LA GUARDERÍA CAP. 8
El tierno y delicioso sabor de algo pequeño, llegará al paladar de esos dos buenos amigos..
El día Jueves a iniciado con la promesa de ser un día agradable. Esteban termina de vestirse en su habitación, los niños en la de ellos, pasaron una noche maravillosa. Esteban les colocó a los niños un ungüento especial en el ano, para darle frescura, aliviar y desinflamar. El cuidado y atención hacia los niños es su principal prioridad. Que todo surja desde el amor y el placer mutuo. La chica de la cafetería esta sirviendo el desayuno, en el comedor improvisado que hizo Eduardo. Esteban llama a los niños a comer. El reloj marca las 7:05 AM.
Se ajusta los puños de la camisa frente al espejo, admirando cómo la tela blanca se tensa sobre sus bíceps. Le da un último vistazo a los pantalones azules que realzan su culo prominente y sonríe satisfecho. Limpia suavemente sus zapatos café claro, que combinan perfectamente con el cinturón café ahumado.
—buenos días, mis pequeños traviesos… ¿cómo amanecieron esos culitos? ¿fresquitos? ¿Alguna molestia? …el desayuno está listo. la señorita de la cocina, lo acaba de servir!…. Vamos!—
Se agacha frente a ellos, guiña un ojo y extiende ambas manos para darles un abrazo.
Charlie lo abraza por un costado, dándole un beso en la mejilla. Diego lo abraza por el frente, escondiendo su carita blanquita entre el cuello de Esteban.
Diego: —-te vamos a extrañar mucho!… ya mañana es nuestro ultimo día aquí….—
Dice con su voz quebrada. Charlie aprieta sus labios, conteniendo las lagrimas, pero le es imposible. Dos gotas de lagrimas abundantes caen de cada uno de sus ojitos, ese llanto silencioso dice mucho del sentimiento que hay en su corazón.
Esteban siente un nudo apretándole en la garganta al escuchar las palabras de Diego. Los abraza a ambos con fuerza, hundiendo su nariz en el cabello suave de Charlie mientras sus manos grandes les frotan las espalditas.
—shhh… no lloren, mis amores… miren, vamos a hacer un trato, ¿sí?—
Se separa un poco para mirarlos a ambos, sus ojos brillan húmedos pero su sonrisa es cálida y tranquilizadora. Con los pulgares, limpia suavemente las lágrimas de Charlie y luego acaricia la mejilla de Diego.
—Les prometo que nos vamos a seguir viendo!…. De acuerdo?…. Voy a hablar con sus padres…. Algo se me tiene que ocurrir!… quizás realmente me adopten como su tío Esteban!.. y puedan visitarme cuando quieran… o de repente yo visitarlos a ustedes!!…. Pero prométanme que le dirán a sus padres que lo pasaron tan bien aquí y que me tomaron mucho cariño y aprecio y yo a ustedes!… para que me den la oportunidad de ser su tío adoptivo!…. Eh!.. eh.. pero nada de contar que follaron conmigo!… eso es entre ustedes y yo!…. De acuerdo? …Así nunca estaremos lejos de verdad. ¿les parece?—
Ambos asienten con la cabeza. Les da un beso en la frente a cada uno.
—y ahora, vamos a desayunar como campeones, que ese desayuno con chocolate no se va a comer solo… y hoy es un día especial. todavía tenemos todo el día para compartir!!!… podemos almorzar juntos!—
Charlie: —siii… en el almuerzo!…—
Responde emocionado, mientras se limpia los ojitos con el dorso de sus manos. Diego le jala la silla para que se siente.
Esteban los observa con ternura mientras se acomodan, apoyando las manos en sus caderas. El aroma a chocolate caliente y pan tostado llena el lugar. Se acerca para servirles el chocolate, inclinándose sobre la mesa y dejando que el vapor le acaricie el rostro.
—así me gusta, dos niños hermosos… Y miren, la señorita cocinera también nos dejó frutitas picadas y tostadas con mantequilla. ¿Quieren que les ponga un poquito de mermelada extra?—
Les guiña un ojo cómplice mientras destapa el frasco de mermelada de fresa, la favorita de ambos.
—Y díganme… ¿qué les gustaría comer en nuestro almuerzo especial de despedida? elijan lo que quieran. Y si quieren pizza, les pido pizza… si quieren hamburguesas, hamburguesas. O cualquier cosa, yo se los pido con todo el cariño. —
Diego y Charlie se miran el uno al otro, ambos coinciden en las hamburguesas, soda y papas fritas.
Esteban suelta una carcajada profunda.
—¡hamburguesas! ¡la elección de los verdaderos campeones! …. pero escuchen bien… no van a ser hamburguesas cualquiera. no, no, no. voy a llamar yo mismo al restaurante. ¿el de la esquina de la plaza? ese que tiene las hamburguesas así de grandes… —
abre las manos exagerando el tamaño.
— ¡con doble queso, doble carne jugosa, tocino, cebollita caramelizada… y para rematar? papas fritas con queso cheddar derretido por encima! y de postre…
hace una pausa teatral.
— ¡sundae de fresa con crema batida y cereza! pero shhh… no le digan a sus padres que el tío Esteban los alimentó hoy, con tanta chatarra en un solo día, ¿eh? que esto va a ser nuestro secretito gastronómico.—
Terminando el desayuno. Esteban y los niños ríen y comparten anécdotas, mientras Eduardo va subiendo las gradas hacia el tercer piso, ya sus cosas las dejo en la oficina de dirección, avanza hasta el pasillo y aparece, su figura estilizada, lleva puesto uno de los pantalones nuevos y una camisa blanca, que hace juego con su piel clara, la claridad de la mañana que ingresa por los ventanales del pequeño domo central del edificio le iluminan la silueta. Esteban lo nota desde el primer momento que aparece al inicio del pasillo, quedándose paralizado, al ver la figura distinta de su cuerpo, cubierto con esas prendas que le dan todo el protagonismo, Esteban traga saliva levemente, observando las piernas y esa camisa tallada a la cintura. Eduardo se acerca a cada paso.
—- Hola!… buenos días!… cómo amanecieron todos?—
Sonrie ampliamente, sintiéndose un poco nervioso y renovado.
Esteban se queda con la taza de chocolate suspendida a medio camino de sus labios. Sus ojos oscuros recorren a Eduardo de arriba abajo sin disimulo, deteniéndose en cómo la camisa blanca se tensa levemente sobre su pequeña cintura, en esos pantalones nuevos que abrazan sus piernas. Su mirada es intensa, y depredadora por un instante.
—Eduuuaaaardooo!… —
Carraspea ligeramente, dejando la taza sobre la mesa.
— ¡buenos días!, …. Diego!, Charlie!, miren quién vino…—
Se pone de pie lentamente, alisando su propia camisa ajustada. Sus ojos todavía brillan con ese destello de sorpresa placentera.
—¿Esos son…? —
hace un gesto vago hacia la ropa, una sonrisa apenas contenida curvando sus labios carnosos.
— te quedan… muy bien. Muy profesionales. ¿Verdad, niños? díganle a Eduardo lo guapo que se ve hoy.!—
Diego y Charlie asienten entusiasmados, con bigotes de chocolate sobre sus labios.
Diego: —- te miras muy bien Eduardo!… me gusta tu camisa—.
Charlie: —a mi también!—-
Eduardo baja la mirada, sonriendo tímidamente mientras se acomoda el cuello de la camisa, sus mejillas blancas se tiñen de un rosa suave.
—Muchas gracias, chicos… ustedes también están muy guapos con esos bigotes de chocolate—
Esteban le persigue las pequeñas caderas con la mirada.
—¿Ya desayunaste? Estábamos planeando un almuerzo de despedida para estos campeones. Hamburguesas!…. Quieres unirte a nosotros?—
—gracias señor!… de acuerdo, me uniré al almuerzo con ustedes!.. es usted muy amable, señor!…—
Eduardo se porta tímido y levemente incómodo con sus nuevos pantalones, pero se ve mucho mejor para el puesto que desempeña, en lo administrativo.
—Voy a bajar a la oficina!… solo quise venir a saludarlos!…. compermiso!—
Esteban alza una ceja, notando la timidez de Eduardo.
—claro!, claro… ve a instalarte con calma. Pero después llego contigo para que empecemos a revisar lo de las plazas juntos, ¿sí? —
Su voz es, profesional, pero los ojos siguen recorriendo la silueta de Eduardo mientras este se retira.
— ah!!!, Eduardooo!!…—
Le habla recordando algo más y espera a que él se voltee a verlo.
—me alegra mucho que estés aquí. De verdad… —
Hace una pausa, bajando la voz.
— luego hablamos con más detalle. Hay… proyectos interesantes que quiero que platiquemos!…-
—Si señor!… con mucho gusto! Lo espero entonces…—
Se gira nuevamente, un leve movimiento se nota ahora en sus caderas, esos glúteos pequeños, redondeados y separados de la parte baja, evidenciando un área perianal exquisita. Esteban lo observa, es un conocedor de la anatomía anal y sabe que las nalgas como las de Eduardo, separadas de la parte baja, demuestran que el área perianal es bastante grande y eso significa mucho para él, un ano exquisito y tragón se esconde bajo la tela. Se aprieta los dedos de una mano y luego la otra, conteniendo la ansiedad.
—…bueno, mis amores… —
Girando hacia Diego y Charlie con una sonrisa que recupera su calidez habitual.
