PEDOS, PEDOS, PEDOS
Después de dudarlo unas horas, decidí pedir trabajo en la sección de los pedos….
Al separarme de mi esposo tuve épocas buenas y épocas malas. Pero las malas solían peolongarse más que las buenas; a veces durante seis o más meses. Como quiera lograba arreglármelas mal o bien. Esta vez, una época mala se prolongó más de lo normal y salí a buscar un segundo empleo, quizás para dos o tres horas diarias. Todo lo que hallaba no me daba suficiente para cubrir las necesidades del apartamento. Pero una tarde me topé con algo especial: un sitio donde se daba gusto a personas, hombres y mujeres, con gustos especiales en asuntos sexuales. M explicó el gerente que el sitio estaba dividido en áreas, muy próximas entre sí pero atendiendo rubros diferentes: había un sitio donde unas damas de entre 20 y 50 años entregaban una deliciosa lluvia dorada al cliente que lo pedía a veces en la piel, otras veces en la boca, otras en una copa, etc…En otra sección, un grupo de mujeres se desnudaban, se abrían de nalgas y ofrecían al cliente el manjar amargo de su ano, a veces impecablemente limpio, otras recién usado en la defecación, a gusto del cliente…En otra sección estaba un grupo de mujeres que descansaban semidesnudas esperando que algún cliente les pidiera que le ayudaran a mitigar su hambre con un delicioso trozo de su materia orgánica fecal, lo cual podía pedirse directamenre en la boca o bien en unos cubiertos de plata reluciente de donde el cliente podía ir cortando pequeños trozoz para degustar. Aquí las mujeres hacían lo posible por no cagar en casa, pues su deliciosa caca era su material de trabajo …Finalmente estaba una sección donde las damas que allí trabajaban recibían amablemente a quien las requiriera y abriéndo sus jugosas nalgas se colocaban en posición para que el cliente metiera allí su rostro y recibiera una lluvia de pedos que la mujer guardaba con esmero en sus intestinos para pedorrearse a como el cliente pidiera…En todos los casos el sueldo valía la pena,
Después de dudarlo unas horas, decidí pedir trabajo en la sección de los pedos…El primer día recibí a un señor de muy buen aspecto que, algo cohibido, me pidió que le diera mis pedos. Me desnudé frente a él, le sonreí y abrí mis nalgas con las manos mientras apoyaba mi cabeza en la cama. El tipo metió en mí su rostro y casi inmediatamente lo beneficié con una serie de pedos, al menos quince, de muy buena calidad según lo revelaba el aroma que nos rodeó muy pronto, mientras el cliente gemía y respiraba a todo lo que daba, quizás deseando llenarse de mí hasta el fondo de su corazón…Después me lamió el ano con devoción mientras estrujaba mis nalgas y les hablaba con palabras de ternura que, de seguro, las hicieron sentirse amadas…Quiso meter su lengua y sus dedos en el orificio oscuro de mi culo, pero las reglas eran claras: eso se hacía en otra sección…Se fue prometiendo regresar, como el famoso General Mc Arthur en la guerra…
Ya para retirarme llegó un cliente ya mayor, unos cincuenta y tantos años, de aspecto libre y modales interesantes…Me entregó la ficha con que yo cobraría en caja los pedos que iba a darle y me desnudé…Mis tetas saltaron frente a sus ojos maravillados pero el asunto era otro: recibir mis pedos…Mi aparato digestivo ya se había repuesto y estaba listo para una segunda sesión de trabajo y de la misma manera que una hora antes, abrí mis nalgotas morenas y recargué mi cara en el colchón esperando su entrada junto a mi glorioso ano… Unos segundos después, lo sentí palpitar como loco junto a mi entrada y pidiendo entrecortadamente que ya se los echara en la cara…Abrí mi puertita y empezaron a salir, dulces, poderosos y bien diferenciados: uno, dos, tres,…hasta casi veinte enormes pedos que inundaron con su aroma el recinto privado en que estábamos…Al fin, se acabaron pero el cliente pedía más y más…Ya no había…Le dije que tendría que esperar hasta mañana y volver a pagar…Pero estab ansioso, urgido, casi loko pidiendo más pedos…
-Voy a intentarlo- le dije- Acomódate bien junto a mi culo- le dije.
Pero nada salía. Yo seguía intentándolo una y otra vez pero no había pedos en mi ano.
Al fin, sucedió algo inesperado: un cerote duro, aromático y bello empezó a asomar en mi ano y parecía estar feliz de asomarse al mundo…Yo traté de meterlo contrayendo repetidamente el esfínter pero el cliente me suplicó que se lo diera…Que nadie se enteraría, me dijo… Yo miré su ansiedad y decidí hacer mi buena obra del día: empecé a expulsarlo mientras el cliente gemía escandalosamente e iba comiéndolo a medida que asomaba desde mi cuerpo…Así, hasta acabar con él..El cliente tuvo un orgasmo a manos libres e inundó el piso…Se repuso un poco, se arregló las ropas y se marchó, satisfecho y silbando…



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