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Dominación Mujeres, Heterosexual, Intercambios / Trios

Novato y Risueña I

Un afortunado hombre de 43 años se hace amigo de un novato del gimnasio sin saber que sería invitado a una relación abierta..
43 años, divorciado y descargando mi furia en el gimnasio donde había perdido algunos kilos por músculo. Eso y mi trabajo eran lo único que me quedaba,.

En ese sitio lleno de testosterona fue donde conocí al novato de 23 años, el primero día que lo ví sufría por sacar una repetición de prensa en el banco con apenas 30 libras.

Mi soledad me llevo a hablar con él y un par de meses después tomaba café con él y su chica, una joven de 22 años, llenita y risueña.

Relación no monogama consensuada, poliamor jerarquico y otros términos que para mí significaban lo mismo, quiero que te acuestes con mi esposa.

Las reglas son fáciles, todos los jueves ella es mía, un fin de semana cada 2 meses es mía, no importa qué suceda, no puedo pedir más, está prohibido hacer menos al novato durante las salidas, conversaciones o el coito, puedo hablar con ella por teléfono 1 día antes del encuentro y mensajear 2 veces por semana, de ahí en fuera, puedo explorar el sexo en todas sus formas con su chica sin compromiso y sin límite… El mejor puto trato del planeta.

El primer jueves que nos vimos solos me pidió llevarla a pasear un rato. Horas antes hacía ejercicio con su esposo quien me recordó el encuentro con su pareja. Ya juntos y solos tomamos helado, bebimos unos tragos y a las 9 de la noche nos besábamos con pasión en mi departamento mientras nos desnudabamos.

Ya sin ropa la puse a mamar pene y seguimos conversando mientras chupaba. Hacerme amigo del novato fue lo mejor que me pudo pasar, mi exesposa nunca me mamó el miembro como ‘risueña’.

Entre chupadas, besos y lamentones me fuí enterando de las cosas que no pregunté antes. Novios desde la primaria, única pareja el uno del otro, el miedo a la infidelidad los llevo a probar esto, ese jueves risueña probaba su segunda verga.

Nunca me habían chupado el culo mientras tocaban con suavidad mi pene con una mano y jugaban con mis pesados huevos con la otra.

Sonidos extraños similares a liquido soplado llenaban el cuarto y yo me seguía enterando de cosas.

Hace 1 año los dos tuvieron una aventura emocional que no llego a lo físico pues se descubrieron mutuamente.

Se detuvo en ese momento para masagear mi glande con sus amígdalas mientras chupa con amor.

Me escogieron porque fui amable con su chico, les caí muy bien y estaba atravesando un mal momento, el candidato perfecto.

Me tocó devolver el favor y baje a beber agua, a pesar del poco énfasis que ponía mi esposa en las mamadas, siempre fui generoso con el tiempo y la técnica porque me encanta comer panocha.

Entre gemidos risueña me compartía lo que esperaba de mí, su puchita empapada sabía a gloria tras una larga sequía, mientras exploraba ella me decía que esperaba todas las atenciones y experiencia de un hombre maduro.

Ella se retorcía aferrada a mis sábanas, agitando sus caderas con suavidad, disfrtutando mis atenciones, gimiendo con libertad, hablando como si le faltara el aire.

Cualquier juego está permitido, cualquier fantasía, todos sus ya no vírgenes orificios disponibles, pero debía dejar lo más demandante al fin de semana para mí.

Cuándo alcanzó el orgasmo no fue esa escena espectacular o efusiva que nos han dicho en el porno, risueña se tensó unos segundos, gimió un poco y recuperó el aliento sonriendo.

Mi esposa también tenia orgasmos con el sexo oral, era su señal para montarme y hacerme venir lo más rápido posible para poder dormirse.

Risueña es diferente, agradecida por el placer se acostó en mi regaso y se puso a jugar con mi pelo en pecho rozando mi ereccion con su rodilla, besando mi cuello, mejillas y labios cariñosamente.

