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Dominación Mujeres, Incestos en Familia, Sexo con Madur@s

Mi putita de 5 años Parte 2

Parte 2.

Como introduzco a mi sobrina en el sexo duro

Mi putita de 5 años

Parte

Pasaron dos días de aquel primer día en que rompí a mi putita de 5 años y ya la nena no era la misma. La muy zorrita, con sus ojitos azules y su carita de muñeca, había entendido todo perfecto. Ahora entraba a mi cuarto sola, se subía a la cama sin que yo le dijera nada, se ponía en cuatro como un perro y esperaba que su dueño le abriera el culito. Aprendió rápido. Más rápido que la basura de mi madre, que ya lleva años sirviéndome y todavía se equivoca.

Al tercer día, mientras la cerda me hacía el desayuno, la nena me tiró del pantalón y me dijo con esa vocecita de angelito:

– Tío, ¿puedo traer a una amiga?

Yo me quedé pensando. Me metí un dedo en la boca, me relamí, y miré a la perra de mi mamá que estaba friendo huevos con las tetas al aire. La muy puta se dio cuenta de que algo se me había ocurrido y se le puso la cara de perra sumisa, esperando órdenes.

– ¿Y quién es la amiga? – le pregunté a la nena.

– Se llama Valentina, tío. Vive en la otra cuadra. Tiene 6 años, es mi mejor amiga, es gordita y tiene el pelo crespo. Es buena, tío, es muy buena, hace todo lo que yo le digo.

Ahí ya me la estaba imaginando. Gordita, con el pelo crespo, una amiga que obedece a mi putita. Perfecto. Otro culito virgen para el dueño.

– Está bien, mi amor, tráela – le dije –. Pero le vas a enseñar tú. Quiero que la traigas mañana bien temprano, ¿me oyes? Y le vas a decir a su mamá que se queda todo el día, que aquí la cuidamos.

– ¿Y le enseño todo, tío?

– Todo, putita. Todo lo que tú ya sabes. Vas a ser la maestra.

La nena soltó un gritico de felicidad y salió corriendo con las colitas moviéndose.

Al día siguiente, la basura de mi madre me despertó con la lengua en el culo. La muy cerda sabe cómo levantar a su amo. Desayuné con la nena y su amiga sentadas a la mesa, comiendo como dos angelitos, y yo mirando esa carita nueva: la Valentina era gordita de cachetes, con unos ojazos negros redondos, el pelo crespo recogido en una moña, y esa piel canelita que me puso la verga al 1000.

– ¿Y esta es la amiga? – dije, como si no supiera.

– Sí tío, es Valentina, mi mejor amiga – contestó mi putita, muy suelta.

La Valentina levantó los ojos, me miró, se puso roja y bajó la cabeza. La muy tiernita me tenía miedo. Todavía no sabía nada.

Ahí llamé a mi madre, la basura, y le di la orden sin dejar de mirar a la nena nueva:

– A ver, perra, ponte a lavar los platos con el culo al aire. Quiero que la amiga vea desde el principio cómo es la vida en esta casa.

Mi madre se bajó los shorts de una patada y quedó en calzones, y la Valentina abrió la boca y le dijo a mi sobrina:

– Sofi, ¿por qué tu tía anda así?

– Porque aquí es así, Vale. El tío manda y nosotras obedecemos. Yo ya soy su putita, ¿cierto tío?

– Así es, mi amor – le contesté, y le agarré la cabeza y le metí la lengua en la boca delante de la amiga.

La Valentina se quedó como hipnotizada viendo eso. Mi putita le agarró la mano y la llevó para el cuarto.

Ahí empezó todo.

En el cuarto, mi madre ya estaba esperando en el piso, en cuatro, con las tetas colgando. Yo me senté en la orilla de la cama, con la verga dura al aire, y le dije a mi putita:

– Maestra, enséñale a la nueva.

Mi sobrinita, muy seria y muy mandona, agarró de la mano a la Valentina y la puso de rodillas frente a mí.

