Si quieres cogerte a la vaca, te tienes que coger al becerro ¿o como era?
Si quieres cogerte a la vaca, te tienes que coger al becerro ¿o como era?
Recuerden que mis relatos son ficticios, en mi nombre de usuario está todo mi archivo y narró en primera persona para más realismo.
Mi nombre es Adrián, tengo 28 años, soy apiñonado, estatura mediana, me mantengo en forma practicando deporte, pero no soy un matado del gym, todo lo compenso con una verga de aceptables 17 cm. Soy extremadamente cachondo, y suelo tener relaciones largas, porque el sexo satisface mucho, aunque luego la convivencia lo rompe, por lo que para conservar una, debo mejorar en la otra.
Así conocí en la boda de un amigo a Melisa, la organizadora de bodas (o “wedding planner” para los mamadores); mis intentos por conquistarla eran infructuosos porque se resistía a una relación, ya que era madre soltera, y no solo buscaba un hombre adecuado, sino que quisiera a su hijo. En México hay un dicho popular que dice: “Sí quieres a la vaca, debes querer al becerro”, y como Melisa me gustaba mucho, decidí aplicarlo (spoiler, me pasé jajaja).
Gilberto tenía 7 años, aunque parecía de 5, flaquito, cabello negro, apiñonado, labios delgados, piel suave, meloso y empalagoso, pero no caprichoso.
Inicie mi conquista de la vaca, con lo común: cine, McDonalds, paseos dominicales comprándole al becerrito todo lo que quisiera. Todo marchó normal (abreviaré está parte, porque sé a qué venimos todos jajaja), y en menos de unas semanas ya cogía con ella, y en menos de seis meses me invitó a vivir juntos.
Melisa no era cualquier wedding planer, su agencia solía tener buenos trabajos, y un día la comisionaron para uno fuerte, toda una semana en Cancún para afinar los detalles de una boda, por lo que tendría que salir de la ciudad; no era la primera vez y normalmente dejaba a Gilberto con su abuela, pero ahora estando yo disponible (hago home office y descanso los fines de semana) pasaría las noches y el fin de semana conmigo (habrán notado que hasta ahora no manifesté nada morboso, por que en efecto, no sentía aun nada).
Todo comenzó el viernes por la tarde, su abuela lo llevó a casa; yo había aprendido a consentirlo y le dije que podíamos hacer maratón de películas para que no extrañara a su mamá; era una temporada de calor muy ruda en esos días, y yo siempre gusté de andar en short y playera, descalzo y sin amueblar el sótano (sin calzones); el niño también estaba acostumbrado a andar ligero de ropa en tiempos de calor, y ese día se puso un short diminuto color azul y una de esas camisetas blancas sin mangas con agujeritos, también descalzo.
Él había aprendido a ser empalagoso conmigo y cuando nos sentamos en el sillón más grande, se acomodaba pegadito a mí, a veces me abrazaba y otras se sentaba en mis piernas, pero yo aun sin ningún morbo; en uno de tantos movimientos recostó su cabeza sobre mis piernas, a la altura de mi vientre; conforme pasaron los minutos, yo me reclinaba y él se alzaba, terminando por poner su cabeza justo en mi vientre, apuntando su carita hacia mi verga, yo seguía sin darle importancia.
La jornada se alargó y ambos nos quedamos dormidos en esa posición, quizá por una hora; fue entonces cuando me despertó una sensación extraña, de humedad y frescura en mi pito; estaba entre dormido y no le di mucha importancia, creí que soñaba y la sensación era agradable, como cuando terminas de orinar o eyacular, y presionar tu pito contra la ropa te da una frescura relajante.
Una nueva descarga de humedad traspasaba mi short (recuerden que no traía calzones), ahora la sensación era de tibieza, como si ese liquido se hubiera calentado, se sintió tan bien, que mi verga comenzó a hincharse, pero su engrosamiento parecía ser detenido por algo, ahí abrí los ojos.
Gilberto, como buen escuincle de sueño profundo, babeaba a chorros, y estos habían comenzado a traspasar la delgada tela de mi short, que era blanco, por cierto; parecía como si yo me hubiera orinado, pero no, era definitivamente su saliva tibia que traspasa el short con un hilo como la miel y humedecía gota a gota mi verga con su templado líquido.
Pero niños que babean hay millones, lo importante aquí es ¿por qué mi verga reaccionaba con una erección, a la baba de un niño de siete años? Mi mente trabajó rápido, mi cachondes se puede activar por cualquier cosa, especialmente en uno de mis mayores gustos, sentir la saliva de quien me mamara la verga, ahí no había misterio, pero ¿por qué Gilberto?
Traté de salir del shock, pero la única luz de la sala era la de la brillante televisión que apuntaba hacia mi y Gilberto, y la desgraciada remarcaba más la escena en esa contrastante oscuridad que nos rodeaba. Mi erección no descendía, pero tampoco yo movía al niño, e inconscientemente remojé y mordí mis labios como signo de deseo.