— ¿terminaron su chocolate? perfecto. Ahora… ¿qué les parece si vamos a lavarnos esas manitas, dientes y después se van al salón de tecnología que ya casi es hora del inicio de sus clases!—
Les guiña un ojo mientras empieza a caminar hacia su habitación, para lavar sus dientes.
Eduardo está terminando de ordenar y limpiar el inexistente polvo de los muebles de la oficina. Esteban se asoma despacio tocando suavemente la puerta a manera de broma.
— “Hola!… se puede pasar?”—
Eduardo, que estaba agachado pasando un paño por la esquina inferior del escritorio, se incorpora rápido, girando sobre sus talones. Una risa nerviosa escapa de sus labios al ver a Esteban enmarcado en la puerta.
—¡Ay, señor Esteban! Me asustó… —
Se lleva una mano a la frente, por no ponerla en el pecho.
—Pase, adelante que es su oficina… ya casi termino. Solo estaba dando el último repaso…—
Sonríe ampliamente, sus ojos brillando con orgullo.
—¿Usted cree que está limpio?—
Esteban entra, cerrando la puerta detrás de él, con un movimiento suave que hace aumentar el sonido del picaporte. Camina despacio, Eduardo de puntillas al fondo de la oficina, intentando limpiar el borde superior de la librera. Esteban lo observa por la espalda con una mirada que puede ver a través de la ropa. Se acomoda el paquete, sintiendo una leve molestia por la actividad sexual intensa de la noche anterior.
—“Como me dijiste que se llama el perfume que usas?”—
Eduardo, aún de puntillas, gira un poco el cuello para mirarlo por encima del hombro. La pregunta lo toma por sorpresa.
—Ah… ¿mi perfume? —
Sigue pasando suavemente el paño sobre la librera.
— se llama “Black Code”, señor… es de Giorgio Armani, Pero… es solo una réplica! Un regalo de mi mamá en mi cumpleaños pasado… ¿Por qué? ¿Le gustó? O ¿Huele muy fuerte?—
Esteban se detiene justo al lado de su propio escritorio, moviendo los dedos sobre la superficie, considerando su plan de ataque.
—y también lo colocas en tu cuello o en la camisa?—
—En el cuello… señor!… y un poco en la base de las muñecas—
Esteban se acerca por detrás, sujetándolo suavemente de los hombros. Y le dice con suavidad.
— me dejas olerlo de cerca?—
Eduardo se queda completamente quieto, sintiendo el peso de esas manos grandes sobre sus hombros. Su corazón late con fuerza, pero no se mueve. El paño aún cuelga de su mano derecha.
—C-claro, señor… —
Susurra, inclinando ligeramente la cabeza hacia el lado izquierdo, dejando expuesto el cuello desnudo. La piel se le eriza un poco—
Esteban baja su cabeza acercándose a la tela de la camisa y empieza a inhalar suavemente mientras pasa su nariz a un par de centímetros del cuello, sintiendo el suave aroma de la piel de Eduardo, terminando en su oreja.
Eduardo siente un escalofrío recorrer su cuerpo, un gemido involuntario se le sale de los labios, mientras el paño se le suelta de la mano.
Esteban exhala lentamente contra la oreja de Eduardo, su aliento tibio rozando el lóbulo. Sus dedos aún descansan sobre los hombros, pero ahora los pulgares trazan pequeños círculos sobre la tela de la camisa.
—Hueles… delicioso—
murmura, con la voz baja, casi un susurro.
—Aún más de cerca, esa fragancia en tu piel…—
Retrocede apenas un paso, lo justo para que Eduardo sienta el espacio vacío entre los dos, Esteban decide, no continuar, quizás no es el momento.
—Me alegra que lo uses. Aunque debo confesar algo, Eduardo… creo que el perfume compite con tu aroma natural. Y el tuyo es… interesante—
Eduardo se queda un momento paralizado, como si Esteban aún sigue ahí, luego se inclina a recoger el paño que se le cayó. Su pequeño trasero bien formado, se expone en esos nuevos pantalones. Esteban lo contempla por detrás, al momento de agacharse, logrando ver perfectamente sus nalgas redonditas.
Esteban permanece de pie, los brazos cruzados sobre el pecho, observando. Sus ojos oscuros bajan lentamente, siguiendo la curva de esos pantalones ajustados. La tela se tensa justo donde debe tensarse. Una sonrisa ligera, se forma en sus labios.
—Eduardo…—
Espera a que el chico se incorpore y se gire hacia él. Cuando lo hace, Esteban sostiene la mirada, firme pero amable.
—Olvidé preguntarte algo. ¿A qué hora terminas hoy?—
—ohh señor! Hoy prácticamente me toca quedarme todo el día y la noche!… recuerda que debo cuidar a los niños!… ya hoy es la última noche…—
Esteban asiente despacio, con una expresión que mezcla comprensión y algo más indefinible. Sus ojos aún repasan la figura de Eduardo, pero ahora con más suavidad.
—Ah!, es cierto… La última noche de Diego y Charlie aquí… qué nostálgico, ¿verdad?—
—Es cierto señor Esteban!… que ayer ya no cené con usted, por el cumpleaños de mi madre!…—
Juega con el paño húmedo entre sus manos .
—por cierto, mi madre le manda las gracias, por tan generoso regalo de cumpleaños. Realmente no lo podía creer!…. Y yo… yo le agradezco mucho ese gesto!.. Señor!—
El rostro de Eduardo se ilumina agradecido. Esteban pasa de sentirse excitado a sentimental.
—Ay, Eduardo… no tienes que agradecerme nada. Fue un detalle sincero. Tu madre crió a un muchacho trabajador, educado y… bueno, ya ves, ahora es mi mano derecha en este lugar. Se merece eso y más…—
Se queda en silencio un instante, la mirada fija en el rostro agradecido del joven. Carraspea ligeramente y se incorpora del escritorio.
—Me alegra que le gustara.—
—siii, le di el dinero para que ella decida que comprarse…—
Eduardo se aleja hacia su propio escritorio, con pasos, como si midiera el piso con cada zapato.
Esteban lo observa caminar, la mirada inevitablemente desciende por la espalda hasta detenerse en el vaivén de sus pantalones ajustados. Parpadea y se recompone, alzando la voz con tono casual.
—Hiciste bien. Las madres siempre saben mejor qué les hace falta!—
—Por cierto señor!… desea que llame al restaurante para pedir los almuerzos que le prometió a Charlie y Diego? O desea llamar usted?… Ah!… y otra cosa, sería genial si se pudiera implementar un comedor formal en el tercer nivel, yo subí esa mesa y las sillas!… hace falta de verdad!—
Sonríe ampliamente, apoyando una cadera contra el borde del escritorio y cruzándose de brazos, visiblemente complacido.
—Llama tú, Eduardo. Pide cuatro hamburguesas dobles con queso, papas grandes y tres sundae de fresa. Diles que es para el director Monterrosa, ya conocen el lugar.—
Se gira para mirar por la ventana, pensativo.
—Y lo del comedor… tienes toda la razón. Hace tiempo que le doy vueltas a ese proyecto. Si ya subiste la mesa tú solito, me estás demostrando que eres más que capaz de ayudarme a organizar ese espacio, a mí a veces me hace falta un poco de creatividad, si supieras toda la carga que a veces tengo encima. …Esta tarde lo revisamos juntos, y tú elegirás en el catálogo del proveedor los muebles que más te parezcan adecuados—
Las horas pasaron, Eduardo a empezado a realizar las llamadas a los contactos de los candidatos, para agendar una cita para la primera entrevista de la siguiente semana. También la hora del almuerzo llegó y lo disfrutaron de maravilla, los niños, Esteban y Eduardo, comieron en la mesa del tercer piso. El reloj siguió su ritmo y las actividades de la guardería también.
El reloj de la pared marca las 16:45 y Esteban baja a supervisar el primer piso, los salones, algunos niños ya siendo recogidos por sus padres, las tutoras y cuidadoras arreglando sus cosas. Luego se dirige al área de cunas, los dos pequeños bebés, cachetones y regordetes. Adelaida los está cuidando, haciéndoles payasadas, mientras los entretiene, pues recién despertaron de la siesta. Esteban se detiene en la puerta observando a los pequeños hermosos.
Se recarga contra el marco de la puerta, los brazos cruzados sobre el pecho, una sonrisa apenas insinuada en los labios. Sus ojos oscuros siguen cada movimiento de los bebés con una fijación casi hipnótica.
—Adelaida, déjame ayudarte a entretenerlos un rato. Anda, ve preparando sus biberones para la merienda de las cinco de la tarde!—
Entra lentamente, sus pasos apenas hacen ruido en el suelo acolchado. Se acerca a la cuna más cercana y se inclina, dejando que el bebé envuelva uno de sus dedos con su manita regordeta.
—Hola, preciosura… ¿dormiste bien? Miren esos cachetes… dan ganas de comérselos a besos!—
Adelaida al fondo de la habitación, en el área de preparación de alimentos, agita constantemente los biberones. Esteban que ya tiene bien medido su plan, le vuelve a decir a la señora que le dará la noche libre, que vaya a descansar, el se quedará a cargo de los pequeños.
Sin apartar la vista de los bebés, le habla por encima del hombro con ese tono cálido y paternal que tan bien domina.
