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Fetichismo, Orgias, Zoofilia Mujer

El Convento – Introducción

Primera parte de la guía de Acólitas de la Madre Abadesa.
La visión de la sala es el reflejo de lo que mis años de dedicación y esfuerzo han conseguido, lo que mi maestro, mi amo y mi señor, me había inculcado mediante susurros hacía ya años cuando era una niña malcriada (o al menos lo que las voces de mi cabeza me empezaron a pedir entonces).

La sala está repleta de mujeres de todas las edades y condiciones, niñas, adolescente, maduras y viejas. Pero todas compartimos algo. Estamos al borde de la locura degenerada que nuestro amo desea como plenitud espiritual, e incluso muchas de nosotras la hemos superado con creces. No en vano, mi querida futura Acólita, todas hemos superado las pruebas más degeneradas que la mente más retorcida pudo imaginar (la mía obviamente).

Esta visión es pura poesía macabra. Es éxtasis contenido. Una dana a punto de explotar en un huracán de locura, vicio y desenfreno.

Todas nosotras evidentemente estamos desnudas. No tiene sentido participar en nuestra sesión nocturna de la congregación ni con nuestras ropas públicas, el típico atuendo de monjita caritativa, ni con cualquiera de nuestras ropas de trabajo.

La visión de mis 20 Acólitas me llena de orgullo y de amor. O lo que mi mente degenerada y obscena entiende por amor. Ellas, desde Sofía de 9 años, nuestra Acólita más joven, hasta Madre Experiencia, nuestra más longeva Acólita, me pertenecen. Sus células, sus almas y cualquiera de las partes de su cuerpo me pertenecen. A mí y a nuestro señor. Son mías,  las amo por ser mías y mi amor es tan poderoso que cualquiera de ellas llevaría a cabo las más horribles de las acciones, si es mi deseo.

Observo que la mitad de nosotras ya estamos tan colocadas que no podemos ni  mantenernos en pie. Benditas drogas. Elevan nuestras almas hasta lugares tan oscuros que casi nos permite tocar al Amo.

La otra mitad está manteniendo cierta cordura, aunque todas, colocadas o no, esperamos a mi orden obedientes.

Pero noto la ansiedad desesperada. Hay orden, pero el caos y la destrucción asoman en esa mirada tan especial que solo nuestra congregación es capaz de ofrecer a la raza humana. La mitad de nosotras que seguimos de pie mirando al bulto del centro de la sala, tenemos la misma expresión: no parpadeamos, nuestros globos oculares parecen querer explotar, nuestra boca y nuestra lengua cobran vida propia como si de enfermas terminales de parkinson se tratara y nuestra saliva corre a raudales por nuestra cara y gotea hacia nuestros cuerpos desnudos como cualquier niño esperando la teta de su madre. Y sonreímos.

Sonreímos mientras esperamos a que yo, la madre abadesa del convento de las Carmelitas de Avilés, de la orden. Realmente, querida futura Acólita, nuestro nombre oficial es ese, aunque a lo largo y ancho de los años y en los bajos fondos de nuestra sociedad, se nos conoce por muchos otros nombres: las Torturadoras de Satanás, los Ángeles de la Depravación o, algunas veces, las Devoradores de Almas (aunque muchas de nosotras preferimos saborear los tiernos pechos extirpados de una esclava recién comprada que devorar su alma).

En todo caso, la Historia de Las Carmelitas es larga y llena de inspiración para toda aquella dama que se sienta tan elevada espiritualmente como nosotras, aunque hoy no es el día de contar nuestra historia. Baste decir que Las Carmelitas, antes de mi llegada al convento con 12 años, se dedicaban al rezo y la caridad.

Ahora, 36 años después, me encuentro en nuestra Sala del Destino, desnuda, altiva y divina. Mirando a mis 20 acólitas que esperan ansiosas, descontroladas, excitadas y como no, despiadadas. Qué camino tan largo hemos recorrido.

