Secuestro infantil parte 1: La captura y violación de Dieguito.
Un dia de paseo entre madre e hijo, se ve arruinado por la presencia de dos pervertidos maduros que harán todo lo posible para llevarse al niño nalgon donde puedan violarlo sin restricciones, a pesar de sus 4 añitos de vida.. .
Era un día de primavera en la gran ciudad, el clima estaba fresco e invitaba a salir de paseo por ahí. El día estaba ideal para salir a comer fuera, tomar un helado, pasear por algún lugar lindo o simplemente sentarse en un parque y relajarse.
Todo aquello se le ocurrió a Matilde mientras abría las ventanas y observaba el maravilloso día, acompañado de una suave brisa que casi olía a verano. Esta sensación, puso de buen humor a la mujer, y la motivó inmediatamente para idear un plan fuera de casa. Es así como preparó el desayuno en silencio para no despertar a su pequeño hijo, quien dormía plácidamente en su habitación.
Cuando terminó de preparar el desayuno, se dirigió hacia la habitación de Dieguito, el cual yacía dormido boca abajo en su pequeña cama infantil, cubierto con una manta de sus dibujos animados favoritos, Iggle Piggle. Se veía hermoso, inocente, frágil y puro, lo que inevitablemente le causaba una ternura abrumadora a Matilde, instinto maternal puro.
Producto de esa misma ternura, la mujer se acercó con suavidad hacia donde dormía el pequeñín, y se sentó en el borde de la cama. Así, comenzó a acariciar suavemente la cabeza del niñito mientras le susurraba que ya era hora de despertar y tomar desayuno.
El niño comenzó a balbucear, casi gruñendo, pero poco a poco fue despertando mientras se refregaba sus lindos ojitos. Una vez que despertó, se incorporo en su cama y le dedico una dulce sonrisa a su madre y acto seguido, un abrazo.
– Vamos Dieguito, es hora de levantarse, te tengo una sorpresa. Está lindo el día así que iremos de paseo.-Dijo Matilde mientras destapaba al pequeño.
– Siii! Paseo!.- Gritó de emoción Dieguito luego de oir a su madre.
– Si cariño, pero debes tomarte todo el desayuno primero.- Respondió de forma cariñosa la mujer mientras se levantaba de la cama para tomar la infantil ropita de su bebé (como ella aún le decía).
Como toda madre, Matilde procuró que su hijo se viera lindo y pulcro. Es por ello que escogió una camiseta de color celeste, con un hermoso estampado de Winnie Pooh en el centro y tambien un short nuevo de color, el cual le quedaba notoriamente ajustado desde su trasero, pero esto no le importó a la mujer puesto que no veía con ninguna especie de morbo aquello, aparte, le combinaba a la perfección con sus calcetas y zapatillas Nike blancas.
-Ya mi amor, te ves muy guapo.- Dijo la mujer mientras lo peinaba y terminaba de ponerle colonia.
– Si mami, me gusta mucho mi playera del osito.-Dijo en el niño mientras la observaba hacia arriba y le sonreía.
Una vez alistado el pequeño, madre e hijo bajaron a desayunar en compañía de la televisión, en la cual se proyectaba «El jardín de los sueños», programa que me encantaba a Dieguito y le mantenía asombrado mientras comía en total silencio. Cuando su madre terminó de comer, dejo al pequeño en la sala de estar frente al televisor, mientras ella se cambiaba de ropa y alistaba lo necesario, osea, su cartera y la mochila de su niño.
Todo listo, era hora de partir, así que la mujer tomó a su hijo en brazos y salió de su casa en dirección a la parada de autobuses. Ahí estuvo esperando un par de minutos hasta que logró tomar aquel que la llevaría a su ruta planeada. Cuando estuvo dentro del autobús, bajo al pequeño Dieguito de sus brazos, para así cancelar su pasaje, el cual una vez tocó el suelo, el hermoso niño corrió a buscar un asiento, pero para su mala suerte, solo había uno, en el cual se sentó rápidamente. Posterior a cancelar su pasaje, Matilde buscó rápidamente a su hijo con la mirada, pues este, sé había movido de su lado sin que ella se diera cuenta.