Traté de moverlo, pero mi erección era tan fuerte que temía despertarlo y abordar algo embarazoso con él, pero entonces se movió solo, sus delicadas manitas, suaves y calientes sujetaron mi muslo y lo impulsaron dormido para acomodarse mejor; lo hizo abriendo aun más la boca babeante justo sobre la cabeza de mi verga aprisionada y humedecida. Empecé a sudar, no se si por nervios o miedo, deseo o calor, pero sudé.
Que carajos pasaba por mi cabeza, que lo mejor que se me ocurrió fue tomar mi celular y ver porno para desviar mi deseo a otro lado; el algoritmo de twitter (hoy X) me traicionó al entrar a mis paginas favoritas de porno, pues me llevó a videos con twinks, luego supuestos incestos gay y terminó con un hombre masturbándose en una videollamada con media pantalla tapada y el hashtag “perv”.
¿Y mi erección? Pues no descendía ¿Y Gilberto? Seguía babeando sobre mi cada vez más gruesa y húmeda verga, pues la saliva ya había empapado mi tronco y descendía hacia mis huevos. Me pasé a Instagram y el algoritmo me traicionó peor, no por el porno (que no hay), sino por las sugerencias, pues me aparecieron cuentas de chavos guapos y atléticos, conviviendo con niños igualitos a Gilberto, ya fueran sus hermanos, hijos o sobrinos, y todos en situaciones físicas donde de por medio había poca ropa (estaban en la playa, una piscina o conviviendo en tiempos de calor).
Bajé mi celular, volteé hacia donde el brillo de la tele remarcara algo más que mi verga erecta como almohada babeada de un morrito; y lo que vi me encendió más, Gilberto tenía su short y calzón metido de tal manera en su rajita, que sus nalguitas se remarcaban como las de cualquier puta con ropa ajustada.
El deseo contenido no lo soportaba más, consiente o no, me moví para que la cabeza de mi pito encajara un poquito en su boca abierta, levanté ligeramente mi vientre varias veces para que el movimiento rozara mi verga con sus labios; el roce de mi pito mojado a través del short con su boca fue el detonante de un suspiro mío y un cierre tenue de su hocico, que aparentó por un momento presionar mi gruesa cabeza.
Bajé mi mano hacia su culito, acaricié los límites de sus nalgas expuestas al aire por comer calzón; ya no temía que despertara, poco a poco me entregaba a este extraño, arrollador y adictivo deseo malsano que comenzaba a invadirme.
Y me permito romper la cuarta pared ¿no les ha pasado? Continuamos
Me decidí, tenía que ir más allá, y metí mis dedos en su calzón, que por el sudor estaba resbaloso y jugoso; llevé mi dedo medio a través de su rajita y llegué a su culito, presioné levemente su agujero, y luego recorrí con mi otra mano su cabello, sus orejas, sus cachetes, puse mi dedo en su canal de saliva y la llevé a mi boca.
Mi suerte mejoró, pues se movió bruscamente solo para voltearse y dejar su cabeza justo frente a mi vientre, aun con mi verga como almohada; yo había aprovechado el movimiento para acomodar mi pito en vertical, para que babeara mis huevos y tronco, y pudiera sacar la cabeza del pito por el resorte del short y masturbarme.
Era tal la excitación, que comencé a tocar su pitito por encima del calzón, y luego metiendo mi mano, aprovechando para acariciar su suave piel por todo su cuerpo.
No podía más, necesitaba ir por algo mejor, pero no quería moverme, no solo por no despertarlo, sino porque de verdad gozaba el efecto de humedad en mis huevos y verga con la saliva del morrito de siete años.
No sé como le hice, pero poco a poco fui bajando mi short liberando por fin mi humeda verga, me quité la playera y acerqué la cara de Gilberto a mi tronco, dejando aun su boca babeante sobre mis huevos y seguí masturbándome.
Pero no quería, y no debía, dejar esto en una simple jalada de reata. Por fin me levanté, lo acomodé en el sillón, y cuidando de no despertarlo, bajé su ropa y vi su maravilloso culito, su pequeño, infantil y jugoso culito, casi brilloso por el sudor que mi excitación y el calor primaveral habían provocado. Abrí su rajita y comencé a lamer delicadamente su nudito de globo, por lo que tuvo un ligero espasmo, pero no me espanté, ya estaba nublado por mi nueva adicción, porque ahora pensaba “Si te cojes a la vaca, te cojes al becerro”
“¡Ah, no mames, que pinche delicia, como pude vivir sin algo así”
Increíblemente fue la primera frase que dije en todo ese excitante momento; había descubierto a la madre de todos los morbos.