Ahora que lo estoy escribiendo para las futuras generaciones (la sangre siempre es una buena tinta) y mi señor me envía como descargas eléctricas los recuerdos a mi mente, no puedo olvidar como en el momento previo a dar la orden, me fijo en mi querida Miriam.

Ella está encadenada como siempre en estas sesiones, como es lógico dada su condición. La cadena metálica que une su bozal a la pared está tensa, muy tensa y yo solo espero que nuestro amo no le haya dado la fuerza necesaria para romperla, algo que haría que mi amada Míriam empezase el festín antes que el resto.

Míriam es un buen ejemplo de lo que, en mi opinión, una mujer debe aspirar a ser. Ella se entregó en alma primero y en cuerpo después, a la Congregación. Dada su condición, es una monja de clausura que no mantiene contacto con el exterior. Imagínate, si la dejamos suelta volvería a casa cubierta de heces y restos humanos y con la mitad de la policía de Avilés persiguiendola. Bueno, que lo intenten…

Pero Míriam es lo que mi amo espera que las mujeres seamos. Ella es uno de los especímenes de la clase que nosotras llamamos «Devoradoras». Ella es y será el molde para las futuras Devoradores, aunque  todavía no es momento de revelar los planes de mi señor.

En todo caso la imagen es nítida en mi cabeza. Aunque la sesión de la que ahora os hablo sucedió hace dos años, aun puedo sentirla como si la estuviera paladeando.  La rabia, la furia descontrolada, la falta total de límites morales o naturales de mi amada Miriam. Su olor corporal se impone al resto de olores de la sala, al de los animales e incluso al olor de las heces y vómitos de varias de nuestras hermanas colocadas.

El bozal le cubre la cara, pero observo con orgullo de Madre Abadesa, que no puede contener la gran cantidad de  babas que corren por el cuerpo de mi Devoradora.

Ahora que lo estoy relatando, me entran ganas de ir a nuestra guardería de acolitas y saborear saliva nueva, pero mi labor de divulgación es en este momento lo que mi amo me solicita y debo por una vez silenciar las voces y no ceder a mis instintos, aunque esto suponga quebrantar la primera regla del Convento.

Mi amada Miriam. La llamo amada, pero querida Acólita futura, yo amo a todas mis acólitas. Miriam es un brillante ejemplo y es la primera que me ha venido a la mente, pero estoy orgullosa de todas y cada una de nosotras. Todas, cada una de las 20, tenemos una cualidad que exportar al mundo…y lo haremos. Conquistaremos todas las almas de las mujeres de la Tierra y mis Acolitas serán Diosas vivientes que serán adoradas y ofrendadas de las maneras mas obscenas que puedas imaginar.

La cualidad de Miriam era precisamente su voluntad de dejar de ser humana y trascender, elevarse a Devoradora. El bozal le cubría la cara, pero no por gusto, sino por equidad. Miriam sin bozal y desencadenada habría terminado con la sesión en unos pocos minutos, y yo, la Madre Abadesa de todas, no podía consentirlo, por mucho que amase a Miriam.

En el momento de esta sesión, que por otro lado es una más de las que tenemos todas las noches en la Congregación (y ni siquiera una especial en la que estuviéramos celebrando alguna victoria de nuestro señor), Miriam debería tener 16 o 17 años. Ni de las más jóvenes, ni de las más mayores. Estaba desnuda, como todas, pero su cuerpo era la envidia de las de su clase.

Cuando la miro, mi instinto me chilla siempre lo mismo: acércate, lámele la cara, suplícale que te haga suya  y deja que su negra existencia te aniquile. Pero siempre me contengo, mi amo quiere que viva para contarte lo que puedes llegar a ser si nos sigues.

En su condición de Devoradora, una condición que Miriam me suplicó asumir al poco tiempo de haber superado la prueba de ingreso, ella tiene un cuerpo de ensueño. Nuestro dinero nos ha costado.