Tras buscarlo un par de segundos, se percató de que Dieguito se encontraba sentado en medio del largo autobús, el mismo que era parecido a un metro, esto, debido a que sus asientos estaban distribuidos frente a frente. (ya saben, por eso de la discapacidad.)
Inmediatamente la mujer se encaminó donde su hijo y cuando estuvo frente a él, lo hizo levantarse de su asiento para cambiar de lugar. Luego de ello, el pequeño se subió sobre las piernas de su madre, pero lo hizo dándole la espalda a los demás pasajeros y mirando de frente a su madre, como si fuese un pequeño koala. Ahí, su madre lo tomo de la cintura, esto, para que su pequeño no se le fuese a caer producto de los bruscos movimientos del autobús.
Sin percatarse de su alrededor, la Matilde y Dieguito comenzaban a hablar. Su madre le decía que no era bueno que se alejase de ella cuando salían de paseo, que podía tener un accidente, que me podía ocurrir algo malo, pero el niño poco caso le hacía, puesto que simplemente se dedicaba a observar por la ventana que estaba a espaldas de su madre.
Sin percatarse, Dieguito y su madre le estaban regalando un espectáculo maravilloso a dos hombres maduros que estaban sentados frente a ellos. Los mismos maduros pervertidos que al ver al pequeño niño correr hacia el asiento habían quedado alucinados con su belleza y posteriormente, con el rebote de aquellas pequeñas pero gorditas y bien formadas nalgas. No habían podido quitarle los ojos de encima y más aún cuando observaron su nueva y deliciosa postura.
Aquellos pervertidos, rondaban los 50 años, eran gordos y para nada agraciados, en su mirada se podía ver el morbo que sentían al ver a un niñito con semejantes nalgas. Entre ellos, comenzaban a comentar aquella deliciosa escena, mientras discretamente se agarraban la verga sobre su ropa. Parecía que algo planeaban pero nadie podía oírlos, era algo entre ellos, igual que la conversación que había en paralelo entre madre e hijo.
Luego de varios minutos de viaje, el autobús llegó a la parada correcta, es por ello, que Matilde bajó a su pequeño de sus brazos, tomó su mano y se dirigió hacia la puerta del centro, justo al lado de donde se encontraban los dos maduros pervertidos. Antes de que se detuviera el autobús por completo, permanecieron un par de segundos parados frente a la puerta y fue ahí cuando ambos hombres le dedicaron una picaresca sonrisa al niño, para luego mirarse entre ellos, y levantarse de sus asientos.
Los pervertidos, quedaron de pie detrás de la mujer y el niño. Por suerte o por desgracia, bajo su holgada ropa no sé visualizaban las enormes y jugosas vergas erectas, las cuales habían despertado con el solo hecho de observar las ricas nalgas de un niñito, y los diversos pensamientos morbosos que se les cruzaban a ambos por su mente.
Cuando se abrieron las puertas, Dieguito bajo del autobús de la manito con su madre, y detrás de ellos, a una distancia considerablemente discreta, los seguían ambos maduros. Los siguieron unas 2 cuadras hasta que se percataron de que se dirigían al gran parque de la ciudad, el cual contaba con múltiples bancas, arboles, una pequeña laguna, un llamativo espacio infantil y un frondoso bosque en la parte final.
Los hombres siguieron sigilosamente los pasos de aquella mujer, la cual simplemente tenía la idea de pasar un agradable día al aire libre con su pequeño y único hijo. Luego de varios minutos, la mujer escogió un lugar, en donde estiró una manta y acomodo algunas cosas. Por su parte, al ver esto, los hombres se dirigieron a unos discretos asientos que se encontraban a espaldas de aquella pequeña familia. Ahí estuvieron largos minutos, mientras fumaban, hablaban y esperaban el momento indicado para llevar a cabo sus más pervertidas intenciones.
