Mi uniforme
Mi uniforme militar no solo me daba un poder dentro de mi batallón, me dió otro tipo de poder cerca de casa.
Cómo en todo relato,los nombres son cambiados por seguridad.
Soy la teniente coronel María Rodríguez, tengo 36 años, soy una mujer entregada al ejército, con trabajo fuerte me he ganado cada uno de los rangos y he sido respetada, físicamente soy de piel canela, complexión fuerte debido a los ejercicios militares a los que he sido sometida.
Tengo una casa en un buen vecindario, tranquilo y muy decente a la cual yo iba cuando tenía vacaciones o mis tiempos libres.
En uno de esos tiempos, conocí a una nena, una rubia muy linda, de cabello rubio, ojitos verdes, más o menos de mi estatura, delgada, con buen trasero, lo digo porque fue a lo que más le puse atención.
Ella y sus padres estaban descargando su mudanza, yo, presentándome previamente, les llevé agua para que se refrescaran, ellos, con una sonrisa cansada se presentaron:
– Soy Lucrecia de Morales, soy enfermera, el es mi esposo, Rolando Morales, médico general y, nuestra hija, Michelle Morales, tiene 11 años, y es muy inteligente.
– Mucho gusto señor, señora y señorita Morales y es un placer darles la bienvenida.
– El gusto es de nosotros, teniente y gracias por recibirnos, es importante, porque nosotros estamos trabajando muchas horas, y nuestra niña gran parte del tiempo queda sola, Pero creo que nos vamos a llevar muy bien.
– Así será. – Dije, sonriendo a Michelle.
Terminamos de descargar las cosas y volví a mi casa, que quedaba justo enfrente de la de ellos y mi ventana, justo quedó al frente de su habitación.
Me faltaba mucho tiempo para volver a presentarme así que, decidí pasar mi tiempo mirando mi ventana, justo hacia la ventana de Michelle, a pesar de su cortina, lograba ver su silueta, la veía cada vez más hermosa, cuando salía a su colegio en su minifalda y camiseta, su peinado, todo muy bello, me empezó a atraer demasiado, sus padres no se lograban dar cuenta porque ellos permanecían trabajando y solo llegaban a descansar, hasta su papá, le dejó a ella venir a mi casa por si necesitaba ayuda con sus tareas, las cuales con gusto me esmeraba en ayudarle.
Me volví su amiga y confidente, lograba saber muchas cosas sobre ella por ejemplo, lo aburrida que estaba, el día que quería tener la atención de sus padres, hasta que un niño estaba detrás de ella cortejandola.
– Y, a ti te gusta el niño, Michelle?
– La verdad es que no, es muy lindo Pero hay algo que no me gusta.
– Y, hay algún niño en especial que te guste?
– No, ninguno.
– Y…. Alguna niña?
– Jajajajajajajaj, noooo, sería raro, Pero, ninguna me ha dicho nada.
Ahí noté algo en Michelle, es una niña de mente abierta y, por sobre todo, no descartaba pensar una relación con una chica.
No consideré que fuera mi oportunidad, sería muy lanzada y desperdiciaría esta información, tendría que aprovecharla de otra manera.
Comencé a invitarla a almorzar, estaba pendiente de sus tareas, le hacía jugos y, por sobre todo, le colocaba mucha atención a lo que me decía, sus secretos más íntimos, como por ejemplo, que no dejaba de pensar en lo raro que era que alguna mujer gustara de otra.
– Ayyy Michelle, lo que no sabes de este mundo, eso es más común de lo que crees, tú no lo has visto todavía porque casi no sales ni hablas con nadie, es así.
Luego, ella, pasó a mi habitación y al ver mi clóset se sorprendió al ver mis uniformes.
– Tus uniformes están muy bonitos, y…. Tu ventana da a mi habitación, creo que me voy a sentir observada jajajajaja.
– De pronto, tú eres muy hermosa, así que, porque no?
– Sería raro, jajajaj, Pero me halagas.
Al día siguiente, Michelle dejó un poco corrida la cortina, un pedazo, dónde solo yo pudiera verla, logré ver su cuerpito, sus teticas, rosaditas, Pero no lograba ver su vagina, Pero me lo imaginé y, me mojé, esa niña me estaba volviendo loca.
Esa tarde, ella vino a mi casa, yo ya estaba lista para el siguiente nivel, seguimos hablando hasta que ella me dijo:
– Puedo decirte algo? Tengo curiosidad.
– Dime.
– Quisiera verte con el uniforme.
– Uhhmmm, solo por ti lo voy a hacer, Pero, nadie tiene porqué saber esto vale? Esto es delicado.
– Te prometo que no le diré a nadie, será nuestro secreto.
Después de eso, me quité mi ropa y luci mi uniforme, con mis condecoraciones y mi respectivo maquillaje, Michelle quedó con la boca abierta al verme uniformada.
– Te ves maravillosa, mi teniente jajaja.
La miré sería, ella abrió los ojos y dejó de reír.
– Ahora como su superior me tiene que obedecer en todo lo que yo diga sin excusas y sin excepciones, entendido, señorita Morales?
– ahhmmm si?
– Si qué?
– Si señora.
– Ahora me tiene que decir, mi teniente espero su próxima instrucción.
– Mi teniente, espero su próxima instrucción.
– Quitese la ropa, es hora de la inspección.
Michelle me miró sorprendida y sonrojada Pero, al verme sería y con la mirada fulminante, no le quedó más remedio que quitarse su ropa, aunque se quedó en ropa interior.
