EL SEÑOR BALTAZAR y Sus dos Putas Hija y Madre: Parte 3
Una historia de cómo un viejo las convierte a Dos hermosas mujeres tanto hija como madre en putas en la cara del cornudo que era el padre y esposo..
CAPÍTULO 3: su primera vez
Ricardo habia trazado un plan que consistía en dejar la ventana abierta para que el se pudiera meter cuando Baltzar fuera ala cocina y asi el pudiera ver de cerca la escena que se iba a desarollar. Asi que ni bien llego del trabajo tomo a Lucia y lo llevo donde baltazar. Lucia contenta y emocionada dijo:
-Si vamos ala casa de Tio baltazar ya quiero jugar con él
Toco el timbre y baltazar salió. Y les recibió amablemente como de costumbre. Salto en sus brazos abrazarlo y Baltazar le dijo que fuera a jugar con los jueguetes nuevos que le habia comprado. Lucia contenta fue a jugar con los juguetes y los dos se sentaron y Baltazar le ofrecio algo de bebe a Ricardo y Ricardo le pidio un vaso de agua y en ese momento cuando baltazar fue ala cocina, Ricardo se paro rápidamente y fue a abrir la ventana. Y volvio a sentarse y cuando llego Baltazar, Ricardo le dijo:
-Me acaban de llamar del trabajo y me pidieron que vuelva alli a resolver unos asuntos graves que sucedieron y que le dejaria a la nena varias horas.
Baltazar con una sonrisa de oreja a oreja lamiendose los labios dijo:
-encantando yo me quedo a cuidar de Lucia ve a resolver ese problema grave .
Ricardo subio a su coche y fingio que se estaba llendo al trabajo pero dos cuadras mas adelante dio la vuelta y regreso a su casa y metio el carro en el garage. Y fue rápidamente donde la casa de Baltazar. Y vio por la ventana que ellos no se encontraban en la sala . Asi que de manera silencioso se metio ala casa. Con el corazon a mil por si le descubren. Y en eso nota unas voces del cuarto de baltazar.
—Ahora sí —dijo el viejo—. Empuja tú un poquito hacia mí.
Y empujó.
Al principio no pasaba nada. La punta se hundía un poco y se salía. El viejo volvía a probar, con calma, moviendo las caderas despacio. Y de pronto, en una de esas, Lucía sintió que algo cedía dentro de ella, y la punta entró. Y luego entró un poco más. Y luego un poco más.
—Ay —dijo la nena.
—Ya está —dijo el viejo—. Ya está dentro.
Pero no estaba dentro del todo. Solo la cabeza. Y Lucía lo miraba con los ojos muy abiertos, sintiendo cómo se le estiraba todo ahí abajo, esa sensación rarísima de estar llena de algo que no debería caber.
—¿Duele?
—Poquito.
—¿Paro?
—No —dijo la nena.
Y el viejo siguió empujando, muy despacio, y cada centímetro que entraba a Lucía se le escapaba un sonidito, y el viejo le hablaba bajito a la oreja, «muy bien, princesa, muy bien, eres una campeona», y le acariciaba el pelo, y le lamía el cuello, y así, poco a poco, en un par de minutos, ya tenia casi todo la polla dentro.
Cuando ya no entraba más, Baltasar se quedó quieto.
—Ya está —dijo—. Casi Toda dentro.
Lucía respiró. Le temblaban un poco las piernas.
—duele —dijo.
—Tranquila pronto ese dolor se transformara en placer.
Y empezó a moverse. Despacito. Para dentro y para fuera, solo un poquito, sin salir del todo. Y la nena, que al principio tenía la cara apretada, fue aflojando. Y a los pocos empujones ya no le dolía. Y a los pocos más empezó a gustarle. Y a los pocos más, sin que nadie se lo pidiera, le levantó las rodillas y se agarró a la barriga del viejo, y el viejo lo notó y sonrió.
—Ahí —dijo—. Ahí está.
Y le metió la mano por debajo, entre los dos cuerpos, y le buscó el botoncito con el pulgar, y le frotó despacio mientras seguía moviéndose dentro de ella.
Lucía se puso rígida de golpe.
—Ay, ay, ay —dijo, y se le escapó una risita, y luego otra, y luego se le cortó la respiración y se le apretó todo ahí abajo alrededor de la polla del viejo, y se estremeció entera, de la cabeza a los pies, y se quedó floja, con los ojos cerrados, jadeando.