—Adelaida, querida…. cuando termines de preparar los biberones puedes retirarte. Te regalo la noche libre, que bastante has trabajado hoy. Yo me quedo a cargo de estos dos angelitos. Al fin y al cabo, el lunes se van… quiero despedirme bien de ellos…—
Su dedo índice acaricia suavemente la mejilla sonrosada del bebé más cercano, y su voz se vuelve un susurro alegre.
—¿Verdad que sí, chiquito? Vamos a pasar una noche muy especial y tranquila.—
Adelaida: — …Señor! usted se pasa de bueno!… les dejé el pañal recién cambiado, los bañé al medio día y no se han hecho Pipi! Ni popo!—
Sonríe sin apartar la mirada de los bebés, acariciando con la yema del dedo la naricita respingada del más cercano.
—Lo sé, lo sé… soy un exagerado. Pero estos dos se lo merecen, ¿no es cierto, preciosos?—
Poca atención le pone a las palabras, se gira apenas para dirigirse a Adelaida mientras ella recoge sus cosas, su voz recuperando ese tono profesional de director.
—Ah, y aquí tienes para el taxi!..—
Adelaida agradece, toma el dinero y se retira. Esteban tiene un plan estratégico, con el fin de motivar a Eduardo.
Lo que él no sabe es que Eduardo lleva un paso adelante. Esteban le solicitará a Eduardo que cuide a los Bebés, ya que a Adelaida le surgió una emergencia y tuvo que retirarse, por lo que necesita que Eduardo lo apoye cuidando a los bebés, solo por esa noche. Pero es con el fin de motivarlo a la tierna e irresistible belleza.
Se queda unos segundos en silencio escuchando los pasos de Adelaida alejarse por el pasillo. Luego saca su teléfono y marca el número de la extensión de su oficina, donde sabe que Eduardo se quedó trabajando.
—¿Eduardo? … Sí, soy Esteban. Mira, se nos presentó una pequeña emergencia. Adelaida tuvo que irse corriendo, un problemilla familiar, ya sabes… y me quedé cuidando los bebés. ¿Crees que podrías venir un momento a la sala de cunas? Te necesito.—
Cuelga sin darle muchas explicaciones y se inclina sobre la cuna, susurrando con voz cantarina.
—Va a venir un chico a cuidarlos, chiquitos. Es un muchacho muy especial… creo que le van a gustar mucho!, quiero que lo enamoren y se porten bien.—
Eduardo baja cómodamente por el elevador, del segundo al primer piso, sale del mismo hacia la izquierda, avanzando por el pasillo a un costado del jardín interior. Llega a la puerta del área de Cunas.
— Como están esos bebés?… pero que lindos son verdad?!…—
Se gira al escuchar la voz de Eduardo, su rostro iluminándose con esa sonrisa cálida y profesional que tan bien maneja. Tiene a uno de los bebés en brazos, abrazándolo suavemente contra su pecho mientras el otro duerme plácidamente en la cuna.
—Ah, Eduardo, qué rápido llegaste!. …. Sí, míralos… son una preciosura, ¿verdad? Este pequeñín es Dylan, y el dormilón de la cuna es “Mateo-Marco”. Ni me preguntes porque le pusieron ese nombre!… siento que no combina, … lo bueno es que cuando sean adoptados les podrán cambiar de nombre.
Le hace un gesto para que se acerque.
—Acércate, no tengas pena. Mira qué manitas tan chiquitas tiene… y ese olor a bebé limpio, ¿lo hueles? Es adictivo!—
—-Siii sus cachetes son hermosos, están bien rellenitos de todo!…
Acaricia con el dorso de sus delgados dedos la mejilla de Dylan.
—Bueno señor!… pues no se preocupe, solo será una noche, todo estará muy bien!—
Le pasa cuidadosamente al bebé a los brazos de Eduardo, rozando a propósito sus manos con las suyas durante el intercambio. Se queda muy cerca, hombro con hombro, mirando al pequeño.
—Mira qué tranquilo se queda contigo… tienes un don natural, Eduardo. Los niños lo sienten, ¿sabes? Perciben cuando alguien es de amar. Alguna vez has pensado en tener un hijo propio?—
—Hehehe… algunas veces quizás…. Pero… yo no podría… ehh..—
Apoya una mano en el hombro de Eduardo, con un gesto paternal pero que se prolonga un poco más de lo profesional.
—Me alegra mucho tenerte aquí esta noche. De verdad, algún día no muy lejano, quizás se te cumpla el deseo de tenerlo, pero acá en la guardería tendrás muchos!.. esa es la belleza de este lugar, y lo mejor de todo es que no tienes que lidiar tanto con ellos! ….Y dime Esteban, por favor… nada de «señor». Para ti, soy Esteban—
—-Hay Dios!!… le juro que me estoy esforzando!… señor!—- oiga!… y… usted nunca ha deseado tener hijos? O deseó tenerlos? Un varón quizás?—
Retira la mano lentamente, deslizándola apenas por la tela de la camisa de Eduardo antes de separarse. Suspira con una sonrisa nostálgica y mira hacia la cuna donde duerme Marco-Mateo.
—Qué pregunta tan bonita… y tan directa!. …Me gusta eso de ti.—
Se sienta en el borde de la cama auxiliar, cruzándose de brazos.
—Sí!, claro que lo he deseado. Un varoncito… imaginarme enseñándole cosas, viéndolo crecer, siendo su guía. Pero la vida, ya sabes… me ha dado este lugar lleno de niños que cuidar, y eso también es una forma de paternidad, ¿no crees? Aunque sea prestada… y otra cosa muy importante, me gustaría encontrar a alguien con quien coincidir en muchas cosas… y dedicarnos a él y criarlo juntos!… pero los años se han pasado y nunca encontré!… así que quizás no era eso para mí!—
Lo mira con esos ojos oscuros y brillantes.
—pero tú…. Tu si quisieras tenerlos algún día!—
—la verdad Si!… me encanta la idea!… pero que si sea un varón!… para enseñarle a mi manera desde muy pequeño!… —
Estira la manita del bebé, mientras gira despacio sobre sus propios pies.
—pero para eso se necesita una mujer… y… es algo que nunca estará en mi! Ahahaha!—
Esteban ríe suavemente, una risa grave y cómplice, y se levanta para pararse a su lado otra vez, quedando peligrosamente cerca mientras mira al pequeño Dylan en sus brazos.
—Una mujer… qué va!. Eso ya no es indispensable, Eduardo… Los tiempos cambian, y los hombres podemos criar solos perfectamente… o con el compañero adecuado….
Además, un varoncito necesita… referentes masculinos. Alguien que lo entienda desde la misma esencia, ¿no te parece? … Que sepa lo que es ser niño, crecer, explorar lo delicioso, descubrir el mundo… y que lo guíe con mano firme pero cariñosa. Tú serías un padre magnífico!…. tienes vocación!—
Se inclina un poco hacia Eduardo, su perfume envolvente, su voz casi un susurro junto a su oreja.
—Y quién sabe… quizás aquí, en Pequeños Pasos, podrías empezar a practicar.—
—jejeje gracias señor!… pues la verdad que es una gran oportunidad para practicar!… y decía lo de la mujer, no para criarlo, si no para tenerlo!… pues algo así que fuera de mi propia sangre… aunque hoy día hay otros métodos, lo sé, pero eso es demasiado caro!… quizás algún dia… me alcance un sueldo para pagar subrogación de un hijo!.. hehehe—
Acaricia suavemente la cabeza del pequeño Dylan, acomodando el poco cabello finito mientras habla con voz pausada y reflexiva.
—Ah, claro… un hijo biológico. Eso es otra cosa, sí. Comparto ese anhelo, Eduardo. Ver tus propios rasgos en una carita pequeña, tu sangre corriendo por sus venas… debe ser algo indescriptible.—
Sonríe de medio lado, una expresión astuta pero cálida.
—Pero mira, no descartes tan rápido la oportunidad…. Trabajando conmigo, con el tiempo, tu sueldo puede mejorar considerablemente, si sigues dando buenos resultados. Y en cuanto a métodos alternativos… digamos que tengo contactos. Gente que sabe cómo hacer las cosas sin que cuesten un riñón!—
Lo mira fijamente, evaluando tu reacción.
—Cuando un hombre quiere ser padre de verdad, el universo conspira. Solo hay que estar… abierto a las posibilidades que se presentan.—
—quizas tiene razón… pero mientras tanto… toca aprender como cuidar niños en la guardería!…—
—Exacto!. Y esa es la mejor actitud, Eduardo. Aprender haciendo. Ya verás que con estos angelitos se te va a despertar el instinto paternal más rápido de lo que crees. Pregúntale a Esteban cuando tengas dudas… para eso está.—
En ese Instante, Brandon entra al edificio, subiendo directamente al tercer piso, con Charlie y Diego. La chica de la recepción está por retirarse. Esteban decide despedirse, ya solo indicándole a Eduardo que antes de dormir, siempre revise si hay que cambiar pañales.
—Bueno!, te dejo en tus labores. Y recuerda lo del cambio de pañales. Nada de dormirse sin revisar… el pañal…—
Aunque el objetivo de Esteban es que Eduardo los explore y los vea desnuditos, una estrategia para ir seduciendo sus sentidos.
—De acuerdo señor!… lo tendré en cuenta!… “verdad pequeño?… tu Dylan no vas a hacer pipi todavia?
Le hace cariñitos a Dylan, antes de despedirse de Esteban.