Entre mimos me dijo que ama a Novato y que está feliz que puedan explorar esto juntos. El muy pícaro está en casa de una mujer pasándola bien mientras nosotros hacemos lo propio.

El objetivo es aprender de la experiencia de personas maduras compartiendo su juventud, llevar eso al dormitorio y así disfrutar del sexo como un matrimonio de años.

Su forma de ver el mundo me importaba poco, risueña es una mujer atractiva y poder disfrutar de su juventud sin el pendiente del esposo era todo lo que necesitaba.

Empinada me ofrece su vagina lista para recibir su segunda verga, hundi mi miembro separando la carne de su interior disfrutando la sensación de abrir los pliegues.

Al pelo, carne cruda, sin preservativo ni nada que pudiera arruinar la experiencia, no me preocupe de consenucias, seguí mí instinto de macho y sujetando su gruesa cintura le reventé una buena nalgada de inauguración.

Lo único en lo que pensé los primeros minutos fue mi placer y satisfacción propia. Bombear y bombear reventando mis testículos en su monte pélvico.

La razón fue llegando de a poco, la conversación previa abrió mis ojos y llegué a la conclusión de que debía ser un hombre de 43 años con toda la experiencia que eso implicaba, al menos si quería aportar a la pareja y que está experiencia durará algunos años.

No sé cuánto tiempo pasó pero deje de lado el salvajismo de macho urgido y opte el papel del caballero elegante dispuesto a darle placer a la joven dama que le comparte su cuerpo.

El viejo entrar y salir combinado con caricias nuevas, besos con un sabor diferente, hacen que risueña se derrita mis manos expertas con mi ritmo cadencioso.

De lado, a 4, boca arriba, piernas cruzadas, circulos, mete y saca, pausas, embestidas, cambios al ritmo de sus gemidos y una fuerte carga de roces sobre su piel.

Risueña es una mujer deshinibida que disfruta del sexo, si algo le gusta lo expresa con sonidos de placer, se deja llevar y sin preocuparse mucho por su macho se deja venir tensando su cuerpo.

El segundo orgasmo la invadió con mi miembro adentro, esto es algo que pocas veces conseguí con mi esposa pues ella prefería más mis atenciones orales.

Fiel al plan continúe mi asedio recostado sobre su rollizo cuerpo. Hipnotizada por mis ojos negros risueña se dejó hacer, corresponde a mis besos, combinación de pasión y ternura, se aferra a mi cuello como tronco en medio del océano, cruza sus piernas en mi espalda asegurandoze de que no me voy.

Y claro que no me iría a ningún lado, lo que yo quería era venirme, hacia rato que había cumplo con creces mi parte, pero risueña, pese a tener dos orgasmos en su haber, pedía más.

Los años pesan, pero la noche era jóven, terminar y tomarme unos momentos para recuperarme era una opción, más si la combinaba con una pastilla.

Decidido pase modo invasión, empujando firme y con ritmo acelerado poco a poco le pregunté dónde quería recibir mi carga.

La retirada nunca fue una opción…

Acostado sobre ella besando con pasión liberé el semen acumulado de poco más de un año, ninguno pensó en las consecuencias, solo en el placer, particularmente yo que descubría los placeres de acabar dentro de mujer agena y después la mente en blanco.

Recuperé el aliento de a poco, besaba el cuello de risueña que gemía gracias a las tímidas mordidas y chupetes.

Su reacción fue tímida, primero frotaba mi espalda moviendo solo los dedos, después tocaba mi espalda, hombros, nuca y glúteos.

No perdí la ereccion, tal vez era esa energía que dicen robamos los viejos, pero mi miembro se mantuvo a medias clavado en su carne hasta ponerse firme de nuevo.

Maravillada, risueña preguntó si podía seguir, no quise fanfarronear y le dije que un poco, pero, tenía una pastilla para seguir dándole placer hasta que quedara satisfecha.

