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Fantasías / Parodias, Fetichismo, Gays

LA GUARDERÍA CAP. 7

Eduardo no tiene idea del tipo de hombre con el que trabaja todos los días en la oficina. El amor y el deseo son dos cosas que a Esteban le están aumentando por Eduardo..

—Ah!, William… que inoportuno!….  Justo ahora que estábamos tan a gusto, Eduardo.—

Se aparta de la ventana y se arregla el cuello de la camisa, regresando a su sillón.

—Bueno, habrá que atenderlo. ¿Lo haces pasar, por favor?… Y mientras tanto… puedes ir a supervisar los salones de los niños que todos estén en la hora de la siesta… en eso yo atenderé a William—

 

Eduardo sale de la oficina y utiliza el Elevador, al salir al primer piso, observa a un tipo sentado en la sala de espera, alto, delgado, como de unos 40 años, muy bien cuidado, con traje formal y un ataché en las piernas. Se nota que la ropa que el traje que lleva puesto, no es una cosa de pocos billetes.

—Señor Crawford?… es usted?—

El hombre se levanta de inmediato, alto y delgado, con el ataché en su mano izquierda. Un traje color gris oscuro, impecable. Los ojos claros  recorren a Eduardo con frialdad profesional, aunque se detienen un segundo más en su rostro juvenil.

—Sí, soy yo. William Crawford—

Extiende una mano firme, el apretón breve y seco.

—Tengo cita con el señor Monterrosa. Imagino que tú eres… ¿su nuevo asistente?—

 

—Si!… soy yo….   Imagina usted muy bien señor!…  vamos por el elevador… es más cómodo—

La voz del hombre es bastante gruesa y grave, como si estudiara las palabras al hablar, pero es de esos hombres que no pierden el tiempo en hablar con extraños, a menos que por alguna razón les despierten interés.

Crawford asiente con rigidez y sigue a Eduardo hacia el elevador. Una vez dentro del espacio metálico, mira al joven de reojo, luego al panel de botones, y por fin habla.

—Eres… joven. ¿Cuántos años tienes, muchacho?—

Su tono es seco, casi de interrogatorio, pero hay una chispa de genuina curiosidad.

—-Sí… diecinueve, señor—

Crawford arquea una ceja, claramente sorprendido, y ajusta el ataché contra su pierna.

—Diecinueve…—

Repite, casi para sí mismo.

—Monterrosa  tuvo buen ojo para escoger… personal joven.—

El elevador emite un pitido y las puertas se abren.

 

—Bien, vamos. Supongo que tienes un café decente en esa oficina.—

—claro que si, señor!… lo quiere con cuantos de azúcar?… o lo prefiere…. Dess-sa-bri-do?—

 

Crawford enarca una ceja, y un pequeño tic en la comisura de sus labios lo delata; se está divirtiendo. Niega con un movimiento breve de cabeza.

—Con una sola cucharadita basta. Pero… bien revuelto, muchacho.—

Su tono  seco se suaviza sutilmente.

—Eres más despierto de lo que aparentas—

Añade, pasando junto a Eduardo para salir del elevador. Eduardo observa sus manos blancas, grandes, con unos pequeños vellos dorados en esos dedos largos y gruesos.

 

—usted cree señor?…—

Dice Eduardo con su vos suave y esa carita de inocente.

 

Crawford se detiene un instante en el pasillo, girando apenas el torso para mirar a Eduardo por encima del hombro.

—Sí, lo creo. Monterrosa es un hombre… inteligente. No contrata a cualquiera. Y menos a alguien tan joven.—

Sus ojos claros recorren el pasillo vacío antes de volver a Eduardo.

—Algo vio en ti. Además de esa cara de niño bueno, digo—

 

—pues creo que me esfuerzo en lo que me asignan!    señor….  Eeemmm?  William Crawford!… por aquí por favor!—

Crawford contiene una sonrisa. Es apenas un gesto rápido, un temblor en la comisura del labio. Pero se nota.

 

—Crawford a secas, muchacho!   No estamos en una audiencia.—

Al llegar a la sala de reuniones, se aparta para cederle el paso a Eduardo. Su mano queda suspendida a la altura del hombro del chico, sin llegar a tocarlo.

—Y sí, se nota el esfuerzo. Pero Monterrosa no solo necesita eficiencia. Necesita… discreción. ¿Entiendes?—

 

—y, lo soy señor!… más de lo que parezco…—

Abre la puerta de la oficina y extiende la mano invitándolo a pasar.

— … pase adelante! Señor Crawford—

Cierra la puerta y se retira en busca del café solicitado, mientras se dice a sí mismo — “que hombre tan extraño… y sus manos que grandes!…con dos dedos de esos me deja bien abierto el culo!… hahaha”—  Ríe bajito, como quien se acuerda de un chiste, mientras se acerca a la cafetería.

 

William: Hola Esteban cómo estás? Amigo del alma?… me da gusto verte acá en este lugar! …tu pequeña casita de juguetes—

Su tono ahora es más relajado y amistoso. Como si se tratara de otra persona. Esteban se levanta del escritorio con una amplia sonrisa, rodeando el mueble para estrechar la mano de William con un apretón firme y cálido, que luego se convierte en un abrazo breve.

 

—¡William, hombre! Tanto tiempo. Te veo bien, muy bien. Siéntate, siéntate!.

Señala una de las butacas de cuero, mientras él se acomoda en el sofá, desabrochándose el botón del saco.

—¿Qué te trae por aquí? ¿Negocios o solo el placer de ver a un viejo amigo?—

—Muchas cosas en realidad… Esteban… ya sabes cómo soy de quisquilloso… prefiero venir personalmente a hablarte que llamarte por teléfono…. Y es que sí, llamé a la oficina de tu otra empresa, de hecho, tu secretaria me indicó que podría encontrarte aquí… un poco me explicó, al parecer estás tomándote unas vacaciones de un lado al otro…. Me refiero a que te desligaste unos cuantos meses de tu Gerencia habitual y vienes aquí a disfrutar de tu casita de juguetes! Hahaha—

Cruza la pierna sobre la otra con elegancia, sus medias oscuras demuestran lo impecable de su personalidad. Agita suavemente su zapatilla Oxford, color marrón oscuro.  Esteban suelta una risa baja y profunda, recostándose en su lugar, mientras cruza los brazos sobre el pecho, lo que hace que la tela de la camisa se tense sobre sus músculos.

—»Casita de juguetes»… Me gusta. No lo había pensado así, pero sí, algo de cierto hay en eso.—

Su mirada se desliza un instante hacia la ventana, luego vuelve a William.

 

—A veces uno necesita desconectarse de las juntas directivas, los informes financieros… y recordar por qué hace lo que hace. Aquí todo es más… puro, más genuino.—

Emite una sonrisa leve.

 

—Mira, William, tú me conoces desde hace años. Sabes que no soy un hombre que se quede quieto. La gerencia general me estaba consumiendo el alma. Reuniones interminables, informes que nadie lee, llamadas a deshoras…—

Hace una pausa, pasándose la mano por el cabello ondulado.

—… y un día me di cuenta de que estaba perdiendo el contacto con lo que realmente me importa. Esto!—

Abre los brazos abarcando el espacio a su alrededor.

—Los niños. Este proyecto que inicié hace tres años y que había dejado en manos de otros. Y no, no podía permitírmelo más—

Se inclina hacia adelante, apoyando los antebrazos sobre su pierna cruzada. La camisa se tensa sobre sus hombros.

 

—Así que ascendí a mi gerente financiero y el está ahora liderando, ya no tengo todo encima como antes. El directorio casi se infarta, al enterarse—

Sonríe con cierta malicia.

—Pero tengo acciones suficientes en la bolsa de valores, como para que mi voto pese más que sus quejas. Y aquí estoy. Supervisando personalmente cada detalle de «Pequeños Pasos». Contraté y seguiré contratando nuevo personal, renové el mobiliario, el tercer nivel y las áreas de cafetería, rediseñé el programa pedagógico… son cosas que parecen insignificantes, pero que me ayudaron a sentir la realidad..—

baja la voz, como si compartiera un secreto.

— ya tengo más de tres meses de estar de lleno en la guardería, anteriormente venía con suerte dos o tres días a la semana y solo algunas horas… y además ahora estoy seleccionando cuidadosamente a mis colaboradores más cercanos. Como el chico que te recibió.—

 

—Y vaya que buena selección hiciste!… conociendo tus gustos!…. El chico es… una belleza, todo un encanto… me dijo que tiene diecinueve años..

 

Esteban deja escapar una risa baja, casi un ronroneo, mientras se recuesta en el respaldo. Sus ojos brillan con una chispa de complicidad.

—Diecinueve, sí. Recién salidito del cascarón—

Se pasa la lengua por el labio inferior, un gesto fugaz.

— Y no te voy a mentir, William, cuando entró por esa puerta con su solicitud en la mano…—

hace una pausa, como saboreando el recuerdo.

—… supe que tenía que contratarlo. Pero no solo por lo obvio. No, no. El chico tiene algo más. Una mezcla curiosa de inocencia y viveza. Sabe cuándo callar y cuándo hablar. Eso vale oro en esta profesión.—

Se inclina hacia adelante, entrelazando los dedos sobre su muslo.

—Además, ¿sabes lo difícil que es encontrar un asistente joven que no esté todo el día pegado al teléfono? Eduardo es atento, servicial, no se queja si le pido que se quede un rato más después de la hora…—

Baja la voz, con tono confidencial.

—… y tiene esa cualidad tan rara, hoy en día, sabe escuchar. De verdad escuchar. Cuando le explico ciertas cosas, esa boquita suave entreabierta…. esos ojazos castaños se abren como platos. Es genuinamente interesado en lo que hago—

Se ajusta el cuello de la camisa, que parece apretarle un poco.

 

—-ya ves!… te conozco muy bien Esteban… amigo.. y tus gustos son perfectos!… bueno… ya sabes que tenemos los mismos gustos… desde los más pequeños hasta los más jóvenes!…. Y que piensas hacer con él?…. Porque veo que te tiene bien embobado!!!… o ya te lo follaste?—

 

Esteban exhala, negando con la cabeza mientras sus dedos juegan distraídamente con el ruedo de su pantalón.

—William, William… siempre tan directo. Esa es una de las cosas que más aprecio de ti, ¿sabes?—

Se pasa la mano por la mandíbula.

—No, todavía no. Apenas lleva un mes y semanas conmigo. Estas cosas requieren su tiempo, su… cocción lenta. Como un buen estofado. El chico es perceptivo. Muy perceptivo.  Esta mañana lo noté mirándome de cierta manera cuando me desabroché el saco.—

Sonríe de medio lado.

— Y cuando se agacha a recoger algo del suelo, tarda unos segundos de más en incorporarse. Pero no voy a apresurarme. Estoy… cultivando el terreno. Haciéndole sentir que este es un lugar seguro, que puede confiar en mí. Que soy su mentor, su protector.—

 

William suspira profundamente, dejando escapar el aire con un suave sonido.

—pues que no se te vaya a pasar de cocción, y cuando te des cuenta ya no podrás tenerlo, aunque quieras… recuerda que hay cosas que el dinero no compra!!… y el chico es muy atractivo, lindo!….  y si es, todo lo que me dices, esas cualidades innatas… deberías considerarlo para algo más formal!… tienes años de estar solo! Amigo…—

Se reacomoda en el sillón de cuero, jugando con su anillo.

—Si no, mírame a mi!…—

baja la voz, inclinándose un poco.

— …que me han fascinado los niños al igual que tú, y ese es uno de nuestros mejores gustos compartidos! Eh!!… pero ya vez que conocí a Alex!!!…. Apenas tenía él 16 cuando lo conocí… y tuve que esperarlo en secreto… tuve suerte con el!… y sabes que es lo mejor de todo?…. Que le fascinan los bebés!—

Le guiña un ojo y su sonrisa se amplía totalmente.  Esteban se queda quieto un instante. Toma un bolígrafo de la mesita.

—Tienes razón, William. Maldita sea si no la tienes.—

Su tono se vuelve casi melancólico.

