LA GUARDERÍA. CAPÍTULO 11
Continuación de las entrevistas para el nuevo equipo de trabajo. Eduardo y Esteban tendrán su segunda cita especial….
(Mientras tanto Eduardo pasa al siguiente candidato, es el joven de 23 años, estudiante de pedagogía).
—Tu debes ser Jimmy Fernández?
(Jimmy, un chico delgado de tez clara, cabello castaño ligeramente despeinado y de gafas redondas, se levanta del asiento en la sala de espera. Viste una camisa a rayas y jeans sencillos. Sonríe con timidez mientras se acerca a Eduardo.)
Jimmy: — Eh… sí, soy yo!. Jimmy Fernández. Mucho gusto.—
(Le tiende la mano con cierta torpeza, claramente nervioso. Sus ojos café parpadean detrás de los lentes mientras observa el entorno con curiosidad.)
—Siéntate por aquí!… relájate… creo que esta entrevista es un poco diferente a las que hacen en otros lados… Aquí en la guardería… somos como una familia, así que hay preguntas que te haré adicionales a lo que ya sabemos de ti.. dime! Porque te gustaría trabajar aquí?—
(Jimmy se sienta, colocando sus manos sobre las rodillas. Carraspea un poco antes de responder, su voz es suave pero entusiasta.)
Jimmy: — Bueno… desde pequeño me han gustado los niños. Soy el mayor de tres hermanos, así que prácticamente crecí cuidando chiquitos.—
(Se ajusta las gafas, ganando confianza.)
— Estudio pedagogía porque creo que la educación infantil es la etapa más importante. Y cuando supe que Pequeños Pasos buscaba personal… bueno, es una institución con mucho prestigio. Sería un honor aprender aquí, aunque sea empezando desde abajo.—
(Eduardo sonríe complacido, pues sabe que tener elementos con conocimientos de pedagogía, les puede ayudar bastante a mantener el equilibrio con aquellos otros que no tienen ninguna experiencia en el tema, más que solo el deseo de estar cerca de los pequeñines)
—Eso es importante para nosotros!… el conocimiento profesional!… y en las fotografías personales que enviaste, se ve que tienes buen cuerpo, estás en traje de baño en la piscina. Eres amante del nudismo o algo similar?—
(Jimmy se sonroja visiblemente, sus mejillas pecosas adquiriendo un tono rosado intenso. Se ríe nervioso mientras juguetea con el borde de su camisa.)
Jimmy: — Ah!, eso… no, no exactamente nudismo. Es que… bueno, en mi casa tenemos piscina y suelo nadar para ejercitarme. Mi papá tomó esa foto sin avisarme, y cuando vi que pedían fotos personales pensé que mostrar mi lado deportivo no estaría mal… Aunque… realmente cuando estoy solo en casa si disfruto de andar desnudo… pero nunca he tenido la oportunidad de estar en un lugar con otras personas y desnudo… creo que me faltan vivir ciertas experiencias! …con mi padre si solemos bañarnos juntos en la piscina y a veces desnudos, pero solamente con él, cuando estamos solos en casa…—
(Baja la mirada, un poco apenado.)
— No soy… o sea, no tengo problema con la desnudez, pero tampoco es que ande por ahí sin ropa en alun lugar publico. Y esa fue una foto de un día caluroso. ¿Está bien? ¿fue inapropiado enviar esa foto?—
—Claro que no! Jimmy, fue buenisimo que hayas enviado esas fotografías, pues es lo que necesitamos aquí, hombres sin prejuicios, sin tabúes, sin doble moral, de mente muy abierta… y con ese deseo intenso de experimentar en la vida!—
(Jimmy exhala aliviado, una sonrisa genuina reemplazando su expresión nerviosa.)
Jimmy: — Ah, qué genial. Me asusté por un momento. Pensé que había metido la pata!—
(Se acomoda en la silla, más relajado ahora.)
— …y si, soy muy de pensamiento amplio y discreto con lo que hago!—
—Perfecto Jimmy… por cierto aquí dentro de las instalaciones el Director necesita que utilicen un uniforme para dar las clases y actividades con los niños, es un mini short deportivo y camisa polo….—
(Eduardo saca su teléfono celular y le muestra la imagen de referencia, en la cual se ve a un hombre con el short muy corto luciendo los muslos y marcando paquete).
—…crees que te molestaría trabajar así?—
(Jimmy observa la imagen en el celular, sus ojos se abren ligeramente detrás de los lentes. Traga saliva pero mantiene la compostura.)
—oohh… es bastante corto, pero se ve muy bien…
(Se ajusta las gafas nuevamente, pensativo.)
—…supongo que si es el uniforme oficial y todos lo usan, no tengo problema. Además, para trabajar con niños pequeños es práctico, ¿no? Ellos gatean, corren, se ensucian… Un pantalón largo estorbaría más. Así que… no tengo ningún problema.—
—Exactamente esa es una de las razones por las que deberás usar ese tipo de ropa, principalmente para la época del verano.—
Jimmy: — Entonces está bien. No tengo ningún inconveniente. Además…—
(Se ríe bajito, señalando la imagen.)
— Siendo honesto, yo practico natación desde los quince años. Mis piernas son lo más trabajado que tengo, así que algo de provecho le sacaré a ese uniforme!—
(De repente se da cuenta de lo que dijo y se sonroja otra vez.)
— Digo… no es que quiera lucirme ni nada, solo que… bueno, me siento cómodo con mi cuerpo. Eso es todo!—
—Hehehe no te preocupes!… eso es genial! … ahh! olvidaba algo!… si el director te da su aprobación, la siguiente semana se les realizará exámenes médicos acá en la Guardería, es parte del protocolo de seguridad y salud…. Pues necesitamos proteger la integridad física de los niños!…—
(Jimmy alza las cejas con curiosidad.)
Jimmy: —¿Exámenes médicos? Ah, claro, tiene sentido. Trabajar con niños requiere estar sano y todo eso…—
—Así es!… bueno, acompáñame, te llevaré con el señor Monterrosa!—
(Eduardo guía a Jimmy hacia la dirección, lo deja con el director y regresa a la sala de Juntas, para continuar con los últimos dos candidatos, los cuales ya han tenido tiempo para platicar y conocerse entre ellos).
—Pasa adelante!… Alejandro Valladolid…. Eres tu?
(Es el joven de 28 años, chef profesional, originario de España, aunque ya tiene varios años de haberse mudado de su país)
(Alejandro se levanta con elegancia natural. Es un hombre de complexión atlética, tez morena clara y barba cuidadosamente recortada. Su acento español es marcado pero agradable.)
Alejandro: — El mismo, guapo!. Alejandro Valladolid, para servirte!—
(Sonríe con confianza mientras se acerca, estrechando la mano de Eduardo con firmeza y mirándolo directamente a los ojos. Viste una camisa de lino blanca y pantalones beige bien ajustados.)
Alejandro: — Y tú debes ser Eduardo, ¿verdad? El asistente del director. Vaya, no exageraban con lo de que aquí contratan gente atractiva.—
—Si soy!… gracias por el cumplido!… aunque no te quedas atrás eh!!… y escuchando tu acento!… eres de España?—
(Alejandro se ríe abiertamente, inclinándose ligeramente hacia Eduardo con actitud relajada.)
Alejandro: —¡Claro que sí! De Sevilla, concretamente. Aunque llevo ya siete años fuera de España… primero estuve en Miami, luego en Nueva York, y ahora aquí. Los chefs somos como gitanos, vamos donde nos lleve el fogón.—
(Cruza los brazos sobre su pecho, mostrando tatuajes sutiles en sus brazos.)
Alejandro: — Así que dime, Eduardo… ¿cómo es la cocina de esta guardería? Porque si termino trabajando aquí, esos niños van a comer como reyes, te lo aseguro!…—
—Vaya!… si que tienes bastante energía, Alejandro!.. y pues la cocina es muy bonita, de hecho hay dos áreas de cocina, una exclusivamente para los niños y otra para el personal adulto. Y bueno… en su momento te mostraré el lugar!… pero por ahora necesito hacerte algunas preguntas…—
(Alejandro asiente, adoptando una postura más profesional aunque mantiene la sonrisa.)
Alejandro: — Por supuesto, para eso estoy. Pregúntame lo que quieras! ..y puedes decirme “Alejo”.—
(Saca de su carpeta un currículum impecable y lo coloca sobre el escritorio.)
Alejandro: — Aquí tienes toda mi experiencia… pero imagino que también querrás conocer al hombre detrás del papel, ¿no?—
—Claro que si!… “Alejo” aquí somos como una familia y es importante la información de cada uno. Tengo acá en la información que me compartieron que eres totalmente gay, te consideras fetichista y eres de rol versátil… esos datos te los preguntaron por chat, cuando escribiste en el anuncio..—
(Alejandro suelta una carcajada franca, sin mostrar incomodidad alguna.)
Alejandro: —¡Vaya! Directo al grano, ¿eh? Me gusta. Pues sí, confirmo los tres datos. Gay desde que tengo uso de razón, fetichista… bueno, digamos que la cocina no es lo único en lo que me gusta experimentar.—
(Se inclina ligeramente hacia adelante, bajando un poco la voz.)
— Y versátil, sí. En la cocina y en la cama. No me gustan las etiquetas rígidas, ¿sabes? La vida es demasiado corta para limitarse a un solo plato del menú.—
—Excelente!… saberlo Alejo, me gusta tu forma de pensar… sabes el Director Monterrosa, necesita hombres sin prejuicios y discretos, pero sobre todo que amen a los niños y les tengan mucho respeto… por eso mismo te pregunto, que te motivó a querer trabajar entre niños?—
(Alejandro toma un sorbo de agua, sus ojos brillan con algo indescifrable mientras elige cuidadosamente sus palabras.)
Alejandro: — Mira, Eduardo… te seré sincero. Los niños son… fascinantes. Tienen esa pureza, esa “curiosidad sin límites”, esa forma de ver el mundo sin los filtros que nosotros los adultos ya tenemos. Siempre he pensado que la cocina es una forma de amor, ¿no crees? …Y qué mejor que compartir ese amor con quienes apenas están descubriendo sabores, texturas… (hace una pausa breve). …la vida misma. Además, un niño bien alimentado es un niño feliz, y un niño feliz te regala sonrisas que… bueno, que no tienen precio…—
—Me parece una forma de pensar maravillosa!… ya no te preguntaré más!… para mi… estás perfecto! … acompáñame!.. te llevaré con el director, que el es quien hará el resto!—
(Eduardo lo guía hacia la Dirección, le entrega a Esteban sus anotaciones y le guiña un ojo en modo de aprobación)
Esteban revisa rápidamente las anotaciones de Eduardo, sus ojos se detienen en la palabra «fetichista» subrayada, la cual recuerda que el mismo la anotó cuando estuvo metido en esa app de citas en la cual publicó el anuncio. También Eduardo anotó en la hoja, al margen «perfecto para nosotros». Una sonrisa sutil cruza sus labios.
—Gracias, Eduardo. Puedes retirarte y cerrar la puerta.—
Una vez que Eduardo sale, Esteban se levanta de su escritorio y rodea a Alejandro, observándolo de arriba abajo con aprecio nada disimulado. Su mano se posa brevemente en el hombro del joven.
—Así que… Alejandro!. …Eduardo parece bastante impresionado contigo, y déjame decirte que él no se impresiona fácilmente.—
Esteban regresa a su silla. Señala la silla frente a su escritorio, invitándolo a que tome asiento, mientras él se inclina hacia adelante, colocando sus brazos sobre el escritorio*
—Cuéntame más sobre esos… fetiches tuyos. Aquí valoramos la honestidad, la discreción y, sobre todo, la mente abierta… y en lo personal, me gustan las personas con fetiches!… pues eso dice mucho, saben lo que realmente les gusta!—
Alejandro: — de acuerdo señor Esteban!… digamos que como Chef profesional, soy tan fetichista en la cocina como en el sexo… pero no se si eso importa aquí?—
—Importa, Alejandro. Importa mucho más de lo que imaginas!—
(Se inclina hacia adelante, bajando la voz a un tono casi confidencial.)