– Mira, Vale, esto es una verga. Se toca, se besa y se chupa. Y esta verga es de mi tío, o sea de nuestro dueño. Nosotras somos sus putas, ¿entiendes?

– ¿Sus putas? – repitió la Valentina, con esa boquita abierta.

– Sí, putas. Y eso es bueno. Ser puta es lo mejor. Nuestro dueño nos puede usar como quiera y nosotras obedecemos. Toca la verga, Vale, toca.

La nena estiró su manita temblorosa y me agarró la verga. Cerró los ojos como si estuviera tocando algo sagrado. Yo solté un gruñido y las dos nenas se asustaron.

– ¿Ves? – dijo mi putita –. Le gustó. Cuando le gusta, el dueño gruñe. Ahora bésala.

La Valentina se acercó y le dio un besito en la punta. Todavía tiernita, todavía sin saber. Ahí fue cuando habló mi madre desde el piso, la muy basura:

– Mi amor, ¿quiero ayudar a la maestra?

– Habla, perra.

– Enséñale bien, que aprenda a chupar como se debe, no con besitos de abuela.

– Muy bien. Muéstrale, maestra.

Entonces mi sobrina, mi putita de 5 años, le agarró la cabeza a la amiga con las dos manos, le abrió la boquita y le metió mi verga hasta donde le cupo. La Valentina se atragantó, tosió, y mi putita le dijo con voz de maestra:

– No tosas, Vale, así es. Aguanta. La verga se mama con la garganta.

Y la nena aguantó. Poco a poco empezó a chupar, con babaza, con ruido, y yo le agarré la cabeza crespuda y se la empujé. La muy gordita tenía una boquita caliente que me estaba volviendo loco.

– Está aprendiendo – dije –. Pero falta. Ahora tú, putita, ponte a mamar también. Quiero sentir dos bocas al mismo tiempo.

Y ahí las puse a las dos en el piso, una de cada lado, chupándome la verga a la vez, chocándose las lenguas en la punta, riéndose, mirándose. Mi madre desde el piso se pellizcaba los pezones y decía:

– Qué hermosura, mi amo, dos putitas mamándole la verga al mismo tiempo, y una es su sobrina y la otra es la amiga. Dos culitos nuevos.

– Cállate, basura, que se te va a caer la baba.

– Sí mi amo, perdón mi amo.

Cuando ya no aguantaba más, las levanté y las puse a las dos en cuatro sobre la cama, una al lado de la otra. Dos culitos abiertos para el dueño. El de mi putita ya lo conocía, rojito y abierto. El de la Valentina era nuevo, redondito, virgen, con esa rayita apretada que me daba ganas de llorar.

Ahí me acordé de cómo rompí a la primera y decidí hacer lo mismo, paso a paso, pero con las dos a la vez.

– A ver, putitas, cada una abre bien su culito. La maestra le explica a la alumna qué va a pasar.

Mi sobrina, sin despegar las nalgas, le habló a la amiga:

– Vale, el dueño te va a jugar el culito primero. Primero con el dedo, después con la lengua, y después con la verga. No aprietes, suéltate. Si te duele, aguantas. Y si te gusta, pides más.

– ¿Y si me da miedo? – preguntó la Valentina con la vocecita quebrada.

– El miedo se va, Vale. Yo el primer día tuve miedo y ahora ya soy puta.

Yo me unté bien de babaza y empecé. Primero a la maestra, que ya sabía, y ella gemía y se abría sola para que la amiga viera. Y después a la nueva, despacio, con el dedo, abriéndole ese culo crespudo que apretaba como un puño. La nena se agarró de las cobijas y soltó un grito.

– ¿Duele, mi amor?

– ¡Sí tío, pero rico!

– Ahí está, así se habla. Ya eres una putita.