El tiempo pasaba y los hombres comenzaban a perder las esperanzas, hasta que de pronto, a lo lejos apareció un hombre con un carrito de golosinas y globos. En ese instante, cuando el hombre estaba lo suficientemente cerca, el pequeño Dieguito se percató de lo que vendía, entonces, se levantó rápidamente de la cobija que compartía con su madre y corrió en busca de alguna golosina o juguete de los cuales vendía el comerciante.
Su madre, se levantó rumbo a su persecución hasta que lo alcanzó, pero el niño ya había llegado al carrito del señor queriendo que le compraran algo. Cuando Matilde estuvo a su lado, Dieguito comenzó a tironear de su falda, suplicándole que quería un gran globo animado, a lo cual su madre se negó, esto, por el simple hecho de que sería engorroso devolverse a casa con semejante globo. Así que luego de conversar con su pequeño y lindo niñito lo convenció de comerse un algodón de azúcar, a lo cual en niño accedió pero no del todo convencido.
Toda la escena era observada atentamente por los dos pervertidos hombres que los habían seguido hasta el parque, y aquella situación, les iluminó la mente, tenían una oportunidad que no podían desaprovechar. Al percatarse de aquello, ambos hombres llamaron al señor del carrito, compraron el enorme globo y luego se susurraron mutuamente instrucciones antes de dirigirse hacia el frondoso bosque.
Antes de que desaparecieran, el pequeño Dieguito se percató de la presencia de aquellos hombres, esto, debido a que uno de ellos llevaba el precioso globo que su madre no le había querido comprar. Mientras caminaban hacia el bosque, eran observados atentamente por el niño y lamentablemente para él, los dos adultos se habían percatado de ello. Al parecer su plan estaba funcionando, pues habían logrado llamar la atención del pequeño nalgoncito.
Con una sonrisa pervertida dibujada en el rostro, uno de aquellos hombres, siguió su camino por entremedio del bosque, se adentró hasta que desapareció de la vista de su acompañante. Mientras que el otro hombre se quedó en la entrada del bosque, entremedio de unos arbustos, haciendo notar el lindo globo.
El niño tenía toda su atención puesta en aquel globo que divisaba a lo lejos, y de vez en cuando observaba a su madre, esperando que ésta se distrajera para quizás, y solo quizás, poder ir por él. Matilde no se había dado cuenta de aquello, y es que estaba entretenida y relajada leyendo un libro de autoayuda. Así pasaron unos minutos hasta que de pronto, su teléfono comenzó a sonar, era el padre de Dieguito, su pareja.
-Hola amor, ¿como estás?. Estaba esperando tu llamada, ¿ya tomaste el vuelo?.-Respondió el teléfono ansiosa por saber de su marido.
-Hola cariño, ¿bien y ustedes? ¿Como está el pequeño?.-Saludó y preguntó a su esposa al otro lado de la línea.
-Bien, vinimos al parque.. está bonito el día para estar afuera.-Respondió contenta la mujer.- Dime amor, ¿Ya tomaste el vuelo?.-Preguntó nuevamente preocupada.
-Por eso te llamaba amor, lo siento pero no podré viajar este fin de semana, surgió una reunión importante que no se puede posponer, vienen inversionistas desde el extranjero.-Explicó el padre de Dieguito, buscando la comprensión de su mujer.
Luego de aquella respuesta, la mujer se incorporó y se levantó para caminar de un lado a otro, mientras intentaba calmarse, pero también le reprochaba a su Marido falta de atención que le brindaba a ella y a su hijo. Matilde estaba furiosa, no podía creer que nuevamente Franco la estuviese dejando plantada en una ocasión tan importante para ella y sobre todo para su hijo, el cual cumpliría 4 añitos en los próximos días.
El sentimiento de enojo invadió a Matilde, y aquella llamada se convirtió en una tensa discusión puesto que solo habían dimes y diretes, los cuales no permitían que llegasen a un acuerdo entre ambos. En paralelo y a pocos centímetros de aquella situación, el niño comenzó a alejarse hacia donde se divisaba el hermoso globito, y lo hizo sigilosamente con el propósito de no recibir un regaño de su madre por desobedecerle nuevamente.
