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Dominación Hombres, Gays

Violación en el fundo, el hijo como canje 2

Por las meadas lo reconocerá. A Dieguito le late el ano y el corazón al mismo ritmo .
En más de una ocasión se cruzó el niño con Juanpa en los patios del Pangue. “Qué diferente se ve el niño Diego como buen hijo del patrón, todo ordenadito y compuesto, con un pantalón de tela que marcaba su respingado culito, quién diría que lo encontré todo maltrecho por el pico de Víctor hace unas noches no más” divagaba el peón “y que con esa boquita rosadita se comió el mío, y se llenó su pancita de leche” Juanpa lo miraba y babeaba, y sentía como se le ponía dura la verga debajo de su pantalón, marcándose toda a los ojos de quién quisiera ver, y sentía también que le latía el corazón, quería llenarlo de moco de nuevo, pero también quería besarlo, acariciarlo y sostenerlo en brazos, como cuando lo trajo esa noche desde los paltos, y el niño se aferraba a él con fuerza.

Con el pasar de los días su maltrecho culito se había repuesto de toda rasgadura e irritación, no sabía de dónde, pero en su velador apareció una pomada, que por instinto se la empezó a aplicar por donde había entrado ese enorme pico desconocido, pomada que había hecho milagros. Ahora sentía un picor que le hacía tocarse su hoyito a cada rato, era un picor gustoso, cuando nadie lo miraba aprovechaba para meterse hasta dos dedos, con la ayuda lubricante de esa cremita que tenía, imaginaba que un desconocido lo violaba nuevamente, y luego aparecía Juanpa, que lo abrazaba y besaba y lo sujetaba mientras el desconocido lo penetraba con fuerza.

Cada vez que se cruzaban, el niño miraba a Juanpa, pero este agachaba la mirada, nervioso, sin embargo, su enorme paquete delataba su emoción, Dieguito sonreía, él ya conocía lo que Juanpa lleva dentro del pantalón.

Con su padre, Diego había interactuado lo mínimo, cuando Juanpa lo trajo del huerto de los paltos, Facundo no le dijo nada, o casi nada, solo un “ve a darte un baño y te acuestas” pero de algo el niño se había dado cuenta, y son las repetidas visitas entrada la noche a la casa de Víctor que queda al fondo del patio central, después de las bodegas y el taller de los tractores, desde su ventana del segundo piso, Diego lo observaba como se escabullía. Hasta que a la tercera noche lo siguió, así como estaba, solo en pijamas, Se fue por el traspatio, que desemboca directo en esa casucha, no más de un par de cuartos y una cocina grande. El niño se rodeó la casa por fuera hasta donde había una pequeña lámpara, era el dormitorio del matrimonio, la ventana estaba medio abierta y la cortina algo corrida, desde ahí pudo ver todo.

Facundo entra con la mujer a empujones y la tira sobre la cama, esta solo solloza impotente, Dieguito había escuchado de las andanzas de su padre con las mujeres del fundo, pero no imaginó que con la mujer de Víctor haría algo así. Lo que más sorprendió al niño fue ver que detrás de ellos entraba también su esposo.

“Mira lo que hago con la perra de tu mujer”, le espetó el patrón a su capataz, montándose sobre ella, mientras a la fuerza la desvestía, bajándose él también a medias los pantalones, como la mujer seguía sollozando, no tuvo ningún miramiento y le arroja una cachetada en la cara, con un ¡Cállate puta, que ese crio que esperas es mío! y lo más bien que te abriste de piernas la primera vez, sin que yo te obligara ¿le contaste a tu maridito cómo te entregaste, puta zorra? Diciendo esto, Facundo terminó de desfundar su enorme pico y abriéndole las piernas hasta acomodarlas en sus hombros, sin miramiento se lo enterró completo de una sola vez. La mujer no pudo contener y lanzó un grito a la oscura y solitaria noche. Dieguito estaba como congelado, sin pestañar, viendo y escuchando todo, contra su voluntad, sintió un cosquilleo en su entrepierna al ver por primera vez el pico de su padre, así en ese estado completamente duro y lleno de venas que bombeaban sangre por todo el mástil de carne, desviando la mirada hacia un rincón oscuro pudo ver como también Víctor había sacado su pico, pajeándose al ver como su patrón violaba a su mujer. Efectivamente, Facundo embestía con furia y brutalidad a la mujer, la que a estas alturas estaba fuera de sí, confundiendo sus gritos entre dolor y placer, cuando el pico del patrón se insertaba hasta lo más profundo.

