Ex Suegra
Algo que nunca volverá a pasar .
Capítulo: El viaje y la ex suegra
Hace 10 años tuve una relación con una mujer con la cual no progresó mucho y de eso salió una hija que en el momento tiene 10 años. Hace un año pasado le dije yo a la exmujer —o a la ex suegra— que me había ganado un paseo y quisiera que me dejara llevar la niña al paseo a la costa. Ella me hizo una serie de preguntas y me preguntó que con quién iba a ir. Yo le aclaré que iba a ir con mi mamá y mi hermano. Ella me dijo que desconfiaba mucho de esos paseos porque eran viajes largos. Yo le dije que tenía cupo para alguien más y que si le decía a alguien familiar que nos acompañara, ya sea a la mamá o al papá de ella, o sea, los ex suegros. Ella me dice y me confirma que va a ir su mamá, la ex suegra.
Bueno, viajamos a la ciudad de Bogotá, cogimos el avión que iba para San Andrés Islas. Cabe recalcar que la mamá de mi ex suegra es una mujer que tiene un cuerpo muy bello, a pesar de sus 52 años, y es un poco reservada, ya que siempre ha vivido la mayor parte del tiempo en el campo.
El primer día nos instalamos; yo cogí la habitación principal, y mi mamá, mi hermano, mi ex suegra y mi hija cogieron la habitación secundaria, que es la que tenía camarotes. Salimos a dar un paseo por la isla, ya que éramos en San Andrés y Providencia, y salimos después a un barcito. Obviamente yo no podía tomar porque estaba con mi hija, pero mi mamá y mi hermano sí tomaron; mi ex suegra no toma porque ella es una mujer muy reservada y además creo que asistía a la iglesia. Eso pasó el primer día.
El segundo día nos acompañó a las actividades que teníamos que hacer, a la playa; fuimos todos. En un momento u otro determinado nos desviamos un poquito con la suegra y empezamos a hablar. Yo le pregunté sobre un tema que había pasado hace un tiempo, porque ella se había separado de mi suegro y se había ido a vivir con otro hombre, pero que duró muy tiempo la relación; literalmente le fue infiel a mi suegro. Me dijo que es que el detalle era de que los hombres reservados son del campo y además se entregan mucho a la iglesia, y ya estaba aburrida de ese tema, pero pues el otro hombre le dio mala vida y el suegro la volvió a recibir. Entonces hablamos, discutimos, empezamos a dialogar lo que había pasado con la hija y en eso quedamos.
Nos reencontramos con mi mamá, mi hermano y mi hija y nos fuimos para el hotel. Dijimos que nos íbamos a alistar, entonces en eso teníamos un evento que era algo para adultos, pero no teníamos con quién viajar a la niña. Entonces mi mamá, mi hermano y mi hija, pues mi mamá tomó la decisión de llevárselos a eso de las 6:00 de la tarde a dar una vuelta y me quedé yo solo con mi suegra, mi ex suegra.
Hablamos, nos dialogamos; en un momento u otro determinado yo pasé por la pieza de ellos y la vi en ropa interior, tenía unos cacheteros encajados. Es una mujer que tiene una cola grande, un cuerpo bueno, pero pues tiene un poquito de ceño. Yo le dije: «Uy, suegra, a pesar de eso, su ex suegra, a pesar de eso, usted todavía conserva esa figura», y me dijo: «Váyase, váyase». Bueno, en fin, mi mamá llegó con mi hija y mi hermano, y dijo que no iba a asistir al evento porque se encontraba cansada; entonces yo le dije a mi hermano y a mi ex suegra que fuéramos, que aprovecharan para eso.
Nos fuimos para un evento que teníamos con la ruta, nos ofrecieron unos cócteles y ella pues yo le comencé a que tomara. En un momento determinado mi hermano dijo que estaba cansado y que se quería ir, quedándome yo solo con la ex suegra. De eso nos tomamos unos cuatro cócteles y pasó lo ineludible. Ella me manifestó que con la hija —o sea con mi ex pareja— habían comentado muchas cosas sobre mí y sentía intriga; yo le dije: «Pues matemos la intriga». Nos fuimos para el hotel; mi mamá, mi hermano y mi hija ya estaban durmiendo y ella se quedó conmigo en la habitación.
La tensión acumulada era insoportable. Con la puerta cerrada y la oscuridad de la habitación del hotel cubriéndonos, la empujé suavemente contra la cama y le arrancué la ropa interior. Mis manos recorrían ansiosas ese cuerpo maduro pero bien conservado, con las caderas anchas y una nalga firme que pedía a gritos candela.
—Estás buenísima para los años que tienes, vieja chimbita —le susurré al oído mientras le apretaba las tetas y le metía la lengua hasta la garganta. Ella gemía bajito, tragándose la saliva y completamente entregada al vicio.
Me bajé los pantalones de golpe, dejando al descubierto mis 21 centímetros de pura verga, gruesa, venosa y palpitante. Al ver semejante bicho plantado frente a sus ojos, se le desfiguró la cara de la impresión; abrió los ojos desmesurada y se le hizo agua la boca. Tragó grueso, temblando de pura lujuria, sabiendo exactamente lo que se iba a tragar.
—Ay, Dios mío… santo cielo, eso es gigantesco… —balbuceó con la respiración entrecortada, tocándome con una mezcla de miedo y morbo incontrolable.
Sin pensarlo dos veces, la puse en cuatro patas sobre la cama del hotel. Le agarré las caderas con fuerza y procedí a empujar mi miembro con cautela al principio, abriéndole esa concha apretada que hacía tiempo no sentía una verga de verdad. Mis 21 cm la llenaban por completo, estirándola rico. Empecé a metérsela despacio mientras ella exhalaba gemidos sucios y me suplicaba que no parara, sintiendo cómo cada centímetro le recorría las entrañas.
El ritmo se fue acelerando y las nalgadas resonaban en la habitación mientras se la follaba con toda la rabia y las ganas acumuladas. Sus gritos y chillidos de placer se volvieron tan cochinos y escandalosos que tuve que taparle la boca con la mano para que no fuera a despertar a mi mamá ni a los niños en las habitaciones contiguas.
En la cúspide de la follada, con el sudor chorreándonos por el cuerpo y la cama hecha un desastre, le empujé la verga hasta el fondo con una estocada profunda. Ella se derrumbó soltando un grito ahogado, convulsionando en un orgasmo violento y maratónico, chorreando jugos mientras se aferraba a las sábanas. Tras terminar de vaciarme dentro de ella con una fuerza bárbara, nos quedamos tirados un buen rato respirando agitados, sabiendo que acabábamos de cruzar la línea más prohibida y deliciosa de nuestras vidas.

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