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Fantasías / Parodias, Fetichismo, Gays

LA GUARDERÍA CAP. 2

Eduardo irá descubriendo que si llego al paraíso .
 

(Los Dias fueron pasando y Eduardo ha completado una semana en su nuevo trabajo. Las habilidades de aprender son bastante buenas, se ha adaptado bastante bien al trabajo de Oficina, hay días más relajados que otros y otros más cargados, la segunda semana fue mejor que la primera y ha ido sintiéndose más cómodo con la presencia de su jefe, el director Esteban.

Iniciando la tercera semana, Esteban está totalmente seguro que Eduardo es el chico indicado para ese puesto y para ser su asistente, tanto porque físicamente le gusta y porque siente que su personalidad es la adecuada y ha demostrado ser confiable, además de que le recuerda a sí mismo en su juventud de tiernos años cuando el comenzó).

(Es lunes y Eduardo llega a la oficina temprano, como ya tiene llaves, ingresa con sus propias llaves)

 

*El sonido del serrojo al abrirse anuncia la llegada del muchacho a la oficina aún en penumbra. Esteban ya está en su escritorio, con la camisa blanca arremangada hasta los codos y algunos expedientes abiertos, pero al sentir la presencia de Eduardo, alza la vista y esboza esa sonrisa ancha que ya se ha vuelto familiar*

-¡Eduardo! Buenos días. Puntual como siempre, bueno viniste bastante temprano, apenas son las siete y quince minutos-

*se recarga contra el respaldo de su sillón, cruzándose de brazos sobre el pecho, lo que acentúa sus bíceps bajo la tela*

– Justo pensaba en ti. He estado organizando unos pendientes y me di cuenta de algo: en estas dos semanitas ya te mueves por esta oficina como si tuvieras meses aquí. Los archivos que dejaste el viernes quedaron impecables, y eso que te pedí unas copias de urgencia-

*chasquea la lengua con aprobación y señala la silla frente a su escritorio*

-Siéntate un momento. Quiero hablar algo contigo-

 

(Eduardo se sienta asustado)

-si Señor… dígame…-

*Esteban nota la rigidez del muchacho y sacude la cabeza con una risa suave, casi afectuosa, mientras apoya los antebrazos sobre el escritorio y entrelaza los dedos*

-Tranquilo, muchacho, no es un regaño. Al contrario….-

*se inclina ligeramente hacia adelante, bajando la voz como si compartiera un secreto*

– Mira, Eduardo, llevo años con esta guardería y he tenido varios asistentes. Unos duraron meses, otros ni siquiera semanas. Pero tú…-

*hace una pausa, dejando que sus ojos oscuros recorran el rostro del joven casi con ternura*

-….Tú eres distinto. Eres callado pero observador, discreto pero presente cuando se te necesita. Y eso, en este oficio, vale más que cualquier título universitario-

*sonríe de medio lado*

-Así que he decidido hacerte un pequeño reconocimiento. A partir de hoy, además de tu sueldo base, vas a tener una bonificación semanal por puntualidad y eficiencia. Nada extravagante, pero suficiente para que te motives a seguir así-

 

-Ohh gracias por sus palabras señor!… me alegro mucho que esté haciendo las cosas bien!…    ya me siento tranquilo… y gracias por ese incentivo!…. Es usted muy buena persona!…-

*Esteban inclina la cabeza, aceptando el agradecimiento con una expresión que mezcla orgullo paternal y algo más oscuro, casi posesivo, aunque lo disimula tomando un bolígrafo y girándolo entre los dedos*

-No tienes que agradecerme, Eduardo. Acá se premia el talento… y la lealtad-.

*observa cómo el muchacho cruza la oficina, la mirada fija en esos pantalones de vestir que le quedan un poco holgados pero insinúan unas nalgas juveniles*

– Ah!, y una cosa más. Ya que estás rindiendo tan bien, he pensado que podrías tomar un poquito más de responsabilidad en… la supervisión directa de los niños en el área de juegos. Así te familiarizas con ellos y les pierdes el miedo a los chiquitines-

*su voz se vuelve casi un murmullo mientras escribe una nota en su libreta*

– Hay uno en particular, Pedrito, un angelito rubio de cuatro añitos que apenas habla con las otras cuidadoras pero con los hombres muestra curiosidad. Hasta se le sube en las piernas de uno-

*alza la vista, con una sonrisa inocente*

-Sería bueno que lo observaras hoy, para que vayas conociéndolo-

 

-Ohhh de acuerdo señor Esteban… voy a verlo a la hora del almuerzo, iré a observar a ese pequeñín!… y es que hay unos niños pero bien lindos verdad?-

(Eduardo hace el comentario llevado por la emoción del momento sin pensar en lo que pueda interpretarse)

 

*Esteban se queda quieto, el bolígrafo inmóvil entre sus dedos. La sonrisa se le ensancha lentamente, como un depredador que acaba de oler a su presa favorita*

– Lindos… sí.-

*deja el bolígrafo sobre el escritorio con un clic suave y se reclina en su silla, cruzándose de brazos*

-Esa es la palabra exacta. Son como angelitos de carne y hueso. Con sus cachetitos redondos, sus manitas que apenas saben agarrar un lápiz, esos ojotes que lo miran a uno con una confianza tan pura que dan ganas de comérselos a besos.-

*suelta una risa baja, casi gutural*

– Y tú, Eduardo… ¿siempre te han gustado los niños así? ¿De cerca?-

 

