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Dominación Mujeres, Fantasías / Parodias, Sexo con Madur@s

Capitulo 01, Mi pequeña Masoquista Johanna

Comienzo mi proyecto de entrenamiento de la pequeña johanna.
Mi intención de este tipo de relatos, es solo fantasear lo que pudo haber sido, y al mismo tiempo servir de terapia personal sobre una lívido extremo. No pretendo y no estoy de acuerdo con lo mencionado aquí, pero siento que mi fantasías requieren sacarse estas ideas de mi sistema, razón por la cual empiezo y detallo estos escritos fantasiosos.

Capitulo 01, Mi pequeña Masoquista Johanna

Soy psicólogo de profesión, de edad cuarentona y de nombre Alex, con obvias desviaciones sexuales típicas de este grupo. Como la mayoría de las personas que leemos cuentos en esta página, tengo mis preferencias sexuales, las cuales son heterosexuales y una compulsión, por traumas infantiles, con mujeres entre los 10 y 14 años con varias parafilias, muchas teniendo que ver son el BDSM.

En particular, desde hace dos décadas en fantasiado con tener mi propia hembrita masoquista, entrenada desde muy chica para satisfacerme. Naturalmente, aunque ha sido una fantasía, ha sido imposible si quiera pensar en ello de forma realista ya que no tengo familia cercana, y aunque parece fácil, en general encontrar y entrenar una hembrita desde chica sin ese contexto, es básicamente imposible sin entrar en temas graves de delitos, como secuestro y temas por el estilo. Por lo tanto, por muchos años, he estado ensimismado en este tipo de fantasías.

Por lo tanto, y aplicando mi profesión, decidí que aplicaría todo mi intelecto y conocimientos para buscar satisfacer esa necesidad producto de mi más profundo de mi pensamiento, orientado a encontrar, entrenar y satisfacerme completamente con mi propia hembrita masoquista a total deseo de mis mas profundas perversiones. Esa oportunidad finalmente se dio, cuando conocí a Johanna en una terapia llevada por su madre Elena, producto del abuso generado por su padre. Johanna era una niña traumatizada, ya que su padre,
en completa locura, abuso físico (no sexual) y psicológicamente de ella desde que era niña. Era totalmente dominante, brusco, tosco y la maltrataba tanto, que su madre urgentemente la empezó a lleva a terapia después de su separación. Ella empezó su terapia, desde los 6 años con diversos psicólogos, hasta que llego conmigo cuanto tenía 8 años. Johana es una niña hermosísima, delgada, de cabello laceó, color dorado, con unos senos pequeños incipientes y un culito redondito, que aun tan Joven provocaba las miradas de adultos, muchos de formas non sanctus.
Teniendo claro mis deseos pervertidos más profundos, tomé la decisión de empezar en las terapias a modificar el comportamiento psicológico de Johanna para convertirla en mi pequeña masoquista. Para eso, aunque empecé las terapias de forma estándar, para que Elena quedará muy satisfecha con mí que hacer, y que no me fuera a cambiar de psicólogo, como previamente había hecho. Para esto, establecí relaciones profesionales de confianza con ella, dándole la posibilidad de atenderla en casos de emergencia, en situaciones especiales y convirtiéndome en su confidente con respecto a su hija. Con respecto a Johanna, comencé las terapias escuchando sus frustraciones con
respecto a la relación tan conflictiva con su padre, y comencé a establecer las líneas conductuales para empezar a cambiar sus comportamientos para tener el perfil que yo quería.
Para los lectores, un mujer masoquista de tipo sexual ocurre si ella tiene una predisposición psicológica hacia el dolor, humillación o sumisión para lograr o intensificar la excitación sexual. Como el lector entenderá, lograr vincular la sexualidad a este deseo de dolor, humillación o sumisión no sería tarea fácil a menos que entendamos los gatillos cerebrales para lograrlo desde pequeña. Sin embargo, Johana con su edad y su conflicto profundo con su padre, estaba en el escenario perfecto para empezar a manipularla para lograr el perfil que deseaba para mi pequeña masoquista. Yo ya había tenido alguna experiencia estando en la universidad, intentando modificar otra hembrita que conocí, cuyo nombre es Lulu, cuando ella tenía 14 años, pero no lo logre porque yo era muy joven e inexperto del conocimiento profesional para lograrlo. En otros relatos, les contaré que sucedió en esta relación con Lulu, y como perdí mi relación con ella.
