Sonidos de esclavitud – Gaby 1
Un hombre que poseyó pequeñas esclavitas confiesa algunas de sus experiencias en su testimonio..
Gaby?, sin duda, había pasado casi un año desde que tome posesión de Gaby (Notas del entrevistador: ese no era el nombre real de la niña y el hombre casi nunca lo utiliza al rememorar el pasado), y para entonces ya se había convertido en una perfecta esclavita.
En eso pensaba esa mañana en la cocina mientras desayunaba cómodamente sentado con las piernas bien abiertas, mientras observaba como debajo de mi mesa se encontraba ella, mi adorable y pequeña propiedad, acariciando y masajeando mi grueso y enorme pene con sus húmedos y cálidos labios y lengua.
(Nota: según los videos incautados, el pene del hombre no es tan grande y grueso como afirma, el hombre leyó las notas que escribía el entrevistador), está bien, no es tan grande lo admito, pero hey, para ella y su cuerpito sí que era grueso y enorme eh? (sonríe maliciosamente pero el entrevistador no le corresponde).
En que estaba?, ah sí, ella estaba casi desnuda como siempre, me gustaba ver ese cuerpito así, casi en estado natural como Dios la trajo al mundo, solo con una pequeña faldita tutú de ballet ya que las falditas eran mi debilidad, y su collar de perrita del cual salía una pequeña cadenita enganchada a la mesa, esa cadenita la utilizaba antes para tirar de ella y acercar su cabeza hasta mi entrepierna, pero ahora ya no era necesario con ella porque era dócil y obediente.
Vaya que si, mientras le daba un sorbo a la taza de café pensé por un instante que si otros dueños la vieran en ese momento podrían pensar que la pequeña estaba siendo muy perezosa, que no estaba echándole ganas a su trabajo, y que merecía recibir un buen par de correazos en el traserito o un buen pellizco en los pezones para que la pequeña se pusiera a lamer y chupar con más ganas el pene de su dueño.
Pensé en eso porque eso fue justamente lo que había comentado uno de esos individuos anónimos que vieron mis videos…, pero meh, yo no era así…, no era mi intención llegar al clímax y eyacularle en la carita o la boquita, al menos no todavía eh?.
Como dueño absoluto de su cuerpito tenía todo el tiempo del mundo para ello y podría hacerlo cuando me diera la gana, y ahora simplemente me apetecía recibir las suaves caricias orales diarias y prolongadas de mi pequeña esclavita, quien luego de casi un año, y considerando que hice que se dedicara a ello cada día desde el primer día que la obtuve, ya se había vuelto muy experta en el arte de envolver cálidamente mi pene con sus pequeños labios y su lengüita con movimientos suaves y prolongados, y ahora lo hacía con devoción, ya no muy forzada como antes.
Además no puedo quitarle mérito al esfuerzo que hacía la pequeña criatura, después de todo tenía que darme sus caricias orales en una posición incómoda, estando de pie en medio de mis piernas y con la cinturita agachada apenas sujetándose con sus manitas de mis piernas, ya que cuando intentó hacerlo de rodillas su cabeza no alcanzaba hasta la altura de mi pene, tenía pensado conseguir un pequeño banquito para que se subiera…, pero de todos modos ya crecerá, a esa edad crecen muy rápido sabe?, y eso es algo que algunos dueños no toman en cuenta a veces.
(El entrevistador pregunta sobre los otros dueños, pero el hombre se pone serio y solo acepta testificar en sus propios términos) paciencia amigo, iré a mi ritmo y tarde o temprano te daré información de otras personas vale?…
En que estaba? Ah sí, que a esa edad crecen muy rápido, algunos dueños sufren mucho comprando accesorios, lencerías y cosas así para sus pequeñas y que luego crezcan, ni modo que yo tenga una colección de arneses de cuero para cada edad, nah por eso prefería dejar a mi esclavita casi desnuda, así era más fácil limpiarla también eh? Eso era muy importante.
También era más fácil para ella hacer las labores domésticas…, lo digo en serio, muchos dueños piensan que en esas edades son inútiles para otros trabajos que no sean ser un juguetito sexual, eso les pasa por vivir en una burbuja, a esa edad a mí ya me mandaban a la calle con una caja de dulces a venderlos en el semáforo, aunque apenas supiera reconocer las monedas por su tamaño, entonces por supuesto que mi pequeña podría hacer su parte del trabajo también…, aunque claro, yo no soy tan cruel como para mandarla a la fría calle ni aunque fuera legal ser su dueño jeje.
Tampoco es que pudiera dejarla en algo peligroso como la cocina donde pudiera quemarse o cortarse, lo que le hacía hacer era más sencillo: tender la cama, desempolvar los muebles, ordenar algunas cosas, lavar algunas prendas sencillas con sus manitas.
Pero sobre todo limpiar los pisos, se la pasaba fregando los pisos con un trapo de aquí y allá porque aunque se cansaba demasiado rápido, me encantaba ver su cuerpito semidesnudo solo con faldita, agachada en el suelo moviéndose rítmicamente de adelante hacia atrás como podía, yo me acercaba entre risas para darle una nalgada leve y decirle más rápido esclavita jeje.
Incluso en los últimos meses cuando ya tenía el coñito bien entrenado para recibir a su dueño, más de una vez no pude resistir mi erección y en ese instante me bajaba el pantalón, me ponía de rodillas detrás de ella, y la sujetaba de la cinturita parar levantarla, ponerla de pie y hacer que su coñito siempre lubricado estuviera a la altura de mi erección.
Entonces me convertía en una máquina fogosa y la utilizaba como mi muñequita sexual, una muñequita caliente que solía gemir eso si, sujetándola de la cinturita y combinando diversos movimientos, a veces yo golpeando mi pesado cuerpo hacia adelante, a veces empujando su cuerpito hacia atrás.
Eran posiciones muy incómodas y cansadoras para mí pero eso no me importaba porque no duraba mucho antes de terminar explotando, generalmente afuera en el piso, para luego devolverla al suelo a cuatro patas, darle una nueva nalgada mientras señalaba los fluidos en el piso, y diciéndole te falto esto putita, que como ella ya estaba bien entrenada limpiaba la mancha del piso con su lengüita toda obediente (el hombre emocionado suelta una sonora carcajada al rememorar su recuerdo).
Si…,al igual que ahora, al recordar ello solté una carcajada y mi pequeña debajo de la mesa por un instante levantó la vista y me miró a los ojos, con ese brillo inocente e ingenuo que tanto me gustaba y que me alegraba que no hubiera perdido…. Le acariciaba suavemente la cabecita para demostrarle lo mucho que apreciaba que sea una buena esclavita para mí, observaba su cuerpito en ese momento, el cuerpo de mi pequeña ya había sanado y casi no se le notaban las marcas, que cuales marcas?…, (al hombre se le va la sonrisa de repente), lo que había sucedido hace tres meses…

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