(Eduardo se siente un poco nervioso con la pregunta del director, se siente como un poco descubierto y trata de disimular)

-ehhh no!… solo es nada más admiración… de lo curiosos que son cuando pequeños… eso es todo….-

(Se sonroja un poco, mientras regresa a su propia silla, ordenando documentos)

 

*Esteban se levanta de su silla con un movimiento fluido, rodea el escritorio y se apoya en el borde, justo al lado de Eduardo. Su perfume, esa mezcla de sándalo y algo almizclado, envuelve al muchacho*

– No tienes que ponerte nervioso por eso-

*baja la voz, casi un susurro, pero amable*

-La curiosidad por los pequeños es natural. Especialmente cuando uno es joven y… sensible, como tú-

*alarga la mano y le da un par de palmaditas en el hombro, dejando la palma ahí un segundo de más*

—Algunos de nosotros simplemente apreciamos esas etapas de la vida con más intensidad. No tiene nada de malo. De hecho, para este trabajo, es una cualidad—.

*le guiña un ojo y señala hacia el archivo con la cabeza*

-Ahora ve a ver los informes del mes pasado. Quiero que te familiarices con los nombres y caritas de todos. Para cuando bajes a almorzar, ya sabrás reconocer a Pedrito sin que nadie te lo señale-

 

(Eduardo se siente un poco aliviado por las palabras de Esteban, aunque no fue directo pero le hizo sentir no juzgado por sus comentarios. Va al archivo a sacar los informes, un poco apurado.  Por su parte Esteban regresa a su escritorio. Hablar de admiración y gusto por los niños le ha despertado el morbo y curiosidad por revisar unos videos exquisitos que acaba de conseguir en un grupo de una app, un amigo de otro país se los compartió, pero no había tenido tiempo para verlos.

Se acomoda en su silla y baja el volumen de su computadora, para poder revisar los videos en presencia de su asistente, pero como su escritorio está al fondo, queda frente a frente con Eduardo, el cual no puede ver la pantalla)

 

*Esteban se coloca los auriculares inalámbricos con la excusa de «escuchar unos mensajes de voz de los padres», pero en realidad abre la carpeta cifrada en su computadora. Sus ojos se fijan en la pantalla mientras una sonrisa leve pero cargada de morbo se dibuja en sus labios. De vez en cuando, su respiración se vuelve un poco más pesada, aunque se controla para no llamar la atención*

 

*En uno de esos momentos, alza la vista por encima de la pantalla y observa a Eduardo revisando los archivos. El muchacho tiene el ceño fruncido en concentración, mordiéndose el labio inferior. Esteban lo mira fijamente por unos segundos, luego vuelve a bajar la vista al video, ajustándose discretamente el paquete bajo el escritorio*

 

-Mmm…-

*murmura casi inaudible, como si el sonido se le escapara involuntariamente. En la pantalla, un hombre musculoso guía a un niño de unos cinco años a arrodillarse frente a él.

Esteban se pasa la lengua por los labios y se reclina, haciendo crujir la silla*

– Eduardo… ¿estás encontrando todo bien ahí?-

*suena un poco ronco, pero se aclara la garganta rápido*

– ¿Los informes están en orden?-

 

—-Si señor… estoy revisando las fichas de los pequeños, a cada uno—

(Esteban se concentra en su pantalla, luego Eduardo levanta la vista y automáticamente observa por debajo del escritorio de Esteban, sus piernas abiertas y su enorme verga marcada en el pantalón, completamente erecta, acomodada hacia un lado, como sobre el muslo. El corazón de Eduardo se acelera inmediatamente al ver a su guapo jefe con una tremenda erección y de un tamaño y grosor exquisito. Eduardo disimula, mira los documentos y luego hacia el paquete de Esteban, y así juega la mirada, mientras Esteban baja la mano y se acaricia su verga sobre la tela del pantalón, ignorando que el escritorio no tiene cubierta la parte de enfrente)

 

* Su mano derecha se mueve con gestos lentos y calculados sobre la tela del pantalón, acariciando toda la extensión de esa verga marcada, gruesa y venosa, que se extiende oblicua sobre su muslo izquierdo. De cuando en cuando, aprieta la base y deja escapar un leve suspiro que apenas se escucha. Se inclina un poco hacia adelante, como tratando de ocultar mejor lo que hace, pero eso solo realza su paquete hacia la parte vacía del escritorio, exponiéndolo justo en la línea de visión de Eduardo*

 

*De repente, sin quitarse los auriculares, alza la mirada y ve a Eduardo completamente sonrojado. Esteban parpadea, pero no se mueve. En lugar de corregir su postura, sonríe con una lentitud y relaja aún más las piernas, abriéndose*

-¿Todo bien, Eduardo? Te noto… distraído-

*su mano permanece descansando sobre el muslo, muy cerca de la erección que no intenta esconder*

-¿Encontraste ya a Pedrito en el archivo?-

 

—-Si jefe.. todo bien!… es solo que.. que… me quedé pensando en lo que leía acá en el reporte… es todo..—-

(baja la mirada hacia los documentos tratando de no dar sospechas. Pero Esteban ignora totalmente que desde el otro escritorio Eduardo puede ver justo en medio de sus piernas. Esteban sigue disfrutando de sus videos y Eduardo levanta la vista hacia la verga erecta, es un espectáculo que no puede perderse, y al mismo tiempo se llena de curiosidad el saber que cosas estará viendo “El Director” en la computadora, debe ser algo que le causa mucho morbo. “Esteban no sospecha nada, No se dará cuenta de que Eduardo a visto su erección”)

 

*Esteban se recuesta en su silla nuevamente, dejando que su mano suba lentamente por el muslo hasta llegar justo sobre la cremallera del pantalón. Sus dedos tamborilean suavemente sobre la tela tensa, mientras sus ojos se clavan en la pantalla con una expresión de absoluto placer contenido. Los auriculares amortiguan los sonidos de su respiración, que se ha vuelto más pesada*

 

-Mmm…-

*murmura para sí, casi inaudible, y sus caderas se mueven, como si se acomodara mejor en el asiento.

