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Fantasías / Parodias, Fetichismo, Heterosexual

Casting a Ciegas (Historia gay a hetero)

Estéfano tiene 18 años, es virgen, gay y desesperado por dinero. Acepta hacer su primer casting porno creyendo que sería con un hombre. Le vendan los ojos… y cuando se los quita, ya está profundamente dentro de una mujer. Lo que debió ser un error se convierte en el acto más caliente de su vida..

Casting a Ciegas
(Historia gay a hetero)
Estéfano acababa de cumplir 18 años. Vivía solo en un departamento pequeño y casi vacío. Había salido del clóset frente a sus padres y la discusión terminó con él en la calle. Gracias a unos amigos consiguió techo, pero el dinero nunca alcanzaba. Los trabajos no duraban: o el jefe era un hijo de puta o la paga era una miseria.
Una tarde, en casa de su amigo Manuel, la conversación tomó un rumbo inesperado.
—Necesitas dinero, ¿verdad? —preguntó Manuel con una sonrisa rara.
—Obvio. ¿Por qué?
—Hay una productora que está haciendo casting para actores nuevos. Pagan bien.
Estéfano lo miró incrédulo.
—¿Porno?
—Sí. Buscan caras nuevas.
—Ni de pedo. No voy a tener sexo frente a una cámara.
—Pagan 700 dólares por escena.
Estéfano se quedó callado varios segundos.
—…¿700?
—Quinientos verdes. Y puedes pedir que sea con un hombre. También graban gay y bisexual.
Estéfano no respondió de inmediato. Esa noche, solo en su departamento, no podía dejar de pensar. Era virgen. Nunca había llegado más allá de unos besos torpes. La idea de que su primera vez fuera frente a cámaras le daba pánico… pero 500 dólares eran 500 dólares. Comida, renta y un poco de dignidad.
Al final aceptó.
El día del casting llegó nervioso pero decidido. La casa era grande, con un jardín enorme. Lo hicieron pasar a una habitación donde ya estaban el camarógrafo, el sonidista y el de iluminación. Le explicaron que empezarían con una pequeña entrevista y después la escena.
—Primero una venda —dijo el director, entregándole un antifaz negro—. Es parte del concepto del video. Confía.
Estéfano dudó un segundo, pero se lo puso. De pronto todo era oscuridad. Se acostó en la cama en bóxer, el corazón latiéndole fuerte. Escuchó pasos. El colchón se hundió a su lado.
Unas manos pequeñas y suaves empezaron a recorrerlo. Le tocaron el pecho, los brazos, el abdomen. Después sintió labios. Besos lentos, húmedos, que bajaban por su cuello y su torso. Estéfano se tensó… y después se relajó. “Es otro chico”, pensó. “Uno de manos delicadas”. Los labios llegaron a su boca. El beso empezó suave y se volvió profundo, hambriento. Una mano le apretó el bulto a través del bóxer y Estéfano soltó un gemido bajo. Le bajaron el bóxer con calma hasta dejarlo completamente desnudo.
—Qué buena verga tienes —escuchó decir al director.
La boca misteriosa bajó y se lo tragó casi entero de un solo movimiento. Estéfano arqueó la espalda. Nunca había sentido algo así. La lengua caliente, la garganta apretándole la polla, la saliva escurriéndole hasta los huevos. Jadeaba sin control mientras aquella persona le mamaba con hambre, subiendo y bajando, jugando con la punta, volviendo a tragársela entera.
Cuando la boca se separó, Estéfano estaba duro como una piedra y temblando. Sintió cómo la persona se acomodaba encima de él. El calor de un cuerpo desnudo contra el suyo. Después, algo cálido, húmedo y extremadamente apretado empezó a bajar sobre su verga.
“El culo…”, pensó. “Dios, qué rico se siente…”
La persona se sentó de un solo golpe, tragándose cada centímetro hasta el fondo. Estéfano abrió la boca en un gemido largo y roto. Era demasiado. Demasiado caliente, demasiado estrecho, demasiado perfecto. La persona empezó a subir y bajar, cabalgándolo con ritmo constante. Él puso las manos en lo que creía que eran nalgas firmes y se sorprendió de lo suaves y redondas que se sentían.