Baltasar no paró. Siguió moviéndose, más rápido ahora, con la barriga aplastándole el vientre y las pelotas golpeándole el culito, y la cama crujía, y el viejo gruñía bajito, y Lucía, debajo, con la carita colorada y el pelo pegado a la frente, ya no pensaba en nada. Soltaba pequeños gemidos ahogados.
Y al final el viejo se hundió hasta el fondo, se quedó quieto, y se estremeció con un gruñido largo. Y Lucía lo sintió llenarse por dentro, algo caliente, y se rió.
—¿Qué te ríes?
—Que estás temblando —dijo la nena.
—Claro que tiemblo —dijo el viejo, y se dejó caer un poco sobre ella, con cuidado—. Tú me has dejado temblando.
Se quedaron así un rato. El viejo dentro, ella debajo, los dos sudando.
Después Baltasar se levantó, sacó un pañuelo, la limpió con cuidado, y luego la puso en 4 . Y procedio con el segundo round. Ricardo mirando la escena comenzo a jalarsela duro . Ya se habia corrido 5 veces viendo la escena y Baltazar comenzo otra vez a empujar.
-ay ay ay que rico decia lucia.
-*Tas una nalga sono . *Tas *Tas comenzo a nalguear ese pequeño culo con sus enormes mano y con la otra le sujeto del pelo y comenzo a jalarselo. El culo estaba casi rojo.
Pero a lucia en vez de molestarle gemia con mas fuerza como toda una puta.
-Ayyy! Que rico mas!
Y vino la segunda corrida. Semen comenzo a correr entre las piernas de Lucía. Pese a su vieja edad . Baltazar seguia dando grandes cantidades de semen como todo un toro semental.
Y asi estuvieron cambiando de poses y con cada cambio poco a poco la enorme verga de Baltazar comenzaba a entrar toda. Y asi estuvieron como perros en celos varias horas. Todo su cuerpo estaba empapado de sudor. Hasta que Baltazar despues de la 5 corrida no pudo más. Y decidio terminar el encuentro. La vagina de Lucia parecia como unos labios lleno de crema blanca y sus piernas estaban empapadas de orina con semen. Y el cochon estaba mojado de esta orina. Trajo unos pañuelos y procedio a limpiarla y luego la vistio.
—Ahora escucha —le dijo, agachándose hasta quedar a su altura—. Esto es un secreto.
—¿Un secreto?
—Un secreto de los dos. ¿Tú le vas a contar a papá?
Lucía pensó un segundo.
—No —dijo.
—Buena nena —dijo el viejo, y le dio un beso en la boca.
Mientras tanto Ricardo ya iba en su 25 corrida . Ya que como beta que era no duraba mucho y se corria al instante y viendo que la escena acabo limpio sus pantalones y el suelo donde habia derramado su semen y salio despavorido del lugar .
Cuando Ricardo llegó a buscarla , la nena salió a la puerta y le dijo «hola, papá» con una vocecita más suave de lo normal. Tenía el pelo revuelto, las mejillas coloradas y el vestido arrugado. Y le brillaban los ojos.
Y detrás, en el marco de la puerta, apareció Baltasar.
La camisa medio fuera del pantalón, mal abrochada, un botón en el sitio equivocado. El pelo aplastado de un lado. Una gota de sudor en la frente. El cuello de la camisa húmedo.
—¡Ricardo! —dijo el viejo, tan tranquilo—. Pasa, hombre.
—No, si ya nos vamos —dijo Ricardo—. ¿Qué tal? ¿Bien?
—Bien, bien. Tranquilitos. Hemos jugado mucho al policia y al ladrón
Ricardo miró a la nena. La nena miró al viejo. El viejo miró a Ricardo.
—¿Todo bien, Lucía? —preguntó Ricardo.
—Sí, papá.
Y nada más.
En el coche, Ricardo no pudo aguantarse.
—¿Y el tío Balta qué tal?
—Bien.
—¿Hacéis muchas cosas?
—Sí.
—¿Y qué cosas?
—Cosas —dijo la nena, encogiéndose de hombros.
Y se quedó mirando por la ventanilla, con una sonrisita que Ricardo no le había visto nunca.
Al llegar a casa. Lucia se cambio de ropa interior y se puso . Cuando ricardo fue a ver la ropa interior de su hija estaba lleno de semen . Le guardo para que su esposa no lo viera . Y con eso se procedio a jalarsela mas en el baño recordando aquel escena. Como ese toro enorme se follaba a esa pequeña perrita como algo tan grande cavia en algo tan pequeño. Su piernas no podian mas de Ricardo a penas podia pararse de tanto jalarsela . Se lavo y cuando llego su esposa se pusieron a cenar y luego los 3 se fueron a dormir.

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