BOTIN DE GUERRA 15. BIS
Continúa la recuperación de Katiusha y de como La Charriere poseyó a Hatbiba.
Botín de Guerra. Capitulo 15
Katiusha continuó enculando a la pequeña Habiba, que lloraba silenciosamente ante las embestidas del soviético. Aunque tuviera ya experiencia en el sexo no era óbice para que su pequeño esfínter sufriese ante tan monstruoso miembro, y que sus pechos soportasen los feroces apretones del ruso.
– Tú culo prieto, puta. Pero Katiusha te lo romperá, por las barbas del padrecito Stalin. Tú querer leche rusa, Katiusha te llenará de leche rusa el culo de puta -bramaba el ruso mientras estrujaba los pechitos de la argelina.
De la Charriere se inclinó hacia Abramovitch:
– Avise a su gorila que le folle el culo todo lo que quiera, pero nada de coño. Ahí donde la ve, con once años ya ha tenido la regla y no queremos acarrear con una preñada, al menos por ahora.
– Qué me dice? Jamás habría pensado que esa hembrita, con su experiencia, tuviera once años.Y cómo se hizo con ella?
– Fue durante el cruce del Rhin. Su tío, creo, el sargento Mahidi recibió un pepinazo y la dejó sola. Ya le comenté a Connors que las tropas indígenas se llevan a su familia, e incluso a sus cabras. Habiba estaba con su tío, el sargento Mahidi, cuando lo mataron los alemanes.
Al día siguiente yo estaba en mi tienda, redactando unos informes cuando escuché una turbamulta fuera. Salí, mientras me abrochaba la cazadora y la funda de la pistola, y vi un montón de tiradores discutiendo y peleando. Cuando le pregunté a alguno de mis ayudantes, resulta que toda la pelea, que no era pequeña, era por ver quien se quedaba con Habiba, dada la muerte del sargento Mahidi. Me informó mi asistente que el problema estribaba en que Habiba era virgen, por tanto había dos problemas: en primer lugar, si se adjudicaba a uno solo, el problema se traduciría en peleas entre miembros de las diversas familias, y el segundo, si se dejaba libre, quien sería el afortunado de disfrutar de sus primicias? El caso es que ya comenzaban a relucir gumías y bayonetas.
Decidí cortar el asunto de raíz, pues la pelea iba creciendo, al igual que los gritos, insultos e imprecaciones. Saqué mi arma y efectué un disparo al aire, que tuvo la virtud de provocar un silencio total. Cogí a Habiba del brazo y la arrastré hacia el capot de un Jeep frente a mi tienda. Le arranque la gandurah dejándola totalmente desnuda. Quedé sorprendido, pues su cuerpo, tan pequeño, correspondía a una mujer en escala pequeña. Tenia unos pechitos pequeños, pero ya prominentes, aunque ahora ya le han crecido más, con pezones igual que los tiene ahora, oscuros y picudos. Noté como me iba empalmando al ver ese cuerpo menudo, pero a pesar de su edad, de mujer. Ya entendía el porqué de la trifulca entre mis tiradores. La arrastré hasta el Jeep, apoyándola sobre el capot, me abrí el pantalón y le separé las piernas. Yo estaba ya empalmado, así que le pasé la mano por el coño, y creeríais que estaba excitada, totalmente húmeda? Ni me lo pensé y le coloqué la polla en la entrada, la moví un poco para atinar y de un empujón se la metí hasta el fondo. Sólo le escuché un leve gemidito cuando la desvirgué, así que seguí empotrándola contra el Jeep hasta que me corrí como un bestia.
Tras sacarla, me la limpié con su túnica y sólo vi como le caían unos goterones de mi semen y una hilitos de sangre por los muslos. Me acomodé el pantalón y la pistola y me volví hacia la tropa.
– Ahí tenéis a la putita. Ya no hay tema de discusión, así que cada uno a su puesto, que como los boches se enteren de que sólo pensáis con la polla, igual os dan un disgusto.
Dejé a Habiba apoyada en el Jeep, entré en mi tienda, cogí el casco y la carabina y me fui a recorrer los puestos y los pozos de tirador. Los hombres habían vuelto a ser los soldados disciplinados que siempre habían sido. En cada puesto me saludaban serios, disciplinados y respetuosos, como siempre. Cuando terminé el recorrido, volví a mi tienda, me despojé de la artillería, y me acosté en el catre de campaña, con la sana intención de relajarme algo y probablemente continuar el avance al día siguiente.
No sé cuanto tiempo pasaría cuando noté movimiento a mi lado, por lo que instintivamente empuñé la pistola mientras encendía la linterna. Me quedé de piedra, pues era Habiba, acostada al lado de mi catre, con las manos juntas, en actitud de súplica.
