¡Gloria a su Majestad!
La carne anal se sentía tan caliente como siempre, cubriendo su pene en un manto de éxtasis embriagante. Mientras que para el menor, la polla del adulto fue el regalo más dichoso que habia sentido nunca. Su culo gozaba al ser estimulado por semejante verga viril. Tan lleno de ella. .
Al final de la Dinastía Cavill, la corona pasó a su hijo mayor.
El emperador retirado Henry observó con orgullo como su linaje recibía la corona y el trono para gobernar.
Con reverencias y saludos, la población celebró la coronación y el ex emperador se retiró a sus aposentos.
Ahora que su mandato habia terminado, su harén habia sido limpiado, enviando a sus mujeres a templos budistas para rezar por la salud de la familia imperial.
El resto de principes fueron asignados a condados como gobernantes y sus hijas ya estaban casadas.
Su emperatriz habia muerto hace años y no tenía ninguna concubina favorita.
Por lo tanto, el amor a la antigua reina seguía intacto en el corazón del ex monarca Henry.
Con serenidad eligió un poblado lejano en una de las provincias ricas del imperio y se mudó junto a su ejército personal.
El emperador actual, su esposa y los ministros lo despidieron en las puertas de la capital.
Con su figura erguida, a sus 45 años, el ex emperador conservaba su aire indómito.
Cruzó rios y montañas hasta llegar al poblado elegido donde un castillo de granito pulido le daba la bienvenida.
Dispuso a sus soldados en sus guardias, sus sirvientes le saludaron y comodamente se sentó en sus aposentos admirando el atardecer del día con el cuerpo totalmente desnudo.
Estiró sus brazos a los lados de la silla, sus enormes biceps pegados al respaldo, las venas curvandose en la piel y realzando el músculo duro de color blanco. Los brazos velludos se apoyaban en los descansabrazos, siendo más grandes que ellos. Las manos sobresalían de la silla tocando sus piernas.
Cada dedo era largo y grueso, con la carne curtida y llena de callos.
Las uñas eran pulcras, pero las cicatrices en la palma estaban presentes a lo largo de la carne.
La cara cuadrada y angulosa del hombre contemplaba el panorama por fuera de su ventanal.
Sus ojos negros brillaban intensamente, sus párpados caídos eran elegantes, sus cejas gruesas se apretaban contra su ceño en un gesto magnánimo. Sus mejillas ligeramente rellenas realzaban su mandíbula simétrica cubierta de una barba bien cuidada y recortada de tono negro.
Sus labios rojos destacaban sobre la marumba de pelo. Su nariz recta y perfilada realzaba su atractivo fisico y su cabello alineado hacia atrás, con los costados bien recortados eran un símbolo de su nobleza.
Su corona de oro y joyas estaban en su cama junto a su túnica de ex monarca.
El sol brillaba en su cuerpo cubriendo con su calor cada rincón visible.
Desde la articulación de sus hombros, lo ancho de sus omóplatos, la curva de sus pectorales inflados, la fila de abdominales que culminaban en su pelvis pronunciada. También las canaletas a sus costados, la estrechez de su cintura, sus nalgas firmes y duras, las piernas fuertes y bien proporcionadas, con cada músculo hinchado y duro como roca.
El sudor empezaba a cubrir la piel del hombre mojando el vello en su cuerpo.
En sus axilas, pecho, abdomen, espalda y pubis.
La mata de pelo negro era fina, dándole a la piel una apariencia oscura y pecaminosa.
Su pene descansaba en una de sus piernas, dormido.
La bolsa de testículos pesaba en su entrepierna. Holgada, redonda y arrugada. El par de bolas adultas se hinchaban y movían de vez en cuándo. La testosterona exhalandose en cada sudor que perlaba esa zona.
La puerta fue tocada. Un sirviente pasó con una toalla, jabón para el cuerpo y cabello.
—Mi señor. El baño esta listo.
Henry se levantó con soltura de su silla, el peso de su cuerpo cayendo sobre sus músculosas piernas y haciendo crujir el suelo de madera alfombrada.
El sirviente no se atrevió a mirar a su majestad mientras él pasaba a su lado y entraba a ducharse.
Cuando el ruido del agua cayendo de la tina se escuchó, el sirviente se dió la vuelta para servirle.
La piel blanca fue lustrada lentamente, cada músculo expuesto para ser limpiado, el pelo húmedo y enjabonado, el calor disipandose en el agua.
Debajo del liquido, el rey movía su mano por sobre su hombría, masturbándose, mientras su sirviente terminaba de bañarlo.
Una vez limpio el ex emperador se levantó de la tina de agua apoyando sus manos de los costados de la madera.
El ruido del agua cayendo fue claro y la figura de casi 2 metros se impuso en el baño.
El ex monarca salió de la tina y dejó que su sirvienta secara su cuerpo altivo.
Limpiando con especial atención su hombría erecta.
La polla larga de grueso considerable se elevaba levemente hacia arriba, con un glande gordo de color rojo. Las venas se marcaban en la carne y la piel del prepucio cubría la mitad del miembro viril como una capa protectora.
El tronco se veía enorme desde la base hasta la punta, los testículos colgaban de entre sus piernas con majestuosidad.
Una vez su cuerpo seco, el sirviente se retiró dejando a su rey solo en la sala.
Henry se acostó en su cama cubriendo su cuerpo desnudo con las sabanas.
Sus pertenencias habian sido dispuestas en su armario personal, en una esquina de la habitación real.
Con la penumbra llegando desde el horizonte, el ex emperador se durmió.
Al día siguiente, mientras el rey desayunaba, recibió la visita de su mayordomo.
—Mi señor. Han venido familia de campesinos y pobres ha ofrecer su servicio de trabajo.
Henry llevó su mano a su mentón acariciándo su barba.
—¿Los puestos de sirvientes estan cubiertos?
—Todos, su alteza.
—¿Qué hay de la zona roja?
—Todavia no hemos contactado con un burdel para pedir sus servicios.
—Diles que si desean trabajar para mi, pueden hacerlo como damas rojas o calienta camas de mis soldados.
—Sí, señor ¿Y qué hacemos con los jovenes y niños huérfanos?
El emperador miró a su sirviente con interés.
—Invitalos al pasillo rojo a mi servicio. Solo varones. No quiero concubinas.
El mayordomo hizo una reverencia y se fué.
A las horas, el ex emperador estaba sentado en su trono observando a sus nuevas adquisiciones.
Quince jovenes entre los 17 y 8 años estaban en fila frente a él.
Habian más de 30 cuanto pidieron trabajar, pero de esa cantidad, solo 15 aceptaron ser calienta camas del emperador.