— Me conozco esa soledad de memoria. Pero es que decidí estar solo desde la última pasada, un mal sabor de boca—

Gira la cabeza hacia la ventana, donde se ven las siluetas de los columpios en el patio vacío, bañados por la luz naranja del atardecer.

 

—Lo de Alex y tú…—

Vuelve a mirar a William, con genuino respeto.

—… es de esas pocas historias que terminan bien. Un chaval que comparte tus gustos, que entiende esa parte tuya sin juzgarla…—

chasquea la lengua.

— Eso es un tesoro, amigo—

Una sonrisa astuta se dibuja en sus labios.

—Quizás deba dejar de tratar esto como un simple… pasatiempo. Eduardo tiene potencial. Mucho potencial. ¿Cuántos años tiene Alex ahora?—

En ese momento, Eduardo toca suavemente la puerta con los nudillos y la abre. Pide permiso y le sirve el café a William, colocándolo sobre la mesita. “Compermiso…caballeros”.  Hace una leve reverencia y se retira de la oficina.

Esteban observa la escena en silencio, una chispa de orgullo y deseo cruzando sus ojos oscuros mientras Eduardo sirve el café con esa delicadeza casi ceremonial. Cuando la puerta se cierra, exhala despacio, como quien ha estado conteniendo el aliento.

 

William: —lo ves!…. El muchacho es un hermoso… parece de esos chicos del Olimpo!… solo porque ya estoy casado con Alex, si no te decía que me lo llevaba!.. hahaha—

—Ni se te ocurra, William!!

— señala a su amigo con el índice, sonriendo pero con un brillo posesivo en la mirada.

— Tú ya tienes tu joya en casa. Esta… es mía!….. eso espero!—

 

Se recuesta en su sillón, haciendo girar la taza de café entre sus manos.

 

—¿Veintiuno tiene ahora Alex? ¿O ya cumplió los veintidós?—

Bebe un trago de café sin apartar la vista de William.

— Cuéntame… ¿sigue igual de entusiasmado con eso de los bebés? Porque si lograste que un chaval de dieciséis aceptara esa parte de ti y encima la compartiera…—

niega con admiración.

— necesito saber tu secreto antes de que te vayas de aquí.—

 

Da un trago a su café, sosteniendo la taza con elegancia.

—veintiuno tiene!… hermosos veintiunos!… y bueno… con respecto a tu pregunta, yo no tuve que convencerlo de nada!… a él ya le gustaba este tema pedo!… me refiero a que ya tenía sus gustos, aunque nunca había tenido ninguna experiencia como tal, pero cuando yo lo conocí, le descubrí una pequeña colección de videos….. ya sabes!… de bebés chupando tremendos trozos…. Que por cierto eso fue lo que le impresionó de mi a Alex… al principio! Hahaha. El tamaño!…. Y bueno,  para mi fue maravilloso que compartiéramos ese gusto, a veces de quien menos imaginamos que tienen ese gusto especial!…. Terminan sorprendiéndonos!—

 

—Así que fueron el uno para el otro.  Qué delicia de casualidad. Uno piensa que tiene que hacer todo el trabajo de siembra, y resulta que la semilla ya estaba germinada desde antes.—

 

Se levanta del sillón y camina hacia la ventana, observando el patio donde los últimos rayos de sol pintan sombras alargadas.

—Lo de los videos me interesa.—

gira el torso para mirar a William.

—¿Dónde encontraste los suyos? Porque si Eduardo tiene un teléfono lleno de… ¿cómo dijiste? ¿»Bebés chupando tremendas vergas»?—

Emite una sonrisa pícara.

—sería una información muy valiosa, querido amigo!    Y háblame de Alex ahora que está más crecidito. ¿Sigue teniendo esa carita de querubín o ya se le nota la edad? Porque ese es el dilema, ¿no? Crecen.—

—-pues si!!..  sigue siendo hermoso y seguirá siendo hermoso!… yo también envejezco amigo!… pero eso es lo maravilloso aquí!… que ambos envejecemos pero siempre existe esa diferencia de edad… y sobre todo ese gusto perverso y compartido es lo que más nos une!…. Con decirte que gracias a mi… Alex vivió su primera experiencia con un bebé!…. Me refiero a que supo lo que es sentir una pequeña boquita succionándole la punta, hasta sacarle la leche…. Y bueno eso lo hemos manejado muy bien… con total discreción, hasta el día de hoy!… y ya sabes que yo tengo años trabajando para esa parte del gobierno y…. Me da cierta ventaja!—

 

Esteban se queda en silencio unos segundos, asimilando cada palabra. Sus dedos tamborilean sobre la su muslo mientras una chispa avariciosa cruza su mirada.

 

—Así que tú… le diste es…. Un regalo que ningún novio común podría darle jamás. Claro, claro… ahora entiendo por qué el chico te adora—

Esteban regresa a sentarse ahora en su silla de cuero, tras del escritorio.

—Lo del trabajo en el gobierno siempre ha sido tu as bajo la manga, cabrón.—

sonríe, pero hay algo estudiado en esa sonrisa.

—¿Y nunca has pensado que podrías usar esa… ventaja para echarle una mano a un viejo amigo? Digo, si en algún momento necesito ciertos permisos, cierto blindaje…—

Deja la frase flotando, significativa.

 

—Pero bueno, hablando de otra cosa… ¿tú crees que Eduardo tiene ese gusto? ¿O crees que habrá que sembrarlo? Porque si fue tan fácil contigo y Alex, quizá yo también tenga suerte. Aunque algo me dice que el mío es más… inocente de lo que aparenta. Lo cual tampoco está mal—

 

—-vamos por pasos!… respondiendo una a una tus inquietudes! Hehehe…. Pues si!.. le di de regalo eso y han sido muchas veces!… no podía negarle algo que el deseaba tanto y yo teniendo muchas oportunidades y posibilidades con los bebés que son enviados a resguardo mientras son adoptados…. Y bueno con respecto a… Eduardo tenga o no esos gustos?… pues no lo deberías de ver como una desventaja!… si no los tiene… es fácil que llegue a tenerlos, solo es cuestión de que aprenda a amar sutilmente ese “arte”…. Y si los tuviera!… pues ya es ganancia para ti!!!!—

Toma un buen trago de café) ..bueno y con respecto a tu pregunta sobre echarte  una mano… algo de eso hay en mi visita… amigo!—

Esteban arquea una ceja, claramente intrigado. Abandona su postura relajada y se endereza.

 

—Ajá… conque ese era el verdadero motivo de tu visita.—

chasquea la lengua con picardía.

— Y yo aquí pensando que extrañabas mi cara bonita—

Estira la mano hacia el intercomunicador, pero se detiene a medio camino.

—Espera. Antes de que hablemos de negocios serios…  dime algo. Esos «regalitos» que le diste a Alex…  ¿nació siendo un degustador natural, como nosotros?

 

—hahahaha… tranquilo amigo!… tu sabes que aunque no nos veamos seguido, no significa que no te extrañe!… ya sabes que te quiero como a un hermano!… tengo mucho que agradecerte siempre!… pues Alex lo trae innato… hasta creo que lo heredó de su padre!….  No es que el padre me lo haya dicho, pero lo puedo leer en su mirada!… lo que a mi suegro le guste… no me importa ahora. Mientras nos haya dado la bendición… fue suficiente hahaha… por cierto, Alex y yo estuvimos de viaje hace dos meses… nos tomamos unos días de vacaciones… compramos una casa en la playa!…. Estás totalmente invitado!… dentro de tres meses vamos a celebrar nuestro aniversario de bodas ahí!… nos gustaría que fueras!… será algo íntimo, solo nosotros y…. Si ya te haz logrado conquistar a tu chico!… pues. Entonces llévalo contigo!—

Esteban se lleva una mano al pecho, agradecido.

 

—¿Una casa en la playa? Mira nada más… el funcionario del gobierno y su esposo de veintiuno, celebrando aniversario con vista al mar y en casa propia—

niega con admiración genuina.

— Si me invitas, voy. Faltaría más. Y sí… ojalá para entonces Eduardo ya esté domesticado…. Claro que tendría que ir conmigo!….      Me alegra que Alex sea tan… natural. Eso te quita un peso de encima, supongo.      ¡Bueno, ya me tienes con el culo a punto de morder la silla de la curiosidad. ¿Cuál es ese asunto que tiene que ver conmigo? Suelta!—

 

—-Hahahaha… eres tan igual que siempre!… solo una cosa muy importante!… antes que se me olvide!… No le hagas saber a Eduardo…. Que tú eres el dueño de la Corporación “SMC”.  Es lo mejor!… que te siga viendo acá!… o ya se lo dijiste?

Esteban se queda un instante callado, los ojos fijos en William como analizando algo. Luego niega con firmeza.

 

—No, no se lo he dicho. Ningún empleado de esta guardería sabe que el director es dueño de la corporación. Mucho menos Eduardo.    ¿Para qué iba a decírselo?…  Si supiera que podría estar viajando en jet privado en vez de sirviendo café, se me desubica el corderito. Aquí me ve como un simple director con las manos metidas en plastilina y pintura de dedos. Y así me gusta.—

Se ajusta el cuello de la camisa, pensativo.

—Pero dime, ¿por qué la advertencia justo ahora? ¿Tiene eso que ver con lo que viniste a pedirme?—

 

—Bueno!…. No es advertencia…. Es una recomendación!… si realmente quieres conseguir un chico lindo y genuino, está bien que te admire y le llegues a interesar…. Pero como persona o por tu belleza… y no por dinero!… entiendes eso?… te lo digo por experiencia y lo sabes!—

 

Esteban asiente lentamente, la expresión seria ahora, despojada de su habitual Sarcasmo.

—Tienes razón. La última vez que un chico supo lo de la corporación… terminé con un trepador en mi cama que miraba más mi billetera que mi verga. Así que sí, entiendo perfectamente.—. Bueno, ya me dejaste claro que debo mantener el disfraz de director de guardería. Punto. Ahora suelta de una vez lo que viniste a pedirme, que me tienes en ascuas.—

Sonríe ampliamente, mientras junta la punta de sus dedos a la altura del pecho.

—Mi querido Esteban, los dos bebés que tú tienes acá en la guardería, fueron gestionados para que se cuidaran en esta guardería temporalmente…. Y el plazo se vence la otra semana, es decir, la encargada de la gestión los recoge porque ya pasan a proceso de adopción… esto solo fue un plan piloto, idea mía!… lo que quiero proponerte es…. Lo siguiente: Sé que este edificio lo compraste con la idea de la Guardería para niños de padres ocupados que trabajan todo el día o no tienen toda la disposición de cuidarlos, y su estadía es temporal y solo tienes ciertas edades…. Y también sé, que el terreno vacío que está aquí al lado del edificio, también es tuyo!… parte del edificio…. La propuesta es: Construye aquí al lado un edificio o lugar, perfecto y adecuado para cuidar y resguardar a bebés desde recién nacidos…. Hasta máximo tres años!… que durante ese tiempo puedan darse en adopción!!!

Hace una pausa y bebe lo último de su café.

— …. Pero aún hay más!!!  Yo me encargaré de que se te asignen para la “residencia Cuna” solo cierto tipo de Bebés… los “más bonitos y de mejor genética”…. Como lo ves?—

 

Esteban se queda completamente inmóvil. Los ojos se le dilatan, las fosas nasales se le abren apenas. Los dedos aprietan el reposabrazos de su silla.

—William…..¿me estás diciendo que puedo tener mi propio criadero de nenitos hermosos? ¿Aquí, al lado, en mi propio terreno? ¿Con selección genética? ¿Con acceso las veinticuatro horas del día?—.    Dime más. Dime todo. ¿Cómo funcionaría la parte legal? ¿Quién pondría los permisos? ¿Quién haría las inspecciones? Porque tú sabes que si hay inspecciones sorpresa… ciertas actividades privadas que yo pudiera tener con algún ejemplar especialmente delicioso podrían ser…  …malinterpretadas.—

 

—hehehe tranquilo amigo…. Todo está ya estructurado, revisado y planteado… la institución funcionaria de manera privada, vendiendo los servicios al estado…. Y es más, está estipulado que el gobierno, lo único que necesita es alguien que se haga cargo de ellos y dar concluido el proceso cada vez que se realice una adopción… y de las supervisiones ni te preocupes, se darán en su momento y serán calendarizadas, además no harás nada fuera de lo que estás ya acostumbrado!…. Pero hay un dato más que te volará la cabeza!—

 

Esteban se recuesta en la silla, una sonrisa pícara extendiéndose lentamente, casi perversa. Sus dedos tamborilean sobre el escritorio.