La siguiente escena es ella con las manos en la espada atrapadas por mi corbata, de rodillas frente a mí mamando pene hasta lo más profundo de su garganta guiada por mi mano enroscada en su melena.

Fuí atrevido, proferi palabras sucias alabandola, no tenía mucha práctica halagando a alguien con insultos pero por su cooperación y gemidos creo que lo hice bien.

Sin quitarle la corbata la empine sobre el piso solo para contemplar su trasero.

Frente a mí la vulva abierta escurriendo mi semen y arrugado ano, magníficos, pulsaban presa del deseo.

Recorri su carne con la cabeza desde la pelvis hasta donde desaparece la raya del culo. Usando la sabiduría y paciencia que te dan los años aplique dominio sutil apretando su cuerpo al mío.

Eres una puta magnífica, me siento honrado de poder disfrutar tu cuerpo zorra, me voy a deleitar profanando todos estos sucios orificios, te voy a usar como la cualquiera que eres, solo las perras disfrutan montarle los cachos a sus esposos, y las pendejas como tú gozan que le monten los cachos… Te amo pedazo de porqueria.

Pensé que la asustaría, pero cada una de esas frases venía acompañada de una confirmación desesperada.

¡Si, si, soy tu puta magnífica!
¡Mi cuerpo es tuyo, úsalo!
¡Todos son tuyos, ninguno es virgen, todos son sucios!
!Si papi, soy una perra cualquiera!
¡Aaah, me pone mucho montarle los cachos a mi esposo!
¡Si mi amor, soy una pendeja, una guarra de mierda que disfruta le monten los cachos!
¡También te amo papi!

Ya saben cómo es esto, el calor del momento te impide pensar mucho, así sujeta y entregada le clave la verga por el culo, sin mucho esfuerzo debo decir. Risueña dejó escapar un gemido de sorpresa y queja por la invasión anal sin aviso pero se quedó quieta aguantando la profanación.

Nunca había «estrangulado» a nadie hasta esa noche en que usando mi brazo izquierdo corté dulcemente el cuello de risueña.

Convenientemente quedamos frente a un espejo donde el reflejo de nuestra unión, mi violencia más su sumisión, nos puso más caliente de lo que estábamos.

Indefensa se dejó hacer el ano a mi gusto, estocadas firmes y profundas, la mano ocupo el lugar del brazo para que la mano libre hiciera estragos sobre la piel.

Pezones, clitoris, labios, punto G, muslos, no quedó lugar de su cuerpo sin evidencia de haber sido violentada.

Su rostro era un poema a la lujuria, esa que te despierta el saber que haces algo moralmente incorrecto, pero aligerado por el permiso expreso de tu pareja.

Risueña, sumisa pero no vencida, gruñía y pujaba refunfuñamdo palabras aisladas «cojeme, házme, dame, así, dios, tuya, más duro, duele, sigue» y demás palabras de «aliento» para seguir haciendo lo mío.

Duele era la palabra que más usaba y mi respuesta siempre fue la misma «aguanta, disfruta, tu lo ofreciste».

Años de matrimonio y mi esposa nunca se mostró sumisa, el sexo era bueno, pero carecía de la pasión que representa la novedad.

El morbo y lujuria son una combinación peligrosa que llevan a cualquier individuo al climax, solo en mis años dorados de juventud tuve este tipo de estamina, de no ser por las benditas pastillas eso no habria sido posible esa noche.

Empinada clavo mi pene por el ano dilatado de risueña, enrojecido por la fricción no le queda más que soportar al macho que la cabalga. Siempre me gustó ver el ano de mi esposa, jugar con el, ese gusto siempre me lo permitió, incluso llegué a meter dedo en momentos específicos de mucho placer aunque el sexo anal estaba destinado a momentos muy específicos, mi cumpleaños, aniversario y algunas veces el día del padre.

Risueña se queja del dolor pero aguanta ser usada analmente, sin protestar, nada de quejas o demandar que me detenga.

