Devota y Casada
Como descubri realmente la sexualidad.
Soy Devota, casada e infiel
Hola me llamo Catheryn, es mi nombre real, pero soy mexicana de algún lugar del Bajío. Soy una chica normal de la región de México y como todas tenemos ciertos atractivos, en lo personal siempre he destacado por tener muuuucha pompa (o sea trasero) y lindas piernas, soy de piel morena y un rostro algo infantil, pero ojos muy expresivos.
Soy de una familia muy católica, desde la escuela hasta hacer mandas y estar en muchos eventos de la Iglesia. Dentro de las labores que hacemos de parte de la iglesia, conocí a un señor maduro en sus 49 años, yo tenía 34 cuando lo conocí. Era separado, casi ateo pero aprovechaba los servicios sociales que brindamos. El caso es que un día fui a leer la biblia con él, pero esa vez el fue muy galante conmigo y aunque hablamos de religión el me coquetaba mucho y me atendía en su casa como una princesa. El hombre me gustaba, pero yo soy casada y eso me conflictuaba, y sin darme cuenta me enamoré de él, por lo que iba con mas frecuencia a su casa a “leer la biblia” hasta que en una ocasión pasó que nos besamos y no tuvimos sexo, pero casi. Me manoseó toda, desde mi cabello, mis senos, mis piernas, poco le falto para meterme los dedos. Yo me sentí muy deseada, cosa que no pasaba con mi esposo.
Él se llama Francisco, siempre lo llamaba Don Francisco. Moreno, más alto que yo como 176, delgado de espalda ancha y buen físico por el trabajo, con una voz grave y varonil, pero de un trato amable, de barba cuidada.
Yo no sabia que hacer en ese momento, lo disfruté mientras duro, y antes de que me dejara completamente desnuda lo detuve y le pedí un café. No quería irme, pero quería detener la situación. El muy amable fue a su cocina y me preparó un café, tardo unos minutos, en los que supongo él se recompuso y yo igual. Ese día seguimos como si nada, ya no mencioné el tema, terminé mi café y me retiré. No fui a visitarlo por dos semanas, cuando lo visitaba dos o hasta tres veces por semana.
Pensaba lo que había pasado, también su caballerosidad, nunca me forzo a nada, pero a la vez pensaba en todas las situaciones que tendría, y el pecado.
Cuando fui nuevamente el me recibió normal, me invito te o algo de tomar y sin razonar, tan pronto como cerró la puerta me abalance en sus brazos, me deje llevar.
Sus labios bebían de mi, tomaba mi cuerpo y lo besaba entero y con mucha pasión. Soy muy pudorosa para que me vean desnuda o traje de baño, pero él en 5 minutos me tenía sobre su mesa, completamente desnuda disfrutando de sus caricias, cuando siento su poderoso miembro rozando mi pubis. Mi instinto me pedía parar, pero mi deseo era sentir el paquete completo del pecado, ya no había marcha atrás.
Yo misma deslice mi cuerpo acercando mi pubis, haciendo presión, pidiendo sin palabras su penetración. Él no dudo y empujo poco a poco, dejándome sentir todo su deseo y ese placer sexual que siempre me prohibieron disfrutar. No me robo mi virginidad carnal, pero sentí que por primera vez un hombre me penetraba.
Sus movimientos tomaban ritmo, yo lo abrazaba sobre mi, quería sentir mas, no solo su miembro, sino ser su hembra, hasta sentí que lo amaba. Me tomo de pie, y me penetraba como si fuera una muñeca que levantaba en sus brazos a su placer, y yo sometida a ese hombre. Luego me acomodó en el sofa donde siempre teníamos nuestras pláticas religiosas y terminó dentro de mí, fue delicioso sentir el calor cuando eyaculó, sentí que cumplí por primera vez mi rol de mujer.
Ese día pasé con el más de dos horas, aunque solo tuvimos sexo como 45 minutos (mucho más de lo que yo acostumbraba). Después de bañarnos y besarnos como novios, nos sentamos a platicar, mientras el plácidamente se bebía una copa de whiskey, cosa que me gustó, pues nunca lo había visto beber, y le daba un toque sofisticado.
Me confeso su deseo por mi, pero también mis límites, y me prometió que él nunca diría nada sobre nosotros, prometió guardar siempre el secreto. Así que se me ocurrió visitarlo a veces sola y a veces acompañada, lo cual era normal, por lo que me hice acompañar de una señora respetada en nuestra comunidad, Malena, una mujer viuda de 59 años que predicaba muy bien la palabra. Así nadie sospecharía que mis visitas a solas serían sesiones sexuales con don Francisco.
Viví casi dos años siendo infiel con él, hasta que se derrumbo mi ilusión. Un día que pelee con mi esposo fui a buscar refugio a sus brazos, y cuando estoy a punto de llamar a su puerta veo a Malena saliendo de su casa, ambas nos saludamos y aunque sentí algo de tensión insisti en entrar a casa de Francisco y encontré un par de copas de vino tinto. Ella ya se había ido.
Ese día me entere que nos cogía a las dos, por eso no me buscaba o se negaba, además que con el tiempo supe que también se cogía a dos hermanas de esas mormonas que resultaron muy putas, como yo aunque me duela aceptarlo.
Debo decir que ese diablo de Francisco tenia habilidad con las mujeres, todas eramos hermosas, o eso quiero pensar, porque Malena a pesar de ser vieja, conserva mucho su feminidad, senos generosos y lindas piernas, morena como yo, y las mormonas ambas eran muy lindas jóvenes, de piel blanca delgaditas.
Él era un hombre que disfrutaba de su discreción y de mujeres recatadas, pues siempre eramos calladas, sumisas como nos forma la iglesia.
Seguí unos meses con don Francisco, por placer, por tonta, por no sentirme sola, no lo sé, pero sabía ya de sus aventuras, y aunque sigo en contacto con él, ya no cogemos.
Ahora encontré un amante mucho más cerca y fiel. Mi esposo no sospecha nada, cogemos una o dos veces al mes, pero yo descubrí que el sexo es de las mejores cosas en la vida, y no dejaría de hacerlo con otros hombres, pero ahora yo los escojo y siempre como una devota de la iglesia.


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