— Verás… este lugar no es una guardería común. Aquí manejamos… digamos que ciertas libertades privadas que requieren personas con gustos amplios y sin prejuicios. Personas que entiendan que el placer y la belleza pueden manifestarse de formas… poco convencionales.—
Alejandro: — Comprendo señor!… pues… yo en total disposición para disfrutar cocinando o lo que usted necesite que yo haga!… por cierto! Aquí tiene mi carpeta, toda mi experiencia en cocina y las referencias de los lugares en donde he trabajado!… según tengo entendido… ummm la paga es muy buena!—
(Mantiene en algunas palabras su acento español)
Esteban toma la carpeta y la hojea sin demasiado interés en los detalles culinarios, sus ojos oscuros brillan con una chispa de picardía.
—La paga es excelente, sí!… Y has trabajado en sitios prestigiosos, eso habla bien de ti.—
(Cierra la carpeta y la deja a un lado.)
— Pero déjame ser claro, Alejandro. No solo necesito un chef. Necesito a alguien que entienda y no se escandalice si ve cosas que en otros sitios serían… mal vistas. Nuestros pequeños son especiales, hermosos, y merecen ser apreciados en todo su esplendor. Cuéntame porque te gustaría trabajar en una guardería cocinando para niños?—
—Ehhh… la verdad… voy a ser muy honesto!… cuando vi ese anuncio en la app gay de citas, me pareció extraño que alguien estuviese buscando hombres para trabajar en un lugar así, y cuando supe que era una “guardería”… dije: “genial”. Ese es el lugar que estoy buscando!… sabe? los niños disfrutan de la buena comida, y me encanta verlos disfrutar!… a diferencia de cocinar para adultos demasiado exigentes!…—
(Alejandro trata de sonar profesional y no dar sospechas de sus gustos sexuales hacia los niños)
—»Genial»… qué palabra tan apropiada…. Sabes, Alejandro… creo que nos entendemos perfectamente. Esa app de citas fue mi idea. Filtrar candidatos de mente abierta… porque mi objetivo es crear un equipo de trabajo que tenga el mismo sentir y que puedan transmitir a los niños todo su amor y dulzura!…
Dime, ¿cuál es el ingrediente secreto que hace deliciosa una comida preparada para niños hermosos?—
Alejandro: — Hacerlo con mucho amor señor!!!—
Una sonrisa amplia y genuina se dibuja en el rostro de Esteban. Sus dedos tamborilean sobre la carpeta de Alejandro con satisfacción.
—El amor… exactamente! No cualquier amor, sino ese amor especial! …Creo, Alejandro, que tú y yo nos vamos a entender de maravilla. El puesto es tuyo, iniciamos el viernes, con una capacitación, te espero acá a las siete treinta de la mañana, ese día te pondremos al tanto de todo lo demás!..—
Alejandro: — Excelente!! Gracias señor Monterrosa!… le aseguro que no se va arrepentir de haberme contratado!—
Esteban se levanta y rodea el escritorio para estrechar la mano de Alejandro, su apretón es firme, prolongado, y sus ojos oscuros lo miran directamente.
—No lo dudo ni por un segundo. Ah!, y una cosa más, Alejandro… aquí somos todos muy cariñosos con los niños. Abrazos… …contacto cercano. Si eso te incomoda, dilo ahora.—
Alejandro: — No!… para nada, al contrario daré todo mi cariño posible!—
—Perfecto. Porque nuestros niños no solo merecen la mejor comida… merecen el mejor cariño.
…bienvenido a la familia!—
Alejandro: — Gracias! Señor!…. Gracias!…—
(Alejandro sale de la oficina y se retira. Mientras tanto Eduardo, entrevista al último del grupo. Es el chico de 27 años, casado, al cual Esteban se refería a él como Heterosexgay)
—De acuerdo Zahir Lizama, entonces esas serían todas las preguntas… por mi parte… ahora acompáñame! Te llevaré a la oficina del señor Monterrosa…—
(Eduardo lleva a Zahir a la oficina de dirección, abre la puerta, le entrega la hoja de anotaciones a Esteban).
—Señor Esteban, el es Zahir Lizama, el sería el candidato para asistente de cocina!… se lo dejo para que lo entreviste! Con permiso..—
Eduardo sale y cierra la puerta. Esteban revisa rápidamente las anotaciones donde Eduardo ha escrito «Hetero casado – le gustan las mujeres pero ocasionalmente los hombres” expresión gay no definida – algo tímido – perfecto físicamente». Sonríe para sí mismo antes de levantar la vista.
—Zahir!… qué nombre tan interesante. Siéntate, por favor…—
(Lo observa detenidamente, notando su físico y esa aparente timidez que tanto le atrae.)
—Eduardo me dice que estás casado y que eres… ¿cómo lo describirías tú? ¿Heterosexual con curiosidad ocasional?—
Zahir: — Hehehe… que pena señor hablar de esto aquí… pero si! … a decir verdad, como me lo preguntaron en la aplicación de citas, digamos que en algún momento soy bisexual… pero soy heterosexual con mi esposa!—
(Esteban suelta una risa suave y comprensiva, apoyando los codos en el escritorio.)
—Tranquilo, no tienes que sentir pena. Aquí no juzgamos a nadie. Al contrario, valoramos la… flexibilidad. Y tu honestidad es refrescante.—
(Se inclina hacia adelante, estudiando su reacción.)
—Dime, Zahir, ¿tu esposa sabe que estás buscando trabajo en un lugar donde todos los empleados hombres son de mente abierta y sin prejuicios? Y necesito saber si eso sería un problema para ti?—
Zahir: —Bueno… ella sabe que estoy buscando trabajo aquí…. Pero es que ella no sabe de mis gustos adicionales… usted me entiende!… no creo que necesite saberlo…—
(Esteban asiente lentamente, su mirada oscura muestra comprensión y algo más… complicidad.)
—Claro que te entiendo, Zahir. Hay cosas que es mejor mantener en privado. La discreción es fundamental en este lugar!—
Se levanta y camina lentamente alrededor de Zahir, admirando su constitución física sin disimulo.
—Dime una cosa… nuestro chef, Alejandro, que acabo de contratar, es abiertamente gay y bastante… extrovertido. ¿Tendrías algún problema trabajando codo a codo con él? Porque aquí todos somos como una familia… muy unida!—
Zahir: —Nooo!… ningún problema!… de hecho, no se le nota nada, es bastante masculino!… y quizás por su acento español, es más agradable aún… tuve la oportunidad de estar conversando con él desde el principio, ya nos conocimos bastante! Es agradable… incluso ya intercambiamos nuestros números!—
(Esteban arquea una ceja, una sonrisa pícara se dibuja en sus labios.)
— Ah, ¿ya se conocieron bastante, eh? Qué rápido se mueve Alejandro. Ese español es puro fuego!—
(Se ríe y regresa a su asiento, apoyando la barbilla en sus manos entrelazadas.)
—Me alegra que se lleven bien. Mira, Zahir, el puesto es tuyo si lo quieres. Necesito alguien que sepa cocinar y atender niños, que siga instrucciones, que sea discreto y que no se escandalice por nada de lo que vea o escuche en esta guardería. ¿Crees que puedes manejar eso?—
Zahir: —Ufff yo estoy encantado con todo eso señor!!!… para mi es un sueño estar aquí!… imagínese que mi vida es un tema! hahaha, así que cuente con mi discreción y todo lo demás!… además este trabajo me va a ayudar mucho económicamente, aparte de disfrutar estar aquí!—
(Esteban se pone de pie y extiende su mano hacia Zahir, su mirada oscura brillando con satisfacción.)
— Entonces, bienvenido a Pequeños Pasos, Zahir!!. Empiezas el viernes, tendremos capacitación e inducción. El horario a habitual es de 7:00 a 16:00 horas, pero a veces necesitaré que te quedes hasta más tarde si hay alguna… actividad especial. ¿Algún problema con eso?—
Zahir: —Ningún problema señor!… por el sueldo que me ofrece, trabajo hasta la noche si gusta!!! Hehehe. …y no se preocupe, yo también quiero sentirme seguro aquí!—
(Esteban suelta una carcajada profunda, su pecho musculoso vibrando bajo la camisa ajustada.)
—Así se habla, muchacho. Me gusta tu actitud. Trabajador, discreto y con sentido del humor. Vas a encajar perfectamente aquí. El viernes, cuando vengas, te mostraré todas las instalaciones. Y tú, Zahir, desde ya formas parte de esta casa!—
Zahir: — Gracias nuevamente señor Monterrosa!—
(Le da la mano y se despide, saliendo de la oficina. Eduardo que está en el pasillo, lo acompaña hasta la recepción, ahí se encuentran a Alejandro, el cual estaba esperando a que Zahir saliera de su entrevista, al parecer se llevaran muy bien.
Eduardo observa la escena desde la puerta del elevador, cruzado de brazos, Una sonrisa satisfecha se dibuja en sus labios. Murmura para sí mismo, en voz baja.
— Qué par de chicos tan… prometedores. Y ese Alejandro ya merodeando como un lobo hambriento! Olfateandole la cola a Zahir! Hehehee …Esto se está poniendo muy, muy interesante!—
(Regresa a la oficina, Esteban está revisando nuevamente las anotaciones que hizo de cada entrevista).
— Hola Jefe!…. Que tal estuvo la contratación?… todos salieron buenos verdad?—
(Esteban levanta la vista del escritorio y le hace una seña a Eduardo para que se acerque.)
—Acércate y cierra la puerta, Eduardito. Sí!, mucho!, excelentes candidatos. Zahir es perfecto, necesitado económicamente, de mente abierta, dispuesto a quedarse horas extras… y Alejandro, bueno, el está completo.. ya solo es de empezar a ponerlos a prueba. El viernes que tengamos la capacitación de bienvenida, quiero que el nuevo personal te vaya reconociendo, no como mi asistente, si no como alguien con más autoridad aquí en la Guardería!… te lo mereces y lo haz ganado en tan poco tiempo!—
—Wow señor!!! …lo dice enserio?—
Esteban se levanta lentamente del escritorio, rodeándolo hasta quedar frente a Eduardo. Le pone ambas manos sobre los hombros, su voz suave.
—Completamente en serio. Has demostrado lealtad, discreción… y un talento natural para esto. No cualquiera aguanta lo que tú has hecho y has participado aquí. Eres especial, Eduardo—
Le da un apretón firme en los hombros, mientras lo mira fijamente a los ojos, como si quisiera confesarle lo que siente por él…—
—Mañana mismo te daré un aumento de sueldo y tu nuevo cargo: Coordinador de Gerencia. ¿Qué te parece?—
—Señor… eso es demasiado para mí!—
(Esteban niega suavemente con la cabeza, sin soltar los hombros de Eduardo.)
— Nada es demasiado para ti. Eres joven, sí, pero tienes algo que el dinero no compra, instinto, buen gusto y lealtad.
Cuando empezamos esto, no sabía hasta dónde llegarías. Pero verte ahí, observando, aprendiendo… participando… me di cuenta de que no eres un simple empleado, Eduardo. Eres mi aprendiz. Mi mano derecha. Y quizás… con el tiempo… mucho más que eso!…—
Retira las manos lentamente, como si hubiera revelado más de lo que pretendía. Los ojos de Eduardo se llenan de lágrimas, siempre su sencillez interior le hace sentir que no lo merece. Luego recuerda que hacía unas horas atrás había estado chupando el plug de su amor platónico, una sonrisa se le dibuja en los labios, eso lo hace sentir más orgulloso.
Esteban nota el brillo en los ojos de Eduardo y la sonrisa que se le escapa. Él también sonríe, con una mezcla de ternura y complicidad.
—Mírate. Llorando y sonriendo al mismo tiempo. Eres un caso, Eduardo!—
(Saca un pañuelo de la gaveta y se lo ofrece.)