Volviendo al tema, los gatillos desde el psicoanálisis para lograr mejorar psicológicamente a una mujer masoquista básicamente son los mismos (pero ala inversa) para lograr modificar el comportamiento para que se convierta en una masoquista. Estos gatillos son:
1. Asociar el dolor y el afecto (no sexual en principio): aquí se busca desde muy temprano vincular el dolor, humillación y el rechazo con la atención y el afecto. Por su puesto, para que sea sexual debemos lograr también vincular estos sentimientos con las sensaciones sexuales. Yo tenía claro que busco no un comportamiento masoquista emocional, yo quería que mi hembra disfrute verdaderamente del dolor, en un sentido de vinculación a sus sensaciones sexuales.
2. Dinámicas de poder y control: aquí se busca que la hembra disfrute psicológicamente de someterse a su dueño. En este escenario, se busca que ella completamente permita que sus decisiones sean a placer de su dueño, disfrutándolo. Para esto, debemos entrenar su comportamiento conductual para que las decisiones sexuales sean voluntariamente cedidas a su dueño.
3. Culpa inconsciente y expiación: aquí se busca vincular una necesidad profunda de castigo para aliviar la culpa por sus errores. De esta forma, formamos el concepto que sufrir es un mecanismo para pagar por los errores realizados.
4. Autosabotaje y familiaridad: aquí buscamos que el masoquismo no solo se sexual, sino también emocional para reforzar su perfil y que no tengamos rechazo al dolor y sufrimiento. Al ser emocional, buscamos que la hembra entienda que solo merece parejas abusivas y que busque las situaciones de fracaso, como elementos familiares de seguridad. Aquí buscamos que ella entienda que es cómodo y confiable estar con un dueño que la hace sufrir, y que las situaciones positivas (seguridad y amor normales) no son dignas para ella, le generen ansiedad o culpa por no ser merecedora.
5. Evitar la situación clínica: aquí buscamos que la modificación conductual no sea tan extrema que afecten la interacción social de la persona. De esta forma, podría la hembrita masoquista interactuar con familiares, profesores, o con sus pares (personas de las misma edad), sin generar síntomas de alerta. De esta forma, se obtendría una perfecta hembrita masoquista funcional a nivel social y familiar.
Queridos lectores, debo decir que estos mismos puntos son exactamente los que combatimos en una terapia psicoanalítica, para identificar en una persona adulta todos los elementos que la transformaron en masoquista y actuar en sentido contraría para abordar clínicamente su comportamiento. De esta forma se logra un comportamiento más «normal» desvinculado del masoquismo clínico. Pero lectores, yo no quería eso. Yo quería de la forma mas pervertida posible, exactamente todo lo contrario, entrenar personalmente y de forma «sana», a mi pequeña hembra masoquista.
Johanna fue mi candidata perfecta, no solo porque su cuerpo me encantaba, sino porque su relación disfuncional con su padre (y por su puesto, un poco con su madre también) me permitía empezar a acentuar cada uno de los puntos anteriores a mi conveniencia. De esta forma, una vez establecida una relación profesional con la madre y establecer las primeras terapias de conocimiento y escucha de Johanna (escuchar sus sentimientos y frustraciones), comencé a identificar y modificar lentamente cada una de estas 5 dimensiones, para mirar si lograba el sueño de tener mi pequeña hembra masoquista, adorando el placer del dolor y del sexo desde joven.