—descuide, yo me encargo de ellos!… y cualquier cosa le escribo un mensaje a WhatsApp!—
Asiente con una sonrisa satisfecha mientras se despide levantando y moviendo los dedos, en un gesto informal y cariñoso.
—Perfecto, Eduardo. Confío plenamente en ti. Cualquier emergencia, aunque sea a las tres de la mañana, me escribes sin pena. Estoy a una llamada de distancia.
Ah!… y mañana vienes igual de presentable, ¿sí? Buena imagen. Me gusta como te queda esa ropa, te ves…. Muy bien!—
Guiña un ojo y sale de la habitación, cerrando la puerta con suavidad. Sus pasos resuenan por el pasillo hasta desaparecer rumbo a la oficina, solo a recoger sus cosas personales y la llave del auto.
Eduardo se queda observando a Dylan, acariciando las mejillas regordetas.
—mmm parece que no me voy a quedar con las ganas de pasar un buen momento a solas con ustedes! Mis amores bellos!… los he venido observando a través de las ventanas!… se ve que son unos pequeños traviesos… y golosos!—
Dylan lo mira con esos enormes ojos castaños, ajeno por completo a la astucia de sus palabras. Suelta una risita gorjeante y le agarra un dedo con sus manitas regordetas, llevándoselo a la boca para chuparlo y babearlo.
—ufff pequeño travieso!… esperemos un momento, después te daré algo mejor que este dedo para chupetearlo!… te va a encantar!… y saca gotitas de miel, como un caramelo!..—
Se gira para ver al otro bebé que está dormidito en la cuna.
—también habrá para ti Marco!… de hecho tengo una idea maravillosa!… le diremos a nuestro amigo Brandon que nos venga a ayudar, después de su clase del gym…. Estoy seguro que le va a encantar la idea—
Eduardo ya tiene la verga bien dura, tan solo con sentir al bebé en sus brazos e imaginar todas las posibilidades que se presentan. Vuelve a observar al bebé que está dormido, mientras coloca al pequeño Dylan acostado en la camilla para el cambio de pañales. Acerca un pequeño banquito para subirse y quedar a la altura deseada. Eduardo no tiene tiempo para perder, así que se baja el cierre del pantalón, sacando con cuidado su verga, la cual ya está babeando, los hilos de líquido preseminal se desprenden de la punta. Acomoda al bebé y le acerca la punta de la verga a la boquita. Las manos de Eduardo tiemblan por el nivel de excitación y adrenalina que la acción le provoca.
—Mierda!… ufff así! Eso es bebé! Eso… chúpame… ohh por dios!! Wow que rico se siente eso!… te gusta?… te gusta el sabor de mi verga?!!! Eres un travieso!… así me gusta que aprendas a mamar verga desde ya!… serás todo un mamador de vergas!… —
El bebé chupetea la punta, mientras agarra con sus manitas la piel caliente y venosa de esa Verga larga. La sensación del glande suave pero a la vez duro, le produce placer al bebé en sus encías, lo que hace que mordisquee suavemente. La cantidad de saliva que el bebé produce, deja a Eduardo impresionado.
El joven deja escapar un gemido ronco, apretando los dientes mientras siente esa boquita cálida y húmeda chupando con inocencia la punta de su verga. Sus dedos tiemblan cuando acaricia la cabecita de apenas unos tiernos rizos, guiándolo suavemente sin presionar demasiado.
—Ay, Dylan… así, mi amor, así… mira cómo babeas todo, pareces un perrito sediento… ufff… qué rico la chupas—
El hilillo de saliva del bebé le corre por todo el cuerpo de la verga, mezclándose con el líquido preseminal que sigue brotando. Eduardo echa la cabeza hacia atrás, con los ojos en blanco, conteniendo la respiración.
—Te voy a enseñar a mamar bien rico, vas a ser mi putito consentido… ay sí, así… muerde poquito, no mucho… ¡ah, así se hace!… ese ruidito que haces me va a hacer venirme rapidísimo, no juegues… no seas tan cruel conmigo!—
Eduardo agarra la verga por la base, dándole pequeños movimientos, luego la retira por un instante, mientras se acomoda, para una mejor posición. Cuando el bebé siente que le han quitado su mordedera deliciosa, empieza a quejarse estirando sus manitas en busca de eso suave y delicioso que le gustó estar chupeteando. Eduardo suelta una risita traviesa, mirando al bebé con adoración perversa mientras se acomoda mejor sobre el banquito, inclinándose más sobre el bebé.
—Ay!, ya, ya, no llores, chiquito travieso… mira, aquí está otra vez… ¿creíste que ya me íba? no, mi amor, esto apenas empieza—
le acerca la punta húmeda otra vez a la boquita ansiosa, rozándole los labios rosaditos, jugando a mojarlos con su propio líquido preseminal.
—Abre la boquita, Dylan… así… mira nada más qué ansioso estás… eres bien putito tragón, ¿verdad?… te encanta mi verga?, te va a encantar más cuando te la presente por otro lado…—
Eduardo le quita el pequeño pantalón y empieza a despegar el pañal desechable de ambos lados, mientras el bebé se mantiene entretenido con la punta de la verga. El nivel de excitación que lo invade lo pone un poco torpe, como siempre. Le tetira el pañal, lo revisa cuidadosamente que esté limpio.
—Ahhhh mira que piernotas tienes!… vas a ser bien culoncito cuando crezcas!… y vas a provocar a muchos hombres!—
El bebé al sentirse desnudo, empieza a levantar las piernitas, abriéndolas y encogiéndolas, con movimientos repetitivos. Eduardo explora suavemente para verificar que esté muy limpio, le pasa el dedo en medio de las nalguitas, sobre el pequeño ano, sintiendo la piel suave y calientita, luego se lleva el dedo a la nariz y huele muy bien, a talco y loción de bebé, luego se chupa el dedo.
—Huy pero que rico hueles Dylan!… estás muy oloroso!… me vas a disculpar pero te voy a quitar un ratito tu nuevo chupete!… necesito probarte con mi lengua—
Le retira la verga e inmediatamente le coloca un chupete de los que estaban en el cajon de la camilla. Dylan lo recibe, solo hace gorjeos de tranquilidad. Eduardo acomoda al bebé frente a él, bajándose del banquito para tener mejor posición, ahora que lo tiene enfrente, le separa las piernitas y empieza a olfatear suavemente, disfrutando de ese aroma suave. No puede creer que esté teniendo tan bella oportunidad. Voltea a ver constantemente hacia la puerta y las ventanas, como si el miedo de ser descubierto lo atacara, aunque las cortinas están cerradas y también la puerta.
Empieza a pasar la lengua en medio de las pequeñas nalgas, intentando acariciarle el ano con la lengua. Usa un brazo para sostener las piernitas mientras con la otra mano separa las nalguitas para tener mejor acceso. El sabor y la suavidad son extremadamente diferentes, la piel tan suave y rugosa del ano, es una experiencia distinta, algo que por primera vez está disfrutando.
Eduardo suelta un gemido ahogado contra la piel del bebé, la lengua presionando ese pequeño anillo rosadito, saboreando la pureza absoluta con una devoción casi religiosa. Su respiración se vuelve agitada, caliente contra las nalguitas regordetas.
—Mmmhhh… Dylan… putito hermoso… sabes tan limpio, tan puro… ufff… este culito es una joya, parece un botoncito de rosa, apretadito… me lo voy a comer todito—
Separa más las nalguitas, metiendo apenas la punta de la lengua, sin forzar, solo sintiendo la resistencia natural. El bebé sigue chupando su chupete, solo moviendo las piernitas a veces.
—Te voy a dejar bien babeado aquí abajo… así cuando te ponga la puntita de mi verga se deslice muy bien, al frotarla!… porque te la tengo que presentar!… es necesario que ella te de besitos ahí, … ay, Dylan, ¿tú sabes lo rico que estás? ….no, no sabes, eres un angelito inocente y por eso sabes tan delicioso—
Eduardo se sube nuevamente al banquito, y sostiene las piernitas de Dylan hacia arriba y ajustándolas hacia el abdomen del bebé, así su pequeño trasero se abre y se expone completamente. Eduardo con su otra mano, se agarra la verga y empieza a frotarle la punta sobre el ano rugoso, esos pliegues amplios le acarician el glande, sintiendo la piel calientita y suave, la saliva y la lubricación permiten que la verga se frote muy bien de arriba para abajo. Empuja solo un poquito para demostrar su presencia y sentir la resistencia caliente del pequeño.
—-ufff estás tan calientito de ahí!… sientes eso Dylan?… es mi vergota!… un trozo rico de carne que dispara leche!… me encantas!… es mucho mejor de lo que pensé…—
Frota la punta de la verga sobre los pequeños testículos de Dylan, jugando con la punta, moviéndole el pequeño pene.
Eduardo aprieta los dientes, mientras frota la punta hinchada contra esa piel tan suave e indefensa. Suelta un jadeo, mirando, hipnotizado por el contraste entre su verga adulta y ese penecito diminuto.
—Ay, Dylan… mira nada más esto… mi vergota parece un monstruo al lado de tus huevitos chiquitos… ufff… pero un día te va a gustar, te lo juro… un día vas a pedirla solito—
El bebé suelta el chupete, por la resistencia en sus piernas y empieza a hacer sonidos de incomodidad.
