de la mañana, la luz natural inundó la habitación. Mateo fue el primero en despertarse. Se levantó con parsimonia, se dio una ducha rápida y fue a la cocina a preparar café cargado. Minutos después, Joao y Lucas aparecieron en el living, despeinados, usando batas de baño y con las marcas del desgaste de la madrugada todavía visibles en la piel.

Se sentaron alrededor de la mesa de la cocina frente al ventanal con vista a la cordillera. Mateo sirvió el café caliente, tostadas y jugo de naranja. El silencio inicial era denso, lleno de la resaca inevitable de quien ha cruzado todas las fronteras morales en cuestión de horas.

Lucas tomó un sorbo largo de café, mirando a los dos hermanos alternadamente antes de soltar una risa nerviosa pero sincera.

—Bueno… creo que esto supera por lejos cualquier salida que hayamos tenido en diez años de amistad, Mateo —comentó Lucas sacudiendo la cabeza, todavía procesando la imagen de la cadena humana en la alfombra.

Mateo sonrió con serenidad, apoyando los codos en la mesa y mirando a su mejor amigo a los ojos para poner las cartas sobre la mesa de forma madura y directa.

—Sé que para cualquiera de afuera lo que pasó anoche puede parecer una locura, Lucas —explicó Mateo con su voz calma y profunda—. Pero quiero que entiendas cómo son las cosas. Joao y yo no estamos «de novios», ni tenemos una relación de pareja tradicional. Fuimos criados en mundos completamente distintos y la vida nos reencontró ya de hombres, como hermanos. Entre nosotros no hay los prejuicios ni las ataduras morales que tiene la gente común.

Joao intervino, buscando la mirada de Lucas con una calidez genuina y esa autoridad natural que lo caracterizaba.

—Así es, Lucas —agregó el brasileño en un tono suave pero firme—. Descubrimos que la sexualidad y el morbo sin filtro son la forma más rápida y real que tenemos para conectar a un nivel de intimidad profundo. Una intimidad que a dos hermanos que no se criaron juntos les llevaría años conseguir con charlas formales. Nos hace sentir ridículamente cercanos, nos une la sangre y nos une la libertad con la que vivimos. Anoche vos no fuiste un espectador casual; sos el mejor amigo de Mateo y para mí eso te convierte en alguien de confianza absoluta.

Lucas escuchó cada palabra con atención. Lejos de sentir rechazo o incomodidad, la explicación le terminó de cerrar. Comprendió que no se trataba de una perversión vacía, sino de una dinámica de poder, afecto y pertenencia única entre dos hombres que compartían la misma genética y una visión del mundo sumamente abierta.

—La verdad… les envidio la libertad con la que se mueven —confesó Lucas con una sonrisa relajada, sintiendo cómo los restos de vergüenza se disipaban—. Anoche la pasé increíble. No les voy a negar que me sorprendió de entrada, pero ver cómo se entienden y la complicidad que tienen es impresionante.

—Por eso mismo no queremos que esto quede acá —dijo Mateo, dando un paso al frente con la propuesta—. Todavía faltan unas semanas para mi cumpleaños número cuarenta, pero nos viene bien una escapada. Nos podemos tomar un finde largo: pasamos rápido por Córdoba para que Joao conozca a mis otros amigos de la facultad y de ahí volamos directo a Brasil para pasar un par de días en Río y Angra. Yo dejo coordinado el local en Junín esos cuatro días con mi vieja y mi hermana, y nos vamos los tres. Queremos que te sumes, Lucas, y de paso conocés cómo vive Joao allá.

Los ojos de Lucas se abrieron con entusiasmo al escuchar la propuesta.

—¿Un finde largo metiendo Córdoba, Río y Angra en avión privado antes de tu cumple? ¿Hablan en serio? —preguntó Lucas mirándolo a Joao.

—Totalmente en serio —confirmó Joao con una sonrisa complacida—. Con el avión privado coordinamos los horarios exactos para no perder un minuto. Mi casa en Río y la isla en Angra están listas. Queremos que conozcas mi lugar, a mi gente y nos desconectemos unos días antes de volver a Mendoza a celebrar los cuarenta de Mateo como se debe, con su familia y en su casa.

Lucas aceptó sin dudarlo, brindando con las tazas de café sobre la mesa. La integración estaba completa: Lucas ya no solo era el amigo de la infancia de Mateo en Junín, sino que se había convertido en el primer cómplice directo de la nueva vida de opulencia, sexo y libertad que los dos hermanos estaban construyendo.

Mateo contempló la escena desde su lugar, saboreando el café caliente. Con la carrera universitaria en marcha, la bicicleta de alta gama en su casa, su local acomodado para el finde largo, su mejor amigo sumado al círculo íntimo y la presencia protectora y dominante de Joao a su lado, sintió que esa escapada relámpago iba a consolidar para siempre esta nueva realidad.

2 Lecturas/2 de octubre de 2026/0 Comentarios/por mza8630
Etiquetas: amigos, cumpleaños, hermana, hermano, hermanos, madre, madura, sexo
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