Detrás de mí, mi madre, la cerda, se había puesto a chuparme los huevos mientras yo trabajaba los culitos de las nenas. Y de cuando en cuando me metía la lengua por el culo a mí, y yo le metía un madrazo en la cara sin voltear, y ella decía:

– Gracias mi amo, gracias, sígame pegando, que así me gusta.

Cuando ya las dos tenían el culito abierto y aceitado, me eché encima de mi putita y le metí la verga. La maestra primero, para que la alumna viera. Y la Valentina, con la carita pegada a la cama, miraba de reojo cómo su amiguita gemía y se movía bajo su tío. Y le agarraba la manita para que no tuviera miedo.

Después saqué y me puse detrás de la Valentina. Le puse la punta en el culito y la nena apretó los dientes.

– Maestra, agárrale la mano y cuéntale un cuento.

– Vale, mi amor, respira, que el dueño te va a abrir el culito y después ya no vas a querer otra cosa.

Y se la metí. Despacito. La nena lloró un poquito, se le saltaron las lágrimas, y aun así no se apartó. Y cuando ya la tuve toda adentro, cuando sentí ese culo virgen apretándome la verga, solté un rugido y mi madre desde el piso aplaudió:

– ¡Ya está, mi amo! ¡Ya le rompió el culo a la amiguita! ¡Ahora tiene dos putitas de verdad!

Y la Valentina, con las lágrimas todavía en la cara, sonrió y dijo:

– Tío… ya no me duele… ya me gusta… ¿me puede usar como a Sofi?

– Así es, mi amor. Igualita. A partir de hoy ustedes dos son mis putitas.

Y las follé a las dos por el culito, una y otra, en la misma cama, cambiando de una a otra sin salir del cuarto, mientras mi madre, la basura, se pajeaba con la mano en el piso mirándonos y rogando que la incluyera.

Cuando ya estaba por venirme, me saqué y les dije:

– A ver, putitas, abran la boca, las dos juntitas.

Las dos se arrodillaron al pie de la cama, una al lado de la otra, con las boquitas abiertas y las caritas mirando para arriba. Y ahí me vine sobre las dos, en la boca, en la nariz, en los cachetes, en los ojitos azules y en los ojitos negros, dejándolas untadas como dos angelitos.

– No traguen hasta que yo diga.

Las dos se quedaron quietas, con la leche resbalándoles por la cara, mirándose, riéndose por la nariz. Y ahí se me ocurrió otra cochinada. Me soné la nariz, me limpié la lengua, y les escupí a las dos en la boca, y les eché los mocos también. Y después, con toda la calma, les di la orden:

– Ahora sí. Tragan todo. Todo lo que hay en esa boca es de su dueño. Y ustedes se lo comen como buenas putitas.

Y las dos, con esas caritas untadas, cerraron la boca y tragaron. Y mi sobrina, la maestra, le dijo a la amiga:

– ¿Ves, Vale? Todo se traga. Todo lo que salga del dueño se traga.

Y la Valentina, con la boca todavía llena, contestó:

– Sí Sofi, todo. Yo también quiero ser la mejor puta del mundo, como tú.

Mi madre, la muy cerda, se acercó a lamerles la cara a las dos, a limpiarles la leche y los mocos con la lengua, y las nenas se reían y se dejaban. Y después me acosté, y puse a mi putita de un lado y a la amiguita del otro, y a mi madre, la basura, la puse en el piso, a los pies de la cama, como corresponde.

– Mañana me traes a otra amiga – le dije a mi sobrina antes de dormirme.

– ¿Otra, tío?

– Otra. Quiero un harén de putitas de 5 años. Tú vas a ser la jefa.

– ¡Sí tío! – gritó la muy zorra, y me abrazó.

Y así terminó el segundo día. Con dos putitas nuevas en la casa y la basura de mi madre durmiendo en el suelo, mirándonos desde abajo, esperando que su amo la vuelva a usar cuando se despierte.

15 Lecturas/13 de octubre de 2026/0 Comentarios/por Luxgnr
Etiquetas: amiga, amiguita, culito, culo, madre, mama, sexo, sobrina
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