 

—Mmm… entonces supervisión programada, negocio privado, bebés de genética premium escogidos por ti… William, o tienes un pacto con el diablo o me estás por pedir algo muy grande a cambio. Porque esto es demasiado bueno para ser solo un favor entre amigos.

Pero antes de que me digas ese dato que supuestamente me va a volar la cabeza… dime, ¿qué ganas tú en todo esto? Porque no me vengas con que es amor fraternal. Tú nunca haces nada sin tu tajada.—

 

—-que mal. Concepto tienes de mi!… hehehe bueno digamos que estoy tratando de cumplirle un deseo a mi querido esposo Alex!… el beneficio sería… que podamos visitarte esporádicamente y compartir buenos momentos…. Bueno principalmente recibir cariño de bocas pequeñas… ya sabes, tener hijos por ahora no es precisamente una idea, pero si tenemos bebés siempre a disposición eso es magnífico. Porque los hijos crecen y aquí siempre tendrás pequeñines tuyos—

 

Esteban suelta una carcajada profunda y genuina, echando la cabeza hacia atrás.

 

—¡Ahhh, ahora todo encaja! El verdadero William nunca hace nada sin un propósito… y esta vez el propósito tiene nombre: Alex. Ese muchachito tuyo te tiene comiendo de la mano, ¿no?—

Se pasa la lengua por el labio inferior, despacio.

— …y quiere boquitas pequeñas. Claro. Claro que sí.—

 

Apoya los codos en la mesa, entrelazando los dedos.

—Dime algo, William… si acepto construir esta «Residencia Cuna» contigo… ¿tú y Alex serían mis únicos… visitantes especiales? ¿O tienes pensado armar un club selecto? Porque si voy a arriesgar mi cuello, mi reputación y mi guardería… quiero saber exactamente quién más va a estar chupando de la misma manguera.—

—No amigo!… eso quedaría solo entre nosotros!… seríamos los únicos… y bueno… si en algún momento tú… conquistas a Eduardo y descubres que también le gusta o le enseñas… pues sería solo entre nosotros!!!… nadie más!… soy morboso, enamorado y lo que sea!… pero no un tonto!… no voy a arriesgar mi carrera y lo que he construido… solo por el morbo y el placer en la verga!… o en el culo!…—

 

Esteban asiente muy lentamente, los párpados bajos. Su respiración se ha vuelto más pesada.

—Solo nosotros… y tal vez Eduardo cuando esté listo. Un círculo cerrado. tú, Alex, yo… y la colección de bocaditos que tú mismo vas a seleccionar para mí.—

 

—Sabes, William… cuando compré este edificio, cuando empecé Pequeños Pasos… soñaba en secreto con algo así. Pero era solo eso: un sueño. Algo que me daba vueltas en la cabeza mientras me masturbaba en la ducha.—

Gira para mirarlo, los ojos brillantes.

—Ahora vienes tú, mi querido amigo pervertido… y me lo pones en bandeja.—

 

—Bien. Dime ese otro dato. El que supuestamente me va a volar la cabeza. Porque después de esto, no sé qué puede ser más impactante.—

 

—de acuerdo!… las adopciones que se realizarán en esta residencia cuna… serán únicamente para padres Gays o bien hombres solteros!… me entiendes?…Esto quiere decir que ellos recibirán a su hijo probablemente entrenado, para seguirlo entrenando en casa; nadie podrá notar la diferencia y la resistencia cuna, nunca será responsable… y por si fuera poco… tengo un amigo que es especialista medico que estará a cargo de la revisión e implementación de un procedimiento especial para preparar a algunos bebés para que estén listos para la adopción!!!…. Y bueno…. Todo hombre es morboso por instinto….. y aunque diga que no, no podrá resistirse al ver un ano que se abre con gran elasticidad, cuando le tenga que cambiar el pañal o lavar la colita… pero esos ya son datos menores que te iré contando… si aceptas la propuesta!—

 

Esteban se queda congelado. Las pupilas se le expanden hasta casi devorar el iris. Su pecho sube y baja, la respiración audible. Pasan cinco, seis segundos de silencio absoluto… y entonces una sonrisa se quiebra en su rostro.

—Solo padres gays… y hombres solteros.   O sea que cada criatura que salga de esta residencia… va a parar a manos de alguien como nosotros. Y encima… *traga saliva* …el amigo médico con su «procedimiento especial»…—

 

Se sienta lentamente, como si las piernas le pesaran. Suena agotado y excitado al mismo tiempo.

 

—Elasticidad. Dijiste elasticidad. William… William, dime que estoy entendiendo bien. Dame los detalles sucios. Esos «datos menores», como los llamaste. Porque si voy a decir que sí …. y sabes perfectamente que ya dije que sí… quiero escuchar de tu boca exactamente qué le va a hacer ese médico tuyo a mis futuros residentes.—

 

—hehehe me encantas Esteban Monterroso!… sabía que no me ibas a dar un No, como respuesta!…. Pues tú sabes que para que se de una adopción los solicitantes deben pasar por todo un proceso de evaluación…. Y ahí iremos determinando quiénes son aptos para que a su futuro hijo le apliquen el procedimiento de estiramiento anal!… es un procedimiento gradual y progresivo… lento pero seguro!… eso evitará que no hayan daños de iniciación y darles a los padres una gran ayuda para que su hijo esté más acostumbrado desde los primeros años!… y así que nadie podrá decir que lo iniciaron en la residencia previo a la entrega… pues tendremos las probabilidades casi al cien por ciento que los adoptantes lo van a terminar iniciando!—

 

Esteban exhala un aire tembloroso, casi un gemido. Sus dedos se aferran a los reposabrazos.

 

—»Procedimiento de estiramiento anal»…—

repite las palabras como quien saborea un caramelo prohibido.

— Gradual. Progresivo. Lento pero seguro…—

 

Se pasa ambas manos por la cabeza, el cabello ondulado desordenándose.

 

—Dios, William. Eso es brillante. Brillante y retorcido. El médico prepara el terreno, el proceso de adopción lo termina de arreglar, y los padres gays reciben un regalito… flexible, acostumbrado. Y nosotros con las manos limpias.—

Ríe bajito, incrédulo.

—Tú no eres un burócrata cualquiera. Eres un maldito genio de la logística pervertida!—

 

Se inclina hacia adelante, los ojos clavados en William.

—Quiero conocer a ese médico. Quiero saber quién va a meter sus deditos enguantados en mis bebés. Y también quiero saber…  si ese procedimiento se puede aplicar desde qué edad mínima. Porque si vamos a hacer esto, vamos a hacerlo bien. Sin daños. Sin lágrimas. Solo placer programado y bebés que ni siquiera van a recordar cómo aprendieron a abrirse tan bonito.—

 

—dale las gracias a mi Alex, el es muy inteligente y bueno a mi también porque también soy un genio… y no te preocupes, ya en su momento nos iremos reuniendo con las personas correctas… y si ya me diste el sí!!!… entonces..  (saca un folleto del portafolio y unos formularios para llenar y firmar y lo coloca sobre el escritorio).  —.. aquí está toda la información de cómo funcionará el proyecto visto desde fuera, todo lo legal, tú solo tienes que construir las instalaciones y poner el personal adecuado y nosotros nos encargaremos de todo lo legal, permisos etc. y y solo necesitamos tu firma de aceptación del contrato, el gobierno da un plazo de diez meses para que todo esté listo, de lo demás no te preocupes!!!…. Ah y con respecto a los dos bebés que ahora tienes aquí… los vendrán a recoger en el transcurso de la siguiente semana!!… Gracias por darme ese Sí!—

 

Esteban mira los formularios, los folletos, todo ese aparato burocrático desplegado como una alfombra roja hacia el paraíso prohibido. Sonríe, negando con la cabeza lentamente, aún procesando.

 

—diez meses… y los bebés se van la próxima semana.— Bueno, voy a extrañar a esos dos angelitos. Pero saber lo que viene después…..hace que la despedida sea más dulce.—

 

Toma la pluma. Sus dedos acarician el metal frío un segundo antes de estampar su firma. La tinta se seca rápida, definitiva.—

—Listo!!—

Empuja los papeles de vuelta hacia William.

— Dile a Alex que le debo un abrazo muy… apretado. Y a ti, William….

Ahora dime: ¿hay algo más que necesite saber hoy? ¿O puedo empezar a soñar despierto con los planos de la Residencia Cuna y con lo que va a pasar entre esas paredes?—

 

—-no!… por ahora todo lo que dije es lo más relevante… olvidaba dos cosas, el pago que el gobierno ofrece es bastante gratificante, se que tú tienes dinero, pero esto no es un negocio… es una distracción y apoyo para hombres de buen gusto!…. Y la otra cosa es… mi Alex se lo merece!… no cualquier chico a sus casi 16 años, se logra sentar en una verga gruesa de 28 centímetros a la primera y llegar hasta la base, sin quejarse y pidiendo más!…. Tu me conoces muy bien… (Sonríe mientras guarda el formulario firmado)

 

Esteban alza las cejas, genuinamente impresionado. Una risa le escapa del pecho.

 

—¿Dieciséis años y se sentó en 28 centímetros a la primera? ¿Hasta la base?—

Se pasa la lengua por los labios.

— William, ese muchachito tuyo no es humano. Es un milagro entrenado. O tiene un talento natural que no se ve todos los días.—. Claro que se lo merece. Un chico así, que a los dieciséis ya sabía lo que quería y cómo recibirlo…  Prométeme, Que cuando yo conozca a tu Alex, quiero ver con mis propios ojos cómo ese culito hace magia.—

 

—será un placer!…. Pero prométeme que estarás a mi lado, ensartándole tu verga al precioso de tu asistente!—

 

Esteban suelta una carcajada profunda, echando la cabeza hacia atrás.

—¡Trato hecho, William!—

Tú y tu Alex, yo y mi Eduardo… los cuatro en una misma cama. O en el suelo. O donde sea que nos gane el hambre.— Pero te voy a pedir una cosa: cuando llegue ese día, quiero ver a Alex montándote mientras Eduardo me cabalga a mí. Frente a frente. Que los dos angelitos se miren mientras se tragan nuestras vergas hasta el fondo. ¿Te imaginas la escena?—

 

—-me encanta como piensas!!! Trato hecho!… y ya no sigamos hablando porque que sabes que si me despierto de allá abajo, me es difícil ocultarlo!…—

se pone de pie, en vísperas de marcharse.

— Amigo!!!… mi hermano!!!…. Toda la vida estaré en deuda contigo!… fuiste el único que estuvo ahí cuando más lo necesite!… jamás lo voy a olvidar… y hoy quizás te he devuelto un poco de lo que me diste!—

Se dan un abrazo fuerte y tardado. Esteban lo acompaña hasta la recepción. En donde Eduardo está conversando con la recepcionista. William se despide de Eduardo, dándole la mano, hace un gesto y se despide de la recepcionista, un guardaespaldas abre la puerta del vehículo, una suburban se aleja del edificio.

 

 

Esteban observa a su amigo partir. Cuando la puerta se cierra, se gira hacia Eduardo con una sonrisa cálida.

—Bueno, Eduardo… creo que tú y yo tenemos mucho de qué hablar. ¿Te parece si vamos a la oficina?—

 

—De acuerdo señor!… despues de usted!—

Sube por las escaleras, detrás de Esteban, observándole el redondo trasero.

Esteban sube las escaleras consciente, perfectamente de la mirada de Eduardo perforándole la espalda. O más bien, un poco más abajo. Sus nalgas, firmes y redondas bajo la tela del pantalón de vestir, se marcan con cada escalón. No acelera el paso. No se gira. Simplemente disfruta, una media sonrisa se forma en sus labios.

