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Fetichismo, Heterosexual, Masturbacion Masculina

Recuerdo. 2/3

Segunda parte de cómo usé las nalguitas de una niña para mi placer..
Se sintió un silencio que parecía anunciar algo, pero antes de que ella pudiera decir cualquier cosa empecé a acomodarme; me incliné, flexioné las piernas y recargué mis manos sobre las rodillas y luego empecé a restregar mis nalgas contra la pared y mientras lo hacía le hice una pregunta:

 

—¿Puedes hacer esto?

 

Ella observó y dijo:

 

—Siii, es muy fácil.

 

—A ver —le dije retándola.

 

Se colocó a mi lado y empezó a hacerlo.

 

—Nooooo, lo estás haciendo mal —le dije como si de verdad lo estuviera haciendo pésimo.

 

—A ver mira, te voy a explicar —le dije mientras la ponía justo frente a mí.

 

La incliné, hice que se acomodara exactamente como yo quería.

Hice que arquera su espalda y levantara sus pequeñas nalguitas hasta que quedaron levantadas hacia mí.

La verga se me puso dura de inmediato.

 

La tomé por las caderas y la jalé hacia mí con fuerza.

Me hundí justo en medio de sus nalgas.

Fue algo instintivo.

 

Yo traía puesto un short y aún recuerdo la sensación de hundirme contra la tela.

 

Comenzó con el movimiento, era torpe y dudosa, pero entendió rápidamente cómo hacerlo.

 

—¿Así?… —me preguntó curiosa.

 

Le dije que sí, lo estaba haciendo bien.

 

Después yo empecé a moverme.

No dejé que se levantara y nunca solté sus caderas.

 

La moví hacia enfrente y la jalé de vuelta hacia mí provocando pequeñas y suaves embestidas.

 

—¿Qué haces? —preguntó.

 

Y esa idea de saber lo que yo estaba haciendo y ella al ser todavía tan inocente (o eso creía) y no entenderlo, me excitaba tanto.

 

—Solo quiero saber si puedes hacer esto tu solita —le dije haciéndome el tonto.

 

—Sí puedo —dijo entusiasmada a la vez que empezaba a moverse.

 

Solté sus caderas para que lo hiciera solita.

 

Mi pulso estaba muy acelerado.

 

Estar haciendo eso a escondidas disparó mis sentidos, los puso alerta.

Estaba con los nervios a tope, mi corazón latía muy rápido. Podíamos ser descubiertos o que ella dijera que no o que gritara o algo.

 

Toda esa sensación de peligro se mezcló con la adrenalina.

 

No podía, ni quería detenerme.

 

Después de un momento quería hacerlo un poco más fuerte.

 

Estaba por volver a tomar sus caderas cuando se detuvo de golpe.

 

Se levantó, giró hacia mí y me miró.

 

La curiosidad le ganó.

 

Bajó los ojos y se sorprendió al ver el bulto empujando bajo mi short.

 

Guardó silencio un momento.

Apretó los labios.

 

Señaló mi pene.

Se veía avergonzada, nerviosa.

 

—Se siente duro —dijo con voz baja.

 

—Sí, es parte del juego —le respondí todo nervioso.

 

Me miró dudosa.

 

—¿No quieres seguir jugando? —le pregunté como si fuera algo súper normal.

 

—Mmmmm… no sé… —me dijo como tratando de comprender lo que sucedía.

 

—Creo que mi hermano también juega así con su novia.

 

Me sorprendió escuchar eso pero no tenía tiempo para preguntar lo que su hermano hacía; mi tía y su hermana podían haberlo notado en cualquier momento al no haber absolutamente nada de ruido en el patio y al no estar a la vista.

 

Tenía que convencerla de cualquier modo para seguir y tenía que ser rápido.

 

—Entonces sigamos jugando —dije intentando apresurarla.

 

Dudó…

 

No tuve otra opción más que ofrecerle dinero jajajaja.