—Límpiate esas lágrimas. Un coordinador no puede andar con los ojos llorosos or los pasillos.—
—Gracias señor… es usted una persona maravillosa!…. Por cierto le quería decir que, quizás uno de los chicos que recomendó Brandon tenga experiencia en contabilidad y con ellos completaríamos!… bueno es lo que creo…—
(empieza a repasar cuantos hombres necesitan contratar en total).
—La lista que realicé dice así: 2 para el área de cocina, 1 en recepción, 1 directamente para limpieza, 3 maestros y 3 cuidadores, 1 para la contabilidad…. Veamos cuantos nos hacen falta…—
(Esteban toma el papel y lo revisa con atención, sus dedos recorriendo cada línea.)
—Excelente trabajo, Eduardo. Muy organizado. A ver… cocina ya tenemos a Alejandro y Zahir. Recepción, vacante. Limpieza, vacante. Maestros, los tres profesores que entrevistamos primero… quedaron perfectos!, pero Brandon me dijo que tiene un cuarto candidato que vale la pena ver. Cuidadores, necesitamos tres y solo tengo dos confirmados. Y contabilidad…—
(Eduardo se acomoda en la silla, mostrando sus anotaciones sobre el escritorio de Esteban)
—Veamos nuevamente… anoté en la hoja!…. Tenemos a:
1- Emilio estudiante de pedagogía y bailarín, para maestro.
2- Mitsu el coreano, también para maestro.
3- Jimmy, también estudiante de pedagogía, para maestro.
4- Franco, exmilitar… el está para cuidador.
5- Alejandro y Zahir para la cocina y cafetería.
Entonces… nos hacen falta: 2 cuidadores, 1 recepcionista, 1 contador y 1 de limpieza… en total son cinco vacantes aún… pero aún falta que vengan a sus entrevistas los recomendados de Brandon, ellos son cuatro chicos!… si alguno de ellos se queda en recepción y otro en contabilidad y los otros dos serían cuidadores, solo nos haría falta alguien para la limpieza!!!—
(Esteban se recuesta en su silla, una sonrisa de satisfacción dibujándose en sus labios mientras tamborilea los dedos sobre el brazo de su silla.)
—Eduardo, eres un genio de la organización!. En menos de una semana has armado casi todo el equipo. Y lo mejor es que cada uno de estos muchachos tiene… el perfil que necesitamos!.
Para el puesto de limpieza… estaba pensando en alguien joven, quizás un chico de preparatoria que necesite dinero extra después de clases. Alguien que pase desapercibido, que no haga muchas preguntas. ¿Conoces a alguien así? ¿Algún primo, vecino…?—
—No… la verdad no conozco a nadie así, al menos no recuerdo…—
(Esteban asiente pensativo, pasándose una mano por la barbilla.)
—No importa. Ya se nos ocurrirá algo. A veces los mejores candidatos aparecen solos, como caídos del cielo.—
(Se pone de pie y camina hacia la ventana, observando el patio vacío de la guardería.)
—Por ahora enfoquémonos en los recomendados de Brandon. Si son tan buenos como dice, hoy mismo podríamos tener el equipo casi completo. ¿A qué hora vienen?—
—Los recomendados de Brandon están citados para las cinco de la tarde, recuerda que usted me dijo que a ellos, los citará al final de la tarde, ya cuando los niños se hubieran ido…—
(Esteban se gira lentamente, una sonrisa astuta curvando sus labios.)
—Ah, sí… qué memoria la mía. Tienes toda la razón, Eduardo. A las cinco, cuando el lugar esté vacío y podamos hablar con… total libertad.—
(Se acerca a Eduardo y le acaricia el hombro, su mano quedándose ahí un tiempo más de lo necesario.)
—Me gusta que estés tan atento a los detalles. Eso es exactamente lo que necesito.—
(Eduardo sabe muy bien que los recomendados de Brandon son de gustos muy pedo-especiales, también son morbosos y disfrutan del morbo por los chiquitines, así que las entrevistas las hará sin profundizar en temas sexuales).
—Wow!… vea que hora es!.. las 13:30, se nos fue volando el tiempo… desea que pida que le preparen algo de comer en la cafetería?—
(Esteban mira su reloj de pulsera y niega con la cabeza, una expresión relajada en su rostro.)
—Tienes razón, se nos fue el tiempo volando. Pero no, nada de que me preparen algo…. Vamos juntos a la cafetería, Eduardo. Así estiramos las piernas y seguimos charlando.—
(Abre la puerta de la oficina y le hace un gesto a Eduardo para que pase primero, su mano rozando brevemente su espalda cuando sale.)
—Además, necesito ver cómo está funcionando todo en el comedor.—
—Está bien señor!.. todo esto me dio mucha hambre!—
(Esteban suelta una risa, mientras caminan por el pasillo hacia la cafetería.)
—JajaJa!… a mí también se me abrió el apetito. Nada como una buena charla de trabajo para despertar el hambre, ¿no crees?—
Al llegar a la cafetería, saluda con una sonrisa a las cocineras y le indica a Eduardo que se siente en una mesa apartada junto a la ventana. Varios niños aún andan jugueteando en el área de juegos, Pablito los vió pasar hacia la cafetería, un par de minutos después llega a saludarlos, principalmente a Esteban. Pablito se le mete entre las piernas, debajo de la mesa abrazándolo.
Pablito: cómo estás?… ya no hemos jugado!—
(Esteban siente el pequeño cuerpo de Pablito abrazándole las piernas debajo de la mesa y ca carita del niño queda muy cercana a la verga, una imagen maravillosa, y su rostro se ilumina con ternura)
—¡Pablito, campeón!—
(baja una mano para acariciarle el cabello)
—… ¡Claro que no hemos jugado! He estado muy ocupado con papeleo, pero eso no es excusa, ¿verdad?—
(Le da una palmadita suave en la espalda y mira a Eduardo con complicidad.)
—Mira, Eduardo, este es Pablito. Uno de mis consentidos aquí en Pequeños Pasos. Un día de estos tengo que compensarlo con una tarde de juegos.—
(Eduardo sonríe imaginando la clase de juegos a los que se refiere. Eduardo sabe que Pablito es uno de los niños que aparece en un video chupándole la verga a Esteban).
—Pablito es un lindo!—
(Esteban le guiña un ojo a Eduardo, apreciando su sonrisa. Sus dedos siguen acariciando distraídamente la nuca de Pablito.)
—Es un verdadero tesoro este pequeñín… siempre tan cariñoso. (mira hacia abajo)
¿Verdad, Pablito? ¿Ya comiste algo, campeón? Veo que tienes energía de sobra hoy!—
(Una de las cocineras se acerca y Esteban pide el menú del día para ambos.)
Pablito: — siii hoy estuvimos pintando!… mira mis manos!—
(Esteban toma las manitas de Pablito entre las suyas, examinándolas con atención)
—¡Uy, mira eso! Tienes arcoíris en los dedos, chiquito— (le da un beso rápido en la palma manchada)
… Rojo, azul, amarillo… ¿y este color morado cómo lo hiciste? ¿Mezclaste colores?—
(Le suelta las manos y lo sienta sobre su pierna)
— Eres todo un artista, Pablito. Cuando termines tu próximo dibujo, quiero que me lo enseñes.—
Pablito: — Esta bien!…—
Pablito le acaricia la verga a Esteban sobre el pantalón, lo hace de manera automática. Eduardo no ve esa acción, porque la mesa le tapa, pero Esteban solo sonríe al sentir la manita traviesa.
Esteban mantiene la compostura impecable, aunque sus ojos brillan con un destello particular. Tose ligeramente y reacomoda a Pablito sobre su pierna, disimulando el movimiento.
—Bueno, bueno, campeón… creo que la señorita Clara te está buscando allá afuera!— (le da un suave apretón en la mejilla)
—… Corre a lavarte esas manitas de artista… ¿sí? Luego hablamos de ese dibujo que me vas a hacer.—
(Pablito se baja de las piernas de Esteban, se despide de Eduardo agitándole la mano. Esteban sonríe y admira la belleza de Eduardo. Sintiéndose entusiasmado de tenerlo y sentir que están formando un gran equipo.
Esteban observa a Pablito alejarse y luego vuelve su mirada profunda hacia Eduardo, apoyando los codos sobre la mesa.)
—Qué niño tan especial…—
(suspira con satisfacción)
— Y hablando de especiales… usted, Eduardo, me tiene gratamente sorprendido. En tan poco tiempo siento que formamos un equipo sólido, me encanta ver como te desenvuelves!.—
(La cocinera llega con dos platos humeantes y los coloca frente a ellos.
Esteban toma su tenedor con calma, aunque sus ojos no se apartan de Eduardo. Corta un trozo de su filete de pollo, lo mastica lentamente y luego señala a Eduardo con el tenedor antes de hablar.)
—…y no solo en lo profesional. Verte interactuar con los niños, con los candidatos… manejas todo con una mezcla de firmeza y dulzura que es exactamente lo que este lugar necesita. ¿Sabes? Creo que Pablito no es el único que me tiene impresionado hoy.—
(Deja el tenedor a un lado y se limpia la comisura de los labios con la servilleta.)
—Ahora, dime… ¿cómo te sientes con toda esta responsabilidad nueva? Porque a partir del viernes, cuando lleguen los nuevos, vas a ser su referente directo. Quiero que sepan que Eduardo Rivera es alguien a quien deben respetar… y temer un poquito, si es necesario!—
(Sonríe, mostrando esos dientes perfectos.)
—Gracias señor!… me siento entusiasmado realmente y a la vez agradecido con usted!… porque me ha dado esta gran oportunidad!… y por confiarme tanto!—
—No tienes nada que agradecer… te lo has ganado. La confianza no se regala, Eduardo… se construye. Y tú has sabido construirla, con cada gesto, con cada mirada, con cada decisión. Yo solo abrí la puerta. Tú entraste… y vaya que entraste bien.—
(Se inclina un poco hacia adelante, con los codos sobre la mesa y las manos juntas, en una postura que lo hace ver más íntimo y cercano.)
—Y te voy a ser sincero, me encanta que estés entusiasmado. Porque en este tipo de proyectos… no se trata solo de cumplir, se trata de desearlo. Esa energía tuya, mezclada con la mía, va a convertir a la guardería en algo único… algo que pocos podrían siquiera imaginar.—
—Me gusta mucho como suena eso que dice: “nuestras energías mezcladas”—
(Esteban baja ligeramente la mirada, como si saboreara las palabras de Eduardo, y luego vuelve a mirarlo con esos ojos oscuros y profundos, cargados de un brillo juguetón y peligroso.)
—¿Te gusta cómo suena?…—
(Se pasa la lengua por el labio inferior, lentamente, mientras desliza un dedo por el borde de su vaso.)
—A mí también me gusta… y más aún cuando lo pienso en serio. Tu energía es joven, fresca, atrevida. La mía… ha aprendido a moverse con más cautela, pero con mucha más intención. Juntas, pueden hacer cosas deliciosas.—
(Eduardo se pone nervioso al escuchar la forma en que le dice las cosas, y principalmente por esa palabra “deliciosas”. Eduardo lo asocia rápidamente al tema sexual. Y Esteban está pensando lo mismo).
—Hehehe… quiero aprender más de usted!—
(Esteban deja escapar una risa baja, vibrante, casi un ronroneo, mientras echa el cuerpo hacia atrás y se cruza de brazos. El gesto hace que sus músculos se marquen más, bajo la camisa.)
—Aprender de mí… mmm, cuidado con lo que deseas, muchacho. Porque yo enseño con el ejemplo, y no me ando con rodeos.—
(Se lleva un dedo a los labios y tamborilea suavemente sobre ellos, pensativo, divertido… y claramente excitado por dentro.)