Como primera medida, desde las primeras sesiones con Johanna, logre vincular los siguientes elementos en su psique:
1. Logre que ella fuera consiente que los regaños, trato brusco y algunas veces los castigos físicos de su padre era porque él la amaba. Le logre infundir que la quería tanto, que la única forma de mostrarla que la amaba era castigándola. De hecho le logré demostrar que si quería que su padre le mostrara afecto, solo tenía que hacer alguna pilatuna leve para que él la castigará. Después absolutamente destrozado por su osadía del castigo físico, él se mostraba muy cariñoso con ella. Por su puesto, ella a esa edad no entendía que era por remordimiento, sino yo le hice entender que después del castigo siempre hay cariño y por tanto afecto. En ese sentido, en los primeros meses, ella empezó a documentarme como los castigos, desde correa, palmadas en la cola, alguna vez una cachetada, y gritos humillantes le producía posteriormente gran cariño y afecto de su padre. Con mi ayuda, por su puesto entendía que ese era un comportamiento especial, solo para ella, como efectivamente ella concluía porque nadie mas le producía esa clase de afecto. Por lo tanto, ella era muy especial por eso porque su padre era muy espacial con ella.
2. También logre que ella fuera consiente que su madre y padre debería tomar decisiones de su vida. Empecé a venderle la idea de preguntarle sobre todas las acciones, quitándole la iniciativa. En este sentido, empecé a vincular su falta de iniciativa, pasividad, y falta de toma de decisiones, desde lo más pequeño hasta lo mas grande. En particular, empecé con el tema de las comidas, para lo cual insistí que aunque ella no le gustará algo, era deber comérselo completamente y sin dudar aunque tuviera arqueadas, preguntando siempre si era suficiente o había más, para lo cual la decisión siempre debería ser de su madre o padre. Especialmente le insistí, porque no le gustaba, que debía comer sopas muy mazacotudas y sabores muy fuertes, porque debía entrenarla perfectamente para mi placer. Por su puesto, aquí empecé yo a vincularme muy sutilmente como parte de este de control, haciendo que en cada sesión ella me preguntará muchas de las acciones de su vida. Aunque empecé dándole mucho mas poder a su padre y madre, poco a poco le empecé a quitar de su psique el poder de decisión a su padre, y yo empecé a reemplazarlo. Al de la madre, la deje, aprovechando que ellos eran separados, ya que en mi mente tenía algunos planes especiales que Elena. Aquí aproveche mi cercanía profesional con la madre, para que ella fuera inflexible con el tema de las comidas, incluso vincularlo con castigos si fuera necesario. En es sentido, le indique a la madre que como prueba de éxito de las terapias, Johanna debería comerse siempre el postre de arroz con leche, el cual ella detestaba por lo viscoso. Sino se lo comía, ella debía ser castigada y comerse otro postre más. También le indique, que una vez que terminará de comérselo, debía pasar los dedos y lambetear la tasa hasta dejarlo bien limpio, fortaleciendo la relación de poder y control. Finalmente, en este proceso le indique a la madre que siempre que terminará le manifestará que era una buena hija e hiciera mimos de efecto. De esta forma, empecé a formar el primer comportamiento de mi pequeña masoquista, el cual es que debe comerse completamente lo que le pidan las personas que la aman, vinculando completamente a una decisión de poder y control de los padres. La segunda acción inmediata que puede lograr, fue el control de sus idas al baño porque debido a la separación y actitudes del padre, ella desarrollo un problema de orinarse en la cama. Como buen psicólogo, rápidamente identifique que era un problema conductual de poner horarios para ir al baño en la noche y en la mañana, y me amañe para que siempre tuviera que pedir permiso al adulto (madre o padre) para ir al baño, como excusa del control de accidentes en la cama. De esta forma, Johanna entendió desde que la entendía en terapia, que debía siempre pedir permiso y tener horarios muy claros para ir hacer del número uno y número dos. Los más importante, es que durante las terapias le fortalecí en su psique que si no tenía el permiso, tendría que aguantar y esperar hasta obtenerlo. De esta forma, reforcé el control del adulto a nivel de esfínteres, muy cercano al primer paso para mi avance sexual.
