Gaby Salazar y Azul Escamilla fetiches madre e hija Pt2
Una madre sabe lo puta que es su hija.
Al día siguiente por la noche, Gaby estaba terminando de limpiar con la lengua el pie cubierto de su squirt cuando sintió que la pierna de Azul se tensaba ligeramente. Un segundo después, Azul abrió los ojos con lentitud, aún aturdida por las pastillas y el placer inconsciente.
—Mamá… ¿qué… qué estás haciendo? —murmuró con voz ronca, mirando hacia abajo y viendo a su propia madre desnuda, con la cara entre sus piernas y uno de sus pies brillante de saliva y corrida.
Gaby no se detuvo. Al contrario, sonrió con lujuria y apretó más fuerte los dedos de Azul contra su coño empapado.
—Shhh… mi amor. Sigue durmiendo como la buena hija que eres.
Azul intentó cerrar las piernas, pero Gaby las mantuvo abiertas con fuerza.
—No… mamá, para… esto está mal —dijo Azul con voz temblorosa, aunque su coño se contrajo visiblemente y soltó más jugos.
Gaby se subió encima de ella, inmovilizándola con su peso. Le sujetó ambas muñecas por encima de la cabeza con una mano mientras con la otra le metía dos dedos profundamente en el coño.
—Te dije que no, Azul. Quédate quieta. Mamá solo está usando lo que es suyo —gruñó Gaby.
Azul forcejeó débilmente, girando la cara.
—Mamá, por favor… soy tu hija… no deberías… ahh… —Un gemido se le escapó cuando Gaby curvó los dedos y le frotó el punto G con fuerza.
Gaby tomó el teléfono con la mano libre y empezó a grabar la cara de Azul mientras la follaba con los dedos.
—Mírate… diciendo que no pero tu coño me está chupando los dedos como una puta desesperada. Abre las piernas.
—No… mamá… detente… —suplicó Azul, pero separó más las piernas al mismo tiempo.
Gaby soltó las muñecas de su hija, se dio la vuelta y plantó su coño directamente sobre la cara de Azul en posición 69.
—Lámelo. Ahora —ordenó, mientras bajaba la boca al coño de su hija y lo devoraba ruidosamente.
Azul gimió contra el coño de su madre, luchando un poco con las manos contra los muslos de Gaby.
—No quiero… mamá, esto es asqueroso… —dijo entre sollozos fingidos, pero sacó la lengua y empezó a lamer el clítoris hinchado de Gaby, saboreando los jugos que ya le corrían por la barbilla.
Gaby gruñó de placer y empujó sus caderas hacia abajo, follándole la cara sin piedad.
—Buena chica. Lame el coño de mamá aunque digas que no. Sabes que te encanta.
Mientras le comía el coño a su hija, Gaby agarró uno de los pies de Azul, se lo llevó a la boca y chupó los dedos con fuerza, babeando. Luego frotó ese mismo pie contra su propia cara y tetas.
Azul empezó a temblar. Sus “no” se volvieron más débiles y entrecortados.
—Mamá… no… me voy a correr… por favor no me hagas correrme…
—Te vas a correr como la zorra incestuosa que eres —respondió Gaby, metiendo tres dedos en el coño de Azul y succionando su clítoris con fuerza.
Azul explotó. Se corrió violentamente, gritando contra el coño de su madre, sacudiendo las caderas y apretando los dedos de los pies. Su squirt salpicó la cara de Gaby.
Gaby se corrió segundos después, inundando la boca y la cara de su hija con su corrida. Se frotó con fuerza contra la lengua de Azul hasta que terminó.
Cuando bajó de la ola, Gaby se giró, besó a su hija en la boca profundamente, intercambiando sus jugos, y le susurró:
—¿Ves? Aunque digas que no… tu cuerpo siempre dice que sí, mi amor.
Azul, aún jadeando y con la cara brillante de jugos, miró a su madre con ojos vidriosos de placer.
—…Otra vez, mamá —murmuró—. Pero hazme decir que no más fuerte la próxima vez.



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