Le habíamos extirpado los senos, ahora eran dos cicatrices recuerdo del dolor de la extirpación sin anestesia. Las cuerdas vocales, la lengua y otras partes del cuerpo poco útiles para una Devoradora también fueron extirpadas. Las glándulas salivales potenciadas a través de cirugía genética, de manera que la secreción de saliva fuera siempre constante.

No te lo imaginas, pero una de las cosas que mas terror produce Miriam en sus víctimas es la cantidad de babas que les caen encima mientras son devoradas.

Ah, qué placer, todavía recuerdo el suave sabor de los restos de Miriam el día de la extirpación. Le habíamos realizado también varias intervenciones quirúrgicas, digamos especiales, que habían añadido ciertas capacidades no habituales en los humanos. Manos como cuchillas, dentadura afilada y párpados extirpados…Un ángel a mis ojos.

Su coño y ano eran también un espectáculo digno de cualquier museo de los horrores. El primero había sido intervenido para hacerlo terriblemente elástico, de manera que en las sesiones de tortura y condicionamiento pudiéramos insertar los aparatos más terribles que nuestro señor había podido diseñar y por supuesto podíamos aparearla con los animales con los penes más grandes.

Querida Acolita futura, aprovecho este punto para hacer un impás en mi historia,  ya que esto es algo que debes de comprender. Nuestra principal misión es la de extender nuestra influencia por el mundo. Extender la dominación de los Ángeles de la Depravación allá donde exista una mujer. Como ya habrás podido entender, para nosotros los hombres no existen más allá que como alimento, como fuente de espermatozoides y, en algunos pocos casos, fuente de experimentación y divertimento. Es por esto que todas y cada una de las 20 acolitas tenían como uno de sus objetivos parir.

Parir como conejas y parir mujeres Diosas a las que poder llamar hermanas. Es por esto que Miriam, aun monstruo a ojos de cualquier infiel, era plenamente preñable y a los 16 o 17 años y ya estaba preñada, por quinta vez. Y esa vez recuerdo que acabó llegando a buen puerto, porque las 4 veces anteriores, unas por ser bebés macho y otras por ser parte de alguna sesión de tortura y festín de nuestro señor, tuvimos que acabar con sus fetos. Pero ya te contaré esta historia.

El ano de Miriam era otra parte realmente bella de su cuerpo, una parte que personalmente había disfrutado en numerosas ocasiones. De manera quirúrgica habíamos agrandado el esfínter, adhiriendo un aro metálico de 40 centímetros de diámetro, de manera que Miriam era incapaz de retener nada dentro. Que placer me da recordar el sabor de sus heces, pero eso también es otra historia. O como olvidar todas las veces que la Ama de Devoradoras ha tenido que salir corriendo a salvar la vida de alguna cerda de la guardería a la que Miriam intenta aplastar metiéndole entera en su conducto anal.

Pero Miriam era una más, nuestra mejor Devoradora sí, pero como en todas las sesiones, una mas de las 20.

Déjame que vuelva al relato y te cuente también como es la sala del Destino. Trabajé duro para construirla tal y como mi amo me solicitó. En la sala cabemos todas, las 20, aunque está pensada para un público de mas de 100. Todas nosotras estamos en círculo, en cierta penumbra, no por vergüenza, sino por solemnidad.

En las esquinas de las salas siempre tenemos a disposición de las Acolitas nuestra zona de drogas y otras diversiones. Las drogas forman parte de nuestro cuerpo y alma, pero no es obligatorio consumirlas. Mi amada Miriam no ha tomado un gramo en su vida, toda su rabia y ansia de aniquilación viene de su corazón atrofiado y de la conciencia pura y nitida de que es un ser superior.

También tenemos como es lógico y os podéis imaginar, nuestra zona de animales. Ese dia sólo recuerdo un par de perros callejeros grandes, quizá nuestra Ama de Mascotas estaba demasiado drogada para traernos más.

Los animales tienen muchos usos y todos estos no hacen sino ayudarnos a cumplir los deseos de mi amo y nuestros más oscuros anhelos. Un perro puede usarse para follar, dado que la zoofilia es la única práctica sexual permitida entre Diosas y machos, pero también puede ser usado para convocar a la muerte.