Cuando el pequeño estuvo muy cerca de su objetivo, no dudó y se adentró detrás del arbusto desde donde se elevaba el globo. Ahí fue cuando se encontró con un hombre maduro, gordo, casi pelón y con una descuidada barba, el cual le sonrió amablemente dejando ver sus amarillentos dientes.
– ¿Cuantos añitos tienes amiguito?.-Dijo Raúl mientras se agachaba rapidamente sobre su posición para quedar a la altura de Dieguito y posar una mano delicadamente sobre su hombro.
– Tengo 3 pero otro día 4 – Respondió Dieguito con su dulce e infanitl voz mientras hacia señales con sus pequeños deditos. Dando a entender que estaba pronto a cumplir tan solo 4 añitos.
El niño respondió, pero estaba tan fascinado con el lindo y enorme globito que tenía en su otra mano Raúl que su atención se concentraba casi toda en ello. Lamentablemente Dieguito estaba bastante distraído, sino quizás habría podido distinguir la perversa reacción del hombre al escuchar su corta edad. Si tan solo se hubiera dado cuenta, quizás habría sentido miedo y se hubiera alejado rápidamente de allí, pero no lo hizo, el desobedecer a su madre le había jugado una mala pasada y ahora no habría vuelta atrás.
-¿Te gusta mi globito verdad?.-Dijo Raúl levantándose y mirando al niño hacia abajo, el mismo que le quedaba casi a la altura de su verga.
-Si, es muy lindo. Mi mami no me quiso comprar uno.- Dijo el niño con un atisbo de decepción en su voz.
-Ow que pena bebé, ¿te gustaría que te regale este globito?.- Preguntó Raúl mientras movía el globo que traía en sus manos queriendo persuadir al pequeño niño.
-Siii lo quiero.-Respondió ilusionado Dieguito queriendo alcanzar el globo con sus diminutas manitos, pero fue detenido por el hombre adulto.
-Yo te lo regalo pero si me acompañas a mí auto para así volver y poder comprar otro para mi hijo.-Mintió el hombre esperando una respuesta positiva del niño mientras estiraba su mano para que este la tomase y lo acompañara.
-Bueno, yo lo acompaño jiji.- Respondió inocentemente Dieguito, y acto seguido, tomo la mano de aquel desconocido y desaliñado hombre maduro.
Y así, mientras su madre discutía por teléfono con su padre, el niño fue desapareciendo entre el frondoso bosque, en compañía de un pervertido hombre que lo había logrado persuadir para cumplir sus asquerosas intenciones. Tomado de la manito, Dieguito se dirigía a su macabro e irrevocable destino.
Cuando se perdieron de la vista de la mujer, Raúl, comenzó a acelerar su paso, llevando casi a las arrastras al pequeño niño, quien casi debía correr para seguirle el paso al hombre y no tropezar en el intento. Sin sospecha ni reproches, el niño simplemente siguió al desconocido, con la vivida ilusión de obtener el regalo prometido. Luego de unos 5 minutos siguiendo una ruta perdida entre la maleza, Raúl llevo rápidamente al niño hacia el automovil que se encontraba estacionado discretamente entre arbustos y maleza.
Una vez llegaron al lugar, desde el asiento del piloto, descendió un hombre maduro e igual de desaliñado que Raúl. Era Gonzalo, o más conocido como «el chalo» entre sus cercanos, un hombre gordo, notoriamente sudado e innegablemente feo, pues su piel estaba manchada por el sol y el tabaco, sus arrugas eran notorias, su barba era corta pero con tonalidades amarillentas y para colmo era pelón igual que su amigo.
El pequeño comenzó a sentirse extrañamente incómodo cuando tuvo a los hombres a su lado, pues los observó con detención y por primera vez se dió cuenta de lo desaliñado que estaban. Inevitablemente ante la inocente mirada de Dieguito ambos hombres se veían feos y temibles.
– ¿Y este amiguito tan lindo?.-Dijo el Gonzalo mientras se agachaba a la altura del menor para luego posar una mano de sus grandes manos sobre su cabello y acariciarlo dulcemente para no asustarlo.