Con parsimonía, el adulto observó a cada joven.
Habia morochos, de pelo lizo, con rostros toscos o finos, cuerpos tonificados, algunos ligeramente desnutridos y con la piel sucia o seca.
Nadie atractivo, pero con eso bastaba.
—Llevalos a sus aposentos y que se arreglen. Después recibiré sus tarjetas de presentación para que me visiten.
Con una reverencia, los sirvientes se llevaron a los jovenes, quienes nerviosos observaron la figura de su majestad.
—Es enorme —susurró uno.
—¿Vieron su cuerpo tras la túnica? La silueta de sus músculos daba miedo —murmuró otro.
—Nos va a destrozar —comentó un niño en voz baja.
—Solo espero no la tenga grande —dijo alguien.
—Calla. Los sirvientes nos oyen.
Los jovenes hablaron entre si ante el escrutinio de los trabajadores del ex emperador.
A la noche, en los aposentos del monarca, un sirviente ofreció una bandeja de oro, encima, tarjetas de madera tenían palabras inscritas.
Henry estaba vestido con una túnica traslúcida de color lila, marcando su figura varonil, el contorno de sus músculos y la presencia de su hombría.
Tomó una tarjeta y se la dió a otro sirviente.
—Trae al niño de 8 años.
—Sí, su majestad.
Mientras el rey esperaba en la habitación, su mayordomo se acercó con una caja de plata abierta.
Frascos de distintas formas y colores estaban a la vista en una colcha de algodón morada.
Henry tomó un frasco azul y lo destapó.
Un aroma afrodisíaco se liberó de la punta como un humo blanco.
En ese momento, la puerta fue tocada.
—Pasen —dijo el monarca.
Soldados escoltaron a un niño tembloroso a su lado.
Los soldados se posicionaron alrededor de la habitación y dos de ellos llevaron al pequeño hasta donde estaba su emperador.
Henry se agachó a la altura del niño viéndose imponente.
Notando la figura temblorosa del menor, el rey le acercó el frasco a la nariz.
—Huele esto.
Su tono de voz fue una orden y el niño hizo caso con miedo.
La nariz del infante inhaló el humo blanco y sintió un aroma picante y acido recorrer su olfato. Un mareo le hizo tambalearse y fue sostenido por los soldados a su lado.
La cara del niño estaba roja, de sus labios, salían jadeos y su penecito chorreaba orines temblorosos.
Ya no parecía tener miedo en sus ojos, había sido reemplazado por una estimulación sexual sobrecogedora.
—Llevenlo a mi cama.
Con las ordenes del rey, los soldados dejaron al niño de 8 años boca abajo.
El trasero estaba elevado hacia arriba, mostrando un agujero rosadito y limpio. Se veia tierno y jugoso, sin estrenar.
El emperador acercó el frasco a su nariz oliendo la sustancia y cerrando los párpados.
Un aroma afrodisíaco inundó sus sentidos. Sus músculos se hincharon, las venas se marcaron en su piel blanca. Su pene se había erguido mostrando lubricante salir de la punta a borbotones.
La carne roja del glande totalmente cabezona, el tronco de un tamaño monumental y la bolsa de testículos colgando pesadamente de entre sus piernas.
Cuando los párpados del emperador se abrieron, su iris negro brillante se tornó opaco.
El rey se quitó su túnica traslúcida lila, sus dedos agarraron los pliegues y los bajó, dejándo caer suavemente la túnica de su espalda músculosa, exponiendo con nitidez el atractivo varonil de su físico.
La plenitud de cada surco siendo acariciado por la tela al caer a los pies del rey.
Los gluteos del ex emperador fuertemente apretados, duros y redondos, cubiertos de pelo expuestos.
Los soldados presenciaron a su majestad en la cama.
Vieron al hombre de 1,96 metros de altura subirse al colchón, detrás de la figura de un niño de menos de un metro de altura.
La figura del pequeño siendo opacada por la musculatura adulta de su majestad.
Totalmente ido, el niño sintió las manos callosas de su rey y gimió de gusto.
La polla llena de lubricante estaba siendo presionada contra el agujero virgen del menor.
29 centímetros de carne adulta lista para profanar su ano.
El iris de los soldados se llenó de orgullo y sonrisas cómplices adornaron sus labios.
El rey metió su hombría en el ano del niño.
Cada centímetro entró sin resistencia. El pequeño soltaba gemidos y gritos de placer, babeando la cama y jadeando por más.
El rostro estoico del ex emperador estaba cubierto de sudor. El afrodisiaco recorría sus venas y el placer de follar aquel culo infantil era la gloria.
Con un último movimiento, la polla del rey entró de lleno.
El glande presionando las paredes del niño, el lubricante inundando su cavidad anal y la bolsa de testículos del ex emperador aplastando las nalgas juveniles del menor.
Con un vaivén suelto y la espalda recta, el monarca inició sus embestidas.
Los gemidos altos del niño eran secundados por los gruñidos del rey.
La cama se mecía ante las embestidas y el cuerpo del infante se movía de adelante hacia atrás en cada sacudida.
Su pequeño cuerpo recibía de lleno la magnanimidad de la figura corpulenta de un adulto.
Su culo estaba rojo y abierto totalmente.
El ano rosado y tierno se habia convertido en un pliegue deforme de color rojo de donde lubricante chorreaba en cada vaivén.
El niño tenía la boca abierta, los párpados cerrados y las manos apretadas en las sábanas.
Arriba del menor, el rey lo montaba con gracia. El vaivén golpeando la piel y sacando gemidos al pequeño.
Los soldados observaron al cuerpo del monarca mecerse con soltura en la cama.
Su pelvis daba de lleno en las nalgas del niño, sus testículos saltaban en cada embestida, sus rodillas sostenían bien el peso del rey mientras su espalda recta le confería un aire solemne.
Sus ojos estaban en el agujero del niño, viendo como su pene de 29 centímetros entraba y salía con facilidad. Chorreando lubricante y mojando sus piernas en el proceso.
Con una mano sostenía al pequeño de las caderas y la otra la tenía al lado de su cuerpo, mostrando su bícep marcado, las venas de su brazo y su mano ligeramente apretada en un puño.
La elegancia al moverse era digna de su estatus.
A pesar de estar bajo los efectos de su afrodisíaco, se mantenía con un porte sereno.
Sin embargo, el niño bajo su cuerpo estaba hecho un desastre.
Baba en toda su cara, lágrimas en sus párpados, la cara y gran parte de su cuerpo rojo. Calor febril emanaba de sus poros y el sudor perlaba su piel infantil. Su penecito no dejaba de chorrear orines de vez en cuándo y su ano pulsaba entre cada embestida.