No sé porque, pero volteé boca arriba a Gilberto, y lo primero que hice fue meter mi lengua en su boca abierta para beber algo de su saliva; luego lamí sus pies, me metí su pitito en mi boca y tallé mi erecta verga sobre pitillo.
“Sopeé” (jajaja) la cabeza de mi verga en su boca abierta para llenarla de saliva, chupé sus pezones y volví a meter mi lengua en su boca.
Nuevamente lo puse boca abajo, puse mi tronco entre sus nalgas, abriéndolas ligeramente y luego un poco más. Empecé a hacerme una rusa con sus nalguitas, pero eran demasiado suaves los movimientos. Me puse sobre el niño para mayor comodidad, y aceleré los movimientos, cuidando la fuerza con la que los hacía.
Me dominó ese deseo profundo, que quieran o no, está en todo hombre que conoce el máximo de los morbos posibles.
Me acerqué sin tapujos a su oreja y exclamé
“¡No mames, cabroncito, quiero cogerte, estas riquísimo!”
No pude más, fui al cuarto, traje un poco de lubricante, puse un calcetín sobre su boca, lo que poco a poco comenzó a despertarlo, me apresuré y punteé primero su culito con mi babeante cabeza, fue tanto el lubricante o tanta la sudoración, que resbalaba sobre sus nalgas, apreté fuertemente su boca con el calcetín y le metí la verga lentamente.
El soltó un grito acallado por el objeto en su boca, y quizá del susto se desmayó casi de inmediato, pero mi mente no concebía detenerse, poco a poco comencé a meter mi grueso miembro en su caverna de carne.
Cada milímetro recorrido era la gloria misma, los pliegues de su interior se recorrían al avance de mi tronco, era la mejor sensación de toda mi vida, un culito apretadito de siete años comenzaba a engullirse mi verga; estaba poseído por el placer, lo tibio de su cuerpo, lo caliente de su interior, lo delicado de su figura, lo delgado de su cintura perfectamente amoldada a lo grueso de mis manos, esa deliciosa sensación de un conducto intestinal convertido en boquitas cerradas que se abren una tras otra con resistencia, succionado el pene como si fueran miles de mamadas juntas, una tras otra.
Por fin logré llegar al fondo, y pude contemplar como mis huevos yacían sobre sus nalgas, confirmando que todo mi grueso miembro ya estaba en su prisión de carne. Gilberto respiraba, eso no solo me tranquilizaba, me daba la salida para continuar.
Empecé con movimientos suaves que eran nueva gloria para mí, pues los pliegues de su intestino se contraían uno tras otro, de adelante hacia atrás, como boquitas mamadoras que se resisten a dejar tu pito.
Aprovechando su desmayo, lo senté sobre mi verga, y comencé a disfrutar con saciedad su cuerpo. Lo besaba, lo lamía, jalaba su pitito, acariciaba sus huevitos, mientras movía lentamente su cuerpo sobre mi verga. Luego, lo puse de costado, pero era tan hermosamente pequeño y frágil, que cubría con mis piernas todo su cuerpo, y lo apretaba contra mi como si no hubiera límite para encajar mi venuda verga.
Luego lo puse de frente a mí, y parado comencé a cogerlo mientras lo cargaba, al tiempo que mordía su cuello y metía mi lengua en su boca.
Nuevamente de rodillas, lo deposité en el suelo, puse sus patitas sobre mis hombros y me entregué a la lujuria, quería destrozarlo, quería que mi verga saliera por su boca, quería que entrara con todo y huevos, juró que pude sentir el grosor de mi pito en su estómago. Apretado contra mí, aceleré, lo besé, dejó de importarme su integridad, metía y sacaba mi verga, mientras tímidos gemidos suyos me excitaban aún más.
“¡No, mames, no mames, si, si, si, cabrón, si, que rico, que rico te cojo, que rico estás, ah, si, si, ah, ah, ahggggg!
Dejé caer mi peso sobre él y sentí como mis huevos explotaban y mi verga soltaba chorros de leche dentro de su cuerpo, sus paredes se tensaban sobre mi pito bombeando. Contuve mi grito comiéndome su lengua.
Me levanté, y aun con el pito adentro nos recosté sobre el sillón, y no paraba de lamerlo y besarlo. Dejé que mi pene se quedara dentro un buen rato, luego lo saqué, y así húmedo, con manchas de algo más que semen, lo tallé sobre su pitito y luego lo metí a su boca.
Gracias por su atención, espero les haya gustado; a mis amigos de TG, si llegan a leer esto, sepan que los extraño, con todas esas acaloradas conversaciones y deliciosos intercambios. Algún día volveré, mientras aquí vendrán más relatos.
para quienes han seguido mis historias, y me han contactado por TG con el nombre de Faraon902, les aviso que mi cuenta fue suspendida hace mucho, la perdí junto con todo el contenido chido (guiño, guiño) que tenía..



Q rico nene tan puto