3. También empecé a que, por su iniciativa y especialmente con su padre, cada vez que cometiera un error debía buscarlo, para contarle su falla y buscar su castigo. Le expliqué que era la acción natural de una buena hija, buscar el castigo de quien la ama. Aquí todo empezó a vincularse como yo quería, porque ella empezó a vincular el dolor del castigo con el afecto de su padre por su posterior remordimiento. Por tanto, ella entendía en su psique que entre más la castigaba su padre era porque más la quería. Claro, como no vivían juntos, ya que la madre y el padre estaban separados, la efectividad de esta técnica fue muy limitada. Sin embargo, cuando en las sesiones yo empecé a tratar de reemplazar a su padre, por transferencia psicológica, comencé a notar mi éxito cuando ella empezó a solicitarme castigos por sus errores y fallas que me comentaba durante las sesiones. Para hacer esto, primero tuve que sortear varias barreras, particularmente generar el concepto de afecto conmigo, porque en principio yo era solo su terapeuta y no un familiar cercano.
4. El punto de lograr que ella misma de autosaboteara, y lograrle la familiaridad del masoquismo fue particularmente difícil. Para esto, me inventé dos partes. La primera, aprovechando que la madre era separada, logre que un amigo (sin nuestros gustos, para evitar competencias con mi presa), tuviera una relación sentimental. También logre venderle la idea a mi amigo, que nunca debería castigar a Johanna porque tenía un padre abusivo y por ende debía era ignorarla porque era muy conflictiva. Después de meses, me di cuenta que ella no se sentía amada, aunque su madre y mi amigo la pasaran muy bien. Posteriormente logre que ellos terminarán de una forma drástica, donde la culpa fue totalmente de mi amigo por infidelidad. De esta forma, Johanna en las terapia logró manifestar la tristeza, abandono y traición, ya que la ignoraban y no tenia esa prueba de afecto que tenía con su padre. Al mismo tiempo, logre venderle la idea en las terapias, que efectivamente solo alguien que la quiere debería castigarla para mimarla. Esta desilusión, fue maravilloso para aumentar su nivel frustración y el concepto de no ser merecedora de una relación sin castigo físico relacionado. La segunda idea, fue hacerle terapias grupales con otros niños que tenían padres separados, donde las escogí con madres que tuvieran parejas nuevas donde lo niños manifestarían como eran completamente disfuncionales. Aquí le introduje el concepto del miedo a cambiar su padre (abusador y golpeador), porque las nuevas relaciones eran completamente difíciles y complicadas . Aunque generé un poco de codependencia con el padre con esta acción, mi intensión fue claramente generarle el miedo a reemplazar al padre castigador por experiencias malas conocidas o mencionadas en los grupo de niños de sus mismas edades. Claro que mi intensión fue reemplazar al padre en la relación afectiva, pero esto me podría tomar un poco de tiempo. Este perfil, de generarle emocionalmente miedo al cambio del abusador fue clave para que Johanna crezca en su codependencia masoquista. La verdad, todavía estoy buscando ideas, para que dicha familiaridad y autosabotaje se fortaleza en su psique, para lo cual el lector puede darme ideas en la sección de comentarios.
5. Por último, para evitar que todas mis acciones de modificación conductual convirtiera a Johanna en un caso clínico serio, insistí a la madre para que tuviéramos tres sesiones a la semana, los días lunes, miércoles y viernes. Con esta terapia, de una hora por sesión, logre controlar la dosis conductual, experiencias y discusiones para que Johanna dosificará todo este mar de sensaciones y frustraciones. Además, logré establecer una relación de amistad profunda con la madre, de tal forma que contará conmigo inclusive en situaciones difíciles y complicadas. Particularmente con el padre, pude estar presente para mediar. Nuestra relación se fortaleció, cuando un fin de semana el padre llego borracho a la casa y maltrato tanto a la madre y la hija. Como la situación estuvo mediada por tragos, incluyó a ambas mujeres y afortunadamente pude asistir a la casa para mediar el problema, con policía y todo. Eso cerro una relación de apoyo con la madre, la cual yo también buscaba por múltiples propósitos de reforzamiento de mi pequeña. También quede como una especie de héroe con Johana, permitiéndome generar la confianza para empezar a reemplazar a su padre en su vida.
