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Dominación Mujeres, Heterosexual, Incestos en Familia

Estando borracha, me cogí a mi primo y lo deje seco

Mi nombre es Marta. La familia y amigos me dicen Tita, que viene de Martita. Estoy acostada en la cama ahora, con las piernas bien abiertas. Estoy comenzando con dos dedos dentro metidos en la concha, empujando fuerte. Asi es como empiezo, luego sumo un tercero, y un cuarto para tratando de sentir e.
Mi nombre es Marta. La familia y amigos me dicen Tita, que viene de Martita.
Estoy acostada en la cama ahora, con las piernas bien abiertas. Estoy comenzando con dos dedos dentro metidos en la concha, empujando fuerte.
Asi es como empiezo, luego sumo un tercero, y un cuarto para tratando de sentir ese estiramiento brusco otra vez. Me duele cuando los meto así tan rápido, pero quiero recordarlo. Ese dolor accidental que me marcó.

Tenía 24 años y estaba muy alzada, con unas ganas locas de experimentar todo. Había dejado la iglesia evangélica, había dejado las reglas, y solo quería sentir cosas nuevas. Alcohol, baile, y sobre todo una buena pija.
Mi familia siempre fue de ir a la iglesia, menos mi viejo. Mi viejo era un borracho, pero yo lo amaba.

En aquel tiempo, paso lo que tenia que pasar: en una pelea en un bar, a mi viejo lo apuñalaron.

Aun lo extraño. Asi que a mis 24 años, no lo supe manejar, me pelee con mi vieja y mis hermanas, deje la iglesia.
No recuerdo mucho del antes de esa noche, pero si que solía ir a un viejo galpón de colectivos, en el que un viejo que trabajaba de sereno, me dejaba usar su baño.
Era amable y nunca intento nada conmigo, pero me echaba enseguida para no tener problemas.

 

Y una noche de esas lo vi, era mi primo Matias.

Ya nos habíamos visto varias veces en algún cumpleaños familiar pero en ese tiempo, estábamos alejados.

No sé si me habrá reconocido, pero me dio algo de vergüenza el que me vea en ese estado y fingí no conocerlo.
Use el baño y me retire como tantas veces antes.

La segunda vez, un par de noches después, volví. Ahí me entere de que estaba por reemplazar al viejo sereno del lugar.

Lo mismo de siempre, baño y a la calle. Pero además, esa noche estaba bastante caliente. venia acumulando ganas de coger, y estaba cansada de los boludos de siempre.

Encima uno me quiso hacer el culo y me dolió. Nunca más con esos forros.

 

A la semana siguiente, otra vez anduve por el lugar. Venia acumulando ganas y además me entro a calentar mucho la idea de que sea mi primo quien me coja. Ya no tenia que seguir las mierdas morales de la iglesia, asi que me sentía libre de experimentar, pero el viejo de mierda… solo pude darle unas miradas coquetas a mi primo, e irme.
Por cierto, que mi primo es 4 años menor que yo. Estaba en sus 20, y según supe, solterito.

 

Estuve acosando el lugar otro par de días, pero siempre estaba el viejo.

Y finalmente, fue un día en que el viejo choto no estaba.

Camine nerviosa y caliente a la pequeña oficinita, y salude a mi primo, a quien seguía fingiendo no conocer.

Me permitió pasar al baño, y al salir, le pedí si me podía quedar un rato ya que afuera estaba fresco y acepto sin problemas.

 

­— El viejo de siempre no me deja quedarme.

— Si, lo sé, es demasiado recatado, pero no hay problema, aca no viene ni el loro, estamos alejados de la ciudad y los barrios y ni siquiera tenemos teléfono.

 

Era finales de los 90 y no había cámaras de seguridad ni nada de eso. Ni la policía nadaba cerca por esos lados.

Le busque charla casual, jamás mencionamos que éramos primos. Si me reconoció o no, jamás lo supe.

Mi conchita ya no daba mas. Si fuera de las que se mojan, mi sapo habría estado inundando el piso.

Le pedí permiso para pasar al baño una vez mas y ahí, en ese baño diminuto, me baje los calzones. Mi nalgas gorditas se pusieron algo rojas con el roce de la ropa interior ajustada. No era de encaje ni nada de eso.
Además, como esa noche quería ir con todo, también tenia varias copas encima, asi que estaba algo atolondrada.

Sali con los calzones en la mano, pero mi primo no los noto.

Asi que descaradamente me senté en sus piernas.

Se sorprendió un poco, abrió los ojos enormes, mientras le decía bien caliente:

— Adivina que no tengo debajo de la pollera— mientras le mostraba mis calzones rosados.

Pude sentir su bulto casi enseguida. Uno grande.

Me levante de encima suyo y me subí un poco la pollera para poder montarme encima.

Él apagó la luz principal. Solo quedó una lamparita tenue, y después se bajó los pantalones, dejando ver una pija casi monstruosa.

