Mi madrastra y mi mejor amigo
Esta historia es un relativo ficticio, y los nombres de las personas cambiaron.
Todo empezó esa tarde cuando mamá llegó a casa con ese vestido blanco super ajustado que se le pegaba al cuerpo como una segunda piel. Su cabello castaño largo y liso le caía casi hasta la cintura, brillando bajo la luz. Era joven, guapísima y con un cuerpo de infarto: tetas grandes, cintura estrecha y un culo redondo que hacía que el vestido se tensara con cada paso.
Yo estaba sentado en el sofá, nervioso. Le conté lo que había pasado en la clase de anatomía: cómo Luis y yo comparamos nuestros penes y lo diferente que era el suyo al mío. Le dije que el de él era mucho más largo y grueso, y que el mío era chiquitito. Mamá me escuchó con ternura al principio, pero pronto su mirada cambió. Me acarició, me habló bajito y empezó a tocarme.
Me bajó los pantalones, envolvió mi pene chiquito con su mano suave y me masturbó mientras chateaba con Luis delante de mí. Me tocaba las bolitas, me apretaba el micropene y le mandaba fotos y mensajes sucios. Yo me corrí rápido, soltando solo unas pocas gotitas de semen que ella lamió con gusto.
Después le pedí que invitara a Luis a la casa. Mamá sonrió con picardía y le escribió. Mientras esperábamos, se puso en bra para mí y me bailó. Me senté en el sofá y ella se subió a mis piernas, restregando su culo contra mi pene chiquito mientras yo le manoseaba las tetas suaves y pesadas por dentro del vestido. Sus tetas rebotaban ricas cuando bailaba.
Cuando Luis tocó la puerta, mamá abrió casi en bra, con las tetas casi saliéndose. Luis entró, alto y seguro de sí mismo, y se burló de inmediato al verme con los pantalones bajados y mi pene chiquito expuesto.
Mamá se puso de rodillas entre los dos y nos comparó los pitos. Tomó mi micropene con dos dedos y la verga de Luis con las dos manos. La de él era una buena verga: larga, gruesa, con una curva pronunciada hacia abajo, una cabezota grande y carnosa, y un grosor que hacía que los dedos de mamá apenas se cerraran alrededor. La mía se veía ridícula al lado: corta, delgada, cabecita pequeña. Mamá la besó con cariño a la mía y lamió con ganas la de Luis, chupándola profundo hasta dar arcadas, babeando todo mientras me miraba.
Luego se quitó el vestido y se puso en cuatro sobre el sofá, con el culo en pompa y las tetas colgando. Luis se colocó detrás, le corrió la tanga y le metió esa verga gruesa y curvada de un empujón. Mamá soltó un gemido largo y fuerte:
—¡Aaaahhh…! ¡Qué gruesa está, carajo…! Me está abriendo toda…
Luis empezó a follarla con ritmo fuerte. Sus caderas chocaban contra el culo de mamá, haciendo que sus tetas rebotaran salvajemente. Yo me quedé sentado frente a ellos, tocándome mi penesito erecto mientras veía todo. Mamá me miró a los ojos y me habló más sucio:
—Mi putito chiquito… mírate, pajéandote esa verga ridícula mientras tu amigo me destroza el coño con una verga de verdad. La cabezota de Luis es enorme… cada vez que entra me estira las paredes, me llega mucho más profundo que tu micropene… ¡Ayy sííí! Me está pegando justo donde me gusta…
Le pedí que se quitara el bra. Mamá se lo arrancó y sus tetas grandes quedaron completamente libres, colgando pesadas y moviéndose como locas con cada embestida. Me dejó tocarlas, apretarlas y pellizcarle los pezones mientras Luis la cogía sin piedad. Sus gemidos llenaban la sala:
—¡Fóllame más duro, Luis! ¡Rómpeme el coño delante de mi putito cornudo! ¡Aaaahhh… sííí!
Yo apretaba sus tetas suaves y calientes, sintiendo cómo rebotaban en mis manos. Mamá seguía humillándome:
—Eres un cornudito patético… con tu penesito de juguete en la mano mientras tu mamá se comporta como una puta barata para tu amigo. Tu verga chiquita nunca me va a llenar como esta…
Luis aceleró, gruñendo. Mamá arqueó la espalda y le rogó:
—¡Lléname, Luis! ¡Quiero que me crempies el coño delante de mi hijito! ¡Dispara todos tus chorros calientes adentro!
Luis empujó profundo y se corrió con fuerza. Mamá gritó de placer cuando sintió los chorros gruesos y calientes inundándola por dentro. Su cuerpo temblaba. Un poco de semen espeso empezó a escurrir por sus muslos cuando Luis se sacó lentamente.
Sin perder tiempo, mamá se dio la vuelta, se metió la verga semi-flácida y aún pesada de Luis en la boca y la chupó con ganas, limpiándola por completo. La verga colgaba rica en sus labios mientras ella la succionaba y lamía los restos.
—Así, putito chiquito… mamá le está chupando el pito flácido a un hombre de verdad. Sigue tocándote esa micropene mientras tragas lo que queda de la verga que sí sirve.
Mamá sacó lentamente la verga de Luis de su boca, un hilo espeso de saliva y semen todavía conectándola con sus labios hinchados. Se limpió la comisura con el dedo, tragó lo que quedaba y me miró con una sonrisa satisfecha, perversa y maternal al mismo tiempo. Su coño seguía chorreando semen de Luis por los muslos.
— ¿Viste eso, mi putito chiquito y cornudo? Luis me llenó el coño de leche bien caliente y espesa… mucho más de la que tú podrías soltar jamás. ¿Quieres venir a ver cómo me chorrea? ¿O prefieres que mamá se siente sobre tu cara para que limpies con la lengua todo lo que tu amigo dejó adentro mientras yo sigo chupando esta verga que todavía no se pone blanda del todo?
Luis soltó una risa baja y arrogante, mirando mi pene erecto y pequeño con burla.
— ¿Qué dices, wey? ¿Quieres ver cómo tu mamá se porta como una verdadera puta para mí? Porque esto apenas está empezando…
Mamá gateó hacia mí, sus tetas grandes colgando pesadamente, el semen escurriéndole por las piernas, y me susurró cerca de la cara con voz dulce pero llena de lujuria:
—Dime, hijito… ¿qué quieres que haga tu mami ahora? ¿Quieres que te humille más mientras limpio la verga de Luis… o prefieres ver cómo me vuelve a follar?
quieren una continuación ?


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