—Pero si de verdad quieres aprender… tendrás que estar dispuesto a… bueno, a soltar ciertos prejuicios. A mirar más allá de lo que la gente llama «correcto». A tocar lo que otros ni se atreven a rozar. ¿Crees que puedes con eso, Eduardo?—
—Creo que puedo con todo… señor!—
—Me encanta esa seguridad que tienes. Es atractiva. Muy atractiva!…
Dime una cosa… cuando hablas de «poder con todo», ¿hablas en serio?—
—… siii señor!.. lo digo en serio!.. usted sabe que me esfuerzo en aprender y hacer las cosas bien!—
—Eso lo sé… te he visto trabajar. Te he visto observar. Y créeme, Eduardo… pocas cosas me emocionan más que un joven aplicado. Pero aprender ciertas cosas requiere… entrega. Lealtad. Y… cierta… curiosidad por lo prohibido. ¿Tienes esa curiosidad?—
(Eduardo traga saliva, sintiéndose más nervioso aún, pues sabe de que cosas prohibidas está hablando Esteban. Eduardo revive en su mente esos videos que su jefe guarda en la computadora).
—…pues digamos que soy bastante curioso en todo sentido, me considero un explorador de todo… y pienso que el mundo es para eso!… para explorarlo..—
—Un explorador… eso me gusta. Un explorador no se asusta con selvas oscuras ni con cuevas profundas… ¿verdad? Simplemente… observa, huele, toca. Y si algo le gusta, vuelve a probarlo!—
(Esteban se limpia suavemente los labios con la servilleta, mientras sonríe con esa mirada enamorada hacia Eduardo, el cual le corresponde sonrojándose)
—Wow!!… siempre lo admiro cada vez más!… me encanta como describe esas cosas!… es tan puntual y cierto lo que dice!… creo que soy un muy buen explorador!—
(Esteban alza el vaso lentamente, haciendo tintinear el hielo dentro de él, y lo sostiene un instante frente a él como si brindara en silencio con el aire. Su mirada no se aparta de Eduardo.)
—Me halagas… y sabes hacerlo bien. Pero dime una cosa, explorador… ¿qué es lo último que has descubierto en esta selva nuestra? Algo que te haya hecho pensar: «esto está mal… pero me encanta». ¿Tienes algo así?—
—-Hay!…. Señor… hay tantas cosas… hehehe pero… creo que… todos tenemos un poco de ser exploradores!… ya le iré contando poco a poquito!—
—Bien pensado!… un buen explorador nunca revela todos sus hallazgos de golpe. Sería como abrir el cofre antes de llegar a la isla. Pero escucha bien, porque esto es importante… cuando estés listo para compartir esos descubrimientos, yo estaré aquí. No me asusto fácil. Y además… me encanta escuchar lo que otros encuentran en sus expediciones más… privadas.—
—Hehehe de acuerdo señor!…. Lo tendré muy en cuenta!… sepa que yo soy siempre su admirador!—
Eduardo tiene la verga bien dura, por el tema de conversación que han estado tocando, trata de concentrarse para bajar su excitación. Esteban está en la misma situación, pero la mesa les cubre del medio torso hacia abajo. Esteban decide ir al baño antes de retirarse de la cafetería y regresar a la oficina. Y al levantarse se nota en su pantalón, la protuberancia de su verga gruesa, la cual ha estado creciendo con cada frase dicha, aunque no ha alcanzado su máximo tamaño, se puede notar fácilmente sobre la tela. Un show que Eduardo no pasa desapercibido, sus ojos se clavan sobre la verga de Esteban, mientras él se sale de la silla y la mesa, incorporándose y ajustando su camisa, intencionalmente presiona su semi erección contra el borde de la mesa, para darle al joven un pequeño espectáculo. Al rozar su bulto contra el borde de la mesa, exhala apenas un suspiro discreto, y se ajusta la camisa con una mano, mientras con la otra alisa la parte delantera de su pantalón… gesto que, más que ocultar, delata el bulto.
-Voy un momento al baño… necesito acomodar mi camisa…—
(Le guiña un ojo y camina hacia los baños, dejando tras de sí un rastro de perfume masculino y tensión sexual. Eduardo se queda casi hipnotizado, observando a Esteban caminar hacia el sanitario, su redondo trasero es difícil de ignorar)
— …ufff es una delicia todo lo que tiene…—
(susurra para si mismo)
Esteban desaparece tras la puerta del sanitario, pero antes de que la puerta se cierre del todo, gira un segundo la cabeza y observa a Eduardo de reojo. Sabe perfectamente que lo está mirando.
Ya dentro del baño, se toma un instante. Se mira al espejo, respira hondo y se moja un poco las muñecas con agua fría. Su erección sigue firme, presionando contra el pantalón. Sonríe para sí mismo, casi con orgullo.
—…Eres malo, Esteban… muy malo… deliciosamente malo…—
Se ajusta la verga lo necesario para que no sea escandalosa al salir, pero sin disimularla del todo.
Eduardo ya se ha puesto de pie y está afuera de la cafetería, caminando y relajándose, para que su erección se baje y Esteban no se dé cuenta que también el tema le despertó los sentidos.
Esteban sale del baño con el rostro más relajado y un pañuelo de papel en la mano, secándose los dedos con tranquilidad. Camina directo hacia la salida donde lo espera Eduardo y lo observa detenidamente, de arriba abajo.
—Listo!. ¿Vamos? Que aún tenemos cosas que hacer en la oficina… y entrevistas pendientes.
—Cierto Señor!.. las entrevistas de la tarde, los recomendados de Brandon!—
(Ambos caminan por el pasillo principal, hacia las gradas que dan al segundo nivel)
—…Los recomendados de Brandon… un chico interesante ese entrenador. Tiene talento en lo que hace!.—
Al llegar a las gradas, Esteban sube justo delante de Eduardo a propósito y su trasero carnoso se mueve rítmicamente frente a él.
—Siii!… Brandon es un excelente entrenador!… es muy habilidoso en todo lo que hace!… y estoy totalmente seguro que sus recomendados son perfectos para el trabajo!… pues me dijo que son de su confianza…—
(Esteban sonríe de medio lado, sin girarse. Sabe que Eduardo lo está mirando desde atrás, y la idea le fascina.)
—Que sean «de su confianza» es justamente lo que necesitamos. Y más aún si son… flexibles!. De una mente muy abierta, como tú y yo. Porque aquí no nos sirven mojigatos ni escandalosos!. Aquí necesitamos hombres que sepan guardar secretos… y crear otros nuevos!…—
(Eduardo le observa el trasero, en cada grada que sube, disfruta del movimiento de una nalga junto a la otra, su vista se enfoca justo en medio, en donde imagina está su delicioso y carnoso ano)
— …exacto! Es justo lo que necesitamos en este lugar!—
Esteban se detiene justo en el último escalón y se gira lentamente, quedando frente a Eduardo mientras ambos terminan de subir. Su sonrisa es cómplice y paternal.
—Qué bonito es estar en sintonía contigo, Eduardo… Es raro encontrar a alguien que entienda tan bien lo que hace especial este lugar!—
Retoma el paso y ya en el pasillo, mientras caminan hacia la oficina, baja un poco la voz, como quien comparte algo íntimo.
—Y hablando de secretos… ¿Brandon te ha contado algo más de esos chicos? Algo que no esté en los currículums, me refiero.—
—…..mmmm pues solo me dijo que son sus amigos de entrenamiento, ex compañeros de su trabajo anterior, pero que tienen muy buena comunicación! y que les fascinó la idea de trabajar con los niños en la guardería… es lo que me ha dicho!—
Esteban asiente lentamente mientras abre la puerta de su oficina y le hace un gesto a Eduardo para que entre primero.
—Buena comunicación… eso me gusta. Significa que se entienden sin tener que decirlo todo. Que saben leer entre líneas… y entre miradas.—
Cierra la puerta tras de sí y se apoya contra su escritorio, cruzándose de brazos. El bulto en su pantalón sigue siendo obsceno y visible.—
—Si estos chicos entran aquí, tenemos que instruirlos bien, para que se sientan realmente comprometidos con la cultura e ideología de la Guardería!—
(Eduardo se sienta en su propia silla y observa a Esteban. Baja la mirada hacia el paquete prominente que se le marca de una manera obscena y deliciosa. Traga saliva, mientras intenta disimular).
—Si señor!… haré todo lo posible porque el nuevo personal se vaya integrando y adoptando ese mismo sentir, todo lo que usted quiera!—
(Esteban se da cuenta de la mirada de Eduardo y sonríe con satisfacción.)
—»Todo lo que yo quiera»… mmm, me encanta oír eso de tus labios, Eduardo. Eres un chico muy… obediente.—
—Gracias!… señor!… hago lo que puedo!… además usted me inspira a serlo!—
Esteban sonríe con esa mirada de enamorado, y le pide nuevamente a Eduardo, que no le diga Señor, pues no quiere sentirlo tan lejos. Esteban se incorpora del escritorio y camina lentamente hacia Eduardo, apoyando una mano en el respaldo de su silla.
—No… nada de «señor» cuando estemos así, a solas. Me haces sentir como un viejo. Y yo quiero que me sientas… cercano. Muy cercano.—
—Hehehe… créame que me esfuerzo!… trataré de no decirle Señor!—
(Esteban inclina la cabeza, mirándolo fijamente con esos ojos oscuros y profundos.)
—Sabes, Eduardo… creo que necesitamos un… ejercicio de confianza. Algo que te ayude a soltarte más conmigo. ¿Estás dispuesto a intentarlo?—
—Y como que ejercicio cree que pueda ayudarme?—
(Esteban rodea la silla de Eduardo lentamente, como un felino.)
—Uno sencillo. Solo tienes que cerrar los ojos… y confiar. Yo me acercaré, y tú tendrás que sentirme sin verme. Reconocerme por el olor, por el calor… por la respiración. Es un juego que hacíamos en un taller de desarrollo sensorial… con los niños. Pero entre adultos, se vuelve mucho más… intenso. Pero lo haremos al final de la jornada!…. Te parece?—
—De acuerdo!… me parece muy interesante ese ejercicio!.. espero poder hacerlo bien!—
—Claro que lo harás bien. Confío en ti. Pero ahora… hay que seguir con lo nuestro. ¿Me traes los expedientes de los uniformes que dejé en recepción? Son dos carpetas! Quiero revisarlos antes de la capacitación del viernes.—
—Muy bien!… voy enseguida—
Eduardo sale de la oficina hacia la recepción a buscar las carpetas.
Mientras Eduardo sale, Esteban se queda de pie junto al escritorio, ajustándose discretamente el bulto en el pantalón. Murmura para sí mismo.
—Mmm… Eduardito… mi amorcito secreto! cada día más dispuesto…. Cada día lo deseo más!… pero me sorprende como tiene la capacidad para enloquecerme…—
Se sienta en su silla giratoria y comienza a tararear bajito mientras espera. Eduardo regresa a la oficina, el reloj marca casi las cuatro de la tarde. Esteban levanta la vista con una sonrisa cálida al verlo entrar.
—Perfecto. (Señala la silla frente a su escritorio.). … Siéntate aquí, a mi lado. Revisemos juntos estos diseños . Quiero saber qué opinas… de cada uno.—
(El reloj avanza, mientras ellos revisan los diseños para un futuro cambio. Minutos después suena el teléfono de la oficina, es la recepcionista que anuncia la presencia de los candidatos, los recomendados de Brandon)
(Esteban contesta el teléfono con su voz profesional de siempre.)
—Gracias….. Diles que pasen en diez minutos, por favor.—
(Cuelga y mira a Eduardo con una chispa traviesa en los ojos.)
—Bueno, Eduardito… llegó la hora de ver si estos chicos tienen… el perfil que necesitamos. ¿Listo para conocerlos?—
—Estoy más que listo señor!…—
(Eduardo sonríe emocionado, mientras siente la mano de Esteban apretando suavemente sus delgados dedos)
—No olvides… nada de «señor». Y ahora, a ponernos la máscara. Sonrisa profesional, mirada amable. Y mientras hablamos con ellos… observa todo. Cómo se mueven, cómo miran, si sus ojos se desvían cuando mencionemos ciertas… cosas.—
—De acuerdo!… estaré pendiente de todo!.. los vamos a entrevistar a uno a uno o en grupo?—
—Estaba pensando en entrevistarlos juntos, para ver cómo interactúan entre ellos. Así podemos evaluarlos de forma distinta, y como dices que se conocen entre ellos, será interesante.—
(Eduardo vuelve a sonreír, sonrojado. Esteban aún sigue sujetando sus dedos. Delgados dedos que desea tener un día metidos dentro del ano, incluso toda la mano, pero solo pasa en su mente como una fantasía.