Mientras todas nosotras, las 10 mínimamente cuerdas y las 10 ya desconectadas de la realidad esperamos mi orden, me fijo a mi izquierda en Maria. No es la Ama de Mascotas, pero se de buena tinta que no le importaría serlo, ya que su podrido cerebro no le deja pensar en otra cosa que no sea la fornicación y la tortura de cualquier animal. Su deseo, por lo que reza a nuestro amo todas las noches, es que de tanto follar animales pueda por fin preñarse de uno y parir engendros amorfos a los que torturar. Algún día la tengo que contar los experimentos del ala sur.

En este momento Maria, que nació macho inservible, pero nuestro señor permite que su vida continue, está encima de uno de los perros. Desnuda, sudorosa y jadeando, veo como el cipote del perro se hunde en su ano mientras su gran polla divina se balance alante y atrás. Sonríe como todas y su sonrisa es especialmente embriagadora.

Justo en este momento Sabrina y Lydia, dos de las Acólitas WC, salen corriendo directas a la polla de María. Mi río mientras veo como se van arañando la cara y mordiendo la una a la otra para tratar de llegar antes a insertarse la divina polla de Maria en sus sucios y marrones anos.

En el último momento, Lydia muerde el globo ocular de Sabrina, que cae al suelo gritando de dolor mientras alcanza un delicioso orgasmo.

Lydia, nuestra Acolita WC más depravada, es la afortunada que recibe gozosa la divina polla de Maria. Cuanto me apetece ser ella ahora mismo.

Y es que Maria es sin duda un espécimen único. Recuerdo como mi daga estaba apunto de rajar al niño macho impuro desde la boca hasta el abdomen cuando mi señor paró mi mano. Vaya momento de crisis, me las tuve que ver e ingeniar para parar un motín de Devoradoras que ansiaban su alimento diario.

Pero el señor me paró y su voz me invitó a transformar a ese engendro impuro e impío en una diosa de carne viviente. Ahora Maria disponía de un cuerpo escultural, unos pechos que serían la envidia de cualquier modelo de pasarela, una cara angelical, un culo respingón y un pelo rubio y largo que haría que cualquier hombre se ahorcara solo por poder olerlo. No en vano nuestra 90-60-90 es nuestra encargada de relaciones públicas y la que nos representa ante las autoridades.

Y en buena hora nuestro señor paró mi daga. Ahora todas las acólitas podíamos disfrutar de Maria, no solo en carne, sino también como una fuente de inspiración para nuestras podridas almas, que podían observar y aprender del nivel de bajeza y podredumbre que su degenerada mente podía llegar a alcanzar.

Porque mientras yo no doy la orden, todas podemos deleitarnos viendo como Maria, a la vez que encula a Lydia, es a su vez sodomizada por uno de los perros, mientras lame la cara, la lengua y las burbujeantes babas del otro. No me avergüenza decir que en ese momento mi coño chorrea, como el de todas, y no solo por nuestra víctima de la sesión, sino también por la orgia que Maria nos está ofreciendo.

No contenta con saborear la saliva del perro callejero, veo como Maria lo agarra fuertemente del cuello, le da la vuelta y empieza a lamerle el culo al animal. Desconozco el grado de limpieza del mismo, pero conociendo los gustos coprofilicos de Maria no dudo en que en breve veremos como termina de correrse en nuestra mejor Acolita comemierda.

Y de hecho así pasa. Mientras su gran polla se bambolea como mis hermanas lo hacian en el columpio de nuestra casa en Menorca, Maria empieza a meter sus dedos en el culo del animal y a sacarlos marrones. Es curioso y excitante ver como los mira, los y se los mete en su boca. Evidentemente Lydia empieza a salivar, suplicando por su ración de heces perrunas que Maria le concede. Al fin y al cabo, su única razón de existencia es la de ser alimentada de heces, vómitos y en general cualquier fluido orgánico.