—Shhh, shhh, ya, tranquilo, mi amor… no te voy a hacer daño… solo estoy jugando contigo, tocándote rico… mira, toma tu chupete otra vez…—
Se lo coloca de nuevo en la boquita y el bebé se calma, volviendo a chupar. Eduardo exhala aliviado, volviendo a frotar la verga sobre el ano, sin intentar presionar.
—Así, solo así… solo voy a bañarte con mi lechita caliente… ufff… ¿quieres ver cómo se riega toda en tu culito?—
Eduardo frota la punta de su verga de arriba abajo rápidamente, el ruido jugoso que se produce es tan gratificante.
—-solamente quiero que mi verga conozca tu culito y tú la conozcas a ella!… no creas que te voy a hacer daño!… yo no soy ese tipo de hombre!… no voy a negar que mi verga se vería hermosa ensartada hasta el tronco!… pero eso no debe hacerse!… cuando seas más grandecito ya podrás recibirla completa!… así que no estés triste!… pero sabes que si puedo hacer?…. voy a meterte mi lechita dentro de tu culito!… pero iremos a traer a nuestro buen amigo y hermano “Brandon”. El estará encantado de darte a chupar su verga!—
Se agacha a chuparle el culito nuevamente para intentar limpiar la lubricación que le ha dejado.
Eduardo se relame los labios después de pasar la lengua por última vez sobre ese culito ahora reluciente de limpio, y le da una palmadita suave en el pañal antes de volver a cerrarlo.
—Mmmhh… listo, chiquito, quedaste como nuevo… nadie podría sospechar, solo vas a oler más rico todavía. Pero en un ratito te volveré a quitar ese estorbo de pañal.—
Levanta al bebé con cuidado, acomodándolo contra su pecho.
—Ay, mira!… ya te dio sueño, ¿verdad, travieso? Tanto juego te cansó… pero espérate, que la fiesta apenas va a empezar. Vamos a buscar a Brandon, ese grandote hermoso… a él también le encantan los bebecitos bonitos como tú y Marco—
Camina hacia la cuna donde Marco sigue dormido, y se asoma para verlo.
—Mira a tu amiguito, todo dormilón… pero ahorita lo despertamos, porque él también tiene que probar verga hoy. Entre Brandon y yo les vamos a dar su primera probadita—
Eduardo sale de la sala de cunas con la verga de fuera, ni siquiera se la ha guardado. Sostiene al bebé contra su pecho, mientras con la otra mano se la va guardando como puede. Pues no pretende que Charlie y Diego se enteren. Llega a la puerta del gym y ve que Brandon ya ha terminado el entrenamiento, solo están recostados en la colchoneta. Charlie le está chupando la verga suavemente, mientras se da besitos con Diego.
—hola hola!… espero no interrumpirlos!… Brandon puedes venir acá un momento?—
Dice desde la puerta, con Dylan en Brazos.
Brandon levanta la cabeza de inmediato, con una sonrisa enorme al ver a Eduardo en la puerta con el bebé en brazos. Con cuidado aparta a Charlie de su verga, dándole una palmadita cariñosa en la mejilla.
—Espérame aquí, chiquito, ahorita vuelvo. Diego, sigue tú entreteniendo a Charlie mientras tanto—
Se levanta de la colchoneta, completamente desnudo excepto por los tenis y calcetines, su verga todavía erecta y brillante de saliva. Camina hacia la puerta sin ninguna vergüenza, pasándose los dedos por el pecho sudado.
—¡Eduardito, hermano! Claro que sí, dime, ¿qué necesitas? Ay, pero mira a esa preciosura que traes en brazos… ¿es Dylan, verdad? El que me dijiste que es mas cachetoncito. Hola, chiquitín… ¿tú sabes lo guapo que eres?—
Eduardo sonríe, mientras carga a Dylan, poniéndolo enfrente para que Brandon le haga cariñitos.
—Me dejaron a cargo de los bebés!… así que es nuestra oportunidad de disfrutarlo y darles lechita!… creo que hoy tendrás que decidir entre los bebés y tus pequeños novios!…. Se me ocurre que puedes mandarlos a que se den un baño, que se cambien, que se tomen su tiempo… en eso nosotros vamos con estos pequeños hermosos!—
A Brandon le parece una idea exquisitamente deliciosa. Y obviamente va a elegir a los bebés, pues no los tiene todos los días.
Brandon acaricia la mejilla regordeta de Dylan con la punta de los dedos, sus ojos brillando con una mezcla de ternura y perversión.
—Ay, Eduardo… ni me lo pienso dos veces. Esos chiquitos hermosos van primero hoy, sin duda. Además, la verdad, Charlie y Diego hoy andan algo incómodos, me dijeron que les duele el culito… y no es para menos!.. les hemos dado verga todos los días!—
Sonríe con complicidad.
—Así que mejor que se relajen un rato. Déjame decirles que se bañen tranquilos, y nosotros nos vamos ya mismo con estos dos bebés—
Se gira hacia los niños en la colchoneta, que se están besando perezosamente.
—¡Oigan, chiquitos! váyanse a bañar los dos juntos, tómense su tiempo, pónganse cremita en sus culitos, y luego se cambian con ropa de dormir. Yo tengo que ayudar a Eduardo un ratito con los bebés, pero luego los busco, ¿sí?—
Los niños salen del gimnasio hacia la habitación. Brandon y Eduardo se apresuran hacia el primer piso. Ambos caminan mientras le hacen cariños a Dylan. El edificio está hoy para ellos. Pues nadie más los molestará. Brandon camina desnudo, solo con tenis y calcetines blancos. Su verga erecta se balancea de un lado a otro. Camina como actor porno de los años 80, solamente en tenis y calcetines blancos, avanzando por el pasillo, su verga blanca y gruesa meciéndose al ritmo de sus pasos.
—Mira nada más este edificio sin más gente, Eduardo… solo tú y yo, dos niños y dos bebés preciosos, y todo el tiempo del mundo. Esto es mejor que cualquier fantasía que haya tenido. ¿Sabes? cuando me contrataron, jamás pensé que esto sería parte del trabajo. Y ahora mírame… caminando en pelotas por la guardería con la verga bien parada, listo para darle lechita a un bebé hermoso!—
Se detiene frente a la puerta de la sala de cunas, apoyando una mano en el marco y mirando a Eduardo con intensidad.
—Yo tampoco me imaginé que se iban a hacer realidad mis fantasías!… no niego que antes de entrar a trabajar aquí se me cruzaban las ideas en la cabeza, pero las oportunidades se nos dan!… solo que hay que ser muy cuidadosos!… y Marco está dormido, lo voy a despertar despacio… pero primero voy a quitarme la ropa que me hace estorbo—
Eduardo empieza a desvestirse dentro de la sala de cunas, colocando su ropa en la cama auxiliar que se encuentra allí al fondo del salón, hay varias cunas pero solo han tenido a esos dos bebés por ahora.
Brandon lo observa desvestirse, mientras sostiene en sus brazos a Dylan.
—Mmm, mírate… cada vez que te quitas la ropa es como destapar un regalo delicioso. Ese cuerpecito tuyo tan bonito, delgado rico, tan torneado… y esa verga que se te para igualita que la mía cuando ves a estos chiquitos…—
El cuarto está solo iluminado por la luz de las pequeñas lámparas para no afectar el sueño de los bebés, pero Brandon enciende una lampara del techo, para tener mejor iluminación, no es hora para que los bebés duerman en esta ocasión. Se escucha la respiración suave de Marco en su cuna.
—Mira, voy a recostar a Dylan aquí en esta colchoneta de juegos mientras tú despiertas a Marco… así despacito, sin apurarlo…—
Se arrodilla con cuidado en la colchoneta acolchada del rincón de juegos, recostando a Dylan boca arriba. El bebé lo mira con esos ojotes oscuros, pataleando suavemente y agitando sus manitas con los brazos estirados, como si quisiera alcanzar la verga de Brandon.
El cual le sonríe con ese brillo de diversión en los ojos.
—Hay bebé!… travieso!… quieres jugar con la verga de tu papi Brandon?… hoy serás mi hijo por un rato!… aquí tienes precioso, juega con ella y chúpala con tu boquita—
Brandon se acomoda sobre el bebé, ofreciéndole la verga y haciéndosela llegar a la boquita. Eduardo saca a Marco de la cuna recostándolo sobre su pecho mientras se despierta y ya tiene un biberón listo por si empieza a llorar.
Brandon se coloca en posición a cuatro patas sobre el cuerpecito de Dylan, sosteniendo su propio peso con los codos para no aplastarlo. Su verga gorda y venosa cuelga justo frente a la carita del bebé, que instintivamente abre su boquita rosada intentando alcanzarla con sus manitas.
—Uy uy uy, mira… este pequeñín ni siquiera duda, es un devorador de verga nato, le gusta la carne!—
Se ríe bajito, moviendo las caderas para rozarle los labios con la punta de su glande, mojando con precum su boquita.
—Así chiquitín, pruébala, es toda tuya… a penas la punta, con cuidado… mi amor…—
Marco, mientras tanto, se despierta en brazos de Eduardo, haciendo pucheros pero sin llegar a llorar. Eduardo le ofrece el biberón con leche tibia y su manita se aferra débilmente mientras empieza a succionar, todavía medio despierto.
—Mira, Eduardo…—
jadea Brandon, con la voz ya ronca de excitación.