Esteban suelta sus dedos con suavidad y le guiña un ojo.
—Bueno, hora de trabajar… y de jugar a ser detectives.—
(Eduardo se pone de pie y arregla su camisa, sale de la oficina y baja a la recepción, usando el elevador.
El elevador se abre y la delgada y bien formada figura de Eduardo aparece, llamando la atención de los chicos que esperan en la sala de recepción. Camina hacia ellos para presentarse y pedirles que lo acompañen).
—Buenas tardes chicos!! Soy Eduardo! Bienvenidos a la guardería!… por favor síganme!—
Los cuatro chicos se levantan y saludan a Eduardo con sonrisas amables, siguiéndolo por las escaleras. Son jóvenes, de entre 23 y 26 años, todos atléticos y atractivos, tal como Brandon los describió. En el salón de juntas, Esteban ya los espera de pie, con su mejor sonrisa profesional.
—chicos!. Bienvenidos a Pequeños Pasos… Soy Esteban Monterrosa, el director de la guardería y creo que ya conocieron a Eduardo! Él es el coordinador de la guardería, está después de mi persona en este lugar!. Por favor, tomen asiento. Eduardo, siéntate a mi lado.—
(Todos los candidatos saludan a Esteban acercándose a él y extendiendo la mano, luego cada uno toma asiento, mientras Eduardo observa desde su silla a un costado de Esteban. El cual les explica un poco de qué va la Guardería)
—Pequeños Pasos no es una guardería común. Aquí no solo cuidamos niños… los formamos. Les damos las bases para ser adultos seguros, curiosos y sin prejuicios, y principalmente disfrutar de todo ese proceso. Necesitamos hombres que transmitan esa testosterona a los niños y los ayuden a explorar y aprender en todo sentido! Por eso, nuestro equipo debe compartir esa filosofía. ¿Alguno de ustedes quiere compartir primero, por qué le interesa trabajar con nosotros?—
(Los chicos sonrientes se miran unos a otros para elegir quién de todos empieza a hablar primero. Están sentados al frente de Esteban, de derecha a Izquierda están: Carlos de 23 años, Zack de 24, Marlon de 23 y Eddy de 26. Esteban Les pide que se presenten uno a uno, indicando que experiencia tienen trabajando con niños?. Cada uno se presenta)
(Eduardo toma notas en su libreta, mientras cada uno habla.)
Hola! Soy Carlos, tengo 23 años—
(ex socorrista de piscina, ojos verdes, piel blanca, pecoso)
—Me gusta trabajar con niños, enseñarles a nadar… ver cómo pierden el miedo al agua. Esa confianza que se crea entre el instructor y el niño es especial, me encanta esa sensación de poder ser un guía y que me vean con admiración.—
Hola, me llamo Zack Durton, tengo 24 años— (piel canela, trenzas cortas, muy sonriente)
—Yo trabajé en un campamento de verano. Lo que más disfruto es la conexión genuina que se forma cuando un niño confía en ti para cosas que ni a sus padres les cuenta. Y de igual forma coincido con el pensamiento de Carlos, me gusta ser esa figura guía que ellos pueden admirar y apreciar! Creo que es algo que disfrutamos mucho!… pero mi experiencia en campamentos me ha permitido vivir muchísimas experiencias con los niños. He tenido a mi cargo grupos de niños pequeños de 4 y 5 años y también ya mayorcitos de 10 y 12 años!—
Yo me llamo Marlon Díaz, tengo 23 años, y…. (el más bajito del grupo, fornido, hoyuelos en las mejillas, cejas pobladas y barba bien definida)
—mi experiencia con niños no es tan grande como la de mis compañeros, pero… mi hermana tiene dos niños pequeños. Me encanta cómo se sorprenden con todo, cómo exploran… y cómo imitan lo que ven en los adultos… y pues estoy dispuesto a aprender todo lo que sea necesario, realmente me apasiona la idea de poder integrarme a la guardería!… Brandon nos comentó que estaban buscando personal y nos dijo que necesitaban hombres decididos… y muy discretos!… pues estoy a su disposición y servicio!—
Hola, yo soy Eddy Miller, tengo 26 años, soy el mayor de los cuatro!… hehehe.. ( ojos almendrados, amable, una sonrisa atractiva y picaresca)
—En cuanto a mi experiencia, trabajé dos años en un centro infantil en Canadá. Allá los métodos son más liberales. Disfruto cuando un niño descubre algo nuevo y ves sus ojitos brillar… me encantan los pequeñines… los bebés son una total ternura!… y aunque no tengo hijos ahora, me gustaría tener en un futuro los míos propios, o al menos uno, para criarlo a mi manera, por el buen camino del amor paternal!… y pues también estoy dispuesto a aprender todo lo necesario!—
(Esteban sonríe mientras los escucha, cada palabra y frase que comparten, es como si los conociera de antes y los ha estado esperando por mucho tiempo. Eduardo se siente muy complacido, porque los chicos tienen ese energía especial que puede sentirse en el ambiente. Esteban les explica que había pensado entrevistarlos por separado, pero que le pareció mejor hacerlo en grupo, y le ha parecido estupendo)
—Me alegra mucho escucharlos. De verdad. Cada uno tiene algo que me gusta… Carlos, esa paciencia que desarrollaste como socorrista! Zack, esa comprensión de la confianza íntima que mencionaste!. Marlon, esa fascinación por cómo los pequeños absorben lo que ven!. Y Eddy, esa experiencia con métodos más… liberales, como dices y la fascinación por los bebés…—
(Se inclina hacia adelante, apoyando los codos en el escritorio)
—Pequeños Pasos no es una guardería cualquiera. Y no busco empleados comunes. Busco hombres que entiendan que educar va más allá de cuidar… es guiar, es explorar juntos, es crear vínculos profundos. A veces en horarios… poco convencionales, los niños que tenemos en la guardería, por ahora son casi 30 pequeños, de padres que nos confían el poder cuidarlos y darles una guia y acompañamiento especial. Tenemos solo niños varones, ya que esa es la característica especial de la guardería, nos enfocamos solo en niños varones. Y dentro de todos hay niños que en casa les falta la figura paterna, no la han tenido, es entonces que ustedes harán un papel importante para transmitir esa cercanía y masculinidad que ellos necesitan tener cerca y aprender a amar y disfrutar. También varios de los niños son hijos de padres gay, los cuales están muy conectados con ellos, y nuestro deber es darles ese seguimiento paternal cercano!. El día viernes tendremos la capacitación inicial, les entregaremos los uniformes, y yo se que ustedes estarán encantados, ya que parte del uniforme son unas prendas especiales para que puedan lucir esos cuerpos que tanto cuesta formar en el gym!—
¿Alguna pregunta sobre lo que espero de ustedes?
Eddy: — pues…. Para ser honestos, Brandon habló con nosotros y nos dijo lo que realmente usted está buscando en los nuevos empleados… y… nosotros tenemos todo lo que ustedes necesitan!… y sobre todo discreción y dispuestos a aprender y trabajar!… verdad chicos?—
(Dice Eddy a los demás, los cuales responden afirmando entusiasmados)
(Esteban suelta una risa grave y cómplice, sus ojos oscuros brillan con una chispa de satisfacción)
—Bien… muy bien. Me gusta la honestidad directa, Eddy! Y me gusta más saber que Brandon ya les pintó el panorama completo. Así nos ahorramos los rodeos incómodos.
Pequeños Pasos está creciendo. Necesito un equipo de confianza… hombres jóvenes, entusiastas, con la mente abierta y sin prejuicios tontos. Hombres que entiendan que ciertos placeres requieren ciertos… privilegios.
Aquí van a encontrar algo que ningún otro trabajo les dará. Acceso a lo más dulce, a lo más inocente. Pero eso requiere lealtad absoluta. ¿Están dispuestos a eso?—
(Todos responden al mismo tiempo “si señor, estamos dispuestos”)
Sonríe ampliamente, mostrando esos dientes perfectos mientras cruza los brazos sobre su pecho.
—Así me gusta. Entusiasmo… obediencia… hambre de aprender y crecer!—
(Camina detrás de ellos, pasando lentamente, su perfume masculino dejando una estela mientras roza apenas los respaldos de las sillas.)
—Carlos… tus ojos verdes van a hipnotizar a más de un pequeño!. Marlon, esa energía jovial tuya es perfecta para ganarte su confianza rápido. Zack, con esa sonrisa fácil vas a ser el favorito en los campamentos de verano que estoy planeando. Y Eddy… tu experiencia canadiense me interesa muchísimo. Quiero que me cuentes más sobre esos métodos liberales… Más adelante…—
(Se detiene frente a ellos otra vez)
— El lunes empiezan los cuatro. Antes, este viernes por la mañana , haremos una… inducción especial, juntamente con el resto de los nuevos colaboradores, aquí en la guardería. Eduardo… es el coordinador de la Guardería, cualquier duda, consulta o si necesitan algo, pueden comunicarse con Eduardo y el estará a cargo de ustedes, eso significa que Eduardo es su jefe inmediato!. ¿Alguna objeción?—
— “No!… ninguna Señor!” Todo está claro!”—
Dicen los cuatro jóvenes, los cuales están ansiosos de empezar a trabajar. Dos de ellos trabajan en un almacén y renunciarán li antes posible, los otros dos están trabajando actualmente en el gimnasio y también dejarán el trabajo ahí para dedicarle el tiempo que merece la Guardería. Esteban les indica que todos recibirán la misma capacitación, pero que necesita a uno de ellos para trabajar en el área de oficina, por temas de contabilidad, y por lo que ve en sus expedientes, Marlon tiene experiencia trabajando en el almacén. Esteban mira a Marlon y le pregunta si está interesado en apoyar en lo administrativo, temporalmente.
Marlon se endereza en su asiento, sus hoyuelos se marcan al sonreír con una mezcla de sorpresa y orgullo.
Marlon: —Señor… yo… claro que sí. En el almacén llevaba todo el control de inventarios, facturación, cuentas por pagar… hasta ayudaba con la nómina a veces. No es lo más emocionante del mundo… pero será un placer apoyarles! Y si eso si eso significa estar y ser parte de la guardería y aprender de todo… acepto feliz. Además… supongo que desde la oficina se tiene una vista privilegiada de todo lo que entra y sale del edificio hehehe—
(Esteban sonríe mientras observa el rostro de satisfacción de Eduardo al escuchar a Marlon).
—Esteban: claro que hay una muy buena vista, la oficina está justo al lado de este salón de juntas, la vas a estrenar, vamos a organizar todo lo necesario para armarla y que estés lo más cómodo posible, ya después con el tiempo tendrás otro compañero. Y con respecto a ustedes tres…. Se irán rotando por semana, una semana estarán en recepción, la siguiente en salón de clase y la siguiente como cuidadores, así van aprendiendo de todas las actividades!—
(Carlos, Zack y Eddy asienten con entusiasmo, intercambiando miradas cómplices entre ellos.)