-Es Dieguito, le gustó el globito de mi hijo y le prometí regalárselo si me acompañaba a buscar dinero para volver a comprar otro.-Le respondió Raúl a Gonzalo mientras se unía a las caricias sobre la cabeza del niño
-Ooh ya veo.. pero, ¿te digo algo amigo? ese globito está bien feo. Yo ahora que fui al McDonald’s vi unos globos más grandes y más lindos que ese en el camino.-Dijo Gonzalo mientras miraba al niño con una falsa sonrisa cariñosa.
-¿Enserio? ¿Más lindo que este?.-Respondió Raúl mientras movía el llamativo globo y le seguía el juego a su amigo.
-Si amiguito, mucho más lindo y grande que ese. ¿Te gustaría tener un globito más lindo que ese?.-Dijo Gonzalo dirigiendo su atención hacia el tierno niño, siempre con una falsa actitud cariñosa.- Yo te puedo llevar si quieres y te lo regalo.
-¿En serio señor?.- Preguntó Dieguito evidentemente emocionado. Ya había pasado por alto nuevamente el aspecto desaliñado de los hombres maduros.
-Si amiguito, yo te lo compro pero debes acompañarnos para que lo elijas tú.-Respondió Gonzalo al niño, acariciando su mejilla para luego acercarse a su oído y susurrarle.- Vamos Dieguito, y ese globo feo se lo damos al hijo de mi amigo.- Dijo finalmente el Chalo, pues a toda costa se quería llevar al pequeño de ese lugar.
El niño estaba completamente ilusionado y quería seguir a aquellos hombres, para asi ver los hermosos globitos a los que se refería Gonzalo y poder elegir el mejor. Así fue como inocentemente acepto aquella propuesta, la cual evidentemente tenía segundas intensiones y para nada buenas.
-Mmm.. bueno, vamos señor.-Dijo Dieguito llevando ambas manitos a su boca en señal de vergüenza.
-Genial, vamos entonces.-Dijo Gonzalo levantándose para quedar a la altura de Raúl, y dedicarle un guiño picaresco. Acto seguido camino hacia el automovil y se subió en el asiento trasero mientras Raúl le seguía junto a Dieguito.
-Subete atrás con mi amiguito, así vas más conmigo amiguito.-Dijo Raúl tomando al menor desde sus axilas para sentarlo al lado de Gonzalo y luego tomar su asiento como conductor.
Es impresionante como la vida puede cambiar en un solo instante, como por los azares del destino o el destino mismo puede arruinarlo o mejorarlo todo. Hay un dicho específico para todo esto «La suerte de uno es la desgracia del otro», y en este caso, mientras una madre iba al parque con su niño, se cruzó con dos pervertidos hombres maduros quienes se dirigían a un taller a buscar su automóvil recién pintado. La inocente idea de una madre para aprovechar el día al aire libre con su pequeño niño, se veía truncada por la coincidencia, e innegablemente por la tentación.
Una vez todos dentro del automóvil, Raúl lo puso en marcha, y con una perversa sonrisa dibujada en el rostro trasó su destino fuera de la ciudad. En los asientos traseros, su cómplice, con aquella misma sonrisa perversa continuó con lo planeado:
-Compadre me pasas el paquete que dejé en el asiento.-Habló Gonzalo mientras Dieguito apreciaba el globito que tanto había anhelado momentos atrás.
-Mmm que rico, pasaste al McDonald’s.-Respondió Raúl queriendo llamar la atención del niñito, mientras tomaba el paquete y se entregaba Gonzalo.
-Si, y traje una cajita feliz. Aunque ahora recordé que a tu hijo no le gusta, lo siento. Ahora la tendré que tirar a la basura.-Habló Gonzalo echándole un ojo a la reacción de Dieguito, quien había dejado el globo a un lado para prestar atención.
-A mi me gusta la cajita feliz.- Soltó repentinamente Dieguito con su suave y tímida voz.
-Ooh escuchaste Raúl, que bueno ¿No?, ¿Se la puedo dar a nuestro amigo Dieguito? .-Pregunto con una voz juguetona y cargada de perversión, mientras ambos hombres chocaban sus miradas a través del espejo retrovisor.