No pude evitar pensar en mi ex mujer y como habrían sucedido las cosas si fuera un poco más como risueña.

En ese momento de debilidad tomé el lubricante de mi cajón y apliqué una generosa cantidad en la zona de la unión pene/ano eliminado la fricción para descanso de mi compañera.

Pasar de un potro salvaje a un amante considerado tubo mejor respuesta de la que esperaba, sobre todo cuando mis manos recompensan el esfuerzo con caricias expertas de hombre maduro y curtido.

Eres mi puta favorita dije endulzado su oído. Escucharla derretirse fue la recompensa, sentir sus caderas buscando mi pene mi placer.

Lo último que se dijo en mi cuarto esa noche fue «Si papi, soy tu putita, házme lo que quieras, el resto fue una pasarela de poses sexuales donde el protagonista el el sexo anal durante poco más de 20 minutos en los que ella disfrutó ser poseída sin llegar al orgasmo y sentir el semen caliente de otro hombre que no es su esposo.

El resto de la tarde fueron besos, magreos y caricias cómplices a forma de firma sellando el acuerdo.

Algo que siempre quise hacer con mi esposa fue limpiarla y vestirla después de nuestros encuentros, pero ella es una mujer chapada a la antigua con mucho pudor y nunca me lo permitió.

Risueña en cambio me dejó lavar el interior de su recto y vulva con agua y mis dedos, ponerle su ropa interior no sin antes comerle la puchita de nuevo, girarla y olfatear su ano irritado antes de besarlo, colocar el sostén y jugar con sus senos un poco, enfundar su cuerpo en su vestido permitiendo frotar su cuerpo a manera de despedida, arrinconarla en la pared de la recamara y besarla apasionadamente tras haber consumido el acto sexual.

Risueña en cambio se dejaba hacer, no era necesario decir palabra alguna, ella se dejaba guiar y cooperaba, cooperó cuando la invite a chuparme el culo, cooperó cuando puse mis testiculos vacíos en la boca, cooperó cuando ofrecí mi flácido miembro, siempre quise que me sirvieran así, sin protestar. Risueña me chupo los pies y la vida entera sin decir media palabra.

Llevarla a casa fué otro momento delicioso, manejar por el carril derecho a vuelta de rueda conversando sobre todo menos el encuentro y nuestro acuerdo, planificando y más importante aún, programando nuestro siguiente encuentro con una sonrisa.

Al llegar a nuestro destino novato salió presto a recibir a su esposa, estrechó mi mano y agradecio traerla a casa sana y salva. Nadie dijo ni media palabra del encuentro, todo quedó en un secreto entre amigos y un hasta mañana.

El viernes novato llegó puntual al gimnasio, hicimos ejercicio juntos como siempre, charlamos de nuestros temas comunes, bromeamos y nos despedimos como era la costumbre los últimos meses.

El fin de semana fue silencio absoluto, intenté concentrarme en lo mío pero la curiosidad y ociosidad me llevaron a darme un clavado en las relaciones modernas solo para descubrir un mar de opiniones divididas respecto a nuestro acuerdo.

Decidido a prolongar esto lo máximo me enfoqué en indagar los errores más comunes que hacían fracasar a las parejas con este tipo de relación.

Básicamente enamorarse de otra persona, celos y dejar de priorizar al otro son las causas mas comunes, pero yo no iba a permitir que eso pasara.

Trace un plan de acción e intervenciones oportunas pues quería disfrutar y explorar mi propia posibilidad de tener una mujer que aceptara esos términos, una relación donde hay cariño pero no apego, libertad sin libertinaje y lo más importante, tener compañía sin perder la oportunidad de disfrutar de mujeres jóvenes.

 

2 Lecturas/20 de octubre de 2026/0 Comentarios/por RelatistaDan
Etiquetas: amigos, anal, cumpleaños, infidelidad, maduro, padre, semen, sexo
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