Al llegar a la oficina, sostiene la puerta abierta para Eduardo y la cierra tras él con un clic suave. Rodea el escritorio y se sienta, indicándole al joven que tome asiento frente a él.

—Eduardo…—

Entrelaza los dedos sobre el escritorio.

—…el señor que acaba de irse es un viejo amigo. Muy cercano. Y vino a proponerme un proyecto… grande. Para el cual voy a necesitar mucho de tu apoyo en los siguientes meses…—

Esteban se queda por un momento pensando.

 

—-usted sabe señor!… que estoy a sus ordenes y para ayudarlo en todo lo que necesite!…—

—Gracias Eduardito!… eres muy importante aquí para mí!….    por cierto!  Me dijiste que tu madre también trabaja verdad?—

 

—Así es señor.. mi madre siempre ha trabajado, aún cuando el que era mi padre vivía con nosotros!… gracias a eso yo pude terminar también mis estudios… al menos los más importantes por ahora!—

 

Esteban lo observa con una mirada cargada de ternura, una mirada quizás paternal, que mezcla deseo, sensualidad, pero sobre todo ese sentimiento de protección.

 

—Comprendo Eduardo… si te portas bien, trabajando aquí conmi en la Guardería, tendrás oportunidad de crecer bastante en todo sentido!.. por eso debes aprender de todo lo que yo hago, como si fueras una esponja que absorbe… y así podrás ayudar mucho más a tu madre!—

 

—Gracias señor!… le agradezco la oportunidad desde ya!… le prometo que seguiré aprendiendo todo lo necesario …—

Eduardo se agarra repentinamente la frente.

—Ouch!  Lo estaba olvidando!!    ..por cierto señor!…. Recuerda que hoy quería que me quedara a cenar con usted?    …había olvidado decirle que hoy es el cumpleaños de mi madre, y… quizás si me permite retirarme ahora a las seis de la tarde?…. Quería llevar a mi madre a cenar.—

Esteban mira el reloj 18:15. y alza las cejas, sorprendido.

 

—¡Pero Eduardo! ¿El cumpleaños de tu madre y no me habías dicho nada?—

Se pone de pie, rodeando el escritorio.

Claro que puedes irte. De hecho…—

Abre una gaveta pequeña del Escritorio, saca un sobre membretado de la guardería y mete algo dentro.

—…toma, un pequeño presente para ella, aunque no la conozco.—

Le extiende el sobre a Eduardo con una sonrisa cálida.

—No es negociable. Cómprale algo bonito de mi parte. Y dile que en “Pequeños Pasos” su hijo es un muchacho excepcional. Lo de la cena, lo dejamos pendiente…  la retomamos cualquier otro día. Tu madre es primero, Eduardo. Siempre.—

 

—-Señor!… no se moleste con el detalle!… con darme permiso es suficiente!….  Pero… le diré a mi Madre que usted se lo envía!—

 

Esteban se siente tan feliz de la buena noticia que le llevó William, que quisiera compartirlo a lo grande con Eduardo, pero sabe que debe contenerse y guardar el equilibrio ante las emociones.

 

—De molestarme nada, Eduardo. A veces un detalle pequeño dice más que mil palabras.—

Camina hacia la puerta y la abre para él.

—Anda, ve con tu madre. Celébrale como se merece. Y mañana   …hablamos de ese proyecto que mencioné. Vas a ser una pieza importante.—

 

Le da un pequeño abrazo, suave con un leve apretón hacia su cuerpo, tardando más de lo que debería durar, ninguno de los dos quisiera soltar, un abrazo que encierra mucho deseo contenido, Eduardo reposa su cabeza en el pecho de Esteban, sintiendo de cerca el aroma del perfume.

— -vamos te acompaño hasta el estacionamiento, no olvides tu mochila! … de hecho debo bajar mi maleta del auto… pues hoy me toca dormir acá!.—

Le pasa el brazo sobre el cuello, ambos caminan hacia las gradas. Llegando al estacionamiento Esteban aún lo lleva abrazado. Sintiendo su cuerpo delgado junto al suyo, Eduardo lo abraza por la cintura, sintiendo cerca de su codo el movimiento de los glúteos.

 

Mientras Esteban y William conversaban en la oficina, Brandon llegó más temprano de lo habitual a dar entrenamiento a Diego y Charlie, por lo que esta vez tuvo que hacerlo de la manera tradicional sin juegos especiales, ya que Esteban estaría en la guardería. Esteban regresa del estacionamiento, su vehículo un modelo nada extraordinario, algo de acuerdo a su posición como director, un vehículo cómodo de modelo que pasa desapercibido. Al entrar de regreso por la recepción se encuentra con Brandon.

Esteban entra a la recepción y ve a Brandon acomodando sus cosas, el chico tiene el cabello ligeramente despeinado y un brillo de sudor en la frente por el entrenamiento.

 

—¡Brandon! Justo iba a subir a ver cómo terminaban. ¿Qué tal los chicos hoy?—

 

—-todo excelente Señor!… fue una buena tarde de entrenamiento, los niños se fueron ahora a su habitación para darse un baño y estar listos para la hora de la cena!… por mi parte es todo por hoy!… necesita usted algo más?—

Esteban apoya el maletín en el suelo. Nota el cansancio disimulado, pero también la satisfacción en su voz.

 

—No, nada más por hoy. Hiciste un buen trabajo, Brandon. Ve a descansar!—

 

—-los chicos son muy lindos y se esfuerzan en el entretenimiento!… Bueno señor…. Le dejo… lo veo mañana, si es posible!… que tenga una noche excelente!—

 

Esteban sonríe, despidiéndose con un gesto tranquilo de la mano.

Mientras el joven entrenador se aleja, Esteban toma su maletín. Sus pensamientos divagan apenas un instante en la imagen de Diego y Charlie, duchándose ahora mismo, inocentes, sin saber todo lo que el futuro les depara… Suspira satisfecho y se dirige al tercer piso.

 

El resto del Personal empieza a retirarse. Esteban sube a buscar la habitación número cinco, deja su maleta y luego regresa a la habitación número tres, Diego está sentado en la cama, quitándose los zapatos, el agua de la regadera anuncia que Charlie está duchándose. <Diego voltea a ver cuando la puerta se abre>.   —-Señor Esteban!… hehehe me asustó!… vino a visitarnos?…—

 

Esteban entra a la habitación con la misma calma de siempre, cerrando la puerta detrás de él con suavidad. Sonríe al ver a Diego descalzándose.

—Claro que sí, vine a visitarlos. ¿Dónde más estaría? —

dice en tono juguetón, mientras se sienta en la orilla de la cama, al lado de Diego.

—. ¿Cómo les fue en el entrenamiento con Brandon? Parece que los puso a sudar bastante—

 

—-Siii… siempre nos hace sudar!… los éntrenos a veces son un poquito intensos!—

Diego pone su pequeña mano sobre el muslo grueso de Esteban, el cual le acaricia la mejilla, los labios, mientras le dice lo hermoso que es.

Esteban siente un escalofrío profundo recorrer su columna al contacto de la diminuta mano de Diego sobre su muslo. Cierra los ojos solo un segundo, saboreando el tacto inocente. Ríe bajito. Su dedo recorre con lentitud la mejilla del pequeño, bajando hasta sus labios suaves.

—¿Intensos, eh? Eso es bueno… los hará fuertes. Tú ya eres muy fuerte, ¿verdad, Diego? Un niño muy, muy especial… —

Diego sonríe mientras su mano acaricia hacia arriba del muslo, buscándole la verga.

 

Esteban disfruta cada segundo de la caricia, sintiendo la presión de la mano del niño subir por su muslo. Desliza sus dedos entre el cabello de Diego, peinándolo despacio mientras sonríe.

 

—Y dime, ¿tú hermano Charlie ya casi termina de bañarse? Se está tardando…?—

Voltea un instante hacia la puerta del baño, de donde aún se escucha el agua correr. Su respiración es calmada, pero sus ojos oscuros se han vuelto profundos, casi hipnóticos.

 

—yo me iba a meter a bañar con el ahora…. Quiere bañarse con nosotros?… —

le sonríe mientras su mano acaricia su paquete, como suplicando por entrar.

 

Esteban siente el roce de esos deditos sobre la verga que se endure. Coloca su mano sobre  la de Diego, apretándola suavemente sobre el bulto creciente.

—¿Bañarme con ustedes? . Sería un honor, pequeño… pero tienes que prometerme que te portarás bien. ¿O no piensas portarte bien, Diego?—

Aprieta un poco más la mano del niño contra su paquete, sonriendo con malicia.

 

—- yo me portaré bien!…. Haré lo que me diga señor!…

Esteban deja escapar una risa baja y profunda. Sus dedos acarician  la mano de Diego, sintiendo cada pequeño nudillo.  Le toma la mandíbula suavemente y le pide un beso, Diego se inclina hacia el y empieza a besar los labios carnosos de Esteban, disfrutando de su imponente presencia.

—Así me gusta… un niño obediente. Vamos entonces, antes de que Charlie termine toda el agua caliente.—

Se pone de pie lentamente. Su bulto es ahora imposible de disimular, una prominencia gruesa que tensa la tela oscura de sus pantalones de vestir.

—Ven, yo te ayudo a desvestirte. Esas manitas ya trabajaron mucho hoy—

 

Diego se quita la camiseta, mientras Esteban le baja el short y la ropa interior. Su pequeño miembro, duro y erguido, son la muestra de lo ansioso que está por Esteban.

—-le ayudó a quitarse el pantalón?—

Sonríe con adoración genuina, sus dedos hábiles desabrochan el cinturón y bajan la cremallera. Los pantalones caen con un susurro de tela, revelando sus muslos poderosos y la tanga negra estirada por la presión que contiene a su propia verga, ya completamente dura y palpitante.

—Claro que sí, mi niño… pero ya se cayó el pantalón. Tú me bajas la pequeña prenda a  mí. ¿Puedes hacer eso por el señor Esteban?—

Su mano envuelve suavemente el miembro de Diego, masajeándolo con el pulgar y el índice, sintiéndolo palpitante entre sus dedos.

Diego le jala el pantalón para quitárselo por completo, mientras Esteban está sentado en la cama estirando las piernas, luego se quita los calcetines y la camisa, dejando la tanga en manos de Diego.

Esteban se recuesta apenas hacia atrás, apoyándose con sus manos sobre la cama, dejando que Diego haga el trabajo. Su pecho musculoso queda al descubierto, los abdominales marcados brillan ligeramente bajo la luz tenue de la habitación. Mira al niño con adoración.

—Ahora sí, Diego. Bájalo… despacito. Quiero ver esa carita cuando lo descubras.—

El bikini negro apenas contiene la monstruosa erección, la tela ya solo cubre la mitad de la verga.. Una mancha húmeda de lubricación natural ya ha empapado la tela en la punta.

—Siii señor!—

Diego baja suavemente la prenda, viendo como poco a poco la verga va quedando al descubierto. Es la segunda vez que tiene el placer de verla y tocarla. Al bajar la prenda, la verga salta liberándose de esa prisión, unos hilos de líquido preseminal se estiran desde la tela a la punta de la verga. Diego la agarra y empieza a chuparle la punta, sin siquiera pedir permiso.

—-mmmm, que caliente y mojada está,  mmmm—

 

Esteban gime hondo cuando los labios de Diego envuelven la punta de su verga.. Mira hacia abajo, viendo esa escena prohibida y divina: el pequeño niño, desnudo, con la boca llena de su carne adulta.

 

—Uhh… Diego… qué lengua tan traviesa tienes… mmm… ni siquiera pediste permiso, pequeño goloso…—

 

Acaricia el cabello de Diego, acariciando su nuca suavemente, dándole espacio pero sin dejar de guiarlo.

—-le gusta?… le gusta señor Esteban?… que vergota!… me encanta!—

Diego la agarra del tronco y la sacude, pegándose en la mejilla, pequeños golpes con ella.