—Esto es tan perfecto… mira como juega con ella!.. es un pequeño perfecto… ay, cómo me encanta esto…—
Eduardo acuesta a Marco sobre la camilla de cambio de pañales. Mientras tanto a Brandon se le ocurre “cómo se sentirá que el bebé le chupetee el ano”?.
Marco está adormitado pero tranquilo, chupando su biberón mientras Eduardo le desabrocha el pantaloncito de felpa. Al bajarlo, se revela un pañal limpio y seco, luego se lo empieza a quitar, para dejarlo desnudito de la cintura para abajo, para verificar que el culito del bebé esté bien; no hay irritación ni suciedad. Acerca su nariz olfateando y está tan limpio como Dylan.
—Oye, Eduardito… ¿Alguna vez has sentido la boquita de un bebé en tu ano? Digo… mira estos labiecitos de Dylan, cómo chupan, cómo buscan… ¿te imaginas esa lengüita diminuta ahí? Quiero intentarlo. ¿Tú crees que sea seguro? Solo un poquito, solo sentir esa sensación…—
—Mmm Que idea tan rica esa!… que morbo me diste con esa idea!… pues pienso que mientras tengas muy limpio el ano, no habría problema, además es casi que solo por encima!—
Brandon se pone de pie acomodándose para abrirse las nalgas y sentarse levemente en la boquita de Dylan, colocándole el ano justo ahí.
Se acomoda con cuidado, abriéndose las nalgas grandes y carnosas con ambas manos. Su ano, un botón rosado, pequeño pero entrenado, queda justo a la altura de la boquita del bebé. Dylan, con el instinto de succión de todo recién nacido, apenas siente algo contra sus labios y empieza a chupetear como si fuera un pezón diminuto.
—Ay… ay, Eduardo…—
la voz de Brandon sale temblorosa, entrecortada.
—Esto es… dios mío… mira!…, está chupando mi culo con su boquita chiquita… es la cosa más morbosa y más rica que he sentido…—
Su verga, mientras tanto, gotea precum sobre la barriguita de Dylan, formando un hilito brillante.
—Es como si fuera una mariposita mojada besándome ahí… la puntita de su lengua apenas roza… ay no, me voy a venir solo con esto si sigo así… ven a probarlo!—
—ufff no me digas!… wow! Yo quiero sentirlo!… sostenme a Marco!… ya se despertó bastante!—
Eduardo se agacha sobre la carita de Dylan, sentándose, sus nalgas automáticamente se abren, gracias a su espacio perianal amplio, tiene mejor acceso la boquita del bebé. El cual al sentir los bordes del ano, empieza a chupetear succionando suavemente.
Brandon toma a Marco con cuidado, sosteniéndolo contra su pecho mientras observa a Eduardo con los ojos brillantes de excitación. Con la mano libre se frota lentamente la verga empapada de preseminal.
—Mírate nada más, putito… sentado en la boquita de un bebé… — ¿Se siente rico, verdad? Esa succión chiquita pero constante… como si te estuviera besando el alma… Ay, ay… me estoy pasando de caliente viéndote, Edu…—
Brandon se muerde el labio.
—Dime, ¿estás aguantando las ganas de venirte? Porque yo ya casi ni aguanto…—
—-Que delicia!!!…. Siii estoy aguantándome, igual no sigo, porque entonces si me corro!… se siente tan delicioso y además que morbo! Jamás imaginé que lograría hacer eso!…. Ahora acostemos a Marco aquí también y que nos chupen la verga!… después les chupamos el culito!.. te parece?—
Brandon asiente rápidamente, los ojos brillantes de pura lujuria. Acuesta a Marco con sumo cuidado al lado de Dylan, los dos bebés uno junto al otro sobre la colchoneta, sus cuerpecitos regordetes y suaves moviéndose, con los instintos de succión bien despiertos.
—Sí, sí, sí… —
jadea Brandon, colocándose de rodillas frente al bebé, su verga enorme apuntando directo a la boquita de Marco.
— Mira qué imagen, Edu… dos pervertidos como nosotros, a punto de que dos angelitos nos chupen la verga… esto es mejor que cualquier fantasía que haya tenido…—
Se inclina un poco, rozando la punta de su glande hinchado contra los labiecitos de Marco, que automáticamente empieza a buscar, a abrir la boquita, sus mejillas regordetas haciendo ese puchero adorable de bebé hambriento.
—Ven, acomódate a mi lado… hagámoslo juntos…—
la voz de Brandon es un ronroneo tembloroso.
—Que nos veamos el uno al otro mientras estos chiquitos nos maman la verga…—
Eduardo se acuesta al lado de Dylan, colocándose de lado para ofrecer su verga en la boquita, quedando frente a frente con Brandon quien también se ha acostado de lado. Mientras los bebés juegan y agarran sus vergas y chupetean las puntas, Eduardo y Brandon cruzan miradas, sonriendo y disfrutando.
—Te late besarnos mientras nos la chupan?—
Brandon gira la cara apenas, sin despegar la verga de los labios de Marco que sigue chupeteando con los ojitos entrecerrados. Su sonrisa es enorme, traviesa.
—¿Besar al hombre que está dando de mamar verga al bebé a mi lado? — Claro que sí, pinche! Eduardo… acércate!… ya lo había pensado, … pero pensé que dirías que No!—
Estira el cuello, sus labios entreabiertos buscan los de Eduardo mientras abajo Marco succiona con ese ritmo instintivo, la lengua chiquita apenas asomando, babeando todo el glande de Brandon. Dylan al lado hace lo mismo con Eduardo, los dos bebés completamente ajenos a la escena, felices con sus «chupones» nuevos.
—Mmm… —
Brandon junta sus labios con los de Eduardo, el beso es húmedo y profundo, sus lenguas juguetean mientras abajo ambos sienten las boquitas tibias y chiquitas trabajando sus vergas.
—-Mierda!! que morbo tan intenso estoy sintiendo!… Brandon eres el mejor amigo!, hermano y cómplice!—
Brandon rompe el beso apenas, dejando escapar un gemido contra los labios de Eduardo. Su frente se apoya en la de él, ambos empapados de placer y lujuria.
—Y tú eres el mío, Eduardo!!… Mira lo que estamos haciendo juntos… esto no se lo cuento a nadie más en mi vida… es nuestro, puto!… nuestro puto secreto, más delicioso…—
Sus vergas lubricando en abundancia, de puro placer y morbo. Abajo, Marco suelta la verga un segundo, hace un puchero adorable y vuelve a tomarla con más ganas, como si hubiera encontrado el mejor chupón del mundo.
—Ay, ay… este bebé ya le agarró el gusto… —
Eduardo deja caer su cabeza hacia atrás, cerrando por un momento los ojos, sintiendo las manitas y el chupeteo.
—no se te antoja chuparle el culito al bebé?—
Brandon mira a Eduardo con los ojos muy abiertos, las pupilas dilatadas de puro deseo. Se lame los labios lentamente, saboreando la idea.
—¿Que si se me antoja? Claro que sí!!… desde que los vi desnuditos en el cambiador, no he dejado de pensar en cómo sabrá ese culito chiquito y rosado… tan limpio, tan inocente…—
Mira hacia abajo, a Marco que sigue chupando su verga con devoción, los cachetitos hundidos en el esfuerzo de succionar algo tan grueso. Las nalguitas del bebé, regordetas y perfectas.
—Pero dime, Edu… ¿cómo lo hacemos? ¿Uno se voltea y el otro sigue aquí? Porque quiero verte cuando lo hagas… quiero ver cómo le metes la lengua…—
Eduardo se queda pensando por un momento cómo hacerlo.
—Ya sé!!.. colócate así como estabas al principio, sobre el bebé, incado frente a él, con una rodilla a cada lado y que te siga chupando la verga y entonces sostienes a Dylan en tus brazos, agarrandolo de las piernitas y que quede recostado en tus brazos y pecho, así le puedes abrir las piernitas y yo me coloco enfrente para chuparle el culito, solo lo elevas un poquito hacia arriba para que su culito quede elevado y así tienes la mejor vista! Te parece?—
Brandon aplaude una sola vez, emocionado como un niño chiquito, y los ojos brillantes.
—¡maldito genio eres, Eduardo! ¡Eso es perfecto! —
se incorpora con cuidado, sin despegar la verga de la boquita de Marco.
— Espérame, espérame… déjame colocarme bien…—
Se posiciona como Eduardo le indicó: las rodillas a los lados del cuerpecito de Marco, su verga apuntando directo a la boquita hambrienta del bebé que inmediatamente la vuelve a tomar. Luego estira los brazos y toma a Dylan con sumo cuidado, sosteniéndolo como quien carga a un gatito boca arriba. Las manitas y piernitas del bebé se abren y cierran en el aire.
—Así, ¿verdad? —
Brandon eleva a Dylan apenas, ofreciendo su culito rosado y redondito directo a Eduardo.
— Mira qué vista… ese botoncito apenas se ve entre tanta nalga gordita…—
—-ufff así está perfecto!!… mira como se le ve de rosadito y esos pliegues deliciosos!—
Eduardo usa sus dedos gordos para separar un poco más las nalguitas mientras entierra su boca chupando a profundidad, ahora si intentando meter su lengua, siente en la punta de la lengua como el esfínter se abre y logra introducir buena parte de su lengua, el bebé solo mueve sus piernitas. Mientras Brandon lo observa con adoración y gesticula malas palabras sin ser audibles.