Estas modificaciones conductuales mediadas fueron insistentes por dos años, hasta que Johanna entro en la edad de mis compulsiones sexuales, las cuales como les recuerdo son mujeres entre 10 y 14 años. Vi directamente en esos dos años de terapia como Johanna paso a tener un cuerpo muy atractivo, con cabello largo, y unos hermosos senos pequeños, con un derrier redondo y delicioso, para ser una mujer de contextura flaca. A partir de esta edad, ahora tocaba empezar a vincular los cinco gatillos con sensaciones sexuales. Querido lector, les recuerdo que yo no busco un masoquista emocional, por ejemplo, una mujer que le guste ser humillada (como la mayoría de las mujeres que dicen ser masoquistas). Yo buscaba que a mi pequeña hembra le guste el dolor y psicológicamente lo vincule directamente con placer sexual. Para lograr este perfil, hay que incluir en los cinco gatillos las sensaciones sexuales, los cuales implican empezar un contacto sexual controlado con mi presa. Para lograr esto, empecé por transferencia a reemplazar a su padre en toma de decisiones y control de la vida de Johanna, aprovechando la amistad cada vez más profunda con Elena y simultáneamente terapias con su hija Johanna. Para lograr el éxito, logre a través de mis contactos empresariales que el padre cambiará de ciudad por trabajo, generando un gran vacío afectivo en Johanna. Por su puesto, porque ya tenía vinculado durante estos dos años el castigo del padre con su afecto, entonces se generó un gran vacío de sentimientos, que yo podia empezar a llenar con calma. Allí fue cuando intensifique las terapias, cambiando de una hora a dos horas, los mismo días lunes, miércoles y viernes.
Ya con más tiempo por terapia, comencé modificando los gatillos para incluir las sensaciones sexuales simples, digamos inocentes, ya que soy muy consiente que la vida sexual de los jóvenes comienza varios años posteriores a la edad de 10 años. Esta decisión fue porque no quería una masoquista de caso clínico super traumada, sino una hembra que entendiera que su vida debía estar dedicada al placer de su pareja, vinculando el dolor y el amor en dimensiones iguales. De esta forma comencé de la siguiente forma en cada gatillo:
1. Para comenzar a asociar el dolor y el afecto de forma sexual tomé la decisión de empezar a vincular la sexualidad inocente con esos sentimientos, para evitar traumas o que ella se sintiera abusada directamente. Para eso tuve primero que ser exitoso en el reemplazo del padre en su rol de castigo/afecto. Esto lo logré porque después que el padre se fue, ella empezó a tener síntomas de depresión por falta de cariño, para lo cual yo le induje durante las sesiones que yo podría ayudar a reemplazar el cariño perdido por el padre. Ella al principio no le pareció, pero aprovechando la gran amistad con la Elena, su madre, comencé a generarle la confianza para buscar esa relación dual. De hecho, cuando se rompió la primera barrera fue realmente fácil avanzar en este gatillo. La primera vez que lo logré, fue porque ella me comentó en la sesión que le había robado una tarea a una amiga, generándole un gran problema a la amiga. Yo muy «molesto», le dije que eso no se hacía y rápidamente le dije que la castigaría. Ví en ella realmente los ojos entre asustada y expectante. En ese caso, muy seguro de mi mismo, le dije que le daría cinco palmadas duras en la cola como castigo. Ella se levantó y me mostro el derrier para que la palmeara como lo hacía su padre, y allí comencé mi camino de vincular la sexualidad de mi presa. Contrarío a como hacia su padre, le dije que para maximizar su castigo, mi mano debería estar en contacto directo con sus shores durante el castigo, ya que tenía pantalón de deportes del colegio ese día. Ella me miro con susto, pero aprovechando la dinámica de poder y control, le dije imperativamente que se bajara el pantalón, cosa que hizo sin dudarlo. Posteriormente le dije que se colocara boca abajo, en mis piernas y procedía a suavemente calentar mi palma en sus nalgas. También le dije que como procedimiento obligatorio del castigo, ella debía contar cada golpe en retroceso. En el primer golpe, el número cinco, sonó fuerte y atronador a sus oídos. El número cuatro, sonó también fuerte y atronador, con un salto. Ya allí, procedí a suavemente sobar sus nalgas después de cada golpe, diciéndole que la quería y que porque ella me obligaba a castigarla. El número tres, y dos, fortalecía el castigo, generando pequeñas gotas de lágrimas en sus ojos. El último, lo espere con ansias, diciéndole que me mirará mientras la golpeaba. Al final, ligeramente adolorida con lágrimas, me miro como una ratoncita buscando amor con esos ojos azules profundos. Allí la consentí, y le mostré muchísimo cariño, dándole un hermoso beso en la frente y después en la mejilla, la cual recibió con muchas sensaciones encontradas. Mientras le daba esos dos besos, la giré y finalmente pasé lentamente mi mano por sus caderas sobándolas suavemente, y procedí a pasar mi mano por la vagina cubierta por el short por primera vez, generando un sobresalto inesperado. Al final, se subió el pantalón y mostró una alegría inesperada, mostrando que mi primer paso inocente con mi pequeña masoquista estaba resultando sin problemas. Realmente era un comienzo prometedor, pero había mucho trabajo por delante, porque entrenar el perfil que buscaba no era nada fácil.

