Cuando fui tutor de una nenita…
Estábamos siempre solos en casa, ella tenía 12..
Yo era su tutor.
Ella vivía en esa casa para niños sin familia.
Muy bien cuidada, muy bien protegida. No le faltaba nada.
Ella sabía que el mundo está mal y comenzaba a tener signos de rebeldía, que expresaba con ropa «ruda» y un mechoncito teñido en su pelo.
También tenía un computador para ella sola en su pieza.
Me tocó ser su nuevo cuidador.
Apenas entré a esa casa y nos vimos, lo supe: le encanté.
Apenas me vio supo que podría hacer todo lo que veía a solas en su computador.
Mi mente también voló. Pero no debía entregarme al deseo. Yo soy el cuidador.
Ella era tímida.
Le gustaba usar ropa grande para ocultar las tremendas tetas que tenía a su tan pequeña edad.
En el colegio la molestaban diciéndole gorda.
En realidad no era gorda, pero la ropa gigante la hacía parecerlo.
Yo, un hombre experimentado, pude ver a través de ese gran polerón de calabera.
Ahí debajo hay un festín esperando.
No hablamos mucho durante el día. Ella quería estar en el computador.
Me pidió enfáticamente que no entre a su pieza sin golpear. Así que no lo hice, pero mi deber era estar atento.
Cuando comencé a escuchar una vocesita, tuve que colocar mi oído en la puerta.
Y claro, gemidos. Suaves gemidos de niñita y fuertes gemidos del porno que estaba viendo en el computador.
No pude evitar abrir suavemente la puerta para ver el maravilloso espectáculo.
Una pequeña de 12 años, tetoncita, masturbándose.
Miré en silencio, mientras me acariciaba el pene, hasta que acabó.
Me alejé rápidamente, en silencio, sin cerrar la puerta.
Ella supo que la ví, cuando después de un rato encontró su puerta semiabierta.
No conversamos nada después de eso. Nadie se refirió al respecto.
La ayudé a hacer sus tareas antes de dormir.
Ella estaba más tímida y asustada.
Cuando terminamos la tarea le dije que hoy dormiríamos juntos, pero que debía ser secreto.
Ella me miró con cara de terror. No lo esperaba.
Pero rápidamente su terror se transformó en ansiedad y emoción.
Apartó la mirada y asintió como diciendo «siempre he querido hacer ésto».
Llegada la noche, le dije que durmiéramos en mi cama, que era más grande.
Ella se acostó vestida, no sabía qué hacer, ni qué era correcto o incorrecto.
Estaba asustada y confundida.
Yo me desnudé completamente y solo me quedé con los boxers puestos.
Ella quedó impresionada y asustada al ver cómo se abultaba mi erección en el bóxer.
Le dije que tranquila, no haré nada que no quieras.
Me acosté con ella. Nos metimos bajo las sábanas.
Ella estaba rígida. Con miedo.
Yo la abracé suavemente.
Lo primero es que sienta mi calma, mi calor. Todo está bien. Disfruta del abrazo.
Luego de unos minutos, se entregó al calor del abrazo. Se relajó. Me abrazó también.
No soy su papá, pero ya está sintiendo en mi abrazo un poco de lo que es tener uno.
Comencé a acariciar su nuca y su cuello, como a un gatito. Mientras acercaba su cuerpo al mío para rozarnos.
Ella rápidamente se juntó a mí, sin saber la calentura que me estaba provocando.
Coloqué mi otra mano bajo su ropa, para acariciar su espalda.
Al principio se asustó, pero rápidamente comprendió que sólo era cariño.
Estuvimos mucho rato abrazados, yo acariciándola.
No se dio cuenta en qué momento ya estábamos rozándonos.
No se dio cuenta cuando comenzó a respirar caliente, con mi pene rozando su entrepierna.
No vio venir nada.
Comencé a acercar mi rostro al suyo, muy lentamente. Gimiendo al mismo tiempo que ella.
Cada vez más cerca. Cada vez más cerca. Nuestros alientos calientes juntándose.
Hasta que nuestros labios ya estaban casi tocándose.
Los roces y la respiración nos acercaban más y más, hasta que comencé a besar suavemente sus pequeños labios.
Ella no podía creer lo que estaba pasando. Su mente no tenía tiempo de procesar.
Era solo un animalito sintiendo caricias y calor humano por primera vez.
Cuando comencé a jugar con mi lengua lamiendo poco a poco la suya, sólo tuvo el impulso de comenzar a chupar.
«Eso, mi amor, chupa. Chupa y disfruta» – Pensaba mientras pervertía su boquita.