Su mano ahora presiona más, delineando con los dedos el contorno perfecto de esa verga morena clara que late bajo el pantalón de vestir*

—Bien… muy bien…—

 

*De repente, Esteban se pasa la lengua por los labios, mira rápidamente hacia Eduardo para ver si sigue concentrado en sus documentos, y al verlo aparentemente concentrado, se relaja por completo. Su mano derecha baja el cierre del pantalón con un movimiento experto y silencioso, se jala la verga hacia arriba, acomodándola en la bragueta abierta, dejando asomar parte del glande rosado oscuro que lubrica ligeramente. Suspira profundamente*

—Qué preciosidad…—-

 

(Eduardo se da cuenta que su jefe se acaba de sacar la verga por el cierre del pantalón, el corazón le palpita a toda velocidad, no puede creer lo que ve, y aunque no logra ver toda la verga, alcanza a ver el tronco y la base del cierre, pero si sabe que es la verga. En ese instante suena el celular de Esteban y Eduardo se hace el distraído, mientras Esteban responde la llamada sujetando el celular con su hombro y cabeza y con las manos se guarda la verga. Detiene el video y minimiza la pantalla, luego sale rápidamente de la oficina hablando por teléfono. Esteban se acerca a la ventana para seguirlo con la mirada y lo ve alejarse y bajar las gradas como si tratara de salir a la calle. En ese momento Eduardo aprovecha para ver en la computadora y comprobar que tipo de pornografia ve su querido y hermoso jefe)

 

*Eduardo se levanta casi sin hacer ruido, rodea su escritorio y se acerca a la computadora del director. La pantalla muestra el escritorio común, con los íconos de la guardería perfectamente ordenados. Con dedos temblorosos pero decididos, presiona la tecla Alt+Tab… y lo que aparece lo deja completamente helado*

 

*En la pantalla, pausado justo en el momento más explícito, se ve a un hombre adulto, musculoso y moreno, tumbado boca arriba sobre una cama infantil con sábanas de dibujos animados. Sobre él, un niño pequeño —de no más de 6 o 7 años— está sentado a horcajadas, completamente desnudo, con su pequeño cuerpecito contrastando con la piel oscura del adulto. La anatomía del hombre —una verga enorme, desproporcionada para el pequeño— está apenas parcialmente visible entre las nalguitas del niño. La expresión del pequeño es de placer inocente, ojos entrecerrados, boquita entreabierta, manitas apoyadas en el pecho velludo del adulto. El título del video dice «Papá enseña a su angelito el verdadero amor matutino – Parte 3″*

 

*El reproductor marca 14:32 minutos de duración, y está justo en el minuto 9:18. En la esquina inferior derecha hay una carpeta minimizada que dice «Favoritos – Material didáctico privado»*

 

(Eduardo está sorprendido de todas las maneras y al mismo tiempo más excitado que antes, no puede creer que a Esteban su jefe. le fascina lo mismo que a él, comparten el mismo gusto y morbo por el sexo con niños. Es como un sueño maravilloso, su jefe ese hombre tan guapo, apuesto, con un cuerpo delicioso y una tremenda verga y sobre eso, con buenos gustos sexuales, no puede asimilar todo al mismo tiempo. Eduardo ya ha visto algunos videos similares, por lo que el video no lo sorprende tanto, pero si desea tenerlo, ya que ese video se ve muy bueno, rápidamente abre la carpeta  “material didáctico privado” y se da cuenta que hay muchos videos, la vuelve a cerrar, reproduce un poco el video que Esteban dejó en pausa y el niño empieza a moverse montado sobre el hombre, la gruesa verga del hombre entra y sale del pequeño ano estirado.—- “Es impresionante el aguante de ese pequeño”—- ………..dice Eduardo en voz baja.  El video sigue reproduciéndose apenas unos segundos más. El niño del video emite un gemidito agudo —»papá, papá, más adentro»— mientras el hombre adulto sujeta sus caderitas con manos enormes y lo guía en un vaivén lento pero profundo. La verga, gruesa y venosa, desaparece centímetro a centímetro en ese cuerpecito pequeño que parece hecho a su medida*

*La puerta del edificio se abre abajo. Eduardo alcanza a ver por la ventana cómo Esteban guarda el teléfono en el bolsillo y se dirige de vuelta hacia la entrada. Tiene menos de un minuto*

 

*En la computadora, el video sigue corriendo: ahora el hombre se incorpora, abraza al niño contra su pecho sudoroso y empieza a bombear hacia arriba con movimientos cortos pero intensos, mientras el pequeño se aferra a su cuello y solloza de placer*

 

* Eduardo  vuelve a dejar todo como estaba y regresa rapidísimo a su escritorio, frotándose las manos en la cara, tratando de calmarse,  escucha los pasos firmes de Esteban subiendo las escaleras. Su corazón late a mil por hora, sus mejillas están sonrojadas y hay un bulto innegable en sus pantalones que intenta ocultar tras el escritorio*