Las paredes anales se tensaban, estiraban y contraían mientras eran penetradas por su majestad.
El rey degustó de aquel proceso sin inmutarse. Disfrutando de la carne infantil apresando su polla, el calor envolviendo su glande y el lubricante mojando sus venas y testículos.
Pasada la hora, el rey sacó su pene del culo del niño.
Tomó al pequeño y le dió la vuelta, poniéndole bocaarriba.
Sostuvo sus piernas con ambas manos, abriendolas a los lados.
Su ano rojo y abierto se contrajo ante su visión, con la punta de su glande cerca de la entrada.
La carita del niño era desastrosa, un manojo de jadeos y gemidos.
El rey solo le dió un vistazo antes de proseguir con su placer personal.
El pequeño sintió aquella envergadura de 29 centímetros entrar de nuevo a su agujero sensible.
Profirió un gemido alto seguido de varios más.
Las embestidas golpearon su culo y el pequeño cerró los párpados extasiado.
—Más, quiero más.
El rey mantuvo su postura durante otra hora antes de cambiar.
Esta vez con el niño de lado y él acostado detrás, sosteniendo una pierna con uno de sus brazos y metiendo su polla en rapidas embestidas.
El movimiento rítmico era hipnotizante, el sudor mojaba las sábanas, el lubricante se habia agotado y solo se escuchaba el sonido obsceno de las pieles rozándose.
El niño de 8 años daba pequeños gritos entre los conjuntos de embestidas del rey. Sus labios infantiles resecos y con marcas de lágrimas en su rostro.
Su mirada ida en total placer temblaba ante las descargas de calor que le llegaban al abdomen.
Su pene estaba duro, sin gotear nada.
Las piernitas del niño estaban pesadas, sin energia y su culo ya no se contraía como antes.
Los espasmos eran esporádicos y las paredes solo se estiraban.
El rey tenía el semblante jadeante y el cuerpo lleno de sudor.
Las venas se marcaban en sus músculos y su pene estaba sobreestimulado.
Sus vaivenes rápidos siguieron golpeando el culo del menor hasta la madrugada.
Finalmente, los soldados contemplaron la descarga de semen de su rey.
El semen manchó el culo del niño y las sábanas.
La figura corpulenta del adulto tembló encima del menor en espasmos.
El pene se hinchó hasta tapar el ano y los chorros de leche se hicieron eternos, cada uno más fuerte que el anterior.
Un olor fuerte inundó la estancia mientras el culo del niño era llenado de leche masculina.
El silencio era acompañado de los jadeos del ex emperador y los gemidos del niño.
Una vez el semen dejó de fluir de su pene, el rey se levantó de la cama, chorreando sudor de cada poro de su cuerpo.
—Pueden llevárselo.
Con pasó lento y decisivo, el ex emperador fué al baño.
Los soldados hicieron una reverencia observando a su majestad pasar al lado de ellos.
El olor a sudor, axilas y sexo inundando sus fosas nasales.
Cuando el monarca terminó de limpiarse en el baño, los sirvientes ya habían cambiado el cobertor, las almohadas y las sábanas.
Una nueva túnica para dormir estaba dispuesta en la cama para el rey.
Se la puso y se acostó en la cama, durmiendo pesadamente entre sueños lúcidos de niños siendo desvirgados por él.
Todavia quedaban 14 por estrenar.
La mañana siguiente, el rey estaba en su estudio imperial leyendo papeleo administrativo cuando los recuerdos de su noche anterior pasaron por su mente.
El mayordomo afuera del estudio escuchó la voz del ex emperador llamarle.
—Trae al chico de 17 años y que me espere en el pasillo.
Con una reverencia, el sirviente hizo lo pedido.
A los minutos, la puerta del estudio fue tocada, avisando que su deseo ya habia sido cumplido.
Con parsimonía, Henry se levantó de su asiento imperial, se despojó de sus ropajes divinos mostrando el esplendor de su cuerpo tonificado.
Dejó su ropa en la silla y caminó desnudo hacia el exterior.
Sus soldados estaban dispuestos alrededor del pasillo, vigilando a su calienta camas de 17 años.
El joven hizo una reverencia a su rey al verlo.
Henry hizo un gesto a sus soldados para que se alejaran más.
Tacitamente, los guardias custodiaron zonas más alejadas, dejando a su rey con el chico.
—Desnudate.
El joven hizo lo pedido mostrando su piel lampiña y cuerpo desnutrido.
—Date la vuelta.
Un trasero voluptuoso se cargaba el chico de 17 años pese a su estado nutricional.
Henry hizo un ademán a su mayordomo quien le trajó una caja plateada con frascos.
Esta vez, el emperador agarró un frasco verde, lo destapó y untó el contenido a lo largo de su miembro viril.
Los 29 centímetros se llenaron de una sustancia pegajosa, con la mano del hombre, el pene fue embadurnado hasta que la piel se volvió aceitosa.
El chico de 17 años le estaba dando la espalda con un leve temblor en el cuerpo.
Su rostro miraba el tamaño de su pene con aprehensión.
Henry dejó el frasco vacío en la caja y se acercó a su nuevo amante.
El chico fue presionado contra el pilar del castillo sintiendo el frio de la piedra.
Las manos de su rey recorrieron sus nalgas, acariciando y apretando la carne abultada.
Con brusquedad, los pliegues de los gluteos fueron separados, mostrando un agujero rosa fruncido.
El pene adulto se puso en medio, apuntando con el enorme glande el pequeño ano juvenil.
Henry agarró la pierna derecha del chico de 17 años con su brazo derecho y lo flexionó hacia arriba.
El menor se apoyó bien con sus dos manos en el pilar, evitando caerse.
—Buen chico —halagó el ex emperador.
El pene se introdujo en el culo del menor. La carne tuvo resistencia al principio, pero la grasa en el pene hizo efecto y el ano del menor se dilató de golpe.
Una hinchazón se empezó a extender por las paredes anales como un ardor.
El joven gimió de dolor sintiéndose incomodo.
—Duele.
El pene adulto se metió con facilidad en el culo virginal, desvirgandolo.
Los 29 centimetros se hicieron espacio en la cavidad anal, reduciendo en gran medida el dolor y reemplazandoló por placer.
—Se siente bien. Tan lleno.
El jadeo del joven hizo gruñir al emperador.
—Lo sentirás todo, chico.
Con esas palabras, iniciaron las embestidas.
En un pasillo del jardín del castillo, un joven de 17 años estaba empotrado contra un pilar.