Amada Maria, el espectáculo que ofrece es tan excitante, que en ese momento pienso en que deberé acudir a su alcoba al día siguiente para visitar juntas las pocilgas. O la guardería de cerdas.

Y es justo en ese momento cuando tomo la decisión de dar la orden. Ese momento en el que Maria, presa ya de una excitación que la aleja de cualquier resquicio de humanidad, se corre a gritos dentro del ojete de Lydia mientras que al mismo tiempo y con sus propias manos manchadas de mierda, estrangula hasta la muerte al perro macho al que acababa de follarla. Los chillidos del perro y el semen de Maria saliendo del culo de Lydia, hacen que varias acólitas se corran sin tocarse. Solo pienso si pueden llegar a ver en mis ojos lo orgullosa que estoy de todas ellas.

Es entonces cuando me dirijo a Carmen, la Madre Protectora, la encargada de la guardería de cerdas y mi mano derecha. No es momento de hablar de Carmen, solo decirte que el mismo Amo y Señor me habla personalmente de ella y de los grandes planes que tiene para su futuro.

– Carmen, estamos listas, quita la bolsa.
– Si, Madre abadesa, gracias por su permiso, estamos ya todas, al menos las que seguimos centradas, desesperadas por empezar.
– Lo bueno se hace esperar mi Angel de la Muerte. ¿Crees que hoy debemos premiar a alguien o lo dejamos al mejor postor?
– Por el Amo y por usted, permítame a mi empezar. No en vano he sido yo la que ha criado semanas a esta cerda niña impura, a esta ofrenda. Necesito saciar mi apetito.
– Eso seria descuidado e improcedente por mi parte. Se que darías un gran espectáculo y que nuestros coños divinos estarian agradecidos, pero tú nunca dejas que nadie sobreviva y es también injusto con el resto de hermanas.
– Lo se mi amada Madre, pero siento que es lo que nuestro señor me pide. Siempre que estoy lamiendo un coño de cerda infantil o penetrando cualquier parte de su cuerpo, algo cambia en mi interior. Algo me empuja a expiar esas almas impuras y a reventar esos frágiles cuerpos.

Me giro y la agarro del pelo mientras nuestras bocas se funden en un beso de puro amor. Me contengo para no arrancarle la lengua de un mordisco, la acabaría echando de menos. Aún que sé que Carmen me llegaría a suplicar que lo hiciera.

El beso es baboso, pastoso y eterno. Noto sabor a heces, alcohol, cocaína y algo que no puedo identificar hasta que caigo en ello. Maldita degenerada, el darme cuenta del sabor a sangre hace ambas nos corramos sin habernos tocado mas que las lenguas. Luego la preguntaré a quien se ha estado comiendo.

– He tomado una decisión Carmen, hoy nuestra impura invitada será un premio para todas. Descúbrela.
– Si Madre Abadesa.

Vi como el coño de Carmen chorreaba flujos de su corrida u orina,no lo sabia (tenemos como norma no usar los baños, para eso tenemos a nuestras acolitas WC), pero estaba segura de que su rabia ante la imposibilidad de ser la primera en este festín, harían de ella una auténtica fiera esta noche.

Mientras Carmen se acerca y descubre a la niña, observo las caras de mis hermanas. Gritos, la mayoría de júbilo, la mayoría no humanos. Caras enloquecidas por la espera y corazones palpitantes como cohetes a punto de estallar.

Nuestra niña de hoy no es nada especial, la verdad. Es la habitual escoria que utilizamos en nuestras sesiones diarias. Algo olvidable, algo que ni la madre que la parió dedicó más de un minuto de interés.

Sólo una de cada 100 sacrificios sobrevive y se convierte en Acólita y sospecho que hoy no va a ser el día. Yo misma de manera inconsciente llevo mi mano, repleta de anillos de diamante fruto de nuestras rapiñas, a mi encharcado coño divino y empiezo a masajearlo.