2. Para empezar a obtener poder y control sexual inocente sobre Johanna, lo primero que hice fue involucrar a su madre, para que con su apoyo inocente de mis dinámicas, me diera el poder que necesitaba sobre Johanna. Esto lo generé en una salida al club el sábado, la cual invité a Elena y a su hija. Durante el almuerzo le pedí a ella directamente una sopa bien viscosa, porque sabía que no le gustaba, y atreves de la madre, ejercí el poder de la obligación de comérselo todo. Allí ella entendió que su madre aceptaba mi liderazgo en la familia, y por ende en su psique entendió que podía también castigarla por mi. Eso sucedió posteriormente durante la tarde, cuando ella hizo una pataleta para salir con unas amigas a la piscina. En esa pataleta, se comportó muy grosera con la madre, y yo en una «arranque de rabia» muy planeada, le di una cachetada por grosera. Ella me miro pasmada, mirando a su madre al mismo tiempo. La madre, sin saberlo por lo ofendida que esta con la hija, acepto de buena manera mi castigo, para lo cual, yo después me mostré muy arrepentido, demostrándole cariño y afecto a mi pequeña. Claro, después del golpe seco que le di en el cachete y los mimos de arrepentimiento, procedí rápidamente a ir al baño, porque no aguantaba la necesidad de eyacular pensando en toda esta situación. Rápidamente logré eyacular, de hecho, un montón, y fui a la cafetería a comprar un arroz con leche para llevarle a Johanna. Como ella no le gustaba, pero ya estaba entrenada por su madre a comérselo, se lo trago de una para no sentir la sensación viscosa, la cual incluía mi eyaculación abundante. La obligue, como la madre sabía que ella tenía que hacerlo, a lambetear el plato con la lengua, demostrando su sumisión a la actividad que no le gustaba. Fue un gusto psicológico tremendo esta acción, porque todo fue enfrente y con aprobación de su madre., quien inocentemente no entendía mis acciones. Ese fin de semana fue maravilloso, porque pude tomar control sobre las actividades de los esfínteres de esta pequeña, porque en frente de la madre ella le pidió si podía ir al baño. Como los lectores saben, desde los 8 años entrene a la familia para tener un control de horario de esta actividad, con la excusa de controlar los accidentes nocturnos en la cama. Cuando ella fue a preguntarle a la madre en la noche fue completamente evasiva, porque yo estaba con ellos en la cafetería previa a irnos a la casa a descansar. Yo rápidamente le dije a la madre, que ella podría preguntarme a mi, aprovechando mi rol de su terapeuta. Ella, le confirmo a Johanna que debía preguntarme a mi, para dar la autorización. Queridos lectores, fue un placer psicológico para mi gigante, cuando ella se acercó a mi oído a preguntarme si podía ir al baño, con toda la pena del caso, porque en la cafetería había más personas. Yo le pregunté al oído, para ejercer mucho más poder, si quería hacer del uno o del dos, poniéndola completamente roja. En ese momento, la tomé de la cara con mis manos, y le insistí, cuando ella me dijo que solo del uno. Entonces, para tomar control, le dije que podía ir, pero que, si tenía ganas del dos, debía volver a preguntarme. Al final, no volvió y posteriormente salimos a la casa de cada uno, a descansar. Finalmente, mi inicio inocente en el poder y control empezó al solicitarle que siempre debía para las terapias venir con cierto código de vestimenta. Los lunes le solicité que siempre debería traer una diadema en el cabello, los miércoles siempre venir en falta, y los viernes siempre traer una gargantilla especial para el cuello. En todos los casos, le induje por primera vez que debía decirle a su madre, que necesitaba que sus pantis debían ser de tipo tanga, porque le generaba muchos salpullidos con la vestimenta del colegio. Le explique que las tangas eran mandatarias porque tenían el potencial de hacerla ver muy bella. Con este comentario, por primera vez ella se sintió alagada y hermosa, razón por la cual le insistí que convenciera a su madre sobre el tema.

