Kenia la puta reina del bar la potra
Kenia sonrió con superioridad, moviendo su culo grande sobre la cara de su marido:.
Kenia es una hembra de 32 años, gordita, carnosa y viciosa. Tiene una cara preciosa y llena de morbo: ojos grandes y oscuros con pestañas largas y maquillaje cargado, cejas gruesas, labios carnosos pintados de rojo oscuro, cachetes llenos y una doble papada suave que tiembla cuando gime. Su cabello negro siempre bien peinado hacia atrás le da un aspecto de puta arreglada.
Su cuerpo es puro pecado: tetas enormes, pesadas y caídas, de esas que llenan las manos y rebotan con fuerza. Barriga blanda y prominente, caderas anchas, un culo grande, redondo y blando que se menea como gelatina, y muslos gruesos que se rozan al caminar. Entre sus piernas guarda su mayor tesoro: un chocho completamente rasurado, sin un solo pelo, suavecito, gordito y siempre húmedo cuando huele a verga ajena.
Kenia trabaja en el bar La Potra, donde todos los clientes babean por ella. Su marido, un cornudito manso, sabe perfectamente que su mujer es una puta y eso lo pone más cachondo que nada.
Esa noche, mientras atendía mesas, Kenia empezó a chatear con Julio Guardia, un cliente fuerte y bien dotado que llevaba semanas tirándole los perros. El cornudito estaba en casa esperando, imaginando lo que pasaba.
Los mensajes subieron de tono muy rápido:
Kenia: Me gustaría que me dieras masaje en mi espalda bajando por mis nalgas. Con aceite o crema.
Kenia: Que recordas mi cuerpo masajeando.
Kenia: Que pases tu lengua por mi chocho. Lenta mente asta que me agas que se moje.
Kenia: Masajes mi pesones despacio que agas que se paren y me exite.
Kenia: Que agas que mi chocho palpite cada ves que chupes mis pesones.
Kenia: Que juguetes con tu pene en mi vajina la pases rosando. Luego la metas lenta mente. Varias veses.
Kenia: Me masajien mi chocho con tus dedos i los metas.
Kenia: Subie ariva de ti moverme lenta mente.
Kenia: Luego mamarte la verga lenta mente asta que se ponga babosa.
Kenia: Boltiarme y que medes rápido un rato para que me agas sentir tu verga un rato.
Kenia: Aver quiero ver tu verga. Mándame una foto. Cómo está parada.
Kenia: Ponerme tu verga en medio de las chichis.
Julio Guardia no tardó en aparecer por el bar. Apenas bajaron la cortina, la empujó contra la barra. Le subió la camiseta negra y liberó esas tetas gigantes y pesadas. Se las apretó con fuerza, se metió los pezones a la boca y los chupó despacio, tal como ella quería, hasta que se pusieron duros como piedras y el chocho de Kenia empezó a palpitar.
Le bajó los pantalones, le abrió las piernas gruesas y le pasó la lengua lenta y caliente por ese chocho completamente rasurado, lamiendo cada pliegue suavecito hasta que ella chorreaba. Le metió dos dedos gruesos, los movió adentro y afuera mientras seguía chupando sus tetas.
Kenia se subió encima de él, moviéndose lenta, sintiendo cómo la verga gruesa le rozaba la entrada del chocho y entraba poco a poco, varias veces, tal como le había escrito. Después se volteó, le pidió que la cogiera fuerte y rápido, sintiendo toda la verga hasta el fondo. Le mamó la verga con ganas, llenándola de saliva, baboseándola entera, y luego se puso las tetas enormes alrededor de la verga y se dejó follar las chichis.
Julio Guardia la puso en cuatro sobre una mesa. Le abrió ese culo grande y blando, le escupió y le metió toda la verga en el chocho rasurado de un solo golpe. La embistió como animal, haciendo que todo su cuerpo carnoso rebotara: las tetas pesadas golpeándose, la barriga blanda agitándose, el culo temblando con cada embestida. Kenia gemía como puta:
—¡Más duro, Julio! ¡Cógeme como mi cornudito nunca ha podido!
Cuando estaba a punto de correrse, Julio le dio varias nalgadas fuertes en ese culo enorme y le llenó el chocho de leche caliente, bien profundo.
Kenia llegó a casa casi de madrugada. Todavía tenía el chocho hinchado y chorreando. Despertó a su marido, se sentó en su cara y le dijo:
—Lame, cornudito. Limpia todo lo que Julio Guardia me dejó en el chocho. Mientras tanto te voy a leer los chats para que sepas exactamente cómo me hizo su puta esta noche.
El cornudito lamió obediente, saboreando el semen de otro mientras Kenia le contaba cada detalle y le mostraba las fotos de la verga dura que le había mandado Julio.
Kenia sonrió con superioridad, moviendo su culo grande sobre la cara de su marido:
—Esto es lo que soy ahora, mi amor… tu puta esposa que se deja follar por machos de verdad en La Potra. Y tú… solo mi cornudito lame-leche.


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