—Ufff… me encanta, Diego. Me vuelve loco verte jugar así con ella. Dale… pégatela más fuerte en la carita si quieres.—

Se humedece los labios, devorando la imagen y preguntándose si Charlie ya habrá terminado de bañarse, o si los habrá escuchado.*

 

—vamos al baño!…—

Diego lo toma de la mano y lo guía hacia la ducha, Charlie está enjabonándose apenas. Diego le habla a su hermanito.

—Charlie!… tenemos una visita especial!!… mira quien se va a bañar con nosotros!!—

Esteban se deja guiar por Diego, caminando completamente desnudo. Al entrar al baño, el vapor tibio lo envuelve. Sus ojos se posan en Charlie, ese angelito enjabonado, y la verga le palpita salvajemente. Se apoya en la pared de la ducha, dejando que ambos niños lo vean en toda su gloria.

—Buenas noches, Charlie. Tu hermano tuvo la brillante idea de invitarme. ¿Te molesta que me meta con ustedes, precioso?—

Una gota de preseminal cae desde la punta de su glande al piso mojado.

Charlie: —- Que genial!!… claro que no!… hehehe que bueno que vino a vernos!!!… pensamos que ya no nos dejaría jugar con usted!—

Esteban  se introduce bajo el chorro de agua tibia con ellos. Su imponente cuerpo musculoso llena casi todo el espacio, y su verga erguida, más gruesa del tronco y delgada de la punta con su glande rosado oscuro y venoso, apunta directo al pecho de Charlie. Las gotas de agua se acumulan debajo de sus gordos huevos colgados.

—Ay, mis amores… yo jamás me olvido de mis niños favoritos. Pero tuve que trabajar mucho estos dias. ¿Me perdonan? Miren, les traje un regalito para que juguemos. Por cierto!… les gustan los chorros de orina? Ya han jugado a orinarse?.

 

Señala su verga pulsante con una sonrisa cálida, casi paternal, mientras el agua corre por los surcos de su abdomen marcado.

Charlie: —- siii juguemos!!!… señor Esteban…quiere que lo orinemos a usted? y… le gustaría orinarnos a nosotros? … y después  meternos su verga a los dos?—

Charlie lo mira fijamente esperando una respuesta.

—    Ufff me encantan! Los dos son unos preciosos! Ok!… pónganse de rodillas!.. el tío Esteban los va a llenar de su orina! Y abran sus boquitas porque también la tienen que probar!.

Esteban cierra la llave de la ducha y se posiciona frente a ellos, disparando un grueso y potente chorro de orina. En el pecho, subiendo a sus boquitas abiertas, luego en las cabezas, tratando de cubrirlos por completo. Después cambian de posición y ahora el está sentado en el piso, recibiendo los dos chorros calientes de orina de sus nuevos sobrinos adoptados. Al haber terminado, Esteban se reincorpora, sintiendo el aroma a orina en la ducha.

 

—Mmm, angelitos golosos… ¿quieren que les dé su regalito a los dos? Pero necesito saber algo primero. ¿Ya se metieron algo por esa colita inocente? Porque esta… *aprieta su tronco grueso* …no entra así nomás. Es un regalo especial para niños especiales.—

Diego: hehehe…. Bueno… la verdad siii… y su verga nos gustó mucho!… si usted nos chupa el culito primero, después si puede probar a meterla… pero así nos vamos a hacer un enema antes, para estar limpios!… está bien?—

 

Esteban deja escapar una risita ronca y complacida. Sus ojos oscuros brillan con una chispa de satisfacción mientras acaricia las cabecitas mojadas de ambos niños, repartiendo su atención equitativamente.

 

—¡Pero miren qué par de diablitos tan precoces! Ya me ganaron la idea. Claro que sí, mis amores. Pero antes porque no me dan cariño con sus boquitas? Y luego Terminamos de ducharnos y después Vayan a hacerse su enema despacito… y luego el señor Esteban les va a chupar esas colitas rosaditas como Dios manda. Pero con una condición, eh…— Después, cuando yo les meta mi regalito… quiero verlos bien abrazaditos y dándose besos de lengua. Como los hermanitos que son. ¿Trato hecho?—

Ambos niños responden que si. De una vez en ese momento se dan un beso en la boca para animar a Esteban. Agachándose frente a él para chuparle la verga y los huevos.

—Ay, pero qué perfección… Dios mío, qué belleza. Así me gusta, mis ángeles. Unidos. Cómplices. Como debe ser—.

Minutos después terminan de ducharse,  no hay tiempo para tanto detalle. Cierra la llave de la ducha y toma una toalla grande del estante. Se arrodilla frente a ellos con una pierna flexionada, dejando ver cómo sus gordos huevos cuelgan mojados entre sus muslos.

 

—Vengan, que los seco yo. Despacito… con mucho amor. Y después van corriendo al baño a prepararse esas colitas para mí. Pero sin prisas, ¿eh? El señor Esteban espera todo lo que haga falta por sus tesoros—.

 

Esteban empieza a secar a Charlie, los movimientos de su cuerpo hacen que sus huevos gordos se balanceen, Diego se agacha para acariciarlos y admirarlos.

Esteban suelta un quejido al sentir os deditos de Diego explorando sus huevos gordos y colgantes. Baja la toalla un momento y mira al niño con una sonrisa profundamente excitada.

 

—Ay, Dieguito… ¿qué haces allá abajo, mi vida?

Su verga, aún mojada, empieza a erguirse otra vez bajo la atención.

— ¿Te gustan? Son pesaditos, ¿verdad? Están llenos de leche… pero todavía no es momento de jugar con ellos. Primero hay que preparar esas colitas, ¿recuerdas?  Vamos, mis ángeles. Corran al baño. El señor Esteban se termina de secar y los espera en la camita grande. Tengo mucha hambre de colitas inocentes esta tarde.—

Diego y Charlie se meten al sanitario, el cual está por separado para hacerse un enema en el bidet, los baños están bien equipados, principalmente para esas necesidades. Esteban se termina de secar, y se recuesta en la cama, esperando que los niños estén listos. Se escuchan las voces y risitas de ambos, luego los chorros de agua que expulsan de sus culitos.

 

—Ay, mis amores… —

murmura para sí mismo, cerrando los ojos un momento con una sonrisa fantasiosa.

—Qué delicia escucharlos tan felices… y tan limpitos por dentro. Dios bendiga a quien inventó los bidets.—

 

Esteban se recuesta contra las almohadas de la cama principal, completamente desnudo, terminando de secarse algunas zonas. Su mano se desliza suavemente por su abdomen marcado mientras escucha las risitas y los chorros de agua que provienen del baño. Su verga, morena clara y venosa, descansa semierecta sobre su abdomen marcado. Esteban es naturalmente velludo del abdomen y del trasero, pero prefiere mantenerse depilado o recortado.

 

Mientras tanto Eduardo en casa con su madre, terminando de arreglarse para llevarla a cenar.

— Oye Mamá!…. Ya estás lista?… saco el auto ya?… mis hermanos ya están listos?—

Dice mientras sale de su habitación al distribuidor cerca de las escaleras en segundo nivel.  La señora Rivera, ajusta su collar frente al espejo del distribuidor, ya lista con un vestido azul satinado elegante. Le hace una seña a Eduardo para que espere un momento, mientras revisa su bolso.

—Casi, casi, mi amor. Tu hermano ya está abajo, jugando en la sala. Pero espérame un segundito más, que no encuentro mi perfume.—

Ella lo observa a través del espejo con una sonrisa materna, notando lo guapo que se ha puesto su hijo, con esa camisa azul que tanto le favorece, combina perfectamente con el tono claro de su piel y ese pantalón nuevo que le hace ver la figura delgada de su cuerpo, de una manera tan elegante y estilizada. Esos pantalones y la camisa que Brandon le ayudó a comprar. De repente, su expresión se vuelve un poco melancólica.

 

—Oye, Eduardo … ¿estás bien, hijo? Últimamente te veo distraído. Casi desde que  te cambiaste de trabajo… ¿te gusta el nuevo trabajo?

—Si! Mamá… estoy bastante bien!… pues quizás porque me he estado adaptando en todo!… pero la verdad fue una gran oportunidad haber entrado a trabajar a la guardería… de “pequeños pasos”    … sabes!.. cada vez me doy cuenta que el señor Esteban es un gran hombre!… una gran persona….umm (Suspira suavemente, exhalando el aire como si se le escapara el alma con él)

 

La señora Rivera, detiene la búsqueda del perfume y se gira lentamente hacia su hijo, con una ceja ligeramente arqueada y una sonrisa divertida pero de detective.

 

—Ay, ay, ay… Eduardo, mi amor… ¿tú te estás oyendo? Ese suspiro se escuchó hasta en la cocina.—

Se acerca y le ajusta el cuello de la camisa con gesto maternal.

— ¿El señor Esteban, eh? ¿Director Esteban Monte….Monte-algo? ¿Ese hombre tan… imponente que me mostraste por fotografía, el otro día?—

Lo mira fijamente, escaneando con ese sexto sentido infalible de las madres.

—Hijo, tú tienes 18 años recién cumplidos. ¿No será que ese «gran hombre» te tiene un poquito… cómo decirlo… fascinado?—

 

—Mamá!!!…. Ya tengo 19!… no 18…   Y… porque me dices que me tiene fascinado?—

La señora Rivera suelta una carcajada suave y le da un golpecito cariñoso en el hombro a Eduardo. Toma su bolso del perchero y revisa que lleve las llaves.

 

—¿Diecinueve, dieciocho, diecisiete? Para mí siempre serás mi niño chiquito, Eduardo. Y te lo digo porque te conozco como si te hubiera parido… porque te parí, de hecho….   Desde que entraste a esa guardería andas con la cabeza en las nubes, suspirando como principe de cuento de hadas y hablando maravillas de ese hombre.—

Lo mira con ternura, pero también con ese cuidado protector que solo una buena madre puede tener.

 

—No me malinterpretes, hijo. Me alegra que admires a tu jefe. Pero ten cuidado. Los hombres mayores que tú … a veces tienen mucha… falsedad y mucho mundo. Y tú eres un muchacho noble, apenas empezando a vivir.—

Eduardo que le tiene mucha confianza a su madre y tienen una relación bastante cercana. Le sujeta suavemente la mano y la mira fijamente.

—Gracias por preocuparte mamá… puedes estar tranquila… no voy a hacer tonterías… lo que sí te digo… es que el Señor Esteban es una muy buena persona… y… y siento que si es muy sincero!… obviamente nunca se fijaría en mi!—

 

La señora Rivera entrelaza sus dedos con los de Eduardo y le devuelve la mirada con una sonrisa que mezcla orgullo y una punzada de melancolía. Le da un suave apretón antes de soltarle la mano para tomar su abrigo.

 

—Ay, mi vida… «nunca se fijaría en mí», dices. Como si tú no fueras un partidazo. Mira nada más esa carita, esa inteligencia y esa ropa nueva que te compraste.

Le guiña un ojo con complicidad.

—Pero bueno, si tú dices que es buena persona, yo te creo. Solo prométeme que si algún día ese hombre… o cualquier otro… te hace algún mal, me lo cuentas. ¿Trato hecho?—

Toma su bolso finalmente y saca el perfume que buscaba, aplicándose un toque en las muñecas.

—¡Ah, vamos bajando, que tu hermano ya está en la sala patas arriba y tu hermana no tarda en bajar—

 

—Mamá!… (la detiene sujetándola del bolso). —una última cosa!—

Saca de la bolsa de su pantalón el sobre que le dió Esteban, entregándoselo con una pequeña sonrisa y ese brillo en sus ojos.

—me lo dio el señor Esteban, para que te compres algún regalo—

 

La señora Rivera se detiene en seco, con la mano aún en la baranda de la escalera. Observa el sobre que Eduardo sostiene y su expresión pasa del asombro a una mezcla de confusión y ternura mientras lo toma con cuidado, como si fuera de cristal.

 

—¿Qué? ¿El señor Esteban me mandó…? Ay, no, Eduardo, pero esto!…—

 

Abre el sobre con dedos temblorosos y al ver los billetes su respiración se entrecorta. Sus ojos se humedecen al instante y se lleva la mano libre al pecho.