3. Culpa inconsciente y expiación de forma sexual inocente lo logré con una idea super loca. En las sesiones logré venderle la idea que podía tener un novio de su edad en el colegio, porque ella me comento de un chico que le gustaba mucho. Al obtener el novio, hice que una de las niñas de su mismo colegio la pusiera celosa, haciendo que ella misma le hiciera una escena completa al chico que le gustara. Eso lo logré porque esa niña también era mi clienta, y la está manipulando para otro perfil. Ella ese día llego llorando a mi terapia, diciéndome que era mala y había cometido un gran error. Entonces, yo me aventuré y le dije que merecía entonces un castigo en consecuencia, para lo cual llorando me dijo que si me ayudaba. Yo con cara de placer de un loco, le dije que para darle un castigo como se merecía, necesitaba darle dos correazos. Ella, ya acostumbrada por su padre, lo acepto. Sin embargo, yo le dije, como en el otro caso, que yo no era su padre, y entonces su castigo debía ser como yo quisiera. Aquí empecé a darle claridad a la psique de Johanna, que yo no reemplazaría a su padre, sino que sería otra cosa más profunda. Ella acepto, y me pregunto como quería castigarla. Como era el miércoles, ella vendría en falda, y como ya había convencido a su madre para las tangas, venía con una tanga negra super hermosa. Entonces, coloqué a Johanna en el sofá, y la puse en cuatro obligándola a levantar la falta. Mi consultorio tiene un espejo especial cerca a este sofá, instalado con muchos años anteriores para lograr ciertos efectos psicológicos. En este caso, ella al verse en el espejo podía monitorear completamente lo que hacía. Saque de mi escritorio un rejo semiflexible de castigo, el cual ella miro asustada, porque pensó que usaría mi correa. Yo le dije, que el castigo era especial porque ella era espacial, colocando primero el rejo en sus labios. Le dije que los sostuviera con los dientes mientras yo me acomodaba, porque claramente se veía el bulto de mi pene en el pantalón. Posteriormente, y antes de darle su primer rejo, saboree con la palma de mi mano sus nalgas, preguntándole porque hacia siempre que la castigará. Después, de darle su primer golpe, sus nalgas verdaderamente quedaron marcadas. Al segundo, lloró del dolor y la satisfacción de haber sido castigada por su error. Posteriormente me acerqué a ella, con mi mano sobándole las nalgas que estaban en contacto directo porque ella tenía tangas, y posterior girándola, subí mi mano suavemente desde su vagina, pasando por sus senos incipientes, hasta su cachete, donde le di un beso super tierno. Una vez terminada el castigo, la obligue a una segunda fase para evitar la competencia, que tiene que ver con obligarla a sabotear su relación con el chico que le gustaba.