Desnudo, tenia una pierna levantada mientras recibía las embestidas de su rey por el culo.
Los gemidos graves del joven eran secundados por los gruñidos del monarca.
Cada golpe de piel seco y sonoro. El emperador estaba de pie, detrás de él, sosteniendo con un brazo flexionado la pierna del chico, mientras movía con embestidas certeras y metódicas su pelvis contra el trasero juvenil.
Cada penetración arrancando un jadeo del chico y haciendo que gimiera de gusto.
El rey se mantenía erguido detrás de él, embistiendolo con soltura, sin encorvarse, siempre moviendo su abdomen de manera consecutiva en una danza erótica de golpes y separaciones.
Los testículos del monarca saltaban entre sus piernas, siendo mecidos con violencia entre penetraciones duras.
El culo del chico estaba ligeramente rojo, conservando un rosado tierno y abierto en forma de óvalo, con la carne hacia afuera, como un capullo de flor.
La carne estaba pegada al pene de Henry, apretando y chupando su hombria entre penetraciones.
Ambos, joven y adulto jadearon de gusto, disfrutando de esa sensación.
De estar unidos por la carne.
El chico se sentía febril, su ano ardía como si agujas estuvieran perforando su carne.
Sin embargo, cuando la polla de su monarca era introducida con violencia, el ardor se convertiría en éxtasis.
Sus sentidos se llenaban de un placer embriagador que nublaba su vista, encorvaba su espalda, le hacía levantar el trasero para recibir mejor las penetraciones y le sacaba jadeos desde lo más profundo de su diafragma.
Con la cara sudando y teniendo una expresión perdida, el joven de 17 años se dejó usar por su rey con un gusto pecaminoso.
Se sentía en el abismo profundo de los infiernos siendo penetrado por el más oscuro y tentador demonio.
Uno que con su polla de 29 centímetros había convertido su ano virginal en un capullo de carne sensible y abierto.
Su dignidad como hombre en formación fue despedazado en cada embestida, convirtiendo su masculinidad en un encanto femenino mortal.
El joven de 17 años ya no se sentía como un hombre, sino como una mujer. A merced de su rey, a su disposición y complacencia, entregaría su deseo de ser follado por él y recibiendo su hombría musculosa como lo haría una joven a punto de ser preñada.
—Quiero más. Deseo sus hijos, su majestad.
El rey embestía con soltura escuchando los jadeos sin sentido de su amante.
—Lleneme con su leche. Embaraceme.
Henry mostró una mirada de desden hacia el chico.
A sus 17 años, estaba destinado a ser un hombre recto como sus soldados y ahora habia sido reducido por él a una sucia ramera.
—Su majestad, quiero su semilla en mi. Deme un hijo.
El rey aceleró sus embestidas callando los balbuceos de su chico.
Los golpes de pieles eran sonoros. Jadeos y gruñidos se escuchaban por el recinto calentando los oídos de los soldados vigilantes.
Algunos privilegiados podian ver en primera fila la espalda ancha y musculosa de su majestad desde donde estaban, observando el vaivén de sus caderas, su pelvis golpeando el culo del chico, sosteniendo su pierna con su brazo, hundiendo cada centímetro de los 29 de su envergadura hasta lo más profundo de su ano, convirtiendo su esfinter en un pedazo de carne húmedo e hinchado.
Los labios rosados estaban cubriendo su pene con gula, devorando el grueso tronco de su polla desde la base hasta la punta del glande.
Henry podia ver los surcos de sus venas entrar y salir en cada embestida, la carne anal abriéndose y cerrándose como una flor para él.
Finalmente, el rey entendió los sin sentidos de su amante.
—Voy a inseminarte —jadeó el monarca.
Sus embestidas magnanimas fueron grágiles y su postura erguida se tensó.
Los ligamentos de su espalda musculosa se abrían y cerraban ante el vaivén premeditado de su majestad.
Las piernas músculosas del rey estaban hinchadas de tanto estar sosteniendo al hombre de pie.
Los gluteos peludos del rey se apretaron entre penetraciones y su bolsa de testículos se mecía con elegancia entre sus piernas.
El vaivén sereno y veloz era casi magnético, como una fuerza empujando a otra a la locura.
El chico de 17 años soltó varios gritos de placer abrazando el pilar de piedra.
Las penetraciones estaban destruyendo su percepción del placer, mandándole tantas descargas de éxtasis que su cuerpo no sabía como procesarlas.
Su ano se apretaba dolorosamente en el pene de su rey, haciendo que las penetraciones se sintieran más profundas y empeorando su estado de sobreestimulación.
El pene del chico soltó varios chorros de semen causando que su pierna perdiera fuerzas.
Con un gesto, el rey agarró la pierna con su otro brazo y las puso por debajo de su cintura sin dejar de embestir a su amante.
Los golpes secos y crudos se hicieron desgarradores. El ano estaba a merced del rey en aquella posición y el joven se mantenía suspendido en el aire con sus manos agarrado del pilar y de sus piernas apresadas por su majestad.
El vaivén siguió causando destrozos en sus sentidos hasta que sus gemidos graves se volvieron agudos.
Ya no parecía un chico pidiendo más, sino una doncella desesperada por ser inseminada por su hombre.
Las penetraciones del rey se tornaron lentas, el cuerpo de su majestad hizo unas cuantas embestidas más y terminó por eyacular.
El semen siendo liberado del glande hizo estremecer a Henry, su cuerpo se mantuvo erguido mientras sentía las descargas de placer por finalmente deslecharse.
Su amante estaba con los párpados cerrados sintiendo el semen inundando su ano.
El liquido circulaba por su carne hinchada llenándolo de un gozo indescriptible.
Con su voz ronca y afeminada, el joven soltó varios murmullos de satisfacción.
—La semilla del rey. Finalmente podré darle un hijo.
—Puedo sentir como su esperma esta creando una nueva vida en mi.
Henry entre jadeos observó al joven murmurar cosas y enarcó una ceja.
No podia creer que los efectos del segundo afrodisiaco fueran tan potentes como para causar tal disociación de la realidad por lo que llegó a otra conclusión.
El chico estaba mal de la cabeza y la droga solo empeoró su estado.
Con una sonrisa, el rey bajó las piernas de su amante dejandolo descansar de rodillas en el suelo, con su cara todavia pegada al pilar y su culo hinchado escurriendo su semen blanquecino.
—Llevenselo.
Las ordenes de su majestad fueron escuchadas y el menor fue llevado a sus aposentos entre balbuceos.
Henry recibió una túnica de su mayordomo y se fue del lugar para ir a bañarse a su cuarto.
Todavía quedaban 13 jovenes vírgenes que serían iniciados por él.