Sin haber dado la orden todavía, solo la visión de la cara angelical de la niña cerda, repleta de lagrimas y chorreones de maquillaje, que tenemos delante me hace imaginarme un final de sesión en el que mi orgasmo se alinea con su último aliento. Pero yo, la Madre Abadesa, tengo seres humanos y animales a mi disposición siempre que quiera, no es mi momento.

Según Carmen va retirando la bolsa que la cubre, mis Acólitas pueden ver el cuerpo de niña cerda.

Está desnuda, como es lógico en un trozo de sacrificio. Podemos ver un cuerpo infantil normativo de una niña de 5 o 6 años. No hay pechos que extirpar ni nada reseñable en ella. Tiene las uñas de manos y pies pintadas, pelo rubio sedoso, ojos verdes y unas graciosas pecas a lo largo de su cuerpo.

El coño de la niña está mojado, son los orines previos a la muerte. Y su culo es pequeño y respingón. Siento envidia por la primera Acólita que le hinque el diente.

Habla en un idioma que no entiendo, lo que me hace pensar que Carmen la ha comprado en algún mercado humano de fuera de España.

Lo que empieza siendo una cara de una niña llorando, se empieza a convertir en un semblante de terror puro. No es sólo que la primera persona que ve es a Carmen, la viva imagen de la degeneración en la Tierra, sino que según va viendo al resto de Acólitas, empieza a comprender que su vida ya no vale nada.

Miriam, la única Devoradora todavía en pie es la que más la asusta, pero eso es porque no conoce la rapidez con las que las Devoradoras devoran. No se puede ni imaginar que la rodean 20 Acólitas a cual mas degenerada y perversa y con habilidades torturadoras infinitamente superiores a las de Miriam.

– Puta!!! – grito yo- ¿me entiendes?

La cerda niña escoria farfulla algo y me doy por vencida en mis intentos de comunicación.

– Hermanas. Acólitas. Hijas de Satanás,  Ángeles de la Depravación, mis amadas. Este es nuestro objeto ceremonial de hoy. Nuestro trozo de carne. Criada y alimentada durante semanas por nuestra hermana Madre Protectora, que nos la ofrece esta noche a todas nosotras.

Gritos festejando a la Madre Protectora.

Y sonriendo a la vez que noto la descarga del orgasmo una vez más, les digo:

– Adelante, que el Amo guíe vuestros pasos.

Baste decir que a Lorena, la Ama de Devoradoras, casi no le da tiempo a liberar a Miriam, pero lo logra justo antes de que la cadena se rompa. Recuerdo esa sesión con un especial interés, no solo porque alcancé 4 o 5 orgasmos sin necesidad de tocarme, sino porque mis hermanas acólitas pudieron dar rienda suelta a todos sus instintos mas oscuros.

Esa noche la debilidad acabó con una de las hermanas que yacía drogada en el suelo. Normalmente es algo que no dejo que ocurra, pero ese día la niña cerda víctima era tan apetecible que por un momento perdí de vista otras zonas de la sala.

La acolita Paloma, 13 años, yace en el suelo entre convulsiones provocadas por las altas dosis de heroína consumida. Acaba de pasar la prueba hacia 9 meses, con un especial desempeño en la prueba de abandono personal que me hizo sentir orgullosa de ser su Madre Abadesa.

Absorta con mi vista y mi coño centrados en la dantesca escena del centro de la sala, me llama la atención un grito ahogado a mi derecha.

– Aaaagghhh, niña malcriada y puta. Llevo todo el día relamiéndome pensando en cómo iba a acabar con tu vida hoy.

Paloma yace en el suelo, convulsionando como era habitual en ella, con sus heces y sus orines ya esparcidos a su alrededor y adornando su cuerpo.  La Madre Experiencia brinca como loca encima de ella. El gran charco de sangre que como lava recién expulsada sale del cuerpo de Paloma me alerta. Todas sangramos en las sesiones, pero eso era mucha sangre.