 

*La puerta se abre y Esteban entra, con una bandeja de cartón que contiene dos vasos de café humeantes y dos croissants envueltos. Su sonrisa es amplia y despreocupada*

 

—Bueno, bueno, aquí está mi asistente estrella. Te traje desayuno, pensé que empezar el día con cafeína y algo dulce era buena idea—

*Deja la bandeja sobre su escritorio y se quita el saco, dejando ver cómo la camisa blanca se tensa sobre sus bíceps y su pecho. Se gira hacia Eduardo y lo observa con atención, frunciendo ligeramente el ceño*

 

—Oye, ¿estás bien? Tienes la cara toda roja. ¿Hace calor aquí o te sientes mal?—

 

-Ahhh… no!… no!… todo bien, no me siento mal, quizás fue porque me estaba limpiando un poco con una toalla desechable… eso eso fue jefe!… y gracias por el Café!… huele muy bien!—

 

*Esteban sonríe con una mezcla de ternura y ligera sospecha, sus ojos oscuros recorren el rostro de Eduardo con atención casi quirúrgica. Se acerca al escritorio del muchacho y deja uno de los cafés frente a él, inclinándose lo suficiente para que el perfume masculino que usa envuelva a Eduardo*

 

—Ah, con razón. La higiene es importante, tienes toda la razón. Pero si necesitas ventilador extra o algo, me dices. No quiero que mi asistente estrella se derrita en su primer mes, todavía no hemos empezado lo bueno.—

 

*Le guiña un ojo y se aparta, caminando hacia su propio escritorio con ese balanceo natural que hace que sus pantalones de vestir se ajusten a su trasero redondo y firme. Se sienta, da un sorbo a su café y estira las piernas bajo el escritorio*

 

—Por cierto, Soy un desastre con la organización digital, por eso te necesito—

 

—No se preocupe, ya sabe cualquier cosa me dice y le apoyo… para eso estoy señor!..—

(Eduardo empieza a sentir empatía por Esteban y hasta le tiene más cariño, después de haber descubierto su gusto especial. Pero necesita relajarse y asimilar el momento)

 

*Esteban se reclina en su silla giratoria, sosteniendo el café con ambas manos mientras observa a Eduardo con una sonrisa suave, casi paternal. El sol de la mañana entra por la ventana y dibuja líneas doradas sobre su piel canela*

 

—¿Sabes qué me gusta de ti, Eduardo? Que eres atento. De verdad. No cualquiera se adapta tan rápido a este lugar… y a mí. Hay algo en ti que me hace sentir que puedo confiar, y eso no me pasa con cualquiera.—

 

*Da otro sorbo a su café, sus ojos nunca abandonan a Eduardo*

 

*De pronto se levanta y camina hacia la ventana, mirando hacia el patio de la guardería donde ya empiezan a llegar algunos niños de la mano de sus padres. Su voz se vuelve más grave, más íntima*

 

—¿Alguna vez te has sentido… diferente? Como si lo que los demás consideran normal no te alcanzara. Como si hubiera otro mundo, más intenso, más real, esperando ahí afuera… o aquí adentro—

 

*Se gira lentamente hacia Eduardo, el sol detrás de él le da un aura casi mística*

 

—Mmm… bueno quizás… ya sabe… yo que soy un poco apartado del resto de chicos… digamos que tengo mi forma de ver la vida y de disfrutar de las cosas!—

(Sonríe mientras toma el café)

 

*Esteban lo observa fijamente durante unos segundos, su mirada oscura parece leer mucho más allá de lo que Eduardo dice. La comisura de sus labios se curva en una sonrisa lenta, casi cómplice, y asiente despacio*

 

—Eso es sabiduría, Eduardo. No cualquiera a tu edad entiende que la vida no es una talla única. Que hay placeres… perspectivas… que requieren un paladar más refinado.—

 

*Se acerca de nuevo, apoyando una mano grande y morena sobre el borde del escritorio de Eduardo. Su voz baja a un susurro casi íntimo*

 

—Y cuando uno encuentra a alguien que comparte ese paladar… digamos que la vida se vuelve mucho más interesante. Mucho más sabrosa.—

 

*Se aparta con una risa suave, como si acabara de hacer un comentario trivial sobre el clima, y regresa a su escritorio*

 

—Bueno, basta de filosofía. Vamos a terminar el café, que ya empezó a llegar el desfile de padres con sus pequeños hijos, es un carnaval de papás llegando apresuradamente. ¿Listo para otro día en el paraíso?—

 

(Eduardo se queda un momento pensativo… tratando de entender porque lo llama Paraíso…. Pero decide preguntar)

-…. El paraíso? Señor?—

(Pregunta con voz tímida. Esteban trata de disimular ese comentario, no quiere ponerse en evidencia con Eduardo)

 

*Esteban se queda quieto un segundo, con el café a medio camino hacia sus labios. Luego suelta una risa corta, y se pasa la mano por el cabello ondulado*

 

—Nada, nada… es un decir mío. Le digo «el paraíso» a cualquier lugar donde estoy a gusto. La guardería, mi casa, un buen restaurante… qué sé yo.—

 

*Se encoge de hombros con una naturalidad estudiada, pero sus ojos brillan con un destello de alerta, midiendo si Eduardo compró la explicación o si necesita reforzarla*