En ese punto yo ya no tenía ninguna culpa en rozar mi pene (aún dentro del boxer) con su entrepierna completamente vestida.
Estábamos teniendo sexo vestidos, chupando nuestras bocas desesperadamente.
Sin detener nuestro contacto, comencé a desabrochar su pantalón lentamente.
Una vez desabrochado, comencé a deslizarlo lentamente.
Su mente estaba completamente perdida en los nuevos estímulos.
Fue imposible para ella notar cuando ya tenía su pantalón completamente abajo y estábamos rozando nuestros sexos solo contenidos por la delgada línea de nuestra ropa interior.
Terminé de quitarle el pantalón y la monté sobre mí.
Su cuerpo ya sabía que hacer.
Después de tantos minutos rozándonos, su animalidad se frotaba automáticamente contra mí.
Nunca había sentido lo que es masturbarse con el cuerpo de otra persona.
Y yo nunca había visto una escena tan deliciosa como esta putita pequeña, en calzoncito y sus tremendas tetas escondidas en el polerón.
Era mi turno de chupar.
Sin previo aviso y violentamente, levanté su polerón y delgado corpiño de niñita para ver ese par de tetas en esplendor.
Ella se detuvo en seco, muerta de miedo.
Yo no me contuve y se las comencé a chupar y masajear, mientras seguí masturbándola con mi embiste.
Su gemido fue instantáneo.
Qué delicia es calentar a una putita inexperta.
Ella gemía y gemía mientras decía «no, no, tío, no, no, por favor».
Pero en mis oídos todo era «sí, sí, quiero más, tío, qué rico».
Cuando dejé de escuchar «no» y solo escuché sus gemidos de animalito, supe que era el momento.
Putita rica, te voy a hacer mía.
Mis manos en sus nalgas, deslizando lentamente su calzoncito hacia abajo.
Una vez más, su mente en éxtasis no tenía posibilidad de notar mis movimientos.
No pudo notar cuando le quité el calzoncito, ni cuando dejé mi pene fuera del bóxer.
Lentamente comencé a acercar mi pene a su vaginita.
Qué rico es sentir el calor de la entrada de una vaginita virgen humedeciendo mi glande.
Dejé de chuparle las tetas un segundo, la miré a los ojos.
Ella me miró con locura, confusión y un poco de miedo.
Suavemente le dije «te amo» y comencé a deslizar mi pene dentro de su pequeña vaginita humectada.
Ella no lo podía creer.
¿Qué estaba pasando?
Su mirada parecía desmayarse, mientras mi pene intentaba entrar dificultosamente.
Es normal que en su primera vez no pueda recibirlo todo, así que comencé a acariciarla con ternura y a jugar lentamente a entrar y salir de su vaginita lentamente.
«Te estoy haciendo cariño, mi amor» pensaba, intentando transmitírselo telepáticamente.
Su expresión era de una confusión gigante. No entenía nada, ya no era una niña, era un cúmulo de sensaciones imposibles de describir.
Poco a poco su vaginita se fue relajando, y mi pene pudo entrar más y más.
Hasta que porfin pude estar completamente dentro de ella.
Qué delicia.
«Te amo, mi amor» – le dije, mientras la acariciaba, con mi sexo completamente en su interior.
Ella no podía decir ni hacer nada. Era solo un cuerpo rendido al completo desconocimiento de todas estas nuevas sensaciones.
«Te amo» – repetí, antes de volver a chupar sus labios, con la ternura de un padre enamorado de su nueva putita.
Muchos «te amo» y muchas caricias le dí a ese cuerpo incapacitado de hacer nada, mientras mi pene se masturbaba dentro de su vagina hasta lograr el punto cúlmine de mi deseo y llenarla con mi eyaculación.
«Te amo, putita» – le dije suavemente. Sin ella entender el significado de mis palabras. Con su mente intentando procesar la nueva sensación de recibir un chorro dentro de ella.
«Te amo» – le dije por última vez, antes de quedarnos dormidos, ella sobre mí, yo con mi pene dentro de ella.
Al otro día despertamos en la misma posición.
«Buenos días mi amor» le dije, con un suave beso en la boca.
Ella primero me miró confundida y asustada, pero rápidamente sintió vergüenza, ternura y timidez.
No dijo nada. Solo se acurrucó en mí, como un animalito que encontró el lugar donde sentir cariño y placer.
Desde entonces mi putita sabe que siempre estaré disponible para explorar sus deseos.
En el día, ella mira porno y se masturba sola en la pieza.
En la noche, nos sacamos las ganas y la lleno como la putita que es.


(16 votos)
Dejar un comentario
¿Quieres unirte a la conversación?Siéntete libre de contribuir!