Su polla pálpito anticipando al siguiente agujero que abriría hasta romperlo.
El día pasó sin mayores contratiempos. El emperador descansó en su recámara hasta la noche y su mayordomo trajo de vuelta la bandeja con las fichas de sus chicos.
—Trae al mismo chico de ayer, al de 8 años.
Su sirviente hizo una reverencia y se retiró de la recámara del rey.
Henry observó su cuerpo desnudo en el espejo del armario acariciando su piel tersa con algunas cicatrices de guerra.
Sus músculos tensos parecian inexpugnables mientras los flexionaba para examinar su fisionomía.
La puerta del dormitorio fue tocada.
—Adelante.
Un niño pasó al interior custodiado por los soldados.
El ex emperador ignoró la presencia del menor contemplando su vista en el espejo.
El niño de 8 años caminó con tranquilidad por los aposentos observando al hombre que lo habia desvirgado una noche atrás.
Su semblante infantil se tiñó de rojo, sus ojitos tiernos anhelando ser poseído de nuevo por la fisionomía del candente semental.
El rey sintió la mirada de deseo de su niño y se limitó a tocar su cuerpo músculoso con sus dedos callosos.
Delineó cada fibra muscular, tensando y extirando sus extremidades, mostrando la magnitud de físico, la cadencia de su masculinidad y la presencia de su figura al menor.
Era un recordatorio de que el niño no habia sido follado por un simple hombre, sino por el ex monarca de todos los hombres de la tierra.
La distinción era evidente y su cuerpo era la prueba de ello.
Tan grande como para imponer, voluminoso como un oso y poderoso como solo un rey podia serlo.
El niño se sentía inquieto al ver que su majestad no se acercaba para tomarlo y follarlo, limitándose a tocar su fisionomía enfrente de su espejo.
Sin atreverse a hablar o acercarse, el niño fue hipnotizado por los movimientos del ex emperador.
Sus ojos infantiles fueron perdiendo la poca inocencia que le quedaba.
La impaciencia habia llenado su mente de pensamientos perversos y pecaminosos.
Su imaginación llena de juegos y diversión habia sido corrompida por la figura de aquel rey, teniendo imágenes de miles de situaciones sexuales con su hombre.
Porque para el niño, solo habia un hombre, su majestad.
Su padre ya no estaba, sus hermanos dejaron de existir para él.
La cordura se habia reducido hasta centrarse en una sola figura.
Una figura majestuosa y músculosa, firme y elocuente. Tan magnanima y llena de testosterona.
—Mi hombre —susurró él niño con la mirada ida.
Finalmente, Henry miró al niño girando su cabeza hacia atrás.
El pequeño se sobresaltó al ser reconocido por su rey e hizo una reverencia.
Con pasos firmes y pesados, el monarca pasó por al lado del niño, en dirección a la cama.
El rey se acostó bocaabajo, dejando expuesta su espalda musculosas, sus gluteos firmes y piernas fornidas.
—Ven y complace el ano de tu rey con tu boca.
El niño miró el trasero repingon peludo de su majestad y sintió su boca secarse.
Con rapidez, el menor corrió y se subió a la cama.
Su carita tierna estaba enfrente de los gluteos magnánimos de su rey.
Henry acostó su cabeza entre sus brazos, ocultando su rostro y dejando al niño con su culo.
El menor acercó su rostro al trasero del hombre y tanteo con sus manitas la carne.
La piel aspera llena de pelo le hizo cosquillas, se sentía rasposa y pesada.
Con dificultad, el niño separó los pliegues de las nalgas revelando el agujero fruncido del rey.
Era marrón, arrugado y limpio. La piel parecía bien cuidada y los pliegues eran apetitosos.
Saboreando sus labios, el niño hundió su cara entre las dos nalgas peludas.
Su boca se tragó varios pelos mientras sacaba la lengua y lamía el ano del rey.
Sonidos de succión, lamidas y chupetones se escuchó en la habitación.
Los soldados contemplaron al niño de ocho años, con la carita tierna, metida en el culo de su majestad.
Su boquita infantil abriéndose y cerrándose alrededor del ano varonil.
Los pelos se llenaban de saliva mientras entraban y salian de la boca del niño entre chupadas.
La lengua juvenil entraba y salía del agujero fruncido con facilidad. La carne viril la acogía sin resistencia y una vez adentro la apresaba hasta aplastarla.
Varias veces el niño gimió al tener su músculo bocal aprisionado por el culo de su rey.
Los soldados contemplaron aquella escena excitandose al pensar lo que seria profanar el culo de su majestad.
Aquel ano tan apetitoso y cerrado que parecía aplastar cualquier carne que entrara.
Para los soldados era tan tentador que casi olvidan el decoro.
El mayordomo notó la impresión de los guardias y les ordenó que dejaran solo a su majestad.
Los soldados aceptaron la orden dando un último vistazo.
La cara del niño entrando y saliendo del trasero peludo del rey, simulando penetraciones con su lengua, siendo sujetado de la cabeza por una de las manos de su majestad.
Una vez solos, el rey mantuvo la cabeza del niño en sus nalgas por varios segundos, obligándole a chupar hasta el último rincón de su ano y llenandolo de su sabor.
Con un jadeo alto, el niño fue liberado. Tosió varias veces mientras sentía al rey moverse en la cama y como lo agarraba de las axilas para levantarlo.
Sus ojitos tiernos observaron a su majestad, el rey tenia una mirada de satisfacción mientras bajaba al niño sobre su pelvis.
Su culito recién desvirgado por él, lsto para ser usado de nuevo, esta vez sin afrodisíaco.
Los soldados escucharon los gemidos del niño y los gruñidos del rey.
El golpe de pieles era ahogado por la puerta de madera, pero los guardias sabían que las penetraciones habían iniciado.
En el interior de la habitación, el niño era sujetado de las caderas por el ex emperador, subiendo y bajando al menor en cada embestida.
Obligándole a cabalgar su polla de 29 centímetros.
El ano del niño dejó entrar aquella monstruosidad con facilidad, sacándole jadeos al menor por la incomodidad.
Ya no habia un placer abrumador nublando su juicio, solo la cruda realidad de lo que era ser penetrado por la polla grande de un hombre.
El niño cerró los párpados perdido en aquella sensación tan incómoda.
Sentía sus paredes anales abiertas hasta el punto de doler, calambres llegaban a su espalda y su ano se había desfigurado alrededor del grosor de su hombre.
—Duele.
El rey escuchó a su amante gemir incómodo entre embestidas certeras.