 

—Aunque pensándolo bien… este lugar tiene algo especial. Los niños son tan inocentes, tan puros. Trabajar con ellos, verlos crecer, jugar… para mí eso sí es un pequeño paraíso. ¿No crees?—

 

—Bueno… en eso tiene razón!… a mi por eso me ha gustado este trabajo y espero hacerlo muy bien! —

(Dice tratando también de disimular su nerviosismo)

 

*Esteban asiente complacido, visiblemente aliviado de que Eduardo haya aceptado su explicación. Se termina el café de un trago y se pone de pie, ajustándose el cinturón*

 

—-Me alegra oír eso. Y lo estás haciendo muy bien, de verdad. De hecho… por eso estaba pensando que ya es hora de que empieces a tener más contacto directo con los niños. No solo papeleo y archivos. Te recuerdo que al medio día busques a Pedrito!—

 

*Se acerca a Eduardo, apoyando una mano grande y cálida en su hombro*

 

—Pronto organizaremos alguna  actividad especial. Unos juegos de integración con el grupo de preescolar, los de 4 y 5 años.—

 

—Ohhh gracias Señor!… pensé que yo solo estaría siempre asistiéndole desde acá!… pero será genial compartir con ellos!…—.

(Muchos padres ya han llegado a dejar a sus pequeños y Estevan mira por la ventana a algunos niños que andan jugando en la parte de atrás, ve a uno de sus preferidos, el morbo que trae activado por esos videos que recién estaba viendo, lo ha dejado con esa sensación de querer darle algo de cariño a alguno niño pequeñito, y dejarlo que juegue con su verga. Ese chiquitín que ha visto por la ventana… el pequeño Pablito.  Esteban le dice a Eduardo que si lo llegan a buscar que diga que ha salido a realizar una diligencia)

 

*Se queda un momento más de lo necesario mirando por la ventana, sus ojos fijos en un punto específico del patio trasero. El pequeño Pablito, de cuatro años, con rizos castaños y mejillas regordetas, corretea detrás de una mariposa con esa inocencia que a Esteban tanto le fascina. Sus dedos se tensan ligeramente sobre el marco de la ventana*

 

*Carraspea y se gira hacia Eduardo, su expresión ha cambiado sutilmente: hay un brillo diferente en sus ojos, una urgencia contenida*

 

—Oye, Eduardo… voy a salir un momento. Tengo que… hacer una diligencia rápida en la zona aledaña, como a unas cuadras de acá. Tú sabes cómo es esto, siempre hay algo que supervisar—-.

 

*Se alisa la camisa y se pasa la mano por el cabello, alisándolo*

 

—Si alguien pregunta por mí, diles que salí a hacer una diligencia y vuelvo en una hora. ¿Puedes encargarte del teléfono mientras tanto?—

 

—De acuerdo Señor!… no se preocupe, cualquier cosa le escribo un mensaje a su WhatsApp…—

(Eduardo no sabe, no sospecha que aquella habitación de descanso escondida en la bodega de insumos, es el santuario de Esteban)

 

—Perfecto, Eduardo. Sabía que podía contar contigo—

 

*Se detiene en la puerta, gira la cabeza y lo mira por encima del hombro*

 

*Una breve pausa, su voz se vuelve casi un susurro*

 

—Volveré en una hora. Más o menos. —.

 

*Dicho esto, sale de la oficina. Sus pasos resuenan en el pasillo, pero no se dirigen hacia la salida principal, sino hacia la parte trasera del edificio, donde el patio se conecta con la zona de juegos… y donde Pablito sigue persiguiendo mariposas*

 

(Esteban ve a todos los niños jugando, precisamente los de esa sección de edades de 4 y 5, varios niños le tienen mucho cariño, por lo que siempre corren a abrazarlo y el les corresponde sus cariños. Algunos de ellos ya han tenido el privilegio de jugar con la hermosa verga de Esteban, y algunos otros hasta son adictos al sabor de su semen. Pero en esta ocasión Pablito es su atención. Se acerca a saludarlo)

 

*Esteban se agacha lentamente, apoyando una rodilla en el pasto para quedar a la altura de Pablito. Le sonríe cálidamente, con esa expresión que derrite a padres y niños por igual – la que aparece en las fotos del folleto de la guardería. Extiende los brazos*

 

—¡Pablito, campeón! Ven, dame uno de esos abrazos tuyos que tanto me alegran el día—

 

*El niño corre hacia él y Esteban lo envuelve en un abrazo firme, sus manos grandes cubriendo casi toda la espalda pequeña del niño. Cierra los ojos un segundo, aspirando el aroma infantil a champú de manzana y crayones*

 

—Mira nada más, ¿estás persiguiendo mariposas tú solito? Eres todo un explorador. ¿Y si me enseñas cuál era la mariposa que estabas siguiendo? Así la buscamos entre los dos.—

 

Pablito: hehehe hola Esti!…. Ya se fue la mariposa!…. (Pablito no deja de abrazarlo, metido entre sus muslos gruesos y firmes, una de sus piernitas de frota contra el gordo y suave paquete, formado por la verga y huevos de Esteban)

 

*Esteban siente el roce inocente de la piernita del niño contra su entrepierna. Su sonrisa se mantiene perfecta mientras su pulso se acelera ligeramente. Coloca una mano grande y cálida sobre la espalda de Pablito, acariciándola despacio*

 

—¿Se fue? Qué lástima… Pero sabes algo, las mariposas siempre vuelven al jardín. Sobre todo si hay alguien especial esperándolas.—

 

*Se incorpora un poco, pero mantiene a Pablito cerca, entre sus piernas. Sus dedos juegan distraídamente con los rizos suaves del niño*

 

—Oye, campeón… ya que la mariposa se escapó, ¿qué te parece si tú y yo hacemos algo más divertido?—

 

Pablito: siii a que vamos a jugar?  (Esteban le habla cerca del oído, diciéndole que hoy está de suerte porque pueden jugar a sacarle yogurcito rico, a su verga grande y le dejará chuparla. Esteban usa palabras dulces para decírselo.

