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Dominación Hombres, Gays, Incestos en Familia

Sangre y Lujuria 8

Parte 8.

CAPÍTULO 8

El centro del mundo

 

Meses después de la celebración de sus cuarenta años, la vida de Mateo había dejado de pertenecer a la escala local para proyectarse como el fenómeno económico e industrial más vertiginoso del siglo XXI.

La empresa fundada bajo el concepto de Mateo —bautizada oficialmente como Clarity Corporation— ya no era una promesa, sino una realidad disruptiva que estaba cambiando las reglas del juego global. La plataforma no vendía software tradicional ni exportaba licencias estándar; funcionaba como una red de intermediación para la transición laboral autómata. El modelo resolvía el mayor dilema de la era moderna: en lugar de que la automatización generara desempleo masivo y el colapso de la demanda, Clarity permitía que cualquier persona común de la calle —quien antes corría el riesgo de quedar marginada de la economía— comprara una unidad de IA o un robot de trabajo y lo pusiera a prestar servicios en una empresa. Las compañías pagaban un canon mensual a la plataforma por el servicio del robot, ahorrándose cargas sociales y rotación, mientras la plataforma transfería esa ganancia directamente al ciudadano común. El resultado fue una inyección de ingresos pasivos que no solo eliminó el impacto del desempleo, sino que disparó el consumo a niveles récord en cada país que adoptaba el sistema.

La inauguración de la sede central en Mendoza fue un acontecimiento de alcance internacional. El predio, diseñado como un campus de vanguardia de cristal, acero y piedra natural integrado con el paisaje cuyano, abrió sus puertas en un acto transmitido a todo el planeta.

Pero el verdadero hito no fue solo arquitectónico, sino educativo y político: dentro del propio campus corporativo, Mateo firmó un convenio histórico con las universidades públicas de la provincia para financiar la creación de la Facultad de Inteligencia Artificial y Robótica. Bajo un modelo puramente liberal, sin costo para el Estado ni burocracia gubernamental, la empresa aportaba el capital, la tecnología de punta y la infraestructura para formar a miles de estudiantes, generando una sinergia directa entre la educación de excelencia y el mercado laboral real.

El impacto sobre la Argentina fue inmediato y brutal. La llegada masiva de capitales privados y la operativa global de Clarity Corporation convirtieron al país en la mayor fuente de atracción de divisas y en el nuevo polo tecnológico de América Latina. La economía nacional, impulsada por la desregulación, vio cómo el consumo interno se reactivaba sin depender del gasto público.

Esta revolución desató una batalla geopolítica en las sombras. El régimen chino intentó intervenir en el mercado mediante ofertas estatales encubiertas y presiones para clonar la arquitectura de la red, buscando quedarse con el control de la transición autómata global. Ante esta amenaza, la administración de los Estados Unidos reaccionó de inmediato: la Casa Blanca apoyó públicamente a la firma para blindar su expansión en Occidente y garantizar que el modelo de libre mercado prevaleciera.

Durante la semana de la inauguración, Mateo mantuvo reuniones privadas con el presidente de la Nación —fascinado por el impacto del capital privado en la recuperación del país— y con el embajador norteamericano, quien le transmitió el respaldo total de Washington. Sin embargo, los fondos de inversión de Wall Street intentaron maniobras de compra hostil, presionando de manera implacable a Mateo y Joao para que la empresa saliera a cotizar en bolsa en Nueva York.

En una reunión a puertas cerradas en la sala de directorio del piso más alto de la sede de Mendoza, Mateo escuchó la propuesta de los banqueros de inversión. Con la serenidad y la frialdad que lo caracterizaban, apoyó las palmas sobre la mesa de lapacho y los miró fijo.

—La empresa no se vende y no va a salir a bolsa bajo sus condiciones —sentenció Mateo con su voz grave e inquebrantable—. El control estratégico y la mayoría de las acciones se quedan acá, en nuestras manos.

Para calmar la voracidad de los mercados y asegurar una liquidez monumental que respaldara la expansión, Mateo y Joao ejecutaron una jugada maestra: vendieron un paquete minoritario estratégico del 6% de las acciones al gigante financiero The Vanguard Group. La operación inyectó miles de millones de dólares líquidos en la compañía, manteniendo el control absoluto de la junta directiva en manos de Mateo y cerrando de inmediato contratos multimillonarios con los principales gigantes industriales del planeta.

Tensión, control y descarga

Esa misma noche, tras la firma con los ejecutivos de The Vanguard Group y la maratón de conferencias de prensa, la presión acumulada sobre Mateo alcanzó su punto de saturación. La responsabilidad de mover la economía de un país, la puja geopolítica entre potencias y la exposición pública constante necesitaban un canal de descarga urgente donde recuperar el mando absoluto sin diplomacia ni concesiones.

Al llegar al penthouse privado de la residencia en Mendoza, Mateo no saludó. Entró a la gran sala con el saco en la mano, la camisa de vestir negra desabrochada en el cuello y la mirada cargada de una dominación oscura y necesitada.