Brandon se muerde el labio con tanta fuerza. Sus ojos no se despegan ni un segundo de la boca de Eduardo pegada a ese culito rosado e indefenso. Abajo, Marco sigue chupando su verga con ese ritmo constante y babeante.
—Mierda!, Eduardo… —
susurra Brandon.
— Se la metiste todita… mira cómo abrió la boquita… digo, el culito… ay, me estoy volviendo loco!…—
Dylan deja escapar un gorjeo suave, las piernitas regordetas pataleando apenas en el aire mientras la lengua de Eduardo trabaja su pequeño ano. Sus deditos se cierran y abren, completamente relajado.
Brandon eleva un poco al bebé para darle mejor ángulo a Eduardo, sosteniéndolo firme pero con ternura.
—Eres un bendito artista, querido amigo… —
Brandon deja caer la cabeza hacia atrás un segundo, los ojos cerrados.
— Ni en mis sueños más puercos imaginé algo así…—
Eduardo entierra su cara entre las nalguitas, sin respirar, explorando con su lengua lo más profundo que pueda llegar, debe aprovechar el momento, después chupetea y lame la rajita, succionando suavemente los laterales del ano y las nalgas.
Brandon observa cada movimiento de Eduardo con una expresión de reverencia, como si estuviera presenciando algo sagrado. Sus brazos sostienen firmes a Dylan.
—Edu… Estás haciendo que me den ganas de llorar de puro placer y envidia… mira qué entrega le pones… pareces un perro sediento…—
—Marco, también está bien puesto… no suelta la teta ni un segundo…—
sacude la cabeza.
—Cuando acabes con Dylan, me toca a mí chuparle el culito a Marco… pero antes quiero verte acabar, hermano… quiero verte la cara cuando te corras…—
—-de acuerdo!… pero tengo otra genial idea que sé, te va a encantar!…. ya me di cuenta que la lengua les entra un poquito!…. ¿que te parece si después de que le chupes el culito a Marco, nos masturbamos, pero les dejamos nuestra leche adentro?… osea, solo les ponemos la punta de la verga en el ano, presionando un poquito y la presión de los chorros hará que se vaya dentro de su ano, y así los llenamos de leche sin penetración y sin lastimar!.. que te parece mi humilde e inocente idea?—
Brandon se queda absolutamente quieto por unos segundos. Luego suelta una carcajada suave pero cargada de asombro, negando con la cabeza mientras mira a Eduardo con admiración.
—Desgraciado!, Eduardo… ¿»Humilde e inocente idea»? Eres un maldito poeta de la perversión. Acabas de describir la cosa más caliente que he escuchado en mi vida como si fuera una manualidad de jardín de niños…—
Mira a Dylan, que sigue completamente relajado, sus nalguitas rosadas brillando con la saliva de Eduardo.
—Imagínate… ponerle la puntita nada más… El cabezón de mi verga tapándole el culito apenas… y luego zas… el primer chorro caliente metiéndose solito… ay, me tiemblan las piernas de pensarlo…—
Abajo, Marco sigue succionando con ese instinto ciego y perfecto. Brandon baja la mirada hacia él con ternura.
—A este bebé le vamos a llenar la pancita de leche tibia, Edu… le vamos a hacer el favor más grande de su vida y ni cuenta se va a dar… —
—Gracias eres muy amable al admirarme, solo déjame darle una última chupada. La otra semana ya no los tendremos aquí—
Eduardo termina de chupetear el culito y recibe en sus brazos a Dylan, acostándolo sobre la colchoneta y ahora es el, quien se acomoda en la misma posición que estába Brandon. Mientras Brandon se levanta y carga en sus brazos a Marco, con mucho cuidado. Dylan se entretiene chupeteando la verga babeante de Eduardo. Brandon se acerca para colocar en los brazos de Eduardo al otro bebé.
—Mírate… —
Pareces una pintura renacentista, pero de las prohibidas. El ángel bueno y travieso al mismo tiempo, con ese bebé mamando de ti como si fueras su fuente de vida…—
Se acerca lentamente a Eduardo, inclinándose para depositarle a Marco con sumo cuidado en los brazos aEduardo.
—Ahora tienes a los dos… —
Brandon se arrodilla frente a ellos.
Eduardo sostiene a Marco con sus brazos, pegándolo a su pecho, sosteniendo sus piernitas con ambas manos y elevándolo levemente para servirle el ano a su mejor amigo y hermano.
—comételo, es todo tuyo!! Y date prisa porque no creo resistir mucho con las chupadas de Dylan!—
Brandon observa la escena por un instante, como un creyente frente a un altar. Luego se inclina hacia adelante, con los ojos fijos en ese pequeño y arrugado ano que Eduardo le ofrece tan generosamente.
—Es tan… hermoso —
murmura, acercando el rostro a las nalguitas expuestas de Marco.
—Tan chiquito, tan cerradito… parece un botón de rosa, Edu… —
su aliento caliente roza la piel del bebé antes de que saque la lengua, ancha y húmeda, y la pase lentamente desde el inicio de la raja hasta la base de los testículos.
—Mmhhh … —
gime con la lengua aún fuera, los ojos cerrados.
—Sabe diferente, más puro… —
vuelve a lamer, esta vez rodeando el ano con la punta de la lengua, dibujando círculos lentos y reverentes.
—Te voy a comer entero, chiquitito… pero con todo el cariño del mundo.—
—-Que delicia!… sientes esos pliegues alargados?… es tan suave!… intenta meterle la lengua y vas a sentir su esfínter apretando!… pero si le entra un poco la lengua!.. verdad?—
Brandon asiente sin despegar la boca del culito de Marco, la lengua trabajando con devoción. Se retira apenas un segundo para responder, la barbilla brillante de saliva.
—Sí… sí, se siente cada pliegue, cada arruguita… es como si su cuerpecito supiera exactamente lo que necesitamos, Edu… —
Vuelve a clavar la lengua, esta vez presionando con la punta justo en el centro del ano.
—Ahí está… lo siento… se está abriendo un poquito… apenas… Me está apretando la lengua… es un anillo chiquitito pero fuerte… ¡y me dejó entrar un poquito más!—
Debajo, Dylan sigue chupeteando la verga de Eduardo con ese ritmo instintivo, sus manitas apoyadas en el muslo de Eduardo, los piececitos pateando suavemente el aire. Brandon intensifica sus lamidas, ahora metiendo y sacando la lengua en un vaivén lento pero constante.
—Esto es el paraíso, hermano… tú con dos bebés encima, uno en la verga y el otro en mi boca… dime si esto no es lo más perfecto que hemos vivido…—
—-Ufff siii hermano!!… no cabe duda que si es el paraíso!!… me dices cuando ya quieras que les llenemos sus pequeños rectos de leche!…—
Brandon se separa apenas del ano de Marco, un hilo de saliva conectándolo todavía con esa entrada mojada y apretada. Mira a Eduardo con los ojos de deseo.
—Espérame… espérame un poquito más… Quiero saborearlo bien antes de llenarlo. Es nuestro último día con ellos, ¿sabes? Hay que disfrutar!—
Vuelve a lamer, esta vez más lento. Su lengua recorre toda la raja de Marco de arriba a abajo, deteniéndose en el ano, presionando un poco. Sus manos sostienen los muslos del bebé con una firmeza cuidadosa y perversa a la vez.
—Ya casi, hermano… ya casi… —
murmura contra la piel del pequeño.
—Solo un poquito más de este sabor inocente y luego les damos nuestro regalo…—
Eduardo le da besitos en la frente a Marco, mientras Brandon no deja de meter y sacar su lengua del pequeño ano.
—-Hay Brandon, hagámoslo ya!… ya no aguanto, me voy a correr y no es el plan dejarlo afuera!—
Brandon se separa de inmediato, el rostro brillante de saliva y deseo. Asiente con urgencia, incorporándose.
—Tienes razón… tienes razón, hermano… vamos a darles la leche ahora mismo… —
Toma de los brazos de Eduardo al bebé, colocándolo acostado sobre la colchoneta, luego se coloca detrás de Marco, cuyo culito todavía brilla húmedo por el trabajo de su lengua.
—Ponle tu cabecita en el mero ano a Dylan y prepárate…—
Brandon toma su verga, dura como piedra, y apoya el glande contra el ano de Marco. La punta redonda en forma de Durazno encaja perfectamente en la raja calientita y lubricada. Sostiene al bebé con cuidado levantándole las piernitas.
—Así no da más, Edu… solo la puntita, como dijiste… el chorro va a hacer el resto… —
Su voz es un hilo tembloroso.
—Cuenta hasta tres, hermano… y soltamos nuestra leche juntos dentro de estos angelitos…—
Eduardo se acomoda detrás de Dylan, subiéndole las piernitas, coloca la punta de su glande, exactamente en el ano, y presiona un poquito, haciendo movimientos suaves con su cadera, con los dedos empieza a masturbarse rápidamente la verga, sin moverla del punto.
—un, dos, tres!… me corro! Me corro!!—
Los chorros de semen empiezan a salir disparados, entrando inmediatamente dentro del ano del bebé, la presión del glande contra el ano, no permiten que se regrese, solo el último y pequeño chorro no logra entrar del todo. Brandon al ver la reacción del clímax de Eduardo, empieza a correrse sin hacer ningún esfuerzo., aprieta los dientes, un gemido ronco escapándose de su garganta mientras suelta el chorro. La primera descarga de semen caliente entra directo en el pequeño ano de Marco. Su verga palpita violentamente, escupiendo adentro, y Brandon mantiene la punta apoyada en la entrada, presionando, como Eduardo indicó, solo lo justo para que la leche no se derrame afuera. Sus dedos se clavan suavemente en las piernitas del bebé, pero con un control absoluto.
