Gaby Salazar y Azul Escamilla fetiches madre e hija Pt1
La esposa de Franco Escamilla está obsesionada con los pies de su hija Azul.
Gaby, de 46 años, era adicta a tres cosas: el coño de su hija, tomarle fotos mientras dormía y, sobre todo, a sus pies perfectos. Azul, de 22, tenía unos pies pequeños y suaves, con dedos largos y uñas siempre pintadas de rojo oscuro. Unos pies que olían ligeramente a sudor dulce después de todo el día con calcetines o sandalias.
Esa noche, como siempre, Azul dormía profundamente gracias a sus pastillas. Estaba boca arriba, completamente desnuda, con una pierna estirada y la otra ligeramente doblada. Gaby entró en silencio, desnuda, con el coño ya chorreando y el teléfono en la mano.
Primero se arrodilló al pie de la cama. Tomó los dos pies de su hija entre sus manos y los acercó a su cara. Inspiró profundamente, oliendo el aroma tibio y ligeramente salado de las plantas. Su coño palpitó con fuerza.
—Joder, hija… tus pies me ponen tan cachonda… —susurró Gaby.
Empezó a lamer. Pasó la lengua lenta y larga por la planta del pie derecho de Azul, desde el talón hasta la punta de los dedos. Los chupó uno por uno, metiéndose los dedos enteros en la boca y succionando como si fueran pequeñas pollas. Luego hizo lo mismo con el pie izquierdo, babeando abundantemente y dejando los pies de su hija brillantes de saliva.
Sacó el teléfono y tomó decenas de fotos: primeros planos de su lengua lamiendo entre los dedos, sus labios envolviendo el dedo gordo y las plantas húmedas marcadas por su boca. También grabó vídeo mientras frotaba su propia cara contra ellos.
Gaby estaba tan excitada que se sentó en el borde de la cama, abrió las piernas y colocó ambos pies de Azul contra su coño empapado. Usó las plantas suaves para frotarse el clítoris, deslizándolos arriba y abajo entre sus labios mayores. Los jugos de la madre cubrían los pies de la hija, haciéndolos brillar.
—Así, mi puta… frótame el coño con tus pies mientras duermes —gemía bajito Gaby.
Luego se subió a la cama, se puso en cuclillas sobre la cara de Azul y, sin dejar de sujetar uno de los pies de su hija, lo metió entre sus propios muslos. Siguió frotándose el clítoris con el pie mientras bajaba su coño empapado directamente sobre la boca y la nariz de su hija. Empezó a mover las caderas, restregando su clítoris hinchado y sus labios mojados contra la cara dormida de Azul, cubriéndole la boca y las mejillas con sus jugos.
Después de varios minutos, Gaby cambió de posición. Se acostó de lado, levantó una pierna de Azul y pegó su coño directamente contra la planta del pie de su hija. Empezó a follarse el pie: movía las caderas con fuerza, restregando su clítoris hinchado y su entrada contra la suave planta, dejando un rastro espeso de crema blanca en la piel.
Tomó más fotos: primeros planos del coño abierto de la madre frotándose obscenamente contra el pie de su hija, los dedos de Azul brillando por los jugos y el clítoris rojo y palpitante rozando el talón.
No aguantó más. Gaby se corrió violentamente, apretando el pie de Azul contra su coño mientras el squirt salía a chorros, empapando completamente el pie, el tobillo y parte de la pierna de su hija. Temblaba y gemía, mordiéndose el labio para no gritar.
Cuando bajó de la nube del orgasmo, Gaby no terminó. Se puso de rodillas y lamió su propio squirt del pie de Azul, chupando cada dedo y limpiando entre ellos con la lengua. Luego subió por las piernas, lamió el coño dormido de su hija (que ya estaba mojado por la excitación inconsciente), metió dos dedos y los folló lentamente mientras seguía chupando los dedos de los pies.
Antes de irse, tomó la foto final: el pie derecho de Azul cubierto de saliva y corrida de su madre, con los dedos separados y el coño de Azul al fondo, hinchado y brillante.
Guardó todo en su carpeta secreta “Pies de mi princesita”, junto con cientos de fotos y vídeos anteriores: Azul dormida con los pies en la boca de Gaby, con los dedos dentro del coño de su madre, con los pies atados y usados como juguete, e incluso una noche en la que Gaby se corrió tres veces solo frotándose contra los pies de su hija.
Gaby besó los labios de Azul, luego bajó y besó largamente sus pies limpios.
—Mañana te voy a despertar oliendo a mi coño en tus pies, mi amor… y quizás te haga lamer los tuyos mientras te como el coño.


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