-Claro hombre, que disfrute su cajita feliz, que se la coma toda.-Dijo Raúl mirando de forma cómplice a Gonzalo. (Con una mirada se decían todo.)
Por ende, Gonzalo tomó que con cuidado el paquete, sacó su comida, dos latas de refresco y finalmente, la cajita feliz. Cuando Dieguito la vió, le brillaron los ojos, igual que cuando vio el hermoso globito que llevaba Raúl en sus manos.
-¿La quieres amiguito?.-Le preguntó Gonzalo al niño mientras se la enseñaba con una sonrisa picaresca.
-Sii.. a mí me gustan mucho.-Respondió rápidamente Dieguito para tomar en sus manos la cajita feliz.
-Te la debes comer toda si.. ¿lo prometes?.-Le dijo Gonzalo al menor antes de soltar la caja feliz.
-Si señor, toda..-Sonrió feliz Dieguito, mostrándole sus pequeños dientes.
-Oh muy bien, que buen niño-Dijo Gonzalo apretándole una mejilla, para luego abrir una lata de refresco a la cual le echó una diminuta pastilla de color rosa antes de ofrecérsela al niño.
Sin percatarse de aquello, el infante aceptó el refresco el hombre maduro sin pensarlo, al igual que el primer sorbo, hacia calor y le encantaba el refresco de naranja. Cuando esto ocurrió, Gonzalo observó nuevamente hacia el espejo y se encontró con la mirada de su cómplice, al que le guiño un ojo dándole por entendido que todo marchaba de maravilla.
Luego de aquello, Gonzalo se acomodo y comenzó a comer su triple hamburguesa, mientras algunos restos caían sobre su ropa lo cual no le importaba, pues solo esperaba el momento en que aquella famosa pastilla rosa hiciera su efecto.
A medida que el automóvil avanzaba, el niño seguía comiendo su hamburguesa, y de vez en cuando le daba un sorbo a su refresco para pasar fácilmente la comida. Cuando pasaron al rededor de unos 15 minutos, mientras Raúl manejaba, en los asientos traseros el pequeño Dieguito comenzó a perder el conocimiento, al punto de desplomarse hacia delante, contra el asiento del conductor.
-Uf creo que ya hizo efecto la pastillita Jajaj.-Hablo con la boca llena Gonzalo mientras terminaba de comer su segunda hamburguesa.
-yujú!! esooo!!.- Celebró Raúl dándole dos golpes al volante.- Ves, uno trata de cambiar pero no puede, la suerte parece que nuevamente está de nuestro lado.-Comentó Raúl con evidente entusiasmo.
-JAJAJA cabron mentiroso! Si te gusta violar niñitos más que comer pan.!-Le respondió Gonzalo de forma graciosa mientras se incorporaba en su asiento y dejando a un lado los envases vacíos.
-JAJAJA tienes razón, pero tú no te quedas atrás cabron, ni por si acaso.-Dijo finalmente Raúl echándole una mirada hacia atrás al otro hombre maduro.
-Es cierto, es cierto. Que le vamos a hacer si hay unos pendejitos muy ricos. Como este… Uuuf.-Asumió con dignidad Gonzalo mientras se abalanzaba hacia su lado para elevar al niño de aquella incómoda postura.
Sin importar el desastre que se había armado en los asientos traseros, Gonzalo tomó en brazos al niño y lo abrió de piernas, las que posó en sus caderas, igual como lo había montado su madre en el autobús.
-Uuf que rico estás mi amor… eres un bebito muy hermoso, el culpable de hacer pecar a estos dos viejos pervertidos, todo es tú culpa por andar así.. como un putito regalado.-Dijo Gonzalo mirando con deseo el pequeño y frágil cuerpo de Dieguito, el cual estaba inconsciente, con sus ojitos cerrados y con su boquita rosa babeante.
