Violación en el fundo, el hijo como canje II
Un joven peón encuentra al niño Diego recién violado por el servil capataz del patrón, y con mucha ternura lo alimenta con su leche tibia. .
Después de la culiada que le dio Víctor al hijo de su patrón, se fue rápido entre los árboles, dejando al niño aun tirado y casi sin aire apoyado, como abrazando esa piedra sobre la cual se lo había violado, con las piernas abiertas y escurriendo semen por sus blancos muslos, mientras en las sombras de los paltos se acerca despacio una figura, la misma que Víctor alcanzó a divisar antes de huir del lugar.
Se acerca a solo unos pasos del niño y saca la voz despacito
_ ¡Qué le pasó, niño diego, por Dios! ¿cómo se lo fueron a culiar, mi niño? Su voz suena grave, pausada, casi arrulladora. Venga, yo lo ayudo a pararse.
Se trata de Juanpa, un novato peón de la hacienda que lleva menos de tres meses, no tiene más de veinte años, es moreno, mediana estatura, delgado muy fibroso, medio bruto (según la descripción de Don Facundo) sin mucha educación y extremadamente callado, siempre anda con la cabeza gacha.
El peón se acercó a Diego tratando de levantarlo, quien al sentir su presencia se aferró fuertemente a sus piernas poniendo justamente su cara contra la el bulto del mozo, quien trató de separarse con algo de vergüenza, sin embargo, el niño seguía ahí pegado, respirando como queriendo sentir la fuerte fragancia de ese macho joven. Después de haber sido testigo involuntario de cómo Víctor había violado al pequeño su contundente pene se mantenía muy duro, a contra voluntad de Juanpa, pero la resistencia dura poco y la calentura es eterna “No sigua niño Diego, que estoy que corto las huinchas, oiga” le dice agarrando la cabeza con su manos grandes y apretándolas un poco más contra su pico duro como piedra y goteando desde hace rato presumen, tanto que tenía todo mojado el pantalón.
Dieguito al oír la voz del hombre, por fin levanta la cabeza y lo mira de forma perdida, dominado por una fuerza que no puede resistir, y así mirándose ambos fijamente, el niño saca la lengua y lame la tela húmeda del pantalón del joven hombre, con esa mirada de lujuria infantil. “sáquelo entonces niño diego, si es lo que quiere”
No necesitaba oírla, ya había bajado el cierre del pantalón y con su manita sueve agarraba la enorme herramienta de Juanpa llevándola a su boca y comenzando a lamerla con desesperación, tratando de meterse entero el glande chorreante en la boca. El niño restregaba el pico por su cara como queriendo quedar impregnado de su fuerte aroma, hasta que solo se dedicó a succionar.
_ Hay niño Diego, sí, que rico se siente, chúpelo todo no más, que ya viene el moquito.
El hombre no podía más, llevaba mucho rato esperando acabar, después de mirar como Víctor se había violado al niño y ahora el le tenía la cabeza completa dentro de su boca pequeña. Solo pudo retardar unos minutos la descarga, hasta que sintió como su cuerpo se tensaba, agarrando con firmeza la cabeza del pequeño, por instinto sabía que debía alimentar a ese bebé con toda su leche. Con contracciones y un grito ahogado empezó a descargarse con fuertes chorros que fueron a dar directo a la garganta de Dieguito, quien trato de separarse, pero no tenía opción las fuertes manos de Juanpa lo sujetaron y con un autoritario ¡Trágueselo todo! Obligo al niño a hacer lo único que podía, abrir su garganta para que la espesa leche pasara directo a su panza.
El niño que había quedado suficientemente aturdido por la violación de Víctor, pareció recuperarse con la ración de leche recibida por Juanpa, en cuclillas levantó la vista para mirar a los ojos a quien lo acababa de alimentar y agradecerle con una mirada que a sus cortos años ya tenía esa lujuria de haber descubierto el pecado de la carne, le sonrió coquetamente, tanto que Juanpa no pudo evitar sentir ternura y hasta amor por ese pequeño, así que lo levanto y alzó hasta quedar frente a frente y besarlo tiernamente en la boca, sintiendo el sabor inconfundible y embriagante del semen, de su propio semen que había quedado en la boca de Dieguito.
“Yo lo ayudo con la yegua Tomasa”, niño Diego, le dijo, y sin soltarlo de uno de sus brazos, con el otro soltó al animal del palto, y tirando por las riendas lo condujo al camino, de una mano llevaba al animal y del otro brazo cargaba a Dieguito sin preocuparse mucho de los ropajes a medio poner del niño, hasta se le asomaba su blanca rajita por el pantalón no terminado de subir. Se dirigieron rumbo a la casona del fundo. Algo se le vino ala mente a Juanpa, cuando el patrón ya hace casi dos horas le encargó que fuera a buscar a Dieguito y a la Tomasa a los paltos “ayuda a Duieguito con la yegua, y alimenta al niño” fueron las palabras de Don Facu, ¿será? ¿El patrón sabía todo? Y yo (pensó Juanpa) tan weón, me eché una cajita de leche y un plátano para dárselo, los que aun traía en el bolsillo de la chaqueta.
El niño Diego se abrazó al cuello de su alimentador de leche y se apegó a él poniendo sus tiernos labios en la nuca, detrás de la oreja de Juanpa, succionando su piel con suavidad. Mientras atravesaban el amplio patio semi oscuro de le casona, algunos de los peones que aun no se iban a sus ranchos vieron la escena, de un joven macho cabrío cargando a un semidesnudo niño que se abrazaba fuerte a él, desde una ventana del segundo piso de la casona, el patrón, Don Facundo, también presenciaba la tierna escena. Había salido todo tal como él lo planeo.
Don Facu bajó a recibirlos, en el porche de la casona esperó a Juanpa, quien sin temor se acercó y le entregó al niño a su padre,
_ Yo llevo a la Tomasa al establo patrón, le dejo al niño Diego, viene medio maltrecho el pobre, seguro va a dormir toda la noche, agregó.
_ Gracias Juanpa, le dijo Facundo a su peón, ¿viene alimentado? Pregunto con una mueca insinuando una sonrisa en su boca y una mirada de complicidad y lujuria.
_ Sí patrón, viene con la pancita llena. Sin decir más el peón agachó la cabeza, con su permiso patrón, dijo antes de retirarse.
A medio camino se cruzó con Víctor, ambos se miraron fijamente sin parpadear, no dijeron nada y continuaron su camino. Víctor iba a su casa, con su mujer embarazada por el patrón, sabía que Don Facu iría en un rato más a verlos y descargarse con ella, y quizás con él también, con él, que acababa de violar a su hijo por su propia petición. Víctor sabía y aceptaba el precio y a estas alturas ya no negaba que le gustaba, haría cualquier cosa que don Facundo le pidiera, ahora era su esclavo más que antes.
@cairo1310



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