Joao y Thiago estaban en la sala esperándolo. Al ver la postura de Mateo, entendieron al instante que el titán corporativo que acababa de hablar para el mundo requería volver a ser el amo absoluto de sus cuerpos.

—A la alfombra los dos. Ahora —ordenó Mateo con una voz tan seca y cortante que congeló el aire del penthouse.

Sin dudar un segundo, Joao y Thiago se desvistieron con rapidez y se pusieron de rodillas sobre la alfombra oscura. Mateo no se quitó la ropa de vestir; solo se aflojó el cinturón de cuero de su pantalón importado. Se acercó a ellos con paso firme, tomándolos del cabello a ambos para juntarles las cabezas con brutalidad.

—Hoy necesito que me entreguen todo —murmuró Mateo contra la oreja de Joao, mientras le apretaba la garganta a Thiago—. Hoy los mercados no mandan. Acá mando yo.

Mateo los obligó a mamarle la pija dura por turnos, imponiendo un ritmo salvaje que les hacía saltar las lágrimas. Necesitaba sentir la garganta de su hermano apretándole la carne con fuerza y la sumisión ciega del joven Thiago recibiendo las embestidas ahogadas.

Sin sacarse la camisa, Mateo agarró el cinturón de cuero doblado y comenzó a azotarlos de manera implacable sobre la espalda y los glúteos. El chasquido del cuero sobre la piel de los dos brasileños retumbó en todo el piso alto del edificio. Joao y Thiago gemían de dolor y excitación, retorciéndose sobre la alfombra mientras la piel de sus nalgas se tornaba de un rojo púrpura intenso por el castigo.

Buscando llevar la dominación al extremo, Mateo puso a Thiago de rodillas con el torso apoyado en la alfombra y las nalgas arriba. Le mojó la cola con saliva y le introdujo dos, tres y cuatro dedos, dilatándole el orificio con la fuerza de su mano. Sin contemplaciones, Mateo le metió el puño entero, ejecutándole un fisting brutal y pausado que hizo que Thiago contorsionara el cuerpo entre gemidos de dolor y placer ahogado, con Mateo retorciéndole el brazo adentro de las entrañas.

Al sacar la mano chorreando fluidos de Thiago, Mateo se la metió de golpe en la boca a Joao, obligando a su hermano a tragar las mucosas de Thiago. Acto seguido, Mateo tomó a Joao del cuello y lo penetró por atrás con una furia desatada, buscando descargar toda la tensión del día.

Al llegar al clímax, Mateo soltó un rugido grave que llenó la sala. Descargó un chorro denso y caliente de esperma bien adentro del intestino de Joao e inmediatamente comenzó a orinar con fuerza dentro de su cuerpo, llenándole la cavidad con su meo caliente. Los fluidos se desbordaron del culo de Joao, escurriéndose por sus muslos. Instantes después, Mateo se posicionó sobre el rostro de Thiago para bañarlo por completo en orina fresca, cubriéndole la cara y la boca abierta.

Sin darles respiro, Mateo tomó el mando de la escena final. Agarró a Joao por la cadera y lo posicionó detrás de Thiago, que continuaba en cuatro patas, agitado y lubricado.

—Ahora vos, Joao… Llenalo —ordenó Mateo con voz dura.

Joao, encendido por el semen y la orina que Mateo le había inyectado en las entrañas, agarró a Thiago de la cintura y lo penetró de un solo empujón. Joao embestía con fuerza salvaje sobre el culo abierto de Thiago. Mateo se colocó frente a ellos, agarrándole la cabeza a Thiago por el pelo y metiéndole su propia pija dura en la boca para que Thiago lo mamara mientras recibía las embestidas de Joao por atrás.

El ritmo se volvió desenfrenado. Joao llegó a su límite y soltó un gemido profundo, descargando toda su leche caliente bien adentro del intestino de Thiago. La presión interna de la penetración de Joao y el ritmo en la boca de Mateo hicieron colapsar a Thiago: el joven carioca explotó en un orgasmo violento, disparando chorros espesos de semen que cayeron directamente dentro de la boca abierta de Joao, que se había inclinado para recibir la leche de Thiago sobre su lengua.

Apenas terminaron, con las pijas aún goteando y la respiración a mil, Joao y Thiago se incorporaron sobre la alfombra. Mateo se agachó entre los dos, los tomó por la nuca y juntó las caras de ambos. Los tres se unieron en un beso profundo, salvaje y húmedo, intercambiando las lenguas y saboreando la mezcla caliente de saliva, semen y orina que compartían en las bocas.

Exhausto, con la mente finalmente despejada y el peso del mundo descargado, Mateo se dejó caer de espaldas sobre el sillón de cuero. Joao y Thiago se arrastraron por el suelo hasta su regazo, apoyando las cabezas sobre sus muslos. Mateo les acarició el cabello con posesión y gratitud, sabiendo que en esa sala cerrada él era el único dueño de sus vidas.

5 Lecturas/10 de octubre de 2026/0 Comentarios/por mza8630
Etiquetas: culo, hermano, joven, leche, mayor, orgasmo, pija, semen
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