– Señorita Morales, cuando le digo que se quite la ropa es toda, nada debe quedar puesto.
Michelle, con algo de vergüenza se quito su top y sus bragas, quedando totalmente desnuda, con un brazo trató de cubrir sus teticas y con la otra intentó cubrir su vientre.
– Párese firme, señorita Morales, usted ya me ha dejado verla, no se haga la inocente.
Ella se paró firme, dejando al descubierto todo su cuerpo, yo, mordiendome los labios, comencé a inspeccionar la niña, como lo hacía con mis hombres, Pero con ella, era diferente, era de lascivia morbosa, el ambiente era de deseo, mis hormonas se alborotaron y en esas susurré:
– Te quedas quieta, haces lo que te digo y todo estará bien entendido?
– Ssssi señora.
Luego, con mi mano comencé a tocar sus teticas, ella, comenzó a respirar pesado, luego le di una palmada en su cola, su gemido, marcaba excitación curiosa, luego, roce mis labios en su oreja y en su cuello, luego pasé al frente de ella, tomé su mentón, y la besé, la besé con lujuria, estaba comiéndole la boca, ella estaba quieta, se dejaba hacer de todo, aproveché y, mientras besaba su boca, mi dedo fue a su vagina, ella, emitió un grito que mi boca calló, luego con mi dedo, fui masturbando a la niña, estaba cogiendo su vagina salvajemente, ella gemía mientras seguía besándome y yo besándola, luego, me fui hacia atrás y, besé su cuello nuevamente, mi dedo, nunca salió de su vagina, y mi otra mano, agarró su cabello, mi cuerpo, se pegó al suyo, mi dedo volvía a moverse dentro de su vagina, ya los gemidos de Michelle salían con libertad y excitación creciente, mi dedo masturbando sin piedad su vagina, mi otra mano, agarrada de su cabello, era una muestra de mi dominio absoluto sobre ella.
– Así te quería tener, putita, como dejabas la cortina entre abierta para que yo te viera no, perra.
– Ahhh ahhh si si, quería que me vieras, ahh ahh, me gusta esto ahh.
– Como se dice?
– Ssii señora, ahhh, ahhh ahhh uhhmm ahh ahhh ahhhh jaaaaaaaaaaaaaaaaaaa.
Michelle llegó a su orgasmo, mi dedo lo sentía salir de su vagina, lo saqué rápidamente, y, con su mirada excitada y sudorosa le mostré como yo chupaba mi dedo untado de sus flujos vaginales.
Luego, delante de ella, me comencé a desnudar, quitándome mi uniforme, dejando mis senos medianos, empitonados al aire libre, y, mi vagina, mojada, velluda y gorda, lista para ser comida, Michelle volvió a su cara de asombro.
– Arrodíllate.
– Si señora.
En el acto, la niña se arrodilló, dejando su cara a la altura de mi vientre.
– Saca la lengua.
La niña sacó la lengua, tomé su cabeza y la dirigi hacia mi vagina, ella la veía con sorpresa por lo velluda, Pero luego de que su lengua tocara mis labios, me descare por completo, tomé su cabeza y la pegué a mi vagina, movía mi pelvis.
– Chupa puta chupa que eso te encanta, ahh ahh ahh.
– Uhhmmm slurp slurp. Uhhmmm
Michelle comenzaba a chupar mi vagina mientras yo movía mi pelvis, luego, me senté en mi silla y, jalandole el cabello y abriendo mis piernas, volví y coloqué su cara en mi vagina.
– Ahh ahhh ahh cómo te gusta, perra, cómete mis pelos puta, ahh ahhh ahora mírame mientras comes.
Las miradas que cruzamos Michelle y yo, fue un espectáculo, sus ojos verdes mirándome con una inocencia que se estaba perdiendo, vello mío bajo su nariz, y mis piernas, que acabo de subir a sus hombros y que rodean su carita, son una postal de la perversion, mi pelvis cada vez se movía más rápido, sentía mi orgasmo llegar
– Ahh ahhh ahhh sigue chupando perra me voy a venir me vengo me vengo ahh ahh uhhhmmmm ahhhhhhhhhhhhhhhh.
Me contraje, sentí salir mi alma, mi orgasmo había llegado, Michelle estaba pegada con su boca a mi vagina, se estaba tomando mi descarga de jugos vaginales, estaba con los últimos espasmos hasta que terminé, me desgonce y quité mis piernas de sus hombros, puse mis pies en el suelo y descansé.
Veía a Michelle, con la boca abierta, su comisura de los labios brillante, una mejilla con rastro de liquido blanco y un vello, su cabello desordenado y su cara roja, demostraban que su inocencia se había ido, que yo, la teniente coronel María Rodríguez había hecho mujer a una niña de 11 años, no sentí temor ni remordimiento alguno, después de la reflexión ordene:
– Ahí está el baño, lávate la cara, ponte la ropa que ya te acompaño a tu casa, tus padres no deben demorar y ya sabes, nada de esto a nadie entendido?
– Si señora.
Luego, le di un beso, más romántico, le di otra palmada en su cola y ella fue a arreglarse.
Cuando ya estuvo lista, la llevé hasta su casa, la cual, me regaló su sonrisa antes de cerrar la puerta.
Esa noche, en mi habitación estaba reflexionando sobre lo que pasó con Michelle, ella no es igual que los hombres con los que he estado, con ella quería más, me sentía insaciable, no sé si se me presente la oportunidad nuevamente, Pero, si lo logro, subiré de nivel, me imagino que si pudo con una mujer, va a poder con más…..

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