Agarré esa verga gruesa y la froté contra mi sapo peludo. Ya estaba caliente y algo mojada. Me fui bajando despacio… pero era muy gruesa. Cuando llevaba la mitad, bajé con más peso y sentí un dolor fuerte, como un tirón adentro.

—¡Aaaahh! ¡Hijo de puta! —grité y me quedé quieta de golpe, con la verga clavada a la mitad.

Me ardía. Sentía como si me hubiera estirado algo de golpe. Respiré agitada, con la cara contra su cuello. Esperé unos segundos hasta que el dolor bajó un poco, y seguí bajando más lento. Gemí fuerte cuando la tuve toda adentro.

Empecé a moverme. Subía y bajaba. Cada tanto, si bajaba demasiado fuerte o rápido, volvía a sentir ese dolor agudo.

—¡Ahh! ¡Mierda…! —me quejaba, frenando de golpe, apretando los dientes.

Después del dolor venía una oleada de calor y seguía moviéndome.

Podia sentir como mis labios peludos abrazaban su verga y le pelaban el prepucio. Ese glande enrome y rojo me entraba lentamente.
No estabamos muy mojados, la verdad, y el roce al inicio se sentía rico, pero si apresurábamos el ritmo, a ambos nos dolia.
Me sali de encima, suyo, junte saliva en mi boca y le escupí la pija. Luego me escupí la mano, me la pasé por la concha, y luego por todo el largo de su verga que a duras penas abarcaba con mi mano.

Luego me la volvi a meter, deslizándose mas suave, pero igual de gruesa, estirándome toda. Nunca había sentido una pija asi y nunca la volvi a sentir, ni siquiera con mi marido.

Le metí la lengua en la boca, besándolo con ganas, saliva y todo. Me saqué las tetas y se las puse en la cara para que me las chupara. Él las mamaba fuerte mientras yo seguía cabalgándolo.

Seguiamos algo secos, asi que me volvi a separar, me paré, me senté en el escritorio con las piernas abiertas y le agarre la cabeza.

—Chupame la concha… lameme toda.

Le apreté la cara contra mi sapo peludo. Él lamía y chupaba. Yo movía la cadera contra su boca, gimiendo cada vez más fuerte, hasta que me corrí temblando.
—¡Ayyy! ¡La concha de mi madre! ¡Si, puto… aaargghh! — le dije mientras mis jugos invadían su boca.

Volvmos a la silla, y me sente encima. Agarré la verga y me la metí otra vez. Bajé con todo el peso y otra vez sentí ese dolor fuerte cuando entró de golpe, producto de estar mejor lubricada.

—¡Ayyy! ¡La puta madre! —grité, quedándome quieta un momento, respirando fuerte.

Me ardía adentro. Sentía como si me hubiera hecho un pequeño desgarro. Pero estaba tan caliente que, después de unos segundos, empecé a moverme de nuevo, cada vez más rápido.

Saltaba encima de él. Mis tetas le golpeaban la cara. Cada vez que bajaba fuerte sentía dolor, me quejaba, puteaba bajito, frenaba un segundo y seguía. La oficina empezó a oler a concha y a sexo.

Sus manos grandes no le alcanzaban a manosear mis nalgas gorditas y flácidas.
El sudor nos corría a los dos.

Se corrió por primera vez adentro mío. Sentí varios chorros calientes llenándome. Me molesté un poco:

—Aún no acabes, hijo de puta…

Pero seguí moviéndome igual.

Mi primito parecía un poco incomodo, pero yo estaba recaliente con semejante pija dentro.

 

Al poco rato, parecido recuperar fuerzas y continuamos cogiendo.
Paramos un poco, para cambiar de posición.
Me puse agachada sobre el escritorio, ofreciéndole mi orto.

Mi primo abrió mis nalgas gordas y entro de nuevo en mi. Yo ni bien sentí su glande entre mis labios peludos, empuje hacia atrás.

Mis nalgas temblaban mientras me penetraba desde atrás. A veces entraba demasiado profundo y el glande le pegaba fuerte contra mi cervix. Era un dolorcito punzante.

—¡Ahh! ¡Cuidado, carajo! —me quejaba, pero seguía empujando el culo hacia atrás.

Mi ano todo sudado y abierto, se contraía solo con cada embestida, como pidiendo algo que sabía que nunca iba a pasar. Con lo gruesa que era su verga para mi concha, mi orto virgen jamás hubiera aguantado. Aun asi podía sentir como mi esfínter se abría y se cerraba, como las gotas de sudor, y las de mi primito, caían y me entraban en el orto.

 

Volvió a acabarme dentro, a llenarmeeeaaaaaaha…. si…hijo de puta…!!!!

 

Perdón, de solo recordarlo, acabo de acabar muy rico. Espero mis hijos no me hayan escuchado.

 

Hablando de hijos.

Esa noche cogimos como animales, carne contra carne, sin forro, y él acabando tanta leche adentro… con la cantidad de veces que me llenó esa noche, estoy casi segura de que mi primer hijo es suyo. Es imposible que con tanto semen adentro no me haya preñado. Y es que 9 meses después, ya estaba pariendo a mi primer hijo.