Zack: — «Rotar suena perfecto, así conocemos a todos los… pequeños.» (su sonrisa se ensancha un poco más de lo normal)
Carlos:— «Y en recepción uno ve entrar y salir a todas las familias. Buena posición para… conocer a los padres también, digo…”—
Eddy: —»Yo estoy especialmente interesado en la parte de cuidadores. El contacto más directo, el más… personal, aunque será de ver como es la dinámica en la guardería.”—
(Esteban observa a Eduardo con una ceja levantada, como diciéndole sin palabras «mira lo que trajimos a casa». Eduardo sonríe entusiasmado, luego les dirige unas palabras a los nuevos compañeros)
Eduardo: — Bueno chicos, desde ya les digo que son bienvenidos, espero que nos podamos llevarnos muy bien y por favor, no duden en preguntarme, si necesitan ayuda y espero contar con su apoyo y colaboración!… el viernes a las 7:30 empezamos, un día completo de capacitación, también van a conocer los uniformes, que estoy seguro… les va a encantar!—
—Sí, desde ya con lo poco que nos contó el señor Esteban… Creo que estarán geniales! …Porque en mis anteriores trabajos siempre me pedían cubrirme demasiado y la verdad… es hermoso enseñar un poco!—
(Zack suelta una risita)
Zack: — A Carlos le gusta mostrar el cuerpo. Se la pasa en el gimnasio… enseñando piernas! Hahaha—
Eduardo: …los uniformes son dos los que van a utilizar, y en efecto… son especiales para trabajar con nuestros niños… lo que sí les digo es… ustedes estarán súper cómodos!—
(Esteban apoya ambas manos sobre el escritorio, inclinándose ligeramente hacia adelante, su voz con un tono casi confidencial)
— Lo que Eduardo quiere decir, caballeros, es que en Pequeños Pasos pensamos en todo. Los uniformes están diseñados para… facilitar el movimiento, el contacto cercano con los pequeñitos.
El principal consiste en un short tipo deportivo, muy ligero, y una camisa polo de algodón suave. Nada de telas ásperas que puedan incomodar a un niño cuando lo cargan o lo sostienen contra ustedes. Y el calzado… zapato deportivo o tenis cómodo.—
(su mirada recorre a los cuatro nuevos lentamente)
—El segundo uniforme es para ciertos momentos del día, pero ya les daremos los detalles el día viernes!—
(Los cuatro chicos intercambian miradas y sonríen, imaginando que están en un momento soñado. Esteban les agradece a los cuatro y les indica que los espera el día viernes a las 7:30 de la mañana)
—Eduardo, ¿podrías acompañarlos hasta la salida?—
—Con gusto!…. Síganme por favor chicos!—
(Eduardo sale del salón y los cuatro compañeros detrás de él. Los conduce hasta la puerta principal, ya todo el personal se ha retirado, las luces del parqueo iluminan la entrada. Eduardo les abre la puerta y se despiden uno a uno de él)
Esteban observa desde la puerta de su oficina cómo Eduardo escolta a los chicos, sus ojos recorriendo las siluetas juveniles alejándose.
Cuando Eduardo regresa, Esteban lo espera recostado contra el marco de la puerta, los brazos cruzados sobre el pecho que marcan sus músculos bajo la camisa, con una enorme sonrisa.
—Se fueron contentos! Se nota que les gustó lo que vieron… y lo que escucharon.
Cerraste con llave la puerta principal, Eduardo. Ya no queda nadie más que nosotros dos…—
—Si señor!… la cerré, no se preocupe…—
(Esteban observa a Eduardo recoger sus cosas, una sonrisa inevitable se forma en sus labios, y le dice lo maravilloso que se ve cuando se desenvuelve en su trabajo. Se acerca lentamente, sus pasos resonando suaves en el pasillo vacío, la penumbra de las luces apagadas dejando solo la claridad de la oficina.)
—Eres un chico excepcional, Eduardo. Ver cómo manejaste a esos cuatro… con qué naturalidad les hablaste…—
(se detiene a un metro de él, sus ojos oscuros brillando con algo intenso)
—Me dan ganas de recompensarte esta noche. Por tu lealtad. Por entenderme tan bien sin necesidad de palabras.—
Eduardo traga saliva e inmediatamente su ano empieza a palpitar, como si entendiera que esa “recompensa” talvez se trate de la verga de Esteban rellenándole todo el interior. Pero solo son pensamientos en la cabeza de Eduardo, pues Esteban quiere invitarlo a cenar nuevamente.
—Re-con-pen-sar-me…. Señor? Hehehe gracias… no tiene que molestarse!—
Esteban se ríe suavemente, una risa grave que resuena en el silencio de la oficina, mientras sus dedos juguetean distraídamente con el borde de su escritorio.
—¿Molestarme? Al contrario. Disfruto consentir a mi asistente de confianza. Y tú, Eduardo… te has ganado algo más que un simple «gracias».—
(Esteban se gira hacia él, apoyando las nalgas contra el escritorio, el paquete grueso marcándose sutilmente bajo la tela del pantalón.)
—Vamos al restaurante encantador de la otra vez!… Comida italiana, vino tinto, un reservado privado… ¿Te animas a cenar con este viejo lobo?—
—Hehehehe gracias señor!… claro que me animo!!…. usted no es ningún viejo… usted es perfecto!…—
Eduardo mira disimuladamente el paquete marcado en la tela del pantalón, puede distinguir muy bien el contorno de la verga de Esteban, la cual baja curvándose sobre los gordos testículos, es casi apreciable el grosor de ese trozo de carne dormido, Eduardo se muerde el labio inferior. Sin que Esteban lo note.
Una sonrisa de satisfacción se dibuja en los labios de Esteban, mientras gira lentamente para tomar del escritorio, las llaves de su auto, dándole a Eduardo una vista completa de su trasero redondo y firme bajo los pantalones de vestir al inclinarse.
—Perfecto!, … entonces. Toma tu mochila y vámonos… ya tenía hecha la reservación para hoy!!—
(Caminan hacia la puerta, apagando la última luz de la oficina)
—Tú solo relájate y disfruta!—
(Eduardo observa el trasero de Esteban, suspirando levemente, con ese deseo inevitable de soñar despierto).
—Gracias señor!… dejaré mi motocicleta en el parqueo del sótano!… como la otra noche…—
(Esteban abre la puerta trasera del edificio que da al estacionamiento, su figura recortada contra la tenue luz del exterior.)
—Claro, déjala ahí. Nadie la tocará, y mañana puedes recogerla sin problema.—
Esteban se gira para mirarlo mientras saca las llaves del bolsillo de su pantalón, luego se acerca a Eduardo, que se sube a la motocicleta para llevarla al sótano.
—Me gusta verte en esa moto, ¿sabes? Tiene algo… salvaje. Pero esta noche prefiero llevarte yo! Sentir tu compañía!—
Eduardo se sonroja, mientras siente la mano de Esteban sujetarlo por la cintura, lo que hace estremecer su cuerpo, con una descarga de electricidad que hasta le entorpece el equilibrio. Su mano permanece firme en la cintura de Eduardo, estabilizándolo mientras caminan hacia la entrada del sótano bajo la luz amarillenta del farol.
—Uy, cuidado!. ¿Todo bien? No quiero que te tropieces antes de la cena.—
(Después regresan hacia el automóvil, Esteban abre la puerta del copiloto para Eduardo, su aroma masculino envolviendo el espacio entre ambos)
—Tranquilo, Eduardo! Solo somos nosotros dos, como la otra noche. Pero esta vez… con más confianza…—
—Si!… gracias señor Esteban, es que creo que me tropecé en el borde del pavimento…—
Eduardo sube al automóvil, sintiéndose muy especial, por el trato caballeroso de Esteban.
Cierra la puerta con suavidad y rodea el auto, sus pasos seguros resonando en el estacionamiento vacío antes de acomodarse en el asiento del conductor. Arranca el motor y el suave jazz empieza a sonar de fondo. Sus dedos tamborilean contra el volante, Lleva los puños de la camisa doblados a tres cuartos, lo que hace ver las venas en sus antebrazos marcándose bajo la luz del tablero mientras salen del estacionamiento.
—Me gusta consentirte, Eduardo. No cualquiera se sienta en ese asiento, ¿sabes? Solo personas importantes para mí. Y tú… te has vuelto indispensable en muy poco tiempo.—
—Gracias señor… le agradezco mucho ese valor que me ha dado y por confiar en mí… usted también es muy importante para mí!… sabe… en poco tiempo le he tomado mucho aprecio y cariño!…. Usted es muy especial para mí también!—
(sus ojos se apartan brevemente del camino para mirarlo, una expresión genuinamente cálida cruzando su rostro mientras el auto avanza suavemente por las calles nocturnas)
—Eduardo… esas palabras valen más que cualquier cosa. Saber que es mutuo este… aprecio.—
(una mano se despega del volante y se posa sobre su propia pierna, muy cerca de la rodilla de Eduardo pero sin tocarlo)
—¿Sabes qué me gusta de ti? Que eres sincero. No tratas de impresionarme con falsedades. Eres auténtico en tu… cariño. Eso para mí es un tesoro.—
—Hehehe… me alegro que sea así… y yo agradezco mucho que me valore más de lo que yo creo que debería hacer conmigo… pues sabe que lo admiro en todo!—
Eduardo acaricia sus propias piernas, sintiendo la textura de la tela del pantalón deslizarse contra la palma de sus manos.
El auto se desliza por las calles iluminadas de la ciudad, los dedos de Esteba tamborileando suavemente contra su muslo mientras una sonrisa pícara curva sus labios.
—Admirarme en todo, ¿eh? Vaya… eso es mucha responsabilidad para un hombre como yo.—
Esteban reduce la velocidad al acercarse a un semáforo en rojo, girando el rostro hacia Eduardo con esa mirada profunda que parece leer más allá de las palabras.
—¿Y qué es lo que más admiras de mí, Eduardo? No tengas pena… la noche es joven y solo nosotros dos podemos escucharnos.—
(Eduardo traga saliva, discretamente, intentando ordenar sus respuestas antes de hablar)
—…admiro su… su maravillosa personalidad!… y su increíble… también su belleza física!… hehehe bueno son dos cosas que más admiro!… pero ya le dije que todo lo que usted hace y es, me parece tan extraordinario!—
El semáforo cambia a verde pero sus ojos permanecen fijos en Eduardo un instante más, antes de acelerar suavemente, una risa profunda escapa de su garganta.
—»Belleza física»… mira nada más. ¿Así que me encuentras… físicamente bello? Cuidado, Eduardo, que me sonrojo.—
(Su mano se desliza del volante y se posa brevemente sobre la rodilla de Eduardo, dándole un apretón cálido y firme.)
—Me halagas. Y viniendo de un chico tan guapo como tú, el cumplido vale el doble. Pues como tu sabrás del gimnasio que tengo en casa… a mi edad mantenerse no es fácil. Pero me alegra que lo notes.—
—Hehehe!… usted sabe que es muy guapo!… no me lo niegue!… y tampoco diga “a mi edad”… porque usted no está viejo!…. Usted es un hombre extraordinario!… y gracias por decirme guapo!… pero yo que soy un flacucho!…. Hehehehe no veo en donde esté lo atractivo! Hahahaha—
(Eduardo ríe descontrolado por unos segundos y luego vuelve a calmarse, ahogando su risa en sus rosados labios)
Esteban frena suavemente frente al restaurante, un lugar elegante con luces cálidas y enredaderas en la fachada, pero antes de abrir gira completamente hacia Eduardo.
—No te menosprecies. Eres hermoso!. Y no solo por fuera… aunque ese cuerpito tuyo no tiene nada de «flacucho». Es ágil, joven… vibrante.—
Esteban apoya el brazo en el respaldo del asiento de Eduardo, acercándose lo suficiente para que su perfume lo envuelva.
—Si sigues riéndote de ti mismo, voy a tener que demostrarte frente al espejo del baño, lo equivocado que estás… Y ahora… ¿entramos a cenar o prefieres seguir pescando cumplidos en el auto?—
(Eduardo voltea a ver a Esteban, sus rostros quedan tan cerca a unos cuantos centímetros, la mirada de Eduardo baja de los ojos hacia los labios de Esteban, el cual lo mira profundamente. En ese instante el anfitrión del restaurante abre la puerta del copiloto para que Eduardo descienda. Esteban baja del auto y entrega las llaves al valet parking. Caminan hacia la entrada del restaurante, les dan la bienvenida. Esteban pide mesa especial para dos)
Anfitrión: — Bienvenidos!, señor Monterrosa… un gusto! Mesa para dos?—
Asiente con una sonrisa profesional al anfitrión, mientras su mano se posa sobre la espalda baja de Eduardo y luego se queda en la pequeña cintura, dando ese mensaje de protección y algo más.
—La de siempre, Alejandro!. Junto a la fuente del patio interior, por favor.—
Al llegar a la mesa, espera a que Eduardo se siente primero, sus manos ágiles para retirarle la silla. Eduardo nunca había sido tratado con tanta atención y cariño.