El niño cabalgaba su polla con su ayuda, subiendo y bajando, sus testículos peludos golpeando el trasero del menor, su glande presionando la vejiga del infante en aquella postura.
Su penecito chorreó orines que mojaron el abdomen del rey.
Su majestad ignoró el desastre que estaba haciendo el menor con su cuerpo y se limitó a penetrarlo como solo el sabía hacerlo.
Con su espalda recostada en el respaldar de la cama, acostado entre dos almohadas, el rey usaba la fuerza de sus piernas y pelvis para hundir su polla de 29 centímetros.
El pequeño gritaba ante la estimulación y los vaivénes violentos.
Los golpes de pieles eran sonoros. El ritmo era firme, como una marcha militar.
El rey se movía con una cadencia milimétrica. Hundiendo desde la base de su pene hasta la punta de su glande.
11 pulgadas de carne viril entrando y saliendo en consonancia, como una melodía mórbida.
El niño dejó de sentirse incómodo dos horas después de las penetraciones.
Su ano ya se había acostumbrado al tamaño del rey y la sobreestimulación provenía del placer de sentir su esfínter ser perforado constantemente por el pene del rey.
Era un placer tan abrumador que el niño rogaba por más.
Su semblante había vuelto a perderse en el deseo sexual y su rey contempló a su amante volverse loco por su polla en movimiento.
Las embestidas certeras sacaban jadeos de ambos y el niño ya habia empapado de orines el abdomen de su rey.
A Henry no le importó, disfrutando de ver a su niño ido por su pene.
Cambiando de postura, Henry se inclinó hacia adelante, de rodillas en la cama, agarrando de las axilas al niño con sus brazos y todavía pegados.
En aquella nueva postura, la boca del niño se abrió haciendo varias muecas.
El pene adulto estaba totalmente hundido, sin ningún centímetro por fuera. Los testículos del rey apretaban dolorosamente el culo del niño, forzándose a entrar también.
Los pelos del pubis del hombre causaban picazón en las nalgas del infante.
Una vez la postura estuvo alineada, Henry inició las penetraciones.
Con ayuda de sus brazos, subió y bajó al niño de las axilas, sacando su envergadura y metiéndola con ayuda de la gravedad.
El pequeño abrió sus párpados y soltó gritos de placer.
—Me gusta, se siente tan bien.
Las embestidas fueron rudas y certeras, el ritmo solo fue en aumento mientras el niño jadeaba por más.
—Adoro su pene, mi rey. Húndalo todo. Lleneme con él.
Henry se burló con su mirada altiva.
—Tu rey no solo te llenará, voy a romperte el culo, ¿Eso deseas?
El niño asintió enérgicamente entre embestidas certeras.
—Por favor, hágalo. Destruya mi carne, arranque todo de ella y convierta mi culo en su piel. Deseo sentirlo para siempre en mi interior.
Henry soltó una risa acelerando su vaivén, golpeando con fuerza.
El culo del niño se recintió, la piel roja del ano se desfiguró hacia abajo causando un leve desgarro.
El niño soltó un grito de dolor, seguido de otros más de placer.
Su ano se habia roto alrededor del grosor de su rey. La polla adulta tenía la carne lacerada cubriéndole mientras continuaba con las penetraciones.
El mayordomo al ver el suceso fue a la caja de plata para sacar un frasco rojo.
El rey volvió a acostarse en la cama, agarrando de las nalgas al niño y perforando su ano con ímpetu.
Con experiencia, el sirviente vertió el liquido rojo en el ano lacerado del niño.
La carne abierta dejó de pegarse al pene adulto y se mantuvo suelta como piel estirada que rebotaba en cada embestida.
Los dedos gruesos del rey apretaban las nalgas del niño con fuerza, obligándole a subir y bajar por su pelvis.
El pene adulto entraba y salía con crudeza, las venas hinchadas del grosor se sentían en cada embestida y los testículos estaban rojos de tanta espera.
El sexo duró hasta la media noche.
Con un gruñido alto, el emperador llenó el culo desgarrado del niño con su semen.
Chorros repletos de leche blanca lubricaron el ano abierto, saliendo por la piel suelta del trasero.
La polla adulta fue retirada del niño mostrando un agujero rojo contrayendose en espasmos. El semen blanco se escurría como un manantial de su interior.
El pliegue del ano sobrante caído por debajo de la carne.
—Llevenlo con el doctor.
Ante las ordenes de su majestad, el sirviente hizo una reverencia, llevandose al niño.
Henry fue a bañarse en su tina de agua, relajando su cuerpo cansado.
Los sirvientes cambiaron las sabanas y el cobertor de la cama.
Cuando volvió, su mayordomo ya le estaba esperando con su túnica traslúcida lila.
—¿Qué dijo el medico?
—El niño ha sufrido un gran daño. Es posible que ya no pueda tener relaciones sexuales, su majestad. ¿Ordenes?
Henry meditó su respuesta sentándose en la cama, su postura erguida con su mano en su mentón le daban un aire magnánimo.
—Regresalo con sus padres y dales una buena suma de dinero por sus servicios.
El mayordomo hizo una reverencia y se retiró de la habitación.
Henry hizo una mueca por la pérdida de uno de sus chicos y se fue a dormir con el semblante malhumorado.
De los 15 jovenes, ahora solo quedaban 14, y de esos 14, 13 todavía estaban vírgenes.
Los siguientes días el rey perdió el interés sexual y dejó a los niños con incertidumbre de lo que pasaría ahora.
Todos sabían que el ex emperador le habia desgarrado el ano a uno de sus compañeros, haciendo que este ya no pudiera servirle y regresando a casa en aquel estado.
Los menores tenían miedo de ser los siguientes y la abstinencia de su majestad en esos dos días los habia vuelto paranoicos.
Escuchando el informe de sus sirvientes, Henry entendió la situación de sus calienta camas.
—Será dificil tranquilizarlos si siguen creyendo que les pasará lo mismo a ellos.
El mayordomo se quedó callado escuchando el monólogo de su majestad.
—Prepara el jardín, los quiero a todos esta noche. Es mejor cortar de raíz su miedo a ser desvirgados. Una vez dejen de ser vírgenes, aceptarán mi polla sin quejas.
Su sirviente hizo una reverencia y se fué.
Al atardecer, el patio del castillo estaba decorado con candelas, colchones, sabanas y almohadas.
Los 14 jovenes estaban de pie en medio de aquel jardín con sus cuerpos temblando.
Desde su balcón, el rey los miró con desdén.
—Muy pronto su miedo se convertirá en placer. Lo único que les dará temor será el no ser los siguientes en ser penetrados por mi polla.
La voz grave del rey hizo que sus sirvientes agacharan la cabeza.