—!por todos los cielos!… ¿mil dolares? ¿Y esto me lo manda tu jefe? ¿A mí? ¿A una mujer que ni siquiera conoce? ….solo para comprarme un regalo de cumpleaños?—

Levanta la vista del dinero y mira a Eduardo fijamente, su voz se quiebra un poco.

 

—Hijo… ¿tú qué le has contado de nosotros a ese hombre?—

— Nada!!! Mamá… de hecho.. yo no sabía cuánto dinero había  en el sobre!… pero… no estás contenta?—

 

—¿Contenta? ¡Claro que estoy contenta, mi vida! Pero también estoy… no sé… abrumada.—

Se limpia una lágrima con el dorso de la mano y sonríe ampliamente, aunque sus ojos todavía brillan húmedos.

—Mira, Eduardo, en mis casi cuarenta años de vida ningún jefe mío o tuyo ni de tu innombrable padre nos había dado algo así. Ni por cumpleaños, ni por navidad, ni porque se nos estuviera cayendo el techo encima. ¿Y este señor Esteban, con apenas conocerte, me manda esto?—

Sostiene el sobre contra su pecho y mira a Eduardo con una intensidad emocionada pero curiosa.

 

—Dime la verdad… ¿es solo tu jefe? Porque un jefe normal no hace estas cosas.—

 

—Recuerda que soy su asistente… y trabajo bastante cercano a él… hehehe creo que el señor Esteban está muy feliz con mi desempeño en el trabajo!… ya vez que yo no me niego a sus solicitudes y hasta estoy haciendo el turno nocturno… creo que lo hace en agradecimiento!… y bueno…. es solo Mi Jefe mamá!… tú crees que alguien como él se fijaría en mí?… como para algo formal?…. No pienses así— (bajan las escaleras hacia la sala)

 

La señora Rivera guarda el sobre en su bolso con sumo cuidado, como quien guarda un tesoro, y baja las escaleras junto a Eduardo. Al llegar a la sala, se gira hacia él con una ceja arqueada y una sonrisa pícara que contradice sus palabras anteriores.

 

—Ay, hijo, tú sabes que el corazón de una madre no es tonto. Yo no estoy pensando nada malo, si es lo que te preocupa. Pero tampoco soy ciega… ese hombre, tu jefe, es un hombre guapo, ¿eh? Y soltero, según me contaste.—

 

Se sienta en el sofá y le da una palmadita al cojín a su lado.

—Además, mira cómo eres tú. Joven, bonito, con ese potencial trabajador… No me sorprendería que alguien con buen ojo se fijara en ti. Lo que sí quiero es que estés bien, que no te hagan daño y que sea, alguien que te valore… sea jefe o sea lo que sea.—

 

—-Gracias Mamá!… y pues… yo le llamo a él “Señor Esteban”…. por respeto… porque viejo no es!… y tampoco se mira viejo… pero en fin!!!!… mejor vámonos ya!… porque de las ilusiones no se come!—

La señora Rivera suelta una carcajada genuina, de esas que le nacen del vientre y le iluminan toda la cara.

 

—¡Ay, Eduardo! «De las ilusiones no se come»… Mira que eres ocurrente. Pero tienes razón, vámonos ya antes de que se nos haga tarde y me quede aquí suspirando como señorita de quince años.—

 

Se levanta del sofá con agilidad, acomodándose el vestido, y toma su bolso con el sobre bien resguardado dentro.

—Eso sí, hijo… cuando veas al señor Esteban, le das las gracias de mi parte. Y dile que Azucena Rivera no olvida las atenciones. Que cualquier día de estos le mando aunque sea un pastel de elote, de esos que “tanto te gustan”, para que vea que también sabemos ser agradecidos.—

 

—de acuerdo Mamá—

Eduardo acompaña a su madre del brazo hasta el automóvil, mientras sus hermanos se apresuran a salir. Una sonrisa amplia se dibuja en el rostro de Eduardo, sintiendo en el aire fresco de la noche, una brisa maravillosa de promesa, como si el mundo se organizara para hacerlo sentir bien.   La noche cae suavemente sobre la ciudad mientras Eduardo y su familia se alejan en el automóvil, las luces de las calles parpadean como estrellas terrestres.

 

Mientras tanto dentro de la guardería, el ambiente es cálido y silencioso, roto apenas por los suaves sonidos de los niños. Esteban recuesta la cabeza contra la almohada, sus brazos envuelven a los pequeños cuerpos desnudos que se acurrucan contra él. Uno de cada lado.

 

Ellos se acomodan acostándose sobre cada brazo y le suben una pierna cada uno. Esteban se siente afortunado de tener a los dos hermosos niños solo para él. Se gira hacia Diego dándole un beso suave, jugando con su lengua y sintiendo la pequeña lengua moverse dentro de su boca.

 

El beso con Diego es lento, exploratorio, su lengua adulta acaricia la pequeña lengua infantil con una ternura que contradice la naturaleza del acto. Luego gira hacia Charlie y repite el ritual, saboreando la inocencia que se entrega sin reservas.

Cuando siente la boquita de Diego descender por su abdomen y envolver la punta de su miembro, un escalofrío le recorre la espalda. Su verga, ya semierecta, palpita contra esos labios diminutos.

 

—mmmm… así, mi niño… despacito…—

susurra con voz grave y temblorosa, acariciando el cabello de Diego.

— Qué boquita tan experta tienes…—

 

Charlie, sintiéndose quizás desplazado, se acurruca más contra el pecho de Esteban y busca su boca nuevamente, demandando atención con pequeños sonidos.

Esteban tiene algo muy bueno para Charlie.

— mi amor, súbete sobre mi!… quiero que te sientes en mi cara!… déjame chuparte el culito—

Lo ayuda a acomodarse, Charlie obedece con esa confianza que sólo un niño pequeño puede tener. Sus manitas se apoyan en la cabecera de la cama mientras se acomoda, con sus nalguitas redondas y suaves justo sobre el rostro de Esteban. mientras Diego le chupa la verga, Esteban explora las profundidades del infantil ano de Charlie, dándole pequeños mordiscos en las nalguitas y metiendo su lengua profundamente.

 

—mmm… así, mi amor… qué culito tan rico tienes… —

murmura Esteban contra la piel infantil, su lengua trazando círculos lentos alrededor de la entrada carnosa y suave, antes de hundirse.

— mmm… te voy a comer enterito…—

Su lengua trabaja con devoción, metiéndose y saliendo, saboreando cada pequeño pliegue. Abajo, su cadera se mueve instintivamente, empujando suavemente contra la boca de Diego, que sigue chupando con una torpeza adorable y excitante.

Esteban disfruta del momento, sintiendo la libertad a sus anchas de disfrutar sin ser molestado.

—Juguemos un rato así y después cambiamos!.. Diego te sientas en mi cara y Charlie a comer verga!—

 

Los niños emiten sonidos de aprobación, aunque están demasiado ocupados con la boca en sus tareas actuales como para responder con palabras. Esteban sonríe contra la piel de Charlie, su lengua dando una última lamida profunda antes de girar suavemente al niño y dejarlo a un lado, después de varios minutos comiéndole el culo.

—vengan… cambiemos… —

ayuda a Diego a trepar por su pecho.

—a ver, Dieguito… siéntate aquí en la cara de tío Esteban… quiero saborear ese culito…—

 

Diego se acomoda con una risita, sus pequeñas manos se aferran a la cabecera mientras Esteban lo baja con cuidado hasta tener el ano carnoso sobre sus labios. Su lengua se lanza de inmediato, hambrienta, mientras Charlie se desliza hacia abajo para tomar la verga aún mojada por la saliva de su compañero.

—así… perfectos…—

Esteban eleva las piernas y abriéndolas. De manera que su ano queda expuesto y accesible para Charlie.

— Si me quieres chupar el culo bebé!.. es todo tuyo—

Charlie le masturba suavemente la verga mientras le da chupetones al ano carnoso y bien formado de Esteban, un esfínter grueso, que se nota una muy buena capacidad de apertura. Las prácticas sexuales con sus juguetes le han dado buena habilidad a Esteban, que relaja su ano casi abriéndolo para recibir la infantil lengua de Charlie.

Esteban deja escapar un gemido profundo, vibrando contra el culito de Diego mientras su propia entrada es asaltada por la lengua juguetona de Charlie. Sus piernas bien abiertas y elevadas tiemblan ligeramente.

 

—ahh… mierda, Charlie… así… ese es mi niño travieso… métela bien, mi amor… siente cómo se abre para ti…—

Sus dedos se clavan suavemente en los muslos de Diego, manteniéndolo en su lugar mientras su cadera se eleva instintivamente, buscando más profundidad en esa boquita experta que trabaja su ano. Su verga, mientras tanto, palpita en la mano pequeña que la acaricia, soltando gotitas de líquido preseminal.

 

—puta madre!… qué rico… los dos… no paren… me tienen en el cielo…—

Esteban baja a Diego de su cara con cuidado, sus ojos oscuros brillando con esa mezcla de ternura y morbo mientras mira a Charlie.

—Charlie, mi amor… ¿viste cómo se abre solito mi hoyito? ¿te gustaría meter tu verguita adentro? —

sus dedos trazan círculos húmedos sobre su propio esfínter, aún mojado por la saliva del niño.

—Ya lo haz hecho antes?  …quiero sentir esa cosita hermosa dentro de mí…—

 

Diego se acomoda a un lado, mirando con fascinación mientras acaricia la verga de Esteban, sus dedos acariciando la cabeza rosada.

Charlie:  —-ahora le pongo saliva!…. Wow como lo mueve!!—

Charlie coloca su pequeña verga de casi diez centímetros en el ano semi abierto, lo que le permite ingresar fácilmente. Esteban siente la pequeña presencia, como cuando el mismo se mete un dedo, pero el observar y saber que es una verga de tan solo once años, le aumenta el placer.

Esteban deja escapar un gemido profundo, su cabeza echada hacia atrás mientras se sostiene con ambas manos las piernas, exponiendo mejor su entrada. Su entrada se contrae alrededor de la pequeña verga que lo penetra.

 

—aahhh… maldición, Charlie… se siente tan rico… esa verguita tuya me está cogiendo tan bien…    mírate… tan chiquito y ya sabes cómo hacer gemir a un hombre… ¿te gusta cómo se siente mi culito apretándote?…—

 

—Siii se siente muy rico!!… que Diego también la meta!… ven Diego metele tu verga!—

Charlie se aparta subiendo nuevamente a la cara de Esteban, para que este le siga chupando el ano. dándole así el espacio libre a Diego para que penetre ese enorme culo.

 

Diego se acerca entre sus piernas, su verga de 12 centímetros, mucho más gruesa que la de Charlie, se alinea con el ano todavía abierto y brillante de saliva.

—ven, mi amor… métela… ayúdale al tío Esteban a estar bien lleno… —

jadea, su voz ronca llena de anticipación, mientras agarra a Charlie y lo sostiene encima de su cara, presionando sus nalguitas contra sus labios.

Diego empuja y entra fácilmente, casi sin resistencia, arrancando otro gemido. Esteban cierra los ojos, su lengua encontrando nuevamente el agujerito rosado del niño sobre él, mientras su propio culo recibe a Diego con diversión.

Después de varios minutos de jugueteo. Esteban se reincorpora, acomodando a los dos niños en posición de perrito, uno junto al otro.

—Ahora es mi turno de chupar bien esos culitos, como realmente se lo merecen—

Empieza por Diego, separando suavemente sus nalguitas y admirando la belleza rosada de su glorioso ano. Empieza a darle penetraciones profundas con la lengua, sintiendo como el esfínter se le va relajando poco a poco. Mientras tanto Diego y Charlie empiezan a besarse, jugando con sus lenguas, algo que disfrutan mucho hacer, sus padres han sido muy cuidadosos en enseñarles todo lo necesario para que disfruten del buen sexo.  Esteban coloca ambos dedos pulgares al rededor del pequeño ano y lo estira suavemente, viendo como se abre cada vez que saca su lengua, de repente un chorro de aire ingresa, haciendo que el esfínter se dilate.