Sin perder tiempo y aprovechando los nuevos vidrios polarizados del automovil, Gonzalo comenzó a besar al pequeño niñito con mucha pasión, mientras al mismo tiempo le quitaba su ajustado short blanco para dejarle expuestas sus gorditas nalgas. luego de ello, a aquel obsceno beso se le sumó un promiscuo manoseo, el que se traducía en fuertes apretones de nalgas, a dos manos.
Aquella deliciosa y morbosa escena tenía tan erecto a Raúl que le era inevitable voltearse a observar hacia los asientos traseros, pues su amigo ya habia dejadoo a plena vista el culo infanitl de Dieguito y tambien, se había sacado toda la verga, la que estaba restregando por toda la rajita del culo al infantil del niñito recientemente secuestrado.
-Mmm bebito rico, que delicia haberte encontrado.. así no dan ganas de cambiar, solo dan ganas de seguir violando culitos como el tuyo..- Dijo Gonzalo separándose de la boca de Dieguito, luego de darle intensos besos que sonaban como chupeteos babosos detrás de Raúl.
Gonzalo estaba disfrutando demasiado la compañía del pequeño Dieguito, pues el ñiño le tenía la verga hinchada y jugosa a más no poder, le era imposible separarse de él. Es por ello que le tenía toda su rajita mojada con liquido preseminal, especialmente su estrecho anito rosa.
Así, motivado por su calentura y con ambas manos sobre el gordito trasero infantil, el hombre volvió a meter su lengua hasta la garganta del n.., saboreando todo su interior, mezclado ambas salivas mientras continuaba con el previo jugueteo anal.
~Que rico sonaba aquella unión entre la gruesa y jugosa verga de Gonzalo con el diminuto anito rosa de Dieguito. Era una especie de chapoteo sobre el agua, pero totalmente obsceno, pues se trataba nada más ni da menos que los fluidos sexuales de un hombre adulto, manchando la innocente piel de un niñito de apenas 4 años, bueno, casi 4 añitos.~
Entre aquel jugueteo con el anito de Dieguito, Gonzalo sintió que ya no podía aguantar sus ganas de penetrarlo así fue como volteó al niño sobre su posición, abriéndolo de piernas para posarlas sobre sus muslos. Gonzalo ya tenía tan mojado el anito del pequeñito, que no era necesario que me aplicara alguna especie de lubricante, con su líquido preseminal de hombre adulto era más que suficiente.
Luego de varios golpes en la entrada del estrecho y jugoso orificio anal, Gonzalo realizó varios movimientos pélvicos, un mete y saca constante que buscaba entrar a toda costa en el estrecho huequito infantil. El hombre ya se encontraba acalorado, con sus huevos llenos y su verga palpitante, es por ello que se dejó llevar por sus pervertidos deseos, y comenzó a ejercer aún más presión en el anito de Diego, hasta que de pronto, resbaló sintiéndose como una especie de tapón, indicando que el al menos glande de su verga, ya había entrado todo.
– Ooh ¿!que mierda?!, que rico aprieta este n…-Gimió y bufó como una bestia Gonzalo en el asiento trasero del automóvil casi paralizado por el placer que le provocaba el penetrar nuevamente un niñito culon e inocente.
-¿Está rico carbón?, desde aquí se nota que tiene ese hoyito bien chiquito. Debe estar apretándote bien rico la verga.-Respondió Raúl mientras observaba a su cómplice a través del espejo y se sobaba su mojada verga.
-Uff cabron, este bebito hermoso tiene un hoyito tan pequeño que siento que me ahorca la verga.. pero ya va estar bien estirado.. como un chicle.-Respondió Gonzalo con su voz entrecortada producto de la mera calentura.
Gonzalo tenía un pensamiento persistente, el cual consistía en follar a fondo al pequeñito niño hasta llenarlo múltiples veces, destrozar su inocencia y su infancia, hasta dejarla marcada para siempre por una infame violación.
Continuará..
Hasta aquí la historia de Dieguito, espero la hayan disfrutado y me dejen sus opiniones en los comentarios. también pueden pasar por mi perfil y leer otras historias del mismo estilo, espero que les gusten y dejen sus opiniones igual. jeje me gusta leerlos.


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