– Samath, sidi, no te enfades. No tenía dónde ir cuando tú desvirgaste a Habiba. Tú mi amo ahora, no quiero puta de todos. Habiba cuida. Habiba sirve. Si Habiba mala, tú castigas duro y si tú quieres te hago disfrutar mucho. Habiba ha aprendido mucho viendo a Mahidi con mujeres. Si yo no gusto y tú otra mujer, yo caliento a los dos y disfrutais, si? Sidi mi dueño, Habiba suplica.
Habiba tenía los ojos llorosos mientras suplicaba, con las manos juntas y de rodillas. Tuve que pensar rápido. En efecto, ella sola con la tropa sería pasto de cualquiera que la deseara, y acabaría abriéndose de piernas por un trozo de pan. Como recuerdo póstumo hacia el sargento Mahidi, un buen soldado.
– De acuerdo, Habiba. Te tomo bajo mi protección. Te moverás con el resto de los civiles y me obedecerás sin rechistar, si no quieres que te castigue. Hoy te quedas y luego te irás con el resto.
Habiba se volvió loca de felicidad. Comenzó a besarme los pies como signo de agradecimiento, sabiendo que pronto se conocería mi decisión, con lo cual se ganaría el respeto y la protección del resto de la tropa. Nosotros seguimos avanzando. Y el final de la guerra nos pilló la en K…. a unos kilómetros de aquí.
Yo había visto muy esporádicamente a Habiba, aunque si alguna vez me veía de lejos, rápidamente venia a mi lado, haciéndome zalemas y sonriendo. Me instalaron en una pequeña casita cuyos habitantes habían desaparecido, ventajas del rango, y al día siguiente, sin encomendarse ni a Dios ni al diablo, Habiba también estaba instalada, oficialmente como «mi criada». Ese primer día se la pasó limpiando la casa, cuidando mis uniformes, sacando brillo a mis botas y sorprendiéndome con un exquisito cuscús para cenar, que no tengo ni idea de dónde sacó los ingredientes. Como al dia siguiente estaba libre de servicio, decidí acostarme y descansar, pues estaba francamente molido. Dormir, por fin, sin detonaciones ni explosiones. Habiba extendió una alfombra al lado de mi catre y también se acostó.
De madrugada noté que alguien se colocaba a los pies de la cama, y pensé que sería Habiba, que tendría frío. Pero al poco sentí como una lengüita cosquilleaba a lo largo de mis muslos y unas manitas jugueteaban en mis ingles, hasta bajarme los calzoncillos. Desde el día que desvirgué a Habiba no había tenido ningún otro esparcimiento, por lo que en cuanto sentí pequeños roces en mi polla, ésta se despertó también. Escuché la vocecita de Habiba.
– Descansa, sidi. Habiba te acaricia y tú relajas, si? – y a continuación comenzó a dar pequeños lengüetazos a lo largo de la polla, mientras delicadamente masajeaba mis huevos. Su cabello me acariciaba los muslos y su saliva me embadurnaba, hasta que subió un poquito más y empezó a lamer delicadamente la cabeza, ya totalmente hinchada. Su lengua subía y bajaba a lo largo del tronco y sus manitas acariciaban los huevos con delicadeza, hasta que al fin se introdujo, con habilidad, toda mi polla en la boca, lamiéndola como si fuera un caramelo o un helado.
Su cabeza subía y bajaba rítmicamente, babeando, y su lengua cosquilleaba en la punta con verdadera fruición. Se ve que sintió que estaba a punto de correrme cuando paró un momento mientras apretaba un poco la base de la polla.
– Mmmm, espera un poco, sidi. Habiba te sacará toda tu leche y tú disfrutas.
La cogí de la cabeza y la apreté sobre mi polla, hasta que noté sus arcadas. La solté y volví a apretar mientras su lengüita se enroscaba alrededor de mi tronco. Ya no pude aguantar y le chorreé toda la leche en su boca. No pudo contenerla toda y le rezumó por los labios, cayendo entre sus tetitas.
– Muy bien, zorrita, muy bien. Sabes manejar tú lengua como una verdadera puta. Y ahora déjame dormir -le dije a la vez que la sacaba de la cama de una patada, tirándola al suelo.
Sentí como se acariciaba, masturbándose, por lo que la agarré del pelo y la abofetee.
– Quien te ha autorizado, puta? No te correrás hasta que yo te autorice o te arranco la piel. Y déjame dormir.
Intenté dormir mientras escuchaba como la putita sollozaba. Muy desagadable, por lo que avanzada la madrugada me levanté de muy mal humor. Desperté con el pie a la puta, que dormía acurrucada sobre la alfombra.
– Arriba, zorra, prepara el desayuno y luego lávate -le grité mientras me dirigía a asearme. Cuando salí tenía sobre la mesa una taza de café, algo de mermelada y tostadas. La perrita era servicial, desde luego. Se presentó lavada y peinada, con los ojos bajos y su gandurah aceptablemente limpia.
– Acércate, putita, y dime la verdad. Si me mientes lo sabré y será peor. Te ha follado alguien desde que lo hice yo?
– Noooo sidi. Noooooo. Tú eres mi dueño. Yo no me dejaría, y los soldados no se atreverían. En Habiba solo polla de sidi. Lo juro.