– Toma, toma, toma, toma. Muere y sufre. El amo te espera Paloma.

Ahora no recuerdo si es la visión de Madre Experiencia sentada encima de la cabeza de Paloma, asfixiandola con su viejo y maloliente coño y meandola directamente en su garganta, o el hecho de que con su mano derecha está apuñalando los pechos y el vientre de Paloma, lo que me hace correme otra vez, pero así sucedió.

Ver a Madre Experiencia, la mas mayor de todas nosotras (se que no le gusta que lo diga, pero en esa sesión ella ya tenía los 70 años), asesinar a 5 metros de mi a una Acolita del género preñadora me enciende las entrañas y desborda mis flujos internos.

– Madre Experiencia!!! Qué está haciendo???
– Madre Abadesa, esta puta del averno debe morir. No es digna, es impía, sucia, bastarda.
– No es posible, Madre Experiencia. Paloma ha superado las pruebas satisfactoriamente – le digo mientras me acerco despacio.
– No es por las pruebas, es porque esta puta estaba planeando fugarse para dar a luz fuera del Convento – y al decir esto empieza a cortar uno de los brazos de Paloma, que sigue convulsionando.

Oír esto me nubla la vista. Una Acólita traidora era algo que no sucedía desde hacía años, pero mi confianza en Madre Experiencia, una de las mayores criminales de la historia de la locura humana, era casi tanta como mi confianza en Carmen.

– Tienes mi bendición y la de nuestro Amo y Señor. Haz con esta furcia bastarda lo que te apetezca.

Me acerco a ellas para no solo apoyar a mi Acólita fiel, sino con intención de participar en el ajusticiamiento. Al llegar, me lanzo a lamer la piel manchada de sangre y sudor de Madre Experiencia. La lamo desde el ano hasta la boca, en donde deposito todo lo que he ido recogiendo.

Sabe a vieja cerda, pero sabe también al Amo. Al separar nuestras bocas, un hilo de baba y mucosa se desliza viscoso hasta el inexpresivo ojo de Paloma. Decido que debo recoger todos los fluidos que nos rodean para bañarme en ellos. La orina de Madre Experiencia y la sangre de Paloma son ahora parte de mi piel.

– Madre Experiencia, te ordeno que defeques en la boca de Paloma. Será su última comida divina.

Es precioso ver como un ser degenerado de 70 años empuja con su puño la mierda que acaba de cagar dentro de la boca de una Acólita de 13 años. En el proceso veo como varios dientes de Paloma se parten y el puño de Madre Experiencia sangra, pero a Paloma ya no debe de importarle, ya no grita, solo gime.

– Madre Experiencia,  mira a Paloma, sabe que va a morir, pero se está corriendo, en verdad aun con su traición, será una pérdida para la hermandad.

Ella solo rie, no usa risa normal, una que el mismísimo Amo podría haber proferido. Y mientras rie su puño ensangrentado por las mordeduras de Paloma se introduce en su coño hasta llevarla a un climax tan elevado que se desmaya.

Peor para ella, pienso yo. Mi cerebro ya no rige. Sé que debo seguir presidiendo la ceremonia, pero se ha abierto la veda. El resto de Acólitas estan todas o desmayadas o en el festín del centro de la sala y nada me impide dar rienda suelta a mi lujuria.

La sangre ya no fluye de los agujeros que Madre Experiencia con sus puñaladas ha creado en el cuerpo de Paloma, aunque ella todavia respira con dificultad. Meto mis manos en las rajas de los pechos para tocarlos por dentro y los estrujo como plastilina, ella gime más. Meto mis manos dentro de su abdomen para tocar el feto (te recuerdo que todas estamos embarazadas siempre que podemos) y sonrío.

– Mi amor, mi querida hija Paloma, es un niño impuro. Habría muerto igual.

Saco el feto, que calculo tendrá 6 o 7 meses y patalea antes de dejar de respirar. Su cadáver es ahora un consolador de carne que introduzco en mi coño.