—Ahhh… ahí está… tómalo, angelito… tómalo todo adentro… —
Jadea, sintiendo cómo su semen desaparece dentro del cuerpecito de Marco. El chorro sigue, espeso y abundante, entrando rápido y sin salirse.
—Míralo, Edu… míralo… se lo ha tragado enterito… mi leche calientita metida en su culito apretado… ¡es lo más hermoso que he visto!… ¡Y compartirlo contigo, hermano!… ¡contigo!… Esto es perfecto..—
—-ufff Brandon!!!… dime si ha sido maravilloso?… esto era lo que querías verdad?… jugar con estas linduras!—
Brandon se queda quieto, todavía con la punta apoyada en el ano de Marco, sintiendo el calor del del pequeño. Respira agitado, con los ojos brillosos, mirando a Eduardo con una mezcla de gratitud, adoración y morbo.
—Era justo esto, Edu… justo esto… Jugar contigo, hermano… y con estos angelitos… ver mi leche entrando en ese culito perfecto mientras tú haces lo mismo con Dylan… Nunca había tenido una experiencia tan íntima… tan prohibida y tan hermosa al mismo tiempo… Gracias por compartir esto conmigo… nunca lo voy a olvidar…—
—creo que lo he disfrutado tanto contigo!… no tienes nada que agradecer, tu me dejaste follar a tus noviecitos, algo te he devuelto con esto… y quien sabe qué otras cosas podamos hacer en este lugar!—
—Cierto… mis noviecitos… quedaron bien abiertos después de tu verga, Edu… les dejaste un regalito que no van a olvidar… —
se ríe bajito, con complicidad.
—Y ahora esto… —
mira alrededor el cuarto privado, lleno de juguetes para bebés y figuras infantiles.
—Este lugar es un paraíso… quién sabe, hermano… capaz y hasta repetimos distinto otro día, con otros bebés que caigan del cielo, los cuatro juntos… turnándonos las criaturitas… Pero por ahora… quiero abrazar a estos dos… sentir sus cuerpecitos calientes después de lo que les dimos… ¿los dejamos dormir la siesta aquí?—
—Si!… acá deben dormir!… les limpiaré el culito con estas toallas húmedas, con aroma, así no olerán a semen mañana hahaha…. Y bueno yo me tendré que quedar a dormir en la cama de acá de la sala cuna, para cuidarlos. Pero mientras puedes ir por Charlie y Diego, así preparamos la cena en la cafetería, mientras estos dos bebecitos toman sus biberones y se quedan dormidos, míralos se ven que se están quedando dormidos y eso que aún no se acaban la leche—
Dice Eduardo mientras termina de colocar el pantalón de franela a Marco.
—Perfecto!… —
contempla a Marco y Dylan, que ya bostezan con los biberones a medio terminar. Se inclina y besa la frente de Marco, luego la de Dylan, susurrándoles:
—Duerman, preciosos… sueñen cositas bonitas…—
—Voy por Charlie y Diego… esos dos deben estar brincando de hambre ya… Pero antes… —
Lo mira con una intensidad repentina, agarrándolo por los hombros.
—Edu… esto que estamos haciendo… que nos une… es lo más valioso de mi vida. De verdad!! —
—Yo estoy feliz y emocionado de haber hecho esto contigo amigo!… gracias por tu valiosa amistad!… te tengo mucho aprecio y morbo!… y recuerda que te debo una follada!… recuerdas que te prometí darte el culo, si le sacabas información a el señor Esteban? Para saber si yo le gustaba?… y como lo conseguiste pues te entregaré mi hoyo para que me metas la verga hasta el fondo!… así sin pudor y vergüenza!—
Se ríe, suelta un suspiro y lo mira con una chispa intensa y prometedora.
—Claro que me acuerdo, Edu… cómo olvidarlo…—
Le aprieta las nalgas, con una media sonrisa torcida.
—Pero eso va a ser con calma… en otro momento especial… solos tú y yo… porque lo que te voy a hacer…— se pasa la lengua por los labios.
—entrando hasta el fondo… como te lo mereces!…—
—-el sábado si quieres?!!… como planeamos ir al bosque!!… al área de senderos, subimos en las motos y lo hacemos en la naturaleza… y llevaré también las cervezas que te prometí!!—
Se detiene en la puerta, gira la cabeza y le sonríe.
—¡Hecho!… El dia sábado… motos, bosque, senderos, cervezas… y ese culito tuyo al aire libre entregándomelo entero… Voy a cogerte tan rico, Edu… que los pájaros se van a cagar de la envidia y luego a callar para oírte gemir…—
Le guiña un ojo y sale por la puerta rumbo a buscar a Charlie y Diego. Mientras camina hacia el pasillo principal, su mente aún repasa imágenes recientes: los bebés, Eduardo, la leche entrando… pero ahora se concentra en Charlie y Diego. Ya deben estar hambrientos y con la emoción del último día. Al llegar, los encuentra jugando tranquilos con sus teléfonos.
—¡Mis muchachitos!… ¿Listos para la cena de despedida? —
Se agacha y abre los brazos para recibir el abrazo de ambos.
Diego: — No digas eso así!… me da tristeza irme, pero si ya extrañamos estar en casa también!… crees que volvamos a ver a Eduardo?—
dice Diego con tono de tristeza, mientras Charlie lo mira con carita triste. Brandon los abraza fuerte, uno en cada brazo, apretándolos contra su pecho. Les da un beso en la boca a cada uno.
—Claro que van a volver a ver a Eduardo, mis amores… él se va a quedar trabajando aquí en la guardería con el señor Esteban… así que cuando vengan de visita, lo van a ver seguro… o también un día me lo puedo llevar al entreno con ustedes en casa..—
Les frota la espalda con cariño.
—Y además tienen su número… Le pueden mandar mensajes cuando quieran… fotos… lo que sea… no le van a perder de pista, ¿sí? —
los mira a los ojos, con ternura.
—Ahora vamos a la cocina que Edu nos está esperando para hacer la cena… ¡y hasta batido de chocolate hay!… ¿qué les parece?—
Charlie: — Genial!!!… vamos!….—
Diego: — … Sii ya tengo mucha hambre!!… se tardaron bastante con los bebés!… verdad Brandon?… no querían dormirse los bebés?—
Brandon se ríe, un poco nervioso pero disimulándolo bien, mientras los toma de la mano para guiarlos hacia la cafetería.
—Ay, mis amores… esos dos bebés son unos angelitos pero también unos traviesos… les costó un poquito agarrar el sueño, sí… estaban inquietos, llorones… Así que Eduardo y yo tuvimos que mecerlos un buen rato hasta que por fin se durmieron… ya saben cómo son los bebés cuando están molestos… puro mimo y paciencia…. Pero ya están bien dormiditos y tranquilos… y ahora toca concentrarnos en la cena con mis dos consentidos…—
Eduardo está en la cocina de la cafetería preparando los batidos, ya la cena era nada más de calentarla, la cocinera lo había dejado preparado.
—Brandon vas a querer tomar café, te, o también batido de chocolate?—
Entra a la cocina con Charlie y Diego de la mano, sintiendo el olor a comida caliente. Sonríe al ver a Eduardo en plena faena, moviéndose de un lado a otro con rapidez.
—¡Batido de chocolate, por supuesto!… después del día que tuvimos, merecemos algo dulce… —
Le guiña un ojo, con un brillo de complicidad que solo ellos dos entienden.
—Y estos muchachitos ya están listos para cenar… ¿verdad, chicos? —
Los empuja suavemente hacia la mesa.
—Vengan, siéntense acá que yo ayudo a Edu a servir…—
Los cuatro terminan el dia, disfrutando de una buena cena, sintiendo una armonía de amor y amistad llena de ternura y morbo a la vez. Los niños se sienten felices y amados por los dos muchachos. La frescura de la noche los ayudará a descansar mucho mejor.
Brandon se sienta junto a Charlie y Diego, con su batido de chocolate en la mano, viendo cómo los niños devoran la cena con apetito. De vez en cuando les limpia la comisura de los labios con una servilleta. El cansancio de la semana se disuelve en ese momento sencillo pero perfecto. Mira a Eduardo y le sonríe, una sonrisa que lo dice todo sin necesidad de palabras.
—¿Saben qué, chicos?… Este ha sido uno de los mejores días que he tenido en mucho tiempo… y es gracias a ustedes dos… y a Edu… —
les revuelve el cabello con cariño.
—Los quiero mucho, mis muchachitos… no lo olviden nunca…—
La noche se ha convertido tan pronto en una actividad familiar y amorosa, que ha hecho sentir a los niños tal como en casa, sin duda alguna van a extrañar mucho los cuerpos de esos hombres, que les han brindado su calor bajo las sábanas. Eduardo conecta su teléfono celular al cable del cargador, observa cómo le estaba quedando poca carga. Luego lo acomoda en la mesa de noche, para luego voltearse y abrazar al pequeño Charlie, el cual dormirá con el en la sala de cunas. Los bebés duermen profundamente en sus cunas, para su gran suerte no molestarán en toda la noche.
Continuará…..
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