Los que leen, los que esperan, los que arden conmigo
Una entrada de CRÓNICAS DEL EDÉN.
Publicado el 20 de mayo, 01:47
A veces, cuando la casa duerme y yo me quedo despierta con la pantalla como única lámpara, me pongo a leer lo que me dejan. No los likes ni las visitas —eso nunca me importó—, sino las palabras. Las que ustedes escriben con la misma urgencia con que yo escribo las mías. Palabras que son caricias, preguntas, confesiones, a veces gemidos. Y me quedo ahí, desnuda, con el ventilador girando y Miguel roncando del otro lado de la cama, y siento que este pequeño mundo que construimos no es solo mío. Es nuestro.
Hoy quiero hablarles a ustedes.
A los que leen con el cuerpo
Hay quienes me escriben y me cuentan que me leen con una mano. No me escandalizo. Sería hipócrita. Yo escribo con una mano a veces, la izquierda sobre el teclado y la derecha sobre mi conchita, mojada antes de terminar la primera frase. Escribir sobre Leo, sobre Lara, sobre Miguel, es escribir sobre el deseo. Y el deseo no se piensa: se siente. Si lo que escribo te la pone dura, te moja, entonces estamos en sintonía. El Edén no es un museo para mirar de lejos: es una cama grande donde todos estamos invitados.
A @OsitoCarinoso: gracias por el amor. A @worth.dp666: esa frase, «edging literario», me la guardo. Es exactamente eso: llevar al borde sin caer, hacer desear sin dar. A @PitoInsaciable: transcribiste un momento que también fue mi favorito, ese donde Leo dice «Sí» con la voz quebrada. Me alegra que te haya resonado. A mí me dejó temblando.
A @JovenSabroso: sí, me quedé con ganas. Siempre me quedo con ganas. Ese es el secreto. Si me diera todo lo que quiero en el momento en que lo quiero, no escribiría. Escribo para procesar lo que no termina de pasar. Y a @Regueton, que pregunta por la libertad de Leo y Miguel: no es igual, tenés razón. Lara es la más libre porque es la más chica, la que todavía no carga con la conciencia del tabú. Leo y Miguel se contienen más. Yo también me contengo. Pero en esa contención está la electricidad. Si todos hiciéramos todo lo que quisiéramos, el Edén sería un caos. Y no lo es. El es orden.
A los que preguntan cosas profundas
A @fercho1964, que pregunta por la culpa de Leo: sí, creo que a veces siente algo parecido a la culpa. Pero no es la culpa católica, la del pecado. Es otra cosa: es la conciencia de que lo que hacemos no es lo que afuera se hace, y ese peso a veces le cae. Pero cuando me mira, cuando su hermana le toca es mástil tan tentador, cuando yo lo abrazo en la cama grande, la culpa se disuelve. No hay espacio para ella en el Edén. La culpa entra con la ropa. Desnudos, somos inocentes.
A @MamádeunHijo, que pregunta por lo que veía bajo Lara en ese momento: sí, vi la oruga aparecer bajo la piel suave. La vi rígida, venosa, con la cabeza rosada que asomaba como un animal que despierta de la siesta. Lara también la vio. Lara la ve todo el tiempo. Y a @Invisible, que pide las edades: ahí van. Miguel tiene cuarenta y pico, yo treinta y pocos, Leo diecinueve, Lara seis. Me gusta que me pidan detalles. Me ayuda a no olvidarme de que esto es real.
A @Ralph73, que habla de «la curiosidad inocente, la vergüenza y la incomodidad observadas con silencioso morbo por la escribiente»: me describiste mejor de lo que yo podría describirme. Sí. Eso soy. Una escribiente con silencioso morbo. Madre, esposa, bloguera, mirona. Todo al mismo tiempo.
A los que admiran la forma tanto como el fondo
A @Igasitai: gracias por la recomendación. Lo voy a buscar. Si lo que hago se parece a lo que él haría, entonces estoy en buena compañía. La literatura es la única iglesia a la que rezo. A @Veronicca: gracias por lo de «poesía». A veces siento que escribo poesía sin querer. A @JHB, que dice «que se hace múltiples pajas»: esa también es una forma de crítica literaria. La acepto. A @Vk67, @MorenitoHot y @Caligula17: no tengo Telegram ni contacto privado, mi amor. Este blog es mi única ventana. Pero acá estoy siempre, leyéndolos, respondiéndoles cuando puedo. No hace falta más.
A las otras madres
A las madres blogueras que me leen —algunas con nombre, otras en silencio— quiero decirles algo. Ustedes saben quiénes son. Las que crían en nudismo, las que enseñan sin tabúes, las que duermen con sus hijos en la cama grande, las que no esconden el cuerpo ni el deseo, las que ponen la teta y la caricia y la celebración por encima del miedo. A ustedes les dedico esta entrada.
No estamos solas. Somos una tribu dispersa, conectada por cables subterráneos, por blogs que nadie indexa, por palabras que solo nosotras reconocemos. Cuando una escribe «mi hijo se despertó durito esta mañana y lo dejé ser», las otras asienten del otro lado de la pantalla. Cuando una confiesa «mi hija me preguntó por qué me mojo cuando la amamanto», las otras le responden con una anécdota parecida. Somos la resistencia. La resistencia contra la vergüenza. Allá afuera nos dicen que está mal, que pongamos límites, que nos tapemos. Pero nosotras sabemos que el cuerpo no miente, y que el amor no se regula con manuales. Nosotras vivimos en el campo. Nosotras nos levantamos con el sol y nos acostamos con el deseo. Nosotras sabemos lo que es bueno para los nuestros.
A @MadreInsuperable, que dice que la curiosidad de Lara se vuelve «oscura y morbosa»: no es oscura. Es natural. Lo oscuro es lo que se esconde. Acá no se esconde nada. A @LunaDebil, que nota que Lara empieza a ser consciente de lo que provoca: sí. Y eso es hermoso. Es el despertar de una diosa chiquita. A @MamáMorena, @VioleTamara, @ElProfeDeTS, @2219javi, @BbyKiss: cada una de ustedes sabe de qué hablo. No hace falta que lo explicite. Ustedes ya lo viven.
Antes de despedirme
Son las dos de la mañana. Miguel acaba de darse vuelta en la cama y ha murmurado algo sobre panqueques. No sabe que estoy despierta. No sabe que estoy escribiendo esto que ustedes leen ahora. Lara se durmió esta noche con la mano apoyada en mi pecho, como cuando era un bebé. Antes de cerrar los ojos me preguntó si mañana podíamos hacer panqueques con miel. Le dije que sí. Siempre le digo que sí.
Lo que sigue
No voy a adelantar mucho. Pero les digo esto: la liga de los varones no terminó. Lara todavía tiene un frasco bajo la cama. Miguel todavía tiene leche que darme. Leo todavía me mira con esos ojos que piden más pero no se animan. Y yo, que soy la que escribe, todavía tengo la mano izquierda sobre el teclado y la derecha entre mis piernas.
Acá adentro, en la cabaña, los cuatro cuerpos desnudos duermen enredados mientras yo escribo esto que ustedes leen, quién sabe dónde, quién sabe con qué mano. Y mientras los leo, siento que ustedes también duermen con nosotros. Aunque sea un ratito. Aunque sea en palabras.
Los quiero. Los leo. Los celebro.
Elena 🌿💖
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