El cuerpo de su majestad estaba siendo lustrado con un aceite mezclado con polvo de oro.
Su piel blanca se hizo de un tono dorado, el aceite marcando sus músculos de manera prominente.
Cada surco estaba bien delineado y su apariencia voluminosa adquirió un encanto masculino intoxicante.
Parecía la tentación del pecado de la lujuria.
Cubriendo su cuerpo en una bata roja de diseños dorados, Henry salió de sus aposentos rumbo al patio.
Sus soldados le dieron la bienvenida con una reverencia y los niños contemplaron a su hombre.
Mientras se acercaba el ex emperador, se fue quitando la bata roja, exponiendo los surcos de su tonificado pecho, la curva de sus abdominales, el placer de su pronunciada pelvis, la frescura de sus hombros y la corpulencia de sus piernas y bíceps como montañas.
Los niños abrieron los párpados y la boca de la sorpresa.
Sabían que su rey era enorme y fuerte, pero aquel cuerpo tonificado era demasiado para sus ojos.
El color dorado en la piel le daba un encanto divino a la figura músculosa del hombre, convirtiendo su atractivo varonil en el encanto de un angel.
Sumado al aceite que acentuaba su físico, el adulto adquiría un encanto nocivo y toxico para los niños.
—Me siento raro —dijo uno de los niños.
—Es increíble de ver.
—Semejante hombre.
—Y todo eso es para nosotros.
—Lo quiero.
—Yo también.
—No me importa ser desgarrado por él.
—Deseo que lo haga.
Los murmullos de los niños se hicieron audibles mientras el miedo en sus ojos se volvía deseo.
Un deseo profundo de ser sometidos por aquel hombre tan pecaminoso.
Henry pasó por delante de ellos, dándoles la espalda.
—Ponganles en cuatro y denles de beber el suero.
Los soldados se acercaron y pusieron a los menores desnudos en los colchones del suelo, alineados por su edad y tamaño.
Sus anos rosaditos estaban expuestos, listos para ser usados.
Un vaso con un liquido amarillo fue entregado a cada uno obligándolos a beberlo.
Sintieron un calor adormecer sus extremidades y concentrarse en su abdomen.
Los penes de los jóvenes dejaron de excitarse, cayendo pesadamente entre sus piernas.
Confundidos, los menores jadearon al sentir una palpitación en sus culos.
Las paredes anales se dilataron al mismo tiempo abriéndose para su rey.
El ano rosado se hizo ovalado mostrando la carne roja en su interior.
14 agujeros infantiles palpitando ante la presencia de su rey.
Los jóvenes arquearon sus espaldas hacia adelante, soltando un gemido alto.
De sus agujeros, sudor empezaba a chorrear de su interior, mojando sus piernas.
Henry contempló los efectos de la droga notando los quejidos de los menores.
Con parsimonía, el adulto caminó enfrente de ellos, mostrando su magnánimo cuerpo tonificado y dorado.
El placer anal de los menores llegó a ellos cuando miraron al hombre delante.
Sus miradas juveniles se perdieron en el surco de cada musculo y vena varonil. Jadearon al sentir la palpitación de sus anos.
Sus gemidos resonaron en el patio haciendo estremecer a los soldados.
La polla de todos los hombres se hinchó ante la escena frente a ellos.
14 jovenes sudorosos, jadeantes, con el culo abierto y palpitando de placer, chorreando sudor de sus anos.
El rey miró a los niños suplicantes y curvó sus labios hacia arriba.
Los menores miraron el brillo malicioso de su majestad, disfrutando de su estado febril y lujurioso.
Sintiéndose impotentes, lo único en lo que podían pensar era en tener la polla de ese hombre en sus culos.
—Su majestad, por favor.
—Alivie mi ano, mi rey.
—Su majestad…
—Mi rey…
Cada niño habló en voz alta llorando por su hombre.
Contemplando la polla erguida de su rey enfrente de ellos.
Tan gorda, con un largo de 29 centímetros, el glande hinchado de color rojo, supurando lubricante de la uretra. La bolsa de testículos colgando de sus músculosas piernas, el vello pubico cubriendo parte de aquella envergadura magnanima.
—Su rey les dara lo que piden.
Las palabras de su majestad fue como recibir agua en el desierto.
Se quedaron quietos en sus posiciones, alzando sus culos y meneandolos cuando su rey se puso detrás de ellos.
Henry miró cada ano con avidez.
Los niños ya no tenían pudor al mecer sus culos, cada agujero se abría para él, pidiéndole que los penetrara. El sudor chorreando de sus anos.
Con decisión, el adulto tomó su primer culo.
Un niño de diez años. Lo agarró de los brazos y los apresó con sus bíceps por detrás, obligándole a curvar su espalda hacia abajo y levantar la cabeza.
La polla de su rey perforó su ano y el grito de placer hizo llorar a los demás niños.
Se sentían desconsolados de no ser los primeros.
Pero rápidamente recuperaron él animo al escuchar las embestidas, los jadeos y gemidos del niño y de su rey.
Henry cerró los párpados extasiado. El culo del niño era la gloria. Su polla era amasada por las paredes anales vírgenes, el calor de su ano era una delicia delirante que sofocaba su pene hasta la locura.
Totalmente excitado, el ex emperador embistió al niño con firmeza.
Los golpes de pieles eran duros y crueles.
El vaivén del rey era firme y estoico, no habia clemencia, solo la marcha constante de las penetraciones proclamando su lugar en el culo desvirgado de un niño de 10 años.
Los jadeos y gritos causaron que los soldados sintieran un escalofrío en sus cuerpos.
La escena de su majestad, con su físico reluciente en oro y con sus músculos destacando de manera pecaminosa, follando a un niño que medía lo mismo que su brazo entero, hizo que la mente de los presentes se llenara de bruma.
Los vaivénes de la pelvis peluda del adulto eran una danza erotica masculina, el culo repingon del niño se presionaba dolorosamente contra el hombre en cada embestida.
Sus bracitos sujetos por los bíceps del rey eran una vista delirante.
El calor fogoso del sexo iba en aumento mientras las embestidas rítmicas se hacían hipnoticas de ver.
La cara del menor era una mezcla de dulzura, amor y deseo.
Su cuerpo estaba recibiendo lo que tanto queria y lo estaba disfrutando como el mejor regalo de su vida.
Jamas imaginó que ser penetrado por la enorme envergadura de su rey sería tan placentero.
El niño solo podia desear que nunca terminara.
Los vaivenes del emperador se hicieron mecanicos y las horas pasaron entre jadeos y gruñidos.
