LOS VECINOS AMABLES 1
Ellos llegaron a esa casa cuando yo era niña. Allí maduraron sus juegos sexuales hasta la vejez.
Tendría yo unos ocho años cuando una mujerona, cuarentona, nalgona y hermosa, llegó a habitar la casa situada junto a la de mi familia. Poco después llegó a vivir con ella un hombre más o menos de su edad; su pareja, según dijo a las vecinas. Él no trabajaba pero era dueño de algunos departamentos que rentaba cerca y vivían muy bien. Tres o cuatro veces por mes los visitaban personas que permanecían algunas horas con ellos y nadie sabía lo que hacían. Los vecinos murmuraban cosas relacionadas con el sexo.
Al irse haciendo viejos, los vecinos dejaron de recibir las misteriosas visitas por algunos años.
Cierto día, cuando yo tenía unos 25 años, la vecina barría el frente de su casa y nos saludamos.
China ven -me dijo-
Yo me acerqué y me dijo: -te tengo una propuesta, pero necesito que la tomes con naturalidad-
¿De qué se trata? -le dije-
Te ofrezco un trabajo sencillo. Te voy a pagar bien -me dijo- Te necesito sexualmente
Por supuesto que me sorprendí, pero necesitaba dinero para los gastos de la casa.
Se trata solo de sexo oral- me dijo-
Lo pensé un rato, hizo su oferte económica y acepté. Sería por la tarde, acordamos.
También participará mi marido – me dijo- No te bañes, por favor. Nos gusta el sabor natural
Esa tarde llegué llena de curiosidad. Solo eran dos adultos mayores. Toqué su puerta, se tardaron algunos minutos y después, lentamente, descorrieron los cerrojos y me abrieron la puerta. Una anciana monumental, desnuda, de tetas muy grandes colgando hasta el vientre y con unas caderas amplias, pobladas por una preciosa celulitis y dignas de una actriz del porno, me miraba llena de lujuria. El marido, notablemente mermado en cambio, me miraba con curiosidad vestido con su ropa interior.
Ella tomó el control. Me dio un beso en la boca y me dio su saliva con su lengua. Me abrazó por los hombros mientras su marido me desnudaba desde atrás con calma…Al terminar de desnudarme, el viejo me acarició las nalgas con sus manos, asperas y torpes, mientras la mujer seguía compartiendo saliva conmigo, que empezaba a mojarme.
Lamí sus tetas enormes. Unos pezones color chocolate, gruesos y largos como pequeños penes, me hicieron excitarme como loca. Manipulé esas tetas con fuerza deseando que me cupieran en la boca mientras ella les daba golpes ertóticos con sus palmas para que se portaran bien con mi boca. Herida por la lujuria me dijo: -Les gusta que las traten mal-
Mientras tanto, el hombre había abierto mis nalgas y parecía obsesionado con mi ano: lo olía, lo tocaba, lo lamía y gemía de placer mientras me decía en voz baja que yo era puta y por eso me lamía el culo…
Las tetazas de la mujer me mantenían ocupada. Empecé a darles de golpes con mis manos pequeñas y vibraban como balones de gelatina, brillando hermosamente con mi saliva. Metí mi cabeza entre las tetas y casi desaparecií mientras gemíamos las dos por el placer acumulado en minutos. Empecé a morderlas alrededor de los enormes pezones pero ella me pidió que mordiera los pezones. Lo hice suavemente. Ella me pidió mas fuerza y lo hice. Empece a morderlos cada vez más fuerte mientras ella gritaba de placer, hasta que noté un poco de sangre en la punta prieta de un pezón y dejé de morderlo…
Sigue!- me dijo- Sigue mordiendooooo
Está sangrando- le dije- Es peligrosooo
No importaaaa! – gimió- No importaaaaaa…Sigueeeeeeeee…Muérdelosssss….No importa si me los cortassss…
Anda mi vida!…Córtamelo con tus dientessss….Hazloooo….
Toqué su vagina…Metí mi mano y…Tuvo un orgasmo increíble…Gritó como si estuviera en una sesión de sado maso hasta que quedó callada…Nos besamos mientras su marido me penetraba por la vagina y alcancé mi orgasmo…


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