Se detuvo por un instante Facundo, solo para ordenarle que se diera vuelta “a mí me gusta más por el culo” la mujer sin cuestionar se dio la vuelta y dejó expuesto su rosado ojete, a lo que el hombre le escupió con mucha puntería y se lo ensarta con la misma fuerza que le había roto la vagina, fueron unas cuantas veces, hasta que se da vuelta hacia su dócil capataz y le dice “es tu turno” Víctor a estas altura completamente desnudo y con el pico tan duro como nunca lo había sentido se acerca y toma a su mujer por las caderas para entrar en el dilatado ojete que le daba servido su buen patrón, imitándolo le da con la misma fuerza, enterrando el pico en ese cálido conducto, una y otra vez, emitiendo unos ronquidos de placer. Facundo observa a corta distancia como a su vez el culo de Víctor se contrae y expande a cada embestida, así que ensalivándose el pico una vez más se coloca detrás del capataz, lo sujeta y se acerca para decirle al oído, “prepárate perro sumiso que te voy a partir el culo a ti también”.

El patrón se lo mete a su capataz, a la vez que éste a su mujer, por alguna razón deja que Víctor lleve el ritmo, en la cogida, sintiendo como se contrae el culo en su pico, al embestir éste a la hembra, al rato están los tres gimiendo, gritando y emitiendo sonidos guturales, hasta descargarse en hoyos distintos. Facundo saca con fuerza a Víctor del culo de la mujer y lo tira al suelo, descargando sobre él una contundente meada, en la cara y en la boca, que sin esperar instrucción abre para recibir los meados de su patrón. El niño Diego desde la ventana no pierde detalle y ha entrado en una especie de trance, tocándose alternadamente su piquito y su culo con cuantos dedos podía. Una cosa le llamó la atención, y fue la meada que su padre le dio al capataz, recordando el fuerte olor a meados del hombre que hace unas noches lo violó, el mismo olor que debía tener Víctor ahora, ese solo recuerdo hizo que el niño tuviera un intenso orgasmo seco, su primer orgasmo.

El niño Diego se sienta en el suelo, una para esconderse debajo del alfeizar de la ventana y otra para recuperarse de esas sensaciones tan ricas que acababa de sentir en su sexo y que eran novedosas, una cosa tenía claro y es que se la abrían las puertas a un mundo nuevo, quería sentir más, había entrado en una espiral sin salida. Se acomodó su pijama y se levantó para regresar a la casona, pero a medio camino su inconsciente guio sus pies al cuarto de los peones solteros, donde dormía Juanpa, estos eran una seguidilla de habitaciones con baño compartido, todas con salida a un pasillo exterior, como aun no era temporada de cosecha, casi todas estaban vacías.

Como un pequeño fantasma, se introdujo en la habitación del hombre que dormía profundamente, se paró al lado de la cama y se impregnó de ese olor masculino que emanaba, del suelo recogió sus boxer y se los llevó a la cara para olerlos, tenían un fuerte olor a sudor y a orina, eso lo terminó de embriagar aún más. Levanto las sábanas de la cama y lentamente se introdujo en ellas, cuando sintió el cuerpo caliente de Juanpa, se abrazó a él, recorriendo con sus infantiles manos el torso de ese hombre, su vientre y por fin su pene, recorrió cada contorno de ese miembro aun en reposo, pero que fue reaccionando a la suavidad de esas manitos, avanzó hasta los huevos grandes  y volvió al pico ya medio erecto, pasó las yemas de sus dedos por el glande húmedo, robándole un suspiro a ese joven macho, que ante esas atenciones empieza a despertar y al abrir los ojos y reconocer en la penumbra a su acosador, de un salto se sienta en la cama “Niño Diego, por Dios oiga, qué hace aquí” el niño solo lo mira casi con ternura, pero con fuego también “quiero lechita rica de tu pico” le dice.