Le puse Matias, como mi primo.
El solo pensar de que mi primo me dio tanta de su leche y me dejo bien preñada, me pone mas puta.
Ya en ese momento la idea de quedar preñada paso por mi mente. Me sentí en peligro, nerviosa, preocupada, pero todo eso se transformo en mas calentura. Sin dejarlo descansar mucho, me volví a montar encima suyo y seguí exprimiéndolo.

Mas encima cada vez que pensaba que éramos primos, parientes, mas caliente y puta me volvía.

 

Cuando tenía más de la mitad adentro, bajé con más peso y sentí otro dolor fuerte, como otro desgarro.

—¡Aaaayyy! —grité y me quedé quieta de golpe, respirando agitada.

Me ardía. me quemaba, y al mismo tiempo me calentaba. Frenaba un poco, y luego seguía como toda una puta.

Mi pobre primito hacia lo que podía. Tenía la pija dura, grande, pero estaba delicado.

Aflojé el ritmo y le di teta de nuevo.

Se comporto como todo un bebe, chupando mis tetas, bebiéndose mi sudor como si fuera mi leche materna, mientras yo le acariciaba el pelo.

En esa postura tan tierna, sentí como acabo de nuevo, y como le salió el grito ahogado de placer.

Lo mire a los ojos, como una madre, recordando cada facción, cada gesto de placer de su carita tierna. Mi dulce primito.

Me salí de encima suyo, y bajé a chuparle la verga. No me la iba a perder después de todo.

Pero me fue mal. Tremendo monstruo no me entraba en la boca. A duras penas logre chuparle la punta. Le lamí los restos de semen que tenía, mezclado con el sabor de mi sapo.

 

Me frustro tanto el no poder meterte esa hermosa pija en la boca que me monte enojada encima de él, y lo viole, me lo cogí duro.
Gimió un poco de dolor, y a mi también me dolió la concha, aunque menos por que ahora ya la tenía algo flácida.
Busque su boca y comencé a besarlo de nuevo, beso de primos calientes, con mucha saliva, lengua y vergüenza familiar.

Mis caderas se movían sin control, con mi culo, mis nalgas gordas golpeando sus piernas y cadera.

El típico sonido de cachetazos invadió la oficinita, junto al olor fuerte de sexo sucio e incestuoso.

 

Le di tan duro con mi concha que lo podía oír quejarse. Su verga se puso dura de nuevo, casi contra su voluntad.

Podía escucharlo por lo bajo pidiéndome que pare, pero yo estaba descontrolada, caliente, alzada, hecha una puta incestuosa total. Quería su leche.

 

La silla golpeaba contra la pared, lo cual hacia bailar un poco la luz tenue de la oficina.

Mis olores a puta alzada, sumado a mis gritos de pequeños dolores y mis gemidos de placer, llenaban la oficinita.

Creo que incluso mi primito se desmayó. No me importo, yo seguía. La concha me ardía, me quemaba, sentía como mis labios peludos rozaban y apretaban el tronco de la pija gruesa de mi primo.
Yo estaba loca.

Como si se despertara en animal en él, mi primo me agarro con fuerza del culo, de mis nalgas gordas y me las apretó fuerte, dejando sus manos bien marcadas. Y así como me agarro, comenzó a moverme arriba y abajo, acompañando la penetración intensa.

Cuando se corrió por última vez, solté un gemido largo y me corrí fuerte con él.

—Aaaahhh… ¡hijo de puta…!
Aaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaahh… primoooo….!!!

Perdon, volvi a correrme rico mientras relato esto.

 

El hijo de puta me inundo la concha con su leche.

Si antes quedabas alguna duda de que me podría embarazar, ahora se fueron.

Mierda espero que esta vez no me hayan escuchado.
Y me entraron unas ganas de ser madre de nuevo, de que mi primo me vuelva a llenar la concha de leche… quiero otro hijo producto del incesto.

Una vez exprimí la ultima gota de leche de mi primo, me fui al baño, me acomodé un poco, y me fui de ahí mientras mi pobre primito Matias estaba desparramado en la silla, con los pantalones abajo y la verga flácida.

 

La oficinita quedo oliendo a sexo fuerte, intenso.

Y en el camino, pude sentir como la leche de mi primo me escurría del sapo, y me recorría las piernas.

 

Nunca supe si mi primo fue consciente de que cometimos el mejor sexo incestuoso, o si siempre me tuvo como una mina extraña que una noche lo dejo seco. Nos hemos visto, si, pro nunca surgió el tema.

Solo cada tanto, cuando mi marido esta de viaje, tiendo a recordar esa noche que mi primo me marco con su leche y dolor de pija grande.

Les dejo de regalo, una foto de mi zorrita, la misma que el pija grande de mi primo me rompio.

3 Lecturas/11 junio, 2026/0 Comentarios/por Anonimo
Etiquetas: amigos, cumpleaños, hijo, incesto, madre, primito, primos, sexo
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