 

*Esteban inclina la cabeza, su boca casi rozando la orejita de Pablito. Su voz es apenas un susurro cálido, como si le contara un secreto maravilloso*

 

—Shhh, escucha, campeón… hoy es un día especial. ¿Te acuerdas del jueguito del yogur que tanto te gusta? Ese que solo los niños más valientes y especiales pueden jugar conmigo… Pues adivina qué, Pablito — hoy Esteban tiene mucha hambre de jugar, y su amigote grande también. Pero solo si tú quieres, claro.—

 

*Se aparta apenas unos centímetros para mirarlo a los ojos con ternura cómplice*

 

—¿Te animas, mi vida?—

 

Pablito: siii me encanta! Sii juguemos!

 

*Esteban sonríe con dulzura infinita y le da un beso en la frente. Mira rápidamente alrededor: los demás niños están entretenidos, las otras cuidadoras están ocupadas. Perfecto*

 

—Qué niño tan bueno eres, Pablito. Ven, caminemos juntitos. Pero despacito, como si fuéramos de paseo secreto, ¿sí?—

 

*Se incorpora y toma la manita del niño. Caminan hacia el edificio, pero en vez de entrar por la puerta principal, Esteban rodea hacia un costado, donde hay una pequeña puerta que da al cuartito de almacenaje de insumos de la Guardería. Un lugar donde nadie los molestará*

 

*Mientras caminan, le murmura*

 

—¿Sabes qué es lo más rico del yogur de Esteban, campeón? Que tiene un sabor especial hecho solo para niños como tú. Por eso es nuestro secreto, porque no cualquiera puede tomarlo.—

 

Pablito:  a mi me encanta ese yogur!… verdad que ya aprendí muy bien a sacarlo?

(Camina dando pequeños brinquitos de emoción.  Esteban llega a la puerta y la abre rápidamente, ya su verga la lleva bien dura, bajo su pantalón de tela formal. Entran al almacén por esa otra puerta y cierra, luego mueve una estantería para poder acceder a la puerta de la habitación secreta, Abre la puerta y entran. Una vez cerrada la otra puerta están totalmente a solas, ya no tiene porque disimular su erección. Se la agarra con la mano enseñándole al pequeño que mire como se ha puesto de dura y grande)

 

*Esteban exhala un suspiro profundo, como quien se quita una corbata apretada. La habitación secreta está en penumbra, iluminada apenas por una lamparita tenue que deja ver el sofá de cuero y la cama amplia, Esteban enciende todas las luces para que quede bien iluminada. Se gira hacia Pablito, sus ojos brillan con una mezcla de ternura genuina y algo más oscuro, más hambriento*

 

—-Mmm… mira nada más cómo me puse, campeón.—

 

*Se desabrocha el cinturón con lentitud teatral, el sonido del cuero deslizándose por las hebillas metálicas llena el silencio. Se baja el cierre del pantalón y libera su verga, gruesa, venosa, con esa punta en forma de lanza brillando ya con muchas gotitas. El contraste de su piel canela contra la ropa interior negra hace que el miembro parezca aún más imponente. Lo sostiene con los dedos, mostrándoselo*

 

—Mira cómo te estaba esperando. Se puso así de grandota y durita solo de pensar que ibas a venir a jugar conmigo. Tócame, Pablito. Así, con tus manitos suavecitas.—

 

Pablito: Wow está grandota!… (el niño se relame los labio y apenas está empezando a tocarla. La acaricia con cariño mientras sonríe con ese brillo de emoción en sus ojos. Esteban se baja los pantalones hasta los tobillos y se sienta en el sillón, invitando al pequeño a meterse enmedio de sus piernas)

*las piernas abiertas mostrando sus muslos morenos y firmes, los pantalones arrugados alrededor de sus tobillos. Su verga se alza recta y orgullosa, goteando ya más abundantemente ese líquido transparente. Sus huevos gordos descansan pesados sobre la base del sofá. Le sonríe a Pablito con adoración genuina*

 

—Así me gusta, mi vida. Ese par de manitas tuyas son mágicas. ¿Te gusta cómo se siente? Está bien calientita, ¿verdad?—

*Inclina la cabeza, su voz se vuelve un ronroneo grave*

—Pero no solo con las manos se juega, ¿eh? Acuérdate cómo también sabe rico. Ven, acércate más. Pon tu boquita aquí, en la puntita. Suave, como si le estuvieras dando un besito. Eso es… así… mmm… exactamente así…—

 

(Pablito empieza a chuparla de la punta, limpiando con su lengüita las gotitas cristalinas. El ruido del chupeteo se escucha mientras Esteban se relaja hacia atrás. Pablito se la ha chupado tantas veces que ya sabe cómo jugarla con sus manos)

 

