2da parte de Córrete en el coño de tu madrastra
Les contaré que paso luego que me masturbe con el hijo de 18 años de mi novio.
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**Segunda parte**
Después de aquel encuentro tan intenso y prohibido con mi hijastro, intenté actuar con normalidad el resto del día. Esa noche, cuando mi novio llegó a casa, el ambiente cambió por completo.
Aunque nos llevamos 15 años de diferencia, entre nosotros hay una química increíble y una afinidad sexual muy fuerte. Apenas cruzó la puerta del apartamento, me miró con esa sonrisa hambrienta y dijo:
—Amor, vengo con la verga bien parada… ¿Ya se fue Jonathan?
—No —respondí, riendo—. Creo que está en su cuarto, haciendo tareas… o jalándosela, no sé. No ha salido en toda la tarde.
Mi novio soltó una carcajada.
—Bueno, ¿y si lo mandamos un rato al cine con su novia?
Me sorprendió. No tenía ni idea de que el chico tuviera novia. Le dije que me parecía perfecto. Mi novio fue directo a la habitación de Jonathan y, justo cuando yo pasaba por el pasillo, abrió la puerta. Ahí estaba su hijo, masturbándose sin vergüenza. Por un segundo pasó por mi cabeza: “Con lo de esta tarde, no le bastó…”. Mi novio solo dijo:
—Lo siento, hijo —y cerró rápido.
Desde la otra habitación escuché a Jonathan quejarse:
—¡Papá, no jodas, toca!
Me reí por lo bajo y me fui a bañar. Poco después entró mi novio a la habitación y me contó, sonriendo:
—Le presté el carro y le di dinero para que se fuera al cine… o al motel con la novia. Ya estamos solos, mi amor.
Sabía exactamente lo que eso significaba. Mi novio es una fiera en la cama; no se conforma solo con cogerme en la habitación. Le encanta follarme por toda la casa.
Me dijo “ya vuelvo” y entró al baño. Yo estaba de pie al borde de la cama, poniéndome crema hidratante en el cuerpo, completamente desnuda. Cuando salió, me agarró fuerte del cabello, me dio una cachetada que me dejó la mejilla ardiendo y ordenó:
—Abre la boca.
Me escupió, me besó con brutalidad y luego me levantó del pelo, me puso boca abajo al borde de la cama y me abrió las piernas. Escuché que sacó algo del cajón.
—Relájate, perra. Hoy comes doble —me dijo—. Separa esas nalgas.
Obedecí. Me escupió el ano y empezó a meter un dedo. Después sentí algo frío y duro: era mi plug anal. Lo empujó lentamente. Dolor y placer se mezclaron de forma deliciosa cuando entró por completo. Luego bajó la cabeza y me lamió desde el ano hasta el coño, abriéndome con la lengua, chupándome por dentro mientras sus dedos pellizcaban mi clítoris y me nalgueaba con fuerza.
Sacó unas esposas y una soga, me ató las manos y los pies, dejándome completamente inmovilizada. Tomó uno de mis dildos más delgados, me escupió el coño y me lo metió hasta el fondo, presionando justo en mi punto G. Me puso boca arriba y, con otro vibrador en la mano, sacó su verga gruesa y venosa. Me encanta ver sus huevos peludos; esa masculinidad tan cruda me vuelve loca.
Puso el vibrador contra mi clítoris y apretó mis labios alrededor de él para que no se moviera. Luego me golpeó la cara con su polla dura varias veces antes de metérmela hasta la garganta. Me folló la boca sin piedad, sujetándome del pelo, dejándome sin aire. Desde abajo solo veía su cuerpo enorme de 1.94 dominándome por completo. Mi coño estaba empapado, ardiendo. Cada vez que sacaba la verga, salía cubierta de baba espesa. Me escupía en la boca y volvía a metérmela.
Sentí cómo palpitaba y, de pronto, me llenó la boca de semen caliente.
—Abre la boca y mírame —ordenó—. Trágatelo todo, perra.
Lo hice, mirándolo a los ojos mientras tragaba hasta la última gota.
Me levantó en brazos, aún atada, y me llevó hasta el mesón de la cocina. Me desató los pies y me dijo:
—¿Lista? Esto nunca lo hemos hecho…
Un poco nerviosa pero excitada, vi cómo sacaba una zanahoria de la nevera. Me abrió las piernas, me quitó el vibrador y me introdujo la zanahoria fría en el coño. La sensación helada era increíble. Luego sacó un pepino grueso, me lo metió también y empezó a masturbarme con él. Lo sacaba, lo mordía y lo volvía a meter. Su verga se puso dura otra vez al instante.
Dejó las verduras a un lado, me llevó al sillón y me colocó con las piernas hacia arriba y la espalda contra el respaldo. Se subió de pie, me escupió el coño y, de un solo empujón brutal, me enterró toda su verga. Empezó a follarme con fuerza. Sus huevos chocaban contra mi culo, moviendo el plug anal más adentro. Me nalgueaba mientras yo sentía cómo me abría por completo.
Luego me cargó como si no pesara nada, con las manos esposadas alrededor de su cuello. Me follaba rebotándome en cada embestida. Mis tetas golpeaban contra su pecho. Lo besaba con desesperación, sintiendo que ese hombre me ama y yo lo vuelvo loco. Empecé a temblar y le bañé la verga con un squirt potente. Eso lo enloqueció. Me bombeó rapidísimo y me llenó el coño de leche caliente.
Aún cargándome, con la verga dentro, me llevó a la habitación. Me puso de espaldas al espejo y me dijo:
—Voltea la cabeza y mira cómo sale todo.
Cuando se retiró, cantidades enormes de semen mezclado con mi squirt empezaron a salir de mi coño. Me acostó en la cama, me quitó las esposas y me abrazó fuerte.
—Me encanta la manera en que me dejas hacerte todo lo que quiero —susurró.
Nos dormimos así, abrazados y satisfechos.
¿Quieres la tercera parte?



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