Juanpa, se conmueve con ese niño que sin cumplir diez todavía, ya está pidiendo sexo en su propia cama, lo abraza y besa en la boca, es un beso largo, que los estremece a ambos, el hombre siente en su piel, cerca del ombligo el piquito duro del niño y eso le gusta mucho, el niño de verdad siente placer. Con sus manos acaricia las nalgas respingadas de Diego y con sus dedos busca ese hoyito que hace tan poco fue violentado, pero la humedad de la transpiración lo hacen sentir suave y con una pequeña presión cede al primer dedo, arrancándole al menor un suspiro que se siente en la boca y lengua de Juanpa. Éste pone al niño boca abajo y se dedica a chupar el ano del Dieguito, mete su lengua lo más que puede disfrutando de ese sabor tan rico de culito de niño. ¿Quiere que le meta el pico, niño Diego, quiere que le preñe su culito, que esta vez la lechita se la mande directo a la pancita? Le dice tiernamente Juanpa a su precoz amante. No espero respuesta, el hombre se coloca boca arriba con su pico en asta y le dice “entonces súbase usted mismo, niño Diego, súbase y cabalgue sentadito en mi pico, como si fuera en la yegua Tomasa”

El niño Diego obedece a todo lo que le diga su amante, así que sin chistar y totalmente desnudo ya, reluciendo su delgado cuerpecito infantil, se sube a horcajadas sobre el cuerpo de Juanpa y ayudado por las manos fuertes de éste, que lo toma de las caderas, empieza a bajar, acortando a cada segundo la distancia entre su tierno culito y el glande del pico durísimo que lo espera. El primer contacto fue mágico, estremeciéndose ambos al mismo tiempo, Juanpa no daba mas de la calentura de perforar ese hoyito que le suplicaba ser penetrado. Tomando una crema del velador se untó completamente el mástil y dejó que el niño se empezara a ensartar su carne. Dieguito sintió la cabeza dura que se posicionaba resbalosa en su entrada, sintió algo de dolor, pero continuó, dolía mucho menos que la otra noche. Cuando entro completa la cabeza no pudo evitar gritar por el dolor de esa embestida, Juanpa lo sujetó un rato, “quédese quietecito oiga un ratito, pa que se acostumbre” con una voz quieta y suspirada, fueron unos segundos solamente para que el estrecho agujero del niño se dilatara y pasara ese dolor, “ya, ahora puedo” dijo el niño, y el solo pujó su anito hacia abajo, sintiendo cada milímetro que se introducía ese pico duro de su macho. En casi nada ya estaba adentro completamente, golpeando las blancas nalgas de dieguito contra las bolas del hombre.

“Ay, niño Diego, se lo ensartó toda, oiga, usted que es putito, oiga siento que me estoy enamorando mi niño” poco a poco empezó el mismo niño a cabalgar a Juanpa, sintiendo la presión que le revolvía todas sus entrañas de una forma que enloquecía y casi lo desmayaba, pero seguía pidiendo más. Juanpa se medio sentó en la cama para abrazar a Dieguito y besarlo sin que se saliera ni un centímetro de su pico, y luego girarse como una rueda para dejar al niño abajo con sus piernecitas muy abiertas y el hombre hincado en la cama tomando el ritmo de las embestidas, ahora él controlando la fuerza y haciéndosela sentir, mientras sentía que la descarga venía “te voy a preñar, niño diego, te voy a dejar el moco adentro y vas a quedar todo embarazado de mí” Lejos de asustar al niño, aun ignorante de esas cosas, respondió “shiii, quiero un hijo tuyo, como mi papá se lo hizo a la mujer de Víctor” La acabada de Juanpa fue intensa, tensando completamente su cuerpo hasta descargar toda su leche en los intestinos del niño, quien al sentir tanta presión, tuvo su segundo orgasmo, pero esta vez acompañado por un chorro de orina que fue a dar al vientre de su macho, quien celebró la meada “ya le saldrá lechesita a usted también”

Quedaron abrazados un rato en la cama, el niño y el hombre, como dos amantes consumados. Hasta que Diego rompe la quietud

_ ¿Quién me violó la otra noche, tu lo alcanzaste a ver?

_ no se na yo oiga, no me haga decir cosas, que me puede meter en problemas con su papá.

_ ¿mi papá?

Se le empezaba a armar el puzle a Dieguito.

@cairo1310

7 Lecturas/18 junio, 2026/0 Comentarios/por Cairo
Etiquetas: baño, culito, culo, hijo, orgasmo, padre, sexo, vagina
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