 

—Puta!!! Que belleza de agujero!!!… así me gusta mi Diego!… ya estás listo para recibir verga!… quieres que te la meta ya?—

Diego gime contra la boca de Charlie, su ano relajado y abierto como una rosa rosada perfecta húmeda por los jugos orales, expuesta a la luz de la habitación.

 

—sí, tío Esteban… métemela ya… quiero sentirla toda..mmmmm!. —

Esteban alinea la punta en forma de lanza contra la entrada dilatada, su glande rosado oscuro brillando con el líquido preseminal que lubrica abundantemente. Lanza una escupida abundante sobre el ano abierto, después otra en la punta de la verga.

Esteban separa las piernas para quedar a la altura del culito. Coloca su glande presionando suavemente y observa como el ano se abre y empieza a estirarse sobre el glande.  Poco a poco introduce un poco más del glande, haciendo masaje con el dedo pulgar en la piel estirada del pequeño ano. Otra cantidad de saliva sale de su boca, lubricando casi ya la mitad de su verga. Diego gime, mientras da pequeños besos a su hermano. Charlie le acaricia la espalda, como animándolo. Esteban siente como el niño empuja sus caderas hacia atrás buscando que la verga se le entierre más de lo que ya tiene dentro.

Esteban jadea, su voz ronca temblando de placer mientras observa cómo el esfínter se estira alrededor de su tronco..

 

—mira tu agujerito hermoso, Diego… tragándose mi verga como si tuviera hambre… ¿quieres más, mi amor? ¿quieres que te la meta toda?—

Empuja un poco más, sintiendo cómo el calor apretado del niño envuelve ahora casi la mitad de su longitud. Sus huevos gordos y colgados se balancean, pesados y llenos. Con el pulgar sigue masajeando la piel estirada del ano, sintiendo cómo late alrededor de su carne.

—puta madre… qué elástico eres!… qué rico me estás cogiendo el alma, chiquito… dime si te gusta… dime si quieres sentir mis huevos golpeándote las nalguitas…—

 

Diego: —-Siii tío Esteban!!! Mátamela toda por favor!… quiero saber hasta donde la aguanto! —

La verga de Esteban es cada vez más gruesa hacia la base y en cada pequeño empujón se introduce más y el ano del niño se estira. Esteban decide empezar a moverse sacando y metiendo, para ir avanzando poco a poco y así ir acomodando el intestino a su verga y conseguir el espacio para ganar profundidad sin lastimar a Diego.

— … “Charlie ven aquí bebé… dame un buen beso… y prepárate que después es tu turno!.. también quieres la verga del tío Esteban adentro?”—

 

Esteban se inclina sobre el pequeño cuerpo de Diego, su pelvis moviéndose en un vaivén controlado y profundo. Mientras tanto, gira la cabeza hacia Charlie, atrayéndolo con una mano libre.

Cuando los labios del niño se encuentran con los suyos, le da un beso húmedo y lento, su lengua explorando esa boquita inocente. Sus caderas nunca se detienen, bombeando ahora más fuerte contra las nalguitas de Diego.

 

—mmm… Charlie… mi otro niño hermoso… dime… ¿quieres que te abra el culito también?… ¿quieres que te llene con esta verga tan gruesa?—

Sus huevos empiezan a golpear rítmicamente a Diego, y el sonido húmedo de la penetración llena la habitación.

Charlie juega con su lengua mientras dice

“si quiero intentarlo”.

Esteban siente como su verga se va introduciendo cada vez más en Diego, se reincorpora y se da cuenta que ya metió más de la mitad, no quiere lastimarlo, por lo que decide mantenerse hasta esa profundidad pero sigue moviéndose constantemente. De repente decide sacar toda su verga y observa como a quedado abierto el ano, una obra de arte totalmente.

— “Diego!… me voy a acostar, quiero que te sientes en mi verga y seas tú el que te la metas, mientras Charlie se sienta en mi cara, lo voy a seguir preparando”—

 

Esteban se tumba en la cama, su verga de 22 centímetros se levanta recta y venosa, brillante de saliva! Jugos anales y ese líquido preseminal que sigue brotando de su glande rosa. Sus huevos gordos descansan pesados colgando casi tocando el cobertor.

—ven aquí, Diego… siéntate en la verga del tío… a tu ritmo… quiero ver cómo te la tragas tú solito…—

Agarra a Charlie y lo sostiene en el aire, llevándolo hasta su cara.

—y tú, precioso… dame ese culito que voy a dejártelo abierto y relajado como una flor mojada…—

Su lengua sale, larga y ágil, esperando el contacto con el ano de Charlie, cuando Diego se arrodilla sobre él, sus nalguitas se posicionan sobre la punta de la verga, con una mano guía la verga y se la mete, introduciéndola casi hasta la mitad y empieza a moverse subiendo y bajando.

Diego empieza a gemir y lloriquear, dejando caer su peso sobre la verga, sintiendo su esfínter estirarse hasta el límite, aumenta sus movimientos y lloriquea más fuerte, mientras Esteban continúa Chupando el culito de Charlie. Diego apoya ambas manos en los pectorales de Esteban. El cual empieza a hacer movimientos rítmicos de su cadera, ensartando con velocidad su verga, un movimiento constante sin parar. Diego lloriquea y aprieta sus rodillas contra al abdomen del buen hombre, cuando de repente Esteban siente los chorros calientes en su abdomen, se da cuenta que Diego se está orinando, llegando al orgasmo anal, por lo que deja por un momento a Charlie y sostiene a Diego de las caderas y aumenta la velocidad del movimiento, metiendo y sacando. Diego alcanza otro orgasmo anal inmediatamente, disparando chorros de orina que le llegan hasta la cara a Esteban, el ano del niño se contrae en cada espasmo intestinal, acompañado de un chorro abundante de orina. Pequeñas lagrimas se deslizan por sus sonrojadas mejillas. Esteban disminuye los movimientos.

—¡ssssí!… ¡eso es, mi niño!… déjalo salir todo… que rico me bañaste con tu orina…—

Siente las contracciones del ano de Diego alrededor de su verga, esos espasmos que le provocan un placer casi insoportable al niño.

—llegaste al orgasmo anal dos veces bebé!, Diego… te felicito… todo mojado, todo abierto para tu tío…—

Esteban le hace un gesto con la mano a Diego, para que le dé un peso y se recueste en su pecho. Diego se inclina suavemente mientras la verga se le sale del culo, un buen poco de moco cristalino,viscozo y espeso sale de su ano, escurriéndose por toda la verga y bajando por los huevos gordos de Esteban.  Diego respira agitado, con su cabeza recostada en el pecho de Esteban, el cual le acaricia la espalda, disfrutando del momento.

Le da una palmadita suave en la nalga a Diego y luego extiende el brazo para agarrar a Charlie, sentándolo sobre su abdomen mojado de orina.

 

—mira, mira… tu hermanito cómo quedó… todo abierto y escurriendo su jalea intestinal… ¿quieres probar tú también, Charlie?—

le da un beso en la frente a Diego.

—descansa un poquito, campeón… ya le toca a tu hermanito…—

Diego se acuesta boca arriba en el espacio libre de la cama, sintiendo aún la intensidad del momento. Esteban vuelve a poner a Charlie en cuatro y repite la operación, separando las nalgas pequeñas y disfrutando del pequeño ano, el cual agradecido se abre solito desde la primera penetración de lengua. Charlie mira a Esteban sobre su hombro, sintiendo como la larga lengua le hace masajes internos. Después de unos minutos Esteban decide meterle la punta de la verga haciendo pequeños empujones y sacándola , metiendo y sacando. Ese sonido del descorche se escucha cada vez que la retira. Una buena escupida en el ano abierto mejora la penetración, dándole ahora un sonido de vacío jugoso al retirar su verga.

—Te gusta esto Charlies?  Ya te han hecho estas ensartadas así?—

Mete solo la punta, sintiendo cómo el ano de Charlie chupa con avidez.

—ese ruidito que haces cada vez que saco la cabecita, Charlie… *pop*… eso me dice más que mil palabras… *pop*… tu culito pide más solo…—

Escupe otra vez justo en la entrada y vuelve a meter la punta, moviendo ligeramente las caderas para masajear los bordes del ano.

 

—¿alguien te ha dado este cariño antes, mi amor? ¿otros tíos como yo? ¿o eres virgen de estas cosas?… dime la verdad… ¿quién te ha metido la puntita así antes?…—

 

Charlie: —-mi papá Miguel, a él le gusta mucho hacerlo—

Dice con su cabecita pegada a las sábanas.

Detiene el movimiento, dejando solo la puntita adentro mientras acaricia las nalguitas de Charlie.

—¿tu papá Miguel?… mmm… así que el señor es de los nuestros…—

sonríe con malicia.

— ¿y… tu papá Fernando también te ha metido la verga?. ¿Te la meten completita o solo juega con la punta como yo lo hago ahora?—

Charlie:  —Sii mi papá Fernando también!… los dos!..—

dice con su vos tierna e inocente, como si tuviera pena de contarlo.

Esteban suelta una risa profunda y excitada, mientras empuja un poco más la punta, apenas un par de  centímetros extra.

 

—¡ay, Charlie, Charlie!… qué familia tan deliciosa tienen… qué suertudos son ustedes, chiquitos… tener dos papás que te quieren tanto y que además comparten contigo este jueguito tan especial…

Le da una palmadita suave en la nalga.

—¿y qué más te hacen tus papás? ¿juegan los cuatro juntos? ¿uno te da besitos mientras el otro te llena el culito?—

 

Diego que está escuchando dice:

—casi siempre que lo hacemos, lo hacemos los cuatro un rato cada uno. Por ejemplo… si Charlie lo penetra mi papá Fernando, a mi me penetra mi papá Miguel… y después cambiamos. Algunas veces que uno de los dos está de viaje, pues ya solo lo hacemos con uno de ellos, pero casi siempre los cuatro!—

 

Esteban comienza a mover las caderas muy despacio, metiendo un poco más pero sin llegar a lo profundo, sintiendo cómo las paredes de Charlie lo aprietan.

—qué delicia escucharte, Diego… qué suerte tienen tus papás también… tener dos angelitos tan bien enseñaditos… tan obedientes y dispuestos a compartir… esto es lo más hermoso que he vivido en años…

Se inclina para besar la espalda de Charlie, sin dejar de moverse lentamente.

Esteban escupe otra vez mientras sigue moviéndose, su verga está hasta la mitad metida dentro del niño. Se la saca y le indica que va a cambiar de posición. Coloca a Charlie de pie en la cama frente a él, luego le pide que lo abrace del cuello y coloca sus piernitas al rededor de su cintura, para después acomodarle el culito sobre su verga y sentir como por su propio peso, se empieza a ensartar en ella. Esteban lo penetra hasta la mitad mientras el da pequeños gemidos.

Luego se le ocurre aplicar un poco de Exhibiciónismo. Sale de la habitación llevando a Charlie ensartado, le hace señas a Diego que lo siga. Esteban camina con su verga metida en el ano de Charlie mientras le acaricia las nalguitas, su intención es llegar al jardín trasero, pero tienen que pasar cerca del pasillo que da para el área de cunas, en donde está la señora que cuida a los bebés. Todos desnudos y descalzos caminan por el pasillo hasta llegar a las gradas. Esteban baja cuidadosamente, sintiendo como su verga se intenta meter más en el pequeño ano, en cada escalón, Diego le sigue por detrás, al llegar al primer piso, caminan sigilosamente pasando frente al elevador. El pasillo de la sala de cunas está justo después del elevador, Esteban asoma la cabeza y se da cuenta que no hay nadie. El reloj de la entrada marca las 21:38… Esteban avanza por el pasillo principal, pasando al lado del jardín interior, hasta llegar al final, la puerta de cristal que da el acceso al jardín trasero la abre Diego, para que Esteban pase con su hermano. Al llegar al jardín sienten la grama natural bajo sus pies descalzos. Sintiendo la suave y fresca brisa de la noche. Esteban admira el cielo estrellado.