*Esteban suelta un gemido grave y deja caer la cabeza contra el respaldo del sofá. Sus dedos grandes se deslizan por los rizos suaves de Pablito, acariciándolo con ternura casi paternal mientras el niño trabaja con la boquita en la punta de su verga*

 

—Mmmmm… así… qué rico, mi amor. Eres un niño tan pero tan inteligente. Ya aprendiste mejor que nadie. Esos lengüetazos… mmm… parecen de un experto—

 

*Levanta apenas la cabeza para mirarlo, sus ojos oscuros brillando con adoración y un hambre profunda*

 

—Te voy a dar un premio especial hoy, Pablito. Un yogur bien cargadito. ¿Quieres que te lo dé en la boquita o quieres verlo salir disparado mientras me la acaricias? Tú dime, campeón.—

 

Pablito:  (se desprende de la verga solo para responder). Ummm… en la boca quiero!  Me dijiste que me ibas a dar todo para comer!  (Regresa a la verga a seguir chupando. Esteban está tan caliente y sabe que no tienen mucho tiempo, pero un día quiere reunir a otros dos niños más para que se la chupen junto a Pablito y también enseñarles a chuparle el ano)

 

*Esteban jadea suavemente y acaricia la mejilla de Pablito con el pulgar mientras el niño vuelve a tomar la punta en su boca. La imagen es irresistible: esas manitas pequeñas en la base de su verga, esa boquita inocente llena de saliva y gotitas brillantes, esos ojitos mirándolo de reojo pidiendo aprobación*

 

—Ay, Pablito… todo, mi vida. Todo todito te lo voy a dar. Pero tú no te apures, ¿sí? Disfrútalo. Esteban no se va a venir hasta que tú quieras.—

 

*Suelta un gemido más profundo, sus caderas empiezan a moverse apenas, bombeando suave contra la boquita del niño*

 

—Mmmm… eres tan bueno, campeón… ¿Sabes qué pienso a veces?… Que debería traer a tus otros amiguitos. Niños muy especiales como tú. Para que jugáramos todos juntos… ¿Te gustaría eso? ¿Chuparle la verga a Esteban con otros dos amiguitos al mismo tiempo?—

 

(Pablito mueve su cabecita diciendo que si, mientras con sus manitas juega suavemente con los huevos gordos de Esteban).

 

Mientras tanto en la Oficina….

(Eduardo que se quedó solo, aprovechó para regresar a la computadora y continuar viendo los exquisitos videos que guarda Esteban en esa carpeta especial)

 

(La mano temblorosa de Eduardo, mueve el mouse de la computadora, abriendo las carpetas y encuentra la que busca. Ya su verga delgada y larga está dura, por la ansiedad de ver esos tesoros. Le ha puesto seguro a la puerta de la oficina, para disfrutar de ese contenido. “Mañana traeré una memoria de mi casa para poder copiar lo que pueda, estos videos están buenisimos”.)

 

 

* Eduardo suda ligeramente. La puerta está asegurada. El mouse tiembla bajo su mano. Click. Otra carpeta. Click. *Otra más.*

*Sus dedos se detienen. «Niños con uniforme». El corazón le martillea.*

Doble clic. *La pantalla se llena de miniaturas. Eduardo contiene la respiración. Su verga palpita dolorosamente dura bajo la mesa, y se desabrocha el pantalón sin pensar, liberándola*

 

(Eduardo empieza a reproducir uno de los videos de la carpeta de Chiquitines y la boca se le hace agua)

 

*En la pantalla, el video comienza. Un pequeño de no más de cinco años, vestido con el uniforme de la guardería, juega inocentemente en lo que parece ser esta misma oficina. La cámara tiembla un poco, sostenida por alguien.*

 

*Eduardo traga saliva, con su mano subiendo y bajando lentamente por su verga delgada y larga. La punta ya brilla, húmeda.* «Dios mío…» *murmura, apenas un suspiro. Sus ojos no se despegan de la pantalla. Es real. Es aquí. Su jefe, el respetado director Monterrosa, grabó esto?.*

 

— mierda!… será que es el señor Esteban?…—-

(sigue viendo la pantalla).

—Ufff pero que vergota!!!… ufff que delicia de verga tiene ese hombre!… y el nene se ve que la disfruta mucho en su boquita—-

(en el video se ve al niño chupando y jugando con la verga, pero no se logra ver más del hombre, solo de la cintura hacia abajo. Eduardo sospecha que sea el director, pero no hay manera de saberlo, pues no conoce su verga.   Busca otro video y lo empieza a reproducir, aparece la cama de la habitación secreta, la cual le había enseñado el otro día, un nenito de unos seis años desnudito sobre la cama boca arriba con las piernas abiertas y con sus manitas separándose el mismo las nalgas, exponiendo su ano color rosa, pero se nota que ya está abierto y dilatado. La mano de Eduardo sube y baja por su verga mientras aprecia las imágenes.  Se observa en el video de nuevo la misma verga que chupaba el anterior niño en el otro video. Se trata del mismo hombre.      Parece que el que graba es el mismo dueño de esa vergota, se acerca al niño y acaricia sus nalguitas mientras acerca la punta de la verga al ano, luego empuja suavemente y la cabeza entra al ano con facilidad, pues es en forma de lanza, puntiaguda y se hace más gruesa al tronco,.  Sigue observando como empieza penetrar al niño, con una práctica tan sencilla pero a la vez intensa, el niño solo abre la boquita con pequeños gemidos, parece que ese ano está tan acostumbrado a esa verga, los movimientos son más rápidos.   Eduardo ya no se puede contener y empieza a eyacular, y rápidamente pone su mano en la punta de su verga recibiendo el semen.   Los chorros espesos de su leche blanca, salen uno tras otro, mientras la mente se le nubla del placer, siente las descargas eléctricas volverlo totalmente inútil, luego se queda jadeando un momento mientras se reincorpora.