 

En ese entonces yo ganaba algo de dinero haciendo mandados y ese día llevaba solo unos $50 que eran para comprar papitas o algo de la tienda, mis primos y yo siempre nos cooperamos y comprábamos lo que se nos antojaba de la tienda.

 

—Te doy $10 si seguimos jugando así —le dije esperando que aceptara.

 

Lo pensó un momento…

 

Y luego añadí:

—Son $10 y son solo por jugar —intentando que sonara como algo fabuloso.

 

Me miró…

 

—¡Va! ¿pero sí me los das? —me preguntó aún dudando de que fuera verdad.

 

—Sí, pero con una condición —le advertí.

 

—¿Cuál? —preguntó levantando una ceja.

 

—Que hagas exactamente lo que yo te diga, que no le digas a nadie que jugamos así y que te di dinero.

¡Si no no te doy nada!

 

—¡Bueno! pero sí me los das ¿¡eh!?

 

—Sí —le dije triunfante y ansioso. Incluso le mostré la moneda para que viera que no estaba mintiendo.

 

Asintió con la cabeza.

 

—Ponte como estabas —le ordené.

 

Lo hizo, se volvió a acomodar, aproveché para agarrarle las nalgas, se las acaricié suavemente.

 

Me bajé el short sin que se diera cuenta, solo lo suficiente para liberar un poco mi erección y me quedé solo con mi calzón.

 

La volví a tomar por las caderas y volví a hundir mi verga toda dura contra sus nalgas.

 

La sensación fue más intensa, más caliente.

Más deliciosa.

 

Volví a restregarme lento, disfrutando cada empuje.

 

Pero antes de acelerar el ritmo quería que ella fuera la que me las embarrara otra vez.

 

Recargue mi cuerpo contra la pared y sin soltarla la jalé otra vez hacia mí.

 

Le dije que se moviera arriba y abajo como al principio.

 

Giró la cabeza para mirarme y las palabras que dijo me tomaron por sorpresa y a la vez me causaron gracia:

 

—Si, pero solo si me das $15

 

Ella estaba negociando jajaja y yo seguía bien caliente; eso sumado al poco tiempo con el que contábamos…

No tuve opción.

 

—Está bien, pero hazlo como yo te diga y recuerda que no debes decirle a nadie —terminé diciéndole.

 

Empezó a moverse de nuevo.

 

Mi verga se hundía tan rico en medio de sus nalgas, esa sensación era la mejor que había tenido hasta ese momento en mi vida, aún mejor que cuando lo hacía con mi prima.

 

Y no solo era la sensación de hundirme en ese espacio, sino el hecho de hacerlo a escondidas.

 

Era peligrosamente adictivo.

 

Le pedí que se moviera en círculos.

 

Obedeció.

La tenía embarrándome sus redondas y suaves nalguitas de un modo tan rico.

 

Apesar de que estaba nervioso, de saber que ella podría decir algo o de que mi tía nos descubriera, estaba disfrutando de cada movimiento, del calor de sus nalgas contra mi verga, del sonido que hacía la tela interpuesta entre nosotros con cada deslizamiento.

 

La adrenalina me corría por las venas.

 

Entonces empecé con las suaves embestidas nuevamente.

 

Mi calzón estaba húmedo y mis gemidos empezaron a escucharse.

 

En ese momento tenía una sensación en el cuerpo que aún no entendía lo que era.

Era como un cosquilleo en mi pene, el calor era intenso, el sudor escurría por mi cuerpo, mi playera estaba mojada, sobre todo en las partes de las axilas y el cuello.

 

Estaba cerca de terminar, pero aún no lo sabía (en ese entonces no sabía ni cómo se sentía, ni que era eyacular, al menos fuera de lo que me habían explicado en la escuela), ya que con mi prima nunca llegué a eso.

 

Estaba todo agitado.

 

Me detuve, quería subirle el vestido y sentir el contacto más directo.