4. El ran reto de generar el autosabotaje y familiaridad con mis aproximaciones sexuales inocentes fue verdaderamente dificil. Este gatillo me ha hecho pensar mucho, que verdaderamente no conozco la naturaleza de las pequeñas como quisiera. La parte fácil, fue generar la familiaridad, porque use de forma indirecta a su madre con las salidas de los fines de semana. Cada fin de semana, terminaba controlando algunos de sus castigos, porque su madre estaba agotada de la personalidad conflictiva de su hija. Yo, con autorización y en frente de Elena, logré que entendiera que era normal que yo ahora la castigara, le diera pequeños besos en la frente y mejillas después de los castigos por mi remordimiento. Con esto, mis aproximaciones ya no tenían la prevención de la niña y la madre ya tenía conocimiento de mis actividades, asumiendo erróneamente que actuaba como su padre. El autosabotaje fue un tema muy difícil, pero lo se me ocurrió que obligarla a terminar con el chico que le gustaba, era una forma de que entendiera que nadie podría entenderla. Así, y con ayuda de los celos, logré que ella terminará con el chico que tanto le gustaba. Esas semanas fue de gran placer para mi, porque siempre que se sentía culpable logre que ella buscará un castigo conmigo. De verdad necesitaba pasara la fase tres, porque mi pena se moría de ganas de saborear a esa pequeña por sus tres huecos.

5. Por último, estuve super pendiente que mis castigo y acercamientos sexuales inocentes, que de verdad ya no lo eran tanto, no fueran a traumatizarla de forma clínica. Para afianzar este tema, vincule a Johanna con terapias grupales con otras niñas de 5 a 7 años que fueron abusadas sexualmente por adultos de forma bruta, para que en su psique entendiera que mis acercamientos eran correctivos como un padre, pero con castigos diferentes y sin malas intenciones. También estuve muy pendiente de sus amigos y amigas, para mirar cómo eran las dinámicas con su pares. No quería que por ahí un compañero se me metiera en mi plan, sin tener control de la situación. Para asegurarme, logré que su colegio me contratará como psicólogo a tiempo parcial, lo cual me permitió monitorear inclusive a sus profesores, ya que temía no solo que identificaran mis patrones, sino que alguno fuera abusar de mi pequeña sin mi autorización.

Queridos lectores. Honestamente, desde que le pregunté durante sus tres castigos porque me hacia castigarla, sentí que el proceso de modificación conductual estaba funcionando muy bien, porque ella me respondió en todos los casos porque yo verdaderamente la quería. Esas veces, la primera con el castigo en mi oficina, la segunda con la cachetada en frente de la mama, y la tercera los latigazos por celos, al recordarlo casi que eyaculo en el pantalón. Moria de ganas de pasar a la tercera fase de mi proyecto, pero tenía que continuar al menos por seis meses con estas aproximaciones inocentes, para que se acostumbrará a mi contacto físico vinculados a mis castigos, y porque no, reconocimiento de sus pequeñas carnes. Sin embargo, moría de ganas de empezar a saborear sensaciones más directas en sus órganos sexuales, para los cuales me puse la meta de sus pequeños pezones, el clítoris incipiente y ese ano que después les contaré como ya lo tenía razonablemente entrenado solo con mis prácticas «inocentes».
Les comentaré en otra ocasión, como continúe con este proyecto ya en su segunda fase (la actual, inocente), y como pase a la tercera fase, que ya fue no tan inocente, pero sin connotación sexual todavía.
Queridos lectores, me gustaría que me ayudaran con ideas prácticas y en esta escalada de modificación psico sexuales, particularmente en la dimensión de como generar el gatillo de autosabotaje en ella. Realmente, sino logro inducirle que yo solo puedo satisfacerla, me temo que otra persona me la pueda robar, aprovechado ya todo lo entrenado conmigo. Estoy siempre pendiente, pero una buena hembra masoquista solo debe pensar en satisfacer a su señor y no ser influenciada por terceros. Espero sus comentarios, tanto en ese gatillo tan problemático, como en los otros cuatro.
Con abrazos,
cazadordelulu

8 Lecturas/20 junio, 2026/0 Comentarios/por cazadordelulu
Etiquetas: amigos, colegio, infidelidad, madre, mama, mayor, padre, sexo
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