Soñaba despierto con que ese viejo me daba bien duro por mi culo, y de repente se me hizo realidad.
Un hombre divorciado y retirado que vive en el campo, recibe la visita de un joven que se había extraviado, y tras ponerse los dos a beber, el joven en principio en contra de su voluntad termina siendo penetrado por el dueño de la casa. ..
Cuando llegué el dueño de la pequeña casa, me dijo que pensó que yo era una chica, ya que a primera vista eso fue lo que le parecí, ya que usaba unos raídos, y muy ajustados pantalones sumamente cortos, con una pequeña camiseta de color rosada, toda llena de escarcha, además, de mi larga, y abundante cabellera castaña clara, pero cuando ya estando a pocos pasos del, cuando lo saludé, y escuchó mi afeminada voz, se dio cuenta de que yo en realidad era un chico, además cuando le dije que me había perdido, debido a lo oscuro de la noche, y que no tenía ni idea de cómo regresar a la carretera principal, debido a eso le pedí que me dejase pasar la noche, frente a su casa, quedándome dentro de mi auto, eso como que no le importó, por lo que me dijo que sí, yo estaba loco de contento, dando saltitos de alegría, y cuando me preguntó que, si deseaba cenar, más contento me puse, durante la cena, le conté que era el nuevo maestro del cercano pueblo, pero que por lo visto me había perdido, al no conocer la región, el dueño de la casa, por aquello de ser un buen anfitrión, me invitó a tomar algo del mismo aguardiente, que él estaba bebiendo.
Después de unos cuantos tragos, pensé que yo había bebido mucho, pero al mismo tiempo me di cuenta de que mis paradas nalguitas comenzaron a llamarle la atención al dueño de la casa, ya llevábamos un rato bebiendo, cuando se desencadenó una fuerte tormenta, con mucha lluvia, fuertes truenos, y rayos, apenas unos cinco minutos después fue que me di cuenta de que había dejado la ventana de mi pequeño auto abierta, salí corriendo a cerrarla, pero al regresar estaba completamente empapado de agua de pies a cabeza, fue cuando el viejo dueño de la casa me propuso que me quitase la ropa, diciéndome que me iba a dar una toalla para que me secase, y una vez que escampase, buscara en mi auto algo de ropa para cambiarme.
Sin más ni más, aunque dándole la espalda, me desnudé completamente, y comencé a secar todo mi cuerpo y posteriormente mi larga y abundante cabellera, a todas estas en lo único que me di cuenta que el dueño de la casa se fijó, fue en mis completamente desnudas y paradas nalguitas, que en todo momento sin darme cuenta y sin querer se las estuve mostrando, luego después de que pasó lo que pasó, el dueño de la casa me dijo que lo más graciosos de todo resultó ser que cuando me coloqué la toalla, en lugar de ponérmela a la altura de la cintura, me la coloqué a la altura del pecho, por lo que aun parado de frente, daba la impresión de que era una chica.
Pero al principió el viejo no me hizo ese comentario, pero si me seguimos bebiendo su fuerte aguardiente, y cuando ya había dejado de llover, le comenté que iría a buscar algo de ropa a mi auto, pero al ponerme de pie, me encontraba tan mareado, que necesité de su ayuda para caminar, el viejo me sujetó con sus brazos, agarrándome por la cintura, y creo que sin darme cuenta me le quedé mirándolo de manera seductora, soñando despierto con que ese viejo de momento quería que yo le diera el culo, pero apenas comencé a caminar, la toalla se me desprendió, quedando completamente desnudito entre sus fuertes brazos.
Yo la verdad me sorprendí, más aún cuando sin darme cuenta comencé a ir restregando mis paradas nalguitas contra su cuerpo, al mismo tiempo que comencé a pedirle que me soltase, que no me fuera a violar, que jamás nadie me había comido el culo, no sé qué otras tantas cosas comencé a decirle, cosas que lejos de hacer que él me soltase, lo que le provocó fue apretarme más contra su cuerpo, casi llorando, logré zafarme de sus brazos, pero con lo ebrio que me encontraba, di un tras pie, y caí al suelo, quedándome en cuatro patas, dándole la espalda a él, con mis piernas y nalgas bien abiertas, mostrándome no tan solo mis paradas nalguitas, sino que también mi apretado y sonrosado esfínter, lo que él interpretó como que yo le estaba ofreciendo mi culo.
Como posteriormente me dijo, quizás en otro momento, yo ni tan siquiera se hubiera interesado, ni en mirarme las nalgas, pero al verme así, sintió que su vieja verga como que se había rejuvenecido, y poco le faltó para arrancarse el pantalón, apenas se lo bajó, dirigió su verga al centro de mi bien formado culito, y sin pérdida de tiempo, me ensartó, mientras que al principio yo daba gritos de dolor, y llorando le pedía una, y otra vez que me lo sacara, por un cortó rato tras enterrarme todo si buen pedazo de carne, me quedé en silencio, y cuando el viejo comenzó a meter y sacar su verga de mi apretado culito, de momento y sin querer comencé a menear mis caderas, de manera rítmica y bien sabrosa.
Al poco rato, ambos disfrutábamos al máximo de lo que estábamos haciendo, para mí fue la primera vez que tenía sexo con otro hombre, aunque para ser sincero tampoco he tenido sexo con mujeres, ya que hasta esos momentos solamente me masturbaba al mismo tiempo que me introducía un consolador de goma por mi apretado culito, pero lo que más me extraño fue el no venirme de manera rápida, mientras que yo no dejaba de pedirle. “Papito dame duro, entiérramelo todo, este culito es solo tuyo.” Cuando finalmente se vino, fue dentro de mis bien formadas nalgas, en cierto momento me apretó con tanta fuerza, que pensé que estaba a punto de partirme entre sus brazos, al sacármelo, él en medio de la fuerte lluvia que volvió a caer, salí al frente de la casa, y agachándose como si estuviera cagando, expulsé todo lo que él me había dejado dentro, pero cuando regresé nuevamente mojado, con mis enchumbadas manos lavé su verga, y casi de inmediato me dediqué a mamarla, hasta que se le volvió a parar, y nuevamente me la volvía a enterrar.
Al día siguiente, cuando desperté se encontraba aun sobre mí, al levantarme procuré no despertarlo, me di un baño, y comencé a preparar el desayuno, cuando él apareció en la cocina, como si no hubiera sucedido nada entre nosotros, cuando terminamos de desayunar con una gran sonrisa me despedí del, y le di las gracias, seguramente no pensó que me volvería a ver, pero como a la semana aparecí, y tras darnos unos cuantos tragos, y prender un cigarrillito de los buenos, le pedí el baño prestado y al salir aparecí ante él completamente vestidita de nena, por lo que volví a disfrutar de su ardiente y gruesa verga y él de mí paradas nalguitas.

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