– Y Mahidi nunca te tocó ni te hizo nada, chupársela o acariciarte?
– Nunca, sidi. El tío y cuidarme. Tú único hacerme suya. Por eso Habiba obedece, tú cuidas y Habiba tuya.
– Estas bien afeitada. Sigues al Profeta? Sigues la fitrah (higiene islámica) según la sunnah?
– Si, sidi. Habiba buena seguidora del Profeta.
– Gírate, inclínate y separate el culo. Eres chii?
– Si, Amo -contestó mientras se inclinaba y separaba sus nalgas y me mostraba un culito rosado oscuro, claramente virgen. La indique que se incorporara e inspeccioné sus pechitos, tamaño de mandarinas, y con pezones picudos. Se los cogí y apreté. Gimió, e incrementé la presión.
– Duele, perrita?
– Sí, sidi, pero Habiba obedece a su dueño. Si sidi quiere y sidi disfruta, Habiba es suya.
Cogí la fusta del paragüero, y corté el aire un par de veces. Sin que le indicara nada, Habiba se inclinó, mostrando sus nalgas. Le propiné un buen fustazo, y enseguida otro. El culo le quedó rápidamente marcado. Enseguida, otra tanda de dos, esperando que reaccionara o gimiera, pero en vano. De nuevo otra serie de dos sin que reaccionara. Dejé la fusta, la agarré del pelo y la hice incorporarse. Las lágrimas caían a chorro por su cara.
– No has dicho nada, Habiba. Has soportado bien los azotes.
– Lo dice el Profeta. Tú no sabes porque te azotan, pero Habiba si.
– Y porqué te he azotado?
– Porque Habiba es de tu propiedad, y como es tuya puedes hacer con Habiba lo que quieras. Quieres azotar más? Habiba contenta. Quieres follarla? Habiba dichosa. Quieres dejarme a otros? Habiba obedece y su Amo orgulloso. Quieres vida de Habiba? -cogio un cuchillo sobre la mesa y se lo colocó en el cuello- Habiba feliz y obedece a su señor. Quieres? Si?
Le quité el cuchillo, lo tiré a una esquina y la besé en los labios metiéndole bien la lengua. Metí la mano entre sus piernas y, en efecto, estaba mojada.
– Habiba, a partir de ahora me perteneces. Eres de mi propiedad. Sólo obedece. Me parece que tú no eres muy inexperta, no? Dónde diablos aprendiste?
– Habiba virgen, no otros hombres. No tocar ningún hombre hasta que tú haces tuya.
– Contesta la pregunta. Cuando te follé en el Jeep ya estabas caliente. Y ahora has demostrado que sabes dar placer. Dónde y cómo has aprendido?
– Tío Mahidi a veces tener mujeres. El a mi no toca, pero sí a otras. Yo delante, y veía como lo hacían, ellas chupan y Mahidi disfruta. Habiba mira, y una señora rubia también me mira sonriendo. Le dice a tío Mahidi si quiere que yo disfrute y entonces me cogió y me acaricio tetas, pellizcó pezones y estiró. Me quejé un poquito y señora se rió. Puso cabeza entre mis piernas y separó la carne de alrededor, y me empezó a chupar, metiendo su lengua en mi. A Habiba empezó a gustar, notaba cosquillas grandes cuando señora metía más y más la lengua y con su dedo movía el botoncito de arriba.
Ella también se acariciaba mucho. Yo muy mojada, pero no era pis. Daba mucho gusto. Quiso meterme los dedos, pero Mahidi dijo no, y se enfadó, entonces la señora siguió fuerte con la lengua y yo noté como pinchazos placenteros y me gustó mucho. Ella me puso entre sus piernas y me dijo que hiciera lo mismo. Yo lo hice, la chupé mucho y ella también muy mojada hasta que gritó mucho y me apretó la cabeza contra ella y gritó y me mojó. Mahidi se reía, y luego lo hicimos con otras señoras y me enseñaron a meterme la polla en la boca hasta que salía todo, pero ellas, yo no. Ellas me lo echaban en la boca y yo bebía. Sidi primer hombre en todo, Habiba lo jura.
Buenos, y eso es lo que hay. Así me encontré dueño de la putita. Una putita excelente, como pueden observar.
En efecto, Katiusha seguía forzando el ano de Habiba, que, aún llorando, se metía los dedos en el coño, masturbándose furiosamente. Se giró, sacándose el imponente miembro del ruso para, arrodillándose, metérselo en la boca, comenzando un mete y saca. Su lengua rodeaba la monstruosa polla, lamiendo y babeando entre gruñidos de Katiusha y las miradas lasci vas de los espectadores.
Alice se masturbaba suavemente mientras lamía despacio la polla de Connors, que distraídamente acariciaba su cabeza. Se colocó de rodillas en el sofá, agachó los hombros y la cabeza, ofreciendo su grupa mientras separaba sus nalgas.


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