Parte 4 Correte en el coño de tu madrastra
Les contaré de cómo mi novio me pidió algo que nunca pensaría que me pediría, y como mi hijastro termino teniendo lo que quería.
A la mañana siguiente, mi oso y yo no teníamos planes. Nos levantamos tarde, todavía enredados. Su verga seguía semi-dura entre mis nalgas, presionando contra el plug anal. Yo estaba feliz, medio dormida, cuando empezó a besarme la espalda. Ese simple roce me provocó escalofríos por todo el cuerpo.
—Buenos días, amor de mi vida… —susurró con voz ronca.
—Hola, mi oso —respondí sonriendo.
Seguía frotando su pene entre mis nalgas, chocando suavemente contra el plug. Se estaba preparando su “desayuno”.
—¿Cómo tendrás ese culito? ¿Ya estará listo para mí?
—Papi, siempre está listo para ti —gemí.
Se levantó, se puso de rodillas en la cama y me colocó en cuatro, con el culo bien alto y expuesto. Me ordenó:
—Abre esas nalgas.
En ese momento no recordaba que la noche anterior había dejado la puerta de la habitación entreabierta. Mi novio estaba completamente concentrado en mi culo. Empezó a mover el plug en círculos, lo que me hacía gemir de placer. Me nalgueaba con fuerza, dejando mis cachetes rojos y ardientes. Ufff… eso me excita muchísimo.
Me abrió el coño, todavía sucio de la noche anterior, y gruñó:
—Qué delicioso te hueles así, recién amanecida…
Me escupió y metió dos dedos gruesos y largos, follándome con ellos tan fuerte que casi me levantaba de la cama. Me corrí intensamente, empapando las sábanas. Eso lo motivó aún más. El plug estaba a punto de salir.
—Amor… esta vez necesito que me ayudes —dijo.
—Claro, mi oso. Lo que quieras.
—Empieza a pujar.
Obedecí mientras él jalaba el plug suavemente. No salía fácil. Lo escupió de nuevo y ordenó:
—Ahora sí, mi perra… voy a destruir ese culo.
Empujé y, finalmente, escuché un “plop”. Solté un gemido de dolor y placer. Me escupió el ano, me dio otra nalgada fuerte y me dijo que abriera más. Volvió a meter el plug, sacándolo y metiéndolo, haciendo círculos. De repente susurró:
—Ojalá tengas hambre…
Se posicionó y, de un empujón, me metió toda su enorme verga en el culo. Grité de placer. Me jaló del cabello, arqueándome la espalda. La presión era deliciosa. No le bastó: empezó a meter también sus dedos en mi coño mientras me follaba el ano sin piedad.
En ese momento miré hacia atrás y vi el reflejo de Jonathan en la puerta, observándonos. No me importó. De hecho, el morbo me inundó. Seguí disfrutando hasta que me corrí a chorros. Mi oso me llenó el culo de leche caliente, me besó, me chupó las tetas y me dijo:
—Te amo. Amo que seamos así.
Lo besé con pasión. Cuando volteé de nuevo, Jonathan ya no estaba. Me levanté y fui al baño a ducharme y sacarme toda su leche.
Al salir, mi novio me dijo con morbo:
—Amor, prepárame una ensalada de pepino y zanahoria con los que te cogí anoche.
Bajamos juntos a la cocina, riéndonos de lo kinkys que somos. Jonathan ya estaba desayunando.
—Buenos días —dijo.
En ese momento nos dimos cuenta de que las verduras no estaban. Mi novio le preguntó:
—Hijo, ¿viste las verduras que estaban en el mesón?
—Sí, aquí están. Me las estoy comiendo. Se veían apetitosas y están ricas. ¿Eran tuyas? Lo siento.
Mi novio y yo nos miramos y estallamos en risas. Lo dejamos pasar.
Después tuve que ir al salón de belleza. Mientras estaba allá, mi novio me escribió:
“Amor, hoy no hagas almuerzo. Hoy tú eres el almuerzo 😈”
Regresé a casa emocionada, aunque algo cansada. Al abrir la puerta, los dos estaban en el sillón y se quedaron callados. Mi novio se levantó, me besó y dijo:
—Ahorita aclararemos algo.
Me sentó en el sillón pequeño. Jonathan parecía nervioso pero tranquilo. Mi novio sacó la camiseta que yo había usado la noche anterior y dijo:
—Encontré a Jonathan masturbándose con esto… Me contó que te vio masturbándote en este mismo sillón, que te fuiste desnuda y que él limpió tus fluidos con la camiseta. Mi hijo se siente atraído sexualmente por ti.
Me relajé, pero no dije nada. Él continuó:
—Sabes que tú eres mía y yo soy tuyo. Para nosotros el sexo es más que sexo… es lealtad. No me importaría que, si tú quieres, te lo cogieras. Siempre he fantaseado con verte follar con otro hombre… y quién mejor que mi propio hijo. Te amo. Solo piénsalo.
No dije nada. Me levanté y me fui a la habitación, haciéndome la confundida. Quería que sufrieran un poco. Ellos se quedaron en la sala el resto del día.
Por la noche, mi novio tocó la puerta. Abrí, fingiendo estar molesta. Me traía la cena.
—Amor, siento haberte hecho sentir incómoda. Me dejé llevar… Si no te sientes bien, lo olvidamos.
Le pedí que se sentara en el ottoman. Me subí encima de él y le dije:
—Sabes que te amo, pero no podría hacer eso. Respeto a tu hijo y no sé cómo reaccionaría mi cuerpo con otro hombre que no seas tú…
(En realidad estaba jugando a hacerme la difícil).
Me besó intensamente y respondió:
—El protagonista de nuestra historia somos tú y yo. Mi hijo solo cumpliría su fantasía… y yo la mía. Además, tú alguna vez mencionaste que te gustaría un trío. ¿Qué dices?
Lo miré a los ojos y, con una sonrisa traviesa, contesté:
—Lo haré… por ti.
Emocionado, me tumbó en la cama y me hizo el amor. Esta vez sin esposas, sin bondage… solo puro, intenso y apasionado amor.
Continuará…



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