Y con el mio repleto de carne, me centro en el de Paloma. Es un precioso coño lampiño de una niña de 13 años. Depilado a láser, no en vano Paloma es hermana preñadora, y está expulsando un flujo blanco que me hace pensar que Paloma se ha corrido al arrancarle a su bebé. Quiza está disfrutando casi tanto como sufriendo.

Me arrodilló y me lo como. No como una mujer no Acolita haría con su pareja, sino que me lo como literalmente. Lo lamo y lo muerdo hasta quedarme con el clitoris arrancado de un mordisco en mi boca. Bocado de cardenal, querida lectora.  Masticar un clitoris excitado es como comer ostras, un manjar.

Estoy arrodillada y masticando cuando escucho un susurro en mi oído derecho. Es Maria.

– Amada y divina Madre, una vez más te doy gracias a ti y al Amo por perdonarme la vida y hacer que trascienda a mi estado de divinidad actual. Déjeme agradecérselo una vez mas.
– Adelante Maria, descarga tu divina polla de mujer en mis entrañas – digo mientras babeo sangre.

Maria mete de golpe su divina polla en mi divino coño. No hay preliminares, no hay preguntas, solo violacion, como a mi me gusta desde que con 5 años mi madre me empezó a violar.

De todas formas, mi gozo en un pozo. No hay tanto dolor, ya que noto que su polla esta muy lubricada y sospecho que es la mezcla de la mierda de los perros y Lydia con la que estaba jugando antes. Bien, las Hermanas somos deposito de mierda, está en nuestros mandamientos.

-Mi amada Madre Abadesa, la voy a impregnar ya, córrase conmigo.

Paloma es un puzle descolocado, los pechos desgarrados y aplastados, dientes partidos, garganta repleta de orina y mierda, el coño arrancado a mordiscos y chorreando sangre y flujo y la Madre abadesa, yo, apunto de correrme disfrutando de esta vista. Yo no he matado a Paloma, al menos no lo he empezado, pero mi voz interior, mi amado Amo me lo dice.

-Hazlo amor mio, esa puta no era digna.

Mientras noto el semen de Maria inundar mis entrañas y espero que esto me provoque un nuevo embarazo, cojo la daga de Madre Experiencia y la clavo como loca en el cuello y cara de Paloma. Bueno, ya nadie diría que es Paloma. No sé si ya estaba muerta, solo sé que mis gritos fueron tales que hasta las Devoradoras pararon un momento el festín del centro de la sala.

Querida futura Acolita. Paro aquí mi primera parte de mi guía para la humanidad. Sé que tienes muchas preguntas. Quienes son el resto de 20 acólitas, cual es mi historia y las de Paloma, Carmen, Lydia, la Madre Experiencia o Miriam. Como fundé la Congregación, cuáles son los planes del amo para todas las mujeres dignas de la humanidad o cualquier otra historia del Convento del día a día. Pero ya habrá tiempo.

Y sé que te preguntas sobre el festín y lo que le pasó a Escoria, nuestra niña ofrenda de ese día. Solo te diré hoy, que cuando di la orden de parar la sesión y me acerqué al centro de la sala, vi algo que no me esperaba encontrar.

Vi sangre, vi huesos al aire limpios despues de haber sido lamidos, vi a devoradoras y al resto de Acólitas cubiertas de sangre, sudor y la totalidad de los flujos del cuerpo humano. Vi el cuerpo de una niña destrozado, sin una parte de la cara, sin varios dedos, una pierna arrancada, cortes en todo el cuerpo, incluyendo la extirpación de pezones y clítoris y un sinfín de torturas que ningún ser humano ni casi ninguna Acólita hubiera podido soportar.

Y entonces escuché:

– Madre Superiora, todavía respira.

(Contestaré personalmente a cada comentario, queridas futuras Acólitas)

32 Lecturas/12 mayo, 2026/0 Comentarios/por LordDrepravado
Etiquetas: anal, hermana, hija, madre, mayor, mayores, orgia, recuerdos
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