El nivel de orgasmo fue tan alto, tan solo imaginarse que esos videos fueron grabados ahí, con niños de la guardería y posiblemente se trate de su jefe, el director, eso lo vuelven loco.    Eduardo retira la  mano de la punta de su verga, observa su semen por un instante y luego empieza a chuparlo todo, no puede desperdiciarlo y menos dejar evidencia ahí.

Cierra las carpetas y los videos, solo espera que no desaparezcan para el día siguiente.  El aroma a semen se siente en la oficina, por lo que va al baño y saca un spray aromatizante para enmascarar el olor, quita el seguro de la puerta y se sienta a relajarse en su silla, tratando de organizar su pensamiento)

 

*mientras tanto, en la habitación secreta, Esteban está a punto de correrse, empieza a masturbarse mientras le pide a Pablito que abra su boquita y que cuando salga el yogur debe tragarlo todo para no mancharse,  Pablito asiente con la cabeza mientras saca su lengüita emocionado, el ruido de los huevos golpeando el cuero del sillón, resuenan a tambores anunciando el momento especial. Esteban empieza a gemir fuertemente mientras coloca la punta de su verga en la boquita y los primeros chorros de semen salen con mucha fuerza, llenando casi la garganta del niño, el cual los traga inmediatamente, para luego seguir recibiendo el resto de su yogur espeso.  Esteban se exprime la verga desde el tronco hasta la punta, buscando sacar hasta la última gota y dársela al pequeño Pablito que se lo ha ganado muy bien.  Le limpia tiernamente la barbilla)

 

*Esteban acaricia con el pulgar, limpiando una última gota blanca. Su pecho sube y baja agitado, los músculos brillando con un ligero sudor.*

— ¿Te gustó el yogur, mi niño? ¿Estaba dulce? —-

*Sonríe, viendo cómo el pequeño asiente con sus ojitos brillantes.* Eres un niño muy bueno, Pablito. Muy obediente. Así me gusta.

 

*Lo alza suavemente, acomodándole el uniforme y alisando su cabello.*

 

—-Ahora vamos a lavarte esas manitas y la carita. No queremos que nadie huela nada rico, ¿verdad? Nuestro secreto. Solo nuestro.—

 

*Lo lleva al pequeño baño de la habitación secreta. El grifo se abre. Mientras talla las manos del niño con jabón, su mente ya está en otro lado. Piensa en Eduardo. En la oficina. En lo solo que lo dejó.* <<Pobre Eduardo… tan solito en la oficina. Seguro está muy ocupado …>>

 

*Una idea traviesa cruza sus ojos oscuros. — “Necesito involucrar a Esteban en estas actividades, ….pero…. Debo ser cuidadoso y ponerle una trampa, para que solito pruebe las delicias de este placer!… ya tiene que ocurrírseme algo”.— Algo que acerque aún más a Eduardo a su mundo privado.*

 

*Esteban sale de la habitación hacia la pequeña bodega, acomoda la estantería nuevamente, la cual cubre la puerta, saca a Pablito por la pequeña puerta donde entraron la que da al jardín detrás de los arbolitos y le dice —- “si las cuidadoras te preguntan dónde estabas, di que estabas jugando a las escondidas con las mariposas, yo saldré por el otro lado”.—-

El niño sonríe en forma cómplice y muy obediente sale por la puerta cuando Esteban la abre, Después Esteban toma una tablilla con hojas y sale por la puerta principal de la bodega, que afuera tiene el letrero de “solo personal autorizado”. Sale de la bodega, cerrando detrás de sus nalgotas la puerta, empieza a caminar por el pasillo y una de las cuidadoras le indica que hay dos hombres que lo están buscando en el área de recepción. Es un par de padres, una pareja gay, ya habían hablado por teléfono con Esteban sobre recibir a sus dos hijos*

 

*Esteban asiente con una sonrisa profesional, alisándose la camisa ajustada mientras camina hacia recepción. Su paquete aún marcado se acomoda bajo el pantalón de vestir. <<Qué oportuno. Justo los nuevos papitos…>>

 

*Al llegar a recepción, ve a la pareja: un hombre alto, rubio, de unos cuarenta y tantos, y otro más joven, quizás treinta y cinco, latino y de mirada tranquila. Esteban se acerca con esa calidez hipnótica que derrite a cualquiera.*

 

—-¡Bienvenidos! Soy Esteban Monterrosa, director de Pequeños Pasos. Deben ser Fernando y Miguel, ¿cierto? Hablamos por teléfono.—-

 

*Extiende la mano, firme pero suave, mirándolos a los ojos.*

— Pasen a mi oficina, por favor. Eduardo, nuestro asistente, nos traerá un café. Es un chico…— *pausa casi imperceptible* —muy eficiente—

 

*Camina delante de ellos, sabiendo perfectamente que sus nalgas prominentes llamarán la atención de al menos uno de los dos.*

 

Continuará

23 Lecturas/26 mayo, 2026/0 Comentarios/por Peterlove
Etiquetas: baño, culo, gay, joven, metro, orgasmo, semen, sexo
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