—Toca —ordenó el director—. No tengas miedo.
Estéfano obedeció. Apretó, guió la cadera, empezó a embestir hacia arriba. El sonido de piel contra piel llenó la habitación. Estaba perdiendo la virginidad y se sentía increíble. Mejor de lo que jamás había imaginado.
Las manos de la otra persona tomaron las suyas y las guiaron hacia arriba… hasta que Estéfano tocó dos pechos grandes, pesados y suaves.
Se quedó helado.
Con el corazón disparado se arrancó el antifaz.
Parpadeó varias veces, cegado por la luz. Y entonces la vio.
No era un chico.
Era una mujer. Morena, delgada, de pechos generosos y una cara hermosa cubierta de placer. Estaba montándolo, con su polla completamente enterrada dentro de su vagina. Sus ojos se encontraron. Ella sonrió, todavía moviéndose despacio sobre él, y se inclinó para besarlo otra vez.
Estéfano no supo qué hacer. El pánico y el placer se pelearon dentro de su cabeza. Era gay. Siempre lo había sido. Nunca había sentido atracción por una mujer… y sin embargo su verga seguía dura como piedra dentro de ella. Y se sentía demasiado bien.
La chica (Camila, escuchó que la llamaban después) volvió a besarlo, profundo, y él… correspondió. Casi sin pensarlo. La abrazó por la cintura y la volteó, dejándola debajo de él. Empezó a embestirla en misionero, mirando cómo su polla entraba y salía brillante de esa vagina rosada y apretada. El calor era distinto a todo. Más suave y a la vez más envolvente.
—Así… más fuerte —gimió ella contra su boca.
Estéfano obedeció. La cogió con ganas, perdiendo poco a poco la noción de quién era y qué se suponía que le debía gustar. Solo existía el placer. El sonido húmedo de su verga follándola. Los gemidos de ella. El sudor. La forma en que su coño lo apretaba cada vez que él tocaba un punto profundo.
La puso en cuatro. Camila se abrió las nalgas con las manos, mostrándole todo. Estéfano se quedó un segundo mirando, hipnotizado, antes de volver a meterse hasta el fondo de un solo empujón. La agarró de la cintura y empezó a cogérsela con fuerza, viendo cómo su polla desaparecía dentro de ella una y otra vez. El sonido era obsceno. Delicioso.
—Me voy a correr… —advirtió él entre dientes.
—Adentro —pidió ella—. Quiero sentirlo.
Eso lo mandó al límite. Se pegó a su espalda, la abrazó por delante y se corrió profundo, disparando chorros calientes dentro de su vagina mientras ella también llegaba al orgasmo, apretándolo con fuerza y gimiendo su nombre (el que no era suyo).
Se quedaron así varios segundos, temblando, conectados por el semen y el sudor.
Cuando por fin se separaron, Estéfano estaba sentado en el borde de la cama, todavía desnudo y confuso. Camila se sentó a su lado y le dedicó una sonrisa pícara. El camarógrafo acercó la cámara.
—¿Qué te pareció el casting, amigo?
Estéfano tragó saliva. Miró a Camila. Miró su propia polla todavía brillante de los fluidos de ella.
—Estuvo… bien —respondió con voz ronca.
Camila se rió suavemente y le dio un beso en la mejilla.
—Estuvo perfecto. Espero que se repita.
El director sonrió.
—¿Qué dices? ¿Te unes a nosotros? Puedes volver a cogerte a Camila… y a muchas más.
Estéfano abrió la boca para decir la verdad. Para explicar que había habido un error, que él era gay, que todo había sido un malentendido.
Pero las palabras que salieron fueron otras:
—Sí… me gustaría volver a hacerlo.
Camila sonrió y lo besó en la boca. Esta vez Estéfano no dudó en corresponder.
Mientras el director celebraba tener “un nuevo talento”, Estéfano se quedó mirando al vacío, el corazón todavía desbocado.
Había llegado siendo un virgen gay desesperado por dinero.
Se iba siendo algo que aún no sabía nombrar.
Y lo peor (o lo mejor) era que ya quería repetirlo.
4 Lecturas/25 agosto, 2026/0 Comentarios/por 2094JMC
Etiquetas: amigos, bisexual, gay, hijo, orgasmo, semen, sexo, vagina
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