—miren eso pequeños!… sientan la libertad y lo delicioso que es estar desnudo en lugares en donde comúnmente nadie lo estaría!—

 

Esteban respira hondo, sintiendo el olor a grama húmeda y el aire fresco en su piel desnuda. Charlie está ensartado en él, abrazado a su cuello, con las piernas apretadas a su cintura. Diego está parado a su lado, desnudito y viendo hacia el cielo también.

 

—esto es vida, mis niños… sentir el viento en las bolas mientras tu culito me aprieta, Charlie… y tú, Diego, mirando las estrellas con ese culito redondo al aire… qué hermosura…—

Camina unos pasos hacia el centro del jardín, acariciando la espalda de Charlie.

 

—¿saben qué es lo mejor de este momento?… que aquí estamos nosotros, desnudos, con mi verga metida en tu culito de once años… y nadie lo sabe… nadie… eso me pone bien duro, ¿saben?… la adrenalina de que podríamos ser descubiertos… mmm…—

Esteban camina con Charlie ensartado hacia los columpios, dándole un pequeño Tour, al rededor de los resbaladeros, luego se sienta en una banca del jardín, pidiéndole a Diego que se siente a su lado, mientras Charlie apoya sus pies en el asiento de la banca, sin sacarse la verga. Esteban le dice,  —“bueno bebé!… ahora es tu turno de moverte”—

Charlie se sujeta del cuello de Esteban, con sus piernitas lado a lado subiendo y bajando, sintiendo como la verga le abre el culito y llegando hasta donde ya no pasa más.

Esteban echa la cabeza hacia atrás, dejando que Charlie tome el control. La sensación del ano apretado del niño subiendo y bajando, acompañada del sonido húmedo del vaivén, le arranca gemidos profundos.

—así, Charlie… así, mi amor… qué bien te mueves… pareces un experto… ¿ves, Diego?… tu hermanito ya aprendió… ahora el culito es de él… él decide cuánto y cómo se mete…—

Le palmea suavemente las nalguitas a Charlie mientras el niño sigue con su propio ritmo, jadeando y apretando los ojitos.

—¿estás cansado, bebé?… ¿o quieres seguir un ratito más?… dime… porque yo ya estoy listo para darles su lechita caliente a los dos… pero quiero que tú decidas, chiquito…

Charlie que ya está sudoroso de la frente y ha llegado al máximo de su estiramiento anal, prefiere la leche.

—la lechita está bien!—

 

Esteban sujeta a Charlie por la cintura y lo levanta despacio. El pop húmedo al desensartarlo suena fuerte en el jardín silencioso.

—bueno, mis amores… ustedes han sido unos campeones… ahora quiero ver esas boquitas juntitas, pegaditas una a la otra, esperando su leche caliente… Diego, ponte al lado de tu hermano… así… mmm…—

Los dos niños se arrodillan frente a Esteban, pegando sus cachetes uno contra otro, sacando sus lengüitas. Esteban empuña su verga brillante de moco intestinal, apuntando a las dos boquitas abiertas mientras se masturba despacio, saboreando el momento.

 

—qué cuadro tan delicioso… dos angelitos arrodillados desnudos en un jardín prohibido, un día en este lugar espero ver cosas maravillosas… mis amores ansiosos esperando su lechita como buenos bebés… díganme, ¿quién quiere el primer chorro?—

Diego:—Yo quiero primero!!—

Esteban sonríe y coloca la punta de su verga hacia la boquita abierta de Diego, mientras con la otra mano le acaricia el cabello. El glande rosado oscuro empieza a latir, venas marcadas pulsando de anticipación.

 

—bueno, Diego… abre bien grande, mi amor… recibe tu premio… mmm… ahí te va el primer chorro, bebé…

Un gemido ronco escapa de su garganta mientras el primer chorro espeso y blanco sale disparado directo a la lengua de Diego, llenándole la boquita. Un segundo chorro va para Charlie, que también lo recibe con la lengua afuera y los ojitos cerrados. Esteban sigue ordeñándose, repartiendo la leche entre las dos boquitas pegadas, disfrutando de ver cómo se les escurre un poco por las comisuras.

Los gruñidos fuertes de placer, llenan el jardín, las puertas de vidrio están cerradas por lo que no es audible dentro del edificio. Los últimos espasmos de placer sacuden a Esteban, un clímax que hacía rato no volvía a sentir, solo cuando el morbo lo lleva a otro nivel. Esteban se agacha y les limpia con la lengua los restos de semen de sus mejillas, dándoles besos de agradecimiento y preguntando si lo disfrutaron?.

—¿les gustó, mis amores? ¿estaba rica la lechita de tío Esteban? sus ojitos me cuentan que sí… mmm… qué hermosos son…—

Les da besos pequeños en las boquitas, luego en las puntas de las narices, mientras sus manos grandes les acarician las espaldas desnudas.

—ahora vamos a vestirnos y bajamos a cenar… ya se ha hecho un poco tarde pero la pasamos muy rico!!!… me sorprenden!!!.  Que capacidad tienen para recibir buenas vergas!!! Y cuéntenme sus padres son de verga grande?—

Charlie: —-pues si son grandes!… pero no tanto como la suya!—

Caminan hacia la puerta de cristal.

Esteban abre la puerta corrediza con suavidad, haciendo un gesto para que los niños pasen primero. Una risa profunda y divertida retumba en su pecho.

 

—¡ay, Charlie!… ¿tú crees? qué honor me haces, mi niño… me dejas todo sonrojado…—

Se lleva una mano al pecho en gesto exagerado, guiñándole un ojo a Diego.

—bueno, sus papás están fuertes y guapos, no me extraña nada… pero entre nosotros tres queda ese cumplido, ¿eh? secreto de niños traviesos y su tío consentidor…—

Los niños asienten sonrientes, Esteban se acuerda que deben hacer silencio para pasar de regreso, les hace un gesto colocando su dedo sobre sus labios, emitiendo un sonido de silencio. Mientras avanzan de puntillas. Esteban asoma la cabeza al pasillo que da para la sala de cunas, no ve a nadie y les hace la seña de avanzar, cruzando corriendo, llegan al elevador y Charlie oprime el botón para subir.

Esteban contiene la risa mientras suben hacia el elevador, su corazón late fuerte por la adrenalina de la travesura. Cuando las puertas se cierran, exhala aliviado y se agacha al nivel de los niños, susurrando con picardía.

 

—¡bien hecho, mis pequeños cómplices!… dignos de una película de espías…—

 

Les revuelve el cabello con cariño, acariciando suavemente sus caderas.

—ahora, caritas de angelitos inocentes cuando regresemos al comedor… será como si hubiéramos estado jugando ajedrez o leyendo poesía… pongamos caritas de inocencia ¿entendido, mis amores? Ah!… y guardemos el secreto!… que yo les guardaré el suyo!..—

 

Diego: —de acuerdo señor!… —

el elevador se abre en el tercer piso. Caminan tranquilamente hacia la habitación. Esteban les indica que se pongan shorts cortos y camisetas, para que estén comodos, igual el se pondrá un mini short de algodón y camiseta. Luego bajaran nuevamente a la cafetería para darles la cena.

Esteban se cambia rápidamente en su habitación, eligiendo un mini short gris de algodón que abraza su culo prominente y exhibe su paquete de una forma exquisita y una camiseta blanca ajustada que marca cada músculo. Frente al espejo, se pasa los dedos por el cabello.

 

—¿listos, campeones?…—

susurra con una sonrisa paternal, después de la gran actividad sexual, los niños están hambrientos y agotados. Ha sido una semana intensa de sexo para ellos.

Los tres caminan hacia la cafetería. Al llegar, saca del refrigerador los recipientes con la cena que la chef dejó preparada.  Calienta todo en el microondas y sirve los platos con dedicación y cuidado, sentándose entre ambos niños en una de las butacas del restaurante.

 

—mmmm… esto huele delicioso… ¿quieren dormirse junto conmigo? O prefieren dormir cada uno por separado?

Charlie termina de masticar su bocado, traga toma un poco de té.

— Charlie: …yo si quiero dormír con usted!… y tú Diego?—

Esteban sonríe con ternura mientras corta un pedazo de pollo para Diego, sus ojos oscuros brillan bajo la luz tenue de la cafetería. Apoya el mentón en su mano libre, observándolos comer con adoración genuina.

—yo encantado de tener dos calientacamas tan chiquitos y hermosos… mi cama es enorme, entramos los tres y hasta sobra espacio para dar vueltas…—

Le da un sorbo a su té de manzanilla, luego señala a Diego con el tenedor en un gesto juguetón.

—¿y tú, Dieguito? ¿no me vas a dejar con Charlie nada más? que luego me da envidia y todo…—

Diego: …yo también quiero dormir con usted señor!! Ha sido tan lindo y cuidadoso con nosotros!… siento que lo quiero desde hace mucho tiempo!….  Cual es su habitación?… la numero 5?—

Esteban deja el tenedor sobre la mesa, visiblemente conmovido por las palabras de Diego. Se lleva una mano al pecho y parpadea rápido, como si algo se le hubiera metido en el ojo.

—ay, Dieguito… me vas a hacer llorar, mi niño… claro que es la número 5, la que está más al fondo del pasillo…—

Diego:….tio Esteban y aquí, ha follado con otros chicos como nosotros?..—

Esteban arquea una ceja, sorprendido por la pregunta directa de Diego.

 

—uy, Dieguito… qué preguntas tan directas haces, ¿eh?… ….digamos que… han pasado por esta guardería otros chicos muy especiales… y este tío los ha querido mucho…—

Toma su taza de té y le da otro sorbo, sus ojos brillan con picardía mientras mira a los niños por encima del borde.

 

—pero eso sí… cada uno ha sido único… como ustedes dos… no soy de comparar, mis amores… cada chico me deja recuerdos aquí adentro, en el corazoncito… y en mis bolas también….—

toma un sorbo a su taza.

— …. Por cierto!  Lo que sucedió hoy, es nuestro secreto!…. De acuerdo?—

Diego: —-Si señor!…. También usted guarde el secreto, para que no se enteren nuestros padres!… por favor! —

Esteban estira sus brazos musculosos y rodea a ambos niños, atrayéndolos hacia su pecho en un abrazo protector. Apoya su barbilla sobre la cabeza de Charlie y cierra los ojos un instante.

 

—secreto de los tres, mis amores… sellado con beso de tío…—

 

Les planta un beso sonoro en cada frente.

Esteban da a tomar a cada niño un medicamento para aliviar el dolor o cualquier inflamación que la intensidad de las penetraciones pueda causarles. La noche transcurre tranquila y serena, los tres traviesos descansan en la habitación número 5, una cama king size, ha sido suficiente para los tres.

 

El reloj en la mesita de noche marca las 3:47 am cuando Esteban abre los ojos, despertado quizás por algún sueño ligero. A su izquierda, Charlie duerme hecho un ovillo, su respiración es suave y rítmica. A su derecha, Diego tiene una pierna cruzada sobre el muslo de Esteban, aferrado a su brazo como si fuera un peluche. La luz de la luna se cuela por las cortinas, dibujando líneas plateadas sobre las sábanas revueltas.

Esteban no se mueve. Apenas respira. Siente el calorcito de ambos cuerpos pequeños pegados a él, sus pechos, subiendo y bajando en paz. Un nudo en la garganta le recuerda que mañana o pasado tendrá que despedirlos.

 

—…mis niños… —

susurra casi sin voz, acariciando con la punta de los dedos el cabello de Diego.

Se queda así, un par de minutos, saboreando cada segundo. El sonido vago y perdido de algún vehículo, es perceptible en el silencio de la madrugada. No quiere dormir. Quiere recordar esto para siempre.

 

 

 

Continuará….

 

 

Si deseas contar tus buenas impresiones y cuánto lo estás disfrutando, escribe Tlgrm:  riversside1

5 Lecturas/22 junio, 2026/0 Comentarios/por Peterlove
Etiquetas: amigos, cumpleaños, gays, hermanos, mayores, sexo, tio, vacaciones
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