 

No dije nada solo empecé a subírselo.

 

Se levantó con rapidez, apartó mis manos y volteó a verme…

 

Me quedé quieto…

No quería que gritara o algo.

 

—¿Qué haces? —preguntó seria.

 

—Te toca subirte el vestido —intenté sonar tranquilo.

 

Volvió a dudar.

 

—¿No quieres tus $15? —dije, recordándole que teníamos un trato.

 

Apretó sus labios de nuevo, como tratando de evaluar la situación.

 

—Quiero que me des $20 —fue su respuesta.

 

—¿$20?

 

—¡Sí! Y me subo el vestido.

 

Cuando dijo eso su mirada ya era diferente.

Era más decidida, aunque no entendiera del todo lo que estaba pasando, sí entendía de algún modo que hacer lo que hacía con ella me gustaba mucho.

Creo que ya se daba una idea de lo que pasaba.

 

Terminé aceptando.

 

Se dió media vuelta, se subió el vestido hasta la parte baja de su espalda y sus calzoncitos quedaron expuestos.

 

Eran de color blanco con corazoncitos rosas, aún lo recuerdo claramente.

 

Eché un vistazo hacia afuera para asegurarme de que nadie nos viera.

 

Ambos nos volvimos a acomodar y retomé el movimiento.

 

Aumenté el ritmo.

 

No solo era cada deslizamiento que hacía contra ella, sino sentir cada rebote de sus nalgas contra mí era lo que más me gustaba.

 

Ese silencio entre nosotros volvió a hacerse presente, pero el sonido que la tela hacía con cada empuje y mi respiración agitada eran lo único que se escuchaba.

 

Esa sensación de cosquilleo regresó, pero se estaba volviendo más intensa, sentí cómo empezaba a crecer, a expandirse.

 

Traté de contener mis gemidos para que ella no se sacará de onda, pero no pude contenerlos del todo.

 

Empecé a tensarme.

Enterré mis dedos en sus caderas.

 

Me sentía sofocado.

 

Seguí restregando mi verga contra sus nalgas como desesperado.

 

Y entonces, ese cosquilleo se volvió eléctrico, intenso.

 

Se sentía delicioso.

 

Subió desde mi pene y recorrió por toda mi columna.

 

Le dí un último empujón.

Una última embestida potente.

 

Me tensé por completo y luego temblé sin control mientras me venía.

 

Sentí algo caliente recorrerme por dentro de mi calzón.

 

Esa fue la primera vez que eyacule y hasta ese momento había sido lo más delicioso que había sentido en mi vida, superando la sensación de hundirme contra sus nalgas de apenas hace un momento.

 

Me quedé pegado a ella, respirando agitado hasta que el temblor pasó.

 

Ella giró la cabeza, como tratando de averiguar que había pasado.

 

Solté sus caderas, me subí el short para que ella no viera nada y me metí al baño de prisa.

 

Cuando revisé, fue hasta ese momento que conocí el semen.

 

Me limpié y salí.

 

Ella me estaba esperando justo en el mismo lugar.

 

Se veía entusiasmada, sabía que le daría su dinero.

 

Saqué 2 monedas de mi bolsillo, extendí la mano para dárselas y justo antes de hacerlo le dije por última vez:

 

—¡Recuerda! No debes decirle a nadie.

 

—¡Sí! —dijo con seguridad.

 

Le dí las monedas y no pude evitar preguntarle que en dónde las guardaría ya que su ropa no tenía bolsillos.

 

Se quitó los zapatos y echó una moneda en cada uno.

 

—¡Listo! Así nadie lo notará —dijo sonriendo.

 

Salimos de aquel pasillo y nos quedamos sentados en las escaleras.

 

Fue el momento perfecto para preguntar lo que hacía su hermano con su novia.

7 Lecturas/23 abril, 2026/0 Comentarios/por Azmodan
Etiquetas: baño, escuela, hermana, hermano, novia, primos, semen, verga
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