La nueva mascota 4
Este relato contiene escenas de scat.
Después de la cogida de Mario y que Santiago me dejara amarrado, mi vida parecía estar tomando otro rumbo. Por su parte Loki salió de la universidad y se iría un mes a casa de sus papás en un pueblo cercano a la ciudad. Así que yo me quedaría solo y sabía que Santiago iba a aprovechar eso.
Durante la semana, mi Amo me dijo que llegaría un paquete, tenía prohibido abrirlo.
-Lo vamos a abrir el sábado que te vea y ahí mismo lo vas a usar.
En efecto el paquete llegó y como ordenó Santiago lo dejé ahí. Durante la semana estuve ansioso, no pude concentrarme en el trabajo, pero seguía las órdenes de mi ahora dueño.
El sábado me preparé desde temprano, me duché por fuera y por dentro, y espere desnudo a que llegará Santiago.
Llegó después de medio día, se veía especialmente guapo, portaba un uniforme deportivo ya que venía de jugar fútbol, sus brazos y pecho se marcaban perfectamente en esa playera y ni que decir del shorts blanco, se le notaba el bulto y sus piernas grandes derretían a mujeres y hombres por igual.
Yo estaba esperando como siempre, desnudo, en 4 como perro, lengua de fuera, moviendo la colita.
-Asi me gusta mi perrito, esperando a su dueño.
Yo estaba muy feliz de verlo y todo mi cuerpo estaba emocionado, especialmente mi verga que estaba muy dura.
Santiago preguntó por el paquete, yo señale y el fue a abrirlo. Cómo lo supuse era una jaula de castidad, mi jaula de castidad. Mi verga se puso más dura y empecé a lubricar mucho.
-Vaya perrito, tendremos que hacer que eso baje así no te quedará la jaula.
La jaula era pequeña, yo como examo no recomendaría que no me pusieran ese tamaño, pero no podía hablar ni contradecir a mi Amo.
Santiago me ordenó ponerme de rodillas con las manos atrás de la cabeza. De pronto empezó a golpear mi verga con sus manos y lejos de bajar la erección se puso más dura.
-El perrito resultó masoquista. Y sonrió, con una sonrisa perfecta que me puso más caliente.
Santiago cambio la estrategia y me ordenó ponerme acostado en el piso boca arriba. Sin perder detalle, veo que se baja el shorts. Esa escena fue para mí en cámara lenta, no sabía que iba a pasar, pero verlo en boxer era más que excitante. Al sacarse por completo el shorts veao que se lleva sus manos al boxer y lo empieza a bajar. Mi corazón latía, mi verga palpitaba, me sentía drogado, hipnotizado por Santiago, bajó el boxer y pude ver de cerca esas perfectas nalgas, redondas, blancas, peludas.
Mi Amo se pone en cuclillas y su culo rosita y peludo queda cerca de mi cara. Mi menta estaba hipnotizada como para negarme o pensar en lo siguiente yo solo veía ese culito y tanto mi verga como mi boca estaban salivando.
De pronto un sonido salió de ese culo, era un pedo, un olor fuerte y desagradable la verdad, pero en este contexto y en esta situación lo único que hice fue inhalar todo y llevar instintivamente mi mano a mi verga, quería jalarmela, pero Santiago me golpeó la mano.
Cuando era amo, uno de los límites que ponía con mis sumisos era el scat, no me gustaba hacerlo, se me hacía desagradable, pero aquí con Santiago mi mente estaba nublada y no pensaba bien.
No era posible, ese culito se empezó a abrir y poco a ver empecé a ver lo que era la popó de Santiago, en ese momento no era yo, abrí la boca y saque la lengua, era tanto el éxtasis que tenía, que mi mente estaba nublada, mis ojos estaban centrados en ese culito, mi lengua estaba de fuera babeando por saborear lo que salía de ahí. El sabor era desagradable pero al mismo tiempo era agradable, no sabía que me estaba pasando, era tanta la humillación, tanta la degradación que mi mente no pensaba y mi cuerpo solo pedía lamer ese culito.
-Qué puto asco perro, estás más duro que antes.
Santiago terminó de cagar en mi boca. Y contra todo pronóstico, yo seguía más excitado, más duro, este nivel de excitación nunca le había experimentado. La cara de Santiago era entre asco y enojo.
-Cómo es posible que te hayas tragado mi mierda y sigas igual de duro, das asco, demasiado asco perro y tú te llamabas amo, mírate ahora.
Era cierto, yo era un amo respetado, tenía una reputación que ahora se había esfumado.
-Quiero que limpies mi culo, no quiero que quede mi un rastro de mierda.
Mi Amo volvió a poner su culo en mi cara, yo saque la lengua y empecé a lamer cada centímetro, lamia la mierda que había quedado, yo estaba extasiado, estaba fuera de mí, solo quería lamer y meter mi lengua en ese culo. Santiago empezó a gemir, sus gemidos me excitaban más, sin pensarlo empecé a meter mi lengua en su hoyito, el gemido de Santiago fue una gloria, escuchaba como disfrutaba mi lengua en su hoyito. Por un momento pensé que volvería a ser amo, porque Santiago estaba muy entregado y sus gemidos hacían que sacará a mi lado dominante.
Santiago se levanta, escupe en mi verga y se empiezas a sentar en ella. Aquí ya no eran amo y esclavo, eran dos hombres disfrutando del sexo, del sexo sucio, rudo y pasional. Yo no pierdo detalle de lo que está pasando, Santiago se pone de cuclillas, su culo apunta mi verga, sabía lo que iba a pasar, iba a penetrar ese culo hermoso.
-Ni creas que vas a disfrutar esto perro. Dijo Santiago mientras su culo se abría para mi verga. Mientras el solo se penetraba yo estaba en la gloria. Pero como dijo, yo no lo iba a disfrutar… o quizás sí.
Sus manos llegan a mi cuello y empiezan a hacer presión, poco a poco el aire se empieza a escasear. Yo no podía con ese nivel de excitación estaba a punto de correrme, pero el aire me faltaba, la visión se puso algo borrosa, empecé a suplicar con mis manos que parará, a retorcerme porque no podía respirar, veía la cara de Santiago, veía el éxtasis en sus ojos, sabía lo que se sentía yo le había hecho antes, no podía más, Santiago no dejaba de presionar sus manos en mi cuello, el aire me faltaba, mi cuerpo se convulsionaba y en eso, mi verga explotó dentro del culo de mi Amo. Mis ojos se cerraron y por fin tomé algo de aire.
Apenas pude sentir mi orgasmo. mientras mi Amo estaba sonriente, victorioso. Sin darme cuenta, Santiago también se había corrido.
Santiago se levanta, me mira con esa sonrisa victorioso. Por otro lado mi verga tenía rastros de mierda. Nos vamos al baño, yo en cuatro patas detrás de mi Amo.
Mi Amo ya no tenía tanto tiempo, nos bañamos rápido, pero mi verga seguía dura y no podía poner la jaula de castidad. Sin esperarlo, Santiago me da un golpe en el estómago que me deja sin aire y me tira al piso. Eso funcionó porque mi verga perdió firmesa y Santiago pudo ponerme la jaula.
-Te di la última cogida de tu vida
-Gracias Amo, dije recuperando el aire.
Fue la última cogida de mi vida, la mejor cogida de mi vida, quería probar ese culito desde el primer día que lo vi y aunque el contexto es distinto como lo pensaba por fin pude tenerlo.


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