El rey dejó salir un gruñido de placer, sacando su polla del culo del niño.
El menor cayó al colchón temblando y soltando espasmos de su ano.
Jadeando, el ex emperador miró a su siguiente objetivo.
Un chico de 13 años de culo moreno y respingón.
La polla de 29 centímetros entró en el ano virginal, sacándole un grito al niño.
Henry aplastó suavemente la cabeza del niño con su mano y lo inclinó hacia el colchón con su cuerpo.
Los golpes de su pelvis fueron sordos y las penetraciones iniciaron.
Con la mirada deseosa, los menores miraron al nuevo afortunado ser sometido por su rey.
Podian ver la enorme polla de su majestad hacer destrozos en el culo del niño. Entrando y saliendo como una serpiente y deformando la carne con soltura.
Era como una varita de carne varonil mágica que convertía sus culos en el paraíso cuando eran penetradas por ella.
El placer los volvía perras jadeantes y Henry se perdía ante la sensación de su polla bañada en la carne caliente de sus niños.
Las horas pasaron y rápidamente la oscuridad de la noche se hizo presente.
Los soldados tenian un rostro de solemnidad mientras veían las horas pasar y los jadeos y gritos de los niños seguían escuchándose.
Los golpes de pieles eran sonoros y los gemidos roncos de su rey le causaban escalofríos.
Parecían la reclamación de un animal durante el apareamiento. Sembrando su semilla dominante en sus hembras.
Cuando la luna estuvo en lo alto del cielo, el mayordomo tenía la mirada nerviosa.
Su rey llevaba más de ocho horas follando a los niños.
De los 14 que estaban presentes, 9 ya habian sido desvirgados exitosamente.
Sabiendo que uno ya habia sido follado antes, todavía quedaban 4 más por ser follados por su rey.
No obstante, el cuerpo del ex emperador estaba totalmente cansado.
El aceite dorado hace mucho se habia diluido entre los chorros de sudor que el hombre habia soltado.
Su figura músculosa relucía a la luz de la luna gracias a su sudor, marcando el compás de sus embestidas y terminando de follar al undécimo niño.
El siguiente grito infantil marcó el inicio de nuevas embestidas.
La polla del rey estaba erguida, cubierta de semen en gran cantidad. Llevaba más de cuatro deslechadas y todavía sentía sus testículos pesados.
Sin embargo, debido al cansancio, el hombre tuvo que reducir la velocidad de sus embestidas y volverlas más profundas.
Además, ya no hacia el esfuerzo de mantener su postura erguida y se podía ver su cuerpo músculoso encima de la del niño, cubriéndolo como si estuviera montandolo y aplastandolo contra el colchón.
El vaivén de su pelvis hacia ver que seguia follando con el niño y los gemidos de ambos eran el único ruido de fondo.
El duodécimo niño fue desvirgado y el rey necesitó ayuda para separar su cuerpo músculoso del menor.
Su pene fue sacado con un sonido fuerte de piel descorchandose.
Henry se soltó del agarre de sus hombres y fue a por el joven número 13, un menor de 16 años.
Sin importar su estado convaleciente, el rey agarró al chico y le dio la vuelta, obligándole a montarlo, el monarca de rodillas en el colchón de la cama.
Las embestidas iniciaron y los gemidos altos provenian del chico de 16 años al autoinsertarse los 29 centímetros de la polla de su rey.
Henry miraba todo con deleite, su semblante varonil perdido por el éxtasis.
Su aguante habia llegado al límite, pero se negaba a detenerse sin cumplir su objetivo de follar todos los culos de sus niños.
El joven montaba la polla del rey con salvajismo, estirando su ano en cada arremetida y gritando por el placer recibido.
La carne blanda se pegaba a la polla del hombre, succionando y estirándose en cada vaivén.
Los soldados estaban consternados. Tal elasticidad haría que el chico no pudiera nisiquiera sentarse en su vida, pero no le importaba en ese momento.
Había estado esperado su momento de ser follado por 8 horas, escuchando a los demás ser penetrados por su rey varonil y la estimulación de oír sus gemidos. El golpe de pieles y los jadeos del hombre fueron suficientes para volverlo loco.
No le importaba como quedaría, solo deseaba ser recompensado por su espera.
Su ano demandaba atención y lo haría pedazos a sentones si era necesario.
Los golpes de pieles fueron secos y crudos, el semen manchó las piernas del rey y los soldados hicieron una mueca.
Finalmente, el chico de 16 años cayó al suelo totalmente satisfecho, su ano abierto como una fruta partida, con semen escurriendose.
El mayordomo intervino al ver a su rey levantarse para ir por el último, el chico de 17 años que ya habia sido desvirgado en el pasillo.
—Su majestad, ya terminó. Todos han recibido la gracia de su polla. Por favor, dejenos limpiarlo y llevarlo a dormir.
Con el semblante molesto, Henry se soltódel agarre de su mayordomo.
Se dejó caer delante del último culo fruncido y metió su polla llena de semen en aquel ano.
El joven de 17 años inició los vaivenes, metiendo y sacando la polla del hombre de su agujero.
El rey se limitó a estar de rodillas, con los brazos a los lados, los enormes bíceps hinchados y venudos, las manos cerradas en puños. Mantuvo una postura erguida pese al cansancio, observando la luna en el cielo.
La carne anal se sentía tan caliente como siempre, cubriendo su pene en un manto de éxtasis embriagante.
Mientras que para el menor, la polla del adulto fue el regalo más dichoso que habia sentido nunca. Su culo gozaba al ser estimulado por semejante verga viril. Tan lleno de ella.
Para ambos, fue la culminación de su lujuria más mórbida.
Dos horas después, el chico cayó en el colchón satisfecho.
Henry cerró los párpados un momento.
Su cuerpo de rodillas siendo levantado por sus soldados.
—Finalmente.
El susurro del rey hizo que sus hombres sintieran compasión por su gobernante.
Para ellos, verlo desvirgar a tantos jovenes fue una locura, pero notando como iba cayendo en una espiral de cansancio, los hacía sentir impotentes.
Deseaban poder ayudar de alguna manera, se lamentaban no poder compartir la carga de su majestad y aliviar su cansancio.
Ahora que todo habia terminado, se sentían dichosos y el orgullo brillaba en sus ojos.
Incluso si su rey estaba inconsciente siendo sostenido por ellos, nadie podía quitarle el título de haberle roto el culo a más de 12 niños esa noche.
Al unísono y en voz alta, los soldados alabaron a su lider.
—¡Gloria a su Majestad!
Gracias por leer. Si desean charlar, estoy en telegram.
@Remaster64TL28.



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