—Gracias Señor Esteban!… es usted muy amable! …por cierto! Le avise a mi madre que hoy llegaré más tarde!—
Esteban toma asiento frente a Eduardo, desdoblando la servilleta con movimientos precisos mientras una sonrisa lenta se dibuja en sus labios.
—Qué considerado de tu parte avisarle a tu mamá. Así no se preocupa… y nosotros cenamos sin prisas…—
(Sus ojos oscuros recorren el rostro de Eduardo con evidente aprecio.)
—¿Sabes? Me gusta que seas tan obediente y a la vez tan… curioso. Es una combinación poco común en muchachos de tu edad. La mayoría solo piensa en fiestas y tonterías.—
El mesero se acerca y Esteban pide una botella de vino suave, sin consultar la carta, claramente un cliente habitual.
—¿Te gusta el vino, Eduardo? O prefieres algo más… para empezar.—
—Si!, me gusta el vino… ese que pidió está bien!… recuerda la otra noche, tomamos dos copas… y estuvieron muy bien! Hehehe!—
El mesero se aleja y Esteban apoya los codos en la mesa, entrelazando los dedos bajo su mentón mientras lo observa con atención.
—Claro que lo recuerdo. Esa noche… estabas muy suelto, muy… sincero. Dijiste cosas que me hicieron pensar bastante en ti después. Cosas sobre lo que realmente te gusta. Y aquí estamos… otra noche, otra copa, pero esta vez con más confianza! No crees?—
El mesero regresa con la botella, sirve una pequeña cantidad para que Esteban pruebe. Él gira la copa, huele el aroma, asiente con aprobación sin apartar sus ojos de Eduardo ni un segundo.
—Perfecto. Sírvele al joven también!.—
(cuando el mesero se retira, Esteban levanta su copa hacia Eduardo)
— Un brindis… por la confianza. Y por el privilegio de cenar contigo!—
(Eduardo alza levemente su copa y sonríe).
—Gracias!… el privilegio es mío! …y entonces le gusta sentir el aroma del vino antes de tomarlo?—
(Esteban sonríe y le responde a Eduardo, que el placer de las cosas también se puede sentir a través del olfato, y que a él le gusta olfatear las cosas que le gustan, antes de probarlas, obviamente lo dice en doble sentido. Haciendo alusión a olfatear el ano antes de chuparlo, entre otras cosas corporales)
—Así es. El olfato… es el sentido más primitivo, Eduardo. Directo al cerebro, sin filtros. El vino se aprecia mejor así… oliéndolo primero. Lo mismo aplica para… otras cosas que uno desea probar con la boca. No crees?—
—Ufff… creo que coincido con usted en eso!… yo también soy muy olfativo… sabe!… me gusta olfatear ciertas cosas!… bueno, como usted dice “cosas que uno quiere comerse o probar con la boca”… hehehe.—
(Esteban está entendiendo que ambos hablan de lo mismo, un sentido sexual muy sutil, pero que ambos entienden que se trata de aromas corporales del culo o de la verga)
(Esteban Se inclina hacia adelante, acortando la distancia entre ambos sobre la mesa.)
—Me encanta cuando me entiendes sin necesidad de decir las palabras exactas. Esa complicidad… es difícil de encontrar.—
El mesero se acerca para tomar la orden. Esteban pide algo ligero y le recomienda otro platillo a Eduardo para que lo disfrute.
—Sientes el aroma en el ambiente? Es jazmín. Pero dime… hablando de aromas… hay algún aroma en particular que te vuelva loco? Algo que huelas y ya no puedas pensar en otra cosa?—
(su zapato, bajo la mesa, roza suavemente el tobillo de Eduardo)
—Si! El Jazmín huele muy bien!… pues con respecto a algún aroma, pienso que hay muchas cosas!… pero sobre todo cuando uno siente pasión por algo, se vuelve exquisito!… y usted tiene algún aroma en especial que lo vuelva loco?—
(Esteban ríe bajito, esa risa suya tan especial, que hace vibrar el aire entre los dos.)
—Mmm… dejame pensar en uno y responderte con honestidad… mmmm…. Me vuelve loco ese aroma natural que tiene un joven limpio, pero no perfumado. Ese olorcito que sale de la piel calientita… en ciertas partes… por ejemplo.. justo detrás de la oreja… o en la nuca… o más abajo…—
(Sus dedos juegan con la base de la copa de vino, mientras sonríe haciendo una pausa.)
—También me fascina el aroma más íntimo, más animal… ese que se descubre solo cuando ya hay mucha intimidad entre dos personas. Me refiero al aroma de ciertas partes del cuerpo que algunos tontos consideran sucias, cuando en realidad guardan la esencia más pura y excitante de una persona…—
Cuando el mesero se acerca a servir segunda ronda de vino, Esteban calla, pero apenas el empleado se marcha, retoma el contacto visual, esta vez más intenso y pícaro.
—El aroma a sexo de un joven hermoso es mejor que cualquier perfume francés.—
(Eduardo traga saliva, sintiéndose nervioso al Escuchar las palabras de Esteban, mientras su propia verga crece bajo sus pantalones, sin poder contener la erección, se imagina todo eso que Esteban dice, es tan perfecto, coincide también con el mismo. Eduardo acomoda la servilleta de tela sobre su pantalón, ocultando la erección)
—Wow!… señor… hehehe …me ha dejado sin palabras… la verdad usted… es tan impresionante, nunca me imaginé escuchar esas palabras de su boca… y es tan perfecto lo que dice!—
Esteban nota el movimiento de la servilleta, sus ojos bajan un instante y luego regresan a los de Eduardo, con una sonrisa de satisfacción disimulada.
Su propia mano se desliza bajo la mesa, acomodándose también, ajustando el bulto que ahora presiona incómodo contra la tela de sus pantalones de vestir, bastante abultado.
—No deberías sorprenderte tanto… Soy un hombre, Eduardo. Un hombre con gustos… particulares. Y creo que tú y yo coincidimos en muchas cosas, no crees?—
El mesero llega con las entradas, rompiendo el momento. Esteban le da las gracias y mientras el empleado se retira, pincha un bocado y lo lleva a su boca, masticando lentamente sin apartar los ojos de Eduardo.
—Lo que dijiste antes… sobre que yo soy impresionante… me gustó escucharlo de tu boca! No sabes cuánto. Pero no deberías idealizarme tanto, podrías decepcionarte…—
(Su tono es juguetón, pero sus ojos oscuros brillan con algo más profundo, mientras Eduardo le responde.)
—Siii… creo que voy descubriendo que compartimos mucho… y por eso cada vez lo admiro más…. obviamente yo solo soy un inexperto en mucho!…. Pero dígame… porque me dice que podría decepcionarme de usted?—
(Esteban deja el tenedor a un lado y se limpia los labios con la servilleta, tomándose su tiempo antes de responder.)
—Porque, Eduardo… yo no soy un hombre común. Tengo… gustos…. Gustos que podrían asustar a alguien que apenas está descubriéndose. En ese sentido, si yo digo lo que callo en deseos… tal vez alguien podría salir corriendo o pensar mal de mí.—
(hace una pausa, sus dedos tamborilean suavemente sobre el mantel)
—Pero tú no eres así, verdad? …Tú eres diferente. Lo veo en tus ojos. Esa chispa… esa curiosidad sin juicio. Eso es muy raro, Eduardo. Y muy valioso!—
(levanta su copa de nuevo, invitándole a brindar otra vez.)
—Brindemos por las personas valiosas. Por los que saben apreciar la verdadera naturaleza del hombre!.—
(Eduardo corresponde al brindis)
—No! Señor… yo no soy ese tipo de persona… creo que por eso lo admiro mucho!… porque usted es diferente y tiene esa forma tan especial de ser y de disfrutar de las cosas, y no me importa que sus gustos sean diferentes… yo nunca me voy a decepcionar de usted!—
(Esteban deja la copa sobre la mesa, por un momento.)
—Eduardo…. Eres un muchacho excepcional. Sabes eso? No cualquiera recibe mis palabras sin juzgar. Pero tú… tú me escuchas. Y me entiendes. Me provocas un sentimiento muy grande, sabes!… con tus ojitos… con tus palabras tan bonitas que me dices… gracias por aceptar venir a cenar conmigo!—
—Gracias a usted señor!… es un placer estar con usted aquí!… le puedo hacer una pregunta personal?—
(Esteban sonríe y se recuesta ligeramente en la silla)
—Claro que sí!. Pregúntame lo que quieras… después de todo, ya hemos compartido suficiente confianza esta noche. No tengo secretos para ti… bueno, casi ninguno.—
(dice con un guiño pícaro)
—Hehehe… gracias!… mi pregunta es… ¿porque una persona tan maravillosa como usted, está sola sin pareja?… bueno… no está obligado a responderme!, solo me causa tanta duda…—
(Esteban suelta una risa profunda y toma otro trago de vino antes de responder.)
—Ay, Eduardo… tocas justo donde más me gusta que me toquen. —
(se inclina un poco hacia adelante, bajando la voz)
— No estoy solo porque no pueda tener pareja. Estoy solo… por elección. Porque no he encontrado a alguien que entienda completamente quién soy. La mayoría de la gente quiere relaciones… normales. Convencionales, o con otros intereses… Y yo…—
(hace una pausa, mirándolo intensamente)
— Yo necesito a alguien especial. Alguien que no se escandalice. Alguien con la mente tan abierta que pueda aceptar… ciertos gustos que tengo. Como te dije antes, tengo ciertos gustos que asustarían a cualquiera. Y bueno… también que a veces es mejor estar solo que mal acompañado!—
—Ooh!! Si, lo entiendo perfectamente!… creo que coincidimos en eso también!, yo he estado solo por la misma razón, no he encontrado alguien que realmente conecte conmigo…—
(Esteban lo mira con una expresión de sorpresa y deleite)
—Mira nada más!… cada minuto que pasa me convenzo más de que encontrarte fue cosa del destino.—
(Coloca su mano sobre la mesa, muy cerca de la suya)
—Dos almas iguales trabajando juntas en la guardería. Quién lo diría. Y dime, Eduardo… ¿alguna vez has encontrado a alguien que aunque sea se acerque a entenderte? ¿O has tenido que guardarte todo para ti solito?—
—Pues, si he tenido un par de amigos… pero nada más eso… amigos, no he tenido la oportunidad de conectar a otro nivel, para mí los sentimientos y el corazón también es importante… pero aún hay tiempo en la vida… quizás llegue alguien algún día!—
(Esteban suspira suavemente)
—Quizás ese alguien esté más cerca de lo que imaginas.—
—Le digo algo…. a veces quisiera creer en eso, pero también pienso que todo tiene que llegar en el momento adecuado, no cree?—
(Esteban asiente lentamente, con una sonrisa misteriosa.)
—Totalmente de acuerdo. El momento adecuado… las circunstancias adecuadas… la persona adecuada. Todo se alinea cuando tiene que alinearse.—
El tiempo de la cena transcurre entre risas y suspiros. Han terminado de cenar y tres copas de vino corren ahora por sus cuerpos, lo normal para Esteban, pero Eduardo se siente más desinhibido. Salen del restaurante, Esteban se acomoda en el asiento del vehículo, mientras Eduardo se abrocha el cinturón, el automóvil sale del estacionamiento del restaurante, pasando debajo de los árboles y las luces colgantes se reflejan en el vidrio trasero, como si los despidieran adornándoles la noche.
Esteban conduce con una mano en el volante, relajado, mientras la otra descansa sobre su muslo. La calefacción del auto y el suave jazz de fondo hacen el ambiente cálido y acogedor.
—Qué noche tan perfecta, ¿no crees? La luna está hermosa… y la compañía ni se diga!.—
Gira brevemente la cabeza para mirar a Eduardo con una sonrisa relajada, sus ojos brillando por el efecto del vino.
—¿Todo bien Eduardo? El vino te ha relajado bastante esta noche… me gusta verte así, más… libre.—
—Siii… todo bien Señor!… ese vino estuvo muy bueno!… le hacía falta a mi cuerpo!—
(Esteban ríe suavemente)
— Me alegra que lo hayas disfrutado. A veces el cuerpo pide exactamente lo que necesita… aunque no lo sepamos conscientemente. …yo conozco otras formas de beber el vino y otras bebidas!… es una forma nada habitual, solo para mentes que les gusta experimentar el placer!—
—Hehehe… eso suena bastante interesante!… un día me tendrá que decir como se hace!.. o quizás enseñarme a hacerlo!—
(Esteban frena suavemente en un semáforo y gira completamente la cabeza hacia Eduardo, sus ojos oscuros brillando con picardía)
—¿Enseñarte? Claro que sí . Pero te advierto… mis métodos de enseñanza son muy… prácticos. Y requieren mucha confianza.—
(el semáforo cambia a verde y acelera suavemente)
—Yo confío en usted…. De eso no se preocupe!—
Eduardo sonríe con picardía, pues sospecha cuales son esas otras formas de beber el vino y otras bebidas. Eduardo es bastante explorador del placer anal, y aunque sabe de que se trata, prefiere actuar como si no supiera absolutamente nada del tema. Llegan a casa de Eduardo, estaciona el automóvil un poco antes, para no quedar tan al frente de la pequeña casa. Su mano se posa suavemente sobre el muslo de Eduardo, mientras le agradece el momento compartido.
La mano de Esteban se queda unos segundos más de lo necesario sobre el muslo de Eduardo, su pulgar acariciando suavemente la tela del pantalón.
—Gracias a ti, Eduardo. Esta noche ha sido… reveladora. Y no quiero que termine todavía. Mañana en la oficina tengo algo importante que mostrarte. Un… expediente especial que quiero que revises, es de uno de los niños. Solo con alguien de mi absoluta confianza.—
—Está bien señor… será un gusto!—
Esteban se baja del auto para abrirle la puerta a Eduardo, haciéndolo de una manera dramática, con movimientos caballerosos para hacerlo sentir más importante. Mientras tanto la madre de Eduardo se ha asomado discretamente a la ventana, viendo entre las cortinas el automóvil que se estacionó casi a un costado, dándose cuenta que es Eduardo y su querido Jefe, el Señor Monterrosa. Ellos son ajenos a que están siendo observados.
Esteban hace una reverencia exagerada al abrir la puerta, con una sonrisa juguetona.
—Señor Jorge Eduardo Rivera!… ha sido un verdadero honor esta noche…—
(Le ofrece la mano para ayudarlo a salir del auto, sus dedos rozando los de Eduardo con una caricia suave.)
—Que duermas bien… y que sueñes con cosas… interesantes.—
(Se inclina ligeramente hacia él, bajando la voz.)
—No puedo esperar a verte mañana. Vas a tener un día muy revelador también!—
Eduardo se deja llevar por la mano de Esteban, el cual lo guía un poco más atrás del auto y luego lo sujeta de la cintura con ambas manos, mirándolo fijamente a los ojos, y sonriendo le dice: “ojalá que después de esta noche me dejes de llamar… Señor!”
Esteban se inclina hacia él, dándole un beso en sus rosados labios. Eduardo cierra los ojos suspirando, y corresponde el beso que le acaricia suavemente los labios. Esteban quisiera seguir pero solo dura unos segundos, se retira lentamente sintiendo el corazón palpitando a gran velocidad. Se retira lentamente de Eduardo, sus dedos aún descansando en la cintura. Suspira suavemente y sonríe con los ojos brillantes.
—Ha sido una noche maravillosa. Gracias por tu compañía … y por esto.—
(le acaricia suavemente la mejilla)
—Ahora entra, que hace frío y no quiero que te enfermes.—
(Eduardo esta temblando, el calor le ruboriza el rostro, apenas y le salen las palabras, de lo sorprendido que lo ha dejado Esteban)
—..si, si… gracias a usted también por todo!…—
(coloca su mochila en el hombro y se aleja hacia la entrada de la casa, Esteban lo observa con una sonrisa y le guiña un ojo antes de subirse al auto)
— Hasta mañana, Eduardo!…—
Esteban espera hasta que Eduardo abre la puerta de su casa, luego se sube al auto y avanza lentamente. Ya en el camino, se toca los labios y sonríe para sí mismo, sintiendo que el corazón aún le late con fuerza, los pensamientos se desbordan en su mente imaginando mil cosas.
Eduardo entra a su casa, su madre quien presenció todo desde la ventana de su habitación en el segundo nivel, está hecha un manojo de nervios, tratando de tranquilizarse para disimular que no vio nada. Pues aunque sorprendida, al mismo tiempo se siente emocionada, pero también se preocupa por el bienestar de su hijo.
—Hola Mamá!… ya regresé!!—
(Dice Eduardo desde el pasillo, pues sabe que su madre aún está despierta; la madre baja las escaleras con una bata puesta, fingiendo un bostezo)
—Que bueno hijo!… todo bien? Aunque creo que si, pues estabas en buenas manos…—
(se acerca a Eduardo y le da un beso en la frente)
—¿Cenaste bien? El señor Monterrosa es todo un caballero, ¿verdad? Siempre tan atento contigo…—
—Si!… cené bien mamá, no te preocupes!…. Él…. él es muy especial conmigo…. —
(la madre entrecierra los ojos, con una sonrisa tierna.)
—Especial?…. y eso me gusta!… que traten bien a mi hijo!…—
(se cruza de brazos, recargándose en la pared)
—….y dime Eduardito!…, sabes si el Señor Monterrosa tiene esposa, esposo, novia o novio? … acaso ya te dijo si está soltero?—
—El es totalmente soltero mamá!… totalmente soltero!!—
(Lo dice con una sonrisa que le ilumina el rostro, y no puede evitar poner cara de estúpido. Su madre arquea las cejas y suelta una pequeña risa)
—hehehe …Soltero… totalmente soltero!… y se te nota en la cara que eso te alegra más de lo que quieres admitir!—
(se acerca y le da un pellizco juguetón en la mejilla)
— Mira nada más esa sonrisa tonta que tienes, Eduardo!. No me digas que mi hijo ya se está enamorando de su jefe—
—Hay mamá!… no me digas eso!…. No me estoy enamorando!…—
(Eduardo se sienta en el sofá, mientras expresa sus argumentos).
—No te voy a negar que el Señor Monterrosa es muy atractivo y…. también atento conmigo… y pues es agradable saber que es soltero, de lo contrario sería diferente….. no crees?—
(La madre se sienta a su lado, pasándole un brazo por los hombros)
—Ay hijo!, no tienes que explicarme nada. Se te nota a kilómetros… Y está bien, ¿eh? No todos los días un muchacho como tú encuentra a alguien que lo haga sonreír así.—
(le da un beso en la frente)
—Pero eso sí… apenas acabas de empezar a trabajar ahí. Ve con calma. No vayas a espantarlo. Y si de verdad él vale la pena… pues aquí tienes a tu mamá para apoyarte!—
—Enserio mamá??? No te molestaría que yo llegue a tener algo con el? Por ser mucho mayor que yo?—
(La madre suspira suavemente y le acaricia el cabello)
—Eduardo, mi amor… lo único que me molestaría es verte triste o con el corazón roto. La edad no me importa, ni que sea hombre. Eso ya lo sabes.
Además, se nota que es un caballero. Educado, serio, con un buen trabajo. Si te trata bien y te respeta… ¿qué más puedo pedir como madre? Eso sí, no quiero nietos todavía… ah no, espera… hahaha—
—Hahaha y aunque lo digas de broma!… con los niños de la guardería ya es suficiente!… aunque sabes muy bien que podríamos adoptar! Hahaha—
(Eduardo ríe felizmente, mientras se acomoda el cabello)
—…soy demasiado joven aún para ser padre!—
(La madre se ríe a carcajadas)
—¡Ay Dios mío, este muchacho! Ya está pensando en adopción y ni siquiera ha surgido algo formal.
Mira, mejor ve paso a paso. Hoy fue la cena, mañana Dios dirá. Pero me gusta verte feliz, de verdad. ¿Quieres que te prepare algo calientito antes de dormir?—
—Pues hoy fue una cita formal, fuimos a cenar a ese buen restaurante!…. El ya tenía reservada la mesa y yo no sabía!…. Y no te preocupes mamá, estoy bastante lleno!—
(La madre abre los ojos con sorpresa y una sonrisa pícara)
—¡¿Reservación?! ¡Ay Eduardo, eso ya es otra cosa! Ese hombre sabe lo que quiere y va en serio. No cualquiera prepara algo así para un primer encuentro fuera del trabajo…—
(se pone de pie, acomodandose la bata)
—Mira nada más, y yo pensando que era una salida casual de jefes. Ese señor Monterrosa te miró con interés desde el principio, te lo aseguro. Pero me alegro, mi amor. Mañana me cuentas cómo sigue todo. ¿Seguro que no quieres nada antes de dormir?—
—Si, seguro! Estoy lleno, no te preocupes!… me iré a dormir!—
(Le da un beso en la mejilla y un abrazo)
—eres la mejor madre del mundo!!!—
(Eduardo sube a su habitación y cierra la puerta, saca de un lugar secreto el bikini que le robó a Esteban, lo pone en su nariz olfateando profundamente el aroma a verga que aún conserva de Esteban. Se acuesta en la cama y habla para si mismo en voz baja)
— “No lo puedo creer!!! Me dio un beso!… fue tan pequeño, corto, pero a la vez tan especial!…. Wow sus labios en mi boca!!! Esto no puede estar pasando!… será que yo realmente le gusto?…. No lo sé…. Mañana no se que haré cuando lo vea nuevamente”—
El reloj marca las once de la noche. En casa de Esteban, él se acaba de dar una ducha caliente. Se pasea desnudo frente al espejo del baño, secándose el cabello con una toalla pequeña.
Mira su reflejo. Su mirada se posa en su cuerpo aun bien formado para los años que tiene. Luego sus ojos bajan lentamente hasta su verga morena clara, venosa, que cuelga gruesa incluso en reposo. Se acaricia suavemente los testículos, pesados y colgantes, mientras piensa en los acontecimientos de la noche. En la cena, en las miradas de Eduardo, en la confesión frente al vino… y en el beso.
—»Ay, Eduardo… tan hermoso … tan inocente y a la vez perverso, siento que tienes esa chispa especial. Te ganaste mi corazón completo.”—
(Sonríe para sí mismo, mientras se acaricia la verga que crece lentamente)
— Mmmm me imagino como se vería Eduardo sentado en mi verga, hasta el tronco!—
Las luces de la casa de Esteban se van apagando, varias están programadas según horario. El mayordomo del servicio aún está despierto, se ve al fondo del jardín el área de las habitaciones del servicio. Aunque Esteban está solo, no vive completamente solo, pues tiene tres personas que trabajan en su casa, es una casa lo suficientemente grande, amplia y con todos las comodidades que el dueño de una corporación puede tener. La noche transcurre de maravilla y el sueño envuelve la ciudad y a sus habitantes.
Esteban apaga la luz del baño y camina desnudo hacia su cama king-size, sintiendo la suave brisa del aire sobre su piel aún húmeda.
Se recuesta sobre las sábanas de seda, una mano descansando detrás de su cabeza y la otra perezosamente acariciando su miembro semi-erecto mientras mira hacia el techo.
—Eduardo… ese chiquillo… tan hermoso, tan dispuesto. Y esa confesión en la cena… «aceptaría todo de usted»… Dios, casi exploto de un orgasmo ahí mismo en el restaurante.—
Se gira hacia un lado, tomando su teléfono de la mesa de noche. Abre la conversación de WhatsApp con Eduardo, mira su foto de perfil por unos segundos, sonríe y luego bloquea el teléfono, dejándolo a un lado.
—No, mejor no escribirle. Que duerma. Mañana será un día… interesante.—
continuará….
Si eres amante de esta historia, deja tus comentarios, me motiva a continuar escribiendo!

Dejar un comentario
¿Quieres unirte a la conversación?Siéntete libre de contribuir!